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miércoles, 11 de febrero de 2015

CAFÉ ESPAÑOL, CALLE DE CARLOS III.

Esta es la historia de un café con mala fama; bonito, aunque triste y algo mugriento, con demasiadas reclamaciones en cuanto a su servicio, pero que fue visitado por todo Madrid durante los ochenta y cuatro años que mantuvo abiertas sus puertas en la calle de Carlos III, número 1, frente al Teatro Real.


Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Lugar donde estuvo el Café Español de la calle de Carlos III (a la derecha).

El Café Español había comenzado su negocio en la antigua Puerta del Sol durante los años cuarenta del siglo XIX. Por entonces aún no se había iniciado la gran remodelación de este enclave, que tendría lugar entre los años1857 y 1862, y los números de las casas no guardaban orden correlativo. El Español señalaba su emplazamiento aleatoriamente en los números 4 y 6 de la Puerta del Sol o al principio de la calle de Alcalá, ya que se encontraba en un edificio frontero entre ambas localizaciones.

Fuente: Viejo-Madrid.es (1857)
Antigua Puerta del Sol en el inicio de la calle de Alcalá. Allí estuvo el Café Español en sus orígenes.

La apertura del nuevo Café Español, en su ubicación de la calle de Carlos III, tuvo lugar el día 5 de agosto de 1851, una vez recibida por su dueño Juan Fernández la correspondiente indemnización debida al desalojo de la casa que ocupaba en la antigua Puerta del Sol. 

Era el Español un bonito café decorado con multitud de angelitos volanderos, ya en óvalos, ya en techos esparciendo flores. Sus paredes estaban revestidas de grandes espejos, contaba con divanes tapizados en peluche rojo, siguiendo el interiorismo propio de los cafés de la época, y se hallaba jalonado de macizas columnas de hierro con un estilo confuso.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la reapertura del Café Español en la calle de Carlos III, publicado en la prensa el día 3 de agosto de 1851. (Dos días más tarde abriría este establecimiento).

La parroquia del Café Español estaba compuesta mayoritariamente por músicos. Su emplazamiento frente al Teatro Real, que se había inaugurado un año antes de la apertura de este establecimiento (1850), hizo de este café el lugar propicio para que los cantantes tomaran ponches y aclarasen su voz antes de los ensayos. Sus billares eran muy conocidos porque en ellos se congregaban los miembros de la claque o grupo de personas que asistían al espectáculo del Real para aplaudir en momentos señalados, sin abonar la entrada. Una vez que el concierto comenzaba el café quedaba desierto, salvo los domingos cuando se llenaba de parejas. 

Curiosamente, durante la mitad del siglo XIX y principios del XX, los habitantes de Madrid consideraban que el Café Español se encontraba apartado del centro (tomando como referencia la Puerta del Sol). Por esta razón era éste un café tranquilo y para que dejase de serlo su dueño, en el año 1868, solicitó permiso para dar funciones dramáticas en su interior y conciertos, durante las noches que no hubiera función en el Real. 

Fuente: ABC (1904)
Interior del Café Español.

Se puede decir del Español que fue un café romántico, tal vez el último de Madrid. Concentraba tertulias de escritores que cada 13 de febrero rendían un sentido homenaje a Mariano José de Larra (1809-1837), vecino de la cercana calle de Santa Clara donde se había quitado la vida con un disparo en la sien. También los hermanos Machado (Antonio, Manuel y Pepe, pintor y el más pequeños de los tres) tuvieron allí su tertulia, antes de trasladarla al Café Varela de la calle de Preciados.

En el año 1909 fue contratado como pianista el maestro Zacarías López Debesa “El músico ciego”. (Sobre sus conciertos diarios en este café había opiniones diversas). Dotado de una habilidad innata para la música y de una prodigiosa memoria para retener todas las partituras de su extenso repertorio, Zacarías llegó a ser premio extraordinario fin de carrera del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en el año 1908. Invidente casi desde su nacimiento, era también compositor y profesor de la Escuela Municipal de Ciegos.

Fuente: jotdown.es (1908).
Imagen estereoscópica de la plaza de Isabel II en la que se aprecia la parte trasera del Teatro Real.

