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viernes, 19 de abril de 2013

CAFÉ DE LOS ARTISTAS Y LA FARMACIA PUERTO DE LA PLAZA DE SAN ILDEFONSO.


La plaza de San Ildefonso, que sin nombre aparece en el plano de Pedro Texeira (1656), continúa relatando historias interesantes http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es/2012/04/cultura-jamming-en-la-plaza-de-san.html y no sólo por lo que esconde el viejo edificio del siglo XVIII, donde dicen que tuvo lugar el primer sorteo de la lotería, por su derruido mercado o por la iglesia, también por el antiguo y desaparecido café-teatro que por allá estuvo y sobre todo por la farmacia Puerto, que allí continúa. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Lugar donde estuvo situado el café-teatro de Los Artistas. A la derecha se aprecia la calle de Santa Bárbara y a la izquierda la calle de San Joaquín.

No es mucho lo que sabemos del café-teatro de los Artistas, que estuvo situado en la calle de Santa Bárbara, números 8 y 10, con salida por la calle de San Joaquín, a dos pasos de la plaza. Las primeras noticias en prensa sobre este local datan del inicio de los años cincuenta del siglo XIX. 

Este café, además de billar, tenía instalado en su interior un pequeño teatro en el que se representaban obras, sainetes y números musicales en los que solían intervenir actores que comenzaban sus carreras, como el que fue luego muy popular José Mesejo (1842-1911). Por cincuenta (dos reales) o sesenta céntimos el dueño del local servía café y los actores una obra, a veces en cinco o seis actos. 

Gran tumulto causaría la representación de un sainete el domingo 6 de octubre del año 1867 cuando hubo necesidad de conducir a la casa de socorro a una mujer, no desvanecida por lo que había visto en el escenario, sino descalabrada durante la representación por el golpe de una taza, que de entusiasmo la arrojó un parroquiano. 

Este de los Artistas también vendía entradas para otros espectáculos, como el baile de máscaras de Bellas Artes, al precio de 12 reales para los caballeros y 8 reales para las señoras. 

En el año 1873 el café de los Artistas cambió de dueño quien, tras realizar una reforma completa del local durante dos años, reabre el sábado 25 de septiembre de 1875 con un muy anunciado concierto del cuarteto de profesores: Espinosa, Power, Vidal y el violinista Antonio Fortuny. Este nuevo propietario sería el Sr. Masa, que deseaba dar un nuevo ambiente al local y no ha perdonado medio ni sacrificio alguno para dotar a aquella parte de la población de un verdadero centro de recreo, estableciendo todos los jueves y domingos conciertos de cuarteto y piano. El café de los Artistas pasaría entonces a llamarse café de Masa y tendría una efímera vida, ya que el día 30 de septiembre de 1876 un anuncio en prensa informa del alquiler de un espacioso local con seis puertas, que fue el café de los Artistas de la calle de Santa Bárbara. 

Mucho más interesante y antigua es la farmacia que casi milagrosamente subsiste hoy en este lugar de Madrid. 

Situada en la plaza de San Ildefonso, número 4, la farmacia Puerto es una de las más bonitas y antiguas de Madrid, pero ya hay noticias de una botica instalada en el mismo lugar de esta plaza y de su boticario, Lucas López Moya, en el año 1654. En ese momento es cuando Felipe IV concede el privilegio de “Arte científico en todo por igual a la medicina” a las farmacias, que pasarían de ser un oficio artesanal a una profesión científica. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
La farmacia Puerto en la actualidad.

Estos eran los tiempos en que los límites de Madrid, por esta zona, se encontraban en la Puerta de Santa Bárbara (hoy plaza de Alonso Martínez), la Puerta de los Pozos de la Nieve (hoy glorieta de Bilbao), la Puerta de las Maravillas (hoy la calle de San Andrés) y la Puerta de San Bernardo (hoy glorieta de Ruíz Jiménez). 

