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viernes, 30 de noviembre de 2012

EDUARDO ALFONSO, MÉDICO NATURISTA.

Sobre la fachada del número 26 de la calle del Arenal de Madrid, a la altura del primer piso, se encuentra esta curiosa placa.
 
Foto: M.R.Giménez (2011)
Calle del Arenal, 26.

La información que recoge es minuciosa: Nombre y apellido de un doctor, fecha y hora exacta de su nacimiento además de la ubicación del piso en que éste tuvo lugar. No parece que algún grupo de insignes próceres haya subvencionado tal homenaje al médico naturista del que allí se habla, tampoco el ayuntamiento o cualquier otra entidad popular. Pero en esa fachada, a escasa distancia de otra placa que la alcaldía sí inauguró con ceremonia y que está dedicada a Isaac Albéniz, se encuentra el singular recuerdo a Eduardo Alfonso Hernán (1894-1991), uno de los primeros médicos naturistas españoles. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Vista del portal número 26 de la calle del Arenal.

Conocido como “doctor Alfonso”, el que fuera alumno de Santiago Ramón y Cajal se doctoró como médico y cirujano en la Facultad de Medicina de Madrid en el año 1927. Junto con los doctores Enrique Jaramillo Guillén y Casiano Ruiz de Azagra Ibarra formó el grupo de los primeros médicos naturistas de Madrid llegando a ser elegido, en el mes de junio de 1936, presidente de la Federación Naturista Madrileña. 

A la edad de veinticuatro años ingresa en el Ateneo de Madrid y junto a Mario Roso de Luna, también masón y ateneísta, funda en el café Gijón la Schola Philosophicae Initiationis en 1928, cuyo objetivo declarado era: “El estudio de las filosofías, ciencias y artes, comparadamente y en sus mutuas relaciones, y por finalidad la salud y cultura de sus miembros y su progreso moral”. Esta organización filosófica establece su centro de estudios en Manzanares el Real (Madrid), donde construye “La Casa del Filósofo”. La dictadura franquista terminó con el proyecto, tras la Guerra Civil Española. 

Fuente: Picassaweb.google.com
Alrededor del año 1929.

El doctor Alfonso se entregó de lleno a la medicina naturista, que promocionaba incansable a través de publicaciones como la revista de carácter médico “Acción Naturista”, de la que fue director y sus muchas obras de medicina natural (“Cocina vegetariana. El arte del bien guisar para los sanos y los enfermos”, “Compendio y atlas de Embriología”, “Curso de medicina natural en 40 lecciones”, “La salud de los niños por la higiene natural”). Pero también estudió y publicó sobre materias como la historia (“Compendio de Gramática Jeroglífica del Egipto Clásico”, que fue la primera Gramática jeroglífica egipcia en castellano), la música (“Guía lírica del auditor de conciertos”), la pintura y la filosofía (“Historia comparada de las religiones”). 


Fuente: "Curso de medicina natural en 40 lecciones" Editorial Kier (Buenos Aires)
 
Perteneciente a la llamada “Generación de 1914” o de la preguerra, de médicos estrictamente europeístas, puso en marcha numerosas campañas sanitarias y dio multitud de conferencias desde su licenciatura. Así, en el año 1929, un joven médico fisiatra (naturista) Eduardo Alfonso inaugura el curso organizado por la Sociedad Española de Alpinismo Peñalara disertando sobre “La higiene en los deportes de montaña” en donde puso de relieve la importancia de la respiración y de la alimentación en la práctica deportiva y “Salud, nutrición y régimen vegetariano”. 


“Tampoco estaría de más, 
ya que de baños de sol hablamos, 
que se terminasen las mojigaterías municipales 
y de moral epidérmica que 
padecemos en las playas españolas, y 
se dejase exponer a las personas algunos 
centímetros más de piel al sol”. 

1/9/1927 (Artículo publicado en “España Médica” por Eduardo Alfonso). 



Al terminar la Guerra Civil Española, el doctor Eduardo Alfonso fue represaliado y encarcelado por la dictadura franquista en el penal de Burgos durante varios años, tras los que vino el exilio en América. En el año 1948 se instaló en Chile, donde prosiguió con las conferencias sobre la medicina naturista y más tarde, en 1953, pasa a San Juan de Puerto Rico para ejercer como profesor de Biología en la Universidad de Río Piedras y de Biología e Historia en el Junior College de Puerto Rico, nacionalizándose estadounidense. 


