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martes, 24 de junio de 2014

DE LAS REALES CABALLERIZAS A LOS JARDINES DE SABATINI.

Donde hoy se encuentra el Palacio Real de Madrid (también llamado Nacional o de Oriente, dependiendo de las vicisitudes históricas) se alzó hasta el año 1734 el después abrasado Real Alcázar. 

El terreno de 27.000 m2. situado en la parte norte del Palacio, donde hoy se encuentran los Jardines de Sabatini, fue ocupado entre los años 1789 y 1932 por las Caballerizas Reales, un vasto edificio encargado por Carlos III al arquitecto italiano Francesco Sabatini (1722-1797) y que éste construiría sobre un singular terreno con formidables desniveles.

Fuente: Skyscrapercity.com / Memoriademadrid.es (1932 y 1957).
Vistas aéreas de las Caballerizas -izquierda- y de los Jardines de Sabatini -derecha-.

Aquel magnífico conjunto de edificaciones, aunque desde el exterior parecía tratarse de una sola, tenía dos puertas de acceso principales: una en la calle de Bailén y otra en la cuesta o paseo de San Vicente, además de diversas entradas secundarias. En el año 1847 el interior de las Caballerizas contaba con una población de 486 personas (136 empleados que vivían con sus familias y 153 jornaleros) y daba cobijo a 500 cabezas de ganado (caballos de silla y de tiro, yeguas, mulas) siendo su presupuesto para ese año de 2.850.000 reales.

Fuente: Memoria de Madrid (años 30 del siglo XX).
A la izquierda la fachada de las Caballerizas correspondiente a la plaza de España y calle de Bailén.
A la derecha la entrada principal por la calle de Bailén.

Las Caballerizas Reales estaban dotadas de todo lo necesario para el cuidado y mantenimiento de animales. Contaban con picadero, fraguas, herraderos, enfermerías, botiquín, cuadras de forrajes y de contagio, baños para animales, así como también con la zona del Guadarnés General o extensa nave con sesenta y cinco armarios en los que estaban dispuestos y ordenados los atalajes, las sillas de montar, las ropas de los cocheros y lacayos, además de exponer bonitos objetos antiguos de utillaje ya en desuso. En el recinto de las cocheras se guardaban carrozas y coches de sala, sillas de posta, furgones, coches de camino, birlochos, briskas y demás tipos de carruajes al uso.

Fuente: Memoriademadrid.es (principios de los años 30 del siglo XX).
A la izquierda sillas de montar y utillaje en la zona del Guardés General.
A la derecha el recinto destinado a los caballos, entonces en desuso.












Además de viviendas para las familias de sus trabajadores, las Caballerizas Reales contaban con escuelas para niños y niñas.

Fuente: Memoriademadrid.es (1931)
Escuela para niñas en el recinto de las Caballerizas.

En el año 1932 el ayuntamiento comenzó los trabajos de la demolición del gran complejo de edificios, convocando un concurso público de ideas para construir en su terreno un gran jardín abierto a toda la población. De los once proyectos presentados sería elegido el realizado por los arquitectos Ramón Aníbal Álvarez, Miguel Durán Salgado, Fernando García Mercadal y el ingeniero Ricardo Pérez Calvet. Posteriormente el consistorio adquirió la propiedad de todos los proyectos y al ser nombrado García Mercadal arquitecto municipal fue también el designado para la realización del jardín. La Junta del Madrid Artístico y Monumental propondría, en el año 1934, como nombre del recinto el de Jardines de Sabatini en recuerdo del arquitecto que proyectó las Caballerizas Reales.

Fuente: B.N.E.
Proyecto publicado en prensa el 1 de febrero de 1935.

Parece que la dificultad del terreno, debido a sus enormes desniveles, fue motivo de una larga controversia que dilataría excesivamente el inicio de la obra. A principios del año 1935 aún se continuaba discutiendo sobre la necesidad de construir un muro de contención en la pendiente de la cuesta de San Vicente, que para algunos restaría perspectiva al Palacio; también hubo propuestas acerca de realizar todo el jardín de modo escalonado y en descenso desde la calle de Bailén, para buscar la rasante de la parte más baja del terreno. Pero al fin, en el mes de febrero de ese año, dan comienzo las obras que tendrían un presupuesto de 1.682.581 pesetas, cantidad que saldría de los fondos de recargo de la décima para la lucha contra el paro obrero. Con la finalidad de emplear al mayor número posible de trabajadores, se acordó que el tallado de las piedras se ha de hacer sobre el propio solar de Caballerizas.

