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sábado, 24 de agosto de 2013

LAS CASAS DE BAÑOS EN LA CALLE DE LOS JARDINES.

“Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón”. Juan López de Hoyos (1511-1583) afirmaba que este era el lema de los orígenes de Madrid, por la gran cantidad de aguas que en el subsuelo había.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Plaza de Puerta Cerrada con el mural de Alberto Corazón realizado en el año 1989. 

La calle de los Jardines, situada entre las de la Montera y Virgen de los Peligros, albergó desde el siglo XVI varias suntuosas casas con espléndidos jardines y de ahí tomó su nombre. La frondosidad de aquellos era debida a la enorme cantidad de aguas subterráneas de esa parte de Madrid, que daría origen a partir del año 1629 a la creación de la casa de baños más antigua de la Villa titulada los Baños del Cura.

Fuente: Bvpb.mcu.es
Plano de Tomás López (1785) en el que se aprecian las manzanas números 291 y 292 de la calle de los Jardines, cuyo nombre no aparece en el plano. También se representa la pequeña plazuela que se formaba en esa vía. 

El italiano Domingo Lapuente, que residía en Madrid en el año 1628, consiguió un privilegio durante dos décadas para la instalación de una casa de baños en la calle de los Jardines, que sería la primera de la capital. El día 25 de agosto de 1628 obtuvo la licencia a condición de que las aguas fueran examinadas por los protomédicos del Consejo y que este servicio no se utilizara más que por “prescripción facultativa”, al ser exclusivamente considerado como medicinal. Es así como abren los baños denominados del Cura, que en el año 1815 estaban en el número 13 de la calle de Jardines, manzana nº 292.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
La calle de los Jardines, en la actualidad. Al fondo la calle de la Montera. La parte derecha de la foto correspondería a la manzana número 292, donde estuvo la Casa de baños del Cura.

En el año 1786 los baños del Cura tenían siete pilas: tres de piedra de una pieza y cuatro de barro de Colmenar aún más apreciados por ser más suaves y poderse bañar a la francesa. Contaban con todas las aprobaciones necesarias y sus aguas son de tan buena calidad que se beben. Las aguas residuales iban a parar a unos registros, con sus trampillas de madera, según las órdenes dadas por el Tribunal del Real Proto-Medicato (cuerpo técnico encargado de vigilar el ejercicio de las profesiones sanitarias). El coste por servicio, en el año 1832 ascendía a 6 reales sin ropa y 7 reales con ropa.

Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882) los recuerda como “estrechos y sucios aposentos, de mezquinas pilas en el suelo y desnudez absoluta de adornos y atavíos”, cuando en el año 1835 fue a visitarlos y sólo encontró el rótulo de lo que había sido el ya desaparecido establecimiento.

El éxito obtenido por los Baños del Cura, propició la apertura de varios negocios similares. Es así como alrededor del año 1760, Eugenio de Mena abriría una nueva casa de baños en el número 51 (luego 53) de la calle de los Jardines, titulada Baños de Mena. 

(Nota.- Hay que recordar que los números de las casas de entonces no tenían el orden actual, la numeración par e impar se entremezclaba y variaba con bastante frecuencia debido a las nuevas construcciones. Todos los edificios correspondientes al siglo XVIII ya han desaparecido en esta calle).

Fuente: B.N.E. (1807)
Anuncio en prensa de los Baños de Mena.

La prensa informa que en el año 1807 los baños de Mena estaban situados en el número 53 de la calle de los Jardines, en la rinconada que hacía una diminuta plazuela (desaparecida) situada hacia la mitad de la vía, frente a los citados del Cura. 

Los precios por el servicio fueron variando con los años, así en 1811 un baño costaba a 8 reales y 9 reales con ropa; en 1815 a 10 reales y con sábana a 11 reales, ofertando también un baño con asiento a 12 reales y a 13 reales ese mismo con sábana, importes que se mantenían aún en 1821.

En el año 1835 Ramón de Mesonero Romanos también nos habla de los Baños de Mena, establecimiento entonces aún abierto: “Sencillez y naturalidad en el aparato, eso sí, como podrían ser los baños en tiempo de Adán; media docena de sillas y un arcón supletorio para sentarse: una tinaja de agua, emblema del edificio; una sala interior bien caldeadita, por supuesto, con los efluvios de los baños que la rodean, y basta una docena de aposentitos estrechos, conteniendo cada uno la menguada pila en que con dificultad una anguila podría revolverse”. 