Comienzo del prólogo de la primera edición de “CURSO DE MEDICINA NATURAL EN 40 LECCIONES”. Dr. Eduardo Alfonso. Ed. Kier (Buenos Aires). 

Esta obra tiene una singular historia que no está de más exponer. Fue comenzada en 1936 y terminada en 1939. Es decir, fue hecha durante la guerra que azotó a mi patria durante tres años inolvidables. Muchas veces la confección de sus líneas fue interrumpida por la granada de cañón que estallaba a no más que metros de distancia, o por el silbido de una bala, el tableteo angustioso de las ametralladoras o el bordoneo trágico de la aviación que obligábamos a descender a refugio más seguro. 

Sus páginas, escritas todas sin excepción, en Madrid, saben de hambres y privaciones, de inviernos fríos sin carbón, de noches largas sin más luz que una lamparilla de aceite o una vela, a cuyo mortecino fulgor fueron escritas decenas de ellas. Han sido el fruto de una época de forzoso ascetismo y renunciación, en que nos habíamos familiarizado con la idea de la muerte. 

Vivíamos en plenitud de espíritu por la alimentación menguada y la presencia constante del peligro. Y así, como en oración permanente, fueron hilvanadas sus páginas, pensando que quizá estaba escribiendo mi testamento. 



El doctor Eduardo Alfonso Hernán, médico naturista, falleció en Madrid el día 17 de abril de 1991. 






Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Ateneodemadrid.es
“Madrid, Museo de Medicina: El oficio médico a través del arte y la historia de la ciudad” Fernando López-Ríos Fernández.
Medicina e Historia. “El naturismo médico español” Alejandro Arteche García.
Medicinanaturista.net
“Mis recuerdos” Eduardo Alfonso y Hernán.


sábado, 24 de noviembre de 2012

EL PASADIZO DE SAN GINÉS.


No es poca la historia que recoge este singular callejón o pasadizo, de apenas sesenta metros de longitud y que siempre fue peatonal debido a su poca anchura. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
El pasadizo de San Ginés desde la plazuela, en la madrugada de un día de otoño.

El pasadizo de San Ginés comienza en la calle del Arenal y termina en la plazuela con el nombre de ese santo, coincidiendo toda su fachada del lado derecho con el lateral de la iglesia de San Ginés de Arlés (s. XVII), cuyo arquitecto fue Juan Ruiz. 

La mayor curiosidad de este pasadizo radica en la bóveda o arco que se encuentra adosada al muro del templo y a la casa número 5, siendo el lugar donde finaliza la vía. Según Pedro de Répide Gallegos (1882-1948) hubo allí un túmulo funerario que servía a la iglesia para los aniversarios y exequias (honras fúnebres). 

También en este pasadizo estuvieron los telares y la primera prensa calandria de Madrid en la fábrica de holandillas (tejido de seda), para darles lustre (brillo) propiedad de Francisco García Navas, allá por la primera década del siglo XVIII. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es
Vista del pasadizo en el año 1923, subiendo desde la calle del Arenal.

El más antiguo de los establecimientos que aún existe en este pasadizo se sitúa en su número 2 y es la hoy llamada Librería San Ginés. Adosada al muro de la iglesia y haciendo esquina con la calle del Arenal, hay noticia de este “puesto de libros” en la prensa del año 1805, aunque con toda probabilidad es anterior. Siempre fue y hoy continúa siendo una librería de lance. 

Foto: M.R.Giménez (2010)
Librería San Ginés, en el número 2 del pasadizo.

Conocemos por los periódicos que el Ayuntamiento de Madrid en el año 1899 concedió licencia a Francisco Irawedra para el puesto de libros de San Ginés. Más tarde, en el año 1922, el propietario de la librería ya era Antonio Sánchez y doce años después el mismo negocio pasa a llamarse Librería Rubiños. Pero ahí sigue con sus anaqueles de madera y tejadillo, resguardados por persianas, y su caseta-despacho para que el librero no pase frío en invierno. 

