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martes, 31 de diciembre de 2013

PARA TODOS Y TODAS.

EN LOS ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID NOS TOMAREMOS LAS UVAS PENSANDO EN QUE SÍ SE PUEDE.

¡¡¡ FELIZ Y AFORTUNADO AÑO 2014 !!!

Foto: M.R.Giménez (2013)
El señor orondo de la calle de Postas, con su loro al hombro.

viernes, 20 de diciembre de 2013

BARES AUTOMÁTICOS EN MADRID. TÁNGER Y TOKI-ONA.

Las máquinas de café o refrescos, las expendedoras de comida rápida o de dulces que hoy son frecuentes un lugares públicos y centros de trabajo, serían un resumen moderno de lo que fueron en su día los bares automáticos que se abrieron en Madrid durante la segunda mitad de los años treinta del siglo XX. Aunque hay noticias en la prensa sobre la instalación de un pequeño bar automático en el vestíbulo del malogrado teatro Novedades de Madrid, alrededor del año 1902, de resultado efímero. 

Los primeros bares automáticos estaban dotados de un mecanismo muy simple y eran deficientes en su funcionamiento al introducir la moneda por la ranura señalada con el rótulo del manjar o la bebida que se apetece, y no suele salir nada. Sus defectos de funcionamiento y la picaresca para burlar sus dispositivos los hicieron fracasar, en un primer momento. Al final de la década de los años veinte se ideó en Alemania un distribuidor automático a prueba de monedas falsas basado en los más perfectos modelos norteamericanos, y a partir de entonces el negocio de los automáticos iría en aumento en toda Europa, llegando a Madrid en 1935.

El primero de estos establecimientos inaugurado en la Villa fue el Bar automático Tánger, en la avenida de Pi y Margall, número 11 (hoy Gran Vía, 33).

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual de la esquina de la Gran Vía con la calle de Mesonero Romanos, donde estuvo el Bar automático Tánger.

En la esquina de la Gran Vía con la calle de Mesonero Romanos vino a instalarse el Tánger, en la primavera del año 1935, dejando boquiabiertos a los que por su acera pasaban. Lo moderno llegaba, por fin, aunque los parroquianos de los cafés “de toda la vida” se convertirían en detractores del nuevo sistema. 

Fuente 1ª fotografía: Memoriademadrid.es (1935). 2ª fotografía: M.R.Giménez (2012)
A la izquierda la puerta de acceso del Bar automático Tánger. A la derecha, en la actualidad.

Obra del arquitecto Alberto López de Asiaín, del pintor Vicente Otero y del ebanista Julián García, solicitaba para su inauguración bebidas, conservas y toda clase de suministros directamente de productores sin intermediarios en anuncios de prensa durante el mes de mayo de 1935.

Fuente: Memoriademadrid.es (1935)
Interior del Tánger, desde la puerta de acceso. A la derecha, las máquinas expendedoras.

El local tenía una planta baja, con acceso desde la calle, en la que se encontraban las máquinas expendedoras y la barra del bar, con camareros. En su sótano se instalaron la cocina, el obrador, almacenes, aseos y otras dependencias del negocio. 

Los automáticos están calculados con arreglo al espesor, peso y diámetro de nuestras monedas, y cualquier pieza extraña no llega al mecanismo distribuidor, por lo que no puede existir el fraude. El Tánger tenía más de medio centenar de trabajadores con lo que las máquinas y la mecanización son una reivindicación total al esfuerzo primitivo, sin el doble esfuerzo manual que antes se realizaba.

Este negocio no se había ideado como café de tertulia sino como un bar de comida rápida que se consumiría de pie, en la barra o en los mostradores instalados a lo largo del recinto.

En el mes de enero de 1936 se anunció la inauguración de un servicio de restaurante cuyo cubierto, al precio de 3’90 pesetas, constaba de tres platos, cerveza o vino, postre y pan, además de continuar con las máquinas expendedoras.

El bar automático Tánger formó parte de las industrias socializadas por los trabajadores del Sindicato de Alimentación y Gastronómicos, durante la Guerra Civil Española. En el año 1948, el local anunciaba en la prensa su cierre y traspaso, finalizando para siempre su actividad.

Fuente: Memoriademadrid.es (1935)
Interior del Tánger con la puerta de acceso al fondo. La barra con camareros se situaba a la derecha y se observa la entonces novedosa iluminación indirecta.

En los llamados entonces “barrios bajos” de Madrid, concretamente en la plaza del Progreso (hoy plaza de Tirso de Molina), número 2, se inauguró en el mes de agosto de 1935 el Bar automático Toki-Ona.

Fuente: B.N.E.
Inauguración del Bar automático Toki-Ona, el día 1 de septiembre de 1935.

El Toki-Ona (nombre vasco que significa “Buen Sitio” en castellano), era propiedad de José Usera y Santiago Artola. Sus máquinas expendedoras automáticas fueron fabricadas por Construcciones Mecánicas Mundo e instaladas por Adolfo Ruiz de los Ríos, diseñador de las mismas.

Fuente: Fuenterrebollo.com (1933)
En el recuadro aparece el lugar donde dos años más tarde se inauguraría el Bar automático Toki-Ona.

El local tenía barra con camareros, pero carecía de obrador; su pastelería, repostería y panadería procedían de Viena Capellanes (establecimiento propiedad de la familia del escritor Pío Baroja, durante sus inicios).

La apertura del Toki-Ona fue todo un acontecimiento en Madrid ya que la española Alicia Navarro, elegida ese mismo año Miss Europa, fue la encargada de inaugurar el local y su jardín de verano, que servía también como restaurante.

