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jueves, 27 de octubre de 2016

RECREO DE CHAMBERÍ.

Allá por los primeros años treinta del siglo XIX, cuando el norte de Madrid terminaba aún en la Cerca de Felipe IV, vino a inaugurarse el Recreo de Chamberí. Fonda, café y baile situado extramuros de la ciudad, entre la puerta de Bilbao y el portillo de Santa Bárbara, era un lugar para la diversión todavía muy alejado del centro de la ciudad.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
La plaza de Chamberí, en la actualidad.

A finales del siglo XVIII el marqués de Santiago, rico propietario de numerosas fincas en Madrid, había construido para su regocijo una casa de campo o quinta en aquella zona del norte que aún no figuraba en los mapas de la Villa y que vendría a llamarse Chamberí. 

Algo más de un siglo después, en el año 1808, el rico hacendado Saturio Ángel de Velasco adquirió dicha quinta de grandes jardines y con ella la llamada Casa de las Torres o Casa de las Columnas, donde alrededor del año 1836 vendría a instalarse el Recreo de Chamberí

Fuente: bdh.bne.es. Plano de Madrid del agrimensor José Nieto (1848).
En el centro de la imagen se aprecia un incipiente "Chamberís" con la Casa de las Torres, situado al margen contrario de lo que más tarde sería la c/ de Santa Engracia.

Donde hoy, y desde el año 1886, se ubica la Junta Municipal de Chamberí, actual número 4 de la plaza, se hallaba la Casa de las Torres. El Recreo de Chamberí ocupaba, a excepción del cuarto bajo, tres de las cuatro plantas de la Casa en donde se instalaron la fonda, el café y un salón de baile. Los clientes debían abonar dos reales de vellón por persona y uno por niño para acceder al Recreo, siendo gratuita la entrada a sus jardines en donde se habían dispuesto merenderos a los que se podía llevar comida propia y desde los que se divisaban excelentes vistas en contorno de diez leguas.

Fuente: B.N.E. (1837).
Uno de los primeros anuncios publicados en la prensa del Recreo de Chamberí.

La fonda y el café estaban provistos de cuanto produce la estación, sirviendo todos los días almuerzos, comidas y meriendas de todos los precios, hasta el moderado de 2 reales (de vellón), buen guisado, pan y vino. Estas instalaciones tenían capacidad para dar servicio a quinientas personas.

Espectáculos de volatines, fuegos artificiales y bailes con orquesta, también al aire libre siempre que el tiempo lo permitiera, competían con los del cercano Jardín de Minerva, de precios más reducidos, que se encontraba en los terrenos donde hoy se sitúa la plaza de Alonso Martínez.

El Recreo de Chamberí de la Casa de las Torres tuvo una vida efímera, ya que sólo se mantuvo abierto entre los años 1836 y 1839. El edificio fue posteriormente ocupado por varias tabernas, a lo largo del tiempo. 

El aumento de población del nuevo distrito de Chamberí obligó a la dotación de los servicios necesarios en la zona y así, el día 19 de noviembre de 1850, se inauguró la escuela de instrucción primaria para niños de ambos sexos en la antigua Casa de las Torres de la plaza de Chamberí, que por entonces estaba situada en el número 11. 

Desde el año 1886 el solar donde se ubicó el Recreo de la Casa de las Torres está ocupado por el edificio de la Junta Municipal de Chamberí, designado hoy con el número 4 de la plaza.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Fachada de la Junta Municipal, donde se ubicó el Recreo de Chamberí.

Un nuevo Recreo de Chamberí vino a establecerse en el barrio en los primeros años del siglo XX. Eduardo Gimeno Correas, precursor del cine en España, inauguró este negocio en el mes de junio de 1910 sobre el terreno ocupado hasta entonces por el Lavadero de Olid, situado en la calle de Fuencarral, número 140 (actualmente nº 136).

Fuente: idehistoricamadrid.org. Plano de Facundo Cañada (1900).
Marcado en color azul, el Lavadero de Olid entre las calles de Fuencarral y Olid.

