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lunes, 27 de agosto de 2012

EL NUEVO CAFÉ DE SAN MILLÁN.


La plaza o plazuela de San Millán de Madrid nunca tuvo numeración propia, pero existió. Fue de esos lugares a los que primero engulló una gran calle, en este caso la de Toledo, y luego perdió definitivamente su nombre al ser instalada una boca de metro (La Latina) en su pequeña ubicación. 

Foto: M.R.Giménez (2010).
Lo que fue la plazuela de San Millán con su aspecto actual y un viejo farol que, milagrosamente, quedó olvidado. El poste servía para alumbrar y señalar los aseos que allí tenían su acceso. 

Tanto la plazuela como la calle de San Millán, que en ella comienza, tomaron su nombre de la iglesia que allí estuvo desde el año 1806 hasta 1869, cuando fue derribada. 

Fuente: Urbacindades.wordpress.com
Iglesia de San Millán (1860) desde la plaza de Riego (hoy La Cebada) con el mercado aún sin construir.

Tras instalar en el solar, por orden del ayuntamiento, los cajones de verduras para venta al por mayor y menor que ocupaban la antigua plazuela cercana al mercado (plaza de la Cebada, entonces plaza de Riego), la parcela fue nuevamente desalojada para iniciar las obras del edificio de viviendas que hoy conocemos, con entrada por el número 5 de la calle de San Millán y cuyo año de construcción es 1876. 

Allí, en la esquina de la plazuela y la calle, en el número 67 (hoy 61) de la calle de Toledo, estuvo el viejo café, abigarrado y chulón más simpático de Madrid: El Nuevo café de San Millán. 

Foto: M.R. Giménez (2011)
El café de San Millán.
 
Inaugurado en diciembre del año 1876 por su dueño, Manuel Vidal Gallo, estaba dividido en dos partes: La del fondo que cobijaba a la clientela fija y la de la puerta, a los de paso. 

Mucha y variopinta fue la parroquia de este café. Por él pasaron desde arrieros, tratantes de ganado, fresqueros (vendedores de pescado fresco) y trabajadores del vecino mercado de La Cebada hasta Pío Baroja y Nessi; cigarreras, verduleras, peinadoras, vecinas del barrio y casi toda la Generación del 27 con Maruja Mallo González (quien ganó en el año 1926 a Rafael Alberti en un concurso de blasfemias, celebrado en el café). Era este un lugar de tertulias y uno de los pocos espacios en que las mujeres podían reunirse abiertamente. 

En el año 1884 el café cambia de dueño y de decoración. Su nuevo propietario, Julián Uruburu Goiri, transforma el local en un lujoso establecimiento que poco tenía que envidiar a los cafés de la Puerta del Sol y sus aledaños. Con cuidado exquisito el pintor Sánchez Pescador llevó a cabo pinturas en los techos con gran propiedad, representando las costumbres de la vida del café. Desde el toreo a la graciosa manola que saborean la leche “amerengada”, hasta el periodista que, ni aún en el café, deja la noble manía de arreglar el mundo. 

Manuel Machado, hermano de Antonio, escribió en septiembre del año 1903 que en el café de San Millán celebró el torero Frascuelo (Salvador Sánchez Povedano) su fastuosa boda, pero erró en el dato porque lo que verdaderamente festejó el diestro fue haber conseguido uno de los mayores premios de la lotería del mes de julio de 1889. Allí se presentó Frascuelo el 1 de agosto, a las 11h. de la mañana, con unos amigos, invitando a los parroquianos del café a tomar lo que quisiesen. De inmediato corrió la voz entre los vendedores del mercado de La Cebada que fueron recibidos por el matador, apostado en la puerta del local, haciéndoles entrar para ser convidados. El mercado quedó vacío y la aglomeración en la plazuela de San Millán fue de tal magnitud que hubo de intervenir el orden público. 

Otra reforma del café tiene lugar en el año 1891 en la que su dueño, Julián Muguruza, vuelve a engalanar la decoración del espléndido café añadiendo molduras, adornos y cuadros con reproducciones de calles y edificios de La Latina, del pintor aragonés Manuel Zapata, además de instalar luz eléctrica. 

