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sábado, 31 de diciembre de 2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

EL TEATRO DE APOLO Y SU CAFÉ.

Muy conocida es la abundante historia del terreno que hoy ocupa el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Antiguo edificio del banco de Vizcaya, donde estuvo el Teatro de Apolo.
Junto a él la iglesia de San José (s. XVIII).

Allí estuvo parte del convento de San Hermenegildo del Carmen Calzado desde el siglo XVI, dentro del que se vino a instalar el Café de Solís (que luego cambiaría su nombre por el de Café de Cervantes) hasta mediados del siglo XIX, cuando fue demolido el edificio.

Sobre dicho terreno se edificaría el famoso Teatro de Apolo, que en un primer momento llevó el nombre de Teatro de Moratín, siendo inaugurado el día 23 de noviembre de 1873.

Fuente: B.N.E. (1872).
Fachada del Teatro de Apolo al término de las obras. A la derecha se aprecia el primitivo nombre "Teatro de Moratín".

Propiedad del banquero José María Fontagud Gargollo, el Apolo fue construido dentro, y a la vez, de un edificio cuyos pisos superiores serían destinados al arrendamiento de particulares y oficinas. 

Este lujoso teatro de estilo Rococó francés fue diseñado por los arquitectos Próspero (¿) Chanderlot y F. Festau, ejecutando la obra Alejandro Sureda Chappron. 

En su fachada de piedra labrada se abrían tres grandes arcadas, destinadas al paso de carruajes. En cada uno de sus extremos había dos puertas más pequeñas que daban paso al público que a pie asistía a las representaciones, sirviendo además como portales de acceso a las viviendas superiores. Todas ellas se cerraban con cancelas de hierro. 

Fuente: Vitoria-gasteiz.org (1896).
Entrada lateral del Teatro de Apolo.

Cuatro máscaras, representando la comedia y la tragedia, separaban cada una de las arcadas de acceso; encima de ellas, relieves con guirnaldas de flores y frutos remataban las bases sobre las que se habían instalado cuatro estatuas que simbolizaban las artes escénicas. 

Nada más pasar al interior del teatro se llegaba en un ancho vestíbulo semicircular cubierto, por el que entraban y salían los carruajes de los más privilegiados, adornado por dos columnas de hierro fundido y otras seis que imitaban el mármol. Completaban la ornamentación estatuas de bronce, grandes maceteros, candelabros y multitud de lámparas. Una balaustrada de hierro separaba del público asistente la zona de paso de los vehículos. 

Fuente: Historias-matritenses.blogspot.com.es (Ricardo Márquez)
Vestíbulo del Teatro de Apolo con el paso de los carruajes.

Tras este primer vestíbulo se pasaba a una galería acristalada en donde se instalaron las taquillas y las oficinas. A su derecha se encontraba el primitivo café del teatro, con camareros de patillas alfonsinas y cuyo alumbrado tenía mecheros de gas con llamas en forma de abanico. En este café, algunos años después, el dramaturgo Carlos Arniches Barreda establecería su tertulia.

Un tercer vestíbulo, adornado con estatuas de bronce y arañas de cristal, daba acceso al patio de butacas y a las escaleras de mármol que conducían a los palcos de los pisos superiores. 

Con capacidad para 2.137 espectadores, el Teatro de Apolo era un coliseo suntuoso, digno, artístico y bello. Sus cuatro pisos habían sido decorados por artistas de renombre, como los pintores: Francisco Sans Cabot (techo de la cubierta), José Vallejo Galeazo (techo del teatro), Francisco Pla Vila (telón de boca) y Manuel Domínguez Sánchez. Giorgio Busato y Augusto Ferri se ocuparon del interiorismo y de la escenografía.

Fuente:Mcu.es (finales del siglo XIX).
En la fotografía de Jean Laurent se expone la muestra del pintor Francisco Sans Cabot, para la realización de la obra que ejecutaría en el techo de la cubierta del teatro.

El Teatro de Apolo estuvo destinado a la representación de obras dramáticas, en un primer momento. Los altos precios de sus entradas no eran accesibles para todo el mundo y la falta de calefacción (llegó a ser conocido como el Teatro de los Pozos de la Nieve), unida a que la mala orientación de algunos de sus palcos impedía ver la función, le hicieron decaer a partir del año 1878.

Una gran reforma del local tuvo lugar a principios de la década de los años ochenta del siglo XIX. El Apolo no sólo hizo más confortable la sala, sino que cambiaría completamente su repertorio para llegar a ser conocido a principios del siglo XX como La catedral del género chico, gracias a las representaciones de zarzuela. 

Andando el tiempo, en el Teatro de Apolo se inauguró un nuevo café. Inicialmente anunciado como elegante salón de té, la noche del 28 de abril de 1923 abrió sus puertas el Café Savoia.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del Café Savoia cuando fue inaugurado.

Tomás Salcedo, propietario del nuevo café, quiso recrear un ambiente aristocrático en su establecimiento. Altos techos, friso de madera en paredes y columnas, además de un cómodo mobiliario con butacas tapizadas en pana y calefacción, conformaban una decoración severa y elegante.

El Savoia tenía dos plantas. A pie de calle, un amplio salón dotado de un pequeño bar lo comunicaba directamente con el teatro. En el piso superior o principal había dos preciosos salones, con preferencia para las señoras y acceso independiente por el portal de la casa.

El ambiente del Savoia variaba sustancialmente a lo largo del día. Desde su apertura hasta poco más de las seis de la tarde, el local se llenaba con gente de teatro. Actores, actrices, agentes y empresarios allí ultimaban los detalles sobre la formación de sus nuevas compañías. En este café se organizaron numerosos banquetes para homenajear a los compositores de las zarzuelas con mayor éxito en el Teatro de Apolo. 

