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viernes, 23 de enero de 2015

CAFÉ DE SAN MIGUEL, DE LA CALLE MAYOR.

El Café de San Miguel vino a inaugurarse durante los primeros años ochenta del siglo XIX en la plaza de San Miguel, número 2, esquina con la calle Mayor, de Madrid. Esta plaza aún acogía al confuso y antiestético amontonamiento de puestos de diferentes clases y dimensiones en que se había convertido el viejo mercado sin techar, que proyectó en el año 1835 Ricardo Joaquín Henrí; el mal olor de los alimentos perecederos, sobre todo en época de verano, generó desde el principio de su existencia un gran número de protestas entre los vecinos, que exigían reemplazarlo por un edificio cerrado. Así vino a edificarse el actual mercado de San Miguel, obra del arquitecto Alfonso Dubé Díez, que fue inaugurado en su totalidad el día 3 de mayo de 1916.

Fuente: Diariodesing.com (aprox. años 40)
Fachada del Mercado de San Miguel.

El de San Miguel no era un café económico como los que se habían establecido dentro del mercado, pero tampoco lo era de tertulias conocidas debido a su situación “alejada del centro”, tomando como referencia la Puerta del Sol. 

Fuente: Mcu.es - archivo Conde de Polentinos. (Recorte de fotografía) (aprox. años 10)
Desfile de tropas por la calle Mayor. El edificio central de la foto fue derruido y a su izquierda aparece uno de los arcos de la Plaza Mayor, correspondiente a la calle de Ciudad Rodrigo. 

Hilarión Escudero habría sido el primer propietario del Café de San Miguel. Siempre empeñado en hacer de su negocio un lugar tranquilo, no lo tuvo fácil al ser éste un sitio de paso hacia el contiguo mercado; numerosas reyertas se produjeron en el interior o en la misma puerta del café, detenciones por no abonar las consumiciones y hasta un crimen evitado. Todo ello hizo que el San Miguel fuera protagonista de varias noticias en la página de sucesos de la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Fuente: Nicolas1056. Colección Salvador Alcázar (1908)
Puestos callejeros del antiguo Mercado de San Miguel. A la izquierda se aprecia la fachada del Café de San Miguel por el lado de la plaza.

Era el día 2 de julio de 1907 cuando un hombre de raza gitana, llamado Eduardo, se presentó en el Gobierno Civil manifestando: Estoy encargado de degollar a una mujer. 

Tras la estupefacción inicial del policía, el hombre pasó a relatar esta historia: Allá por el mes de Mayo último, un caballero amigo mío llamado Francisco, hombre ordinario, aunque de posición, con más años que el Peñón de la Gomera, pero enamorado como Cupido, me quiso jonjabar para un negocio en que me jugaba el pescuezo con el buchí.

El joven tenía por negocio la venta de caballerías, pero las cosas no le iban demasiado bien y el viejo don Francisco lo sabía. Así, le propuso ganar 1.200 pesetas por lisa y llanamente quitarme de en medio un estafermo. Mi mujer. 

Pero siguiéndole la corriente y haciéndole creer que estaba propicio a realizar el negocio intenté cerrar el trato, contaba el joven Eduardo. Le dije que estaba dispuesto a todo en cuanto viera los «archenes» (dinero), pero el gachón no soltaba prenda. Yo, la verdad, quería sacarle los «conquibus», pá luego darle esquinazo.

El anciano había propuesto a Eduardo que sorprendiera a la mujer de noche y en su casa, para degollarla. 

El gachó, que es un «caña» más largo que un día sin pan, intentaba casarse después, a pesar de sus setenta años, con un cariño que tiene más bonito que la Custodia.

El policía puso los hechos en conocimiento de su superior y ambos acordaron que el joven Eduardo concertara un encuentro con don Francisco en el Café de San Miguel, mientras un inspector y un agente de Investigación observaban de incógnito la escena. 

El crimen quedó concertado, pero Eduardo discrepaba con el inductor del asesinato respecto al arma que debía utilizarse.

Rechazo las armas blancas, me aterra la sangre. Mejor será que emplee el veneno, alegó Eduardo.

Eso puede no ser activo. Es preferible una navaja barbera; de un tajo bien dirigido se acaba todo, contestó don Francisco.

¡Calle usted, arma mía! Tengo yo aquí un veneno… mire usted… (y le mostró un frasco de agua y vinagre) que en cuanto lo pruebe no dice ni pío.

Los dos hombres llegaron por fin a un acuerdo, tras el que Eduardo se despidió del viejo diciendo: Hecho está. ¡Permita María Santísima que si deshace usté el trato se le meta un alacrán por la pantorrilla izquierda!

