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lunes, 31 de marzo de 2014

LA GRANJA EL HENAR, LABORATORIO DE TERTULIAS.

Lo que en el año 1910 comenzó siendo un establecimiento de venta de leche, manteca y quesos, terminaría por convertirse en uno de los cafés con tertulias más representativos del siglo XX en Madrid.


La Granja El Henar, con su famosa terraza de verano, estuvo situada en la calle de Alcalá, número 40 y por ella pasaron todos los políticos, periodistas, escritores, artistas, profesores y aspirantes a cada una de esas categorías, durante la primera mitad del siglo pasado.

Fuente: B.N.E. (1912)

Era el año 1907 cuando Fermín Lomba de la Pedraja, propietario de fincas ganaderas en Aranjuez (Madrid) y Santander, decide emprender negocios en la capital. Para ello abrirá en la calle de Alcalá un establecimiento al que denominaría Granja El Henar (no del Henar), marca que inscribió en el registro de nombres comerciales en el año 1910, dedicado a la venta de leche de vaca y productos derivados. 

El próspero negocio y su privilegiado emplazamiento favorecieron la reconversión de la tienda en un café con el mayor gusto y confort a mediados del año 1912, ofertándose también la venta de cremas, yogurt, kéfir, cervezas, horchata y, por supuesto, leche con servicio a domicilio. Posteriormente se comercializaría la Crema Henar, riquísimo postre, especial para fresa.

El café Granja El Henar era, al principio, un lugar tranquilo e higiénico que olía a leche esterilizada, a chocolate con bizcochos, a cerveza fresca y a aceitunas rellenas de anchoa. En el fondo, por las tardes, se sentaba el filósofo José Ortega y Gasset a tomar un frasco de agua de Mondariz con sus tertulianos y a tratar todo lo relativo a la futura Revista de Occidente.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada actual del lugar donde estuvo la Granja El Henar, junto al café del Círculo de Bellas Artes.

A principios del año 1924 se insertaron anuncios en la prensa para la convocatoria de un concurso de decoración e instalación del nuevo café Granja El Henar, reclamando a los artistas y decoradores del momento. El proyecto elegido fue el de los arquitectos Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó, que seis años después realizarían también el café Zahara de la Gran Vía. 

Fuente: Bremaneur.wordpress.com
Fachada de Granja El Henar durante la Guerra Civil Española.

La nueva Granja El Henar se convirtió en el año 1925 en un café de su tiempo, moderno, sin concesiones banales. Un café en al que todos se sentían llamados y donde se arraiga y consolida todo, que comenzó a llenarse de literatos, artistas, políticos y cualquiera que deseara ver y dejarse ver, sobre todo en su magnífica terraza de la acera de la calle de Alcalá.

Fuente: Urbanity.es (1935)
Terraza de Granja El Henar unida a la del café Negresco.

Domínguez y Arniches, los arquitectos y decoradores, explicaban su obra aduciendo que al ser “La Granja” un café muy de Madrid, era perfectamente lógico el hacer un local de ambiente marcadamente madrileño, simplificando y estilizando en un sentido moderno el ambiente de los viejos salones, iglesias, paradores y calles de Madrid, que tanto se diferencian de sus contemporáneos españoles.

Fuente: Urbanity.es (1925)
Patio central de Granja El Henar.

Era “La Granja” un café grande y con rincones propicios para la tertulia. Amplio, fresco y cómodo, dotado de un espléndido patio español y un precioso salón de té con ascensor independiente por el portal, al que solían asistir las mujeres.

Fragmento de fotografía de Antonio Passaporte -Loty- de la segunda mitad de los años 30 del siglo XX. Señalado el café Granja El Henar y a su lado el café Negresco.

El café Granja El Henar comenzó de inmediato a congregar gran número de tertulias, entre las que destacó la dirigida por Ramón María del Valle-Inclán y en la que curiosamente se llegaría a debatir con vehemencia sobre el número exacto de palabras contenidas en “El Quijote de Cervantes”. Uno de los tertulianos, de fastidiosa elocuencia, llegó al punto de sacar de quicio al prócer con sus interminables explicaciones y Valle, que no se caracterizaba por su carácter complaciente, le contestó: “¡Basta! ¡Por Dios! Se abren ante usted mundos de ignorancia… Así terminó la discusión.

Fuente: B.N.E. (1927)
Tertulia de Valle-Inclán en Granja El Henar.