A media tarde comenzaba la música de los conciertos, en su pequeño escenario dotado de tramoya, a los que solían asistir las niñas bien para tomar el té. En los salones superiores, comenzaban las tertulias.

Fuente: B.N.E. (1928)

El Café Savoia fue, a partir del año 1925, el domicilio social del Athletic Club (luego, Atlético de Madrid) y su entresuelo el lugar donde se instaló la secretaría de esta asociación. Allí se vendían las entradas para los partidos de fútbol y tenían lugar las reuniones de las juntas generales del club. 

Fuente: B.N.E. (1929).
Camareros despedidos por el cierre del Café Savoia, posando en el interior del establecimiento.

A pesar del gran éxito alcanzado por el Teatro de Apolo, en especial durante la última sesión de sus representaciones diarias llamada “La Cuarta del Apolo”, el edificio fue vendido y derribado para construir el banco de Vizcaya (actualmente ocupado por dependencias del Ayuntamiento de Madrid).

En el año 1921 la familia del banquero Gargollo, primer propietario del inmueble, lo había vendido por cinco millones y medio de pesetas a una sociedad. Poco tiempo después el edificio salió a subasta, siendo adquirido nuevamente por esos primeros propietarios y al mismo precio en que lo vendieron. 

A principios del año 1929 el banco de Vizcaya realizó una oferta de compra a la familia Gargollo, que accedió a la venta de la finca con la condición de que no sería destruido el popular coliseo. Como resultado final, el banco adquirió el edificio por cinco millones de pesetas, demoliéndolo por completo. Madrid perdió con ello uno de sus teatros más populares.

El Café Savoia fue el último superviviente de los negocios ubicados en este inmueble de la calle de Alcalá. Su propietario de entonces, Marcelino Gato de Gonzalo, tras cobrar su indemnización, anunció el cierre para el domingo día 3 de noviembre de 1929 publicando que toda la recaudación del día iría a parar a los treinta trabajadores del café, como única compensación por quedarse sin empleo. 





Fuentes:

Es.wikipedia.org
"Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero" Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca de la B.N.E.
Historias-matritenses.blogspot.com (Ricardo Márquez).
Mcu.es
Vitoria-gasteiz.org

martes, 15 de noviembre de 2016

DE LA TRINIDAD AL MUSEO ERÓTICO DE MADRID.

Nunca pudo imaginar Felipe II, mientras con su propia mano trazaba el boceto del Convento de la Trinidad para la calle de Atocha, que con el tiempo y sobre esos mismos terrenos vendría a instalarse el Museo Erótico de Madrid (MEM).

Fuente: Lib.es (2000-2001)

El proyecto del Convento de la Trinidad comenzó a pergeñarse en el año 1547 y fue encargado al arquitecto Gaspar Ordoñez. Con fachada principal en la calle de Atocha sus instalaciones ocupaban parte de la de Relatores y llegaban, por un estrecho callejón transitable, hasta lo que hoy es la plaza de Tirso de Molina. 

Fuentes: Fotografía izquierda, bne.es. Fotografía derecha, Nicolas1056 (1895).
El Convento de la Trinidad en la calle de Atocha en la maqueta de León Gil de Palacio de 1830.
Fachada del Convento de la Trinidad en 1895.

Tras la Desamortización de Mendizábal (1835-1836) el enorme Convento de la Trinidad y su iglesia fueron remodelados para acoger a lo largo del tiempo: las funciones de teatro de la Sociedad del Instituto Español, el Museo Nacional de Pintura, el Ministerio de Comercio, Industria y Obras Públicas, más tarde el de Fomento y su biblioteca, dotada con una inmensidad de volúmenes que después pasarían a la Biblioteca Nacional de España. Durante los años finales del siglo XIX este gran complejo de edificios fue ocupado por la comandancia del Norte de la Guardia Civil, que allí se mantuvo hasta la demolición completa de la construcción en el año 1900.

El gran terreno en que se ubicaba el exconvento de la Trinidad fue parcelado y dio origen a una moderna vía llamada Nueva de la Trinidad, que desde el año 1926 se renombró como calle del Doctor Cortezo

Flamantes edificios, en su mayoría con establecimientos dedicados al ocio, se instalaron con rapidez en la nueva calle. El primero de ellos, llamado Versalles e inaugurado en el mes de julio de 1915, era un lindo teatro de verano al aire libre, que apenas superó el año de vida. Poco después, en 1916, un nuevo cinematógrafo con el nombre de Cine Ideal se levantaría en esta vía, donde continúa en la actualidad.

Fuente: Fotografía de la izquierda madrilanea.com (1916). Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2016)
El Cine Ideal en el año de su inauguración y en la actualidad.

En el año 1917 abrió sus puertas el Teatro Odeón, que permutaría su nombre por el de Teatro del Centro un año después de su construcción y desde octubre de 1927, hasta la fecha, pasaría a ser conocido como Teatro Calderón.

Fuente: Fotografía de la izquierda B.N.E (1917). Fotografía de la derecha Vicente Valdés (2015).
El Teatro Calderón de 1917, cuando se llamaba Odeón.
Entrada del Teatro Calderón, en la actualidad.

El Frontón Madrid, inaugurado en el año 1929 y cerrado en 1982 fue propiedad de Ildefonso Anabitarte, que también explotaba el Frontón Moderno (1918) situado en la misma calle Nueva de la Trinidad.


Fuente: Fotografía de la izquierda cinesdemadrid.blogspot.com (1929). Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2007).
Fachada del Frontón Madrid cuando fue inaugurado y en total deterioro, antes de convertirse en hotel.