Fuente: B.N.E. (1935)
En la fotografía aparece Alicia Navarro "Miss Europa", junto a las máquinas expendedoras del automático, el día de la inauguración del bar.

Pocos meses antes del comienzo de la Guerra Civil Española, el Aero Popular de Madrid (primer grupo español de vuelo sin motor) daría un homenaje en el Toki-Ona al entonces afamado piloto Antonio Menéndez Peláez, primero en sobrevolar el océano Atlántico desde Camagüey (Cuba) hasta Sevilla (España), en un avión monomotor de cabina abierta.

El Toki-Ona también sería socializado por los trabajadores del Sindicato de Alimentación y Gastronómicos, al igual que el Tánger, durante la Guerra Civil. En 1940 aún organizaba cenas con espectáculo.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es
Fuenterrebollo.com

Memoriademadrid.es

viernes, 13 de diciembre de 2013

CAFÉS DE LA ANTIGUA PUERTA DEL SOL DE MADRID.

La Puerta del Sol es, pues, el laboratorio político-cortesano, económico-social, científico y literario de Madrid…
“El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa”. Ramón de Mesonero Romanos. (1861)


Las obras de remodelación de la Puerta del Sol, cuya estructura hoy conocemos, se realizaron entre los años 1857 y 1862 con proyecto de los ingenieros/arquitectos Lucio del Valle Arana, Juan Rivera Piferrer y José Morer Abril. Sus 5.069 m2. de superficie se convertirían tras la remodelación en 12.320 m2.

Fuente: Bibliotecavirtualmadrid.org
Sección del proyecto aprobado de las obras de la Puerta del Sol. Las líneas finas muestran la configuración de las calles tal y como estuvieron hasta el inicio de la obra.

Todas las calles que en ella confluían, a excepción de las del Correo y Carretas, perdieron el espacio de los edificios de sus primeros tramos para dar amplitud a la nueva Puerta del Sol y disponer su forma semicircular. También desaparecieron las antiguas y estrechas calles de Cofreros y de la Zarza. Los nuevos edificios proyectados darían más anchura a las calles del Arenal, Preciados y Carmen.

Recorte de la fotografía: Charles Clifford (1857). Fuente: B.N.E.
(1) Taller de "Litografía de los Mineros".
Así era la antigua Puerta del Sol.

Los dos cafés más importantes de la antigua Puerta del Sol fueron el de Correos y el de Minerva. Se encontraban en puntos opuestos, uno cerca del inicio de la calle del Arenal y el otro cerca del principio de la calle de Alcalá.

Recorte de la fotografía: Charles Clifford (1857). Fuente: B.N.E.
El café de Correos aparece remarcado. Frente a él la "Principal", la entrada de la Casa de Correos.

En la manzana de casas comprendida entre las calles del Arenal y Preciados (que en medio alojaba a la diminuta calle de los Cofreros), frente a la Principal (puerta de acceso a la Casa de Correos), se inauguró el café de Correos en el año 1830.

Sabemos que durante la década de los años cuarenta del siglo XIX, fue propiedad de Isidro Miranda, dueño también de una empresa de diligencias con servicio al municipio de El Escorial, entre otros lugares, y que en este café se vendían los billetes para los viajes de esa compañía.

En el año 1847 Miranda abrió un nuevo y afamado café, que también sería fonda, denominado café de Correos, en pueblo de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Hoy el lugar existe manteniendo la denominación de “Miranda” y continúa siendo café, famoso por sus picatostes, y hotel. 

El café de Correos de la antigua Puerta del Sol tenía una parroquia de estudiantes y militares. Era un lugar bien situado en el centro de Madrid y, como tantos otros de la época, prácticamente no cerraba nunca. A finales del año 1855 y principios de 1856 la prensa da noticia de las redadas que la policía llevó a cabo en este café, deteniendo a toda su clientela. Eran los tiempos del delegado del gobierno Carlos Marfori Callejas, al parecer amante de la reina Isabel II y uno de los protagonistas de “Los Borbones en pelota”, sátira atribuida a los hermanos Béquer (Gustavo Adolfo y Valeriano). Marfori se propuso limpiar los cafés de Madrid de buenas piezas, para lo que no dudó en utilizar a las fuerzas del orden para arrestar indiscriminadamente a más de cincuenta personas cada noche. 

En el de Correos se reunía la Comisión de propietarios de las casas de la Puerta del Sol y calles adyacentes afectadas por la reforma que se llevaría a cabo, con el fin de compartir información y debatir sobre las indemnizaciones pertinentes.

El café desapareció bajo la piqueta que demolió la casa número 22 y las circundantes, llevándose consigo el famoso taller de “Litografía de los Mineros” de la calle de Preciados, esquina con la Puerta del Sol o la “Botica del señor Lletget”, que tenía fachada por la calle del Arenal. Con el tiempo, en la nueva Puerta del Sol se establecería otro café de Correos mucho más moderno.

Fotografía de Charles Clifford (1853). Fuente: Historias-matritenses.blogspot.com
Aparece remarcado el café de Minerva y a la derecha el inicio de la calle de Alcalá.

En el número 2 de esta antigua Puerta del Sol estaba el café de Minerva. Con el mismo nombre hubo otro anteriormente, en la calle de Atocha, número 28, frente a la iglesia de San Sebastián, café con pianista y lugar de encuentro para los estudiantes de la entonces Facultad de Medicina de San Carlos, situada en la misma calle. 

Ninguno de los cafés de Minerva dieron noticias a la prensa por acontecimientos de especial relevancia. Eran lugares tranquilos, no demasiado grandes y estaban considerados como cafés de segunda clase. 