La familia Gimeno, propietaria de varios locales destinados primero a la proyección de vistas estereoscópicas y luego de películas, había instalado en el año 1901 su Gran Palacio Proyecciones Animadas en la calle de Fuencarral, número 125, que por entonces se hallaba junto a la glorieta de Bilbao. Al inaugurarse el nuevo Recreo de Chamberí este barracón fue desmontado y reconstruido en el cercano número 140 de la misma calle, pasando a formar parte de las atracciones que el recién estrenado negocio ofertaba.

Así, el día 18 de junio de 1910, tuvo lugar la inauguración del Recreo de Chamberí, parque al aire libre dotado de un elegante café, columpios, un ferrocarril en miniatura, arcos voltaicos, un gran tobogán que anteriormente estuvo instalado en los Jardines del Buen Retiro de la calle de Alcalá y, por supuesto, el cinematógrafo.

Fuente: B.N.E. (1910).
Anuncio en prensa de la apertura del Recreo de Chamberí, propiedad de Eduardo Gimeno (cuyo apellido siempre se transcribía con "J").

Diversas bandas de música amenizaron las veladas del público asistente al Recreo de Chamberí, entre las ocho de la tarde y las doce y media de la noche, al precio de 15 céntimos de peseta, por entrada. Al tratarse de instalaciones al aire libre, el parque sólo funcionaba entre los meses de mayo a octubre.

Parece que la atracción del cinematógrafo fue tomando mayor importancia dentro del negocio y su propietario, Eduardo Gimeno, decidió cerrar el Recreo de Chamberí y vender todos sus componentes (arcos voltaicos, columnas de hierro, etc.) a lo largo del mes de enero de 1912 para construir, en el mismo emplazamiento, el Palacio de Proyecciones, cinematógrafo que en la primavera de ese mismo año ya estaba en funcionamiento. 

Fuente: Josefina Martínez (sobre el año 1930).
Fachada del Palacio de Proyecciones, cinematógrafo de la calle de Fuencarral.

El Proyecciones era un gran barracón de madera, cuya fachada ya coincidía con las aceras de las calles de Fuencarral y Olid. 

Fue uno de los primeros salones construidos en Madrid para la proyección de películas y posiblemente el que más tiempo se mantuvo abierto de su estilo. 

El día 15 de septiembre de 1930 el Ayuntamiento clausuró este viejo edificio de cinematógrafo, por peligrosidad. Su propietario, Eduardo Gimeno, encargó al arquitecto Manuel López-Mora Villegas el proyecto para levantar un nuevo Cine Proyecciones, con capacidad para mil quinientos espectadores, que sería inaugurado el día 28 de diciembre de 1932 en la calle de Fuencarral, número 136 y que hoy podemos contemplar.



Fuentes:

Bdh-bnd.es
Coam.org
“El cine Proyecciones de Madrid: Las memorias de Eduardo Jimeno” Josefina Martínez.
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Idehistoricamadrid.org
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.

jueves, 6 de octubre de 2016

CAFÉ DE LAS CUATRO ESTACIONES DEL PRADO.

La Fuente de las Cuatro Estaciones de Madrid, también llamada de Apolo, fue inaugurada en el año 1802 en el Prado de San Jerónimo (que hoy se corresponde con la primera mitad del paseo del Prado), formando parte de la ornamentación proyectada por el arquitecto Ventura Rodríguez para conformar el Salón del Prado: un paseo arbolado, ajardinado y jalonado de hermosas fuentes. 

Cuando todavía la calle de la Greda (hoy de Los Madrazo) no tenía salida hacia el Prado de San Jerónimo, ya que esos terrenos formaban parte del hospital e iglesia de San Fermín que allí se ubicaba, vino a inaugurarse el Café de las Cuatro Estaciones, frente a la fuente de la que posiblemente tomara su nombre. 

Fotografía: Charles Clifford (aprox. 1859). Bdh-rd.bne.es
Fuente de las Cuatro Estaciones o de Apolo en el Salón del Prado.