Al inaugurarse el Frontón Madrid el antiguo Frontón Moderno sería derruido para construir en su lugar el Teatro Fígaro (1931).

Fuente: Fotografía de la izquierda B.N.E. (1931). Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2017).
Fachada del Teatro Fígaro en su inauguración y en la actualidad.

Sería el número 2 de la calle del Doctor Cortezo y junto a la capilla y comedor del Ave María o único edificio que perdura, aunque muy modificado, de lo que fue el Convento de la Trinidad, el lugar donde vendría a instalarse en el año 2000 el Museo Erótico de Madrid (MEM).

Fuente: Fotografía de Santiago Ochoa (2000-2001).
Fachada del Museo Erótico de Madrid (MEM), de la calle del Doctor Cortezo, nº 2.

Bajo una visión artística del erotismo y huyendo de la pornografía Silvia Villanueva (directora) y Eusebio Bonilla, contando con la decoración de Txuspo Poyo, inauguraron este Museo Erótico el día 26 de octubre de 2000. Los ochocientos metros cuadrados de su local, distribuidos en dos plantas, se dividieron en cinco salas que explicaban la historia de todos los placeres sexuales a lo largo del tiempo.

Fuente: Lib.es
Reproducciones de piezas exhibidas en la sala de Historia.

Reproducciones de la Grecia antigua, Roma, Pompeya, piezas indígenas precolombinas, grabados y dibujos de los siglos XVIII, XIX y XX ilustraban sobre las artes amatorias representadas por diferentes civilizaciones en los distintos continentes, explicando cada una de ellas en su contexto histórico.

Fuente: Lib.es
Fotografías de la exposición.

Tras la parte dedicada a la historia se llegaba a la sala de las parafilias o perversiones, un espacio frío donde impera el azulejo y el acero para que las mentes más retorcidas sueñen con los tormentos más crueles. En ella se mostraban todos los objetos propios del fetichismo (anillas, argollas, cuero, látex, camas eróticas apoyadas sobre el suelo o suspendidas del techo, botas, máscaras, cadenas, cinturones de castidad). El precio de la entrada al museo era de 1.000 pesetas y daba la posibilidad de manipular muchas de las piezas allí expuestas. 

Una sala de proyecciones, otra dedicada al autoerotismo y una zona de multimedia con páginas web sobre las distintas manifestaciones, inclinaciones y formas de practicar el sexo en diferentes culturas, completaban la colección permanente del museo que también funcionaba como sala de exposiciones, en la que diversos artistas exhibían obras de pintura, escultura, fotografía o videoarte, sobre temas relacionados con el contexto.

El Museo Erótico de Madrid no tuvo tanto éxito como se esperaba. Quizá una escasa promoción o una gestión mal llevada, a la hora de aclarar que aquel espacio no era un sex shop sino un museo de arte erótico, dieron al traste con el primer y único centro de estas características que, hasta la fecha, se ha ubicado en Madrid. Dos años después de su apertura el MEM cerró sus puertas.



Fuentes:

Cinesdemadrid.blogspot.com.es
coam.org
dolcecity.com
flickr.com/photos/nicolas1056
flickr.com/photos/santiochoa
es.wikipedia.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Lib.es
Madridlanea.com
Vicente Valdés Santamaría.

jueves, 27 de octubre de 2016

RECREO DE CHAMBERÍ.

Allá por los primeros años treinta del siglo XIX, cuando el norte de Madrid terminaba aún en la Cerca de Felipe IV, vino a inaugurarse el Recreo de Chamberí. Fonda, café y baile situado extramuros de la ciudad, entre la puerta de Bilbao y el portillo de Santa Bárbara, era un lugar para la diversión todavía muy alejado del centro de la ciudad.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
La plaza de Chamberí, en la actualidad.

A finales del siglo XVIII el marqués de Santiago, rico propietario de numerosas fincas en Madrid, había construido para su regocijo una casa de campo o quinta en aquella zona del norte que aún no figuraba en los mapas de la Villa y que vendría a llamarse Chamberí. 

Algo más de un siglo después, en el año 1808, el rico hacendado Saturio Ángel de Velasco adquirió dicha quinta de grandes jardines y con ella la llamada Casa de las Torres o Casa de las Columnas, donde alrededor del año 1836 vendría a instalarse el Recreo de Chamberí

Fuente: bdh.bne.es. Plano de Madrid del agrimensor José Nieto (1848).
En el centro de la imagen se aprecia un incipiente "Chamberís" con la Casa de las Torres, situado al margen contrario de lo que más tarde sería la c/ de Santa Engracia.

Donde hoy, y desde el año 1886, se ubica la Junta Municipal de Chamberí, actual número 4 de la plaza, se hallaba la Casa de las Torres. El Recreo de Chamberí ocupaba, a excepción del cuarto bajo, tres de las cuatro plantas de la Casa en donde se instalaron la fonda, el café y un salón de baile. Los clientes debían abonar dos reales de vellón por persona y uno por niño para acceder al Recreo, siendo gratuita la entrada a sus jardines en donde se habían dispuesto merenderos a los que se podía llevar comida propia y desde los que se divisaban excelentes vistas en contorno de diez leguas.

Fuente: B.N.E. (1837).
Uno de los primeros anuncios publicados en la prensa del Recreo de Chamberí.

La fonda y el café estaban provistos de cuanto produce la estación, sirviendo todos los días almuerzos, comidas y meriendas de todos los precios, hasta el moderado de 2 reales (de vellón), buen guisado, pan y vino. Estas instalaciones tenían capacidad para dar servicio a quinientas personas.

Espectáculos de volatines, fuegos artificiales y bailes con orquesta, también al aire libre siempre que el tiempo lo permitiera, competían con los del cercano Jardín de Minerva, de precios más reducidos, que se encontraba en los terrenos donde hoy se sitúa la plaza de Alonso Martínez.