Fuente: Urbanity.es
Plazuela y Nuevo café de San Millán en 1897. La vendedora de verduras tiene el cesto entre la acera y la vía, para no pagar el impuesto al ayuntamiento.
 
En el año 1903, el abuso de autoridad de los nuevos dueños del café de San Millán propició la primera huelga de camareros de Madrid, que se extendería por todos los cafés de la ciudad. Pero dos años más tarde, en 1905, la suerte sonríe a los trabajadores y parroquianos del café haciéndoles partícipes del tercer premio de la lotería de Navidad, que recayó en el número 15.554 y fue vendido por el fosforero Manuel Sevilla, que no se reservó participación alguna. El premio se abonó en una de las salas de tresillo de los billares del mismo café, el día 29 de diciembre, en la que se hallaban presentes el cerillero, un administrador de lotería y una pareja de seguridad mientras la mujer del vendedor que había repartido la suerte, ponía orden a la entrada del café. 

Fuente: B.N.E.
El fosforero Manuel Sevilla, con su mujer, preparado para entregar los premios. (1905).
 
El café de San Millán fue agraciado en otras dos ocasiones por importantes premios de la lotería. En el año 1915 otro fosforero llamado José Cando, vuelve a repartir participaciones de dos reales del número 28.535, agraciado con el segundo premio y en 1923 el gordo de Navidad recae en el personal de cocida del café, que jugaba un vigésimo del billete, correspondiéndoles la suma de quince millones de pesetas. 

El Nuevo café de San Millán estuvo abierto durante la Guerra Civil Española, sirvió de comedor social para el barrio y debió cerrar entre las décadas de los años cuarenta o cincuenta. Hoy es sólo un lugar de paso a la salida del metro, aunque mantenga el nombre de café de San Millán; sus pinturas y cuadros se perdieron hace tiempo cuando cerró el antiguo. Los dueños del nuevo bar van con prisa, desconocen tanto su historia pasada como en qué año se reanudó el negocio de la cafetería, lo que no deja de ser triste para la historia de Madrid. 







Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Urbanity.es
Urbancidades.wordpress.com

domingo, 19 de agosto de 2012

DON NICANOR TOCANDO EL TAMBOR Y EL BARRIO DE LAS INJURIAS.


Los juguetes para niños siempre han existido, pero la industria no pareció interesarse por su producción masiva, accesible y asequible para todos hasta bien entrado el siglo XX, en España. Fue así como pequeños artesanos y vendedores ambulantes hicieron de esta fabricación su negocio, distribuyendo sus limitadas producciones en ferias, verbenas, mercados o por las calles de las grandes ciudades. Juguetes tan simples como imaginativos, realizados con recortes sobrantes de fábricas dedicadas a otros productos, llegaron a las manos de niños y niñas siendo, en muchas ocasiones, uno de los pocos regalos que obtendrían en su infancia. 

El juguete artesanal más famoso en Madrid fue don Nicanor tocando el tambor, de origen incierto y cuyos primeros datos encontrados se remontan a la última década del siglo XIX. 

Foto: MANCHA
Don Nicanor tocando el tambor adquirido en la Puerta del Sol, en el año 1980. 

Hay quien mantiene que el creador de don Nicanor tocando el tambor (porque su nombre consta de estas cinco palabras) fue el segoviano Acacio Talega, primera criatura en confeccionar un muñeco con un pito adosado en la trasera y cuyos pequeños brazos tocaban un tambor que se accionaba mediante un fino cordel; el juguete se llamó Nicanor en honor al padre del segoviano. Pero la paternidad del juguete, compuesto de doce piezas que en origen se fabricaba a base de cartón, caña, pedazos de lata y retales nuevos o usados, está aún por demostrar. 

Don Nicanor tocando el tambor fue el primero de una colección de juguetes artesanales que competían en las calles de Madrid: “El ratón y el gato, diversión para un susto”, “don Jerónimo subiendo por la cuerda”, “la cartera mágica”, “don Toribio que saca la lengua”, “la rata mecánica”, “el gallo hincando el pico”. Pero el único que llegó a participar en París, en el IX Certamen benéfico de sesenta y nueve naciones, allá por diciembre del año 1964 y cuyas ventas resultaron ser las más fuertes del pabellón español de la muestra, fue don Nicanor tocando el tambor. (Junto al palo de la fregona y el del pirulí, fue toda una aportación de la inventiva española en el extranjero, como vemos). 

