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viernes, 31 de julio de 2015

LOS ESPEJOS DE LA CALLE DEL GATO.

Entre las diversiones gratuitas en la ciudad de Madrid con las que contaban autóctonos y foráneos desde mediados del siglo XIX, tres eran las más destacadas y de imprescindible visita: ver el descenso de la bola del reloj en la Puerta del Sol, mirar los movimientos de los chinos con trenza del reloj de Canseco en la plaza del Ángel y desternillarse ante los espejos deformantes de la calle del Gato.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La calle del Gato (Álvarez Gato), en la actualidad.

Ha de comenzarse diciendo que la famosa calle del Gato tuvo este nombre hasta el año 1918, cuando se propuso en el Ayuntamiento de Madrid el cambio de su denominación por el de calle de Álvarez Gato, en alusión al poeta Juan Álvarez Gato que durante el s. XV tuvo su casa en ella. Este Gato fue descendiente de aquel soldado que durante la Reconquista, en el siglo XI, trepó con gran habilidad por las murallas de Madrid, solo auxiliado por una daga. La destreza en su escalada originó que sus compañeros le impusieran el apodo de “Gato”, que él añadiría como apellido al suyo propio. Esta anécdota daría origen al apelativo de “gatos” para todos los oriundos de Madrid capital.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).














La historia de los espejos deformantes de la calle del Gato (a la que los madrileños continuaron llamando así, a pesar del cambio en su rotulación), es muy posible que provenga de los años cuarenta del siglo XIX, cuando la Carpintería de Juan Rodríguez y su almacén de espejos vinieron a instalarse en dicha vía. 

Fuente: B.N.E. (1841)
Anuncio de la carpintería de Juan Rodríguez informando sobre la venta de espejos.

En el año 1850 otro vidriero, José Canosa, vino a reemplazar el taller de Juan Rodríguez de la calle del Gato, especializándose en lámparas fúnebres, para nichos y panteones. Con toda probabilidad fue él quien inició la saga de comerciantes que con ese apellido se mantuvo en el número 3 de esta calle hasta bien entrados los años treinta.

No es de extrañar que cualquiera de los dos vidrieros mencionados (Rodríguez o Canosa) utilizaran como reclamo para sus respectivos negocios los primeros espejos deformantes de los que tenemos noticia en esta calle. En la prensa del año 1903 se cita que las risas que provocaban sus imágenes han hecho las delicias de cuatro generaciones.

Estos espejos grotescos, mágicos o deformantes que tanto divertían a todos estaban situados en la fachada de la tienda. Eran dos de cuerpo entero, uno cóncavo y otro convexo; las carcajadas que arrancaban las grotescas reproducciones de su figura, se sucedían sin interrupción.

Fuente: B.N.E. (1905).
En este dibujo se aprecian los espejos primitivos de cuerpo entero.

Su fama en Madrid llegó hasta el punto de anunciar en la prensa su visita, sin otro objetivo que la diversión de mirarse en ellos.

Fuente: B.N.E. (1896).

Mientras tanto la familia Canosa, propietaria del local, veía prosperar su negocio dedicado a la venta de lámparas para todos los usos y utensilios del hogar. Este comercio cambiaría su denominación a lo largo del tiempo, a medida que las sucesivas generaciones familiares lo fueron heredando. Así, entre mediados del siglo XIX y principios de la década de los años treinta del siglo pasado, este comercio se llamó: José Canosa, Canosa e Hijo, Ángel Canosa, La lámpara de oro e Hijos de Ángel Canosa, entre otras variantes. 

Fuente: B.N.E. (1910)
Anuncio del comercio de Ángel Canosa donde figura el reclamo de "La casa de los espejos".

Sin lugar a dudas los espejos de la calle del Gato llegarían a la inmortalidad gracias a Ramón Valle Peña (1866-1936) más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, en su obra teatral “Luces de Bohemia”, inicialmente publicada por entregas en la revista “España” a lo largo del año 1920, editada en 1924 y no estrenada en el teatro hasta el año 1971. 


MAX
Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO
¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX
España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO
¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX
Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO
Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

(Fragmento de la escena duodécima de “Luces de Bohemia”).


En algún momento de su historia los primitivos espejos de cuerpo entero de la calle del Gato fueron sustituidos por otros de menor tamaño. Pero, unos u otros, continuaron siendo visitados y provocando hilaridad de igual manera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Réplica de los espejos convexo y cóncavo (de plástico), en la actualidad.