El laboratorio de tertulias en la Granja El Henar convocaba también la de Manuel Azaña, otra de Domínguez y Arniches, con arquitectos, en la mesa adjunta a la de Valle-Inclán; la de veterinarios dirigida por Félix Gordón Ordás, que tras la Guerra Civil sería Presidente de la República Española, en el exilio. El escritor Ramón J. Sender asistía a la “peña” junto al pintor Juli Ramís Palau y los hermanos escritores Eduardo y Rafael Dieste Gonsálvez. 

Los miembros de la Generación del 98 y de la Generación del 27, asistían al café Granja El Henar. Desde su terraza, frontera con la del también muy conocido Café Negresco, vieron pasar y se unieron a las concentraciones y manifestaciones a favor de la II República Española. 

La Guerra Civil no pudo con el café, pero sí la especulación. A finales de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el café Granja El Henar fue convertido en una sucursal del banco Popular y en la década siguiente la prensa anunció la demolición del edificio que lo albergaba para levantar un rascacielos de 17 pisos, que nunca llegaría a construirse. El inmueble fue dividido en dos, remodelando las fachadas que hoy parecen corresponder a edificios distintos y están ocupados por dependencias oficiales. 







Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Urbanity.es
Prensahistorica.mcu.es
“Una breve historia del escaparate madrileño moderno” de Humberto Huergo Cardoso.

Mcu.es

lunes, 17 de marzo de 2014

LA CERVECERÍA EL COCODRILO Y BAGARÍA.

Nada más comenzar el siglo XX se inauguró en la entonces plaza del Príncipe Alfonso, número 11 y hoy de Santa Ana, número 10, la Cervecería El Cocodrilo.


Fuente: Memoriademadrid.es (1900)
Fachada de la Cervecería El Cocodrilo con los rótulos en francés y alemán.

Esta plaza de Santa Ana es uno de aquellos lugares madrileños en los que su nombre ha variado ocasionalmente, en función de las vicisitudes políticas, a lo largo de su historia. Ocupa lo que fue el Monasterio Real de Santa Ana de las Carmelitas Descalzas, de ahí su nombre que para los habitantes de Madrid jamás cambió. Tras el nacimiento de Alfonso XII pasó a ser llamada plaza del Príncipe Alfonso; en el año 1868, plaza de Topete y posteriormente volvió a ser de Santa Ana, a pesar de que algún periodista la bautizara como “plaza de la Cerveza”, por la gran cantidad de establecimientos del ramo que llegó a congregar en su perímetro.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Lo que fue la Cervecería El Cocodrilo, en la actualidad.

Las primeras noticias en prensa de la Cervecería El Cocodrilo parten del año 1905, aunque la apertura del negocio se presume anterior. En ella eran frecuentes las tertulias de cómicos, intelectuales, toreros y aristócratas, semejantes a las de los cafés, siendo su vianda más solicitada el arenque a la marinera.

Fuente: B.N.E. (1916)
Anuncio de prensa.

El Cocodrilo era un lugar pacífico para tomar bocks de cerveza y en el que las peñas organizaban sus banquetes de homenaje, tan de moda en esa época. Se había montado como un local alemán, avisando en su fachada que los ciudadanos germánicos y franceses no tendrían ningún problema para ser allí entendidos.

Quizá el personaje más conocido de la Cervecería El Cocodrilo fue el caricaturista Luis Bagaría Bou (1882-1940), quien en el año 1922 decoró las paredes del establecimiento con el famoso y ya desaparecido mural titulado “El violinista y el cocodrilo”.

Fuente: Prensahisotica.mcu.es (1923)

Había en Berlín un violinista llamado Fritz que decidió irse a vivir al África Central, pero al llegar allí pareció tan ridículo a sus habitantes que todos, desde el león hasta el mono, se rieron de él. Avergonzado, Fritz huyó hasta las orillas del río Nilo donde encontró como únicos habitantes a una pareja de enamoradas ranas, demasiado absortas en su idilio como para ocuparse de él, y así fue como el violinista al fin pudo descansar.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1923)

De las aguas del Nilo surgió de pronto un cocodrilo que, sin considerar que Fritz era alemán y violinista, se propuso devorarle.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es

Fritz, ante el eminente peligro, comenzó a tocar el violín y, como la música amansa a las fieras y aún más a los cocodrilos, que son propensos al llanto, hizo llorar al animal a lo que siguió un sensual afán de danzar al ritmo de un tango.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1923)

Así Fritz y el cocodrilo llegaron a una fraternal amistad; para afirmarla decidieron emborracharse, terminaron las disputas y se fueron a una cervecería de El Cairo donde cogieron la más kolossal y efusiva de las papalinas. 

