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lunes, 27 de octubre de 2014

UN COLEGIO, UN TEATRO Y UN CINE EN LA CORREDERA BAJA DE SAN PABLO.

En el barrio de Malasaña, distrito Centro de Madrid, se sitúa la Corredera Baja de San Pablo a la que continúa la Corredera Alta, que alguna vez y por poco tiempo vino a llamarse calle de San Ildefonso. Ambas Correderas fueron una sola vía hasta principios del siglo XVIII –Corredera de San Pablo- y nunca antepusieron a su nombre el de “calle” para no caer en la redundancia. (Corredera significa calle larga o prolongada).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)

El número 39 (que fue nº 41 hasta el año 1936) de la Corredera Baja es hoy un supermercado de alimentación, pero no siempre fue así. Si nos remontamos hasta mediados del siglo XIX podremos descubrir que en el terreno que hoy ocupa este edificio estuvieron instalados un colegio, un teatro y un cine de sesión continua con programa doble que vendría a convertirse en sala X durante la década de los años ochenta del siglo pasado.

El político y tercer Presidente de la I República Española, entre otros cargos de relevancia, además de profesor y pedagogo Nicolás Salmerón Alonso (1838-1908) fundó el Colegio Internacional en la antigua casa nº 41 de la Corredera Baja de San Pablo, en el año 1866. 

Fuente: B.N.E. (1866).
Anuncio del Colegio Internacional convocando plazas gratuitas para alumnos, mediante oposición.

El Internacional era un colegio que no hacía odioso al maestro ni cargante el estudio. No se usaban palmetas, ni otras disciplinas, ni se injuriaba a los niños llamándoles brutos cuando no se sabían la lección. Admitía alumnos internos, medio-pupilos y externos, todos ellos con al menos seis años de edad.

Nicolás Salmerón siempre defendió la libertad de cátedra, negándose a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral; por esta razón fue expulsado de su puesto como catedrático en la Universidad Central de Madrid. Fundó el Colegio Internacional, de enseñanza laica, siguiendo la filosofía krausista que llevaría diez años después a constituir un magnífico proyecto pedagógico: La Institución Libre de Enseñanza (ILE).

El Colegio Internacional se mantuvo en la Corredera Baja durante los años 1866 y 1869, para después trasladarse al viejo caserón de la calle de San Bernardo, número 19 (hoy sustituido por un insulso edificio de oficinas con el nº 17). Después de otro traslado, a la calle de Regueros, el Internacional, ya sin su director Nicolás Salmerón, pasó a formar parte de la ILE.

Fuente fotografía de la izquierda: Pares.mcu.es (Durante la Guerra Civil).
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014)
El Teatro de Cervantes, antes Salón Nacional, destruido por los bombardeos, desde la esquina de la Corredera con la calle de la Ballesta.
Hoy, el mismo lugar con el edificio de Luis Gutiérrez Soto y el supermercado.

La vetusta casa del Colegio Internacional, en la Corredera Baja de San Pablo, fue sustituida por un nuevo edificio proyectado para albergar un teatro. Fue así como el sábado 10 de octubre de 1908 se inauguró el Salón Nacional con todos los adelantos modernos y con todos los requisitos reglamentarios. 

Propiedad de la empresa Pla y Compañía, el nuevo teatro era amplio, espacioso, cómodo y elegante siendo diseñado por el arquitecto Pablo Aranda Sánchez con decoraciones, embocadura y telón pintados por el escenógrafo Luis Muriel. Para su inauguración se escogieron tres obras en verso y durante sus intermedios fueron exhibidas proyecciones cinematográficas.

En el mes de noviembre de 1911 el Salón Nacional fue arrendado por el entonces famoso actor y director Ricardo Simó-Raso, que se instalaría en él formando compañía propia. Simó modificó completamente el local, que pasaría a denominarse Teatro de Cervantes.

Fuente: Urbanity.cc (Abril de 1936).
Fachada del Teatro de Cervantes.