Los vendedores ambulantes de don Nicanor solían poner a la venta su mercancía en la primavera y el verano de Madrid. La Puerta del Sol era en los años finales del siglo XIX, un lugar en el que se vendía de todo: Gomas de paraguas, “El calendario zaragozano” con los pronósticos del tiempo de Mariano del Castillo Ocsiero, libros de poesía. Sin duda cada uno de estos comerciantes debía gritar a pleno pulmón las excelencias de sus géneros, mientras los vendedores de don Nicanor utilizaban como reclamo el pito y el pequeño tambor del juguete para interpretar con destreza los pasodobles y las melodías de moda. 

Foto: ABC (1979)
 
Ya en el siglo XX uno de los más famosos comerciantes de don Nicanor tocando el tambor fue Victoriano Arias, quien obtuvo por primera vez licencia municipal para vender el juguete en la Puerta del Sol y en el Rastro madrileño, durante el año 1981 y siendo alcalde Enrique Tierno Galván (1918-1986). 

El último vendedor con licencia para la fabricación de don Nicanor tocando el tambor es Carlos Naldiño, que fue homenajeado por la peña “Amigos de Julio Camba” en Casa Ciriaco en el mes de noviembre del 2008, tras más de setenta años vendiendo el juguete en la calle. 

Detrás del bullicioso y alegre don Nicanor tocando el tambor se escondía una realidad bien distinta. La fabricación del muñeco, en Madrid se llevaba a cabo por artesanos que en su inmensa mayoría vivían en el barrio de Las Injurias

Fuente:Cartotecadigital.icc.es
Plano de Madrid (1919) de P. Nuñez Granés. El barrio de Las Injurias y Casa(s) del Cabrero, en él incluido.
 
El barrio de Las Injurias o del Cristo de las Injurias, se ubicaba en lo que hoy puede localizarse en las cercanías de la estación del metro de Pirámides, entre el final de los paseos de las Acacias y de las Yeserías, casi lindando con el río Manzanares y con el Puente de Toledo (s. XVII). 

Fuente: Maps.Google.es
Señalado en el recuadro lo que, sobre la fotografía actual, correspondería al barrio de Las Injurias.
 
La prensa no llegaría a hablar del barrio de Las Injurias hasta los primeros años del siglo XX, cuando los problemas de insalubridad y delincuencia se hicieron más patentes. Pero el barrio ya tenía una población importante durante los años setenta del siglo XIX, que sin duda fue incrementando con aquellos que llegaban a Madrid buscando una vida mejor. 

La miseria y la desesperación de una vida casi sin perspectivas se unían en Las Injurias y su barriada la Casa del Cabrero, con habitantes de todo tipo. Había quien trabajaba sin descanso en todos los oficios y tajos posibles, y también muchos delincuentes. Pío Baroja y Nessi en “La Busca” de la trilogía “La lucha por la vida” (1904) lo describe así: Llamaban así a un grupo de casuchas bajas con patio estrecho y largo en medio. En aquella hora de calor, a la sombra, dormían como aletargados, tendidos en el suelo, hombres y mujeres medio desnudos… Pululaba una nube de chiquillos desnudos, de color tierra, la mayoría negros, algunos rubios de ojos azules. Como si sintieran ya la degradación de su miseria, aquellos chicos no alborotaban ni gritaban. 

Fuente: B.N.E.
La Casa del Cabrero en 1909. Al fondo se aprecia la gran chimenea del Gasómetro, que existe en la actualidad.
 
Un viejo vecino del barrio describe la zona como el sobrante de todos los distritos de Madrid

Los que allí vivían pagaban al casero un alquiler diario y había un “retrete” para todos. La suerte es que las puertas y ventanas no cierran, lo que permite que el aire viciado de las viviendas, en que la gente vive hacinada, se renueve. 

