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viernes, 21 de febrero de 2014

ZAHARA, EL CAFÉ MODERNO.

A finales del año 1926 estaba próximo a inaugurarse el Palacio Comercial de la avenida de Pi y Margall, número 9 (hoy Gran Vía, 31), de Madrid. El edificio, proyectado por el arquitecto José Miguel de la Quadra-Salcedo Arrieta-Mascarua y pensado para uso exclusivamente comercial, albergaría en su esquina con la calle de Mesonero Romanos el Café Zahara.


Fotografía: M.R.Giménez (2010)
Marquesina de lo que fue el café Zahara de la Gran Vía, esquina a la calle de Mesonero Romanos.


El Gran Café Zahara fue inaugurado el día 10 de abril de 1930. Propiedad de la Sociedad de Cafés y Cervecerías, fue diseñado inicialmente por los arquitectos: Secundino de Zuazo Ugalde, Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó (hijo del dramaturgo), como café, salón de té y cervecería. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
Fachada del café Zahara cuando fue inaugurado.

El Zahara se autodefinía como un café moderno, su decoración era sencilla y suntuosa, a la vez, en una mezcla algo extraña entre el bar americano, tan de moda entonces, y una jaima del desierto. 

Su estilo racionalista, de moda en el periodo de entreguerras, organizaba el espacio simétrica y dinámicamente utilizando formas geométricas simples y colores para diferenciar los espacios, que servían a la vez como decoración.

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
Salón de té. Un falso cactus y la tela del techo recuerdan al desierto.

El local se había dividido en distintos ambientes que comenzaban en un porche amplio, acogedor, donde se hallan instaladas mesas y sillas de mimbre. Sus grandes ventanales lo iluminaban con la luz de la calle y sobre ellos había una repisa en la que se habían colocado infinidad de tiestos de forma cónica que contenían todo tipo de plantas crasas. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
El porche luminoso, con muebles de mimbre y las plantas sobre los ventanales.

Todo el local estaba pintado en tonos suaves y poseía una hábil disposición de luces indirectas, atenuadas por cuadros de planchas de cristal opaco. Tanto las lámparas de la fachada exterior como las de las paredes interiores estaban formadas por pequeños triedros de cristal blanco que hacían más acogedor el ambiente.

Lo novedoso, en cuanto a la disposición del local, era un gran pasillo que dividía sus tres salones principales y facilitaba tanto el acceso a las mesas como el tránsito de los camareros y las comandas. Este espacio se enmarcaba con unas robustas columnas pintadas en tonos oscuros, brillantes y pulidos, que sostenían un techo con forma de bóveda de cañón. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)

En cuanto a las innovaciones tecnológicas, el café Zahara anunciaba reiteradamente tener siempre una atmósfera limpia gracias a sus potentes máquinas de impulsión y extracción de aire. La renovación del ambiente se hacía ocho veces diarias gracias a unos aspiradores que absorbían el aire viciado, purificándolo mediante filtros de carbón. La moderna maquinaria utilizada permitía calentar el espacio en invierno y refrigerarlo durante el verano.

Su cocina también aplicaba las innovaciones del momento. En ella todo se fabrica mecánicamente. Contaba con tostador de café, fábrica de hielo y un aparato para la esterilización de la vajilla y los demás utensilios. 

Fuente: ABC (1930)
La cocina del café Zahara.

Sin duda lo más espectacular del café Zahara era su equipo reproductor eléctrico de discos gramofónicos. El aparato de control estaba compuesto por amplificadores, filtros, motores para discos y una serie de llaves para el control de señales luminosas hallándose instalado en una cabina desde la que podían pronunciarse conferencias, tan solo aplicando al aparato un micrófono.

La instalación se completaba con treinta altavoces de bocina, estrategicamente situados y bien disimulados, perfectamente empotrados en la pared a una distancia determinada y recubiertos de una rejilla. De esta forma el sonido se propagaba por igual en todos los salones.