El Recreo de Chamberí de la Casa de las Torres tuvo una vida efímera, ya que sólo se mantuvo abierto entre los años 1836 y 1839. El edificio fue posteriormente ocupado por varias tabernas, a lo largo del tiempo. 

El aumento de población del nuevo distrito de Chamberí obligó a la dotación de los servicios necesarios en la zona y así, el día 19 de noviembre de 1850, se inauguró la escuela de instrucción primaria para niños de ambos sexos en la antigua Casa de las Torres de la plaza de Chamberí, que por entonces estaba situada en el número 11. 

Desde el año 1886 el solar donde se ubicó el Recreo de la Casa de las Torres está ocupado por el edificio de la Junta Municipal de Chamberí, designado hoy con el número 4 de la plaza.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Fachada de la Junta Municipal, donde se ubicó el Recreo de Chamberí.

Un nuevo Recreo de Chamberí vino a establecerse en el barrio en los primeros años del siglo XX. Eduardo Gimeno Correas, precursor del cine en España, inauguró este negocio en el mes de junio de 1910 sobre el terreno ocupado hasta entonces por el Lavadero de Olid, situado en la calle de Fuencarral, número 140 (actualmente nº 136).

Fuente: idehistoricamadrid.org. Plano de Facundo Cañada (1900).
Marcado en color azul, el Lavadero de Olid entre las calles de Fuencarral y Olid.

La familia Gimeno, propietaria de varios locales destinados primero a la proyección de vistas estereoscópicas y luego de películas, había instalado en el año 1901 su Gran Palacio Proyecciones Animadas en la calle de Fuencarral, número 125, que por entonces se hallaba junto a la glorieta de Bilbao. Al inaugurarse el nuevo Recreo de Chamberí este barracón fue desmontado y reconstruido en el cercano número 140 de la misma calle, pasando a formar parte de las atracciones que el recién estrenado negocio ofertaba.

Así, el día 18 de junio de 1910, tuvo lugar la inauguración del Recreo de Chamberí, parque al aire libre dotado de un elegante café, columpios, un ferrocarril en miniatura, arcos voltaicos, un gran tobogán que anteriormente estuvo instalado en los Jardines del Buen Retiro de la calle de Alcalá y, por supuesto, el cinematógrafo.

Fuente: B.N.E. (1910).
Anuncio en prensa de la apertura del Recreo de Chamberí, propiedad de Eduardo Gimeno (cuyo apellido siempre se transcribía con "J").

Diversas bandas de música amenizaron las veladas del público asistente al Recreo de Chamberí, entre las ocho de la tarde y las doce y media de la noche, al precio de 15 céntimos de peseta, por entrada. Al tratarse de instalaciones al aire libre, el parque sólo funcionaba entre los meses de mayo a octubre.

Parece que la atracción del cinematógrafo fue tomando mayor importancia dentro del negocio y su propietario, Eduardo Gimeno, decidió cerrar el Recreo de Chamberí y vender todos sus componentes (arcos voltaicos, columnas de hierro, etc.) a lo largo del mes de enero de 1912 para construir, en el mismo emplazamiento, el Palacio de Proyecciones, cinematógrafo que en la primavera de ese mismo año ya estaba en funcionamiento. 

Fuente: Josefina Martínez (sobre el año 1930).
Fachada del Palacio de Proyecciones, cinematógrafo de la calle de Fuencarral.

El Proyecciones era un gran barracón de madera, cuya fachada ya coincidía con las aceras de las calles de Fuencarral y Olid. 

Fue uno de los primeros salones construidos en Madrid para la proyección de películas y posiblemente el que más tiempo se mantuvo abierto de su estilo. 

El día 15 de septiembre de 1930 el Ayuntamiento clausuró este viejo edificio de cinematógrafo, por peligrosidad. Su propietario, Eduardo Gimeno, encargó al arquitecto Manuel López-Mora Villegas el proyecto para levantar un nuevo Cine Proyecciones, con capacidad para mil quinientos espectadores, que sería inaugurado el día 28 de diciembre de 1932 en la calle de Fuencarral, número 136 y que hoy podemos contemplar.



Fuentes:

Bdh-bnd.es
Coam.org
“El cine Proyecciones de Madrid: Las memorias de Eduardo Jimeno” Josefina Martínez.
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Idehistoricamadrid.org
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.

jueves, 6 de octubre de 2016

CAFÉ DE LAS CUATRO ESTACIONES DEL PRADO.

La Fuente de las Cuatro Estaciones de Madrid, también llamada de Apolo, fue inaugurada en el año 1802 en el Prado de San Jerónimo (que hoy se corresponde con la primera mitad del paseo del Prado), formando parte de la ornamentación proyectada por el arquitecto Ventura Rodríguez para conformar el Salón del Prado: un paseo arbolado, ajardinado y jalonado de hermosas fuentes. 

Cuando todavía la calle de la Greda (hoy de Los Madrazo) no tenía salida hacia el Prado de San Jerónimo, ya que esos terrenos formaban parte del hospital e iglesia de San Fermín que allí se ubicaba, vino a inaugurarse el Café de las Cuatro Estaciones, frente a la fuente de la que posiblemente tomara su nombre. 

Fotografía: Charles Clifford (aprox. 1859). Bdh-rd.bne.es
Fuente de las Cuatro Estaciones o de Apolo en el Salón del Prado.

Fonda y café, el de las Cuatro Estaciones no sería el primero ni el último de los establecimientos madrileños del ramo en llevar este título y abrió al público el día 12 de abril de 1835. 

Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz (1848). Cartografiadigital.icc.cat
1) Salón del Prado 2) Fuente de las Cuatro Estaciones 3) Iglesia de San Fermín 4) Emplazamiento aproximado del Café de las Cuatro Estaciones.
 
Este café servía comidas diarias, al precio de veinte reales el cubierto, en un comedor con capacidad para 50 ó 60 personas y distribuía sus servicios de habitaciones y restauración entre varias de las plantas del edificio. El recinto del café tenía un bonito y bien alumbrado salón de columnas y dos salas laterales al raso. En el piso principal se dispusieron dos estancias, con separación para señoras y caballeros, cuidando de su aseo y demás un pobre de San Bernardino (asilo de indigentes) cuyo salario consistía en las propinas o limosnas que los concurrentes se sirvan dar. 

Especializado en helados a la santillé, ponche a la romana y barquillos rellenos adornados con huevos hilados, entre otras delicias, el café de las Cuatro Estaciones preparaba también menús de encargo. 

La situación privilegiada de este café, entre la frondosidad del arbolado y el ajardinamiento del Prado, hacían de él un lugar apropiado para multitudinarios banquetes patrióticos y homenajes como el que se brindó al actor Julián Romea Yaguas y a su esposa, la también actriz Matilde Díez, en el mes de febrero de 1839. Al convite asistieron el dramaturgo Manuel Bretón de los Herreros y el poeta José de Espronceda Delgado, entre otros muchos invitados, siendo Matilde la única persona del bello sexo que podía alternar en una reunión tan peculiar.

Bailes y celebraciones, como la de la Noche de San Juan en la que el Café de las Cuatro Estaciones se siempre mantenía abierto, hacían de él un próspero negocio. 

Fuente: B.N.E. (1839)

En el año 1841 el café cambió de dueño y subió los precios, pero exhibiendo originales diversiones como el Nuevo grande espectáculo del Difanorama, estrenado el día 14 de julio de 1842. Estas funciones consistían en mostrar los llamados cuadros disolventes o ingeniosas vistas que, mediante la utilización de dos linternas, se iban disolviendo unas en otras creando efectos de transformación y movimiento. Así, se veía a una vaca bebiendo a la orilla de un río, moviendo la cabeza hasta llegar al agua; a un enfermo tomando su medicina o la erupción del Vesubio arrojando fuego y humo, entre otros veintiún cuadros con diversas panorámicas. (Hay que recordar que el cinematógrafo no se inventaría hasta cinco décadas después).

Fuente: scans.library.utoronto.ca
Fragmento del libro "Crónicas del tiempo de Isabel II" de Carlos Cambronero, publicado en 1913.

Algo antes de mediados del siglo XIX, las demostraciones de esgrima comenzaron a tomar importancia en los salones y el Café de las Cuatro Estaciones no se quedó atrás. Los más afamados profesores de esta disciplina se enfrentaron en este café a la espadachina belga Señora Boscocon reunión de las personas más distinguidas, durante el mes de diciembre de 1845.

Parece que el Cuatro Estaciones fue un café de tintes refinados a lo largo de los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX. Sus espectáculos innovadores y los numerosos conciertos que ofrecía en su jardín, unido al restaurante del piso principal en el que se habían instalado comedores individuales para grupos, parecían atraer a lo más notable de Madrid. 

Todo cambió en el año 1861, ya que las deudas de sus propietarios hicieron subastar las 114 mesas de pino, las 300 sillas de haya y todos los enseres del Café de las Cuatro Estaciones.

En los primeros años de la década de los ochenta, del siglo XIX, los jardines y edificios de la manzana comprendida entre las calles de Alcalá, Marqués de Cubas (antes del Turco) y Los Madrazo (antes de la Greda) fueron derribados para construir en sus terrenos el Banco de España.



Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Cartotecadigital.icc.cat
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Prensahistorica.mcu.es   

domingo, 25 de septiembre de 2016

ANTONIO SÁNCHEZ “EL TATO” Y SU PIERNA.

En la antigua plaza de toros de Madrid (1754-1801), aquella que estuvo situada extramuros y junto a la Puerta de Alcalá, el torero Antonio Sánchez “El Tato” fue corneado por el morlaco “Peregrino” la tarde del 7 de junio de 1869. Esa grave cogida ocasionó que el diestro perdiese su pierna derecha, tras serle amputada a consecuencia de la gangrena, una semana después del percance. 

Fuente: bdh-rd.bne.es (1855)
Antigua plaza de toros de Madrid situada junto a la Puerta de Alcalá.

“El Tato” pasaría a la historia tanto por su sobrenombre como por las peripecias de su pierna. 

En todos los cosos taurinos, cuando el diestro no era hábil con el estoque a la hora de matar, el público exclamaba ¡A ese no le mata ni “El Tato”! o ¡Anda y que te mate “El Tato”! (imprecación también usada para despedir a quien molesta). Más modernamente comenzó a utilizarse la expresión ¡No ha venido ni “El Tato”! alusiva a la falta de concurrencia, debido a que Antonio Sánchez figuró en gran parte de los espectáculos taurinos celebrados entre 1852 y 1869, además de no perderse muchos de los actos sociales de su tiempo.

Fuente: bne.es (publicada en el año 1897, tras su fallecimiento).
Fotografía del torero Antonio Sánchez, 

De rumboso, postinero y valiente tachaba la prensa de mediados del siglo XIX a Antonio Sánchez García “El Tato”, destacando sus estocadas a volapié (suerte de matar en la que el torero avanza hacia el toro echando la muleta a la derecha a la vez que clava el estoque). Afamado y muy querido por la afición de Madrid, la tremenda cornada que sufrió aquel 7 de junio de 1869 supuso una auténtica conmoción para sus seguidores que, cada día, esperaban impacientes el parte médico a la puerta de su casa, en la calle de Espoz y Mina.