El procedimiento utilizado para llenar las pilas de los baños era manual. Dos hombres sacaban el agua de los pozos y la depositaban con cubos dentro de cada una de ellas.

Los baños de Mena supervivieron hasta el final de la década de los años treinta del siglo XIX.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
La calle de los Jardines, acera de los números pares y manzana 291. En esta parte de la calle se concentraron la mayor parte de las casas de baños. 

Otro negocio de baños abriría, dos décadas después de los de Mena, en la calle de los Jardines, número 51 (que mantendría su numeración hasta que cerró) con el nombre de Baños de Canet.

Joaquín Canet anunciaba en el año 1786 que tiene ocho baños cómodos y decentes de piedra blanca y fina, siendo dos de ellos a la francesa. El establecimiento se hallaba situado en la manzana 291, al igual que el de Mena, y para llegar a la casa se indicaba que debía accederse por la Red de San Luis, a mano derecha.

Fuente: B.N.E. (1786).
Anuncio de los Baños de Joaquín Canet.

El precio por baño en el año 1817 era de 10 reales y 11 reales con ropa; cinco años más tarde, tal vez debido a la competencia, el importe había bajado a 8 reales y 9 reales con ropa, ofertando abonos que rebajarían el precio a 7 reales por servicio. El “Fontanero mayor” habría reconocido que el agua de los baños de Canet era cristalina, delgada y de la mejor calidad para el efecto.

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
La calle de los Jardines desde la calle de la Montera.

Es muy probable que el negocio de los baños de Canet cambiara de dueño y pasara a denominarse Baños de la Cruz, durante la segunda década del siglo XIX. En el mes de junio de 1828 aparece por primera vez dicha marca en la prensa, precisando su dirección en la calle de los Jardines, número 51, a mano derecha entrando por la Red de San Luis, en la séptima casa de la derecha, donde estuvieron los de Canet.

Estos de la Cruz eran unos baños que sólo abrían durante el verano al precio de 8 reales sin ropa y 9 con ropa, rebajando el precio durante la década de los años treinta de ese siglo, en un real. Parece que siguieron abiertos y en uso hasta mediados del siglo XIX, momento en que la calle de los Jardines comenzaría su remodelación derribando las viejas casas y construyendo nuevos edificios. 







Fuentes:

“Panorama matritense” Ramón de Mesonero Romanos (1835-1838).
“Obras jocosas y satíricas de El Curioso Parlante” Ramón de Mesonero Romanos (1832-1842).
“Casas de baños en Madrid” María del Carmen Simón Palmer.
Es.wikipedia.org
Bvpb.mcu.es
Hemeroteca B.N.E.
Agradecimiento a Vicente Valdés por las facilidades para realizar fotografías.



jueves, 15 de agosto de 2013

EL CAFÉ DE ZARAGOZA DE LA PLAZA DE ANTÓN MARTÍN.

Quien hoy pasea por el ensanche que la calle de Atocha de Madrid tiene a la altura de la calle del León, habrá llegado a la plaza de Antón Martín; plazuela que ya figuraba en el plano de Pedro Texeira (1656) con dicho apelativo. Plaza agitada por sucesivas contiendas desde que en el año 1766 comenzase allí el Motín de Esquilache y que fue apodada de la “Republica” o de la “Revolución”, por la pluma de algún periodista de la Generación del 98 porque allí han repercutido casi todas las revoluciones, asonadas, trifulcas, motines, tumultos y alborotos posteriores.


Fuente: Memoriademadrid.es (1870)
La Fuente de la Fama de la plaza de Antón Martín.A la derecha la calle del León y en su esquina el café de Zaragoza. Al fondo se aprecia la fachada de la iglesia del Real Colegio de Nuestra Señora de Loreto.


Allí se inauguró la Fuente de la Fama, del arquitecto Pedro de Ribera (1682-1742), hoy situada en la trasera del Real Hospicio de San Fernando (Tribunal), cuya portada churrigueresca corresponde al mismo maestro.

En los años treinta del siglo XVIII, Felipe V ordenó la instalación de la fuente en Antón Martín para suministrar agua a aquellos barrios. Los vecinos hubieron de correr con los gastos de la instalación, detalle que sin duda desagradaría a más de uno; éste fue el motivo por el que al inaugurar la obra apareció junto a ella un gran cartel que decía: “Deo volente, rege suvente, et populo contribuente se hizo esta fuente” (Dios lo quiere, el rey lo manda, y por el pueblo contribuyente se hizo esta fuente).