Fue el arquitecto/maestro de obras Manuel Bradi (magnífico urbanista y proyectista que realiza la mayor parte de su trabajo en Madrid entre los años 1777 y 1824) quien diseñó la nueva plazuela de San Ildefonso en el año 1798, dándole la forma y la amplitud que actualmente tiene. A partir de entonces otras casas irán sustituyendo a las antiguas, será demolida de nuevo la vieja iglesia de San Ildefonso (1810) para construir la actual (1827) y se instalará el primer mercado cubierto de Madrid (1835-1970). Sabemos que el edificio original donde siempre estuvo emplazada la botica de la plaza de San Ildefonso, antes de su remodelación, se situaba frente a la iglesia, tenía dos alturas y en su distribución contaba con caballerizas, patio, pozo y cueva. Se encontraba en la manzana número 450 que fue adquirida, en su totalidad, por el boticario Plácido Briega Regidor. La casa de la farmacia sería demolida en el año 1798 por ser de las más deterioradas debido a su antigüedad y para construir el actual edificio, dotado de más alturas, que iría acorde con la nueva plaza, volviendo a instalar la farmacia en él. 

Fuente: bvpb.mcu.es
Plano de Madrid de Tomás López (1785), pocos años antes de realizar la ampliación de la plaza de San Ildefonso. La flecha indica el lugar donde estuvo la farmacia, en la manzana 450.

El doctor Diego García-Herreros (que llegaría a ser director del Colegio de Farmacéuticos de Madrid en sucesivos años desde 1830) se haría cargo de la farmacia de la plaza de San Ildefonso, que por aquellos años sería la que estaba situada más al norte de Madrid, mereciendo una reseña en la prensa del mes de agosto de 1846 por su magnífica y rica decoración. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Bustos de Galeno e Hipócrates que decoran la farmacia Puerto desde la primera mitad del siglo XIX.
 
Esta botica, que por la magnificencia del local ha sido la primera en Madrid, es una de las más elegantes. Dotada de una notable y extensa anaquelería de maderas finas y enriquecida por molduras doradas, que rodean a los bustos de Galeno e Hipócrates, la botica sustenta su techo sobre cuatro columnas jónicas de nogal delante de las que hubo una grandiosa fuente de mármol blanco, en cuya pila se lavan las medidas, embudos, espátulas y demás útiles, todo de plata. El mostrador del local es, aún hoy, una magnífica mesa rectangular de caoba, ancha de dos varas y tres de largo (2,70 m. de largo, 1,50 m. de ancho y 0,91 m. de alto). El botamen, la cristalería y todos los adornos son magníficos. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Ana Fernández Díez bajo las columnas de nogal y junto a la magnífica mesa mostrador.


Foto: M.R.Giménez (2013)
Mesa mostrador de caoba y detalle de una de sus patas.
 
El local aún conserva muchos de los antiguos frascos de cristal (botamen) con sus correspondientes etiquetas identificativas e ingredientes en su interior. Ha perdido el antiguo y hermoso pavimento de azulejos de Valencia, pero contiene un magnífico bajorrelieve alegoría de la Farmacia química, sobre la puerta del despacho, un aterciopelado sillón de espera, dos porcelanas del primer tercio del siglo XX, que probablemente siempre se utilizaron como adorno y varios curiosos recipientes de cristal con tapadera que contienen numerosos ejemplares de peces y caballitos de mar. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Alegoría de la Farmacia química y botamen.

Durante los años cincuenta del siglo XIX la farmacia de la plazuela de San Ildefonso (entonces número 7) tuvo como propietario a Carlos Ferrari Scardini (1820-1890), eminente doctor de amplia formación intelectual que tradujo al español numerosos tratados de química orgánica, fue catedrático de Química y llevaría a la farmacia a ser un codiciado lugar para la realización de prácticas de los estudiantes de Farmacia. Ferrari instalaría también en el local su propio laboratorio, anunciando la venta de las pastillas pectorales de la Ermita y de las aguas minero-medicinales Salinas Frías, tituladas de la Margarita, Loeches o la pomada para las grietas de los pechos del doctor Roncal, entre otros productos. 