Fonda y café, el de las Cuatro Estaciones no sería el primero ni el último de los establecimientos madrileños del ramo en llevar este título y abrió al público el día 12 de abril de 1835. 

Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz (1848). Cartografiadigital.icc.cat
1) Salón del Prado 2) Fuente de las Cuatro Estaciones 3) Iglesia de San Fermín 4) Emplazamiento aproximado del Café de las Cuatro Estaciones.
 
Este café servía comidas diarias, al precio de veinte reales el cubierto, en un comedor con capacidad para 50 ó 60 personas y distribuía sus servicios de habitaciones y restauración entre varias de las plantas del edificio. El recinto del café tenía un bonito y bien alumbrado salón de columnas y dos salas laterales al raso. En el piso principal se dispusieron dos estancias, con separación para señoras y caballeros, cuidando de su aseo y demás un pobre de San Bernardino (asilo de indigentes) cuyo salario consistía en las propinas o limosnas que los concurrentes se sirvan dar. 

Especializado en helados a la santillé, ponche a la romana y barquillos rellenos adornados con huevos hilados, entre otras delicias, el café de las Cuatro Estaciones preparaba también menús de encargo. 

La situación privilegiada de este café, entre la frondosidad del arbolado y el ajardinamiento del Prado, hacían de él un lugar apropiado para multitudinarios banquetes patrióticos y homenajes como el que se brindó al actor Julián Romea Yaguas y a su esposa, la también actriz Matilde Díez, en el mes de febrero de 1839. Al convite asistieron el dramaturgo Manuel Bretón de los Herreros y el poeta José de Espronceda Delgado, entre otros muchos invitados, siendo Matilde la única persona del bello sexo que podía alternar en una reunión tan peculiar.

Bailes y celebraciones, como la de la Noche de San Juan en la que el Café de las Cuatro Estaciones se siempre mantenía abierto, hacían de él un próspero negocio. 

Fuente: B.N.E. (1839)

En el año 1841 el café cambió de dueño y subió los precios, pero exhibiendo originales diversiones como el Nuevo grande espectáculo del Difanorama, estrenado el día 14 de julio de 1842. Estas funciones consistían en mostrar los llamados cuadros disolventes o ingeniosas vistas que, mediante la utilización de dos linternas, se iban disolviendo unas en otras creando efectos de transformación y movimiento. Así, se veía a una vaca bebiendo a la orilla de un río, moviendo la cabeza hasta llegar al agua; a un enfermo tomando su medicina o la erupción del Vesubio arrojando fuego y humo, entre otros veintiún cuadros con diversas panorámicas. (Hay que recordar que el cinematógrafo no se inventaría hasta cinco décadas después).

Fuente: scans.library.utoronto.ca
Fragmento del libro "Crónicas del tiempo de Isabel II" de Carlos Cambronero, publicado en 1913.

Algo antes de mediados del siglo XIX, las demostraciones de esgrima comenzaron a tomar importancia en los salones y el Café de las Cuatro Estaciones no se quedó atrás. Los más afamados profesores de esta disciplina se enfrentaron en este café a la espadachina belga Señora Boscocon reunión de las personas más distinguidas, durante el mes de diciembre de 1845.

Parece que el Cuatro Estaciones fue un café de tintes refinados a lo largo de los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX. Sus espectáculos innovadores y los numerosos conciertos que ofrecía en su jardín, unido al restaurante del piso principal en el que se habían instalado comedores individuales para grupos, parecían atraer a lo más notable de Madrid. 

Todo cambió en el año 1861, ya que las deudas de sus propietarios hicieron subastar las 114 mesas de pino, las 300 sillas de haya y todos los enseres del Café de las Cuatro Estaciones.

En los primeros años de la década de los ochenta, del siglo XIX, los jardines y edificios de la manzana comprendida entre las calles de Alcalá, Marqués de Cubas (antes del Turco) y Los Madrazo (antes de la Greda) fueron derribados para construir en sus terrenos el Banco de España.



Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Cartotecadigital.icc.cat
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Prensahistorica.mcu.es