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jueves, 24 de julio de 2014

LA PLAZUELA DE SAN JAVIER Y SU MESÓN.


En el Barrio de los Austrias de Madrid, entre la plaza del Cordón y la calle de Segovia, hay una pequeña calle llamada del Conde (antes calle de los Azotados) en honor al conde de Revillagigedo poseedor que fue de las casas allí construidas. En mitad de los cuarenta y cinco metros de longitud de esta vía se encuentra la plaza o plazuela de San Javier, la más pequeña de Madrid, que estuvo formada por los muros del palacio de Revillagigedo y por la casa que le dio nombre, propiedad de la Compañía de Jesús y que tenía en su fachada la imagen pintada al fresco de San Francisco Javier bautizando a los indios. (En la actualidad el palacio de Revillagigedo ha sido reemplazado por un edificio de oficinas municipales y la casa de los jesuitas (s.XVII) se ha convertido en un inmueble para viviendas).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Plazuela de San Javier, en la actualidad, junto a la calle del Conde.

La plazuela de San Javier fue el escenario que inspiró el primer acto de la zarzuela “Luisa Fernanda” de Federico Moreno Torroba, Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw, estrenada en el año 1868.

Fuente: idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Superposición de plano topográfico y vista aérea. El recuadro señala la plazuela de San Javier.

La prensa consultada pone por primera vez nombre oficial a esta plazuela de San Javier en el año 1781, anónima hasta entonces por tratarse de un lugar recóndito y con reducidas dimensiones que no tenía salida fácil hacia la calle de Segovia. 

Fuente fotografía izquierda: todocoleccion.net (años cincuenta del siglo XX)/ fotografía derecha: M.R.Giménez (2014)
Calle del Conde. A la derecha, plazuela de San Javier. A la izquierda, Mesón de San Javier.

La cuarta pared de la plazuela de San Javier está ocupada por el número 3 de la calle del Conde, una casona del siglo XVI con modificaciones posteriores, restaurada hoy y también convertida en un edificio de viviendas. En ella estuvo el famoso Mesón de San Javier

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada de lo que fue el Mesón de San Javier.

Parece que el primer propietario del edificio fue un aposentador de Felipe II, pero las primeras noticias que aparecen en la prensa con respecto a la instalación de un negocio relacionado con la gastronomía en esta casa corresponden al año 1832 y hacen referencia a un almacén de vinos que allí estuvo situado, con venta al público al precio de 10 a 12 cuartos cuartillo y, por mayor, a 34 y 36 reales arroba de vino.

Las crónicas apuntan a que el bandolero madrileño Luis Candelas Cajigal (1804-1837) frecuentaba este local, al igual que otras muchas tabernas de la época, por su situación apartada y recoleta.

Esta antigua casona, que pertenecía en el año 1838 a la manzana número 179 y tenía una superficie de 2440 pies, salió a la venta a voluntad de su dueño por un importe de 109.858 reales ese mismo año. En el edificio, y compartiendo espacio con el almacén de vinos, hubo desde el último cuarto del siglo XVIII un maestro cochero. Parece que dicho local fue anexionado a su vecino negocio cuando éste prosperó convirtiéndose en una botillería y poco después, alrededor del año 1857, en la Posada de San Javier, con habitaciones para huéspedes estables y cuadra para guardar potros y jacas. Era el lugar elegido por los fresqueros (personas que transportaban o vendían pescado fresco en Madrid) para instalarse durante sus viajes a la capital.

Los vecinos de la plazuela de San Javier se quejaban, en el año 1882, por el abuso que se comete por los carreteros que paran en la posada de la plazuela de San Javier, dejando los carros en la calle, arrimados a las casas, quitando la luz a los pisos bajos. 

La vieja posada se mantuvo en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado, muy probablemente. Tras la Guerra Civil Española, como todo el centro de Madrid, la zona estaba muy deteriorada y los edificios de plaza de San Javier se encontraban casi en ruinas. Pero en el año 1949 el viejo edificio fue rehabilitado, convirtiendo su piso bajo y el sótano en el Mesón de San Javier.

Fuente: memoriademadrid.es (1946)
Entrada al Mesón de San Javier, con su mostrador y anaquelería.

Bajo la dirección del arquitecto restaurador Enrique Lucchetti el nuevo Mesón de San Javier abriría al público en el año 1946.

Fuente: memoriademadrid.es (1946)
Dos aspectos de los comedores del mesón.

