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miércoles, 20 de agosto de 2014

EL PALACIO DE OÑATE Y EL PALACIO COMERCIAL PALAZUELO DE LA CALLE MAYOR.

Junto a la Puerta del Sol, en el principio de la calle Mayor de Madrid y frente al que fue convento de San Felipe el Real, que tras su demolición y desde el año 1845 alberga las Casas de Cordero, estuvo la Casa-palacio de los condes de Oñate. Dicho edificio fue construido a finales del siglo XVI y comenzaría a ser demolido en 1913 para edificar en su terreno el Palacio Comercial Palazuelo, que hoy podemos contemplar.

Fuente: Bdh-rd-bne.es (1859)
Puerta del Sol, durante las obras de remodelación. La fachada del Palacio de Oñate aparece señalada con la flecha.



El conocido por todos como Palacio de Oñate habría sido erigido sobre los terrenos que hasta el siglo XVII ocuparon las muy afamadas mancebías de Madrid. La gran casona tenía su acceso principal por la calle Mayor, su fachada posterior ocupaba un buen espacio de la calle del Arenal y remataba su gran superficie en el callejón de la Duda (desaparecido con la remodelación de la Puerta del Sol de 1857-1862). No fue un edificio especialmente artístico, pero sí lo sería su magnífica puerta barroca que el arquitecto Pedro de Ribera realizó durante una de sus remodelaciones durante el siglo XVIII. El dintel y las jambas, de piedra berroqueña, tienen adornos de bella sobriedad, que se prolongan en torno a los balcones superpuestos, entre los cuales campea el escudo heráldico.


La puerta en cuestión fue salvada y ofrecida a otras sociedades por el Ayuntamiento de Madrid, durante la demolición del palacio. Tras varias gestiones infructuosas con las entidades españolas fue aceptada por la institución francesa Casa de Velázquez, situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se instaló en el año 1935. Durante la Guerra Civil Española la casa de Velázquez fue prácticamente destruida, al estar en primera línea de fuego, y la magnífica puerta del Palacio de Oñate se perdió para siempre.


Fuente: Memoriademadrid.es
Fachada principal, en la calle Mayor, del Palacio de Oñate. A la derecha la puerta de Pedro de Ribera.


Antes de existir la Real Casa de Correos (1768) de la Puerta del Sol, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, la correspondencia era depositada en el Palacio de Oñate por ostentar el cargo de Correo Mayor de Castilla este conde propietario. Así, el primer buzón de la capital para depósito de las misivas estuvo en este palacio. 

La casona de Oñate fue también conocida por el asesinato en su puerta, el día 21 de agosto de 1622, del poeta y conde Juan de Tassis y Peralta, amigo de Lope de Vega y de Luis de Góngora. Sus amores con Isabel de Borbón, esposa de Felipe V, le costaron la vida.

Mentidero de Madrid, / decidnos: ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid. / Unos dicen que fue el Cid, / por ser el conde Lozano / ¡Disparate chabacano! / Pero lo cierto de ello ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulsor soberano.

(Atribuido a Félix Lope de Vega y Carpio).

Fuente: B.N.E.
Cuadro de Manuel Rodríguez de la Parra Castellano. La muerte del conde de Villamediana en el portal (recreado) del Palacio de Oñate (1868).

Frente al Palacio de Oñate era costumbre que durante la procesión del Corpus los pintores expusieran sus cuadros. De esta forma Bartolomé Esteban Murillo se habría hecho con la atención que Carlos II al exhibir una de sus obras dedicada a la Inmaculada Concepción.

El viejo caserón de Oñate fue ocupado, desde el último cuarto del siglo XIX, por negocios de todo tipo; almacenes, pañerías y el diario “El Globo” tuvieron su sede en él. Dos incendios consecutivos en el mes de febrero de 1910 destrozaron su techumbre y sótanos, por lo que tres años después comenzaría a ser demolido. Fueron muchos los planes para la edificación en el nuevo solar situado entre las calles Mayor y del Arenal: un lujoso hotel, grandes almacenes al estilo parisién o sede para el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial, pero al fin el promotor Demetrio Palazuelo Maroto, como acaudalado industrial, encargó un nuevo inmueble al arquitecto Antonio Palacios Ramilo que sería conocido con el nombre de Palacio Comercial Palazuelo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Fachadas de la calle Mayor y de la calle del Arenal, en la actualidad, del Palacio Comercial Palazuelo, lugar donde estuvo el Palacio de Oñate.

El moderno edificio, contemporáneo y muy parecido en su fachada a la Casa Matesanz de la Gran Vía, proyectado también por Antonio Palacios, fue concebido para uso comercial y de oficinas. Sus grandes ventanales abalconados proporcionan fácil acceso a la luz natural por sus fachadas de las calles Mayor y Arenal. Pero lo más sorprendente viene después de atravesar el pequeño portal revestido de mármol y espejos que se abre tras dos puertas de hierro forjado.


