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martes, 31 de julio de 2012

EL CAFÉ CASTILLA, LAS CARICATURAS DE SIRIO Y UGALDE.

Poco más de una década antes del comienzo de las obras de la Gran Vía de Madrid, en la planta baja de la cercana calle de las Infantas, número 29 - duplicado - junto a la Casa de las Siete Chimeneas (s. XVI), estuvo el café Castilla

Foto: M.R. Giménez (2012)
Aspecto actual de lo que fue el Café Castilla. A la derecha de la fotografía, la Casa de las Siete Chimeneas.
 
La calle de las Infantas (renombrada por la II República Española como calle de Rosalía de Castro y cuyo apelativo inicial recuperó tras la Guerra Civil) era paso habitual de gentes de los circos-teatros cercanos, de reporteros, literatos y de Federico Agustí que, no pudiendo ser actor, decidió fundar un café de artistas que atrajo a la intelectualidad del momento. 

Foto: Diego González Ragel (Archivo Ragel)
El café Castilla alrededor de los años 50.

Más de sesenta años de vida resistió el café Castilla donde tuvieron tertulia y escribieron: Benito Pérez Galdós, Ramón María del Valle-Inclán, Carlos Arniches Barreda, Jacinto Benavente Martínez, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, José Serrano Simeón (Maestro Serrano), Mariano de Cavia, Emilio Carrere, Pedro de Répide, Enrique Jardiel Poncela, actores, actrices, empresarios teatrales, artistas circenses, deportistas, músicos y periodistas. 

El Castilla era un café de barrio recatado y cordial, que se había especializado en chocolates, almuerzos, cenas y fiambres, además de servir la cerveza alemana en “bock” (jarro con asa). 

Fuente: B.N.E.
Rincón de Benito Pérez Galdós en el café (de) Castilla. "Tenía su despecho en la tercera mesa del café, entrando, a mano derecha".

Eran las 2h. de la madrugada del día 1 de junio de 1906, cuando entró en el café un sujeto que pidió al camarero un helado, pero al haberse acabado el género solicitó un “bock” de cerveza. Durante cuarenta minutos estuvo sentado ante el velador escuchando los comentarios de la noticia del día: El atentado contra Alfonso XIII, en la calle Mayor de Madrid. 

Una tertulia cercana compuesta por varios hombres, algunos de ellos militares, comentaban con frases duras las consecuencias del criminal hecho, mientras se fijaban en el individuo sin compañía vestido con americana, chaleco color café oscuro, corbata oscura, cuello blanco a la marinera y sombrero flexible color café que estaba sentado cerca de ellos. El hombre, al sentirse observado, abonó la consumición y salió precipitadamente del café. 

Los periódicos daban cumplida información sobre el curso de la investigación policial. Detalles como la localización de las ropas manchadas de sangre del presunto terrorista, semejantes a la indumentaria del individuo que había tomado una cerveza en el café Castilla unas horas después del brutal atentado, permitieron demostrar que Mateo Morral Roca había estado deambulando por Madrid durante todo día de los hechos y de madrugada había recalado en el café. 

Foto: Eugenio Mesoreno Romanos (31 de mayo de 1906). (Memoriademadrid.es).
Atentado de la boda de Alfonso XIII, en la calle Mayor de Madrid.
 
Una noche del mes de septiembre del año 1927, Elroy “el hombre de los pies maravillosos” visitó el café Castilla acompañado por su secretario e intérprete. 

Inglés de Mánchester, alto, seco, de perfil agudo, ojos vivos y frente despejada, hablaba con gran corrección mientras descalzaba sus pies y subía uno de ellos sobre la mesa. Elroy era un gran contorsionista y al haber perdido ambos brazos en un incendio a la edad de 2 años, tuvo que aprender a valerse por sí mismo utilizando sus extremidades inferiores. Escribía correctamente, pintaba, barajaba y repartía las cartas para jugar al póker, al que era muy aficionado. Se había formado en el oficio de grabador, pero al no obtener trabajo decidió dedicarse al mundo del espectáculo, recorriendo el mundo con el circo. Era un hombre feliz al que contrariaba la piedad, muy educado, dotado de una increíble elasticidad y con un sorprendente dominio de los músculos aductores de piernas y dedos de los pies, en uno de los cuales llevaba un anillo con un brillante de gran valor. Siempre llevaba su dinero en el zapato y al despedirse, extendía su pulcro y arreglado pie a la mano del interlocutor. 

