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domingo, 22 de mayo de 2016

CASA PRAST, DONDE VIVÍA EL RATONCITO PÉREZ.

La madrileña calle del Arenal, situada junto a la Puerta del Sol, se convirtió en una vía moderna y comercial a mediados del siglo XIX. Establecimientos de todo tipo, hoteles, cafés y un teatro se abrieron paso entre las viejas casas que en ella habían edificado durante el siglo XVI familias de próceres linajes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle del Arenal.

Una vez iniciada la remodelación de la Puerta del Sol (1857-1862) esta calle del Arenal era aún tan irregular y estrecha en algunos de sus tramos, que por ella no podían pasar dos carruajes a la vez. Aún así ya se había convertido en una vía muy transitada, donde los nuevos negocios irían dotando a sus locales de modernos adelantos y flamantes decoraciones. 

El comerciante Carlos Prast Julián había llegado a Madrid en el año 1842, procedente de Vivel del Río Martín (Teruel). Estableció once años después (1853) una pequeña tienda de comestibles en la céntrica calle de San Cristóbal y en 1858 trasladó su negocio al entonces número 12 (hoy nº 8) de la calle del Arenal, titulándolo “Las Colonias”. Así comenzó la historia de uno de los comercios más afamados e históricos de la ciudad.

Fotografía de la izquierda: Viejo-Madrid.es (1929). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Edificio de la Casa Prast.

Al finalizar las obras de la nueva Puerta del Sol, la calle del Arenal quedó también rehabilitada. Su anchura se equilibró permitiendo ya el paso normalizado de los carruajes y el deambular tranquilo de los peatones, que podían pararse para mirar los escaparates, sin sobresaltos. 

Los comercios abiertos en la zona fueron transformando poco a poco su decoración. Lujosas fachadas, grandes carteles de sus muestras, espaciosos y bien adornados escaparates, buena iluminación y anaquelerías talladas en el interior rivalizaban entre sí para atraer a la clientela.

Carlos Prast, que cada año acometía reformas en su nueva tienda para competir con los nuevos negocios del ramo que iban abriendo a su alrededor, parecía pasar algo desapercibido. Su pequeña lonja de ultramarinos “Las Colonias” quizá había quedado un poco desfasada. Fue por ello que el día 3 de noviembre de 1866 inauguraría la confitería más moderna de Madrid, anexionada a su tienda de comestibles.

Fuente: B.N.E. (1904).
El primer negocio de Carlos Prast, en la calle del Arenal, fue esta tienda de comestibles titulada "Las Colonias".

A decir de la prensa del momento, la instalación de la nueva tienda se había convertido en una obra de arte y todo Madrid pasó por ella. 

La tienda de Prast ocupaba en su totalidad el espacio inferior del edificio situado en la calle del Arenal, que a mediados del año 1866 varió su numeración dejando el negocio de “Las Colonias” en el número 8, donde hoy continúa el mismo edificio. 

Lujosa y elegante, en cuando a la decoración, se especializó también en el rico diseño de los envoltorios con que empaquetaba sus productos. Cajas, finas cestas, pequeñas bolsas, estuches pintados al óleo y forrados de refinadas telas, con incrustaciones de plata y diminutos espejos biselados guardaban en su interior dieciocho clases de galletas inglesas, nunca conocidas en Madrid, bruños (ciruelas), pasas de Málaga, higos de Esmirna, mantecadas de Astorga, quesos, salchichones de Lyon y de Vich, pasteles y muchos otros selectos y poco asequibles artículos.

Fuente: confiteríaprast.es (1905).
Fachada de la tienda de ultramarinos, unida a la pastelería, situada en la calle del Arenal, 8, que aún hoy podemos contemplar.

Aquel negocio de Prast prosperó con rapidez, convirtiéndose en proveedor de la realeza y de los acomodados que podían permitirse comprar sus exclusivos productos. 

Su fortuna iba en aumento y fue así como tras ser derribada la iglesia de Santa María de La Almudena de la calle Mayor, esquina con la de Bailén, Carlos Prast adquirió el solar y edificó un magnífico inmueble de viviendas en el año 1876, dotándolo del primer ascensor hidráulico que tuvo Madrid.

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Casa de la calle Mayor, esquina con la de Bailén, propiedad de Carlos Prast. En ella se instaló el primer ascensor hidráulico de Madrid.