Fuente fotografía de la izquierda: Urbanity.es (1935)
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014)
Construcción de la escalera que da entrada a los jardines por la calle de Bailén.

Se trataba de realizar un jardín público (con paseos amplios, espacios para niños, aseos para señora y caballero, fuentes para beber, lugares de sombra y descanso) cuyas características eran diferentes a las de un jardín histórico y crear un espacio de separación entre el Palacio y el nuevo recinto, a modo de lonja, enlosado de granito e inaccesible desde el parque. 

Fotografía de la izquierda: Juan Miguel Pando (a mediados de los años 50 del siglo XX).
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (20149
Recinto de la lonja que separa el palacio de los jardines.

El jardín tendría tres accesos principales, dotados de grandes puertas en hierro para cerrar durante la noche: uno por el chaflán de la plaza de España, otro por una monumental escalera que se situaría en la calle de Bailén, desde donde se dominara la totalidad de su espacio, y un tercero por medio de rampas a la italiana con un nicho fuente de piedra de Colmenar (hoy desbaratado) por la cuesta o paseo de San Vicente. 

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Aspecto actual de la entrada a los jardines por la cuesta de San Vicente. A la derecha se puede ver el pilón de la fuente, hoy desbaratado.

El enorme declive del terreno se salvaría creando distintos niveles: uno, en la parte inferior, de forma regular en el que se desarrolla un trazado de amplias líneas con macizos de bojes recortados y pequeños estanques (cuatro unidades) de granito en torno a un gran estanque central bordeado de jardinería y estatuaria igual a la de la plaza de Oriente. Otra nivelación estaría algo más elevada sobre el plano anterior, instalando en su parte central la Fuente de la República y grupos de esculturas conmemorativas (ornato que no llegaría a realizarse).

Una parte del jardín, donde antes estuvo el Patio de la Regalada de las Caballerizas, se dispondría en un plano superior sirviendo de mirador sobre el resto del recinto. El motivo para la realización de esta zona elevada fue evitar las costosas obras de contención de la calle de Bailén. 

Fuente de la fotografía de la izquierda: Urbanity.es (1935)
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014).
Construcción de la escalera por la que se accede a la parte más alta de los jardines, donde estuvo el Patio de la Regalada de las Caballerizas. A la derecha, vista actual.

Para la disposición del arbolado se tuvo en cuenta la orientación de los vientos dominantes, del norte y del noroeste; de esta forma hileras de grandes chopos blancos protegían del aire y del calor durante los veranos, permitiendo la entrada del sol durante los inviernos. En el jardín también se instalaron coníferas, arbustos de hojas persistentes, plantas de jardín bajo, alguna zona de pradera y flores, únicamente alrededor del estanque central.

Otras dotaciones fueron las casetas para los guardias y los bancos de granito en una sola pieza.

El proyecto, que finalmente llevaría a cabo el arquitecto municipal Fernando García Mercadal, se expuso para su explicación en el Patio de Cristales del ayuntamiento de Madrid el día 31 de enero de 1935 y unos días después comenzarían las obras que se llevan con excesiva parsimonia, ya que no hay más que doce obreros trabajando a pesar de que se acordó realizar estas obras porque en ellas podían encontrar ocupación cientos de trabajadores.

Con el inicio de la Guerra Civil Española la construcción de los Jardines de Sabatini se detuvo y no volvería a retomarse hasta que el arquitecto Manuel Herrero Palacios recibió el encargo de llevar a cabo su conclusión. Será en el mes de octubre de 1950 cuando finalmente serían inaugurados los Jardines de Sabatini, con algunas modificaciones sobre el proyecto inicial.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
“Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar” Pascual Madoz. (1847).
Es.wikipedia.org

miércoles, 11 de junio de 2014

EL CAIMÁN DE LA CALLE DEL ARENAL.