En los primeros años del siglo XX se hace cargo del negocio el burgalés Antígono Puerto García, llamando por su apellido a la farmacia y laboratorio, además de modificar la fachada del negocio, tal y como hoy la podemos ver. En el año 1914 registra un producto químico de su invención para el cabello, un purgante y el callicida Ungüento Mágico que ¡Es Definitivo! y otros productos farmacéuticos como el Anticatarral Puerto, Antihemorroidal Puerto, Callidol líquido y la Crema Venus (producto cosmético que evita granos y arrugas). 

Antígono Puerto llevó a cabo la constitución del Sindicato Agrícola de Zazuar (Burgos), su pueblo natal, en el año 1905, con el fin de fomentar los cultivos y abonos más adecuados a los terrenos de los sindicados. Posteriormente buscó instalarse en una población importante, por lo que anunciaba en los periódicos del año 1912 su intención de comprar una farmacia o droguería, lo que conseguiría abonando 9.000 pesetas, anunciando al año siguiente la farmacia Puerto en la plaza de San Ildefonso de Madrid. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Tarro en el que se conservan peces y caballitos de mar de Antígono Puerto.

Gran aficionado a la pesca (de él son, sin duda, los peces y caballitos de mar que se encuentran en los tarros de cristal de la farmacia) fue elegido presidente de la Sociedad Sport de Pesca y Caza, en los años treinta del siglo XX, fundando la revista “Caza y Pesca” en el año 1934. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Separación de cristal con la rebotica en la que aparecen las siglas de Antígono Puerto. 

Antígono Puerto fue miembro de la Confederación Española de Derechas Autónomas (C.E.D.A de Gil Robles) y tras el comienzo de la Guerra Civil Española (1936) su farmacia fue incautada por el sindicato Unión General de Trabajadores (U.G.T.). El 25 de abril de 1936 un grupo no identificado lo detiene en su domicilio y posteriormente aparece asesinado. Al finalizar la Guerra Civil el negocio es devuelto a la familia Puerto, haciéndose cargo del mismo José A. Puerto, hijo del anterior propietario, en el año 1941. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Siglas misteriosas de la puerta de la farmacia.

La farmacia Puerto aún guarda un misterio que nadie ha sabido resolver: En su puerta de acceso están grabadas unas letras (FCC, FLL o tal vez el primer carácter sea una H) que no se ha descifrado hasta el momento. 

En la actualidad la farmacia Puerto mantiene su nombre y legado, pero es propiedad del licenciado Felipe Gómez, totalmente desvinculado de los anteriores dueños. 








Fuentes:
“La farmacia de la plaza de San Ildefonso (Madrid)” Francisco Javier Puerto.
“El medicamento en el escaparate. La publicidad farmacéutica en España” Francisco Javier Puerto.
“La parodia teatral en España: 1868-1914” Francisca Íñiguez Barrena.
Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma de Madrid.
Hemoroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
“Antíguos cafés de Madrid” desea agradecer muy especialmente a la farmacéutica Ana Fernández Díez de la farmacia Puerto su amabilidad y simpatía, su inestimable colaboración para la realización de esta entrada, su valioso aporte de información y las facilidades para la realización de las fotografías que ilustran esta historia.


lunes, 8 de abril de 2013

EL CAFÉ DE FRANCIA Y EL CAFÉ DE PARÍS DEL PASAJE MATHEU.


A escasa distancia de la Puerta del Sol, entre las calles de la Victoria y de Espoz y Mina, se encuentra el Pasaje de Matheu. 


Foto: M.R.Giménez (2011)

En el año 1836 la desamortización de Mendizábal se llevó por delante, entre otros, al convento de mínimos de San Francisco de Paula (convento de la Victoria -1561-), que se extendía desde la entrada de la calle de Carretas hasta la de La Victoria y desde la calle de la Cruz a la Carrera de San Jerónimo, aproximadamente. El enorme solar se planificó entonces para levantar viviendas y abrir nuevas vías de acceso siendo adquirido por el comerciante Manuel Matheu Rodríguez con esa finalidad, al precio de tres reales el pie cuadrado. El terreno pronto se revalorizaría debido a la ampliación de la Puerta del Sol del año 1857. 

Fuente: Arquimatica.com
Plano de Pedro Texeira (1656) en el que se destaca el convento de La Victoria.