Durante los años treinta del siglo pasado el local del número 3 de la calle del Gato se convirtió en un almacén de aguardientes propiedad de Carlos Barranco, que posteriormente pasaría a denominarse Vinícola Aurora y desde el año 1960 se convertiría en un bar, famoso por sus raciones de patatas bravas. El negocio mantuvo también los célebres espejos en su fachada hasta que una irracional e ignorante celebración por el triunfo de un partido de fútbol, en el año 1998, vino a destrozarlos.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Los viejos espejos restaurados tras el acto vandálico del año 1998.

Hoy una réplica de plástico nos recuerda la historia de estos espejos que desde hace más de siglo y medio hacen reír a todo el que pase por la siempre peatonal calle del Gato de Madrid.






Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Elpais.com
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Luces de bohemia” Ramón María del Valle-Inclán.
Cervantesvirtual.com
Es.wikipedia.org

jueves, 16 de julio de 2015

UNA PASTELERÍA Y UNA FUENTE EN LA CALLE DEL MESÓN DE PAREDES.

Curioso es el nombre de esta calle de Madrid que informa sobre la posada o mesón, propiedad de Simón Miguel Paredes o Miguel Simón Paredes, según los autores, que allá se instaló por los tiempos finales de la Edad Media. Parece que se trataba de un negocio bien asistido que aposentó a los viajeros procedentes de Toledo, de Aragón y de otros puntos; sus grandes dimensiones le convirtieron en el mayor que por aquel tiempo había en las inmediaciones de Madrid. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Inicio de la calle del Mesón de Paredes.

De entre los muchos establecimientos de todo tipo que a lo largo del tiempo se asentaron en esta calle del Mesón de Paredes hay que destacar el que sería conocido como la Pastelería de Canales, nombre que tuvo desde las dos últimas décadas del siglo XIX hasta el año 1921.

La historia de esta pastelería se remonta al año 1561, fecha en la que se instaló su famoso horno que se mantendría en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado. Se trataba de la pastelería más antigua de Madrid y una de las más longevas de Europa. La excelencia de sus hojaldres, sobre todo, era bien conocida y parece que entre la clientela habitual se encontraban, durante los siglos XVI y XVII, Miguel de Cervantes Saavedra, Félix Lope de Vega y Carpio, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Pedro Calderón de la Barca.

Esta pastelería horneaba también empanadas rellenas con toda clase de carnes, buñuelos y dulces de huevo hilado o de frutos secos, que se vendían en las fiestas populares de Madrid, todo acompañado por licores y vinos. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Calle de Juanelo. A la derecha aparece el lugar donde estuvo la casa, hoy reemplazada por otra, en la que se ubicó la Pastelería de Canales.

La primera noticia encontrada en la prensa sobre esta pastelería de la calle del Mesón de Paredes, procede del año 1790. Sin nombre distintivo por entonces, estaba situada en la casa número 7 de esta calle (que luego pasaría a ser el nº 11 y hoy se correspondería con el nº 9), esquina a la de Juanelo. El negocio era tan conocido que servía de referencia para indicar la ubicación de casas u otros comercios por allí apostados. 

Fuente: B.N.E. (1879).
Anuncio de la famosa pastelería, donde se informa de la fecha de su fundación.

Muchos fueron los propietarios de este obrador a lo largo del tiempo. El más conocido fue Tomás Canales Hernández (de él proviene la titularidad del negocio denominado “Pastelería de Canales”), que mantuvo el establecimiento de la pastelería desde la década de los años noventa del siglo XIX hasta el año 1921. Además del antiguo horno, situado en la tienda, el local tenía una escalerilla como las de barco, que a los comedores del piso entresuelo conducía. 

En el local donde estuvo la pastelería vino a instalarse en el año 1922 el Bar Trianón, que parece dio un vuelco significativo al negocio convirtiéndolo en un lugar más moderno. Raciones, bocadillos, refrescos y bebidas de todas clases se ofertaban en este nuevo establecimiento, junto a los pasteles de toda la vida. En la vivienda que los dueños del Trianón tenían sobre el bar se cometió El crimen de la calle del Mesón de Paredes, en el mes de noviembre de 1932 y del que la prensa dio numerosos datos. 