A decir de la prensa fue tal la obra acometida en el recién inaugurado Teatro de Cervantes que casi había sido construido sobre los cimientos del antiguo Salón Nacional, del que apenas han quedado en pie las paredes. Proyectado por el arquitecto Francisco Reynals Toledo, estaba dotado de calefacción y de un magnífico alumbrado con cincuenta y cinco aparatos, tenía veinte filas de butacas en la sala y dos pisos con treinta y dos palcos ricamente decorados con cortinajes de terciopelo verde. Las localidades eran cómodas y, destacaba un hecho importante: Desde ellas se ve no sólo la escena, sino también las demás localidades del teatro.

Una tercera reforma tuvo lugar en el Teatro de Cervantes durante el año 1916. El arquitecto Joaquín Rojí López-Calvo aumentaría la capacidad del local añadiendo dos plantas superiores, lo que llevaría a perder el ambiente acogedor inicial de la sala al resultar ésta demasiado alta y excesivamente larga. 

El Cervantes ya se anunciaba en la prensa indistintamente como cine o teatro durante los últimos años de la década de los veinte del siglo pasado. En la Guerra Civil Española el edificio fue bombardeado y destruido por completo y en su lugar se levantaría un nuevo inmueble de viviendas, con un cine en su parte baja: El Cine Cervantes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
El Cine Cervantes se convirtió en Sala X en el año 1984.

El nuevo edificio de la Corredera Baja de San Pablo, ya número 39, fue un proyecto del arquitecto Luis Gutiérrez Soto e incluyó cinco pisos para viviendas y un local para cine. El nuevo Cine Cervantes fue inaugurado el día 28 de marzo de 1942, programando las películas “La fortuna escondida” (1935) y “Posada en Jamaica” (1939). 

Concebido como sala de sesión continua, con doble programación de películas que habían sido estrenadas con anterioridad en locales de superior categoría, el Cervantes se convirtió en el cine de barrio más moderno y lujoso de los que entonces se ubicaban por detrás de la Gran Vía. 

Fuente: ABC (1942).

Cientos de programas dobles pasaron por el Cine Cervantes desde las cinco de la tarde hasta las doce y media de la noche, cada día. Películas de vaqueros, romanos, terror, policíacas y aquellas de asesinatos que curiosamente nunca tenían lugar en este país a pesar de tratarse de producciones españolas. Allí se podía ver al 007 James Bond, años después de su estreno, sin preocupación por enseñar el carné de identidad en la taquilla. Por su pantalla pasaron las licantrópicas transformaciones de Paul Naschy (Jacinto Molina Álvarez), los clásicos en celuloide como “Fuenteovejuna” y tantas otras anunciadas con el reclamo de grandioso programa en color, cuando por entonces casi todo era en blanco y negro.

El Cervantes se mantuvo como cine de barrio hasta el año 1984 y tras una nueva reforma pasaría a formar parte de las salas con programas de los llamados X, para adultos, en sesión continua desde las 10,30h. de la mañana.






Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Nicolás Salmerón, fundador y director del Colegio El Internacional, modelo y ensayo para la Institución Libre de Enseñanza. 1866-1874” Juan Manuel Díaz Sánchez.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Es.Wikipedia.es
Pares.mcu.es
Catálogo de la exposición “Luis Gutiérrez Soto” 1997.

Agradecimiento muy especial para David Miguel Sánchez Fernández, del blog http://cinesdemadrid.blogspot.com.es/ por la documentación aportada para este artículo.

viernes, 10 de octubre de 2014

PASAPOGA, SALA DE FIESTAS.

Con exuberante decoración a base de pinturas murales, grandes columnas, cortinajes, mármoles, espejos y hasta 12 kilos de auténtico oro para recubrimiento de sus artesonados, abrió en la avenida de Pi y Margall, número 15 (hoy Gran Vía, 37) de Madrid el ostentoso Pasapoga, en los sótanos del cine Avenida.