El friso que narraba esta historia constaba de los ocho paneles que aparecen en las fotografías, única reproducción existente. Decoraba la parte alta de las paredes de la cervecería de la plaza y medía cuarenta metros de longitud por dos de altura.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Interior de lo que fue la Cervecería El Cocodrilo, en la actualidad. Ya no existe la decoración pintada por Luis Bagaria.

El famoso dibujante Luis Bagaría había sido descubierto por el pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol Prats, que impulsó su carrera al principio de la segunda década del siglo XX. 

Sus caricaturas, de trazo lineal y económico, pronto se hicieron muy populares en la prensa por manifestar criterios y reivindicaciones no siempre al gusto de la autoridad. Bagaria tuvo que exiliarse por la oposición persistente mostrada contra la dictadura de Primo de Rivera. 

Republicano, bohemio de bufanda, boina vasca y bastón de junco, poseía un entendimiento pesimista de la condición humana que reflejaba en su obra. 

Fuente: B.N.E. (1936)
Dibujos de trazo lineal y económico. A la derecha el dedicado a Ramón María del Valle-Inclán, tras su fallecimiento.

Luis Bagaria no fue sólo caricaturista, también redactaba artículos en prensa y realizó entrevistas en la sección “Los diálogos de un caricaturista salvaje” del periódico “El Sol”.

Fuente: B.N.E. (1936)
Caricatura de Federico García Lorca que ilustra la última de sus entrevistas. Luis Bagaría, aparece disfrazado en la fotografía.

El día 10 de junio de 1936 aparecía editada la última entrevista que pudo conceder Federico García Lorca y efectuada por Bagaría. Dos meses después el poeta sería asesinado por los fascistas y, aún hoy, su cuerpo permanece enterrado en paradero desconocido en algún lugar de la provincia de Granada.

Durante la Guerra Civil Española, Luis Bagaría también tomaría partido por La República, realizó numerosos carteles propagandísticos y continuó con su trabajo en la prensa. 

En el mes de junio de 1940, falleció exiliado en La Habana (Cuba).







Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Memoriademadrid.es
Es.wikipedia.org  

   

sábado, 8 de marzo de 2014

FELIZ DÍA 8 DE MARZO.

PORQUE LA MUJER SIEMPRE ES CAPAZ DE TOMAR SUS PROPIAS DECISIONES EL ABORTO LIBRE, SEGURO Y GRATUITO ES UN DERECHO INDISCUTIBLE.


Fotografía: M.R.Giménez 
15-M del 2011, Movimiento de los Indignados en la Puerta del Sol de Madrid.



lunes, 3 de marzo de 2014

EL CAFÉ DE EL BRILLANTE DE LA CALLE DE ALCALÁ Y SU LOTERÍA.

Fue la segunda mitad del siglo XIX una época de grandes remodelaciones en Madrid, si nos circunscribimos a la Puerta del Sol y las calles de Alcalá y de Sevilla. Los grandes y lujosos edificios planificados darían paso al ensanche de estas vías, echando abajo casas particulares que dejaron a vecinos y negocios fuera de la zona. Tal fue el caso del Café de El Brillante, que estuvo situado en el número 20 de la antigua calle de Alcalá. 

Fuente: Idehistoricamadrid.org (1874)
Señalado el contorno de la finca donde estuvo el café de El Brillante, de la calle de Alcalá, nº 20.

El café de El Brillante era conocido por sus molletes con manteca, sus tortillas a las finas “yerbas”, sus chocolates y por los tés con aguardiente que preparaba a cualquier hora del día o de la noche, ya que en ocasiones estaba abierto las veinticuatro horas del día. Escritores, toreros, actores, militares, jugadores y sablistas componían una variopinta y numerosa parroquia que podía degustar, hasta fin de abril y a 6 reales la docena, (coincidiendo con los meses que tuvieran “r”) las ostras frescas.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle de Alcalá desde la Puerta del Sol, siempre en obras. El café de El Brillante ocupó el espacio donde luego se levantó el edificio de La Equitativa.