Dos meses después de su inauguración, el día 2 de junio de 1930, los clientes del Zahara pudieron escuchar un importante partido de futbol celebrado en Barcelona, que sería radiado en directo desde este café. Además, la noche del 24 de noviembre de 1932, se transmitió la función de despedida del por entonces famoso barítono Emilio Sagi Barba.

El Zahara también tuvo música en directo. En noviembre de 1933 la Orquesta Rusa de Balalaikas haría furor al repetir durante varios meses sus actuaciones y un año después triunfarían también los conciertos clásicos de la Orquesta Ibarra.

Quizá el espacio más singular del Zahara lo constituía el American bar Miami, anejo al café y según parece mayoritariamente visitado por extranjeros y turistas. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
El American bar Miami.

La moda de los bares americanos había llegado a Madrid al principio de los años 20 del siglo pasado y en el moderno café Zahara, no podía faltar. Así se habilitó el bar americano Miami, dotado de grandes y luminosos ventanales a la calle.

Su decoración sencilla y funcional había cambiado los divanes de los viejos cafés por tresillos y sillones con tapicería de dibujos geométricos simples, acompañados de mesas bajas con estructura metálica. Una barra semicircular, con taburetes altos, encajada en una bóveda de cuarto de esfera y una gran viga en forma de palmera, completaban la ornamentación del recinto en el que se podían degustar sus famosos cócteles.

Es muy posible que durante la Guerra Civil Española el café Zahara sufriera numerosos desperfectos, al igual que todos los establecimientos y viviendas de la Gran Vía de Madrid (que fue conocida por el nombre de avenida del Quince y Medio, por el calibre de los obuses con que el ejército fascista bombardeaba la zona). Así, el día 31 de octubre de 1940, se anuncia su reapertura y dos años después reanuda sus conciertos en directo con la Orquesta K.D.T.

Fueron numerosas las reformas que se acometieron en el café Zahara, a lo largo de su historia. 

Durante los años cincuenta, del siglo pasado, el café había perdido su decoración original y se había convertido en un anodino lugar iluminado por tubos de luz fluorescente de tonos rosados. Sus paredes habían sido pintadas en color crema y sus muebles de diseño racionalista habían dejado paso a sofás alargados que reposaban contra la pared. Aún así, seguía manteniendo una fiel clientela de tertulianos: Pintores, escultores, poetas y poetisas, dramaturgos y gentes de teatro.

En la década de los años setenta el Zahara volvió a renovarse y se convirtió en una cafetería acorde con los tiempos. El local se transformó por completo haciéndose más diáfano y agrandando su fachada de la calle de Chinchilla. Posteriormente, cuando internet comenzó a ser imprescindible, se habilitó también un moderno cibercafé en una de sus salas de la planta superior.

El día 31 de enero de 2010, el café Zahara cerró sus puertas. Parece que los altos alquileres del local imposibilitaron continuar con el negocio.

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Gran Vía, 31 esquina a la calle de Mesonero Romanos, en la actualidad. Ya no existe el café Zahara ni la lotería de Doña Manolita, que estaba junto a él.

Hoy es una tienda dedicada a la venta de ropa, como tantas otras de la Gran Vía de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Base de datos del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org

Los Antiguos Cafés de Madrid agradecen muy especialmente la colaboración del profesor Fernando Moreno Sanz para la realización de esta entrada.


miércoles, 12 de febrero de 2014

EL DIORAMA DE LA PLATERÍA DE MARTÍNEZ.

Allá por los años noventa del siglo XVIII, en lo que hoy es el Barrio de las Letras de Madrid, la calle de Moratín se llamaba de San Juan y la calle de la Alameda tenía por nombre el de Nuestra Señora de la Leche. Fue en el año 1792 cuando comenzó a edificarse el neoclásico edificio conocido por el nombre de Platería de Martínez que albergaría fábrica y escuela, propiedad del maestro platero Antonio Martínez Barrio (1750-1798) y con patrocinio de Carlos IV.

Fuente: Memoriademadrid.es (1836)
Dibujo de la fachada principal de Platería de Martínez, con toda su ornamentación inicial.