Fuente: B.N.E. (1929)
Interior del Bar Trianón.

Bajando por la empinada cuesta, en dirección a la Ronda de Valencia, se encuentra la plazuela de Cabestreros, donde se inicia la calle del mismo nombre. Se trata de un rincón nombrado así de manera oficiosa por los vecinos, porque nunca tuvo denominación propia al estar integrado en la vía del Mesón de Paredes. La importancia de este lugar se debe a la Fuente de Cabestreros, que ya aparece en el plano de Madrid realizado por Pedro Texeira (1656). 

Fuente: bvpb.mcu.es
Recorte del plano de Madrid, de Pedro Texeira (1656), donde se muestra la primera Fuente de Cabestreros.

Dicha fuente original fue sustituida en el siglo XIX por otra más pequeña, de alto pilón y faroles en la parte superior.

Fuente: B.N.E. (años treinta del siglo XX).
La Fuente de Cabestreros de alto pilón y faroles, antes de su demolición.

El agua de la de Cabestreros procedía del viaje del Bajo Abroñigal y dotaba de servicio tanto al vecindario como al Convento de las Dominicas de Santa Catalina de Sena, enclavado frente a ella, y demolido a mediados del siglo XX. 

Conocida también como Fuente de los Machos, por sus presuntas propiedades vigorizantes, el antiguo surtidor con faroles del siglo XIX desapareció de la noche a la mañana, y sin avisar, un día del año 1934. Ese mismo año sería inaugurada por el Ayuntamiento la fuente que hoy se encuentra en dicho emplazamiento y que es conocida como la Fuente de la República de la calle de Cabestreros.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La fuente de la República de la calle Cabestreros, en la actualidad.

De planta rectangular y construida en granito, esta fuente consta de un cuerpo central al que remata el ornamento de una piña del mismo material. En él se encuentran las inscripciones que informan sobre el año de su construcción (1934) por la República Española - Ayuntamiento de Madrid – y el nombre de Fuente de Cabestreros. Sus dos caños, hoy en desuso, vertían el agua sobre sendos pilones orientados al norte y al sur.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Uno de los surtidores "secos" de la Fuente de la República de la calle Cabestreros.

Durante el final de los años setenta del siglo pasado esta fuente tenía sus inscripciones en letras doradas superpuestas sobre el cuerpo central. Muchas de ellas habían desaparecido, pero se leía perfectamente “República Española”. Hay quien asegura que este rótulo fue ocultado por los vecinos durante la dictadura franquista, para salvaguardar la procedencia de la famosa fuente que volvería a ser rehabilitada a mediados de la década del año dos mil, con su grafía original sobre la piedra.







Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahisotica.mcu.es
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Cervantesvirtual.com
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” Antonio Campmani
Es.wikipedia.org
Bvpb.mcu.es
Munimadrid.es

jueves, 2 de julio de 2015

EL BAR FLOR DE LA PUERTA DEL SOL.

La nueva Puerta del Sol de Madrid, cuya transformación se produjo entre los años 1857 y 1862, dio paso de inmediato a la instalación de numerosos establecimientos que ocuparon sus nada baratos locales. Como se sabe un gran número de cafés, hoteles y todo tipo de negocios abrirían aquí sus puertas compitiendo en lujo, confor e higiene. Pero también hubo bares, menos distinguidos que los cafés aunque tan importantes como ellos. Tal es el caso del Bar Flor, situado en lo que fue el número 14 (local que hoy corresponde con el nº 13) y que abrió al público en el año 1920.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Puerta del Sol vista desde el mirador de lo que fue el Bar Flor. 

El local donde luego se instalaría el Bar Flor estuvo siempre ocupado por algún negocio desde que en el año 1861 se levantase el edificio donde se encuentra, propiedad del marqués de Manzanedo. Una academia de francés, las exposiciones de una fábrica de tejas (Sierra y Guisasola) o de un estudio fotografía (Manuel Alviach), la cervecería de Candela, que allí estuvo entre los años 1902 a 1917, fueron algunos de los comercios que en este lugar se ubicaron hasta que allí vino a instalarse el Bar Flor. 

Fuente: Charles Clifford (1862), Jean Laurent (1870), bdh.re.bne.es (1905) y Francesc Catalá Roca (1954).
El mismo local a lo largo del tiempo: Una academia de francés, una exposición de tejas, la Cervecería de Candela y el Bar Flor.