Es así como la calle de Espoz y Mina alargó su extensión y se abrió el pasaje comercial de la Equidad y Bazar de la Villa de Madrid, nombres por los que también era conocido el pasaje de Matheu, que fue construido entre los años 1843 y 1847 por el arquitecto Antonio Herrera de la Calle, entre la citada de Espoz y Mina y la calle de la Victoria. 

Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de Madoz y Coello (1848). En ese momento ya estaba construido el pasaje de Matheu.

El pasaje fue diseñado con lujo para instalar en él tiendas de ropa para señora y caballero ya que Matheu era entonces director de la empresa “La Villa de Madrid”, que expedía sus productos textiles tanto a España como al extranjero. Estaba cubierto por un techo de cristal sobre una armadura en curva elíptica de hierro de tres metros de altura. Su entrada por la calle de Espoz y Mina se hacía a través de un arco de medio punto sobre el que había esculturas alegóricas al comercio de Francisco Pérez. El vestíbulo estaba decorado por pilastras corintias con pedestal y su pavimento era de mármol. Toda la anaquelería de las tiendas era de caoba con adornos dorados, al igual que los mostradores y escaparates. La superficie total del recinto era de 3.166 pies cuadrados. (Un pie = 27,86 cm.). 

Fuente: B.N.E. (1847)
Aspecto del novedoso pasaje de Matheu tras ser inaugurado.

Parece que el pasaje y su bonito techo entraron en decadencia hacia el final de los años cincuenta del siglo XIX, poco tiempo después de la liquidación de la sociedad “La Villa de Madrid” que tuvo lugar en 1854. Según los periódicos del momento, muchos de los cristales que cubrían el pasaje estaban rotos y permitían el paso de las aguas de lluvia, sin que nadie se tomara la molestia de arreglarlo. Ya en el año 1874, la bóveda de cristal había sido eliminada y el pasaje estaba a cielo abierto, convertido en una calle peatonal. 

Manuel Matheu, que falleció intestado, también fue apoderado de la “Compañía general de pozos artesianos” que contó con el exclusivo privilegio real, por cinco años y en toda España, para acometer perforaciones con un nuevo sistema a vapor que permitía taladrar en 12 horas, 25 pies. Es así como, según Ramón Gómez de la Serna, en los terrenos del pasaje de Matheu se llegó a perforar el agujero más profundo de Madrid, un pozo artesiano tan hondo que terminó por cerrarse. 

En la segunda mitad del siglo XIX, dos cafés fueron a instalarse también en este pasaje y eran los preferidos de los ciudadanos franceses que venían a Madrid: El café de Francia y el café de París. 

El café de Francia o Francés, se inauguró en el año 1867 y estaba situado en la calle de la Victoria, números 6 y 8, haciendo esquina con el pasaje de Matheu. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aquí estuvo el café de Francia.

Fue, junto a su vecino el café de París, el primero en sacar terraza a la calle ante la mofa de quienes aún no estaban acostumbrados a ver semejante servicio en Madrid y repetían con insistencia que aquel debía ser un local tan pequeño, que las mesas debían estar fuera. 

Era un café tranquilo y dotado de mesas de billar. Silencioso hasta el punto de jugar a los dados con cubilete de cuero y tapete sobre la mesa, para mitigar el ruido. Un lugar donde nadie miraba a nadie y aburrido, en contraste con el bullicio del resto de los cafés de Madrid. 

Fue el propietario más conocido del café de Francia Camilo Double, un fracés muy simpático que huyó de Francia en 1871, cuando Thiers (Louis Adolphe), el llamado enano sangriento, venció a la Commune y fusiló a centenares de comuneros. Era éste un hombre alto, grueso y elegante que saludaba a los parroquianos y daba el brazo a su esposa para llegar hasta la mesa. 