El triunfante empresario también adquirió el edificio de la calle Arenal, nº 8, donde se ubicaban sus dos lujosas tiendas, de ultramarinos y confitería, para volver a reformarlas. Fue así como el día 15 de noviembre de 1880 quedó ultimada la nueva Confitería de Carlos Prast, inaugurada al día siguiente con la presentación para la prensa.

Fuente: Grabado de la izquierda (1881) Bibliotecavirtualdemadrid.org.
Fotografía de la derecha (1904) B.N.E.
Dos aspectos del interior de Casa Prast.

El aspecto deslumbrador y elegantísimo del nuevo establecimiento volvió a causar sensación en Madrid. Las obras, dirigidas por el arquitecto Federico Inzenga Castellanos (quien también había realizado el proyecto de la otra casa propiedad de Prast y situada en la calle Mayor, número 122 -hoy nº 88-), fueron ejecutadas con profusa decoración en la que parecía no haberse escatimado nada.

Entre las molduras doradas y blancas de los techos, aparecían dos frescos pintados por el pintor Maroto (posiblemente Julián Maroto López) y el escenógrafo Edo. Por toda la tienda se instalaron réplicas de las medallas, talladas por Francisco Gallástegui, obtenidas por los productos que Prast había presentado a las exposiciones de París, Viena, Burdeos y Oporto, además de los escudos de armas de España, Francia y Portugal. 

Magníficas estatuas de bronce del escultor Juan Fernández Febrer sostenían, a modo de candelabros, las luces de gas que alumbraban el mostrador del establecimiento. La luminotecnia se completaba con aparatos adquiridos en París e instalados en los escaparates.

Carlos Prast había comprado el edificio de la calle del Arenal, para realizar la costosa obra de su tienda, por el precio de dos millones y medio de reales –cantidad nada despreciable para el último cuarto del siglo XIX -. Esto le dio derecho a modificar la estructura de las plantas baja y principal del inmueble, derribando tabiques, lo que le permitió configurar un salón anchuroso y bello, adornado con suntuosidad. 

El piso principal del edificio, sobre aquel elegante establecimiento, se destinó para la exposición de preciosas cajas, bomboneras, juguetes, envases de fino metal, porcelana japonesa y cristal de todas clases, formas y precios.

La tienda contaba además con su propio obrador, posiblemente con acceso por la trasera calle de Tetuán, número 4. En él se instaló maquinaria inglesa para mezclar y triturar las materias primas, fabricar caramelos y encorchar botellas, completándola con modernos serpentines de agua que enfriaban los productos allí elaborados, a su salida del horno. 

Fuente: B.N.E. (1904).
Obrador de la tienda.

Sin duda Carlos Prast fue uno de los empresarios que pensaron en la importancia de la publicidad para el crecimiento de su negocio, siendo el primero en Madrid que se lanzó, con atrevimiento incomparable, a anunciar su casa en plena vía pública, por medio de un carrito.

Casi todas las publicaciones, de mediados del siglo XIX y principios del XX, insertaron anuncios de la Casa Prast y pormenorizada relación de los artículos que en ella se vendían. Esto unido a la relevancia que tuvo en Madrid, originó que la tienda de Prast se incluyera en muchos textos y novelas escritas por destacados autores de la época, como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán.

Sin duda la publicación más famosa, con importante referencia a la Confitería de Carlos Prast, es el cuento escrito por Luis Coloma Roldán y titulado “Ratón Pérez”.

Fotografía de la izquierda: B.N.E. (1911). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Anuncio de la portada del cuento "Ratón Pérez" aparecido en la prensa.
Figura del personaje instalada en el interior del edificio de la calle del Arenal, nº 8.

“Vivía Ratón Pérez en la calle del Arenal, núm. 8, en los sótanos de Carlos Prats (1), frente por frente de una gran pila de quesos Gruyere, que ofrecían a la familia de Pérez próxima y abastada despensa”. 

(1)(En el cuento original Luis Coloma confunde el apellido de Carlos Prast, cambiando el orden de las dos consonantes finales).

“Ratón Pérez”, que en algún momento dulcificó su nombre y narración para adaptarla a un verdadero cuento infantil, fue escrito por Luis Coloma entre los años 1891 y 1894. La historia, inspirada en la tradición popular de hacer un pequeño regalo a quienes van perdiendo sus primeros dientes de leche, fue escrita para Alfonso XIII al encontrarse en dicho trance.