El inmueble de la Platería de Martínez no sólo fue conocido por la belleza de su fachada y por la espléndida producción de objetos artísticos que en él se realizaron, además de ser uno de los primeros edificios industriales de Madrid, también llegaría a ser célebre por acoger desde el día 9 de julio de 1838 a su famoso Diorama

Fuente: B.N.E. (1838)
Anuncio de la inauguración del Diorama.

El platero Martínez había fallecido en el año 1798 dejando como única heredera de sus bienes y fábrica a su hija, a punto de nacer, Josefa Martínez, quien diecinueve años después casaría con el militar Pablo Cabrero Cosculluela. Es a partir de entonces cuando empezó la remodelación del edificio de la Platería de Martínez, ampliando su extensión y abriendo una nueva fachada de tres alturas por la calle de la Alameda, número 1. 

Fue el arquitecto municipal Juan José Sánchez Pescador (que también proyectó las Casas de Cordero) quien tomó a cargo la realización del proyecto de agrandar el edificio de la Platería de Martínez por encargo de Pablo Cabrero, el nuevo director de la empresa. La nueva fachada de 258 pies de largo (79m.), clasicista y simétrica, se construyó en armonía con la ya existente de la calle de San Juan (hoy plaza de la Platería de Martínez). 

Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz.
Situación de la Platería de Martínez en el año 1848.

Las obras, que terminaron en el año 1836, dotaron al edificio de un nuevo almacén, ampliaron la vivienda de sus propietarios y proporcionaron un espacio para la instalación del novedoso espectáculo llamado Diorama

Fuente: Memoriademadrid.es (anterior a 1918).
Fachada principal de Platería de Martínez en el s. XX. Habían desaparecido los elementos ornamentales y la estatua de Minerva coronando las Artes.

Según Pascual Madoz la expresión diorama proviene de las palabras griegas: día, luz y visión, siendo el triunfo del arte de la perspectiva y el último término entre la ilusión y la realidad. 

Louis-Jacques-Mandé Daguerre, inventor también del daguerrotipo, había estudiado a fondo la sensación de profundidad de las imágenes e ideó en el año 1822 un paisaje tridimensional, ubicado ante un fondo en curva y pintado de tal forma que simulara un entorno real, a lo que añadió efectos de iluminación y puso por nombre diorama. Todo ello se expondría en una gran maqueta, que estaba acompañada por sonidos y otros oportunos efectos. 

Así pues, en el año 1838 llegó a Madrid el Gran Diorama – Octava Maravilla que dejó perplejos a los espectadores que poseían ocho reales para presenciar el espectáculo. Vino a instalarse en las nuevas y recién inauguradas dependencias creadas para tal uso de la calle de la Alameda, número 1, edificio de la Platería de Martínez, por iniciativa de su director Pablo Cabrero. 

En la parte principal del emplazamiento se podía contemplar el interior del suntuoso Monasterio de El Escorial, siendo sus principales vistas el coro, su bellísima iglesia y el magnífico panteón, todo ello ambientado por la música del órgano y una nube de incienso. Los espectadores podían apreciar como era el lugar durante el día y por la noche mediante la combinación de juegos de luces. Este escenario había sido realizado por el pintor teatral Juan Blandchard, siguiendo las técnicas de Daguerre. 

El diorama de El Escorial fue uno de los más célebres espectáculos de Madrid durante más de treinta años, perdurando hasta mucho después del fallecimiento de su impulsor Pablo Cabrero, en el año 1846. A partir de esa fecha la fábrica de la Platería de Martínez sería arrendada por los herederos a la Compañía General del Iris hasta su cierre, en el año 1867 y posteriormente el edificio se vendió al estado, en el año 1884, que lo convirtió en dependencias para el Ministerio de Hacienda. 

El fin de Diorama e inmueble llegarían al principio del siglo XX. 

La prensa anunciaba que desde el día 1 hasta el día 20 de junio de 1914, el diorama de El Escorial, que antiguamente estuvo en la Platería de Martínez, queda expuesto al público en el Palacio de la Exposición de Bellas Artes del Retiro (Palacio de Velázquez). Luego será enviado al extranjero.