El sábado 30 de septiembre de 1871 se inaugura el Salón Eslava, en el pasadizo de San Ginés, número 3. El edificio, propiedad de Bonifacio Eslava y diseñado por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos resultó un precioso teatro con dos plantas, platea y principal, y reunía especiales condiciones acústicas y de perspectiva. Hermosamente decorado por los artistas: Ferri, Foreti, Marín y Vallejo, fue inicialmente una sala para conciertos. 

En la parte baja del teatro y también con entrada por el pasadizo de San Ginés, número 3, estuvo el café de Granada. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Entradas de los antiguos Salón Eslava y café de Granada, hoy salidas de emergencia de la discoteca instalada en el edificio.

El café de Granada fue inaugurado a la vez que el Salón Eslava. Era espacioso, pues contaba con una superficie de 7.000 pies, tenía una profusa iluminación y estaba decorado por el pintor-escenógrafo Antonio Bielza. Sus escaleras anchas y elegantes daban paso al teatro sin necesidad de salir a la calle. 

Este café alcanzó gran celebridad por ser citado en “El tango de la Menegilda” de la zarzuela “La Gran Vía” de Federico Chueca, Joaquín Velarde y Felipe Pérez, estrenada en el año 1886. 

“Pobre, chica, la que tiene que servir…” 

En el año 1881 el negocio se remodeló convirtiéndose en Teatro Circo Eslava, desapareciendo el café de Granada para anexionar su espacio a la sala de espectáculos. 

Otro de los establecimientos que más importancia tuvo en el pasadizo de San Ginés fue el instalado en el año 1884 por Lázaro López, que vino a abrir una sucursal de su bodegón “Le petit Fornos” situado en la calle de Capellanes, número 1 (hoy calle del Maestro Victoria). 

Fuente: B.N.E. (año 1884)
 
Lázaro, industrial hostelero, se marchó a París en el año 1884 para estudiar repostería y cocina en el Grand Hotel, nada más inaugurar su nuevo negocio del pasadizo de San Ginés, número 5. El local se convertiría, a su retorno, en un restaurante de menús muy variados inaugurando un comedor para sesenta cubiertos en el piso principal de la finca. 

En el año 1888 el restaurant se amplió con la Fonda de Lázaro López, que se hizo muy popular y en la que el viajero puede comer a la hora que tenga por conveniente. 

Fuente: B.N.E. (año 1888)
 
El día 28 de junio de 1903, a las 4 de la tarde, Lázaro López aparece muerto en una habitación del primer piso de su fonda, donde vivía con sus hijos y con otros familiares. Víctima de una grave enfermedad detectada pocos meses antes de su muerte, el hostelero fue encontrado muerto sentado sobre una mecedora y con un revolver en el suelo. Se había disparado en la sien derecha sin dejar ninguna nota o carta explicativa. 

El último de los antiguos negocios que hoy prosperan en el pasadizo de San Ginés es la famosa chocolatería. 

Fuente: Rayosycentellas.net / Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto deteriorado del pasadizo de San Ginés en el año 1966 e imagen actual.

La chocolatería San Ginés abrió al público en el año 1894 como churrería (buñuelos, churros y porras que entonces se realizaban de forma manual). 

Tuvo el apodo de “El Maxim’s golfo” durante los años veinte del siglo pasado, según el periodista Cesar González-Ruano, porque al cerrar todos los cafés de la Puerta del Sol era el único establecimiento abierto donde poder tomar algo caliente y recién hecho. 

Durante la II República se llamó “La Escondida”, por su ubicación en el recóndito pasadizo y poco a poco fue ocupando lo que antaño era el bodegón de Lázaro López. 

Hoy es, tal vez, la chocolatería más antigua de Madrid. 






Fuentes:
Hemeroteca digital B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
“La parodia teatral en España (1868-1914)”. Francisca Íñiguez Barrena.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Chocolateríasangines.com
Es.wikipedia.org
Rayosycentellas.net

lunes, 12 de noviembre de 2012

EL CAFÉ DE SANTA CRUZ Y LA IGLESIA MALDITA.