Vídeo: M.R.Giménez / Música: Ken Verheecke (Sees Of Change)
Interior del Palacio Comercial Palazuelo (2014)


Desde 1922, año en que terminaron las obras, el Palazuelo fue sede de oficinas comerciales de todo tipo; una de las primeras sería la del efímero Banco de Madrid.

Su magnífico patio acristalado, de donde parten dos grupos de escaleras que bordean de forma ascendente los huecos de los ascensores, recibe luz cenital a través de un vitral ribeteado en amarillo. El suelo está construido en mármol y gruesas baldosas de vidrio, formando con ellas un hexágono irregular.

De los cinco pisos de su altura, los tres centrales están circunvalados por barandillas de hierro con pasamanos dorado formando líneas onduladas, dejando en medio el hueco para que la luz del techo llegue a todos los rincones. Las oficinas comerciales se sitúan alrededor del patio tras grandes puertas de madera que, como todo el interior, están pintadas de blanco.

Tal vez el Palacio Comercial Palazuelo sea uno de los edificios más desconocidos del arquitecto Antonio Palacios. La prensa contemporánea a su inauguración no refleja, como en otras ocasiones, la belleza de un inmueble que pasa desapercibido para la mayoría de los que caminan por delante del portal de la calle Mayor, 4, de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org
Bdh-rd-rne.es
Memoriademadrid.es
Agradecimiento muy especial para Manuel Chamorro, por sus indicaciones para confeccionar el contenido multimedia de este artículo.


martes, 5 de agosto de 2014

EL CAFÉ DE LA MONTAÑA DE LA PUERTA DEL SOL Y SU ANTECESOR.

Tras la remodelación de la Puerta del Sol de Madrid (1857-1862) comenzaron a levantarse sus nuevos edificios, finalizando sus obras en el año 1864. Sobre el solar que dejó la antigua iglesia del Buen Suceso, y situada en el número 1 de la plaza desde entonces, vino a construirse la Casa de Fontanella del arquitecto Jerónimo de la Gándara. En los bajos de esta casa se instalaría desde el día 4 de septiembre de 1864 el Café Imperial, el más amplio de Madrid, que tres décadas más tarde cambiaría su título por el de Café de la Montaña.


Fuente: bdh-rd.bne.es (Jean Laurent)
Izquierda: Antigua Puerta del Sol con la iglesia del Buen Suceso (1854). Derecha: Puerta del Sol con la nueva Casa de Fontanella (1870) con el café Imperial y el Grand Hotel de París.

El Imperial era un café enorme y espacioso que ocupaba gran parte del local del cuarto bajo, el entresuelo y la planta sótano del edificio; su alquiler ascendía a 280.000 reales por año, estaba dotado de luz por gas que hacía brillar las arañas colgantes de su techo y contenía ochenta mesas de mármol italiano con sus seiscientas sillas tapizadas. Sus cien cafeteras, cincuenta garrapiñeras (máquinas para hacer helados), teteras y demás equipamiento de restauración daban trabajo a cincuenta dependientes. Tenía acceso por la Puerta del Sol, nº 1, por la calle de Alcalá, nº 2 y por la Carrera de San Jerónimo, nº 1 y era conocido también como el café de las Pulmonías, debido a las corrientes de aire que se producían en su interior.

La decoración del Imperial corrió a cargo de Enrique D’Almonte, que ideó una proliferación algo exhaustiva de molduras y adornos de cartón piedra para las grandes paredes y altos techos del café, imitando el estilo Luis XV. En el centro del salón estaba el patio interior del edificio, que fue cubierto con cristales a la altura, bastante considerable, del piso principal.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1892)
Fragmento de fotografía en el que se aprecia la fachada del café Imperial.

El éxito de su inauguración fue tan grande que no permitió cerrar el local hasta las 8 horas del día siguiente. La recaudación de la jornada de su apertura fue de 86.000 reales, pero los camareros echarían en falta casi un 10% de las doradas cucharillas de café (valoradas en 20 reales por unidad), que habían sido sustraídas ese mismo día.

Desde sus anchurosas ventanas se veía la fuente circular de la Puerta del Sol edificada en mampostería, con juegos y saltos de agua de gran mérito, aunque su puesta en marcha inundara prácticamente la calzada.

Fotografía: Jean Laurent (1865)
Los juegos de agua de la fuente estaban funcionando y la Puerta del Sol aparece encharcada.

El Imperial, cuya hora de cierre se proponía para las 2,30 de la madrugada, tenía una parroquia variopinta y diferente a lo largo de su jornada: durante el día a él asistían militares, cómicos y toreros en busca de trabajo, comerciantes e industriales acomodados y personas procedentes de las provincias que habían venido a solucionar sus temas a Madrid. A última hora de la tarde allí acudían multitud de familias para ver y dejarse ver. Durante la noche se llenaba de gentes que venían del teatro y tertulianos que debatían sobre política, literatura, teatro, toros y tantos otros temas. El torero Salvador Sánchez “Frascuelo” era un incondicional de este café y tenía allí su entonces famosa peña.