El edificio de Martínez comenzó a languidecer por falta de mantenimiento en el año 1907. Su estado ruinoso hizo que se sacara a subasta pública y fuese adjudicado a un nuevo propietario que decidió construir sobre su terreno nuevos y modernos edificios. Así fue como se procedería a su demolición en el año 1918, respetando su fachada tras las numerosas quejas de los habitantes de Madrid. Sería el pintor Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923), quien reuniendo dinero de amigos y paisanos, comprase la fachada de la fábrica de Platería de Martínez para trasladarla al Círculo de Bellas Artes de Valencia, lugar donde parece se encuentra desmontada en la actualidad y desde entonces.

Fuente: Memoriademadrid.es (1918)
El edificio había sido demolido y sólo quedaba su fachada apuntalada.

Hoy día de la fábrica de Platería de Martínez tan solo queda el recuerdo de una placa y las marcas del lugar en donde estuvo su fachada, sobre la acera de la plaza que lleva su nombre.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La plaza de Platería de Martínez, en la actualidad. Sobre la acera se ven las marcas de los pilares y columnas de lo que fue la fachada de la Platería.

En el año 1923 se inauguró sobre el solar que ocupó la Platería de Martínez el Savoy Hotel.

Fuente de la fotografía de la izquierda: Archivo fotográfico de la Delegación de Propaganda de Madrid durante la Guerra Civil. Fotografía actual: M.R.Giménez (2014)
Fachada del Savoy Hotel, durante la Guerra Civil Española y en la actualidad. 

El Savoy fue bombardeado por la aviación fascista por ser la residencia de los asesores soviéticos a la República durante la Guerra Civil Española. Este edificio fue reconstruido con posterioridad y hoy está dedicado a otros usos.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
“En el segundo centenario de la Fábrica de Martínez”. Fernando A. Martín.
Archivo fotográfico de la Delegación de Propaganda de Madrid durante la Guerra Civil.
“El diorama de la Fábrica Platería Martínez: La representación del Monasterio del Escorial” Mónica Carabias Álvaro.
“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones en ultramar” Pascual Madoz Ibáñez.
Es.wikipedia.org

Cartotecadigital.icc.cat

domingo, 2 de febrero de 2014

EL CAFÉ DE EL DIVÁN Y J.C. WALKEN DE LA CALLE DE SEVILLA.

La configuración actual de la corta y monumental calle de Sevilla (antes llamada Ancha de los Peligros) de Madrid, data de finales del siglo XIX. En sus admirables edificios vinieron a instalarse suntuosos comercios relacionados con la joyería (Sainz), la relojería (Alberto Maurer), bisutería y complementos (Casa Thomas) y, por supuesto, importantes cafés.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Aspecto actual de la calle de Sevilla, esquina con la calle de Alcalá.

El café de El Diván estuvo situado en el número 16 (hoy nº 6) de la calle de Sevilla, junto al popularísimo café Suizo y abrió sus puertas el día 21 de septiembre de 1891 haciendo una caja de 367’55 pesetas, que fue entregada íntegramente a una comisión de representantes de la prensa que recaudaba fondos para repartirlos en los entonces necesitados barrios y arrabales madrileños de La Guindalera, Prosperidad, Pacífico, Plaza de toros y Ventas del Espíritu Santo, Carabanchel, Vallecas, Pozuelo y del río Manzanares.

Fuente: lahistoriadelapublicidad.com

Un suceso muy significado en la prensa, a los pocos días de la inauguración de este café, fue el tremendo apagón protagonizado por la Compañía Madrileña de Electricidad, que había sido fundada tan sólo dos años antes (1889). Una avería en el suministro dejó sin luz a toda la zona centro de Madrid interrumpiendo las funciones del teatro Eslava, el circo Parish y también a cafés como El Diván, en el que los parroquianos tuvieron que alumbrarse con cerillas o poniendo velas en las botellas. El establecimiento presentaba un aspecto fúnebre y algunos aprovecharon la ocasión para tomar distraídamente la puerta, olvidándose de pagar el gasto. El público estaba silencioso y meditabundo, tanto en el café como en la calle, hondamente preocupado con aquel accidente.

