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lunes, 5 de diciembre de 2016

EL TEATRO DE APOLO Y SU CAFÉ.

Muy conocida es la abundante historia del terreno que hoy ocupa el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Antiguo edificio del banco de Vizcaya, donde estuvo el Teatro de Apolo.
Junto a él la iglesia de San José (s. XVIII).

Allí estuvo parte del convento de San Hermenegildo del Carmen Calzado desde el siglo XVI, dentro del que se vino a instalar el Café de Solís (que luego cambiaría su nombre por el de Café de Cervantes) hasta mediados del siglo XIX, cuando fue demolido el edificio.

Sobre dicho terreno se edificaría el famoso Teatro de Apolo, que en un primer momento llevó el nombre de Teatro de Moratín, siendo inaugurado el día 23 de noviembre de 1873.

Fuente: B.N.E. (1872).
Fachada del Teatro de Apolo al término de las obras. A la derecha se aprecia el primitivo nombre "Teatro de Moratín".

Propiedad del banquero José María Fontagud Gargollo, el Apolo fue construido dentro, y a la vez, de un edificio cuyos pisos superiores serían destinados al arrendamiento de particulares y oficinas. 

Este lujoso teatro de estilo Rococó francés fue diseñado por los arquitectos Próspero (¿) Chanderlot y F. Festau, ejecutando la obra Alejandro Sureda Chappron. 

En su fachada de piedra labrada se abrían tres grandes arcadas, destinadas al paso de carruajes. En cada uno de sus extremos había dos puertas más pequeñas que daban paso al público que a pie asistía a las representaciones, sirviendo además como portales de acceso a las viviendas superiores. Todas ellas se cerraban con cancelas de hierro. 

Fuente: Vitoria-gasteiz.org (1896).
Entrada lateral del Teatro de Apolo.

Cuatro máscaras, representando la comedia y la tragedia, separaban cada una de las arcadas de acceso; encima de ellas, relieves con guirnaldas de flores y frutos remataban las bases sobre las que se habían instalado cuatro estatuas que simbolizaban las artes escénicas. 

Nada más pasar al interior del teatro se llegaba en un ancho vestíbulo semicircular cubierto, por el que entraban y salían los carruajes de los más privilegiados, adornado por dos columnas de hierro fundido y otras seis que imitaban el mármol. Completaban la ornamentación estatuas de bronce, grandes maceteros, candelabros y multitud de lámparas. Una balaustrada de hierro separaba del público asistente la zona de paso de los vehículos. 

Fuente: Historias-matritenses.blogspot.com.es (Ricardo Márquez)
Vestíbulo del Teatro de Apolo con el paso de los carruajes.

Tras este primer vestíbulo se pasaba a una galería acristalada en donde se instalaron las taquillas y las oficinas. A su derecha se encontraba el primitivo café del teatro, con camareros de patillas alfonsinas y cuyo alumbrado tenía mecheros de gas con llamas en forma de abanico. En este café, algunos años después, el dramaturgo Carlos Arniches Barreda establecería su tertulia.

Un tercer vestíbulo, adornado con estatuas de bronce y arañas de cristal, daba acceso al patio de butacas y a las escaleras de mármol que conducían a los palcos de los pisos superiores. 

Con capacidad para 2.137 espectadores, el Teatro de Apolo era un coliseo suntuoso, digno, artístico y bello. Sus cuatro pisos habían sido decorados por artistas de renombre, como los pintores: Francisco Sans Cabot (techo de la cubierta), José Vallejo Galeazo (techo del teatro), Francisco Pla Vila (telón de boca) y Manuel Domínguez Sánchez. Giorgio Busato y Augusto Ferri se ocuparon del interiorismo y de la escenografía.

Fuente:Mcu.es (finales del siglo XIX).
En la fotografía de Jean Laurent se expone la muestra del pintor Francisco Sans Cabot, para la realización de la obra que ejecutaría en el techo de la cubierta del teatro.

El Teatro de Apolo estuvo destinado a la representación de obras dramáticas, en un primer momento. Los altos precios de sus entradas no eran accesibles para todo el mundo y la falta de calefacción (llegó a ser conocido como el Teatro de los Pozos de la Nieve), unida a que la mala orientación de algunos de sus palcos impedía ver la función, le hicieron decaer a partir del año 1878.