Fue entonces cuando los policías cayeron como dos bombas sobre don Francisco, mientras el gitano lanzaba una carcajada estridente. Ambos fueron conducidos al Gobierno Civil y, tras el atestado correspondiente, ingresaron en el Juzgado de Guardia. Eduardo repitió ce por be todo cuanto ya había manifestado y quedó libre de culpa. Don Francisco adujo que en un principio su esposa también le había querido asesinar. Acto seguido ingresó en la cárcel.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada actual de lo que fue el Café de San Miguel, en la calle Mayor.

En el año 1911 el Café de San Miguel era propiedad de Siardo Rodríguez Solano, quien decidió convertirlo en restaurant a la carta y dotarlo de billares. Con el fin de transformar su negocio en un lugar más selecto intentó organizar tertulias y lo dotó de un piano para sus conciertos nocturnos. 

Con el tiempo este Café introdujo, además de orquestas que diariamente tocaban desde las 2,30 horas a 5 de la tarde y de 9,30 horas a 12 de la noche, sesiones de cinematógrafo durante los domingos y un juego del tiro al blanco.

Fuente: B.N.E. (25.12.1914).

Después del año 1915 desaparecen los anuncios y las noticias en prensa del Café de San Miguel. El local fue dividido y hoy lo ocupan varios establecimientos.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Diariodesing.com
Mcu.es (Archivo conde de Polentinos)
Nicolás1056 (Colección Salvador Alcázar)
“Balcones, caminos y glorietas de Madrid. Escenas y escenarios de ayer y hoy” Carmen Santamaría.
Urbancidades.wordpress.com

viernes, 9 de enero de 2015

PROYECTO DEL PASAJE COMERCIAL DE GRASES, ENTRE LAS CALLES DE ALCALÁ Y MONTERA.

Esta es la historia de un pasaje comercial de aspecto suntuoso y carácter semi-monumental, que nunca fue construido. Habría llevado el nombre de Pasaje Comercial desde la calle de Alcalá, frente a la de Sevilla, hasta la Red de San Luis (calle de la Montera) atravesando las de Jardines y de la Aduana y fue un proyecto del arquitecto José Grases Riera presentado en el año 1901.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901)
Dibujo 1*. Proyecto de los accesos principales al Pasaje de Grases.  

El arquitecto José Grases Riera (1850-1919) fue también el artífice de edificios como el hoy destrozado Palacio de la Equitativa y la Casa del New Club, ambos situados en la calle de Alcalá de Madrid.

La ley de Reforma Interior y Mejora de las Grandes Poblaciones del año 1895 preveía la necesidad de eliminar viejas casas y estrechas calles, en pos de la salubridad de sus habitantes. El hacinamiento de una población que aumentaba rápidamente en el Madrid de principios del siglo XX (hasta los 500.000 habitantes) y desprendía demasiados gases mefíticos con sus aglomeraciones, fue la justificación para proponer el proyecto de este Pasaje Comercial que, de haberse construido, hubiera supuesto el derribo de 51 edificios que en su mayor parte alojaban a inquilinos de clases trabajadoras en las calles de la Montera, Jardines y Aduana, en pos de una vía corta que reduciría la distancia entre la Red de San Luis y la calle de Alcalá. El nuevo Pasaje habría estado conformado por 14 suntuosas casas provistas de los más modernos adelantos vistos hasta entonces: calefacción, ascensores, sistema telefónico, tuberías-vertedero para la recogida de basuras y seguridad con vigilancia diurna/nocturna, además de contar con timbres de alarma para emergencias.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto para el emplazamiento del Pasaje de Grases y las casas que deberían ser derribadas.

Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900). Plano de Facundo Cañada.
El Pasaje de Grases estaba incluido en las nuevas obras a realizar para el Madrid del incipiente siglo XX.

El Pasaje Comercial de Grases habría tenido una extensión superficial de 13.987’95 m2. y hubiera estado formado por tres tramos con dos entradas principales, una en la calle de Alcalá (donde hoy se encuentra el Casino de Madrid) y otra casi al final de la calle de la Montera (actual número 48) sirviendo como comunicación directa entre la Red de San Luis y la calle de Sevilla, sin pasar por la Puerta del Sol para evitar aglomeraciones.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
A la izquierda, fachada del Casino de Madrid y a la derecha el final de la calle de la Montera. Principio y final de lo que hubiera sido el Pasaje de Grases.

La nueva vía estaba destinada sólo al tránsito del público, en forma de salón prolongado y con techo cubierto, dedicada exclusivamente a un uso comercial y hubiera tenido una anchura de 9 metros. Los edificios de sus laterales, con una altura de 18 metros de fachada, contarían con piso bajo, entresuelo, principal, segunda y tercera planta, por debajo de la que se hubiesen colocado los soportes de la cubierta del Pasaje, armada de hierro y cristal. 

