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domingo, 24 de junio de 2012

BARBIERI, UN CAFÉ QUE AÚN EXISTE Y UN TEATRO.

En la esquina de la calle del Ave María con la travesía de la Primavera, existe un café desde el año 1902. Lo sorprendente del lugar es que hoy en día podemos contemplar como fue hace más de cien años, con sus divanes y las mesas de mármol, las molduras del techo, sus columnas, espejos en las paredes y la musa Erato que parece presidir desde la altura todo lo que allí sucede. 


Foto: M.R. Giménez (2012)
Nuevo café Barbieri.

El café de Barbieri era un café de barrio, concretamente del de Lavapiés y en su época del Ave María, cuando Madrid era mucho más pequeño. En él se suministraban servicios de comida a domicilio (huevos, café, paellas, vino) y en demasiadas ocasiones el encargado tenía que denunciar la no devolución del servicio, que solía aparecer a la venta en algún puesto de El Rastro. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
La esquina de la calle del Ave María con la travesía de la Primavera.
El nombre de este café intercaló el adjetivo nuevo en varias ocasiones a lo largo de su dilatada historia, seguramente debido a los cambios de dueño y a las sucesivas remodelaciones del local. El juego de naipes más popular entre los parroquianos era el Giley o Gilé, en el que se utilizan sólo 28 cartas de la baraja española, y sus jugadores se denominan gileistas

Era el día 18 de septiembre de 1909 cuando se reunieron en él (entonces llamado café Barbieri, a secas) los supervivientes de la sublevación republicana que encabezó el general Manuel Villacampa del Castillo el día 19 de septiembre de 1886, sin duda alrededor de alguna botella de cognac “Los Ángeles”, muy famoso entonces y de venta en el local. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Interior del café con sus divanes, mesas con mármol y espejos en las paredes.
En mayo del año 1911, y bajo el epígrafe de “Las hazañas de un cojo” varios periódicos relataron la historia de un hombre que renqueaba lastimosamente y alquiló un coche en la plaza de Antón Martín. Durante una hora anduvo dando vueltas por Madrid sin destino aparente, hasta que mandó parar al cochero frente al número 10 de la calle de la Esperanza lugar donde vivía un pariente suyo, al parecer. El hombre subió a la casa, saludó a su pariente y envió a la criada al café de Barbieri a por dos cafés y ocho huevos fritos con tomate. Tras ingerir la pitanza ordenó a su familiar que abonase la cuenta, ya que él no disponía de dinero. Al negarse éste, el hombre insultó y agredió al dueño de la casa saltando por el balcón abierto, con mucha agilidad, ante el pasmo de la familia. En la cercana calle del Ave María fue detenido y conducido a la comisaría del Centro, acusado de estafa por valor de 65 pesetas. Ni el cochero ni el café de Barbieri consiguieron cobrar el importe de sus cuentas pendientes. 

Hoy el Nuevo café Barbieri sigue abierto. Desde los años ochenta del siglo pasado es famoso por sus tertulias de cinéfilos, recitales de música y las exposiciones de fotografía y pintura que se organizan en su interior. 

A muy poca distancia del café estaba el teatro Barbieri, en la calle de la Primavera, número 7. Fue inaugurado el día 1 de noviembre de 1899 con la obra “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla Moral. Este teatro ya existía desde el año 1880 con el nombre de teatro Madrid; contaba con dos pisos y un techo de hierro que se podía descorrer durante las noches de verano, en menos de cinco minutos. Su espacioso escenario tenía un telón de boca que representaba la Puerta de Alcalá. En el año 1898 el teatro Madrid se arrienda a otra empresa, se remodela y cambia su nombre por el del famoso compositor de zarzuelas Barbieri, para ser inaugurado al año siguiente. 

El mismo año de la apertura del teatro Barbieri es contratada la cupletista Augusta Berges, la primera artista de su género que alcanzó fama en Madrid. Su cuplé “La Pulga”, canción cuya letra (entonces en italiano) estaba salpicada de frases de doble sentido que Augusta acompañaba con movimientos pícaros y desenfadados en busca del insecto por todo su cuerpo, causó sensación en la época. 