Del Minerva de la Puerta del Sol sabemos que fue inaugurado poco antes del comienzo de las obras de remodelación de la zona. Tenía dos ventanucas a la acera, tapadas por humildes pero frescas persianas de paja. Su parca decoración constaba de torneadas sillas de Vitoria (con asiento de enea), mesas de pino y un techo decorado por el pincel abstracto de los quinqués de petróleo. Cerró cuando fue derribada la casa que lo acogía y las aledañas, al igual que la peluquería de “Santos de la Pinta” que ocupaba el segundo piso del edificio, la sastrería de “L. Blanco” (Luis Blanco), de la casa aneja o del sombrerero “Campo”, situada dos números más arriba del café.

La antigua Puerta del Sol desapareció para siempre dejando únicamente en pie el edificio de la Real Casa de Correos (1768) y el inmueble de viviendas que hace esquina con la calle de Espoz y Mina inaugurado en 1856, un año antes del comienzo de las obras para la transformación de la zona.




Fuentes:

Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Historias-matritenses.blogspot.com

Bne.es

domingo, 1 de diciembre de 2013

¿Tomar Madrid?....¡¡Miau!!..

Muy poco se sabe de esta fotografía tomada en el año 1936, en Madrid. Su desconocido autor no hizo mención del lugar exacto de la tienda de lunas, cristales y espejos que con bastante certeza fue un negocio colectivizado/ socializado por los sindicatos Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) y Unión General de Trabajadores (U.G.T.), cuyas siglas aparecen en el rótulo.

Fuente: Sbhac.net/Memoria.htm (1936)
A la derecha del rótulo se ve el símbolo anarquista del gato.

En el mes de mayo del año 1936, muy poco antes del comienzo de la Guerra Civil Española, la C.N.T. envió una propuesta de alianza obrera revolucionaria a la U.G.T. ante el cariz de los acontecimientos. Era necesario aunar fuerzas para mejorar las penosas condiciones laborales de los trabajadores y pactar con el fin de conseguir el triunfo revolucionario. Comienzan así las colectivizaciones de industrias con más de cien asalariados y las de aquellas cuyos patronos hayan sido declarados facciosos o hayan abandonado la empresa. Los comercios y fábricas con menos de cien trabajadores serían socializados si así lo acordasen las tres cuartas partes de su plantilla.

Tal debió ser el caso de la gran fábrica de lunas y cristales biselados, de grabado y decorado artístico propiedad de Francisco Fernández, abierta en la calle de la Florida, número 10 (hoy Mejía Lequerica), que había sido inaugurada en el mes de junio del año 1925. En su plantel de nutrido personal adscrito se encuentran notables artistas en el dibujo para la decoración de lunas, que realizarían encargos para nuevos edificios como el Círculo de Bellas Artes (1926) y otros elegantes establecimientos de la Gran Vía de Madrid. El inmueble donde se ubicaba la empresa fue construido por el propietario del negocio, ex profeso para albergar los talleres y la tienda.

Fuente: B.N.E. (1925).
Anuncio de la fábrica recién inaugurada.

Hasta el año 1934 la empresa se denominó “Fábrica de Lunas F. Fernández”, un año después, posiblemente al fallecer su dueño, pasaría a llamarse “Hijo de F. Fernández”. Tras la Guerra Civil tuvo el nombre de “Hijos de Fernández” y sería devuelta a sus dueños originales, que insertarían ofertas de empleo en la prensa buscando todo tipo de operarios especializados en el negocio de la cristalería.

Fuente: ABC (1939).
"Hijo de F. Fernández"

El fotógrafo Juan Miguel Pando Barrero retrataría el edificio de calle de Mejía Lequerica, número 10 el día 23 de diciembre de 1965. Su fachada había sufrido modificaciones, como las de tantos edificios del centro de Madrid tras su reconstrucción después de la Guerra Civil; habían desaparecidos los faroles de los escaparates y, por supuesto, el explícito cartel de ¿Tomar Madrid?... ¡¡Miau!!.. Pero las verjas de sus balcones y los letreros de cristal que anunciaban los productos de la empresa, seguían bien cuidados y en su sitio.

Fotografía de Juan Miguel Pando (1965)
Fábrica de "Hijos de Fernández" en la calle de Mejía Lequerica, 10 (antigua calle de la Florida).

Hoy el edificio no existe. Lo que perduró tras la guerra fue arrasado por la especulación, una vez más.

Foto: M.R.Giménez (2013)
Edificio de la calle de Mejía Lequerica, 10, en la actualidad.

El edificio actual se encuentra en obras y completamente vacío.



Fuentes:
“El Socialista”.
Ipce.mcu.es
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.

Sbhac.net/Memoria.htm 

Nota.- Cualquier otra información sobre esta entrada será bien recibida.

martes, 19 de noviembre de 2013

LA FARMACIA DE LA CALLE DE LA LUNA Y EL DOCTOR GARRIDO.

En la calle de la Luna, número 6 de Madrid hay una farmacia cargada de historia. Nadie ha de llevarse a engaño cuando lea en su fachada que allí se encuentra desde el año 1833, mientras que en el portal anexo se halla escrita la fecha 1853 como fin de la construcción del edificio que la alberga, porque ambas son correctas.

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Farmacia Cardona en la calle de la Luna, número 6 desde 1833. 

En los “Anales histórico-políticos de la Medicina, Cirugía y Farmacia” se habla de Pedro Herranz Árias, que fue Boticario de Cámara del rey Fernando VII, entre otros cargos, como primero en instalar una botica en la calle de la Luna ya en el año 1833. Herranz, proveniente del pueblo de Cercedilla (Madrid), instruiría convenientemente a su sobrino Claudio Santos Herranz Martín en el oficio, transfiriéndole la Botica de Herranz alrededor del año 1851.