Parece que en el verano del año 1906 el entonces alcalde de Madrid, Alberto Aguilera Velasco, decide demoler el barrio de Las Injurias para higienizar la Villa y Corte. En septiembre de ese mismo año una lluvia torrencial inunda gran parte de la zona, llenando de fango las huertas, ahogando a un gran número de gallinas y destruyendo multitud de pobres viviendas. El agua alcanzó más de un metro de altura. Pero el invierno de ese mismo año, las viviendas de barro, piedra y cañizo del barrio de Las Injurias también fueron casi arrasadas por una de las mayores nevadas de la época. 

Fuente: Flirckr.com
Barrio de Las Injurias en 1909. 
 
En el año 1909 se anuncia también la demolición de la Casa del Cabrero, que entonces contaba con una población de ochocientas familias. 

Es muy probable que los vecinos del barrio de Las Injurias volvieran a levantar sus míseras viviendas una y otra vez en los años posteriores a su derribo oficial. El ensanche de Madrid y la especulación del suelo permitieron que nuevas y modernas construcciones se apoderasen de la zona. A pesar de todo, en el plano de Madrid de 1950, publicado por la editorial Rápido y firmado por A. Menéndez, puede verse aún señalado el barrio de las Injurias, cuyo nombre hoy parece olvidado. 

Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de A.Menéndez del año 1950, donde aún aparece el barrio de Las Injurias. 
 
Tan sólo a tres kilómetros de distancia de la Puerta del Sol y sus lujosos cafés hace poco más de un siglo existía otro Madrid bien distinto, como hemos visto.





Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca El País.
Eladelantado.com
Prensahistorica.mcu.es
Cartotecadigital.icc.es
Maps.google.es
Especial agradecimiento a MANCHA por su colaboración.

lunes, 13 de agosto de 2012

EL CAFÉ DE LEVANTE.


Desde que las botillerías de Madrid cambiaron su denominación por la de cafés, dando a estos negocios un nuevo aire que permitía la charla sosegada y la degustación de bebidas o viandas, el comercio hostelero de esta ciudad proliferó de forma asombrosa. 

Se abrieron cafés elegantes, cafés de barrio, cafés de conciertos y billares, cafés de cante flamenco, cafés con peor o mejor fama de sus parroquias, en suma, cafés para todos; pero una de las peculiaridades que más entorpecen, a la hora de indagar sobre sus historias, era la repetición casi obstinada de sus “marcas”. Parece que en los siglos XVIII y XIX nada impedía que un negocio semejante a otro llevara el mismo nombre; aunque los habitantes de aquel Madrid en miniatura, si se compara con el presente, sabían perfectamente donde se ubicaba el lugar al que deseaban ir. Así, al buscar la historia del café de Levante, nos encontramos con que al mismo tiempo hubo varios con esa denominación. De ellos nos quedaremos con dos: El situado en la calle del Arenal, número 15 y el de la Puerta del Sol, número 5. Ambos existieron simultáneamente durante casi medio siglo. 

El café de Levante de la calle del Arenal, fue inaugurado durante la década de los años cincuenta del siglo XIX. Altos espejos, relativa anchura, divanes con funda de “crudillo” en el verano (Tela áspera y dura, semejante al lienzo crudo, usada para entretelas y bolsillos) y billares, componían el decorado y los servicios del local. Era un café con música dotado de una plataforma, en el centro de la sala, donde se había instalado un piano de cola. El violinista Abelardo Corvino, regordete, coloradote y de cabello ensortijado, amable y simpático ejecutaba, junto al joven pianista Enguita, piezas de música clásica para un público eminentemente melómano. 

Café de Levante. Dibujo de Ricardo Baroja Nessi. 1905-1906.
Fuente: Museo de Bellas Artes de Córdoba.
 
En un momento dado, tal vez para diferenciar a este café de su homónimo situado en la Puerta del Sol, pasó a llamarse café Nuevo de Levante, pero todos lo conocían por “café Levante de Arenal”. 

Poco a poco el local se fue llenando de nuevos clientes dispuestos no sólo a escuchar música sino también a formar tertulias. Incipientes escritores y pintores, junto a niñas casaderas y comerciantes, formaban el heterogéneo público que asistía a las veladas musicales que, en ocasiones, eran motivo de discusión. 