Fotografía: M.R.Giménez (2007)

En un principio, la planta baja del cine Avenida (1928) había sido destinada a ser el salón de billar más grande de Madrid, siendo inaugurado en el mes de octubre de 1930 con el mismo nombre del cine. El recinto presumía de sus techos de siete metros de altura, medida inusual en cualquier negocio semejante, y refinadas mesas de absoluta precisión de marca Guarner. Este negocio no duraría más de un lustro, tal vez por la competencia de la cercana Sala de billares del cine Callao y sus treinta y dos mesas de juego.

El local quedó en desuso hasta que los socios Vicente Patuel, Julio Sánchez, Rafael Porres y Rafael García decidieron inaugurar una opulenta sala de fiestas en lo que fueron aquellos billares; su nombre, Pasapoga, sería el acrónimo formado por las dos primeras letras de los apellidos de sus cuatro propietarios.

Fuente: Fotografía de la izquierda, Newscom.com (1962). Foto de la derecha: M.R.Giménez (2007)
Dos aspectos del Cine Avenida y de la puerta del Pasapoga con casi medio siglo de diferencia.

Proyectado por el arquitecto Enrique Simonet Castro y decorado por Mariano García, el Pasapoga abrió sus puertas el día 20 de mayo de 1942, a las 10,30 horas de la noche, exigiendo rigurosa etiqueta. El local, con planta de herradura, estaba revestido de mármol blanco, negro y verde en el vestíbulo, la concha del bar, columnas, palcos, escalinatas y en las cuatro pistas de baile con las que contaba. 

Dos puertas de hierro con aplicaciones en metal daban acceso desde la calle al vestíbulo recubierto con mármol de colores. Otra puerta interior, también en hierro, marcaba el inicio de la alfombrada escalera que remataba sus pasamanos dorados con sendos candelabros monumentales.

Fuente: Fotografía de la izquierda, diariomadrid.net (1965). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014). Puerta de acceso a Pasapoga.

En el piso inferior se encontraba el mostrador del bar, tenía forma de medio óvalo con banquetas giratorias a su alrededor y contaba con la más moderna maquinaria para dispensar agua de seltz y café, funcionando indistintamente con gasolina o electricidad.

Fuente: memoriademadrid.es (1953)
Escalera de acceso y mostrador del bar en forma de medio óvalo rodeado por banquetas giratorias.

Mobiliario de estilo isabelino, enormes alfombras, arañas y aparatos eléctricos en bronce y cristal, pinturas murales y hasta un gran lienzo del pintor Ramón Stolz Viciano cuyo coste fue de 1.500.000 pesetas de la época, conformaban una fastuosa decoración en los dos pisos del Pasapoga que, junto a estucados y su recubrimiento en pan de oro, había tenido un presupuesto de 3.600.000 pesetas del año 1942.

Fuente: tesorosdelayer.com (1942).
Guardarropa decorado con muebles isabelinos y zona de la orquesta.

Para acceder a Pasapoga era necesario abonar una entrada que, en el año 1942, costaba entre 15 y 18 pesetas, respectivamente en horario de tarde y noche.

Es necesario señalar que tanto en Madrid como en el resto del país tras la Guerra Civil Española, el año en que fue inaugurado el lujoso Pasapoga (1942) fue denominado como “el año del hambre”. El exilio, las ejecuciones permanentes de los republicanos que habían perdido en el conflicto, las penas de cárcel, las muertes por inanición y enfermedad, la desnutrición, la falta de medicinas y de todo lo necesario para una vida digna chocaba frontalmente con el lujo exhibido en esta sala de fiestas, hasta el punto de ser prohibido por la dominante censura fascista del momento el siguiente párrafo del anuncio referido a la inauguración del local: "Como complemento de tanta fastuosidad y riqueza, los más elegantísimos trajes de noche y las más valiosas joyas, lucidas por bellísimas damas, que con su presencia dieron realce a esta memorable inauguración que perdurará en los anales del Madrid aristocrático como fiesta de gran tono” (Arriba- 21/5/1942).