Una noche del mes de febrero de 1882, a la hora de más concurrencia en el local, sucedió un hecho insólito para el sosiego acostumbrado. Un jinete abrió de improviso la puerta y penetró con su caballo, recorriendo el café, ante el pasmo y el terror general. Todo el mundo corrió a refugiarse en los rincones que encontraba mientras el paseante decía: Señores, no hay que asustarse porque ni a ustedes ni a mí, ni a mi caballo nos va a suceder nada. Naturalmente fue detenido por una pareja del orden público, comprometiéndose a pagar cuanto hubiesen roto él y su caballo, y como no se había roto nada, nada tuvo que pagar. 

En septiembre del año 1897 llega a Madrid M. León Gandeaux, ciudadano francés y oficial de artillería quien dice haber dado la vuelta al mundo a pie. El dueño del café Francés puso a su disposición una habitación con asistencia completa, por todo el tiempo que le plazca permanecer en Madrid. Pero, al parecer, se trataba de un distinguido timador que procedía de Argelia y fue descubierto durante su visita a Barcelona, ciudad a la que llegó un mes después. No era militar ni tampoco había recorrido la distancia de sesenta mil kilómetros en cinco años, como aseguraba. 

No es difícil imaginar la animación, proporcionada por aquellos cafés, en el pasaje de Matheu cada 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla. Los adornos con banderas galas, los faroles, la música de chotises revolucionarios, los bailes y La Marsellesa acompañada a coro por toda la concurrencia de ciudadanos franceses, en su gran mayoría. 

Cuando estalló la guerra europea, como España era neutral, hubo que impedir que los franceses que aquí residían demostrasen de una manera candorosa su noble patriotismo. Se prohibió la celebración de la fiesta del 14 de julio en el Pasaje Matheu. Esta fue la herida de muerte para sus cafés. 


Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual del pasaje de Matheu. Al fondo se aprecia la calle de la Victoria. A la derecha estuvo el café de Francia y a la izquierda el café de París, con sus respectivas terrazas.

El café de París, frontero al de Francia, estaba en la calle de la Victoria, número 4, haciendo esquina con el pasaje de Matheu. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aquí estuvo el café de París y su terraza.

Debió abrir sus puertas hacia el principio de la década de los años setenta del siglo XIX y también, como su vecino el de Francia, tenía habitaciones a modo de pequeño hotel. 

El sosiego y la amabilidad de sus parroquianos proporcionaron escasas noticias en la prensa sobre algún acontecimiento singular en este café. Tal vez alguna riña entre los ocupantes de su entonces “original” terraza y algún transeúnte contrariado por ella, que los hubo; el hurto de un gabán o la negativa a pagar lo consumido. 

El de París era el café que anunciaba vender ostras frescas de Arcachón a 1,50 y se sirven a domicilio, en el año 1892. También fue el centro de información escogido por los redactores y corresponsales de los periódicos de Madrid, para seguir telefónicamente el resultado de la lotería del mes de diciembre de 1918 para lo que, la Cía. de Teléfonos puso hilo directo con la Casa de la Moneda. 

La única trifulca más sonada y que hizo cerrar las puertas del café de París por el orden público, tuvo lugar el 14 de julio de 1915. El sexteto que tocaba habitualmente en el café interpretó La Marsellesa como colofón a la fiesta francesa, que fue cantada por todos los asistentes. Se pidió una nueva interpretación del himno que fue rematada con tantos vítores y aplausos que no gustaron a los guardias desplegados por la zona, quienes obligaron a desalojar tanto el local como el pasaje de Matheu. 

El café de París cerró a finales de la segunda década del siglo pasado, un poco antes de que lo hiciera su vecino Francés. 

El pasaje de Matheu se convertiría, a partir de entonces, en una calle plagada de negocios dedicados a la restauración y a la venta de entradas para las corridas de toros. 





La presente entrada se publicó en la revista digital “La Gatera de la Villa” nº 12 correspondiente al mes de diciembre de 2012. 








Fuentes consultadas:

Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
 “Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos. 1876.
 “Pombo. Biografía del célebre café y otros cafés famosos” Ramón Gómez de la Serna. 1941.
“Vivir de las rentas. El negocio del inquilinato en el Madrid de la Restauración” Isabel R. Chumillas. 2002
“Guía de arquitectura y urbanismo de Madrid” C.O.A.M.
Madripedia.es
Es.Wikipedia.org
Arquimática.com
Cartotecadigital.icc.cat. 

lunes, 1 de abril de 2013

LOS CAFÉS Y LA FONDA DE SAN LUIS DE LA CALLE DE LA MONTERA.