Entre los años 1908 y 1914 Ramón María del Valle Inclán (1866-1936) tuvo su importante tertulia en el café Nuevo de Levante con la asistencia de José Augusto Martínez “Azorín”, Santiago Rusiñol Prats, Julio Romero de Torres, Pío y Ricardo Baroja Nessi, José Gutiérrez Solana y el joven Rafael de Penagos Zalabardo, entre otros muchos. 

Valle Inclán llegó a decir: El café de Levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y que muchas consagradas academias. Y Ricardo Baroja, apostilló: Los académicos, los consagrados, los profesores de centros de enseñanza oficial del arte, nos temían como a la peste. 

A medida que la tertulia de Valle Inclán tomaba nombre y resonancia, muchos eran los que a ella se acercaban para escuchar o intervenir, mientras la música sonaba. Esto dio motivo a cierta confrontación entre melómanos y tertulianos hasta que un día Valle Inclán, que se distinguía entonces por su falta de oído musical, con voz áspera y sonora, gritó: ¡Qué se calle Wagner, que no deja que se me oiga!. Pero en aquella disputa ganó el alemán. 

Foto: M.R. Giménez (2011).
De la deteriorada fachada, a pie de calle, del número 15 de la calle del Arenal sólo se salva la placa en la que figura el año de construcción del edificio (1861) y la rejería con las iniciales R.P.M. que probablemente pertenecían al dueño del inmueble.
 
El café de Levante de la calle de Arenal cerró en el año 1915, anunciando en la prensa del mes de agosto: Se venden todos los enseres del café Nuevo de Levante, billar y licores finos. En su local se instaló un gran almacén de paños. 


El café de Levante de la Puerta del Sol, número 5 abrió sus puertas en la década de los años setenta del siglo XIX, pocos años después de que se completara el ensanche y la reforma de esta plaza semicircular cuyos edificios podemos contemplar en la actualidad. Pablo Gil y Calvo fue el primer propietario de éste que tuvo la marca de Antiguo café de Levante, donde se degustaban como platos estrella la ración de riñones y el bistec de la casa. 

Foto: Urbanity.es
La fotografía está tomada en la década de los años 30 del pasado siglo. El anuncio de los laterales dice "Primera casa de comidas a la carta. Se sirven medias raciones". A la derecha se ve el número 5 del portal de la Puerta del Sol.

El de Levante era un café tranquilo, cómodo, higiénico y de tertulias, donde todos los parroquianos se conocían entre sí. Una noticia en octubre del año 1899 indica que un caballero había olvidado una cartera con billetes de banco sobre una de las mesas del café de Levante de la Puerta del Sol. Cinco horas después volvió a preguntar por ella y tuvo la satisfacción de recuperarla merced a la hombría del camarero Juan López, que la devolvió enseguida, negándose a tomar ninguna gratificación por su honrado proceder. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Lo que fue el café de Levante de la Puerta del Sol, en la actualidad.
 
En el año 1892 el Antiguo café de Levante lleva a cabo importantes obras de restauración que serán objeto de noticia en la prensa. Ruiz y Morales, sus nuevos dueños, encargan al entonces afamado pintor Nicasio Pechuán la decoración interior. El local tendría un salón especial para señoras, con entrada por el portal del edificio y también modificaría sus billares de la planta superior. 

Los más de cien años de vida del Antiguo café de Levante dieron para multitud de tertulias. Toreros, actores y actrices de las varietés, periodistas y literatos principiantes o de reconocida fama, asistieron o formaron parte de las numerosas peñas de este café, mientras “el echador” ( Mozo de café encargado de llevar las cafeteras y echar el café y la leche en las tazas o vasos servidos por el camarero al consumidor) se paseaba entre las mesas: Jacinto Benavente Martínez, Sinesio Delgado García, Carlos Arniches Barreda, Félix Rubén García Sarmiento (Rubén Darío), el político José Martí, Mariano de Cavia Lac, José Francos Rodríguez, el torero Marcial Lalanda del Pino (para quien fue creado el pasodoble “Marcial, eres el más grande” por José María Martín Domingo) y hasta Ramón Gómez de la Serna llegó a frecuentar este café, durante el tiempo que le dejaba libre su Sagrada cripta del Pombo

Fuente: B.N.E.
Ramón Gómez de la Serna retransmite por radio una partida de billar en el salón del piso superior del Antiguo café de Levante. (1929).
 