En el periodo en que este segundo boticario Herranz atiende la farmacia de la calle de la Luna se levanta la causa actual, en el número 6, y el negocio continuará con una nueva cesión de la botica alrededor del año 1862. Esta vez Esteban Rodrigo de la Torre, sería el nuevo farmacéutico.

Fuente: B.N.E. (1865)
Anuncio de Esteban Rodrigo, Luna, 6.

Esteban Rodrigo formaba parte de la asociación “Amigos de los pobres” que prestaban auxilio a los que pidan por ser atacados por el cólera, durante la epidemia de cólera morbo del año 1865. Anunciaba en prensa sus preparados de alcanfor, como antídotos contra esta enfermedad, y posteriormente la apertura de su nuevo laboratorio especial de homeopatía advirtiendo que dicho establecimiento se ha montado en un local completamente separado del alopático (medicina convencional), para observar estrictamente las reglas hahnemanianas (Samuel Hahnemann, médico fundador de la Homeopatía, s. XVIII).

Tres años después de que su anterior propietario prescindiera de la farmacia de la calle de la Luna, se establecería en ella el más célebre de los boticarios de Madrid. Francisco Garrido Pardo, conocido por todos como El Doctor Garrido, no dejaría indiferente a nadie.

Fuente: ABC.
El Doctor Garrido, Francisco Garrido Pardo.

El Doctor Garrido había nacido en Venta del Moro (Valencia) en el año 1847. Doctor en Farmacia, había tenido la suya en Requena (Valencia) durante dos años, hasta que en 1873 entró en Madrid para establecerse en la de la calle de la Luna, número 6.

Aquella farmacia, entonces de sexta categoría, fue adquirida por 6.000 duros y se vendió porque así le convenía a su dueño, comprándola Garrido y mejorando sus instalaciones para proseguir con la venta de medicinas alopáticas y homeopáticas, como su antecesor.

Por aquel entonces el propio Garrido se quejaba de que los viejos farmacéuticos trataban de hundir a los recién llegados y también de que los médicos, que ya tenían elegidas aquellas boticas de su interés, sólo esperaban adulaciones y agasajos de aquellos, sin reparar en otros farmacéuticos con preparados más eficaces y menos costosos. (Las medicinas prescritas solían prepararse en las propias boticas de manera individualizada). Es así como el Doctor Garrido decidió recurrir a los anuncios de los periódicos para promocionar su establecimiento.

Fuente: B.N.E. (1873)
Uno de los primeros anuncios que insertó el Doctor Garrido en el periódico "El Imparcial".

Otros farmacéuticos habían recurrido ya a la publicidad en la prensa, pero nadie de manera tan perseverante como el Doctor Garrido, que comenzaría con pequeños anuncios en el año 1873 y no los abandonaría hasta mediados de los años noventa del siglo XIX, cuando dejó la farmacia.

En ocasiones sus textos incluían rimas como éstas: “Allí se curan negros, blancos, cochinchinos, franceses, ingleses, alemanes y hasta de la Alcarria” (1875). “Mi panacea es, señores, / la que todo lo compone; / quito tristezas, dolores, / y hasta si hay quien se opone, / vuelve a un viejo a sus amores” (1876).

Él mismo se ocuparía de la redacción de su publicidad que divulgó en muchos periódicos, fundamentalmente en “El Imparcial” y en “La correspondencia de España”, gastando grandes sumas de dinero que le proporcionarían pingües beneficios. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1890).
Anuncio de "La Correspondencia de España".

De los anuncios en pequeño formado pasó a largos artículos en los que relataba historias de enfermos desahuciados que recobraban la salud, consejos terapéuticos o cartas de gratitud. “De agradecidos y satisfechos a satisfecho y agradecido”. En ocasiones también sus textos, escritos en tercera persona, defendían su integridad como doctor en Farmacia ante las acusaciones de charlatanería y desprestigio de la ciencia con que le insultaban sus colegas. “Aunque exagere la gente, no diciendo la verdad, Luna, 6, en mi farmacia, quien quiera me encontrará”.

Del Doctor Garrido se decía que no faltaba nunca a las fiestas y regocijos populares. Muy aficionado al teatro llegó a encargar al dramaturgo Ángel María Segovia un apropósito (breve pieza teatral) titulado “El doctor Gorrilla siempre en su farmacia: o Nadie se muere hasta que Gorrilla quiere”, basada en su persona, que fue estrenada en el teatro de la Alhambra de la calle de la Libertad de Madrid, en octubre del año 1874.

La farmacia de Garrido, que había contratado a un hombre anuncio, también pasaba consulta médica, llegando a tener tres sucursales en total: dos en la calle de la Luna, números 6 y 38, y otra en la calle de la Madera, número 24, en la que se atendía gratuitamente. Despachaba a toda España contestando a correo seguido a los que de provincias nos escriben

El Doctor Garrido vendió su célebre farmacia de la calle de la Luna en el año 1893, falleciendo nueve años más tarde. Desaparece el último representante de toda una época, de un gran cacho de historia española contemporánea, decían las reseñas que sobre él se escribieron en los periódicos.

Fuente: Jesús y María Paz Cardona Conthe (1941).
"Farmacia Conthe - Antigua del Dr. Garrido". Los cristales de la fachada se conservan en el interior del local.
Fotografía: M.R.Giménez (2013)

En la década de los años veinte del siglo pasado la farmacia de la calle de la Luna, número 6 ya era propiedad de la familia que actualmente la dirige con el nombre de Farmacia Cardona.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Decoración interior de la farmacia Cardona, con la imagen de Galeno.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Decoración interior de la farmacia Cardona con una alegoría de la Farmacia.