El lugar pasó a convertirse en un selecto y moderno restaurante que evocaba cada uno de los tópicos del Madrid antiguo. Los pisos superiores del inmueble continuaron siendo ocupados por vecinos.

Durante el mes de agosto de 1988 el local anunció su cierre y la venta de sus cuatrocientos metros. Tras una nueva rehabilitación el inmueble actualmente se ha destinado a viviendas. 






Fuentes:

“Manual Histórico-Topográfico, Administrativo y Artístico de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide
Memoriademadrid.es
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Es.Wikipedia.org

jueves, 10 de julio de 2014

EL CAFÉ NACIONAL DE LA CALLE DE TOLEDO Y SUS BANQUETES.

Quizá el Café Nacional de la calle de Toledo, número 19 no fuese el más popular de Madrid por sus tertulias, literarias o de otra índole, aunque tampoco se le conocería por alborotos o procelosas reyertas. La fama de este café llegó por haber sabido especializar su enorme amplitud en la organización de banquetes y celebraciones de todo tipo, durante las más de nueve décadas en las que se mantuvo abierto y manteniendo siempre el mismo nombre.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada actual de lo que fue el café Nacional de la calle de Toledo, esquina a la calle Imperial.

El Nacional fue inaugurado el día 15 de octubre de 1885 como uno de los cafés más elegantes que hay en Madrid. Su famoso techo, que pareció deslumbrar a los reporteros de la prensa del momento, representaba en medallones figuras de mujeres simbolizando a España, Madrid, Cuba, Cataluña, Aragón, Toledo, Galicia, Andalucía y Valencia; intercalados entre ellos también aparecían los escudos de Castilla, León y Navarra. Esta obra fue realizada por los pintores Jorge Herencia Sánchez y Antonio García Mencía, bajo la dirección del arquitecto Tomás Oñate Ruiz.

Este gran café tenía su acceso principal por la calle de Toledo, a través de una puerta giratoria. Además del bajo, sus grandes salones ocupaban por completo todo el primer piso del edificio cuya fachada más extensa se situaba en la calle Imperial. Sus primeros propietarios, Martín y Palomino, reservaron el local nada más inaugurarse el inmueble, en el año 1885. 

Fuente: B.N.E. (1923)/ Fotografía derecha: M.R.Giménez (2014)
Uno de los salones del entresuelo del café Nacional, con los balcones a la calle de Toledo.

Es abundante la historia de las reuniones que tuvieron lugar en el café Nacional. Asociaciones como “El Arte de Guiar” (cocheros), “La Lealtad” (expendedores de pan), “La Precursora” (peluqueros y barberos) convocaban aquí sus juntas anuales. También fueron muchas las instituciones que se constituyeron en sus salones, como “La Liga de la Defensa y Previsión de Inquilinos” o “El Ateneo Sindicalista” fundado por trabajadores anarquistas de todos los gremios. 

Fue muy célebre una gran disputa, en los salones del Nacional, entre los acaparadores de hortalizas de Madrid y las verduleras, sobre todo del cercano Mercado de la Cebada, en el mes de julio de 1894. Los primeros se negaron al abastecimiento por el aumento de aforo de mercancía y las mujeres de los puestos se dejaron decir que iban a hacer una que fuera “soná”. Finalmente, con intervención del Gobernador Civil y del Alcalde, horticultores y vendedoras consiguieron llegar a un acuerdo tras varios días de reunión dentro del café.

Seis años después de su apertura, el café Nacional cambió de dueños y se reformó el local. Los nuevos propietarios, Lucio y López, dieron un nuevo aire a su establecimiento, encargando la restauración de los famosos lienzos de su techo al pintor Plácido de la Calle. Además instalaron mesas de billar.

Todos los días 11 de febrero los Republicanos del distrito madrileño de la Audiencia (hoy Centro), al que correspondía el número 19 de la calle de Toledo, se reunían en el café Nacional para conmemorar el aniversario de la proclamación de la Primera República Española (1873-1874). El local también sería elegido como centro electoral republicano del distrito, donde consultar el censo o resolver algún extremo, en las elecciones municipales que tendrían lugar en el mes de noviembre de 1893.

Muy afamado era el bistec con patatas del café Nacional durante los primeros años del siglo XX. La elaboración de esta receta fue recogida por el gran cocinero, repostero y escritor culinario Teodoro Bardají Mas (quien reivindicó el nombre de la salsa “mahonesa” en lugar de “mayonesa”).

