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martes, 19 de noviembre de 2013

LA FARMACIA DE LA CALLE DE LA LUNA Y EL DOCTOR GARRIDO.

En la calle de la Luna, número 6 de Madrid hay una farmacia cargada de historia. Nadie ha de llevarse a engaño cuando lea en su fachada que allí se encuentra desde el año 1833, mientras que en el portal anexo se halla escrita la fecha 1853 como fin de la construcción del edificio que la alberga, porque ambas son correctas.

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Farmacia Cardona en la calle de la Luna, número 6 desde 1833. 

En los “Anales histórico-políticos de la Medicina, Cirugía y Farmacia” se habla de Pedro Herranz Árias, que fue Boticario de Cámara del rey Fernando VII, entre otros cargos, como primero en instalar una botica en la calle de la Luna ya en el año 1833. Herranz, proveniente del pueblo de Cercedilla (Madrid), instruiría convenientemente a su sobrino Claudio Santos Herranz Martín en el oficio, transfiriéndole la Botica de Herranz alrededor del año 1851.

En el periodo en que este segundo boticario Herranz atiende la farmacia de la calle de la Luna se levanta la causa actual, en el número 6, y el negocio continuará con una nueva cesión de la botica alrededor del año 1862. Esta vez Esteban Rodrigo de la Torre, sería el nuevo farmacéutico.

Fuente: B.N.E. (1865)
Anuncio de Esteban Rodrigo, Luna, 6.

Esteban Rodrigo formaba parte de la asociación “Amigos de los pobres” que prestaban auxilio a los que pidan por ser atacados por el cólera, durante la epidemia de cólera morbo del año 1865. Anunciaba en prensa sus preparados de alcanfor, como antídotos contra esta enfermedad, y posteriormente la apertura de su nuevo laboratorio especial de homeopatía advirtiendo que dicho establecimiento se ha montado en un local completamente separado del alopático (medicina convencional), para observar estrictamente las reglas hahnemanianas (Samuel Hahnemann, médico fundador de la Homeopatía, s. XVIII).

Tres años después de que su anterior propietario prescindiera de la farmacia de la calle de la Luna, se establecería en ella el más célebre de los boticarios de Madrid. Francisco Garrido Pardo, conocido por todos como El Doctor Garrido, no dejaría indiferente a nadie.

Fuente: ABC.
El Doctor Garrido, Francisco Garrido Pardo.

El Doctor Garrido había nacido en Venta del Moro (Valencia) en el año 1847. Doctor en Farmacia, había tenido la suya en Requena (Valencia) durante dos años, hasta que en 1873 entró en Madrid para establecerse en la de la calle de la Luna, número 6.

Aquella farmacia, entonces de sexta categoría, fue adquirida por 6.000 duros y se vendió porque así le convenía a su dueño, comprándola Garrido y mejorando sus instalaciones para proseguir con la venta de medicinas alopáticas y homeopáticas, como su antecesor.

Por aquel entonces el propio Garrido se quejaba de que los viejos farmacéuticos trataban de hundir a los recién llegados y también de que los médicos, que ya tenían elegidas aquellas boticas de su interés, sólo esperaban adulaciones y agasajos de aquellos, sin reparar en otros farmacéuticos con preparados más eficaces y menos costosos. (Las medicinas prescritas solían prepararse en las propias boticas de manera individualizada). Es así como el Doctor Garrido decidió recurrir a los anuncios de los periódicos para promocionar su establecimiento.

Fuente: B.N.E. (1873)
Uno de los primeros anuncios que insertó el Doctor Garrido en el periódico "El Imparcial".

Otros farmacéuticos habían recurrido ya a la publicidad en la prensa, pero nadie de manera tan perseverante como el Doctor Garrido, que comenzaría con pequeños anuncios en el año 1873 y no los abandonaría hasta mediados de los años noventa del siglo XIX, cuando dejó la farmacia.

En ocasiones sus textos incluían rimas como éstas: “Allí se curan negros, blancos, cochinchinos, franceses, ingleses, alemanes y hasta de la Alcarria” (1875). “Mi panacea es, señores, / la que todo lo compone; / quito tristezas, dolores, / y hasta si hay quien se opone, / vuelve a un viejo a sus amores” (1876).

Él mismo se ocuparía de la redacción de su publicidad que divulgó en muchos periódicos, fundamentalmente en “El Imparcial” y en “La correspondencia de España”, gastando grandes sumas de dinero que le proporcionarían pingües beneficios. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1890).
Anuncio de "La Correspondencia de España".