La fiesta y manifestación del 1º de mayo de 1911 tuvo como punto de partida la plaza de Isabel II, que se llenó de trabajadores con sus banderas y estandartes, siendo el grupo más numeroso el formado por la Sociedad “El Trabajo”, de albañiles, que fueron a colocar su enseña sobre la puerta del Café Español. A las 10 horas comenzó la manifestación de las cuarenta y seis sociedades allí reunidas, siendo mucho más numerosa que en años anteriores. 

Los dirigentes socialistas Pablo Iglesias Possé (1850-1925) y Francisco Largo Caballero (1869-1946) acudieron a la nutrida manifestación en la que un orfeón y un coro de niños interpretaron, entre otros, “La Internacional” y “La Marsellesa de la Paz” el himno socialista compuesto por Julián Laiseca en el año 1900 y hoy olvidado.

Fuente: ABC (1935). Fotografía: M.R.Giménez (2015).
A la izquierda aparece la fachada del Café Español cuando cerró sus puertas. A la derecha, el mismo lugar en la actualidad.

Andando el tiempo, a comienzos de los años treinta del siglo pasado, un nuevo dueño vino a acometer reformas en el Café Español con el fin de modernizar sus instalaciones que, al parecer, no habían sufrido alteración desde que se abrió el negocio. Calixto Velarde, que así se llamaba este propietario, decidió que el Español debía estar ajustado a los adelantos y exigencias de la vida moderna, pero sin perder su peculiaridad y clasicismo. Así dotó a su negocio de nuevos lavabos, calefacción, cambió los terciopelos rojos de sus divanes por pana labrada, ocultó las pinturas de sus techos y paredes bajo una capa blanca y despidió al pianista ciego Zacarías, de quien tanto se quejaban los tertulianos. 

La nueva y casi aséptica apariencia del Español, que seguía manteniendo tertulias como la del director y fundador de la Banda Municipal de Madrid, Ricardo Villa González, atrajo también a una aparición mariana.

El día 22 de diciembre de 1934 Antonio, echador de café hasta entonces, cuando se dirigió a la bodega del establecimiento para sacar el género encontró un cuadro de la Virgen lactando al Niño enterrado entre la arena del suelo. Rápidamente un cura, varios caballeros y otras tantas damas organizaron un altar con flores y velas en el interior de la cueva, junto a la pintura, prohibiendo la entrada de aquellos curiosos que no aportasen algún donativo aduciendo que el respeto a la aparición sagrada debe primar sobre todo lo demás.

La autoridad eclesiástica mantuvo en reserva su opinión respecto a la milagrosa aparición obrada en la cueva del Español, mientras los parroquianos de toda la vida iban abandonando el café alegando que huele a cera, a caballeros ensotanados y a sacristía. 

Este fue el triste final del Café Español que, tras más de ochenta años de vida, cerró definitivamente en el mes de abril de 1935. Su local sería ocupado, dos meses después, por unas oficinas de cobranza de células personales que pagaban un alquiler de 800 pesetas mensuales. 

Años después el número 1 de la calle de Carlos III sería sede de una prestigiosa tienda de artículos musicales. Hoy es un bazar de recuerdos turísticos.



Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
“Del Guernikako Arbola a La Marsellesa de la Paz. Música, política e ideología en Vizcaya (1874-1914)” María Nagore Ferrer.  
prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es
Jotdown.es
Es.wikipedia.org

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este post sobre el Café Español del que acabo de leer varias referencias entrañables en el libro de Arturo Barea "La forja" (el primero de la trilogía "La forja de un rebelde").

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    1. Muchísimas gracias por tu amable comentario, MaríaRosa. Salud.

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    2. Qué bueno, yo también estoy leyendo a Barea en estos momentos y he dado con esta estupenda descripción del Café Español.

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  2. Desde el orgullo de ser madrileña desde hace cinco generaciones. Tengo que decir que a los madrileños, que a veces nos falta un poquito de caracter para ser más luchadores por las cosas identificativas y con arraigo de nuestro pueblo. Están desapareciendo sitios emblemáticos que en cualquier otro sitio no ocurriría. No conocí este café, pero tanto el Café como la tienda de música, eran sitios de referencia para el mundo de la música y el arte, irreparable cambiarlos por la tienda que hay en la actulidad.
    Gracias por compartir estas nostalgicas noticias del viejo Madrid. Ana

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