Dibujo de Emilio Ferrer (B.N.E.)
Ilustración de la entrevista a Elroy "el hombre de los pies maravillosos" (1927).

Uno de los caricaturistas más famosos de las décadas de los años diez, veinte y treinta del siglo pasado fue Sirio (Sirio Abel García Hernández. 1901-1937). 

Fuente: B.N.E. Fotografía: Díaz Casariego.
Sirio, en pie a la izquierda, en el café Castilla. En la parte superior se aprecia el zócalo con la exposición de sus caricaturas (1929).
 
Sirio había venido de Cuba donde, apenas con pantalón corto, frecuentaba las tertulias de periodistas y escritores como un niño prodigio. Llegó a España con dieciséis años y, aunque le hubiese gustado ser músico, tardó poco en colaborar con numerosos periódicos haciendo caricaturas de los más famosos artistas, políticos y escritores. 

Los rasgos estilizados y la economía de líneas dotaban a sus dibujos de un carácter peculiar. No reproducía grotescamente los defectos del personaje, como los demás, sino que con el menor número de trazos expresaba a la perfección la psicología del modelo. Eran caricaturas por eliminación, hechas sólo con contornos, con frías siluetas que adquieren de pronto extraña y fogosa vitalidad y humor, descubriendo los matices personales característicos

Federico Agustí, dueño del café Castilla, encargó a Sirio las caricaturas de los famosos que pasaran por el local, para colgarlas de sus paredes. Poetas, dramaturgos, pintores, músicos, hombres de ciencia, políticos, todos pasaron por la mirada miope del artista y fueron objetivo de su agudo lápiz. 

Fuente: B.N.E.
Caricaturas de Sirio. La central expresa "Cómo me ven las mujeres" y "Cómo quisiera yo que me vieran". 

En el mes de septiembre del año 1929 los periódicos de Madrid hacen referencia a la exposición que, con más un centenar de caricaturas, se inauguró en el café Castilla para mantenerla de forma permanente y que contó con la asistencia de todos los caricaturizados. 

Sirio fallece joven de una pleuresía que degeneró en tuberculosis en plena Guerra Civil Española, cuando ya era un artista consagrado y famoso. Sus caricaturas continuaron formando parte del alto zócalo que, para acogerlas, había sido encargado por el dueño del café en la reforma total del establecimiento que tuvo lugar en el año 1934. 

Otro caricaturista pasó a ser sucesor del malogrado Sirio: Paco Ugalde (Francisco Ugalde Pardo. 1903-1978). 

Fuente: ABC.
Autorretrato de Paco Ugalde
 
Este prolífico aragonés, vino a Madrid para trabajar en el diario ABC. Reflejó con sus más de cien mil caricaturas peculiarísimas la actualidad del teatro, del cine, de la música, del deporte. No fue cruel con sus personajes nunca. Casado con la actriz cómica Soledad Domínguez, también inauguró una exposición en el café Castilla con sus dibujos, acto que fue retransmitido en directo por Radio Nacional, en el mes de abril de 1944. 

Poco tiempo después de la muerte de Federico, el dueño del café Castilla, su viuda decidió modificar el local para darle un aire más elegante y convertirlo en sala de té. Ofreció las caricaturas de Sirio y Paco Ugalde, de la exposición permanente, al Círculo de Bellas Artes de Madrid, pero el álbum de autógrafos de las personas más relevantes que durante tantos años habían pasado por el local, nunca pensó en venderlo. 

