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sábado, 23 de marzo de 2013

EL CAFÉ LION Y SU BALLENA ALEGRE.


A menudo suele confundirse el nombre de este café, la forma en que se escribe y su ubicación. La prensa consultada y las memorias de muchos tertulianos que al café Lion asistieron transcriben “Lion” o “Lyon” indistintamente, añadiendo también a esta circunstancia el hecho de mezclar el emplazamiento, los hechos, personajes y acontecimientos que tuvieron lugar en el café Lion d’Or (que estuvo situado en la calle de Alcalá, número 18) con los que pasaron por el café Lion de la calle de Alcalá, número 59, sobre el que aquí vamos a hablar. 


Foto: M.R.Giménez (2008)
Fachada de lo que fue el café Lion y hoy es un pub restaurante de ambiente irlandés.

La fecha de apertura del café Lion (que siempre se escribió sin acento) se remonta al sábado día 10 de octubre de 1931. Fue propiedad de la familia Gallardo - que también había fundado el viejo café Lion d’Or - hasta su cierre en el año 1993 y posterior venta del local. Hoy el lugar está ocupado por un bar y restaurante de ambiente irlandés, que desearía recuperar las tertulias de tiempos pasados. 

Fuente: alternativaovni.blogspot.com
Puerta de acceso al antiguo café Lion con sus faroles, hoy inexistentes.
En sus inicios el café Lion ocupó dos locales que tenían comunicación entre sí, los situados en los números 57 y 59 (que en el año 1931 correspondían a los números 59 y 61) de la calle de Alcalá. Esto hizo del establecimiento un lugar espacioso, aunque algo oscuro, pero de gusto modernísimo y servicios impecables. También se instaló en sus sótanos un elegante salón de un depurado carácter alemán, cuya originalidad no tiene ningún precedente en la ciudad de Madrid. Efectivamente, bajo el café y correspondiendo a la finca número 59 actual, se inauguró Zum Lustigen Walfisch o La Ballena Alegre

Foto: M.R.Giménez (2012)
Mural de Hipólito Hidalgo de Caviedes situado en la escalera de acceso a los bajos del café. En alemán se lee La Ballena Alegre, nombre del sótano del café. 
Tanto el café como su sótano acogieron a multitud de tertulias, fundamentalmente literarias y compuestas por personajes de antagónicos pensamientos. Era 1931 el año en que se proclamó la II República Española, tiempo convulso que degeneraría en la Guerra Civil Española del año 1936 cuyo resultado sería la posterior dictadura fascista. 

Grupos de intelectuales u otros se reunían en el Lion “juntos, pero no revueltos” y en ocasiones, a decir de los asistentes, algunos de ellos con la pistola bajo la chaqueta. 

José Bergamín Gutiérrez creó en el Lion la revista “Cruz y Raya. Revista de afirmación y negación” cuyo primer número apareció el día 15 de abril de 1933 y dejó de editarse con la Guerra Civil. Entre los ciento ocho colaboradores de esta publicación mensual figuraban: Miguel Hernández Gilabert (poeta), José Caballero (pintor), Luis Cernuda Bidón (poeta), Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda), Federico García Lorca (poeta), Rafael Alberti Merello (poeta), José Ramón Marín Gutiérrez (Ramón Sijé) y se puede decir que toda la Generación del 27. Además del nombre de la revista, que contaba con editorial propia, “Cruz y Raya” era una de las tertulias del Lion a la que también acudía el torero Ignacio Sánchez Mejías. A la muerte de éste último, Federico García Lorca escribiría su “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, libro que sería publicado por dicha editorial. 

Otra de las tertulias del café Lion era la formada por el ensayista y poeta Guillermo de Torre, también Gustavo Pittaluga González del Castillo (compositor), Francisco Ayala García-Duarte (escritor) y Antonio de Obregón Chorot (guionista y periodista), entre otros. 

Ramón María del Valle-Inclán también pasó por el Lion. Sentado en una mesa de rincón, recibía a los contertulios: Anselmo Miguel Nieto (pintor), Rafael de Penagos Zalabardo (pintor) y al doctor Salvador Pascual Ríos. 