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto del interior del Pasaje de Grases, con el techo cubierto por hierro y cristal.

Para el ingreso al Pasaje por la calle de Alcalá se pensó en el terreno que por entonces ocupaban los inmuebles números 13 y 15 de dicha vía, luego adquiridos para levantar el Casino de Madrid (1910). 

Fuente: Memoriademadrid.es (1907 aprox.).
Las casas número 13 y 15 de la calle de Alcalá, donde luego se levantaría el Casino de Madrid, aparecen remarcadas.

En el centro de esta monumental entrada se abriría un pórtico de tres arcos y dos filas de columnas (dibujo 1*), semejante al acceso por la calle de la Montera. Las uniones del Pasaje a la altura de las calles de los Jardines y de la Aduana serían tan monumentales como las anteriores, pero sustituyendo los arcos por platabandas o dinteles.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto de las fachadas que hubieran servido de unión entre las calles de Jardines y Aduana, en el interior del Pasaje de Grases.

Para las tres galerías o calles peatonales se proyectó una cubierta con claraboyas armadas de hierro y cristal, dispuestas de manera que guarden el pasaje de los agentes atmosféricos y no impidan su ventilación. Por la parte superior irían cañerías que dejarían correr el agua por toda la superficie exterior, con el fin de refrescar tanto el cristal como el ambiente durante los veranos. En el proyecto se exponía la posibilidad de suprimir el techo de cristal si los comerciantes que se establezcan en el Pasaje así lo decidieran.

Al ser un espacio diseñado para uso comercial los pisos bajos y los entresuelos se proyectaron diáfanos, con columnas de hierro, para que cada establecimiento pudiese acomodar sus necesidades al espacio existente. Todas las tiendas tendrían un sótano, situado en el subsuelo del Pasaje.

Los pisos tercero y cuarto de los edificios estarían destinados a viviendas de lujo, revistiendo sus fachadas con estucos y elementos decorativos hechos con piedra artificial. Para el solado de las habitaciones se planteó el uso del baldosín hidráulico y del mármol. Además, cada una de las estancias principales de las viviendas vendrían dotadas de relojes electrónicos, cuya hora será la misma que la del reloj de origen colocado en uno de los puntos principales del Pasaje.

El proyecto del Pasaje Comercial de Grases comenzó su tramitación oficial en el año 1897 y fue firmado por la reina regente María Cristina, concediendo su autorización, en el mes de noviembre de ese mismo año. Seis meses después se publicó el edicto llamando a los propietarios de las casas a derruir para ser indemnizados, si a ello tenían derecho. El 19 de marzo de 1901 el Ayuntamiento de Madrid aprobó el proyecto.

Varios fueron los motivos por los que el Pasaje Comercial de Grases no se llegó a realizar. En el año 1903 la sociedad de “El Casino de Madrid” ya había adquirido las casas correspondientes a los números 13 y 15 de la calle de Alcalá y tenía confeccionado el proyecto para levantar su nuevo edificio. Esto hizo modificar el trazado previsto para el Pasaje y emplazar su nueva entrada de la calle de Alcalá en el chaflán de la esquina de la calle de los Peligros, donde se hallaba situado el famoso Café de Fornos, a lo que su dueño se negó de forma rotunda. Entonces se planteó la posibilidad de situar el acceso más abajo de la iglesia de las Calatravas, en la siguiente manzana, lo que hubiese afectado a un mayor número de edificios incrementando significativamente el coste de las expropiaciones. 

Por aquellas fechas se estaba realizando otro proyecto de gran envergadura, que modificaría verdaderamente la fisonomía del centro de Madrid. La Gran Vía, dividida inicialmente en tres tramos (avenida del Conde de Peñalver, Bulevar de Pi y Margall y Avenida de Eduardo Dato) iba a conseguir hacerse con los recursos destinados a la realización del pequeño, en comparación, Pasaje Comercial de Grases, cuyo proyecto fue definitivamente rechazado por el Ayuntamiento en el año 1905 por veintiocho votos en contra y veinticinco favorables.



Fuentes:

“Pasaje Comercial desde la calle de Alcalá, frente a la de Sevilla, hasta la Red de San Luis (calle de la Montera) atravesando las de Jardines y de la Aduana” de José Grases Riera.
Bdh-rd.bne.es
Hemeroteca B.N.E.
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es. Plano Facundo Cañada
Memoriademadrid.es
Es.wikipedia.org

Prensahistorica.mcu.es