El café de El Diván era también cervecería y contaba con los servicios del cocinero Waldo Sánchez García quien a media tarde y a la salida de los teatros: Real, de la Comedia, Español, Zarzuela y Apolo, preparaba los famosos “lunchs” de El Diván para que los espectadores de aquellos pudieran saborear los exquisitos manjares a los que no podría oponer ningún reparo el gourmet más exigente.

Fuente: B.N.E. (1894).

La parroquia asidua de El Diván estaba compuesta por grupos heterogéneos. Cómicos, toreros, novilleros y sus representantes, políticos, periodistas y escritores tenían allí sus tertulias. 

José Francos Rodríguez, posterior alcalde de Madrid en dos ocasiones, sería recibido con una tremenda ovación de todos los concurrentes al café de El Diván tras haber dimitido como concejal, en noviembre de 1895, por oposición a Nicolás de Peñalver Zamora – El conde de Peñalver- y alcalde de Madrid en ese momento.

El escritor Felipe Pérez González, que compuso el libreto de la zarzuela “La Gran Vía”, escribió “Un cuento viejo y un año nuevo”, que publicaría para celebrar la entrada del año 1893, haciendo referencia a este café:

“Agapito es un “gorrón” / sin la menor aprensión / que pide si no le dan, y concurre a una reunión / en el café del Diván…

Una tertulia de escritores, poetas y periodistas muy famosa tuvo asiento en este café y estuvo compuesta por Antonio Palomero Dechado (“Gil Parrado”), Joaquín Dicenta Benedicto, Marcos Zapata Mañas, Manuel Paso Cano, Luis Gabaldón Blanco y Federico Canalejas Fustegueras a los que se unió también Ramón Valle y Peña, más conocido por Ramón María del Valle-Inclán, al regresar de su viaje por América, momento en que comenzaría a utilizar chistera de alas planas, levita entallada, chalina (bufanda) y dejó crecer su larga barba. 

Al café de El Diván también iban muchos cómicos en busca de trabajo y de algún azucarillo que tomar como única comida del día. Por la noche, tras el cierre del establecimiento, permanecían en la acera paseando desde su puerta hasta la entonces conocida como “Relojería Walthan”, propiedad de Alberto Maurer y situada en la esquina de la calle de Sevilla con Las Cuatro Calles (hoy plaza de Canalejas).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle de Sevilla, número 6 (antes 16), con fachada de tonos rojizos.

El café de El Diván cerró en los primeros años del siglo XX, siendo sustituido por el llamado “Almacén de Tejidos Nacionales y Extranjeros” que vendía popelinas, panamás, batistas y percales estampados, entre otros géneros.

En la parte superior del mismo edificio de la calle de Sevilla, número 16, donde estuvo situado el café de El Diván fue a instalarse Fotografía Walken

Fuente: B.N.E. (principios del s. XX)
La calle de Alcalá en su confluencia con la calle de Sevilla. Aún existía el café Suizo, en la esquina. El café de El Diván había sido sustituido por el "Almacén de Tejidos". Sobre el tejado se lee "Fotografía Walken".

José Calvache Gómez de Mercado, que firmaba sus trabajos como J.C. Walken, abrió su gran estudio de fotografía en la calle de Sevilla alrededor del año 1910. Artista por temperamento y fervientemente enamorado de la belleza retrató a toda la escena española, toreros como Diego Mazquiarán “Fortuna” y eminentes escritores como Jacinto Benavente, colaborando de forma habitual con el semanario “Mundo Gráfico”, entre otras publicaciones.

Fuente: B.N.E. (1914)
El estudio de Fotografía Walken.

Walken obtuvo numerosos galardones internacionales por sus fotografías, interviniendo también en el mundo del cine. Fue director de las películas “El niño de las monjas” (1925) y “Charlot español, torero” (1929).




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Es.wikipedia.org
Memoriademadrid.es

Agradecimiento muy especial para www.lahistoriadelapublicidad.com/blog.php por la aportación de material para la confección de esta entrada al blog.