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jueves, 6 de octubre de 2016

CAFÉ DE LAS CUATRO ESTACIONES DEL PRADO.

La Fuente de las Cuatro Estaciones de Madrid, también llamada de Apolo, fue inaugurada en el año 1802 en el Prado de San Jerónimo (que hoy se corresponde con la primera mitad del paseo del Prado), formando parte de la ornamentación proyectada por el arquitecto Ventura Rodríguez para conformar el Salón del Prado: un paseo arbolado, ajardinado y jalonado de hermosas fuentes. 

Cuando todavía la calle de la Greda (hoy de Los Madrazo) no tenía salida hacia el Prado de San Jerónimo, ya que esos terrenos formaban parte del hospital e iglesia de San Fermín que allí se ubicaba, vino a inaugurarse el Café de las Cuatro Estaciones, frente a la fuente de la que posiblemente tomara su nombre. 

Fotografía: Charles Clifford (aprox. 1859). Bdh-rd.bne.es
Fuente de las Cuatro Estaciones o de Apolo en el Salón del Prado.

Fonda y café, el de las Cuatro Estaciones no sería el primero ni el último de los establecimientos madrileños del ramo en llevar este título y abrió al público el día 12 de abril de 1835. 

Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz (1848). Cartografiadigital.icc.cat
1) Salón del Prado 2) Fuente de las Cuatro Estaciones 3) Iglesia de San Fermín 4) Emplazamiento aproximado del Café de las Cuatro Estaciones.
 
Este café servía comidas diarias, al precio de veinte reales el cubierto, en un comedor con capacidad para 50 ó 60 personas y distribuía sus servicios de habitaciones y restauración entre varias de las plantas del edificio. El recinto del café tenía un bonito y bien alumbrado salón de columnas y dos salas laterales al raso. En el piso principal se dispusieron dos estancias, con separación para señoras y caballeros, cuidando de su aseo y demás un pobre de San Bernardino (asilo de indigentes) cuyo salario consistía en las propinas o limosnas que los concurrentes se sirvan dar. 

Especializado en helados a la santillé, ponche a la romana y barquillos rellenos adornados con huevos hilados, entre otras delicias, el café de las Cuatro Estaciones preparaba también menús de encargo. 

La situación privilegiada de este café, entre la frondosidad del arbolado y el ajardinamiento del Prado, hacían de él un lugar apropiado para multitudinarios banquetes patrióticos y homenajes como el que se brindó al actor Julián Romea Yaguas y a su esposa, la también actriz Matilde Díez, en el mes de febrero de 1839. Al convite asistieron el dramaturgo Manuel Bretón de los Herreros y el poeta José de Espronceda Delgado, entre otros muchos invitados, siendo Matilde la única persona del bello sexo que podía alternar en una reunión tan peculiar.

Bailes y celebraciones, como la de la Noche de San Juan en la que el Café de las Cuatro Estaciones se siempre mantenía abierto, hacían de él un próspero negocio. 

Fuente: B.N.E. (1839)

En el año 1841 el café cambió de dueño y subió los precios, pero exhibiendo originales diversiones como el Nuevo grande espectáculo del Difanorama, estrenado el día 14 de julio de 1842. Estas funciones consistían en mostrar los llamados cuadros disolventes o ingeniosas vistas que, mediante la utilización de dos linternas, se iban disolviendo unas en otras creando efectos de transformación y movimiento. Así, se veía a una vaca bebiendo a la orilla de un río, moviendo la cabeza hasta llegar al agua; a un enfermo tomando su medicina o la erupción del Vesubio arrojando fuego y humo, entre otros veintiún cuadros con diversas panorámicas. (Hay que recordar que el cinematógrafo no se inventaría hasta cinco décadas después).

Fuente: scans.library.utoronto.ca
Fragmento del libro "Crónicas del tiempo de Isabel II" de Carlos Cambronero, publicado en 1913.

Algo antes de mediados del siglo XIX, las demostraciones de esgrima comenzaron a tomar importancia en los salones y el Café de las Cuatro Estaciones no se quedó atrás. Los más afamados profesores de esta disciplina se enfrentaron en este café a la espadachina belga Señora Boscocon reunión de las personas más distinguidas, durante el mes de diciembre de 1845.

Parece que el Cuatro Estaciones fue un café de tintes refinados a lo largo de los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX. Sus espectáculos innovadores y los numerosos conciertos que ofrecía en su jardín, unido al restaurante del piso principal en el que se habían instalado comedores individuales para grupos, parecían atraer a lo más notable de Madrid. 

Todo cambió en el año 1861, ya que las deudas de sus propietarios hicieron subastar las 114 mesas de pino, las 300 sillas de haya y todos los enseres del Café de las Cuatro Estaciones.

En los primeros años de la década de los ochenta, del siglo XIX, los jardines y edificios de la manzana comprendida entre las calles de Alcalá, Marqués de Cubas (antes del Turco) y Los Madrazo (antes de la Greda) fueron derribados para construir en sus terrenos el Banco de España.



Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Cartotecadigital.icc.cat
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Prensahistorica.mcu.es   

1 comentario:

  1. Me sabe a gloria el huevo hilado y lo de santillé me despista el chantillí.ya tu ves donde acaba la divrersión por un simple interés de banca,botín llama botín y los demás en ...chancleta.Saludos.

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