Fue muy célebre un concierto algo improvisado del guitarrista Regino Sainz de la Maza, en el café Lion. Con el pie apoyado sobre un grueso tomo de una obra de Eugenio D’Ors Rovira, acompañó los versos del poeta Antonio Machado que leía su hermano Manuel. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Interior del antiguo café Lion, en la actualidad. 

Tras la Guerra Civil Española se intentó retomar la tertulia a la vieja usanza en el café Lion, pero diblando las dificultades y obstáculos que la dictadura imponía para ejercer el derecho de reunión. 

En el año 1939, se funda “Ocio atento” bajo la presidencia de José María de Cossío Martínez Fortún y con Manuel Machado Ruiz, ejerciendo como secretario. Entre los integrantes de esta tertulia se encontraban: Leopoldo Panero Torbado, Luis Rosales Camacho, Dionisio Ridruejo Jiménez, Luis Felipe Vivanco (todos ellos de la Generación del 36), Gerardo Diego Cendoya (Generación del 27), Federico Sopeña Ibáñez, Ignacio Zuloaga Zabaleta (Generación del 98), entre un largo etcétera. 

Esta tertulia pasaría ocho meses después a tener su sede en la Biblioteca Nacional de España, cambiando su nombre por el de “Academia menor Musa Musae” (Lugar de las musas), prohibiendo taxativamente el acceso a las mujeres. 

Como decíamos, La Ballena Alegre era el local situado en los bajos del café Lion. 

Fuente: Revista "Cortijos y Rascacielos. (1931)
Así era La Ballena Alegre cuando se inauguró el café Lion. Aquí aparecen los murales pintados por de Hipólito Hidalgo de Caviedes.

Decorada por los murales del figurativo pintor Hipólito Hidalgo de Caviedes Gómez (1902-1994), que también realizaría trabajos para el Bar Chicote, La Residencia de Señoritas de la Junta de Ampliación de Estudios (Hoy Fundación Ortega y Gasset), el Bar Capitol y Telefónica, La Ballena Alegre fue un celebrado centro de tertulias, hoy utilizado como almacén debido a que la normativa de incendios del Ayuntamiento de Madrid impide en él las reuniones. 

Fuente: El País (2008).
Aspecto de La Ballena Alegre, en la actualidad. El local se utiliza como almacén ante la imposibilidad de abrirlo al público, pero teniendo sumo cuidado para no deteriorar los restaurados murales.
En los tiempos de la II República, mientras la Generación del 27 se reunía en el café Lion, la Falange con José Antonio Primo de Rivera a la cabeza, lo hacía en La Ballena Alegre. Aquí se escribió el himno falangista y, a decir de los parroquianos asistentes, se percibía una gran tensión cuando cualquiera de los integrantes a esta tertulia se cruzaba con poetas como Miguel Hernández o Federico García Lorca. 

La Ballena Alegre continuó siendo, tras la Guerra Civil, lugar de certámenes de poesía, exposiciones e incluso charlas sobre ovnis. En los años sesenta del siglo pasado allí celebraban su conventículo los miembros del “Aquelarre Poético”; en la década de los años ochenta el “Taller Prometeo de poesía nueva” realizaba conferencias y actos, presentaciones de libros y muchas cosas más. Pero hoy, La Ballena Alegre es un triste lugar a la espera de tiempos mejores, que por fortuna mantiene intactas las pinturas restauradas de Hipólito Hidalgo de Caviedes. 











Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Hemeroteca de El País.
“Madrid de la República” de José Esteban.
Es.wikipedia.org
Revista “Cortijos y Rascacielos”
Alternativaovni.blogspot.com
“La academia poética Musa Musae” de Federico Utrera.

Agradecimiento al Irish-Pub “The James Joyce” por permitir las fotografías de interior.

viernes, 15 de marzo de 2013

LA CALLE DE LORETO PRADO Y ENRIQUE CHICOTE, CAFÉ EL CAFETAL.