El militar Julián Conthe Monterroso se haría cargo del establecimiento, expropiado durante la Guerra Civil Española, hasta que fue fusilado en el año 1936. El negocio continuó abierto y fue Luis Cardona Prado, yerno del anterior, quien mantuvo la oficina de esta farmacia cuyas paredes de oscura madera, cenefas y capiteles dorados que acompañan a los perfiles de Galeno e Hipócrates, por fortuna hoy podemos seguir admirando.




Fuentes:

“Anales histórico-políticos de la Medicina, Cirugía y Farmacia” de Manuel Fernández de Gregorio.
“La Farmacia Española” Revista científica y profesional.
pinarejolamancha.blogspot.com
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es

Los antiguos cafés de Madrid agradecen muy especialmente la colaboración de los farmacéuticos Jesús y María Paz Cardona Conthe de la “Farmacia Cardona”, su amabilidad, facilidades, la información aportada para este blog y sobre todo su amena y muy interesante conversación.

viernes, 8 de noviembre de 2013

EL EDIFICIO DE LA GRAN VÍA, NÚMERO 3 DE MADRID Y SU CAFÉ.

Hubo una vez en la Gran Vía un armonioso edificio, propiedad de la mutua “Los Previsores del Porvenir” y proyectado por los arquitectos Javier y Luis Ferrero Tomás. 

El inmueble pasó a la historia con el infamante honor de haber sido el primero en desaparecer de la Gran Vía de Madrid, sin haber cumplido los cincuenta años de existencia.

Fuente: Nicolas1056 (1918)
Casa de los Previsores del Porvenir en lo que hoy es Gran Vía, nº 3.

La Casa de los Previsores del Porvenir se levantaría desde el año 1917 en la tercera parcela del primer trozo de la Avenida “A”, o sea la primera manzana a la izquierda, entrando por la calle de Alcalá, que después quedó con el nombre de Gran Vía o avenida del Conde de Peñalver, número 22 (hoy Gran Vía, nº 3). 

En el solar de 354 m2. comunicado con la calle del Caballero de Gracia, se elevó este edificio cuya altura sobresalía ligeramente de la de sus vecinos, aunque estética y convenientemente integrado, ofreciendo en su fachada una mezcla entre representativa e industrial con cuatro alturas aparentes que disimulaban seis reales. El frontis, realizado en piedra, tenía un gusto barroco en sus dos primeras plantas siendo más sobrio en el resto y quedó rematado por el templete de su reloj, que a los lados tenía las efigies del Trabajo y del Ahorro.

El interior fue diseñado para alojar las oficinas de la compañía separando los espacios con mamparas de madera y vidrio que no llegaban al techo, permitiendo así el aprovechamiento de la luz y una conveniente ventilación. Fue dotado con inodoros y lavabos para ambos sexos con ventanas a un patio interior sin cubrir, luz eléctrica y calefacción por sistema de agua caliente, con un depósito de expansión instalado en la parte alta del edificio. En su centro había un hermoso patio cubierto por cristales. 

La pavimentación del suelo se había realizado en mármol, loseta hidráulica y tarima, según la utilización de las diferentes estancias. Completaba la decoración una escalera de mármol con barandilla de hierro y un ascensor eléctrico instalado en su hueco.

En el año 1917 la compañía inauguraría el inmueble arrendando de inmediato los dos locales situados a pie de calle. Una empresa de automóviles ligeros y de camiones, propiedad de Antonio Jaén, se instalaría en uno de ellos mientras en el otro el Café de S. Paulo (Brasil) llegó dispuesto a enseñar a los madrileños como hacer un buen café.

Fuente: B.N.E. (1918).
Café de S. Paulo (Brasil).

Este elegantísimo establecimiento se montó gracias al patrocinio del gobierno del Estado Federal de Sao Paulo de Brasil con la finalidad de publicitar el producto, también realizaba degustaciones y era punto de venta. El público puede probar la infusión antes de comprar café en grano o molido, enseñando incluso a prepararlo por el procedimiento brasileño, que es el mejor y más económico.

Fuente: B.N.E. (1917)
Anuncio con precios de una taza y un kilo de café.

La instalación del café de S. Paulo fue realizada por la casa Algueró e Hijo, de la calle de Maldonado, que dividió el local en dos secciones para el público: un despacho de café y el salón para degustaciones. El recinto estaba dotado también de almacén y tenía su propio tostadero con todos los adelantos modernos.

Fuente: B.N.E. (1918)
Sala de degustación del café.

En los años finales de la década de los veinte del siglo pasado, la empresa de automóviles y el café de S. Paulo trasladaron sus negocios a otros locales de Madrid y sus huecos serían aprovechados por las oficinas de los propietarios del edificio.

Fuente: Memoriademadrid.es (1934).
Los locales de la planta baja ya estaban ocupados por las oficinas de Los Previsores del Porvenir.

La Mutualidad de los Previsores del Porvenir funcionó hasta el año 1957, pasando a convertirse en Previsores Reunidos S.A. manteniendo el mismo domicilio social de la Gran Vía, número 3. En los primeros años de la década de los sesenta del siglo XX, el inmueble pasaría a ser la sede del banco Continental y aquí comenzaría su ruina.

Fuente: ABC (1965).
El edificio había cambiado ya su fisonomía y la Gran Vía se denominaba oficialmente av. de José Antonio.

Salvo excepciones, relativamente alejadas en el tiempo y desde luego no actuales, la ciudad de Madrid ha caído en manos de alcaldes ignorantes, catetos y especuladores (la lista de adjetivos podría ser eterna) que jamás han sabido ni querido conservar la historia de esta ciudad. Su afán por la destrucción del patrimonio en pos de una renovación a la que ellos llamaban y llaman modernidad, con la que los madrileños casi nunca estuvimos de acuerdo, no esconde más que lucrativos negocios para unos pocos además de enmascarar un empeño codicioso en la pérdida de memoria histórica de Madrid, ellos sabrán por qué.