Durante la Guerra Civil Española el Antiguo café de Levante se mantuvo abierto, pero a su finalización el ambiente de las tertulias había cambiado de forma imperativa, como en todas partes. Otras peñas, a pesar de la prohibición de la libertad de reunión vigente en el momento, obtuvieron el derecho a reunirse en los cafés; así, Ernesto Giménez Caballero fundó en los sótanos del Antiguo café de Levante la “Cripta de Don Quijote o de los libertadores de América” tertulia de americanistas que su fundador quiso convertir en un museo lleno de figuras en bronce de los libertadores americanos. 

El Antiguo café de Levante, que quien ésto escribe tuvo la fortuna de conocer, desapareció en el año 1966, siendo sustituido por una conocida zapatería. En la actualidad el local se ha convertido en una tienda de artículos deportivos. 



Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Arbor.revistas.csic.es
Prensahistorica.mcu.es
Museo de Bellas Artes de Córdoba.

lunes, 6 de agosto de 2012

EL PERRO PACO.

Entre los muchos personajes populares que deambulaban por los cafés y las calles de Madrid durante el último cuarto del siglo XIX, estuvo el perro Paco. La prensa de los años ochenta de la antepasada centuria comentaba casi diariamente sus hazañas y aún hoy es posible encontrar alguna referencia a este mítico perro independiente, simpático, callejero y astuto que se ganó el cariño de todos los habitantes del Madrid de aquella época. 

Fuente: ABC.

Dada la popularidad que alcanzó este animal, las numerosas noticias encontradas sobre su origen e historia son contradictorias en muchas ocasiones. Así aparece escrito que su dueño era Francisco Lozano, quien le puso el nombre de Paco y que trabajaba como mayoral de las diligencias entre los municipios de Colmenar Viejo y Chinchón (Madrid), empresa propiedad del torero Salvador Sánchez Povedano “Frascuelo”. En otras ocasiones se hablaba de que Paco era un perro callejero y de origen desconocido, siendo bautizado por Gonzalo de Saavedra Cueto (alcalde de Madrid en el año 1884), durante una cena en el café de Fornos

Lo cierto es que Paco pasó del anonimato a la celebridad debido a su casi inteligencia, llegando a figurar en la obra “Cuentos Morales” de Leopoldo García-Alas Ureña “Clarín” y en “Pedro Sánchez” de José María de Pereda y Sánchez Porrúa. También fue protagonista de numerosas aleluyas (Dibujo que forma parte de una serie de ellos contenidos en un pliego de papel con la que se explica un asunto, generalmente con versos pareados al pie), se compuso para él una polka canesca con texto, llamada “El perro Paco” de autores desconocidos y se dice que fue el rey Alfonso XII quien, anónimamente, escribió su biografía en la obra de 320 páginas “Memorias autobiográficas de don Paco”. 

Fuente: B.N.E.
Portada de la polka canesca "El perro Paco" compuesta por los distinguidos canes Turco y Palomo, que se vendía en el almacén de música de Pablo Martín en calle del Correo, nº 4 de Madrid.

El origen de esta historia se remonta al año 1879 cuando un perro sin raza, callejero, pequeño, con la cola mutilada y de pelo negro entró por la puerta del famosísimo café de Fornos en busca de un terrón de azúcar. Pasó entre las mesas y los comensales fueron obsequiándole con pedazos de carne y otros condumios, que él comió con entusiasmo. Como agradecimiento empezó a dar volteretas, lo que hizo tanta gracia a la concurrencia que desde aquella noche tuvo la cena pagada en este café por Gonzalo Saavedra. 

Fuente: Urbancidades.wordpress.com
El café de Fornos en el año 1908.
 
Altos espejos, columnas, anchos divanes granates conformaban el decorado del café de Fornos que estaba situado en la esquina de la calle de Alcalá con la de Peligros y era el más famoso de Madrid en la época. Pinturas de Emilio Sala Francés y de Antonio Gomar Gomar, adornaban este lujoso café inaugurado en la década de los años setenta del siglo XIX y del que hoy sólo queda una placa indicativa. 