Dos operaciones sin anestesia fueron necesarias para salvar la vida de “El Tato”. La primera, a cuatro dedos por debajo de la rodilla, amputó su pierna derecha que de inmediato fue llevada por los aficionados a la Farmacia de San José -también droguería, perfumería y laboratorio químico- de la calle de Fuencarral, número 11, esquina con la del Desengaño, número 2. (Esta casa, desaparecida cuando se construyó la Gran Vía, se situaba en la parte posterior de lo que hoy es el edificio de la Telefónica).

Fuente: bne.es (1869).
Noticia publicada en la prensa, al día siguiente de la amputación.

Con el propósito de ser embalsamada, la pierna de “El Tato” fue introducida en un frasco de cristal lleno de formol a la espera de los preparativos necesarios. Pero un grave incendio, debido a la explosión de un mechero de gas, se llevó por delante la farmacia, gran parte del edificio donde aquella se ubicaba y afectó a las casas colindantes de la calle de Fuencarral, el día 13 de julio, un mes después de la amputación. Innumerables seguidores de “El Tato” corrieron hacia el siniestro para salvar su reliquia, que sucumbió en el incendio como la gran mayoría de los objetos contenidos en el establecimiento.

Tras algo más de un año de convalecencia, Antonio Sánchez se movía con un ingenioso artilugio que le posibilitaba andar con agilidad y sin muletas. La prótesis originó contradictorias noticias en la prensa del momento.

Juan Antonio Palomo Sánchez, residente en Puertollano (Ciudad Real) y pastor de profesión, había construido una elaborada pierna artificial para “El Tato”. Su invento, supervisado por varios médicos, parece que obtuvo la concesión del Ministerio de Fomento para su fabricación y el posterior implante a otros discapacitados. 

Paralelamente a la noticia de la nueva pierna de “El Tato”, los periódicos informaban sobre la estancia en Londres del torero con el objeto de que le construyan un aparato-pierna para torear. Por este motivo desde el pueblo de Puertollano se dirigió una carta al periódico “El Imparcial” ante el temor de que charlatanes extranjeros plagiaran el invento de Juan Antonio Palomo, desprestigiando así la industria española.

Fuente: bne.es (1871).
Carta remitida al periódico "El Imparcial".

Antonio Sánchez “El Tato” falleció en el año 1895. Su prótesis pasó a ser posesión de Juan Bol Baryolo, coleccionista de todo cuanto al toreo hacía referencia y residente en Valencia. La recopilación de piezas, que Bol databa de forma minuciosa y guardaba en su casa, iba desde las cabezas de toros hasta las prendas ensangrentadas de los desafortunados matadores que resultaron corneados en diferentes corridas; trajes de luces, moñas, banderillas, capotes, estoques y un sinfín de utensilios constituían un museo taurino que, a decir de quienes lo visitaban, producía un hedor repugnante en la vivienda.

Fuente: larazonincorporea.blogspot.com (1900)
La pierna ortopédica de "El Tato" exhibida en la Exposición Universal de París.

Con motivo de la Exposición Universal de París, celebrada en el año 1900, pareció buena la idea de enviar allá muchos de los objetos reunidos en la colección del taurófilo Juan Bol. España vería así representada su fiesta nacional y enseñaría al mundo el arte de la tauromaquia. 

Entre los estoques enmarcados de los matadores “Guerrita” (Rafael Guerra Bejarano) y “Montes” (Antonio Montes Vico), se instaló la pierna ortopédica de Antonio Sánchez García “El Tato”, cuyo paradero se desconoce.


Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Es.wikipedia.org
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Larazonincorporea.blogspot.com.es
Prensahistorica.mcu.es

lunes, 4 de julio de 2016

LOS GABRIELES DE LA CALLE DE ECHEGARAY.

En la parrandera y madrileña calle de Echegaray (que hasta el año 1888 se llamó del Lobo) y haciendo esquina con la de Manuel Fernández y González (antes titulada calle de la Visitación) estuvo el muy conocido colmao Los Gabrieles.


Fotografías: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004) y M.R.Giménez (2016).
Antigua muestra del colmao Los Gabrieles y fachada actual.

El nombre de gabrieles hace referencia en cheli o jerga madrileña, a los garbanzos del cocido. Precisamente ese fue el origen del título elegido, por su primer propietario, para este negocio que comenzó en el año 1907 en la calle de la Visitación (hoy de Manuel Fernández y González), número 7.


Fuente: B.N.E. (1907).
Anuncio de Los Gabrieles, en su primer emplazamiento de la calle de la Visitación, 7 (hoy c/ de Manuel Fernández y González).

Fue el día 14 de enero de 1907 cuando abrió al público el primer local que llevó por nombre Los Gabrieles, cuya inauguración tuvo lugar dos días antes contando con la asistencia del escultor Mariano Benlliure, entre otras personalidades. El antiguo periodista Rafael José Jimeno Vizarra tuvo a bien abrir este negocio en la calle de la Visitación, que comenzó siendo un restaurant económico para clases populares. Dotado de cocinas de gas, era un lugar amplio, lujoso, lleno de luz y alegría en el que se vendía comida para llevar en recipientes traídos de casa o adquiridos en el propio lugar, incrementando a 0,25 céntimos el precio de la ración. 

Los abundantes platos de callos, vaca estofada, pote gallego y por supuesto de cocido madrileño, con precios que oscilaban entre los 0’30 y 0’70 céntimos de peseta, originaron que centenares de personas, llegadas desde todos los puntos de Madrid, agotasen cada día las existencias del establecimiento en poco menos de una hora.