Fotografía: M.R.Giménez (2010)
La Fuente de la Fama en su actual ubicación de Tribunal.

Alrededor del año 1866 abre, en la esquina de la calle de Atocha, número 79 (hoy 59) con la del León, el café de Zaragoza que sería conocido también por el nombre de café de Antón Martín al estar situado en la misma plaza (aunque la numeración de las fincas era y sigue siendo la de la calle de Atocha, al no existir la plaza propiamente dicha).

Fuente: B.N.E. (1896)
Interior del café de Zaragoza en una tarde de domingo del mes de noviembre de 1896.

Eran tiempos agitados los años sesenta del siglo XIX. El 22 de junio de 1866, la plaza se convirtió en uno de los escenarios de la malograda sublevación de los militares del cuartel de San Gil para derrocar a Isabel II. “La barricada de la plaza de Antón Martín era el más terrible de todos aquellos confusos amontonamientos de adoquines, tierra, carruajes y muebles, que la revolución había hecho surgir, soplando sobre las calles de Madrid”. (“La araña negra” de Vicente Blasco Ibañez). 

Dos décadas más tarde, el 19 de septiembre de 1886, la plaza de Antón Martín y el café de Zaragoza fueron marco de la sublevación republicana del general progresista Manuel Villacampa del Castillo. Junto a un grupo de militares afines se situó en el de Zaragoza a la espera de que los regimientos que le eran afines se reunieran en la estación del Mediodía (actual Atocha), a las 10 horas de la noche. Pero un espía ha ido á avisar al coronel, Alfonsino declarado (partidario del fallecido Alfonso XII y de su sucesor Alfonso XIII), el cual acudió y al frente de los soldados de guardia, trató de impedir la salida a su regimiento. El intento de sublevación fue un fracaso.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Hoy es así la calle de Atocha, esquina a calle del León, donde estuvo el café de Zaragoza. 

El café de Zaragoza llegó a ser uno de los más populares de Madrid. Café de barrio con media docena de puertas para su acceso. En sus numerosas tertulias participaban, entre otros, el político y periodista Nicolás María Rivero, el tenor Julián Gayarre Garjón, que hacía propaganda republicana en los tiempos belicosos del café y cantaba “El himno de Riego” entre los aplausos de los asistentes; el escritor Vital Aza Buylla y un cuantioso número de estudiantes de Medicina procedentes de la cercana facultad.

En este café se congregaban los republicanos del distrito todos los días 11 de febrero de los primeros años de la Restauración, tras la Primera República Española, cuando estaba prohibido comentar esa fecha. Entonces y después se hacía tocar al piano “La Marsellesa” en los momentos solemnes. 

Los conciertos de música, muy populares en los cafés de la época, atraían a numeroso público y sirvieron como inicio de las carreras profesionales de muchos destacados maestros como Federico Chueca Robres, Joaquín Valverde Durán, José Gainza Garamendi (que solía compartir “un bisteck” con Julián Gayarre cuando éste aún no era famoso), el violinista Abelardo Corvino o el pianista José Balsa.

En el año 1896 el café de Zaragoza cambió de dueño y fue reformado. El agua de Madrid debía ser por entonces bastante poco apta para el consumo, por lo que el nuevo propietario anunciaba en la prensa la instalación de un filtro sistema Howatson de gran potencia, que permite ofrecer agua cristalina y limpia de materias nocivas, además de continuar con la música selecta por la noche. Todo ello no impediría en el mes de febrero de 1898 la detención de doce miembros de la estudiantina titulada Rondalla Aragonesa, por haber cantado una copa alusiva a la Reina Regente (María Cristina) en el café.

Fuente: Viejo-Madrid.es (1930).
La plaza de Antón Martín en 1930 ya no tenía fuente, la iglesia de Loreto había desaparecido y el café de Zaragoza era un ya bar-café refugio de toda la gallofa madrileña.