Los trescientos treinta y tres metros de longitud de la calle de la Montera de Madrid parecen haber estado siempre plagados de comercios, fondas y, por supuesto, de cafés. Esta vía, cuya empinada cuesta comienza en la Puerta del Sol, continúa hoy con el mismo bullicio. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Maqueta de Dionísio León Manuel Gil de Palacios (1830) en la que se representan todas las casas y la iglesia de San Luis Obispo de la calle de la Montera, acera de los números impares.

Desde mediados del siglo XVI se sabe que existió la iglesia de San Luis Obispo en la calle de la Montera, que al ser originalmente de una sola nave fue demolida y vuelta a levantar en el año 1679 haciendo esquina con la calle de San Alberto y con fachada trasera a la plaza del Carmen. Este antiguo templo fue quemado en los primeros meses del año 1936, pero ya habría dado nombre a una famosa fonda y a varios cafés que se instalaron en esta vía. 

Fuentes: Foto izquierda, Rayosycentellas.net
Foto derecha, Palomatorrijos.blogspot.com (1935)
Iglesia de San Luis Obispo en fachada de la calle de la Montera, esquina con la calle de San Alberto.
La misma iglesia en su fachada de la plaza del Carmen, con el antiguo mercado del mismo nombre. 

Los orígenes encontrados en prensa sobre la fonda de San Luis de la calle de la Montera datan del año 1800, cuando aún el número de cada casa se ponía aleatoriamente, si es que llegaban a tenerlo. Hay noticias acerca de que esta fonda estuvo situada frente al número 32 (antiguo) en el año 1813, cuando ahí se inauguró un café llamado del Comercio que se haya bien surtido de vinos extranjeros a precios equitativos. Lo que se pone en noticia del público para su inteligencia. 

Lo que sí sabemos es que la fonda estuvo en la acera de los impares de la calle de la Montera, junto a la iglesia de San Luis Obispo - de ahí su nombre – y que en el año 1824 era ya acreditada y antigua, ofertando comidas cuyo precio oscilaba entre los 6 y los 30 reales, en adelante

El local debía ser algo siniestro, a decir de los viajeros que sobre él escribían; oscuro y miserable, de techos bajos y con pequeñas habitaciones sucias. Las comidas eran excesivamente grasientas y fuertemente especiadas, servidas en mesas con manteles que nunca se cambiaban. A pesar de todo estaba considerada como una de las mejores de Madrid y hasta el escritor Washington Irving (1783-1859) comió varias veces en esta fonda en el año 1826, durante una visita a Madrid. Por aquellos años sabemos que estaba situada en el número 17 (antiguo) de la calle de la Montera, antes de la reforma de la Puerta del Sol de mediados del siglo XIX. 

Fuente: Memoriademadrid.es (Entre 1921 y 1933).
Calle de la Montera e iglesia de San Luis Obispo. La fonda de San Luis habría sido, posiblemente, la casa más cercana a la iglesia.

La fonda de San Luis ocupaba tan solo la segunda planta del edificio que tenía entrada principal por la calle de Montera y otra secundaria por la entonces calle de Los Negros (hoy calle de Tetuán, en el tramo comprendido entre la calle del Carmen y la plaza del mismo nombre). El negocio también tenía un café en la planta baja al que, como no podía ser de otra manera, llamaron café de San Luis, que dejaría de existir definitivamente en el año 1862, al vender todos sus efectos sobrantes

En el mes de junio de 1846 el negocio acomete grandes reformas y se anunciaba ya como hotel-fonda ofertando también la venta de pastelillos de crema y bizcochos de Granada; por entonces las comidas se pagaban a 20 reales y tenía bastantes quejas de los clientes por las cortas raciones de sus platos. A pesar de todo el poeta Ramón de Campoamor Campoosorio, cuando era Jefe político de Alicante (Gobernador civil) en noviembre de 1849, recibiría allí un magnífico homenaje. También Mr. Alejandro, un famoso vendedor de sanguijuelas de goma, remedio utilizado por los facultativos de la época, vendía por lotes su producto en la fonda de San Luis. 