Los escasos noventa y seis metros de esta calle del centro de Madrid, también tienen su historia. 

Ya en el plano de Pedro Texeira (1656) esta vía aparece con el nombre de San Joseph. En un momento impreciso entre los años 1831 y 1836, cambiará su nombre por el de travesía de la Ballesta y en el año 1854 pasará a denominarse calle de La Lealtad para retomar el anterior, sólo dos años más tarde. Desde el día 18 de enero de 1936 la pequeña travesía situada entre las calles de la Ballesta y la Corredera baja de San Pablo tiene por nombre el de calle de Loreto Prado y Enrique Chicote aunque es más conocida por Loreto y Chicote, para abreviar. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Calle de Loreto Prado y Enrique Chicote vista desde la Corredera baja de San Pablo.

En el número 3 de esta calle, en casa de un hojalatero que tenía tienda y salida posterior por la calle del Desengaño, estuvo escondido el general Leopoldo O’Donnell Jorís (1809-1867) preparando el pronunciamiento militar que se conocería como la Revolución de 1854 o “Vicalvarada”. Esta circunstancia hizo que la travesía diera en cambiar su nombre por el de calle de la Lealtad, agradeciendo el silencio que todos los vecinos guardaron durante los cuatro meses que O’Donnell estuvo oculto en ella. 

Sobre la fachada de la casa número 8 hay una placa dedicada al escritor chileno Augusto D’Halmar (Augusto Goemine Thompson. 1882-1950). D’Halmar fue el autor, entre otras obras, de “Pasión y muerte del cura de Deusto” y asistió con frecuencia a las tertulias de los cafés Lyon D’or (calle de Alcalá) y Reina Victoria (calle de San Bernardo). Escribió para su epitafio: Nada he visto sino el mundo y no me ha pasado nada sino la vida. 

Fuente: ABC. Foto: M.R.Giménez (2013)
La fotografía de la izquierda corresponde al descubrimiento de la placa para Augusto D'Halmar, el día 29 de octubre de 1958. A la derecha, la misma placa en la actualidad.

Sabemos de esta calle que siempre fue un lugar de talleres, almacenes, alquiler de habitaciones y academias para la instrucción de señoritas y de preparación para los exámenes de Correos. Algo descuidada en cuanto a la limpieza y con el suelo empedrado en cuña, no fue hasta el año 1931 que el ayuntamiento decidió cambiar su pavimento por otro de asfalto o microgranito por sus condiciones antihigiénicas y peligrosas. 

El día 18 de enero de 1936, a las 4,30 horas de la tarde, llovía a mares. Estas fueron la fecha y la hora elegidas para el nuevo y último cambio, hasta hoy, del nombre de la calle referida. 

Foto: M.R.Giménez (2012). Fuente: ABC (18 de enero de 1936).

La lápida con el nombre calle de Loreto Prado y Enrique Chicote fue realizada por la empresa Cerámica Madrileña (fundada en el año 1878 y enclavada en Vallecas, a 2 kilómetros de la capital); representa un castizo rincón de los barrios bajos especificando que se trata de “La Corrala”. Su diseño fue elegido en base a que esta pareja de actores había representado como nadie el casticismo madrileño. 

Fuente: ABC (1936)
El día en que esta calle tuvo por nombre Loreto Prado y Enrique Chicote, llovía a mares.

La actriz Loreto Prado Medero (1863-1943), era una mujer pequeña, ágil, vivaracha, dueña de mil recursos y de un espíritu arrollador. Formó pareja exclusivamente artística durante casi cincuenta años con el actor y empresario teatral Enrique Chicote del Riego (1870-1958), que la contrató en el año 1897 para formar parte de su compañía. Ambos fueron el dúo teatral más conocido de Madrid llegando a representar juntos casi dos mil comedias, sobre todo de Carlos Arniches Barreda, y fundamentalmente en el desaparecido teatro Cómico. 

Como no podía ser de otra manera, la calle de Loreto Prado y Enrique Chicote también tenía su café. 