Tal es el caso de José Mª de la Blanca Finat Escrivá de Romaní, más conocido como el conde de Mayalde, que los madrileños tuvimos que sufrir como alcalde entre los años 1952 y 1965. Este destacado represor de la dictadura franquista, entre otras cosas, no puso ninguna objeción a la hora de eliminar de la Gran Vía el magnífico edificio del que hoy hablamos aquí. De esta manera, en el año 1962 comenzó la demolición de su fachada e interior, convirtiendo el inmueble en una ridícula edificación que si hoy no pasa desapercibida será únicamente por romper la armonía de su entorno. 

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Este es el edificio actual de la Gran Vía, nº 3.

La actual edificación de la Gran Vía, número 3 se debe al arquitecto José Manuel Marañón Richi, quien únicamente dejó esta construcción en Madrid. 




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Memoriademadrid.es
Revista “La construcción moderna”.
Nicolas1056
Es.wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.


martes, 29 de octubre de 2013

EL CAFÉ SPIEDUM Y LOS ALMACENES QUIRÓS DE LA GRAN VÍA.

Corría el año 1923 cuando el arquitecto Antonio Palacios Ramilo ponía fin al edificio comercial llamado Casa Matesanz, en el número 5 de la avenida de Pi y Margall, situado en el por entonces segundo tramo de la Gran Vía de Madrid. La esquina de este inmueble con la calle de la Salud fue convertida en uno de los más novedosos y conocidos cafés de la moderna Gran Vía, que además sería rotisserie, cervecería, sala de billares y “restaurant”: El café Spiedum.

Foto: M.R.Giménez (2013)
La Casa Matesanz de la Gran Vía, 27.

El café Spiedum fue inaugurado el día 25 de febrero de 1924 y su dueño, Enrique del Rey, no dudó en invitar a toda la prensa de Madrid para presentarlo. Del acontecimiento se escribió que en el Spiedum todo es distinguido, selecto, elegante y grato, describiendo a su propietario como semejante a un rico prócer británico

El Spiedum tomaba su nombre del aparato que en América se usa para asar carnes y aves, según explicaba el dueño del café (spiedo o espiedo es la técnica que permite cocinar los alimentos haciéndolos girar junto a una fuente de calor). El aparato, innovador en Madrid, en un principio iba a ser instalado dentro de un escaparate a la vista del público, pero fue imposible debido a que el edificio estaba concebido para uso comercial y carecía de las suficientes salidas de humos. Fue así como el spiedum de varillas niqueladas y con capacidad para 20 pollos que giraban automáticamente alrededor de un hornillo donde arden leños de encina, tuvo que trasladarse a las cocinas del restaurante.

Fuente: B.N.E. (1924)
Escalera de acceso a la cervecería y al restaurante, a la izquierda. Un rincón del restaurante, a la derecha.

El café estaba decorado al estilo inglés antiguo, según proyecto de “Echeverría y Rafecas”; de sus altos techos pendían lámparas de bronce al gusto holandés y completaba su iluminación con seis anchurosos ventanales. Desde el salón del café una pequeña escalera conducía a la zona destinada a restaurante, cervecería, marisquería y degustación de la especialidad “pollos al spiedum”. Sus paredes se habían pintado en vivos colores con tendencia al arte cromático japonés. 

La oferta se completaba con la gran sala de billar que llegó a tener hasta treinta mesas, desde las de match a las más corrientes y también seis del modelo Brumswich, todas ellas dotadas de aparatos taxímetros y otros adelantos. Asimismo los veladores de su terraza en plena Gran Vía, llegaron a ser de los más solicitados por la clientela. 

En el mes de diciembre de 1929, el nuevo dueño del café Spiedum convierte el salón en un lugar de intimidad y arte, dando paso a conciertos de música con el “Trío Vela” formado por Telmo Vela de la Fuente, Joaquín Fuster y Barend Bos. En el “restorant” del Spiedum no se paraba de homenajear con banquetes, tan de moda entonces, tanto al mundo intelectual como al de las artes escénicas.

El día 22 de diciembre de 1930 cae el cuarto premio de la Lotería Nacional en el Spiedum; el cerillero había vendido participaciones a los parroquianos y, entre ellos, un joven francés que llevaba un año en Madrid aprendiendo español, fue agraciado con cincuenta mil pesetas.

En el mes de julio de 1932 el café Spiedum anuncia la venta de todos sus enseres y cierra el negocio. Poco después, y por reducido tiempo, sería convertido en el café Apolo y en su planta baja se instalaría una sala de fiestas que terminó siendo un baile-taxi (salón en donde se bailaba abonando una cantidad fija de dinero a la pareja).

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual de lo que fue el café Spiedum y luego café Apolo.

Un nuevo negocio abriría en el local de la Gran Vía, número 27 durante los primeros días del mes de febrero de 1934. Los Almacenes Quirós.


Fuente: B.N.E. (1934)
Almacenes Quirós.

Almacenes Quirós ya tenía sucursales en la calle del Conde de Romanones, donde se inició en el año 1893 y en la calle de Preciados, cuando se decide a instalar un nuevo comercio en la Gran Vía, eligiendo el local que dejó vacante el café Spiedum. 

La fachada de Quirós aprovecharía los huecos de los escaparates del antiguo café, dividiéndolos en un par de alturas y dejando la puerta de acceso en la misma esquina de la Gran Vía con la calle de la Salud.

