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miércoles, 15 de abril de 2015

CASA PASCUAL, CALLE DE LA LUNA 16.

Los cuatrocientos cincuenta metros de longitud que tiene la calle de la Luna de Madrid, aunque hoy pasen desapercibidos, albergan una abundante historia. Aquí se alzan aún, y de milagro, dos palacios del siglo XVIII: el de los condes de Talara y Torralba (en el número 27) y el de la Infanta Carlota, antes del marqués del Llano (en el número 32). Hasta el año 1969, con menor fortuna porque fue demolido, ahí estuvo también el Palacio de Monistrol o del conde de Sástago (en el número 11, donde hoy se encuentra la denominada, de forma extraoficial, plaza de la Luna). 

Esta calle aún conserva una de las boticas más antiguas de Madrid, allí establecida desde el año 1833, la Farmacia Cardona, y tuvo una de las tiendas más populares y lujosas del barrio, el Molino de chocolates “El Indio”, cuyo mobiliario forma parte de la decoración del Museo del Traje de Madrid.

En medio de todo lo antedicho estuvo la Taberna de Pascual o Casa Pascual, cuna de artistas y cantera de bohemios.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Con fachada gris y cierres metálicos, lo que fue Casa Pascual es hoy un local abandonado en la calle de la Luna

Pascual Álvarez vino a instalar su taberna en el actual número 16 de la calle de la Luna, (antes nº 14), allá por el primer año del siglo XX. Anunciada en prensa como “Pascual Álvarez, vinos y comidas” durante las primeras décadas, pasó a llamarse “Casa Álvarez” y finalmente “Restaurant Casa Pascual” a partir de los años treinta. 

Un alto escalón daba acceso a la taberna desde la acera de la calle de la Luna. Su interior tenía forma de rectángulo, con dos columnas cuadradas en medio, mesas fijas de mármol y un mostrador con superficie de zinc situado a la izquierda de la entrada, sobre el que se había instalado una gran anaquelería cargada de botellas.

Fuente: B.N.E. (1936)
Mostrador y anaquelería de Casa Pascual.

El local también tenía comedor en el entresuelo, cuya entrada se hacía por el portal del edificio mediante una puerta independiente. Allí se celebraron numerosos banquetes de distintas asociaciones profesionales, homenajes a dramaturgos, como el ofrecido a José Marco Davó y José Alfayate por el éxito obtenido con la obra “Con las manos en la masa o No hay mal que por bien no venga” en 1935, y fundamentalmente los festejados por y para los periodistas de “El País-diario republicano” o “La Libertad”, diarios que a lo largo del tiempo tuvieron su sede e imprenta en la cercana calle de la Madera baja, nº 8. 

Casa Pascual, que en teoría cerraba a las tres de la madrugada aunque mantenía abierto su entresuelo para los asiduos, tenía una parroquia variopinta. Allí se entremezclaban hombres y mujeres de los más diversos oficios para comer sus famosas judías a la bretona, el cocido o un bistec en bocadillo. 

Fuente: B.N.E. (1936)
Parroquianos variopintos comparten mesa en Casa Pascual.

Gente de la gallofa madrileña alternaba en el mostrador con periodistas, serenos, artistas bohemios, trabajadores nocturnos o madrugadores de artes gráficas, estudiantes de la vecina Universidad y con aquellos que recogían las comidas para llevar destinadas a las redacciones de prensa, las oficinas o a los templos donde se rinde culto a Cupido.

Fuente: B.N.E. (1933)
Lista de precios de una taberna económica, que bien pudiera ser Casa Pascual.

Será durante la década de los años treinta del siglo pasado cuando Casa Pascual entre en la historia de los figones del centro de Madrid. 

Como restaurante popular, cuyo fogón podía verse desde fuera de la cocina, comenzó a ser frecuentado además por artistas, autoridades, políticos de todas las ideologías, escritores, diplomáticos y poetas. Por allí pasó el pleno de los miembros de la Generación del 27 y en el mes de marzo de 1935 los periodistas de izquierdas destinados en el Congreso, ofrecieron un banquete al entonces expresidente del Consejo de Ministros Manuel Azaña Díaz y a Santiago Casares Quiroga, que en esos momentos era exministro de la Gobernación.