Hubo una vez un caimán en la calle del Arenal, dentro de la iglesia de San Ginés de Arlés, en Madrid. Su novelesca historia, acrecentada por variopintas leyendas en las que se entremezclan valerosos caballeros y milagrosas intervenciones marianas, convertiría a este saurio en una feroz y perversa alimaña de la que muchos sacarían partido.

Fuente: Revista Ritmo (publicada en 1985).

La zona que hoy ocupa la calle del Arenal era, durante la dominación musulmana, un terrero arenoso en el que había un profundo barranco llamado de la Zarza y del que partía el nutrido arroyo del Arenal. Estos terrenos estaban ocupados por mozárabes (cristianos en territorio musulmán) quienes construyeron una pequeña ermita que con el tiempo y numerosas obras de ampliación se convertiría en la parroquia de San Ginés. 

Parece que fue en el siglo XIV cuando, al remover los cimientos del edificio para asentarlos sobre el terreno inestable del arenal, apareció un fosilizado y antediluviano caimán cuya descripción realizada por Gerónimo de Quintana tres siglos después (1629) quedaría para la historia: El caimán era de tres “baras” de largo, las manos y los pies cortos y más gruesos que un brazo, el cuerpo del grosor del de un hombre.

Por lo que parece el hallazgo fue incorporado y exhibido en la iglesia de San Ginés, comenzando a engrosar su leyenda amparada por los tenebrosos muros del templo. 

Fuente: B.N.E. (1931)

Muchos fueron los fieles que juraron haber visto brillar los ojos amarillos del “cocodrilo” apareciendo entre las tablas de los altares. Tampoco faltaron intrépidos caballeros que narraban enfrentamientos defensivos y a muerte con el saurio. También hubo quien dijo haber presenciado el nacimiento del animal, adoptándolo y adiestrándolo hasta que dejó de existir. Pero en el siglo XVI llegó Alonso de Montalbán, aposentador de los Reyes Católicos, adjudicándose el mérito de haber sido quien terminó con la vida de tan peligroso animal gracias a la intercesión de la Virgen, como así refleja en su historia de Madrid el Notario del Santo Oficio de la Inquisición, Gerónimo de Quintana.

El día 30 de julio de 1522 se inauguró en San Ginés la capilla costeada por Montalbán y dedicada, en agradecimiento por sus servicios, a Nuestra Señora de los Remedios a cuyos pies fue clavado sobre un dosel de madera el famoso caimán. De inmediato fueronle adjudicados beneficios curativos y la fama de virgen, capilla e iglesia se vio incrementada con los donativos de los numerosos fieles petitorios que asistían en tropel a la, desde entonces denominada, Capilla del lagarto.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Esta fue la Capilla del Lagarto, hoy dedicada al culto de la Virgen del Castillo.

La capilla, situada entrando por la calle de Bordadores, a mano derecha o entrando por la calle del Arenal al fondo y a la derecha, hace tiempo que dejó de exponer a la Virgen de los Remedios y al caimán fosilizado. Parece que uno de los numerosos incendios de la iglesia destruyó, además de otras muchas obras de arte, esta imagen de la virgen vestidera (era de medio cuerpo y estaba cubierta por ropa confeccionada), que desde hace tiempo ha sido reemplazada por la imagen de Nuestra Señora del Castillo.

Del lagarto nada se sabe. Invencible al tiempo parece que no resultó dañado en los incendios ya mencionados de la iglesia de San Ginés, pero en años posteriores a la década de los ochenta del siglo XX fue ocultado a las miradas de los parroquianos del templo al constituir un reclamo impropio para el imperativo recogimiento del lugar.

Otra particularidad de la iglesia de la calle del Arenal, cuya bóveda subterránea con entrada por la siempre cerrada puerta de la calle de Bordadores fue famosa por los hombres y mujeres disciplinantes que allí decían ir para hacer penitencia dando lugar a no pocos escándalos, es la torre de su campanario. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Campanario de la iglesia de San Ginés de Arlés.

La cruz en que termina su capitel servía de pararrayos y de conductores sus aristas, que durante algunas fuertes tormentas solían iluminarse mágicamente para desconcierto del vecindario.






Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca B.N.E.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” Antonio Capmani y Montpalau.
“Historia de la antigüedad, nobleza y grandeza de la muy antigua y coronada Villa de Madrid” Gerónimo de Quintana.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Es.wikipedia.org