Dos años después de su inauguración, la Guerra Civil Española causa estragos en el edificio, pero la venta continuó. 

Fuente: Pares.mcu.es (Recorte de la fotografía original)
La Casa Matesanz con los Almacenes Quirós, durante la Guerra Civil Española.

La empresa, que fue abandonada por la dirección, sería incautada y gestionada por la Asociación Colectiva de Trabajo de Almacenes Quirós, constituida por cuatrocientos trabajadores. En ella se confeccionaría vestuario para el ejército de la República.

Fuente: B.N.E. (1937)
Talleres de confección y planchado con trabajadoras de la Asociación Colectiva.

Completamente reformada abre hoy sus puertas la nueva Central Quirós, decía la prensa del día 10 de octubre de 1946, anunciando la transformación de los almacenes llevada a cabo por los arquitectos Fernando García Mercadal y Ramón Aníbal Álvarez. 

Fuente: Memoriademadrid.es (Reportaje de 1950)
Fachada de los Almacenes Quirós tras la remodelación del año 1946.

La magnífica adaptación del viejo café estuvo a la altura de los comercios que entonces se instalaban en la Gran Vía de Madrid. Lujo aparente, buenos materiales, decoración de tono moderno dentro de un carácter clásico que revistió los techos con casetones de escayola, convirtieron las dos plantas y los escaparates de Quirós en uno de los establecimientos más conocidos del Madrid de la posguerra.

Fuente: Memoriademadrid.es (Reportaje de 1950).
Interior de los Almacenes Quirós tras la remodelación del año 1946.

El final de la década de los años sesenta quiso dar otro aire de modernidad a la Gran Vía y convierte los Almacenes Quirós en un centro diferente. La familia propietaria del centenario negocio decide entonces renombrarlo con la marca del sistema para la confección a medida que ya comenzó a utilizar durante los años cuarenta del siglo pasado. Quirós dejaría paso al nuevo nombre de la tienda, hoy grupo de empresas, y se llevaría por delante la suntuosa decoración de las escaleras, las columnas, los casetones del techo y la hermosa araña de cristal.




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Pares.mcu.es
Es.wikipedia.org

lunes, 21 de octubre de 2013

LA CASA DEL PUEBLO DE LA CALLE PIAMONTE DE MADRID.

Es posible que muchos aún recuerden y otros hayan oído hablar de la Casa del Pueblo, institución creada por la Unión General de Trabajadores y que fue la sede de las organizaciones socialistas españolas, a imagen de las entonces instauradas en Bélgica. 

La Casa del Pueblo de la calle de Piamonte, número 2 (hoy barrio de Chueca) de Madrid, fue la más importante del país. Inaugurada por Pablo Iglesias Possé (1850-1925) el día 28 de noviembre de 1908, fue clausurada pocos días después de finalizar la Guerra Civil Española, el 27 de marzo de 1939, siendo incautados todos sus bienes por el gobierno fascista. Su magnífico edificio sería derruido en el año 1953, para tratar de borrar la historia de lo que esta institución representó.

Fuente: El Socialista (1908)
La Casa del Pueblo de la calle Piamonte, recién inaugurada.

Las primeras entidades sindicales españolas datan de la década de los años setenta del siglo XIX y se denominaban centros obreros o centros de sociedades obreras. Fueron creadas para atender las reclamaciones y denuncias de los trabajadores, aconsejándoles como debían conducirse ante los problemas laborales. Con el fin de solventar las gravísimas carencias en educación, cultura, vivienda, asistencia sanitaria, alimentación y en materia laboral de los trabajadores de la época (cuando el pan costaba 0,37 pesetas, un litro de leche, 0,40 pesetas, el jornal medio era de 2 ptas./hombres, 1,30 ptas./mujeres y 0,50 ptas./ niños y las jornadas de trabajo oscilaban entre las 12 ó las 14 horas diarias), se crea en los años noventa del siglo XIX la “Aglomeración Cooperativa Madrileña Casa del Pueblo” que trataría de paliar todas estas deficiencias, impulsando la acción socialista y haciendo crecer su militancia. La pretensión era proporcionar a los interesados beneficios, instrucción y cuanto contribuya a elevar el nivel intelectual o moral o a mejorar su condición material.

El incremento de afiliaciones propició que la organización fuese tomando importancia y, tras pasar por numerosos locales en régimen de alquiler, se decidió en el año 1906 la compra de un edificio que albergaría a todos los despachos y secretarías organizativas siendo, además, un lugar de reunión para todas las asociaciones socialistas de Madrid. Es así como se iniciaría la historia de la Casa del Pueblo de la calle de Piamonte.

Fuente: "El Socialista" (1908).
Puerta de acceso por la calle de Piamonte, 2.

El palacio del duque de Béjar sería vendido a la organización socialista en el año 1907 por Jaime Roca de Togores, su propietario, por la cantidad de 315.000 pesetas. Las cuotas de las setenta y dos colectividades obreras madrileñas, una compensación del Ayuntamiento de Madrid por la expropiación de 1.000 pies cuadrados, efectuada a la finca para alinear la calle y la negociación del pago aplazado de la reforma del edificio, a la que contribuiría el trabajo desinteresado de muchos militantes, hizo posible la transformación del viejo palacio del siglo XVII en la Casa del Pueblo de Piamonte, bajo la dirección del arquitecto Mauricio Jalvo Millán. 

Sus dos plantas y azotea (1.400 m2.) albergaron las secretarías de las colectividades, la biblioteca, un “salón chico” para 350 asistentes, otro “salón grande” con cabida para 600 personas y que había sido el salón de baile del palacio, una sala de conversar, una tienda de comestibles, una escuela y un café. El patio interior del edificio sería cubierto con una estructura de hierro y vidrio.