Fuente: B.N.E. (1935)
Manuel Azaña situado en el centro de la fotografía. 

Por entonces Rogelia, viuda de Pascual, llevaba el negocio junto a su hijo Paco. Habían reformado el local, eliminando el viejo mostrador de zinc y madera para sustituirlo por otro de piedra gris con líneas curvas en su frente. El salón del entresuelo fue convertido en modernos comedores independientes servidos por cuatro camareros. 

La clientela del barrio continuó mezclándose en esta taberna con periodistas como Emilio Carrere (que escribiría: La Casa Pascual es un restaurant nocturno y demócrata) o Pedro de Répide, con poetas como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Raúl González Tuñón o con pintores como Maruja Mallo y José Caballero. Precisamente para este último Pablo Neruda escribió, en marzo de 1970 su poema “A José Caballero, desde entonces” en el que recuerda con pesadumbre aquellos amigos y aquel Madrid que se disolvieron en el tiempo, mencionando la famosa taberna de Pascual de la calle de la Luna.


Dejé de ver a tantas gentes,
¿Por qué?
Se disolvieron en el tiempo.
Se fueron haciendo invisibles.
Tantas cosas que ya no veo,
que no me ven. Y ¿por qué?
Aquellos barrios con barricas
y cuerdas y quesos flotantes
en los suburbios del aceite.
Dejé la calle de la Luna
y la taberna de Pascual.
Dejé de ver a Federico.
¿Por qué?
Y Miguel Hernández cayó
como piedra dura en el agua,
en el agua dura.
También Miguel es invisible.
De cuanto amé, qué pocas cosas
me van quedando para ver,
para tocar,
para vivir.
¿Por qué dejé de ver el frío
del mes de enero, como un lobo
que venía de Guadarrama
a lamerme con una lengua,
a cortarme con su cuchillo?
¿Por qué?
¿Por qué no veo a Caballero,
pintor terrestre y celestial,
con una mano en la tristeza
y la otra mano en la luz?
A ese lo veo.
Tal vez más entrado en la tierra,
en el color, en el silencio,
enamorado, anaranjado,
viviendo un sol sobreviviente.
Así es.
A través de él veo la vida
que dejé de ver para nunca.
La dicha que yo no perdí
(porque aprendí después las cosas
luchando).
A través de su tinta ardiente
y de su arcilla delirante,
a través del puro fulgor
que lo delata,
veo lo que amé y no perdí,
y sigo amando:
calles, tierras, dulzura, frío,
la sepulcral Plaza Mayor,
el tiempo con su larga copa.
Y en el suelo una rosa blanca,
ensangrentada.

Pablo Neruda. Isla Negra, marzo de 1970.


En el año 1972 la taberna Casa Pascual cerró sus puertas siendo sustituida por “La Boroña”, un nuevo restaurante asturiano y tan económico como su antecesor. 

Varios y diferentes negocios se instalaron a lo largo del tiempo en este hoy vacío local. En la actualidad su abandonada y sucia fachada no muestra el menor recuerdo del histórico pasado que tuvo años atrás.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Tabernasantiguasdemadrid.blogspot.com
Es.wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

miércoles, 1 de abril de 2015

COLEGIO JOAQUÍN COSTA, LA CIUDAD INFANTIL DE MADRID.

El lugar donde hoy se encuentra el Colegio Joaquín Costa, en el paseo de los Pontones, número 8, fue el sitio escogido para fundar un ambicioso proyecto pedagógico que llevaría el nombre de Ciudad Infantil y fue promovido por el Colegio de Doctores de Madrid y en especial por el Dr. Francisco Carrillo Guerrero, en el año 1923.