A menudo el café Nacional fue el lugar elegido para los banquetes de homenaje a todo aquel que tuviese amigos y seguidores. La gran capacidad de sus salones permitía dar servicio a más de cuatrocientos comensales e incluso en número mayor, si la situación lo requería. Tal fue el caso del acto ofrecido el día 12 de diciembre de 1890 al político Alberto Aguilera Velasco, tras el triunfo del partido liberal en las últimas elecciones. La asistencia fue tan multitudinaria que al no caber en el salón destinado al banquete todos los comensales, que pasaban de 500, se acordó derribar el tabique sencillo que lo separa del cuarto inmediato, colocándose allí mesas, donde pudieran acomodarse cien personas más. El homenaje, que debía comenzar a las 12 del medio día, tuvo que posponer dos horas su comienzo.

Pintores, escultores, poetas y literatos, asociaciones como la musical “Peña Fleta” (Miguel Fleta) o “La agrupación de la Capa” (fundada para propagar el uso de esa prenda) distribuían por locales de todo Madrid las tarjetas para asistir a sus homenajes organizados en el café Nacional, que en los primeros años del siglo XX tenían un precio de 3 pesetas por cubierto.

En el año 1906 el dueño del café Nacional era Antonio López Rabón, quien sería elegido Presidente de la comisión para el decorado e iluminación de la calle de Toledo con motivo de los festejos para la boda del rey Alfonso XIII.

Fuente: Colección Salvador Alcázar-Nicolas1056 (1906).
Arcos y adornos de la calle de Toledo instalados para la boda de Alfonso XIII.

Los banquetes en honor a profesores, artistas de todos los géneros, políticos y asociaciones continuaron asiduamente durante las primeras décadas del siglo XX. Uno de los más históricos fue el ofrecido a María Teresa León y Rafael Alberti tras su retorno a España después de un largo viaje por Europa y América. El día 9 de febrero de 1936, a las 3 de la tarde, después de los mítines del Frente Popular (agrupación que ganaría las elecciones generales de febrero del año 1936) y con un coste de seis pesetas por cubierto, amigos y compañeros de la Generación del 27 como Antonio Machado, Luis Araquistáin, Rosa Chacel, León Felipe, José Bergamín, Ramón J. Sender, Federico García Lorca, Dolores Ibarruri, Luis Cernuda, Concha Méndez y Luis Buñuel, entre otros muchos, se reunieron en el café Nacional. 

Fuente: Diario "El País". Fotografía actual: M.R.Giménez (2014)
Federico García Lorca, en pie, y junto a él María Teresa León. En segundo término, por la derecha, Rafael Alberti.
La fotografía actual de la derecha corresponde al mismo lugar en el que se celebró el banquete.

Durante la Guerra Civil Española el café Nacional continuó abierto, formando parte del servicio de suministros de víveres para las milicias populares movilizadas en Madrid. 

Fuente: Madridantiguo.org (Guerra Civil Española)/Fotografía actual:M.R.Giménez (2014).
A la derecha de ambas fotografías aparece un pequeño trozo de la fachada de lo que fue el café Nacional.

Al terminar la contienda pocos fueron los homenajes que tuvieron lugar en sus salones, por lo que hubo de reconvertirse en un lugar de celebraciones familiares (bodas y bautizos). El café Nacional mantuvo su nombre hasta finales de la década de los años setenta del siglo pasado. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Salones del entresuelo de lo que fue el café Nacional, en la actualidad.

Hoy el Nacional ha cambiado su nombre por el de Riazor y se ha convertido en un restaurante especializado en cocina gallega, paellas y arroces. Mantiene el mismo gran espacio que ocupó el antiguo café, en sus dos pisos, pero todo ha sido adaptado a la época actual. Es muy probable que los famosos techos pintados por Herencia y Mencía, desapareciesen durante alguna antigua remodelación del local, pero curiosamente sigue conservando ese amistoso ambiente de barrio, su número 19 de la calle de Toledo y esas magníficas vistas al antiguo Madrid desde los balcones de su entresuelo.




Fuentes:

Hemeroteca del ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Diario El País.
Madridantiguo.org
Colección Salvador Alcazar/Nicolas1056.

Agradecimiento muy especial para el Restaurante Riazor por su gran amabilidad al facilitar la realización de fotografías.