Nada más iniciar la calle de Atocha, desde la plaza de la Provincia, se encuentra una recóndita calle, hoy llamada de Santo Tomás, que en tiempos fue titulada del Verdugo, por tener allí su cuarto el ejecutor de la justicia. En la esquina de ambas estuvo el café de Santa Cruz. 

Fuente: Urbanity.es
Fotografía de Jean Laurent (1875).
Café de Santa Cruz en la esquina entre la calle de Atocha y la de Santo Tomás, en la casa que aún existe. Junto al café se ve parte de la antigua iglesia de Santa Cruz. 

Este café, abierto en la década de los años setenta del siglo XIX, no tuvo tertulias de afamados literatos, toreros o políticos de renombre. Era un lugar “tan alejado” del centro de Madrid que no contaba más que con la parroquia del barrio. 

Las noticias que de él nos traen los periódicos son relativas a algún robo, el impago de la cuenta o peleas, con más o menos suerte de unos contrincantes que solían terminar en manos de la fuerza pública o bien, en algún caso, en el Juzgado de guardia y en el Hospital general. El dueño del café en el año 1911 era Jesús Vizmanos, que trató de dar popularidad a su nuevo negocio anunciando incansablemente en la prensa la remodelación tanto de sus salones como de los billares, a pesar de lo cual tuvo que cerrarlo cuatro años después. 

El motivo por el que resulta curioso hablar sobre este café no es otro que la fotografía que Jean Laurent tomó en el año 1875 para recordar la iglesia de Santa Cruz, entonces en fase de demolición y en la que se ve el claramente la fachada del café de Santa Cruz. La casa en la que estaba ubicado este local sigue aún en pie milagrosamente, tras los avatares sufridos por la iglesia, que aparece junto a él. 

Fuente: H-plazamayor.com
Lo que fue el café de Santa Cruz es hoy una cervecería y en el edificio remodelado se encuentra un hotel.
 
La actual iglesia de Santa Cruz, se ubica en el número 6 de la calle de Atocha y fue construida entre los años 1889 y 1902. Su estilo neogótico resultó más atractivo que el barroco de la anterior, para los cronistas de la época, y parece haberse salvado de la maldición que durante tres siglos acompañó a su antecesora, hasta que fue demolida. 

Fuente: B.N.E.
A la izquierda la portada barroca de la primitiva iglesia de Santa Cruz, en 1885. A la derecha, el dibujo publicado en 1902 de la nueva y actual iglesia. 

La primitiva iglesia de Santa Cruz fue construida en el siglo XVII, anexa al convento de Santo Tomás (1583), que era sucursal del de Nuestra Señora de Atocha de la orden de Santo Domingo (1523). Diego de Chaves, maquiavélico dominico y confesor de Felipe II, decidió crear una Cátedra de Predicadores más cerca de la Plaza Mayor, constituyéndola en este convento de Santo Tomás, del que se nombra prior. 

Comenzó la construcción de la antigua iglesia de Santa Cruz en el año 1636, pero tan sólo unos años después, en 1652, el edificio sufrió su primer incendio. Casi un lustro más tarde se inicia la reconstrucción del templo, ya con trazas barrocas. En el año 1726 la cúpula de la iglesia se desplomó de improviso sobre los asistentes a un acto religioso, resultando muertas ochenta personas. Vuelve a levantarse y de nuevo en el año 1872 fue pasto de unas llamas que se vieron desde todo el Madrid de entonces. Este último incendio se inició en el altar mayor, extendiéndose con rapidez por todo el recinto, atrapando a un significativo número de frailes que se hallaban en su interior y pedían socorro por las ventanas. Tras este desastre se decidió derribar la iglesia. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Dibujo de Evaristo Casariego, publicado en 1966, del último incendio de la iglesia de Santa Cruz. 
 
No terminan los desastres y las muertes en la iglesia de Santa Cruz con el incendio de 1872. A punto de completarse su derribo, en el año 1888, la bóveda de la capilla del marqués de Cerralbo cayó sobre los ocho obreros que trabajaban en la demolición del recinto, de los que sólo cuatro consiguieron sobrevivir. 

Hasta aquí la crónica de la iglesia maldita de Santa Cruz, pero el convento de Santo Tomás también tuvo su historia. De él partía la aterradora comitiva de los autos de fe, como el que en el año 1683 recoge en su pintura “Auto de fe de la Plaza Mayor de Madrid”, Francisco Ricci (1614-1685), representando el obsceno espectáculo público que tuvo lugar el día 30 de junio de 1680. 