Esta zona, correspondiente al barrio de La Latina y cercana al depauperado Barrio de las Injurias, presentaba entonces un alarmante índice de analfabetismo por la escasez de plazas escolares en su entorno. El proyecto de la Ciudad Infantil no sólo pretendía llegar a atender a los más de ocho mil niños del barrio sino también a sus familias, posibilitando asistencia médica, apoyo jurídico, instrucción higiénica y todo cuanto fuera necesario con el fin de paliar las míseras condiciones de vida de los habitantes de aquella parte de Madrid y su enorme mortalidad infantil.

La parcela destinada a ser la Ciudad Infantil era desde el año 1869 el Mercado de Caballerías o de Ganados, un terreno cercado con valla y algunas casetas para los servicios del mercado y donde, desde el amanecer hasta las diez horas de la mañana, todos los días se compraban y vendían animales de abasto y labor.

Fuente: idehistoricamadrid.org -Facundo Cañada- (1900)
Plano de la zona: Paseo de los Pontones y Puerta de Toledo. Resaltado en azul se aprecia el Mercado de ganados.

Enclavado entre el paseo de los Pontones, la ronda de Segovia y el paseo Imperial fue un terrero extramuros hasta el año 1868 cuando se decidió derribar la cerca de Felipe IV, de la que se conserva un pequeño lienzo, que tenía un acceso a Madrid por la Puerta de Toledo.

Fuente: Fotografía de Jean Laurent (1865). Fotografía actual de M.R.Giménez (2014)
La Puerta de Toledo en 1865 aún era lugar de acceso a Madrid y tenía tapiados sus laterales. Hoy sólo queda un pequeño lienzo de la cerca de Felipe IV.

El comienzo de las obras para la Ciudad Infantil tuvo lugar en el año 1923, cuando el contratista Fernando Force Lafuente solicitó la licencia al Ministerio de Instrucción Pública por un valor de 1.041.355’99 pesetas, dinero que sería recaudado mediante suscripción pública y aportaciones de los integrantes del Colegio de Doctores de Madrid, además de los correspondientes organismos oficiales (Ministerio de Instrucción Pública y Ayuntamiento).

Cuatro fueron los primeros pabellones de madera que conformarían los inicios del Grupo Escolar Joaquín Costa, construidos en esta Ciudad Infantil y donde comenzaron las clases diurnas y nocturnas para 200 alumnos, elegidos entre los 600 niños que presentaron su matrícula y que hubieron de quedar en lista de espera por falta de sitio. 

Fuente:idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1956-1957)
Fotografía aérea de la zona que muestra el terreno destinado a la Ciudad Infantil y al colegio.

Aparte de la necesaria alfabetización, habría talleres de diversos oficios trabajando con la puerta abierta para que puedan ser vistos por los niños y estos puedan elegir el que más les guste. El recinto estaría dotado de un gran jardín, huerta, campo de deportes, piscina, capilla, teatro y diversiones al aire libre que instruyen deleitando.

Pero la realidad no iría paralela con los planes para el desarrollo de esta Ciudad Infantil ya que a finales del año 1925 las obras del nuevo edificio y de los restantes servicios se iban retrasando, los alumnos continuaban en los barracones de madera y el cerramiento del recinto aún no se había realizado. 

Fuente: memoriademadrid.es (1929 aprox.)

Hasta el año 1929 no se terminó de construir el nuevo edificio que albergaría el Grupo Escolar Joaquín Costa, quedando cerrado y sin utilizar debido a la lentitud en la tramitación de su expediente para obtener el permiso oficial de apertura. Numerosos actos vandálicos estaban destruyendo los cristales de sus ventanas, el robo de materiales y las goteras arruinaban los suelos de madera, las puertas y el mobiliario. Así se había mantenido durante seis años, desde el comienzo de las obras, ante la pasividad de la Administración y las denuncias de la prensa, rodeado por las peligrosas y profundas zanjas resultantes de las excavaciones practicadas con el fin de buscar la rasante con el paseo de los Pontones. 