En el año 1902 apareció una primera edición de este cuento, dentro del libro “Nuevas Lecturas” del jesuita Coloma, también fue publicado en el periódico “La Época”, el día 23 de marzo del mismo año. Como edición independiente apareció por vez primera en el año 1911, con ilustraciones del dibujante Mariano Pedrero López. 

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
En los balcones situados en el piso principal del edificio de la calle del Arenal, nº8, aún se conservan las siglas entrelazadas de Carlos Prast. 

Carlos Prast Julián falleció en el año 1904. La confitería continuó con sus hijos, pasando a denominarse “Carlos Prast y Hermanos” en el mismo emplazamiento de la calle del Arenal, a pesar de que desde los primeros años treinta, del siglo pasado, hubo varios intentos de expropiar el edificio con el fin de alinear la acera de los números pares de esta vía. 

La casa de los Prast sigue en pie. La Confitería y tienda de ultramarinos cerró algunos años después de finalizar la Guerra Civil Española (1936-1939), pero se conservó su fachada de madera, hoy visible. 

Fotografías: M.R.Giménez (2016).
Medallas conseguidas por Casa Prast en los diferentes concursos internacionales, que aún adornan la fachada de lo que fue el local.

A mediados de la década de los años ochenta el edificio fue remodelado y convertido en un centro comercial. En su interior se colocó una placa recordando la historia del Ratón Pérez y en el año 2008 se inauguró una exposición, a modo de casa museo, sobre este personaje. 

De la histórica Casa Prast no existe ninguna reseña en el edificio.



Este artículo, sobre la Casa Prast, está dedicado a la memoria del actor José Miguel Ariza.



Fuentes:

“1891-Madrid-1892: artículos, cuentos, críticas, semblanzas” Enrique Sepúlveda.
Bibliotecavirtualdemadrid.org
Cervantesvirtual.com
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es

Agradecimiento muy especial para todos los que han hecho posible la página http://www.confiteriaprast.es por los datos aportados para la confección de este artículo.

lunes, 9 de mayo de 2016

CAFÉ LABRAÑA, BAR MONOPOL Y CERVECERÍA LA TROPICAL DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Durante el primer cuarto del siglo XX el edificio correspondiente al número 23 de la calle de Alcalá (hoy desaparecido y reemplazado por el del nº 21), albergó de manera sucesiva tres magníficos establecimientos: El Café Labraña Restaurant, el Café-Bar Monopol y la Cervecería La Tropical.

En el mismo local se había ubicado con anterioridad el restaurante del afamado Café de Fornos, aquel que estuvo situado en la esquina formada por las calles de Alcalá y Peligros.

Fuente: @Ls_Madriles (1892).
Calle de Alcalá. En la mitad de la fotografía se aprecia el comienzo de la calle de Peligros, donde entonces se ubicaba el Café de Fornos.

El Café Labraña fue inaugurado el día 4 de enero de 1910 por su dueño, Antonio Labraña, con un banquete de presentación para la prensa de Madrid. El negocio ocupaba el bajo y el entresuelo, donde se situaban los comedores, aprovechando partes de la antigua instalación que dejó el restaurante del Fornos.

Fuente: B.N.E. (1910)
Fachada del Café Labraña, en el número 23 de la calle de Alcalá.

Con decoración sobria y elegante, tenía parte de sus paredes forradas por enormes lunas de espejo que se entremezclaban con grandes murales pintados al fresco, en los que el artista José Arija Saiz había representado las cuatro estaciones, el día y la noche, simbolizados por figuras de mujer.

Fuente: B.N.E. (1910).
Interior del Café Labraña.

El Labraña completaba su oferta con un magnífico horno de pastelería, buena bodega y varios comedores para la organización de banquetes, presumiendo de poseer un enorme mantel de treinta y siete metros de longitud.

Algo menos de dos años después de su apertura el Café Labraña fue denunciado ante el Juzgado de Guardia por la propietaria del edificio, aduciendo que en él entraba gente alegre, aunque pacífica, que no era de su gusto. El negocio se fue al traste, pero de inmediato sería reemplazado por el Café-Bar Monopol.

Fuente: B.N.E. (1912).
Fachada del modernista Café-Bar Monopol, con las alegorías del café y el vino.

Inaugurado el día 30 de noviembre de 1912, el Café Monopol era propiedad de Julio Arenas y Compañía. Su decoración modernista había sido realizada íntegramente por la empresa de Adrián Vázquez del Saz, casa especializada en maquinaria industrial para cafés, bares, cervecerías y demás locales de restauración.