Foto: M.R. Giménez (2008).
Placa indicativa del lugar en donde estuvo el famoso café de Fornos, en la calle de Alcalá esquina con la de  Peligros.

El perro Paco dormía en las cocheras del tranvía de la calle de Fuencarral y nunca accedió a ser acogido por dueño alguno. El animal en cautividad dejaba de comer y beber hasta que exhausto, era puesto en libertad. 

Sus paseos por la Puerta del Sol, calle de Sevilla, Carrera de San Jerónimo y El Retiro eran saludados por todos e incluso era mostrado a los provincianos que llegaban a Madrid como una curiosidad más de la ciudad. Sin duda el perro Paco era la figura más interesante de esta corte, el héroe favorito de los madrileños

Al perro Paco le gustaba ir a las carreras de caballos en el hipódromo de la Castellana, no se perdía las paradas militares ni las procesiones, pero donde verdaderamente se divertía era en los toros. 

La antigua plaza de Felipe II era su lugar predilecto, donde llegó a tener un lugar reservado en el tendido número 9. Paco iba y venía por cada rincón del coso sin que nadie entorpeciera su camino. 

Fuente: Urbanity.es
Plaza de toros de Felipe II (hoy Palacio de los deportes), sobre el año 1890.

Los periódicos de los años ochenta del siglo XIX dieron completa información sobre todos los detalles relativos a las corridas de toros que tenían lugar en Madrid. Allí se podían leer las faenas de toreros como Fernando Gómez García “El Gallo”, Manuel Hermosilla Llanera “Hermosilla”, Rafael Molina Sánchez “Lagartijo” o “Frascuelo”, los pormenores de cada toro y las gestas del perro Paco que solía saltar al ruedo, tanto para enfrentarse con el astado mordiendo su hocico como para intervenir en el paseíllo del diestro. Los achuchones, revolcones y cogidas de relativa importancia que sufría el tuso estaban bien detallados en estas crónicas, así como sus partes médicos. 

Parece que la salud mental del perro Paco fue deteriorándose con el tiempo. Los golpes y testarazos recibidos de los morlacos llegaron a convertir a este perro callejero, aunque bien alimentado, en un peligroso mordedor. En el mes de mayo de 1882 Paco agredió a un transeúnte y a una niña en la calle de Sevilla, por lo que fueron muchos los comentarios en prensa pidiendo al ayuntamiento ¡Qué le den la morcilla! (matar con morcilla envenenada) porque el perro Paco se ha hecho insoportable

El día 21 de junio de 1882 el gremio de vinateros celebró una becerrada en la plaza de toros de Madrid. El novillero José Rodríguez “Pepe el de Galápagos” (que posteriormente sería elegido concejal del ayuntamiento) remataba ya su faena cuando el perro Paco saltó al ruedo para realizar la suya. El becerro se lanzó a por el animal con tan mala suerte que tropezó contra el novillero e hizo que éste diera con sus huesos en el suelo. Al levantarse iracundo fue directamente a por el perro que le entorpecía, asestándole una estocada entre las costillas ante el estupor del público. 

El cabo de areneros (encargado de mantener en condiciones convenientes, durante la lidia, la superficie de arena del redondel.de la plaza) recogió al animal herido y trató de reanimarle, aunque nada se pudo hacer por su vida. 

Nadie quiso olvidar al perro Paco. Su cadáver fue llevado al famoso disecador Ángel Severini, que tenía su negocio instalado en la Carrera de San Jerónimo, número 21, en el año 1882. 

Fuente: B.N.E.
Noticia en prensa del fallecimiento y disecación del perro Paco.

La conmoción que sufrió la ciudad de Madrid por la triste pérdida del perro Paco hizo que todos se agolparan ante el escaparate de la tienda de Severini, para despedirse del animal. Posteriormente fue expuesto en una taberna de la calle de Alcalá y más tarde fue Rafael Sanjaume, dueño de la herboristería de la calle del Desengaño, número 22 (hoy Droguería Manuel Riesgo), quien se hizo cargo de la figura disecada del malogrado perro Paco. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Bib.cervantesvirtual.com
Urbancidades.wordpress.com
“Madrid en la vida de…” José Montero Alonso.