Fuente: B.N.E. (1911)
Anuncio del café El Cafetal que hacía esquina con la calle de Loreto Prado y Enrique Chicote, aunque tenía acceso por la Corredera baja de San Pablo, número 4.
 
Haciendo esquina y con entrada por la calle de la Corredera baja de San Pablo, número 4, El Cafetal ofrecía a sus clientes vermouths, vinos y licores de las mejores marcas, además de obsequiar los viernes con una copa de licor a quien tomara un café. Eran los tiempos en que un café con media (tostada) costaba 0,25 pesetas, allá por el año 1911. 

Foto: M.R.Giménez (2011)
Esquina de la calle de Loreto Prado y Enrique Chicote con la de Corredera baja. Allí estuvo el café El Cafetal.
En la fotografía de la derecha se aprecia el interior del que fue café, en la actualidad.
 
Hoy la calle de Loreto Prado y Enrique Chicote ha cambiado sus talleres, almacenes y academias por tiendas de ropa y complementos de diseño. El café El Cafetal pasó a ser una tienda de pinturas, hace ya muchos años. Pero, tal vez por casualidad, hay una pequeña sala de teatro que representa obras de quince minutos para un reducido aforo. Es muy probable que el público asistente a este diminuto teatro desconozca quienes fueron los dos actores más populares de Madrid durante más medio siglo, cuyos nombres figuran desde el año 1936 en esta calle. 











Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca ABC
Es.wikipedia.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Agradecimiento especial para el Restaurante Lara, por la información aportada sobre el café El Cafetal.

viernes, 8 de marzo de 2013

FELIZ DÍA 8 DE MARZO.

Foto: M.R.Giménez (2013)


Para las mujeres que trabajan y para las que no pueden hacerlo.

Para quienes defienden la igualdad de los derechos de TODOS los seres humanos.

¡¡¡¡ FELIZ DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA, SIN RECORTES !!!!



miércoles, 6 de marzo de 2013

LA PLAZA DEL RASTRILLO DEL ESPÍRITU SANTO.


En un lateral de la calle del Espíritu Santo (antes de la Cruz del Espíritu Santo) de Madrid, en pleno barrio de Malasaña, se abre esta plazuela que allá por los años sesenta del siglo pasado el ayuntamiento decidió apodar con el nombre de Juan Pujol, mientras para los vecinos siempre fue la plaza del Rastrillo. 


Foto: M.R.Giménez (2013)
La Plaza del Rastrillo, para los vecinos y de Juan Pujol, nombre oficial. A la izquierda la calle del Marqués de Santa Ana (antes del Rubio). A la derecha el inicio de la calle del Tesoro.

En esta irregular plaza también confluyen las calles del Marqués de Santa Ana (antes del Rubio), de San Andrés y del Tesoro. Con el derribo de algunas casas que hubo en el comienzo de esta última calle, pudo agrandarse el espacio de esta plazuela a comienzos del siglo XX. 

Parece que la historia de este altozano de la calle del Espíritu Santo se remonta a los inicios del siglo XVII, cuando Madrid terminaba un poco más arriba de la calle del Divino Pastor y aún se podía atravesar la muralla por el portillo o Puerta de Las Maravillas. Eran los tiempos del rey Felipe III cuando esta zona estuvo habitada por gentes de malvivir, a decir de las crónicas, que se reunían en la Venta del Rubio (en lo que es hoy la calle de Marqués de Santa Ana). 

La noche del tercer día de la celebración de la Pascua del Espíritu Santo del año 1628, al parecer, cayó una exhalación (rayo) sobre la barriada y redujo a cenizas tres o cuatro de aquellas casuchas, provocando muertos y heridos entre los ciudadanos menesterosos que en ellas vivían. En conmemoración del hecho se erigió una cruz de piedra rematada por una paloma o Espíritu Santo, que dio nombre a la calle. El monumento desapareció en el año 1820. 