Un crimen tuvo lugar en el café de Zaragoza el día 28 de noviembre de 1911. Una tarde el respostero del establecimiento había ordenado a uno de los pinches la limpieza de unas garrafas para preparar helado. El subalterno se negó y parece que contestó de muy mala manera a su jefe, quien le replicó diciendo que hablaría con el dueño del establecimiento. El pinche cogió un cuchillo de cocina, se abalanzó sobre el repostero y lo hundió en su espalda causándole la muerte instantánea, por lo que sería acusado de asesinato con alevosía.

El día 1 de marzo de 1918 se anuncia la clausura del viejo café de Zaragoza de la plaza de Antón Martín, cuyo recuerdo perviviría en las páginas de novelas como “Torquemada en la cruz”, “Torquemada en la hoguera”, “Fortunata y Jacinta” y “Cánovas” y varias más de Benito Pérez Galdós. También Pío Baroja Nessi hace mención al de Zaragoza en la trilogía de “La lucha por la vida”. “Manuel descansó. Salieron por la calle de la Magdalena a la plaza de Antón Martín y entraron en el café de Zaragoza. Se sentaron los dos y Vidal pidió dos cafés con dos medias tostadas”. (“La busca” de Pío Baroja -1904-).

Poco tiempo después de su desaparición abrió en el local otro café-bar llamado también de Zaragoza. De él habían desaparecido ya las tertulias revolucionarias y los estudiantes de Medicina, siendo su parroquia refugio de toda la gallofa madrileña, en el año 1929. Pero el nuevo establecimiento también cerraría, a mediados del siglo XX, para convertirse en una oficina bancaria.





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Es.wikipedia.org
Prensahistorica.mcu.es
Memoriademadrid.es
Viejo-Madrid.es
“Las calles de Madrid” de Pedro de Répide.
“La araña negra” Vicente Blasco Ibáñez.
“La busca” y “Mala hierba” de Pío Baroja Nessi.

lunes, 5 de agosto de 2013

LA PLAZA DEL PROGRESO, SU CAFÉ, UNA ESTATUA Y UN CINEMATÓGRAFO.

La hoy denominada plaza de Tirso de Molina de Madrid fue anteriormente, desde el año 1840 y hasta el inicio de la dictadura franquista, la plaza del Progreso. Aún queda quien por este nombre la conoce porque, en esta ciudad, los cambios de designación nunca se aceptan por las buenas.


Fuente: Davidrumsey.com
Plano de Madrid (1831) en el que se aprecia la configuración de lo que sería la plaza del Progreso. 

El convento de la Merced, demolido tras la Desamortización de Mendizábal (1835-1836) ocupaba desde el año 1564 los terrenos de lo que luego sería esta plaza del Progreso. Estaba circundado por las desaparecidas calles de los Remedios, la Merced y Cosme de Médicis, que serían incorporadas a la explanación del solar. Durante algún tiempo el lugar fue conocido como plazuela de la Merced y estuvo ocupado por los escombros del derribo. 

En el año 1840 dieron comienzo las obras de la plaza; se limpiaron escombros, plantaron árboles y dio en llamarse del Progreso. Dos años más tarde se dispuso en un extremo una fuente de bien extraña forma. Posteriormente se instaló una estatua y se ajardinó.

Fuente: Memoriademadrid.es (1933)
Fotografía actual: M.R.Giménez (2013
Aspecto de la entonces llamada plaza del Progreso, en el año 1933 y de la hoy denominada plaza de Tirso de Molina (2013).

La estatua que adornaba la plaza del Progreso fue dedicada, tras multitud de controversias, al político liberal Juan de Dios Álvarez Mendizábal (1790-1853) quien había llevado a cabo la famosa Desamortización. 

El monumento a Mendizábal fue obra del escultor José Gragera Herboso y se erigió por suscripción popular a nivel nacional. Su fundición defectuosa y la mala elección de los metales que la componían, hizo que la estatua presentara un aspecto deteriorado desde el principio. Por otra parte, la negativa del gobierno a la solicitud de instalarla en un lugar público casi se convirtió en un problema de estado, no siendo hasta después de la Revolución de 1868 (La Gloriosa) el momento en que finalmente formaría parte de la plaza del Progreso.

Hasta el año 1904 la estatua no tuvo una placa con el nombre de Mendizábal. Todo el mundo sabía quién era el allí representado, con sus largas capa y patillas. Un cantero, vecino de la plaza, regaló la inscripción “El pueblo de Madrid a don Juan Álvarez Mendizábal. 1904”, que a partir de entonces figuró en el pedestal.