Fuente: Museo del Prado.
Cuadro de Francisco Ricci "Auto de fe de la Plaza Mayor de Madrid"

Andando el tiempo, tras formar parte de los edificios propiedad de la iglesia desamortizados por Mendizábal, el convento de Santo Tomás fue cuartel de milicias y albergó al Batallón primero de Madrid, donde se sublevaron contra los franceses algunos oficiales amigos de Luis Daoíz y Pedro Velarde. También la Sociedad Landaburiana, donde discutían acaloradamente políticos como Antonio Alcalá Galiano, Juan Romero Alpuente y Juan Antonio de Padua Florán Pastorís, entre otros, tuvo en este convento su sede durante los años veinte del siglo XIX hasta que el gobierno, que veía con temor a esta logia, decidió clausurarla pretextando el mal estado del edificio. 

El convento de Santo Tomás aún seguiría en pie algunos años más. En 1836 el Ateneo de Madrid se alojó en la planta baja del convento y en el ángulo del piso principal en que está la sala de la biblioteca. Poco después se instala en el edificio Capitanía General, su juzgado y dependencias, la Auditoría de guerra y el Tribunal Supremo de Guerra y Marina. De este convento salió el militar Diego de León Navarrete para ser fusilado en las afueras de la Puerta de Toledo, en el año 1841. Murió gritando al pelotón que lo apuntaba con sus armas: “No tembléis: ¡al corazón!. 







Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Guía de arquitectura y urbanismo de Madrid. C.O.A.M.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Urbanity.es
Es.wikipedia.org
Ateneodemadrid.com
Bibliotecavirtualmadrid.org
h-plazamayor.com

miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL HOTEL RUSIA Y EL CINEMATÓGRAFO.


Quizá algunos de los que pasean por la carrera de San Jerónimo, a la altura del actual número 32, y en lo que actualmente es un centro de salud, desconozcan que ahí comenzó el cine de Madrid. Pero también pasaron otras cosas. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Edificio de la carrera de San Jerónimo, 32, esquina con la calle de Ventura de la Vega. En el piso bajo se instaló el primer cinematógrafo de Madrid.
 
El edificio fue construido en el año 1866 y hace esquina con la calle de Ventura de la Vega, que hasta 1888 fue llamada del Baño. El título de esta calle derivó de un gran baño techado para caballos, que allí estuvo y posteriormente se reconvirtió en baño público para personas, debido a la bondad de sus aguas. 

En el año 1869 vino a instalarse en el inmueble de la carrera de San Jerónimo, entonces número 34, el Gran Hotel de Rusia, que fue en su día uno de los más elegantes de Madrid. 

Fuente: B.N.E. (1885). El hotel Rusia ya tenía casi dos décadas de antigüedad.
 
El día 31 de enero de 1895 el Hotel Rusia salta a los periódicos por el gran escándalo que protagonizó el militar Manuel Fuentes Sanchiz cuando en su escalera propinó varios golpes a Abd el Krim Brisha, representante del sultán de Marruecos, que vino a Madrid para negociar una moratoria en el pago de las indemnizaciones por el asalto a Melilla que dio origen a la Primera Guerra del Rif (1893-1894). El cuerpo diplomático, los representantes de los partidos políticos, las autoridades de Madrid y el gobierno en pleno, desfilaron por el hotel en visita de desagravio mientras la reina regente María Cristina, desde palacio, también condenaba la agresión. El aplazamiento en el pago de la indemnización a España fue rápidamente decretado. 

Lo verdaderamente significativo del edificio de la carrera de San Jerónimo fue el local de la planta baja que hace esquina con la calle de Ventura de la Vega. En él se instalaron varios negocios, a través de los años, siendo uno de los más conocidos el bazar de bisutería, perfumería y productos de belleza llamado Los diamantes americanos. En el año 1892, al trasladarse el bazar a la calle del Arenal, los dueños del hotel Rusia inauguraron un espléndido salón comedor, decorado artísticamente é iluminado con luz eléctrica y fue aquí donde el día 13 de mayo de 1896 tuvo lugar la primera proyección pública en España del cinematógrafo. 