La fachada del local, realizada en madera de caoba, anunciaba que aquel establecimiento era también, además de café y bar, cervecería y pastelería. Entre sus puertas de acceso con escaparates se habían instalado las imágenes de dos mujeres cinceladas en bronce, simbolizando el café y el vino.

Fuente: B.N.E. (1912).
Elegantes vitrinas de cristal y níquel junto a los aparatos automáticos de autoservicio con ficha.

A la entrada del establecimiento se encontraba el bar que contaba con elegantes vitrinas de cristal y níquel, en cuyo interior se mostraban los productos a la venta. Entre ellas se habían instalado aparatos automáticos ingeniosísimos de bocadillos (25 céntimos de peseta), pasteles variados (10 céntimos) y bebidas espirituosas (15 céntimos el vaso). El cliente podía servirse por sí mismo, tras depositar en las ranuras de las máquinas las fichas adquiridas en el mismo establecimiento, por canje

El Monopol contaba con el moderno aparato “Ideal Perfeccionado”, patentado por la casa Vázquez del Saz, que preparaba instantáneamente y servía todo tipo de bebidas calientes. Esta máquina se había situado en el interior de un precioso mostrador de madera, mármol y adornado con apliques de metal, atendido por camareros, en el que se expedían los mismos productos que podían adquirirse en las máquinas automáticas. 

Fuente: B.N.E. (1912)
Barra del Bar Monopol y el aparato "Ideal Perfeccionado".

El bar también contaba con un elegante salón dotado de veladores y sillas de caoba, cuyas paredes estaban forradas hasta media altura por un zócalo de diseño modernista realizado en madera.

Contiguo al bar se hallaba el café, dotado con magníficos divanes. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (1920).
Recorte de fotografía de la calle de Alcalá donde aparece señalado el Café-Bar Monopol.

Tras el cierre del hermoso y pulcro Monopol, vino a instalarse en el local de la calle de Alcalá, número 23, la Cervecería La Tropical (sucursal).

Fuente: B.N.E. (1927).
Fachada de la Cervecería La Tropical (sucursal). Se aprecian las alegorías del café y el vino, que se realizaron para el anterior negocio.

La Tropical era, como su rotulación indicaba, sucursal de la que se había inaugurado en el año 1904 en el local de una antigua taberna de la calle del Correo, número 2. 

Propiedad de Antonio Álvarez, abrió al público el jueves, día 9 de junio de 1927 ofertando café, fiambres, refrescos, vinos, licores y sobre todo la cerveza más fría, tirada a la crema y los más frescos mariscos, con los que confeccionaba su especialidad: la ensaladilla inglesa con marisco.

Fuente: B.N.E. (1927).
Barra y salón de la Cervecería La Tropical, que aprovechó gran parte de la decoración de su antecesor.

La Tropical había aprovechado el mobiliario y la decoración de su antecesor, el Bar Monopol. La fachada fue pintada de color oscuro, pero se respetaron las figuras cinceladas alegóricas al café y al vino, resaltadas por un fondo blanco. El mostrador y la ornamentación modernista de las paredes interiores también quedaron indemnes, aunque se añadieran muchos más divanes a los salones que antes habían tenido veladores y sillas de caoba.

Enseguida, las “peñas” comenzaron a hacer famoso el local de La Tropical. Toreros y aficionados, periodistas y entusiastas incondicionales del Real Madrid C.F. llenaban a menudo los salones de la cervecería, con sus tertulias. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (1931 - 1933).
A la izquierda la esquina de las calle de Alcalá y Peligros, con el Café de Fornos aún abierto. La Cervecería La Tropical aparece, a la izquierda, tapada por un toldo.
 A la derecha, el mismo lugar con sus edificios en demolición, para levantar después el banco Vitalicio.

En el año 1933 dos de las denominadas “casas de Fornos”, que habían sido construidas durante el último cuarto del siglo XIX por el arquitecto Jerónimo de la Gándara, fueron derribadas para construir el edificio del banco Vitalicio, situado en el hoy número 21 de la calle de Alcalá. Esta demolición se llevó por delante tanto el local del antiguo Café de Fornos (que por entonces se llamaba de Riesgo) como el correspondiente a la Cervecería La Tropical, que se trasladó a la casa inmediata perdiendo toda su ornamentación modernista.



Fuentes:

@Ls_Madriles   
Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es
Es.wikipedia.org