Un año después de su apertura Los Gabrieles ya contaba con sus propios y elegantes comedores que, al salir del teatro servirán el bocadillo de la noche.

El éxito del restaurant de la calle de la Visitación (oficialmente c/ Manuel Fernández y González desde el año 1898) propició que su dueño abriera un nuevo negocio con el mismo nombre, situado a poca distancia, en el entonces número 19 -hoy 17- de la calle de Echegaray. Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909. 

Fue así como sobre el año 1910 apareció el nuevo restaurante Los Gabrieles de la calle de Echegaray, sucursal del anterior, y que con el tiempo se convertiría en el famoso colmao flamenco.

Fuente: B.N.E. (1915).
Fachada del colmao Los Gabrieles en la calle de Echegaray.

A partir del año 1911 Los Gabrieles fue convertido en un restaurant sevillano, con una zona de entrada en la que se había instalado un mostrador cuyo frontispicio está hecho con cerámica de la propia Cartuja y un gran número de “cuartos especiales” decorados con vistosidad. 

Sobre sus muros aparecían pintados los paisajes de Granada, con la Alhambra y los cármenes, de Sevilla, con su Giralda y la Torre del Oro junto al Guadalquivir. Otro de los cuartos, instalado en el sótano, había sido decorado a semejanza de una tartana valenciana con sus asientos, además del ruedo de una plaza de toros, con su barrera. El resto de las habitaciones tenían una decoración más severa, a excepción de la titulada “La Lidia” que contenía multitud de láminas con tema taurino, firmadas por el pintor Daniel Perea Rojas.

Fuente: B.N.E. (1915) y lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Zona del sótano de Los Gabrieles, en la calle de Echegay, en la que se aprecia el ruedo de la plaza de toros, con su barrera.

En el año 1915 Los Gabrieles, de la calle de Echegaray, ya contaba con un conocido ambiente compuesto por toreros, guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco. Sus veinticuatro trabajadores, sevillanos en su mayoría, provenían del mundo taurino y sirven al público con esmero extraordinario. 

A partir del año 1917 las pinturas murales de las paredes del local empezaron a ser reemplazadas por azulejos de cerámica con diseño de prestigiosos pintores como Enrique Orce Mármol, Enrique Guijo Navarro o Alfonso Romero Mesa.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Dos de los murales de cerámica de Los Gabrieles.

Esta decoración, en su mayoría, consistía en paneles con anuncios publicitarios de diferentes bodegas como “Anís del Cisne”, “La Gitana” (manzanilla), “Marqués del Mérito” coñac y vinos, “Clásica” manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. También otras empresas como “La Balandrista” (conservas) o “Gallegas Olibet” abonaron el coste de los murales cerámicos con el fin de publicitar sus productos en un local cuya fama iba cada vez más en aumento.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Murales cerámicos de Los Gabrieles.

Alrededor del año 1924 Adrián Quijano, veterano encargado de Los Gabrieles, hombre a la antigua y de pintoresca facundia (de abundante y fácil palabra), se hace con la propiedad del local de la calle de Echegaray, ese rincón simpático donde se refugia la juerga que se quiere ribetear de arte, en opinión de alguna prensa del momento. 

La realidad fue que el colmao Los Gabrieles ya se había convertido en uno de los más famosos centros de flamenco que tenía Madrid, contando con su propio cuadro de bailaores, guitarristas y cantaores, a pesar de no ofrecer espectáculos sujetos a horario ni programación específica. Allí se consolidó el dúo formado por el cantaor Antonio Chacón García y el guitarrista Ramón Montoya Salazar, también compositor, siempre acompañado de su famosa guitarra apodada “La Leona”. Montoya fue el primero en impulsar el sonido de este instrumento en el cante ya que, hasta entonces, sólo había servido como acompañamiento de las voces.

Las tertulias de toreros y las jaranas flamencas en los reservados de Los Gabrieles, en su mayor parte organizadas tanto por señoritingos como por individuos de relevancia social, hicieron de Los Gabrieles un lugar cuya fama traspasó la ciudad de Madrid. Los numerosos banquetes que se organizaron para homenajear a escritores, dibujantes y artistas hicieron del restaurante andaluz un lugar al que volver. Fue el caso del famosísimo guitarrista Andrés Segovia Torres quien, acompañado del periodista peruano Felipe Sassone Suárez y del pianista Tomás Terán París, protagonizó una curiosa anécdota. 

En el transcurso de una comida en Los Gabrieles dos hombres gitanos con guitarra se acercaron a Andrés Segovia y sus acompañantes, preguntando al grupo: ¿Quieen oztez una mijita de juerga? Segovia propuso a sus amigos mantener oculta su muy conocida identidad, para que los músicos se manifestaran libremente. La figura del maestro, con melena y gafas por entonces, llamó la atención de los flamencos que preguntaron a Sassone sobre su identidad, obteniendo por respuesta que se trataba de un pintor francés. ¿Eze tío tan raro es franchute? Poz ahora va a ver eze tío la chipén. Tras los primeros jipíos y manoteos de guitarra, Andrés Segovia cogió el instrumento e intentó tocarlo aparentando desconocimiento, a lo que el guitarrista flamenco contestó: Ya zabía yo que ezte tío franchute no diquelaba de guitarra, a lo que el maestro respondió: ¡Qué franchute ni que cuerno, si soy más español que usted! y comenzó a tocar entre las risas de sus acompañantes y la estupefacción de los gitanos que fascinados se preguntaban ¿De dónde ha zalío ezte hombre?