De los anuncios en pequeño formado pasó a largos artículos en los que relataba historias de enfermos desahuciados que recobraban la salud, consejos terapéuticos o cartas de gratitud. “De agradecidos y satisfechos a satisfecho y agradecido”. En ocasiones también sus textos, escritos en tercera persona, defendían su integridad como doctor en Farmacia ante las acusaciones de charlatanería y desprestigio de la ciencia con que le insultaban sus colegas. “Aunque exagere la gente, no diciendo la verdad, Luna, 6, en mi farmacia, quien quiera me encontrará”.

Del Doctor Garrido se decía que no faltaba nunca a las fiestas y regocijos populares. Muy aficionado al teatro llegó a encargar al dramaturgo Ángel María Segovia un apropósito (breve pieza teatral) titulado “El doctor Gorrilla siempre en su farmacia: o Nadie se muere hasta que Gorrilla quiere”, basada en su persona, que fue estrenada en el teatro de la Alhambra de la calle de la Libertad de Madrid, en octubre del año 1874.

La farmacia de Garrido, que había contratado a un hombre anuncio, también pasaba consulta médica, llegando a tener tres sucursales en total: dos en la calle de la Luna, números 6 y 38, y otra en la calle de la Madera, número 24, en la que se atendía gratuitamente. Despachaba a toda España contestando a correo seguido a los que de provincias nos escriben

El Doctor Garrido vendió su célebre farmacia de la calle de la Luna en el año 1893, falleciendo nueve años más tarde. Desaparece el último representante de toda una época, de un gran cacho de historia española contemporánea, decían las reseñas que sobre él se escribieron en los periódicos.

Fuente: Jesús y María Paz Cardona Conthe (1941).
"Farmacia Conthe - Antigua del Dr. Garrido". Los cristales de la fachada se conservan en el interior del local.
Fotografía: M.R.Giménez (2013)

En la década de los años veinte del siglo pasado la farmacia de la calle de la Luna, número 6 ya era propiedad de la familia que actualmente la dirige con el nombre de Farmacia Cardona.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Decoración interior de la farmacia Cardona, con la imagen de Galeno.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Decoración interior de la farmacia Cardona con una alegoría de la Farmacia.

El militar Julián Conthe Monterroso se haría cargo del establecimiento, expropiado durante la Guerra Civil Española, hasta que fue fusilado en el año 1936. El negocio continuó abierto y fue Luis Cardona Prado, yerno del anterior, quien mantuvo la oficina de esta farmacia cuyas paredes de oscura madera, cenefas y capiteles dorados que acompañan a los perfiles de Galeno e Hipócrates, por fortuna hoy podemos seguir admirando.




Fuentes:

“Anales histórico-políticos de la Medicina, Cirugía y Farmacia” de Manuel Fernández de Gregorio.
“La Farmacia Española” Revista científica y profesional.
pinarejolamancha.blogspot.com
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es

Los antiguos cafés de Madrid agradecen muy especialmente la colaboración de los farmacéuticos Jesús y María Paz Cardona Conthe de la “Farmacia Cardona”, su amabilidad, facilidades, la información aportada para este blog y sobre todo su amena y muy interesante conversación.

viernes, 8 de noviembre de 2013

EL EDIFICIO DE LA GRAN VÍA, NÚMERO 3 DE MADRID Y SU CAFÉ.

Hubo una vez en la Gran Vía un armonioso edificio, propiedad de la mutua “Los Previsores del Porvenir” y proyectado por los arquitectos Javier y Luis Ferrero Tomás. 

El inmueble pasó a la historia con el infamante honor de haber sido el primero en desaparecer de la Gran Vía de Madrid, sin haber cumplido los cincuenta años de existencia.

Fuente: Nicolas1056 (1918)
Casa de los Previsores del Porvenir en lo que hoy es Gran Vía, nº 3.

La Casa de los Previsores del Porvenir se levantaría desde el año 1917 en la tercera parcela del primer trozo de la Avenida “A”, o sea la primera manzana a la izquierda, entrando por la calle de Alcalá, que después quedó con el nombre de Gran Vía o avenida del Conde de Peñalver, número 22 (hoy Gran Vía, nº 3). 

En el solar de 354 m2. comunicado con la calle del Caballero de Gracia, se elevó este edificio cuya altura sobresalía ligeramente de la de sus vecinos, aunque estética y convenientemente integrado, ofreciendo en su fachada una mezcla entre representativa e industrial con cuatro alturas aparentes que disimulaban seis reales. El frontis, realizado en piedra, tenía un gusto barroco en sus dos primeras plantas siendo más sobrio en el resto y quedó rematado por el templete de su reloj, que a los lados tenía las efigies del Trabajo y del Ahorro.