Hasta el día 7 de octubre de 1930 no daría comienzo la matriculación de los nuevos alumnos de este grupo escolar, que iniciaría el curso con el nuevo centro dotado de cantina, ropero, duchas, calefacción, biblioteca, escuela maternal con médico, jardín con árboles y todo lo necesario. El colegio sería inaugurado, finalmente, de manera oficial el día 13 de agosto de 1931 contando con una sección maternal, tres de especialización en primaria y una de secundaria. También se impartirían clases de idiomas, artísticas, corte y confección –con el fin de que los alumnos elaborasen prendas para otros niños- y de preparación comercial. Contaría con inspección médica y odontológica, además de una cantina que daría de comer a 350 niños y niñas subvencionada por el Ayuntamiento.

Fuente: ABC y B.N.E. (1931).
Inauguración del Colegio y busto de Joaquín Costa del escultor José M. Palma (hoy desaparecido).

En el año 1934 el Grupo Escolar Joaquín Costa ya tenía 1 sección maternal, 2 de párvulos, 9 de niñas y 20 de niños. También contaba con unidades destinadas a los alumnos con alguna deficiencia. En total albergaba a 1.500 estudiantes, con horario desde las 8 horas de la mañana hasta las 6 horas de la tarde. Para el acceso a una plaza escolar de los más pequeños tendrían prioridad los niños huérfanos y quienes justificaran el trabajo de ambos padres.

La enseñanza impartida es completamente moderna en todos los grados. Los niños y niñas eran atendidos para su evolución física y mental por los procedimientos recomendados en la moderna Paidología, complementada con excursiones al centro de Madrid, pueblos y ciudades cercanas. El Grupo Escolar Joaquín Costa de la Ciudad Infantil fue único de su clase en Madrid. 

Fuente: B.N.E. (1931)

La dirección del centro organizaba a menudo celebraciones para los niños y conferencias para sus padres a cargo de eminentes médicos y pedagogos. Verbenas, La fiesta de los juguetes o la de Fin de curso, que cada año tenía lugar en el Teatro Español. 

Fuente: B.N.E. (1931)
Parvulario del colegio.

A principios del mes de junio de 1934 se constituye en el Joaquín Costa la Asociación de Amigos del Niño (lo que hoy es la Asociación de Madres y Padres de Alumnos). Fue creada por los padres de los discípulos con la finalidad de instaurar becas para el acceso a estudios superiores de los alumnos, establecer colonias escolares, organizar festivales infantiles y conferencias, concursos de trabajos realizados por los niños y sus premios, adquirir materiales de varios oficios para que los alumnos ingresaran en un puesto de trabajo con categorías superiores a las de aprendiz. Esta asociación recaudaba fondos realizando festivales para el barrio en el recinto del colegio.

En el año 1936 comienza la Guerra Civil Española. En el mes de agosto de ese mismo año se habilita una residencia infantil para acoger a los niños de los distritos cercanos al Grupo Escolar Joaquín Costa. Un mes más tarde, el director del colegio, Manuel Alonso Zapata, es asesinado junto a su familia por las tropas fascistas. En octubre el colegio es bombardeado durante el horario de clase. 

Tras el fin de la guerra el colegio se reconstruye y vuelve a impartir clases, pero perdiendo el espíritu relacionado con la Institución Libre de Enseñanza que inspiró a la Ciudad Infantil de Joaquín Costa. 

En el año 1970 el edificio del colegio se encontraba en tan mal estado que se acordó su demolición y la edificación del que ahora existe. En esa época contaba con 850 alumnos y 22 unidades. En la actualidad sus 18.000 m2 de superficie albergan a 36 aulas de primaria y 6 de educación infantil, a las que asisten 1.130 alumnos.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Idehistoricamadrid.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Memoriademadrid.es
Colegiojoaquincosta.com
“La educación en la España revolucionaria (1936-1939)” Ramón Safón.
Mcu.es
Es.Wikipedia.org


Dedicado a todos los niños y niñas que un día fueron alumnos de la Ciudad Infantil y del Colegio Público Joaquín Costa del Paseo de los Pontones de Madrid.