Fuente: B.N.E. (1850)
Mr. Alejandro vendía en la fonda de San Luis su remedio curativo.

El día 11 de agosto de 1858 el famosísimo prestidigitador, grueso, sesentón e italiano Giovanni Bartolomeo Bosco, realizó un ensayo de su destreza ante varios periodistas en la fonda de San Luis. 

Al grito de “Espíritus míos, obedecedme” los objetos que tenía en sus manos se hacían invisibles ante la mirada atónita de un público congregado alrededor del artista. Anillos, pañuelos, cajas y limones desaparecían o se escapaban de las manos de los espectadores. Le llenó a uno la mano de monedas, le mandó cerrarla fuertemente y sin acercarse a él, las monedas aumentaban o disminuían a capricho del que las apretaba. 

Fuente: B.N.E. (1880).
En ese año sabemos que la fonda de San Luis estaba en el número 17 de la calle de la Montera.

Durante los primeros años del pasado siglo XX, la fonda de San Luis se convirtió en Gran restaurant. En el año 1905 este nuevo negocio ocupaba el entresuelo del edificio, entonces número 29 de la calle de la Montera (junto a la iglesia). Con esmerado servicio y limpieza en la cocina ofertaba cubiertos de 1 a 3 pesetas, en adelante, poniendo a disposición de los clientes abonos por carnets desde 50 pesetas al mes, para las comidas. 

En el año 1912 lo que fue fonda, café y más tarde gran restaurante de San Luis, se trasladó a la calle de Fuencarral. 

Un nuevo café de San Luis aparece en la calle de la Montera, número 42 (hoy correspondería con el edificio del número 48), junto a la Red de San Luis, hacia la mitad del siglo XIX. 

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
El más reciente de los cafés de San Luis. En su fachada se recuerda que en el año 1853 José Mª Iparraguirre cantó el himno Guernikado Arbola, en el café que estuvo situado donde hoy se encuentra éste.
 
Este café era entonces el lugar de reunión de los ciudadanos vascos que vivían en Madrid y entre ellos José María Iparraguirre Balerdi (1820-1881), que haría más famoso a este local por interpretar aquí su Guernikako Arbola. 

Fuente: ABC
Cuadro del pintor Gregorio Hombrados Oñativia que representa a Iparraguirre durante el estreno de su Guernikako Arbola, en el café de San Luis.

Iparraguirre procedía de Guipúzcoa y había escapado de su casa a la edad de trece años, alistándose en el ejército para participar en la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Tras la contienda había viajado por Francia, donde conoció a una cantante que le enseñó música y a tocar la guitarra. Prosiguió viaje por Europa mientras componía un buen número de canciones. 

En el año 1853 regresó a España y se instaló por poco tiempo en Madrid actuando en el café de San Luis, donde estrenaría su célebre Guernikako Arbola (El árbol de Guernica) que se convertiría en casi un himno del País Vasco. Iparraguirre había compuesto la letra de la canción, que cantó acompañado de su guitarra y del pianista Juan José Altuna, quien sería el artífice de la música. El memorable éxito alcanzado aquella imprecisa noche, es recordado hoy por una placa sobre la fachada del reciente café de San Luis, situado en el número 48 de la calle de la Montera. 

Iparraguirre volvería a Euskadi en el año 1854, recorriendo pueblos y cantando el himno; tal entusiasmo producía entre la población que fue detenido temiendo que se alterara el orden público. Entonces marchó a América para regresar, posteriormente, a España y sufrir bastantes penalidades debido a su falta de recursos. Varios escritores e intelectuales vascos consiguieron una pensión para él, que poco tiempo pudo disfrutar porque fallecería a los pocos meses. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Historias y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Washington Irving en Madrid (1826-28): Cristóbal Colón” Eric Breeman.
Es.wikipedia.org
Palomatorrijos.blogspot.com
Rayosycentellas.net