Foto: M.R. Giménez (2011).
Sala de lo que fue el hotel Rusia (hoy centro de salud). Alexandre Promio instaló, al fondo de la sala, el proyector de las películas.

Alexandre Jean Louis Promio (1868-1927) fue uno de los primeros cameramen de la historia y está considerado como el inventor del trávelin, al poner su cámara sobre una góndola para filmar “Panorama del Gran Canal visto desde un barco”, en Venecia. Promio, que entonces trabajaba para los hermanos Lumière, alquiló al hotel Rusia su salón comedor de la planta baja y preparó el local para el novedoso espectáculo del cinematógrafo –fotografías animadas- que se proponía exhibir. Todo el recinto se revistió de negro, cambiando el papel de las paredes y las cortinas de los ventanales. Una gran pantalla blanca, al fondo del local, serviría para proyectar diez películas con un metraje aproximado de veinte minutos. 

Foto: M.R. Giménez (2011)
Sala de lo que fue el hotel Rusia y lugar donde estuvo la pantalla del cinematógrafo. En la decoración actual se aprecia la decoración que recuerda los inicios del cine.
 
El sorprendente invento que permite apreciar el sorprendido movimiento de la vida real, como describieron los periódicos de la época al cinematógrafo, asombró de tal manera que, a partir de la primera proyección pública para la prensa (13 de mayo), todo el que podía estaba dispuesto a pagar 1 peseta, en sesiones de 10h. a 12h. de la mañana, de 3h. a 7h. de la tarde y de 9h. a 11h. de la noche, para ver las películas. 

Se produjo una algazara al ver andar a los hombres muy deprisa. Hubo susto al ver que se echaban encima los caballos de los fiacres (coches de punto) y de los ómnibus, que a todos instintivamente nos obligaba a echarnos hacia atrás en las sillas, creyendo que nos atropellaban, como recordaba en 1946 una espectadora de aquella primera proyección en la que se exhibieron películas como: “Batalla de nieve”, “Los baños de Diana”, “Salida de los obreros de la fábrica”, “La llegada de un tren a la ciudad” o “El regador regado”, primera cinta cómica de la historia del cine, todas ellas rodadas en el año 1895. 

Promio había solicitado a la reina regente, que también asistió a ver el espectáculo, permiso para impresionar algunas películas en los cuarteles y sus zonas de ejercicio, a lo que la regente no puso objeción. Al llegar el turno de la artillería y proponer Promio su intención de filmar las detonaciones de un cañón, el mariscal responsable levantó los brazos mientras manifestaba escandalizado que no se atrevía a transmitir aquella impresión. Al día siguiente llegó la orden de palacio para emplazar y disparar seis cañones, con gran asombro de los oficiales, que quedaron convencidos de que el cinematógrafo Lumière ejercía poderosa influencia en la soberana. Así pudo ser rodada la película “Maniobras de la artillería en Vicálvaro” (1896). 

El cinematógrafo Lumière se mantuvo abierto en los bajos del hotel Rusia durante bastantes meses, debiendo reducir a la mitad el precio de las entradas en febrero de 1897 y pasando después a realizar sus proyecciones en otros teatros de Madrid. 

Foto: M.R.Giménez (2011)
Detalle de las columnas de hierro y de las molduras del techo, originales y restauradas.

En la fachada del edificio de la carrera de San Jerónimo, número 32 (antes 34), existen dos placas conmemorativas de la primera sesión pública de cinematógrafo en Madrid, pero ambas contienen información errónea. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Placas conmemorativas de la primera exhibición del cinematógrafo en Madrid, instaladas en la fachada del edificio.

En la primera, del año 1946, se lee que aquella exhibición se realizó el día 15 de mayo y en la segunda placa, que evoca los cien años del evento y es del año 1996, aparece la fecha del 14 de mayo como día en que tuvo lugar la primera sesión de “cine”. Como ya hemos visto, fue el día 13 de mayo de 1869 cuando Alexandre Promio proyectó, por vez primera, una cinta cinematográfica en España. 







Fuentes:
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
“Crónica de Madrid” Diario 16.
Bib.cervantesvirtual.com