Hoy en día los doscientos cincuenta dibujos de actores, autores, toreros, intelectuales, personajes pintorescos y asiduos del café Castilla, forman parte de la colección del Museo Nacional del Teatro, con sede en Almagro (Ciudad Real). 

El café Castilla cerró definitivamente en el año 1964, para convertirse en una oficina bancaria. En la actualidad su local está ocupado por un restaurante que, tal vez, desconozca la historia que se vivió entre sus paredes desde el último año del siglo XIX, cuando se inauguró aquel famoso café. 






Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Museo Nacional del Teatro de Almagro.
Heraldo.es
Memoriademadrid.es
Flickr.com

miércoles, 18 de julio de 2012

EL CAFÉ DE LAS SALESAS, ANTONIO MACHADO Y ROSARIO DEL OLMO.

Foto: Alfonso
Esta es la fotografía íntegra tomada en el café de las Salesas el día 8 de diciembre de 1933. En ella aparecen Antonio Machado, Rosario del Olmo y el camarero Braulio.
(Extraida del blog minernm.blogspot.com)


Desde el mes de diciembre de 1878, cuando la actual calle del Conde de Xiquena tenía por nombre el de calle de las Salesas (cuyo cambio de denominación se produjo en el año 1901) y hasta el mes de septiembre de 1945, estuvo abierto en Madrid el café de las Salesas

Con divanes de rojo peluche y espejos en las paredes para multiplicar las dimensiones del local pequeño e irregular, el café de las Salesas estuvo situado en el actual número 17 de la calle del Conde de Xiquena y hacía esquina a la plaza de las Salesas. Era un café de barrio, entonces apartado del centro, tranquilo y popular, recatado e íntimo. 

Gracias a su cercanía al Palacio de Justicia, que desde el año 1870 ocupa el antiguo monasterio de la Visitación de las Salesas Reales (1758), este café siempre tuvo abundante y pacífica clientela compuesta por los abogados, testigos y parientes de los procesados, alguaciles, escribanos, procuradores y los numerosos periodistas que por el café pasaban para indagar sobre las noticias más señaladas de las causas juzgadas en los tribunales y que solían hacer mención en sus crónicas de los riñones salteados, las tortillas, el “beefteak” con o sin patatas que incluía el menú de los jueces más afamados. 

Uno de los casos que más revolucionó tanto la opinión pública como la prensa de Madrid, fue el famoso Crimen de la calle de Fuencarral. En 1888, año del suceso, el café de las Salesas fue el establecimiento más beneficiado por haber aumentado sus ganancias de manera espectacular, gracias a que todo el mundo acudía a él en busca de noticias. También el café de las Salesas servía consumiciones a los detenidos. 

El dramaturgo y escultor Francisco Oliver Crespo (1873-1957), que fue el primer presidente de la Sociedad General de Autores, sitúa la acción de su obra “El crimen de todos” en el café de las Salesas. 

En el año 1918 una huelga del gremio de camareros dejó sin servicio a los cafés de Madrid, lo que provocó un desfavorable ambiente público. Un anuncio en prensa del día 3 de octubre avisaba de la incorporación al trabajo de los mozos del café de las Salesas como consecuencia de haber aceptado el dueño del mencionado establecimiento las bases presentadas por los camareros

Fuente: B.N.E.
Anuncio de los grandes conciertos del café de las Salesas, que también contaba con billares.

Entre las innumerables tertulias que tenían lugar en el café de las Salesas hay que destacar la de “Los salesianos”, por su variopinta composición. Desde las 11 horas de cada mañana y hasta la 1’30 horas de la tarde, esta peña mantenía sus reuniones diarias con la máxima de jamás se riñe, sólo se discute sin violencia. Lo más curioso estribaba en que únicamente se hablaba de política, siendo los integrantes de ideas tan dispares como Marino García, militante comunista y Francisco Olías, representante de la derecha más recalcitrante. El periodista Augusto Vivero Rodríguez, era el presidente de la tertulia, en la que también participaba Eduardo Ortega y Gasset (hermano mayor del filósofo). Ex directores generales, ex gobernadores, abogados componían el curioso y dialogante grupo que usaba como distintivo plumas estilográficas de una marca determinada, cuya obligatoria adquisición era imprescindible para participar en la peña de “los salesianos”. 