Fuente: B.N.E. (1909)
Biblioteca, aún sin volúmenes, situada en el primer piso.


Fuente: B.N.E. (1909)

Fuente: B.N.E. (1909)
El primer café con veladores redondos.

La falta de presupuesto haría que el gran jardín del antiguo palacio, con fachada a la calle de Gravina, quedase sin adaptar en un principio. No es hasta el año 1909 el momento de iniciar la obra de un gran salón polivalente para teatro y proyección de películas, que además albergaría los congresos del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores. Se construye así el Salón-teatro de la Casa del Pueblo (posteriormente llamado Cine o Teatro Gravina y después Teatro Pérez Galdós en el año 1929), sobre el antiguo jardín, que sería inaugurado el día 15 de abril de 1915, con capacidad para 4.000 espectadores. 

Fuente: “El modernismo en la arquitectura madrileña: génesis y desarrollo de una opción ecléptica” de Óscar da Rocha Aranda.

El nuevo salón abriría una nueva fachada por el número 15 de la calle de Gravina. El aspecto general es similar a los novedosos teatros-cinemas de la época, con sus balcones de cajón sobre ménsulas, balcones de hierro y de vidrio, pilastras adosadas y remates decorativos propios del estilo de Mauricio Jalvo. En el interior destacaba su escenario, enmarcado por un arco decorado en su interior con dibujos modernistas. A los lados aparecían los bustos de Carlos Marx y de Pablo Iglesias.

Fuente: ugt.es
Mitin en el salón de la Casa del Pueblo. A los lados del escenario se aprecian los bustos de Pablo Iglesias y Carlos Marx.

En 1929 se acomete otra gran reforma en la Casa del Pueblo de la calle de Piamonte, esta vez encargada al arquitecto Gabriel Pradal Gómez.

Fuente: ub.edu (1930). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2013)
Fachada de la Casa del Pueblo de la calle de Piamonte, esquina con la calle Luis de Góngora, en el año 1930 y en la actualidad.

La remodelación del edificio de la calle de Piamonte, entre los años 1929 y 1930, añadió un piso a la estructura mediante la reducción de los elevados techos que tenía el antiguo palacio. La planta baja habría sido dotada de sobrios vanos rectangulares y enrejados, sobre los que se construyó otra serie de ventanales, paralelos con los del piso inferior, dotados de repisas salientes y enmarcados. En la última planta se duplicó el número de ventanas, ya que allí se ubicaría la biblioteca. La decoración de la fachada se completó con molduras entre los pisos, que realzaban la sobriedad del edificio. Por último, el torreón esquinero entre las calles de Piamonte y de Luis de Góngora se integró en el tercer piso del inmueble, suprimiéndose los tres grandes huecos redondos de la fachada original.

El café, importante centro de reunión que trataba de ser alternativo a la taberna de barrio, modificó su aspecto. Los pequeños veladores de antaño fueron sustituidos por amplias mesas de mármol capaces de acoger a grupos que además podían charlar o leer la prensa. El techo de cristal permitía el paso de la luz natural y servía de ventilación para la parte baja del edificio. Toda la decoración era sencilla, aséptica y funcional.

Fuente: Fundación Pablo Iglesias.(1930)
El nuevo café con techo de cristal y mesas grandes de mármol.

También el “salón grande” de la Casa del Pueblo sería remodelado. El pintor Luis Quintanilla Isasi (1893-1978) realizó en el año 1931 dos frescos sobre paneles contrachapados con encintado metálico, representando “El pueblo en marcha”, que serían destruidos con el conjunto del edificio.

Fuente: B.N.E. (1931)
Aspecto parcial de una de las pinturas.

A medida que la afiliación fue creciendo la Casa del Pueblo amplió el número de sus locales por la ciudad de Madrid, con la finalidad de cubrir mejor los servicios que en ella se prestaban. Especial importancia tuvo la Escuela Fundacional Cesáreo del Cerro, empresario que legó a las sociedades obreras que en cualquier época convivan en la Casa del Pueblo la cantidad de seiscientas sesenta y nueve mil pesetas (del año 1915) y además la casa número veinte de la calle de Carranza, valorada en trescientas treinta mil pesetas. Gracias a Cesáreo del Cerro Álamo se pudo adquirir un terreno de 22.000 m2. dedicado hasta entonces a la agricultura y casa de recreo, situado entre las calles de Teruel y de Orense (entre Cuatro Caminos y el paseo de la Castellana). Era aquel un barrio eminentemente obrero por entonces y fue especialmente elegido para instalar la escuela gratuita y de coeducación en el mes de julio de 1928, para niños de edades comprendidas entre los tres y los siete años.

Tanto las propiedades como la obra social de la Casa del Pueblo desaparecieron de un plumazo en el año 1939, tras finalizar la Guerra Civil Española. Los bienes fueron expoliados y la Historia ya nos relata lo que sucedió con las personas.

Fotografías: M.R.Giménez (2013)
Fachada actual de la calle de Piamonte, número 2.

Hoy sólo queda el recuerdo de una placa en la calle de Piamonte, número 2, pero es tan pequeña que pasa desapercibida a quien camina por esta vía.








Fuentes:

Fundación Pablo Iglesias, a quien “Antiguos cafés de Madrid” desean agradecer su colaboración para la realización de este artículo.
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Ub.edu
“El Socialista”
“El modernismo en la arquitectura madrileña: génesis y desarrollo de una opción ecléptica” de Óscar da Rocha Aranda.
Bolinf.es
U.G.T. Sindicato de la Unión General de Trabajadores.
“Centenario de la Casa del Pueblo de Madrid” 1808-2008.

Es.wikipedia.org