“La Pulga” fue cantada por primera vez en España por la señorita Nelle Martini. De origen italiano, esta melodía fue después traducida a todos los idiomas dado el éxito que obtuvo. La versión española fue estrenada por Pilar Cohen en el Royal-Kursaal de Madrid. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es
Pilar Cohen buscándose "La Pulga" en 1910.

El teatro Barbieri fue destruido por un terrible incendio en diciembre del año 1927. Alguien había dejado un cigarro mal apagado sobre el diván de uno de los palcos; de madrugada comenzó a arder, despertando al conserje del teatro que tenía su vivienda en el mismo edificio y no pudo hacer otra cosa que avisar a los bomberos. Su esposa y los cinco hijos de la pareja, que habían quedado atrapados por el fuego en la vivienda, tuvieron que ser rescatados por un vecino albañil que trajo una escalera de mano. El incendio estuvo a punto de afectar a las casas colindantes al teatro cuyos ocupantes se vieron en la obligación de desalojarlas sacando sus muebles y enseres a la calle, que fueron custodiados por la Guardia Civil. El espectáculo en cartel, en el momento de los hechos, era un “music-hall” con la artista Antinea, quien perdió gran parte de su vestuario. 

Foto: ABC. (1913)
El teatro Barbieri volvió a construirse en la calle de la Primavera. Antes y después del incendio fue un local en el que se celebraban numerosos mítines políticos socialistas y republicanos, asambleas gremiales, actos reivindicativos y espectáculos cuya finalidad era la recaudación de fondos para familias de obreros sin trabajo. Anunciándose como cabaret también era baile hasta las nueve de la noche y ofrecía espectáculos de varietés, desde las once hasta la madrugada, en los años 30 del siglo pasado. 




Fuentes:
Hemeroteca digital de la B.N.E.
Hemeroteca digital del ABC.
Wikipedia.org
Prensahistorica.mcu.es
Agradecimiento especial al personal del Nuevo café Barbieri, por su amabilidad y a Vicente Valdés, quién me llevó a conocerlo.

martes, 12 de junio de 2012

LA FONDA Y EL CAFÉ DE SAN SEBASTIAN, EL RELOJ DE CANSECO Y UN CEMENTERIO.

Resulta asombroso comprobar la historia que nos cuentan muchos de los rincones del centro de Madrid. Esquinas por las que mil veces hemos pasado con ligereza nos relatan su vida al descubrir una fotografía, alguna noticia en un periódico antiguo o al escuchar el comentario de alguien que vivió en sus inmediaciones. Tal es el caso de la pequeña extensión que abarca la plaza del Ángel y la calle de San Sebastián en Madrid. 


Foto: M.R. Giménez (2012)
Plaza del Angel esquina a la calle de San Sebastián, fachada del Palacio de Tepa. 

El neoclásico Palacio del Conde de Tepa del arquitecto Jorge Durán, que hoy es un hotel, ocupa el número 2 de la calle de San Sebastián y tiene fachadas a la plaza del Ángel y a la calle de Atocha. Este edificio fue inaugurado en el año 1808 y construido en el solar que dejó uno anterior propiedad del hostelero italiano Juan Antonio Gippini, que llegó a ser el dueño del café de la Fontana de Oro

Foto: M.R. Giménez (2012)
Fachada del Palacio de Tepa, en la calle de San Sebastián. Al fondo se aprecia la torre del edificio que fue de los Almacenes Simeón y hoy es un hotel.
En el edificio propiedad de Gippini y hasta el año 1766, fecha en que fue derribado, estuvo la Fonda de San Sebastián y su café, local que alojó uno de los cenáculos con más influencia en la opinión y en los gobiernos de la época. Era allí donde se reunían los ilustrados Nicolás Fernández de Moratín (Flumisbo Thermodonciaco) y su hijo Leandro, José Cadalso Vázquez de Andrade (quien allí presentó sus “Cartas Marruecas”), Ignacio López de Ayala, Francisco Cerdá Rico, Vicente de los Ríos, Pietro Napoli Signorelli y Juan Bautista Conti, entre otros. La obra satírica “La comedia nueva o el café” de Leandro Fernández de Moratín, está ambientada en este establecimiento. 