El rey Felipe IV, asiduo visitante de las guapas mozas del barrio, también anduvo por esta zona. Durante una noche de farra fue asaltado por ciertos individuos que se dieron a la fuga, tras dejar al monarca y a sus acompañantes heridos de cierta gravedad. Todos los hombres de los alrededores fueron detenidos, cinco de ellos pagaron con su vida la agresión y varias manos cortadas de muchos otros se expusieron bajo esta cruz, como “castigo ejemplar” para el resto de los ciudadanos. 

Fuente: B.N.E. (1929)
Ilustración de la plaza del Rastrillo en la que se aprecia la farmacia que aún hoy continúa.
Los gremios de roperos y prenderos (comerciantes de prendas, muebles y alhajas de segunda mano), vinieron a instalarse en la plazuela de la Cruz del Espíritu Santo tras un largo peregrinar por otras zonas de Madrid. Parece que tales negocios tuvieron su inicio a principios del siglo XVII en la plaza de Herradores y, tras las correspondientes protestas vecinales, aquellos comerciantes encontraron aquí su definitivo asentamiento, por lo que esta plaza fue conocida como El Rastrillo, por diferenciarla de El Rastro de la Ribera de Curtidores. 

Este pequeño mercado de objetos de segunda mano estaba unido al de alimentos, que partía de la plaza de San Ildefonso y se extendía también por las calles de la Corredera, alta y baja; funcionaba diariamente y sólo durante las mañanas. De las transacciones que se hacían en el Rastrillo, las mercancías pasaban de mano en mano hasta llegar al comprador definitivo. Facundo, uno de los más importantes negociantes del lugar, en el año 1929, decía: “En este negocio se gana poco, se vive mal, pero se come bien”. 

Pasa el tiempo y este Rastrillo ve incrementados su extensión y volumen por los cajones de mercancías que los comercios de la calle sacan a sus puertas. Así se empiezan a mezclar los alimentos crudos, las comidas hechas, las prendas y todo tipo de artículos variopintos, lo que conlleva una nueva protesta vecinal por la insalubridad que se detectaba en el lugar que hasta el año 1928 no ve cambiar su pavimento de tierra por el otro de pedernal, incómodo y desigual. En el primer tercio del siglo XX parece que la norma relega los puestos de alimentos al interior de las tiendas y del mercado de San Ildefonso (construido en el año 1835 y derribado en 1970), dejando la plaza del Rastrillo para la venta de objetos no alimenticios, disposición que no siempre se cumpliría. 

Fuente: Flickr.com Miope67 (1955).
La plaza del Rastrillo con una vendedora de verduras. Al fondo se aprecia el pequeño muro de separación con la calle del Marqués de Santa Ana.

La plaza del Rastrillo siempre tuvo una valla. El desnivel entre esta pequeña loma y la calle del Marqués de Santa Ana, hizo necesaria la construcción de una cerca que a lo largo del tiempo ha ido variando su modelo. 

Fuente: Flickr.com Miope67 (1946)
Pandilla de la plaza del Rastrillo. Tras el grupo, la calle del Marqués de Santa Ana. A la derecha se ve el diseño que tenía la separación del desnivel.
Por las fotografías sabemos que en el año 1946 había una verja de hierro, que en 1955 y hasta los primeros años del siglo XXI hubo un muro de ladrillo y que desde el año 2003, los alumnos de la cercana Escuela de Artes Aplicadas de La Palma realizaron el diseño que actualmente se puede contemplar. 

Diversos proyectos de aparcamiento tuvo el ayuntamiento de Madrid para esta plaza. En el año 1996 se planearía instalar en ella el primer aparcamiento robotizado de la ciudad, excavado en el subsuelo. Pero nada más comenzar el siglo XXI, se renuncia definitivamente a su construcción. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Aspecto actual de la valla de separación entre la calle del Marqués de Santa Ana y la plaza del Rastrillo.

Hoy la plaza del Rastrillo o plaza de Juan Pujol tiene un diminuto parque infantil, algún asiento, una triste y sucia cabina telefónica, un improvisado aparcamiento de motos y varias terrazas de los bares cercanos. 








Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
Miope67- Flickr.com
Elpaís.com