La fama de Los Gabrieles, que alternaba la golfería pudiente con una clientela de artistas y escritores de reconocido prestigio, fue decayendo al finalizar la década de los años 50 del pasado siglo. Tres décadas después el local volvió a sus orígenes flamencos, recibiendo una clientela heterogénea compuesta por jóvenes y extranjeros.

En el año 2004 el colmao Los Gabrieles echó el cierre, debido a que el edificio de la calle de Echegaray, número 17, fue vendido a una empresa constructora. El local, con sus paredes de cerámica, fue protegido en el Plan General de 1997 por el Ayuntamiento de Madrid. En la actualidad, y tras numerosas vicisitudes que incluyen la reforma integran del edificio, una posterior okupación por un colectivo de lucha por una vivienda digna y un discutible proceso de restauración de los famosos azulejos, se encuentra cerrado y en su fachada no queda rastro alguno de su memoria.






Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca de “El País”
Lorenzoalonsoarquitectos.com
Munimadrid.es
“Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez” Eusebio Rioja Vázquez y Norberto Torres Cortés.
Prensahistorica.mcu.es

Retabloceramico.net

jueves, 9 de junio de 2016

CAFÉ EL NIDO BAR DE LA PLAZA DE ANTÓN MARTÍN.

Lo que primero fue plazuela y luego plaza de Antón Martín es uno de los lugares con más historia de Madrid. Albergó el hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios en el siglo XVII, fundado por quien le da nombre a ese espacio. Allí se instaló la hermosa Fuente de la Fama, proyectada por Pedro de Ribera, desde el siglo XVIII y, también en esta plaza, tuvieron origen multitud de conflictos revolucionarios, como el Motín de Esquilache en 1766. Hoy en su centro, y desde el año 2003, se alza el monumento homenaje a los Abogados de Atocha. 

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Plaza de Antón Martín, en la actualidad. En el centro, edificio de la farmacia del Globo y a su derecha la casa (hoy calle de Atocha, nº 44) construida sobre lo que fue ubicación del Café El Nido Bar.

También en la plaza de Antón Martín vinieron a instalarse lugares de esparcimiento como el Monumental Cinema (hoy Teatro Monumental), el famoso Café de Zaragoza (pulsar para leer su historia) y el Café “El Nido” Bar.

Fuente: B.N.E. (1915)
Fachada del Café El Nido Bar. Bajo el balcón del entresuelo se aprecia la figura de un nido con pájaros, logotipo del local.

Situado en la plaza de Antón Martín, números 40 y 42 (hoy equivalente al nº 44 de la calle de Atocha), el Café El Nido era propiedad de Rafael Noguera y fue inaugurado el día 2 de abril de 1915 como sucursal de los establecimientos, que con el mismo nombre, su dueño poseía en las calles de Carretas, San Ricardo y Mesón de Paredes.

Este estrecho y largo café era un conjunto de elegancia, riqueza, higiene y novedad, a decir de la prensa del momento. 

Su fachada de madera enmarcaba la puerta de acceso y el entresuelo, cuyo balcón había sido revestido de una estructura que anunciaba los productos a la venta y, a modo de logotipo, contenía la gran figura de un nido con pájaros en su interior. La ornamentación se completaba con una muestra en cristal en donde aparecía escrito el nombre de la casa.

Este lindo establecimiento se encontraba junto a la célebre farmacia del Globo, propiedad por entonces de Juan Trasserra Conill.

Fuente: B.N.E. (1915)
Interior del Café El Nido Bar, con su mostrador revestido de azulejos.

El interior del Café El Nido estaba profusamente decorado con espejos biselados en forma de óvalo, azulejos y pinturas del artista Antonio Chaves Martín. 

Sin duda lo más llamativo del local era su magnífico mostrador, revestido por entero de azulejos y representando, en su parte central, la figura de Sancho Panza. Sobre su base se había instalado un aparato lumínico, compuesto de tres columnas, que por diferentes grifos servía la medida exacta de jarabes, cervezas y agua de seltz. 

Una novedosa máquina limpiaba los vasos y las copas de cristal, por medio de surtidores a presión, evitando hacerlo con las manos. Los recipientes se apretaban sobre el chorro de agua, quedando así limpios para el próximo servicio.

El Nido, más que un café de barrio, se convirtió con rapidez en un bar de bebidas, bocadillos, desayunos con café y media tostada al precio de 30 céntimos de peseta. 

Sólo cinco años después de su apertura el establecimiento ya había sido subarrendado a un joven de veintitrés años que, en el mes de enero de 1920, se disparó un tiro en la cabeza en la cueva del bar, quedando muerto al instante. 

El Nido de Antón Martín y su magnífico mostrador desaparecieron para siempre al igual que lo haría dieciséis años después, durante la Guerra Civil Española (1936-1939), la estrecha casa donde se ubicaba y su vecina, sita en la esquina con la calle de Atocha. 

Fuente: museoreinasofia.es. Fotografía de Miguel Pando Barrero (invierno de 1936).
Señalado con la flecha, el lugar donde se ubicó el Café El Nido Bar de la plaza de Antón Martín. La casa y su colindante, fueron destruidas tras los bombardeos de la Guerra Civil Española. A la derecha, la calle de Atocha.

La contigua casa de la farmacia del Globo, también quedó muy deteriorada por los bombardeos, aunque pudo ser reconstruida.

Fuente fotografía de la izquierda: es.pinterest.com (Guerra Civil Española 1936). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2008).
Edificio de la farmacia del Globo.

Desde la década de los años cuarenta del siglo pasado se alza un único edificio en el solar que dejaron las casas de la plaza de Antón Martín, derribadas por los bombardeos, que correspondieron al Café El Nido Bar y su limítrofe, esquina a la calle de Atocha.






Fuentes:
Es.pinterest.com
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la B.N.E.
Museoreinasofia.es