En el Imperial tenía asiento además, en el rincón situado entre la Puerta del Sol y la Carrera de San Jerónimo, una conocida tertulia: La Antesala del Saladero. Asistían a ella poetas, periodistas y escritores bohemios que a veces por recurso publicaban artículos subversivos para procurarse alojamiento en la cárcel. (El Saladero de la plaza de Santa Bárbara, fue la cárcel de Madrid durante el siglo XIX).

Alrededor del año 1888 el café Imperial comenzó su declive. No valieron sus afamados conciertos de música española para mantener el esplendor de antaño. Poco a poco fue disgregando su espacio alquilado, en pos de otros negocios particulares, hasta que en el año 1893 desapareció por completo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Casa de Fontanella e interior de lo que fue el entresuelo del café Imperial, con su patio de luces, en la actualidad.

Tres años después del cierre del café Imperial vendría a emplazarse en parte de su local un nuevo establecimiento, cuyo título fue el de Café de la Montaña

Inaugurado el día 15 de abril de 1896 por su dueño Martín Lavín Cecín, procedente de Santander y de ahí el nombre elegido para el nuevo negocio, el café de la Montaña ocupaba una parte más pequeña del lugar donde estuvo su antecesor. Era ancho, largo y concurrido, con entrada por la Puerta del Sol, nº 1 y por la calle de Alcalá, nº 2, junto al portal de acceso al Grand Hotel de París.

Fuente: B.N.E. (1896)
Interior del café de la Montaña.

El de la Montaña tenía fama de ser el café que mejor enfriaba los refrescos en verano, sin estar en contacto con el hielo, por un procedimiento especial y al parecer guardado en secreto. Era el centro de reunión en Madrid de los santanderinos que aquí vivían.

Fotografía de Antonio Passaporte (entre 1927 y 1936).
La puerta del café de la Montaña, en su fachada de la Puerta del Sol, aparece señalada.

Mientras los estudiantes iban a jugar al billar, situado en el sótano, tertulias de escritores, poetas, músicos, pintores y toreros se hicieron un hueco en este café. 

Sin duda el hecho por el que más se recuerda al café de la Montaña fue el enfrentamiento entre Ramón María del Valle-Inclán y Manuel Bueno, que tuvo como consecuencia la pérdida del antebrazo izquierdo del autor de “Luces de Bohemia”.

Fuente: ucm.es
El escritor sin su antebrazo.

Una tarde del mes de julio de 1899 se hallaban reunidos en la tertulia con Val-Inclán, en el café de la Montaña, el dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, el periodista y masón Pedro González Blanco, el dibujante Francisco Sancha Lengo y el editor José Ruiz-Castillo Franco, entre otros. De pronto surgió en otra mesa una tremenda disputa entre el pintor Tomás Leal da Cámara y José López del Castillo, que impondría la necesidad de un duelo entre ambos. Así las cosas, vino a entrar en el café Manuel Bueno Bengoechea, escritor y periodista, que, informado del alboroto, sólo comentó: Ese duelo es ilegal porque ambos son menores de edad. Valle-Inclán, de carácter vehemente, tomó el comentario a pecho y agarrando una botella fue a agredir a Bueno. Este puso su bastón por medio, a pesar de lo que resultó herido en la cabeza, pero Valle tuvo la mala suerte de clavarse uno de los gemelos de su camisa en el brazo, al recibir el bastonazo. Manuel Bueno huyó del café mientras continuaba recibiendo todo tipo de proyectiles arrojados por Valle: vasos, platos, botellas… Los guindillas (guardias) penetraron en el local para calmar el desorden mientras el escritor Tomás Orts Ramos acompañaba a Valle-Inclán al dispensario médico de la calle de Concepción Jerónima, con el fin de curarle sus heridas. Allí prestaron atención a un golpe que también el escritor había sufrido en la cabeza, pero no dieron importancia a la herida de la muñeca que unos días después se infectó y le produjo gangrena. De esta forma Valle tuvo que ser operado con posterioridad para amputarle su antebrazo izquierdo.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Placa conmemorativa de la contienda, sobre la fachada de la calle de Alcalá, nº 2.

El café de la Montaña fue centro de reunión de los escritores modernistas, seguidores de Rubén Darío, aunque también había tertulias del movimiento contrario. Todos los miembros de la Generación del 98, pasarían por este café con mayor o menor asiduidad.

Fuente: Urbanity.es (durante la Guerra Civil Española)
El café de la Montaña se convirtió también en cervecería. A la izquierda de la fotografía se ve el portal de entrada al Grand Hotel de París.

El café de la Montaña se mantendría abierto hasta después de la Guerra Civil Española. Hoy su local y el edificio Fontanella se encuentran ocupados por la tienda de una conocida marca multinacional, que ha desalojado de su ubicación también al famoso Grand Hotel de París (1864-2006) y al anuncio del Tío Pepe.






Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Bdh-rd.bne.es
Prensahistorica.mcu.es
“Madrid por dentro y por fuera” Eusebio Blasco Soler.
Es.wikipedia.org
Ucm.es
Urbanity.es