Gippini, el dueño de la fonda, solía colocar en las paredes del recinto letreros normativos como “Prohibido hablar de política” y “Sólo se puede hablar de toros, teatro, versos y cosas de amor” a los que los contertulios no prestaban demasiada atención, obviamente. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Rótulo que señala la ubicación de la antigua Fonda de San Sebatián.
En la esquina de la calle de San Sebastián (antes calle del Viento) y la plaza del Ángel, estaba instalado el famoso Reloj Canseco. 

Foto: Urbanity.es (1920).
La calle de San Sebastián esquina a la plaza del Angel y a la izquierda, la calle de las Huertas.  Se ve la parte trasera de la iglesia y lo que fue su cementerio. En la derecha, adosado a la fachada del palacio de Tepa, el Reloj Canseco. 

Hasta bien entrado el siglo XX el reloj del palacio de Tepa dio la hora puntual. Antonio Canseco Escudero, que había patentado el “sistema Canseco” para un reloj sin pesas, tenía tienda en el antiguo número 10 de la plaza del Ángel. En su escaparate instaló "el de los Chinosde madera pintada, con las coletas hasta los pies y las caras y manos amarillas. A la altura de sus cabezas hay un boquete negro y lóbrego con un complicado mecanismo de ruedas, campanas, poleas y cadenas. Cuando las agujas del reloj se van uniendo y acercándose a las doce, hay un ligero estremecimiento en los brazos de los "chinos" y de pronto, al sonar la primera campanada un chirrido de muelles los pone en movimiento y un chino pequeño sale de una caja cuya puerta se cierra de golpe y montándose a caballo en una campana da un fuerte golpe en ella con un martillo muy grande saliendo despedido al voltear la campana y quedando colgado de la trenza, entre un estruendo de hierro que arman los dos chinos gigantes tirando de unas cadenas. 

Otro café de San Sebastián o Gran café de San Sebastián se instaló, tras la edificación del palacio de Tepa y junto a éste, en la calle de Atocha, antiguos números 45 y 47, también con entrada por la plaza del Ángel, en el que fue su número 11. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Ubicación del Gran café de San Sebastián, en lo que hoy es el número 35 de la calle de Atocha. El local sigue teniendo salida por la plaza del Angel, hoy número 10.
El nuevo café de San Sebastián abrió sus puertas durante la primera década del siglo XIX y era famoso por permitir el paso entre la calle de Atocha y la plaza del Ángel, como camino más corto para llegar hasta la de Espoz y Mina. Tenía una sala habilitada para señoras en la que se servían hojaldres, dulces de ramillete (de almendras), jamón fiambre, etc. Todo con mucha equidad y esmero. A mediados del siglo XIX, adosado a su puerta de acceso por la calle de Atocha, había un puesto de libros de medicina, cirugía, farmacia e historia natural, propiedad de José Dochao con precios sumamente arreglados

El Gran café de San Sebastián desapareció en la segunda década del siglo XX, cuando una taza de café con azúcar o una copa de aguardiente de Francia costaba 1’17 reales. 

Otra sorpresa, en forma de antiguo cementerio, aún nos reserva esta calle de San Sebastián. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Verja del antiguo cementerio, hoy vivero de plantas, de la iglesia de San Sebastián, vista desde la calle del mismo nombre. Aún se aprecia la placa indicativa del enterramiento de Félix Lópe de Vega en la que figura el año de su fallecimiento.

Adosado a la Iglesia de San Sebastián, cuyas primeras piedras datan del año 1554 y cuyas sucesivas remodelaciones no han parado hasta el año 1959, se encuentra hoy un jardín convertido en negocio de venta de plantas. 