Fuente: Foto izquierda Jean Laurent (anterior a 1904)
Foto de la derecha, B.N.E.  (1930)
Dos imágenes de la estatua de Mendizábal: La primera sin placa identificativa.

La estatua de Mendizábal fue retirada de su pedestal, y muy probablemente destruida, inmediatamente después de terminar la Guerra Civil Española (1936-1939). En el mismo lugar y sobre la misma peana se instaló en el año 1943 a fray Gabriel Téllez (1579-1648), Tirso de Molina, quien da nombre a la plaza y a la estación del Metro desde entonces.

Como todas las plazas que se precien, la del Progreso también tuvo su café. En la esquina con la calle de Lavapiés, número 2 (antes Real de Lavapiés), en la antigua casa numerada con el 1 de esta plaza, estuvo el café del Progreso.

Fuente: "AHORA" (1931).
Fachada e interior del café del Progreso. 

Parece que el del Progreso vino a establecerse en la plaza a mitad del siglo XIX. Dotado como todos los demás de billares y música, llamaba la atención por la buena charanga que ameniza la reunión ejecutando bellas y difíciles piezas musicales. En septiembre de 1863 su dueño, Anastasio Molina, vuelve a abrir tras una reforma del local y contrata al célebre violinista Fortuny, que dará conciertos de seis a siete y de doce a dos. Andando el tiempo, el café anunciaba tener un precioso y sonoro piano de manubrio, que alquilaría para los festejos de las bodas.

Conocido en todo Madrid por sus “bisteks” y por la celebración de banquetes conmemorativos del aniversario de la primera República española, de nuevo se realizaron obras de reforma en su interior, anunciando la reapertura en abril de 1877 como un café elegante y espacioso. Por las condiciones con que se ha montado, puede figurar al lado de los mejores del centro de la corte.

La parroquia del Progreso parece que fue heterogénea. Melómanos y tertulianos de este café de barrio se mezclaban con locuaces timadores que lo tomaron como punto de reunión para embaucar a los incautos extranjeros que por él pasaban. 

Una nueva y definitiva reforma del local tuvo lugar en el año 1894. Sus dueños de entonces, los hermanos Rodríguez, lo dotarían de enseres nuevos, decorado nuevo, excelente instalación de luz, frescos alegres y agradables del pintor Antonio Candela. Para entonces ya era el Gran café del Progreso y anunciaba conciertos del afamado violinista Agustín S. Arista, acompañado del pianista Gallart.

En los años veinte del siglo pasado el negocio pasa a manos de un nuevo dueño llamado José Gándaras, quien lo renombraría como Nuevo café del Progreso. Especializado en sopas, caldos, bistecs, aperitivos y jarabes, ya contaba con comedores particulares, lo que no impediría que en el año 1931 cerrase sus puertas al ser demolido el edificio para levantar sobre su terreno un nuevo coliseo llamado cine Progreso.

Fuente: Madridlavapies.blogspot.com (1933)
Fachada del cine del Progreso frente a la estación de Metro del mismo nombre, entonces (hoy Tirso de Molina).

El cine Progreso o del Progreso, edificio proyectado por el arquitecto Joaquín Saavedra de la Torre siguiendo los cánones del Art Decó, fue inaugurado oficialmente el viernes 27 de enero de 1933 con la película muda “Chang” (“Campeón”) dirigida por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, en el año 1927. 

Fuente: B.N.E. (25 de enero de 1933).
Publicidad en prensa de la inminente apertura del cine del Progreso.

La empresa Patuel, propietaria también del cine Avenida de la Gran Vía de Madrid, abre éste del Progreso como un cinema de reestrenos o películas exhibidas con anterioridad en los cines principales. 

El precio de las entradas era de dos pesetas en butaca para la sesión de tarde, a las 6,30h. y de una con setenta y tres en la noche, que comenzaba a las 10,30h.

Durante la Guerra Civil Española la planta baja del cine se convirtió en Casa de Socorro del distrito. 

El cine Progreso dejó de existir como tal a principios de los años ochenta del siglo pasado, para reabrir como teatro el día 17 de diciembre de 1987.








Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Es.wikipedia.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Mcu.es (archivos Laurent J. y Passaporte Antonio)
Memoriademadrid.es
Periódico “AHORA”
Davidrumsey.com
Madridlavapies.blogspot.com
C.O.A.M –Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.