Jaime Rigo, Eduardo Carmona y Cía. inauguraron este bar de estilo modernista, que también era restaurant por cubierto y a la carta, el día 13 de septiembre de 1920, en la Puerta del Sol. Su magnífica decoración, con profuso empleo de mármol y bronce, corrió a cargo del escenógrafo e interiorista Salvador Alarma Tastás. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Fachada del Bar Flor, en su inauguración.

Todo el recinto estaba iluminado por lámparas de cristal tallado de originalísimo estilo, contaba con varios salones dotados de calefacción central y un mobiliario cómodo y rico.

Tras la puerta de acceso, sobre la que se encontraba una marquesina de mármol, había dos mostradores enfrentados: uno para el servicio del bar y el otro para la venta de pastelería, helados y fiambres.

El Flor disponía de las más modernas cámaras frigoríficas, hornos para pastelería mallorquina y maquinaria para la congelación de helados. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Mostrador del Bar Flor, en su inauguración.

Fue noticia en varios periódicos la donación del diez por ciento de lo vendido durante la semana ( correspondiente al día 28 de septiembre de 1921), que los propietarios del Bar Flor realizaron a la Cruz Roja con destino a los soldados de la Guerra de África (Desastre de Annual).

En el lateral derecho de su fachada estuvo instalado durante varios años un tablero en donde se escribían las noticias más relevantes del momento. Así, el público se apiñaba frente a la pizarra que en el establecimiento tiene “La Voz” y “El Sol” (periódicos) para conocer, por ejemplo, los detalles del recorrido del hidroavión “Plus Ultra” durante el mes de febrero de 1926.

La prensa también recogió el grave suceso acaecido el día 8 de febrero de 1928 cuando, a las 7,30 horas de la tarde, un gran trozo de mármol correspondiente a la cubierta de la entrada del Bar Flor cayó sobre numerosas personas que transitaban en ese momento por el número 14 del Puerta del Sol. Cinco heridos de diversa consideración y numerosos contusionados fue el balance del accidente. 

Fuente: Onis-online.blogspot.com (1931)
Fachada, modificada tras el accidente, del Bar Flor. A la derecha se aprecia la pizarra donde se escribían las noticias más destacadas de la prensa.

En el año 1929 llegó a Madrid el primer “Photomaton” que producía fotografías por máquina automática en ocho minutos, a un coste de 1,50 pesetas. El Bar Flor instalaría en su puerta, unos años más tarde, el primero de estos aparatos situado en la Puerta del Sol, cuando el mecanismo de este invento se redujo sustancialmente, ocupando solo el espacio de una pequeña cabina.

Durante la Guerra Civil Española el servicio del Flor continuó, animando a la clientela con llamativos anuncios de publicidad.

Fuente: ABC. (1938)
Anuncio para animar al consumo en el Bar Flor, durante la Guerra Civil Española.

Era el año 1941 cuando comenzó a editarse “La Codorniz” o La revista más audaz, para el lector más inteligente. Tuvo, entre otras sedes, una de sus primeras redacciones en la Puerta del Sol, justo encima del Bar Flor donde su director Miguel Mihura Álvarez y el dibujante Tono (Antonio Lara de Gavilán) discurrían las historias a contar en esta publicación.

El Bar Flor, como todos los cafés de la Puerta del Sol, fue entrando en decadencia. Durante los años sesenta del siglo pasado toda su ornamentación modernista había desaparecido, al igual que su servicio de pastelería, pasando a convertirse en un local para desayunos rápidos en la barra, tertulias subrepticias que comentaban los libros prohibidos por la dictadura imperante y lugar de encuentro disimulado para el furtivo mundo homosexual; todo ello amenizado por la música de una diminuta orquesta de señoritas pudorosamente ataviadas con falda larga y camisa rematada por un pequeño lazo negro en el cuello. 

En el año 1978 cerró el piso superior del Flor, desapareciendo su famoso mirador que mostraba todo lo que sucedía en la Puerta del Sol. Poco después el Bar Flor pasaría a la historia.





Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
Bdh-re.bne.es
Onis-online.blogspot.com.es
Madridciudadaniaypatrimonio.org
Es.wikipedia.org