El interior fue diseñado para alojar las oficinas de la compañía separando los espacios con mamparas de madera y vidrio que no llegaban al techo, permitiendo así el aprovechamiento de la luz y una conveniente ventilación. Fue dotado con inodoros y lavabos para ambos sexos con ventanas a un patio interior sin cubrir, luz eléctrica y calefacción por sistema de agua caliente, con un depósito de expansión instalado en la parte alta del edificio. En su centro había un hermoso patio cubierto por cristales. 

La pavimentación del suelo se había realizado en mármol, loseta hidráulica y tarima, según la utilización de las diferentes estancias. Completaba la decoración una escalera de mármol con barandilla de hierro y un ascensor eléctrico instalado en su hueco.

En el año 1917 la compañía inauguraría el inmueble arrendando de inmediato los dos locales situados a pie de calle. Una empresa de automóviles ligeros y de camiones, propiedad de Antonio Jaén, se instalaría en uno de ellos mientras en el otro el Café de S. Paulo (Brasil) llegó dispuesto a enseñar a los madrileños como hacer un buen café.

Fuente: B.N.E. (1918).
Café de S. Paulo (Brasil).

Este elegantísimo establecimiento se montó gracias al patrocinio del gobierno del Estado Federal de Sao Paulo de Brasil con la finalidad de publicitar el producto, también realizaba degustaciones y era punto de venta. El público puede probar la infusión antes de comprar café en grano o molido, enseñando incluso a prepararlo por el procedimiento brasileño, que es el mejor y más económico.

Fuente: B.N.E. (1917)
Anuncio con precios de una taza y un kilo de café.

La instalación del café de S. Paulo fue realizada por la casa Algueró e Hijo, de la calle de Maldonado, que dividió el local en dos secciones para el público: un despacho de café y el salón para degustaciones. El recinto estaba dotado también de almacén y tenía su propio tostadero con todos los adelantos modernos.

Fuente: B.N.E. (1918)
Sala de degustación del café.

En los años finales de la década de los veinte del siglo pasado, la empresa de automóviles y el café de S. Paulo trasladaron sus negocios a otros locales de Madrid y sus huecos serían aprovechados por las oficinas de los propietarios del edificio.

Fuente: Memoriademadrid.es (1934).
Los locales de la planta baja ya estaban ocupados por las oficinas de Los Previsores del Porvenir.

La Mutualidad de los Previsores del Porvenir funcionó hasta el año 1957, pasando a convertirse en Previsores Reunidos S.A. manteniendo el mismo domicilio social de la Gran Vía, número 3. En los primeros años de la década de los sesenta del siglo XX, el inmueble pasaría a ser la sede del banco Continental y aquí comenzaría su ruina.

Fuente: ABC (1965).
El edificio había cambiado ya su fisonomía y la Gran Vía se denominaba oficialmente av. de José Antonio.

Salvo excepciones, relativamente alejadas en el tiempo y desde luego no actuales, la ciudad de Madrid ha caído en manos de alcaldes ignorantes, catetos y especuladores (la lista de adjetivos podría ser eterna) que jamás han sabido ni querido conservar la historia de esta ciudad. Su afán por la destrucción del patrimonio en pos de una renovación a la que ellos llamaban y llaman modernidad, con la que los madrileños casi nunca estuvimos de acuerdo, no esconde más que lucrativos negocios para unos pocos además de enmascarar un empeño codicioso en la pérdida de memoria histórica de Madrid, ellos sabrán por qué.

Tal es el caso de José Mª de la Blanca Finat Escrivá de Romaní, más conocido como el conde de Mayalde, que los madrileños tuvimos que sufrir como alcalde entre los años 1952 y 1965. Este destacado represor de la dictadura franquista, entre otras cosas, no puso ninguna objeción a la hora de eliminar de la Gran Vía el magnífico edificio del que hoy hablamos aquí. De esta manera, en el año 1962 comenzó la demolición de su fachada e interior, convirtiendo el inmueble en una ridícula edificación que si hoy no pasa desapercibida será únicamente por romper la armonía de su entorno. 

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Este es el edificio actual de la Gran Vía, nº 3.

La actual edificación de la Gran Vía, número 3 se debe al arquitecto José Manuel Marañón Richi, quien únicamente dejó esta construcción en Madrid. 




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Memoriademadrid.es
Revista “La construcción moderna”.
Nicolas1056
Es.wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.