Una gran reforma del local tuvo lugar a principios de la década de los años ochenta del siglo XIX. El Apolo no sólo hizo más confortable la sala, sino que cambiaría completamente su repertorio para llegar a ser conocido a principios del siglo XX como La catedral del género chico, gracias a las representaciones de zarzuela. 

Andando el tiempo, en el Teatro de Apolo se inauguró un nuevo café. Inicialmente anunciado como elegante salón de té, la noche del 28 de abril de 1923 abrió sus puertas el Café Savoia.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del Café Savoia cuando fue inaugurado.

Tomás Salcedo, propietario del nuevo café, quiso recrear un ambiente aristocrático en su establecimiento. Altos techos, friso de madera en paredes y columnas, además de un cómodo mobiliario con butacas tapizadas en pana y calefacción, conformaban una decoración severa y elegante.

El Savoia tenía dos plantas. A pie de calle, un amplio salón dotado de un pequeño bar lo comunicaba directamente con el teatro. En el piso superior o principal había dos preciosos salones, con preferencia para las señoras y acceso independiente por el portal de la casa.

El ambiente del Savoia variaba sustancialmente a lo largo del día. Desde su apertura hasta poco más de las seis de la tarde, el local se llenaba con gente de teatro. Actores, actrices, agentes y empresarios allí ultimaban los detalles sobre la formación de sus nuevas compañías. En este café se organizaron numerosos banquetes para homenajear a los compositores de las zarzuelas con mayor éxito en el Teatro de Apolo. 

A media tarde comenzaba la música de los conciertos, en su pequeño escenario dotado de tramoya, a los que solían asistir las niñas bien para tomar el té. En los salones superiores, comenzaban las tertulias.

Fuente: B.N.E. (1928)

El Café Savoia fue, a partir del año 1925, el domicilio social del Athletic Club (luego, Atlético de Madrid) y su entresuelo el lugar donde se instaló la secretaría de esta asociación. Allí se vendían las entradas para los partidos de fútbol y tenían lugar las reuniones de las juntas generales del club. 

Fuente: B.N.E. (1929).
Camareros despedidos por el cierre del Café Savoia, posando en el interior del establecimiento.

A pesar del gran éxito alcanzado por el Teatro de Apolo, en especial durante la última sesión de sus representaciones diarias llamada “La Cuarta del Apolo”, el edificio fue vendido y derribado para construir el banco de Vizcaya (actualmente ocupado por dependencias del Ayuntamiento de Madrid).

En el año 1921 la familia del banquero Gargollo, primer propietario del inmueble, lo había vendido por cinco millones y medio de pesetas a una sociedad. Poco tiempo después el edificio salió a subasta, siendo adquirido nuevamente por esos primeros propietarios y al mismo precio en que lo vendieron. 

A principios del año 1929 el banco de Vizcaya realizó una oferta de compra a la familia Gargollo, que accedió a la venta de la finca con la condición de que no sería destruido el popular coliseo. Como resultado final, el banco adquirió el edificio por cinco millones de pesetas, demoliéndolo por completo. Madrid perdió con ello uno de sus teatros más populares.

El Café Savoia fue el último superviviente de los negocios ubicados en este inmueble de la calle de Alcalá. Su propietario de entonces, Marcelino Gato de Gonzalo, tras cobrar su indemnización, anunció el cierre para el domingo día 3 de noviembre de 1929 publicando que toda la recaudación del día iría a parar a los treinta trabajadores del café, como única compensación por quedarse sin empleo. 





Fuentes:

Es.wikipedia.org
"Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero" Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca de la B.N.E.
Historias-matritenses.blogspot.com (Ricardo Márquez).
Mcu.es
Vitoria-gasteiz.org

2 comentarios:

  1. Rosario, que puedo decir sobre este artículo.
    Te has metido en terreno pantanoso, yo nunca he querido pasar por alli, "me da miedo" pienso que es una historia muy larga, muy complicada y con muchos detalles que se me escaparían, y por supuesto con un lamentable final para los amantes de estos locales.
    Bravo porque has sabido guiarnos a donde querías, dando una pincelada más con tus sabias historias a ese Madrid desaparecido.

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  2. David, la única pretensión de este artículo era "tomar un café" en el Teatro de Apolo y creo se ha conseguido.
    No todos podemos hacer estudios tan pormenorizados como los que tú realizas en el magnífico blog de los Cines de Madrid, del que esperamos nuevas e interesantes cosas para este nuevo año.
    Salud, cines y cafés.

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