La prensa comenzó a hablar sobre este café en los años sesenta del siglo XIX, porque en él se podían recoger las entradas de los abonos para las corridas de toros y anunciaba sus almuerzos desde 10 reales el cubierto y comidas desde 12 reales en adelante, también permite en sus salones todo “juego lícito”, ajedrez, tresillo, dominó, etc. etc. El juego con apuestas, por aquella época, estaba prohibido bajo pena de cárcel.

Fotografía: Jean Laurent (1870)
Aspecto de la calle de Alcalá desde la Puerta del Sol. Aún existían los edificios sobre los que se construiría La Equitativa.

Lino Sayas era el dueño de El Brillante, hombre que no paraba de inventar pintorescos espectáculos para su negocio con el fin de atraer a más clientela. Al precio de 0,30 ó 0,50 céntimos, por sesión, se veía a El hombre salvaje, un individuo gruñidor que vestía con pieles toscas, cabellos largos y enmarañados, barba igual y mostraba una mirada perdida o a La cabeza parlante, una cabeza sin cuerpo con vida propia que, depositada sobre una mesa cubierta con un paño negro, contestaba las preguntas del público y contaba su histórica supervivencia de tres siglos tras ser amputada del tronco. Pero lo que daría pingües beneficios al café de El Brillante sería su famosa Lotería.

Fotografía: Jean Laurent (1870)
Aspecto de la calle de Alcalá. Frente a la Real Casa de la Aduana, edificio central, estaba el café de El Brillante en esa época.

En los primeros años setenta del siglo XIX el salón interior del café, donde hasta entonces se habían presentado los espectáculos citados, se convirtió en un casino encubierto. El juego clandestino de la lotería de cartones, que funcionaba de 15 a 22 horas y de 2 a 6 horas de la madrugada con entrada libre, se hizo famoso en todo Madrid. 

Se podían comprar todos los cartones que se quisieran, cuyos precios oscilaban entre los 2 y los 12 reales por unidad. Cada uno de ellos tenía seis filas de casillas en blanco, sobre las que el jugador apuntaba los números que el “apostero” gritaba sacando unas bolas de un saco que agitaba. 

Se jugaba al acierto del ambo, del terno, del cuarteto, del quinterno… Ejemplo: 15-30 (ambo), 15-30-45 (terno), 15-30-45-60 (cuarteto) y 15-30-45-60-75 (quinterno). Cada acierto equivalía a ganar el doble de lo apostado para quien primero cantara el acierto y siempre que estuviera en el mismo cartón. Quien consiguiera un pleno (llenar el primero su cartón con la alternancia de ambos, ternos, cuartetos y quintetos) ganaba la mitad del total de las apuestas del juego. La otra mitad quedaba para el café.

Cada tarde y noche acudían al café de El Brillante multitud de jugadores, que solían ver mermado su dinero con demasiada frecuencia, pero no cejaban un ápice en su tenaz empeño de tentar la suerte.

Frecuentes redadas policiales, con más de cien arrestados en cada batida, daban con los detenidos que no podían depositar la requerida fianza de 200 reales en la cárcel del Saladero; mientras, el dueño del café de El Brillante corría a los periódicos de Madrid para dar cumplidas explicaciones, y que éstas salieran publicadas, acerca de que el negocio de la lotería es completamente extraño al café y que aquel era un local independiente del mismo, que nada tenía que ver con él.

Fuente: Bdh.bne.es (1892)
Edificio de La Equitativa recién inaugurado, sin ninguna construcción a su alrededor. El café de El Brillante ya había desaparecido.

La reforma de la nueva Puerta del Sol ya estaba ultimada en el año 1862 y una década más tarde comenzaría a planificarse el ensanche de la calle de Sevilla, derribando también, entre otras, la manzana del café de El Brillante en la calle de Alcalá. El nuevo Palacio de la Equitativa (1891) se pensaba ya sobre las viejas casas de la zona, que debían desaparecer al igual que la travesía de los Peligros, convirtiendo este espacio de Madrid en lo que hoy podemos contemplar. Es así como el ayuntamiento empezó a negociar la expropiación con los propietarios de los edificios a demoler, con el fin de realizar las nuevas edificaciones. El café de El Brillante, objeto de continuos alborotos policiales, sería clausurado por orden de la autoridad judicial en el mes de septiembre de 1881 y su casa demolida, junto con las circundantes para realizar los nuevos edificios. Así, sobre el solar de la casa donde estuvo este café se levantaría la parte trasera del Palacio de la Equitativa.




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Bne.es
Idehistoricamadrid.org
Mcu.es
Agradecimiento a Pennypol por su colaboración para la realización de esta entrada.