Fuente: B.N.E.
Tertulia o peña de "Los salesianos" en una fotografía de Alfonso (1935).


En numerosas ocasiones elementos fascistas, en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil Española, prorrumpían en el café con ánimo de provocar disputas contra el grupo de “Los salesianos”. Bajo la consigna de no atacar, pero sí defenderse, cada uno de los integrantes de la peña asía con fuerza la botella que estaba consumiendo, mientras la charla continuaba. 

El café de las Salesas desapareció, como tantos otros de Madrid, pero su recuerdo quedó vivo en la memoria de todos gracias a una fotografía de Alfonso (Alfonso Sánchez García. 1880-1953). 

El día 8 de diciembre de 1933 la periodista Rosario del Olmo se reunió con el poeta Antonio Machado Ruíz (1878-1939) en el café de las Salesas, con el fin de realizar una entrevista para el periódico “La Libertad”, que no saldría publicada hasta el día 12 de enero del año siguiente y cuyo título era: “Deberes del arte en el momento actual”. 

Fuente: B.N.E.
Esta es la fotografía que ilustra la entrevista del periódico "La libertad" publicada en el año 1934 y tomada en diciembre del año 1933.


Por alguna razón desconocida, la magnífica fotografía tan sólo apareció casi íntegra en el momento de ilustrar la interviú. Luego fue recortada. En la actualidad sigue siendo una de las imágenes más famosas y bellas del poeta Machado. 

Se aprecia en el primer original el interior del café de las Salesas en el año 1933. Cómo eran las mesas de mármol, los espejos de sus paredes en donde se reflejan las columnas y lámparas del local, el teléfono de campanillas, un calendario marcando el día 8 y la imagen discreta de Braulio, el camarero. 

El poeta aparece tranquilo, apenas con un atisbo de sonrisa, mientras que Rosario del Olmo manifiesta mayor complacencia ante el fotógrafo. Ambos morirían en el exilio, tras la Guerra Civil. 

Pocos datos biográficos se han podido encontrar sobre la periodista Rosario del Olmo, que escribió en los periódicos: “Nuevo Mundo”, “El Heraldo de Madrid”, “La Esfera”, “La Libertad”, “La Luz”, “Mundo Obrero” y la revista republicana “El Mono Azul” que se publicó durante toda la Guerra Civil. 

Rosario escribía reportajes sobre lugares y monumentos españoles, ya en 1928, pasando a realizar crónicas de opinión y entrevistas en el año 1931. 

Fuente: B.N.E.
Congreso Internacional de Escritores Antifascistas (1937). Rosario del Olmo se sitúa en la parte izquierda y junto a ella aparece María Teresa León, compañera de Rafael Alberti.


Comunista de afiliación firmó declaraciones contra la pena de muerte junto a otros intelectuales, rubricó el Manifiesto de la Alianza de Escritores Antifascistas para la defensa de la cultura y participó, en el año 1937, en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura celebrado en Valencia, con María Teresa León, María Zambrano, Margarita Nelken, Amparo González Timón, Juan Negrín, Bernardo Giner de los Ríos, Luis Cernuda, León Felipe, Rafael Alberti, entre otros nombres destacados. 

En palabras de Arturo Barea Ogazón (autor de “La forja de un rebelde”), a quien Rosario del Olmo sucede como jefa de la Oficina de prensa de Madrid durante la Guerra Civil Española, ella era una chica pálida e inhibida, discreta, severa y rectilínea que se mantuvo en su puesto hasta el final y de la que sabemos poco ya que es otra de las Mujeres Olvidadas. 

La verdad se le debe a todos los hombres del mañana” Rosario del Olmo – 1932. 





Fuentes:
Minernm.blogspot.com (Miner)
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.