Las cartillas de racionamiento de productos básicos, vigentes en la posguerra española entre los años 1939 y 1952, servían para distribuir entre la población los alimentos de primera necesidad, pero a todas luces insuficientes y de mala calidad. El hambre, la miseria y la enfermedad se cebó con los ciudadanos que debían, para más inri, ensalzar casi en cada esquina la figura del dictador Francisco Franco y máximo responsable de la catastrófica Guerra Civil Española y de la tremenda posguerra. 

Mientras el salario medio diario de un electricista era de 20’15 pesetas, el de un panadero 12,58 pesetas y el de una costurera 7’55 pesetas, un té con pastas acompañado de mermelada y mantequilla (productos inexistentes para la población) costaba 16 pesetas a la concurrencia aristocrática del Pasapoga. De esta manera los madrileños comenzaron a denominar a esta sala de fiestas el Pasa y paga, naturalmente de puertas afuera.

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
Entrada principal del Cine Avenida (que en su última etapa tuvo varias salas) y puerta de acceso de Pasapoga. Ambos locales ya estaban cerrados en el momento de tomar la fotografía.  

En el mes de septiembre de cada año Pasapoga inauguraba su temporada. Las orquestas más famosas hacían bailar a sus encopetados clientes que bebían coñac con sifón o gin-fizz, y eran capaces de abonar las 10 pesetas que costaba el paquete de tabaco americano obtenido en el mercado negro (estraperlo). Artistas como Josephine Baker, Juliette Grèco, Ava Gadner o Jorge Negrete eran asiduos, durante sus visitas en Madrid, a esta sala de fiestas en la que se presentaría una jovencísima Sarita Montiel cantando “Yo te diré” como única melodía de su repertorio.

Con el tiempo la opulenta sala Pasapoga fue superada por nuevas modas que propiciaron su decadencia paulatina. Tras los momentos de esplendor durante aquella larga posguerra, se acabaron las presentaciones de moda que las casas de alta costura realizaban en sus pistas de baile, al no contar con pasarelas apropiadas; terminaron las fastuosas fiestas privadas de empresas que alquilaban aquel marco incomparable de lujo, único en Madrid, así como los dispendiosos bailes de disfraces que la alta burguesía y la aristocracia triunfadoras de la Guerra Civil solían celebrar. El Pasapoga pasó a ser una más entre la multitud de las salas de fiestas que iban abriéndose en Madrid, más modernas y con precios asequibles. 

Lo que comenzó con aires de glamour desmesurado, tras haber pasado por distintas fases de deterioro, sucumbió ante la oferta de una cadena de grandes almacenes del ramo textil que también se llevó por delante al Cine Avenida. 

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Lo que hoy queda de Pasapoga: Puerta de acceso y decoración interior de los almacenes.

De Pasapoga no queda más que su nombre en una pequeña vitrina situada tras lo que fue la puerta de acceso y una decoración bastante kitsch, que quizá pretenda rendir un chocarrero homenaje a lo que hasta el año 2003 hubo en este local de la Gran Vía. También quedó para la memoria histórica la anécdota que tuvo como protagonistas al director de cine Luis García Berlanga y, una vez más, a la censura franquista del año 1962 y que fue contada por el propio director: En el episodio que hice para la película Las cuatro verdades (llamado: La Muerte y el leñador) se me impuso un corte de guión. Estaba escrito: “Vista general de la Gran Vía”. Cuando subimos a lo alto del edificio Carrión, la productora lo eliminó como un plano engorroso de hacer, en realidad porque alguien de la censura había comentado: “Una vista general de la avenida… ¿quién nos garantiza que Luis no mete a dos obispos saliendo del Pasapoga?. Debía habérseme ocurrido a mí, es una espléndida idea.






Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca de ABC
“Posguerra, publicidad y propaganda -1939-1959” Círculodebellasartes.com
Hemeroteca de la B.N.E.
Newscom.com
Memoriademadrid.es
Tesorosdelayer.com
Diariomadrid.net

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