El terreno, con entrada por las calles de San Sebastián y de las Huertas, fue el antiguo cementerio de la iglesia y era conocido como “El jardín de los cómicos”. En el recibieron sepultura, entre otros muchos, Félix Lópe de Vega y Carpio, Buenaventura Rodríguez Tizón (Ventura Rodríguez), Juan Antonio de Villanueva y de Montes (Juan de Villanueva) y María Ignacia Ibáñez, actriz muerta prematuramente y de la que José Cadalso se enamoró tan perdidamente que el día 22 de abril de 1722, intentó desenterrarla al no poder soportar su pérdida. 

El cementerio de la iglesia de San Sebastián fue clausurado por orden de José Bonaparte, en el año 1809, quien ordenó que las necrópolis estuvieran fuera de la ciudad. Así los restos mortales de todos los enterrados en este lugar fueron sepultados en una fosa común, cuyo paradero hoy se desconoce. 




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Cervantesvirtual.com
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Vegasdelcondado.com
“Guía de Madrid” Ángel Fernández de los Ríos.
 Jardindelangel.es

miércoles, 6 de junio de 2012

BOTÍN, EL RESTAURANTE DEL ASADO AL ESTILO CASTELLANO.


Desde que el cocinero francés Jean Botín llegó a Madrid en el siglo XVII, muchos corderos y tostones (cochinillos) se han comido en esta capital. 

La plaza de Herradores era por entonces aquel sitio en que los nobles buscaban a los escuderos que habrían de llevar sus sillas de mano, y en ella abre "Botín" su figón el día 27 de enero de 1620, sitio donde Francisco de Quevedo y Villegas tuvo que refugiarse una noche de sus perseguidores. 

Parece que las especialidades de aquel local eran el pastel de liebre, el cochinillo (rostrizo) asado, la sopa con huevo y las auroras (leche de almendra con canela), para el postre. El establecimiento no había cambiado su fisonomía a principios del siglo XX manteniendo, como al principio, sus paredes de azulejos blancos ribeteados de colores, pequeñas mesas y sillas de madera, todo lo más sencillo posible. 

Foto: Todocoleccion.net
La primera "Casa Botín" de la plaza de Herradores. Hoy este edificio no existe.
La fama de este primer Botín fue en aumento hasta llegar a inaugurar, en el año 1920, una sucursal en la Dehesa de la Villa que ofertaba “cenas al fresco”. 

Volviendo a los inicios hay que decir que Jean Botín, el cocinero francés, estaba casado con una mujer de origen asturiano y la pareja no tuvo descendencia. A su fallecimiento el negocio de la plaza de Herradores (más tarde señalado con el número 7), pasó a manos de un sobrino de su mujer, manteniendo la marca “Botín”. 

Foto: Todocoleccion.net
Comedor de la antigua "Casa Botín" de la plaza de Herradores.

Un siglo después de inaugurar este negocio, ya en el año 1725, Cándido Remis, otro descendiente de la familia que llevaba el de la plaza de Herradores, se emancipa e instala una posada en la calle de Cuchilleros (que luego y hasta la fecha, sería el número 17). En aquellos tiempos no estaba permitido vender vino en este tipo de establecimientos ni tampoco otras vituallas, por lo que el viajero debía traer sus propias viandas para que le fueran preparadas. En la nueva fonda, allá por el año 1765, un joven Francisco de Goya y Lucientes encontró trabajo en sus cocinas mientras buscaba recursos para viajar a Italia y así continuar con sus estudios de pintura. 

La casa en la que se ubicó la nueva fonda de Botín, en la calle de Cuchilleros, ya existía en el año 1590. Su propietario había abonado la cantidad de 150 Ducados por el “privilegio de la exención de huéspedes”, impuesto que se pagaba por no albergar en el edificio a los miembros de los cortejos reales que venían a Madrid. (Hay que recordar que desde el año 1561, Felipe II convirtió a Madrid en capital de España; todos los edificios con más de un piso de altura estaban obligados a alojar a los funcionarios y al séquito real, imposición intercambiable por el impuesto de exención de huéspedes. Así surgen las “casas a la malicia” o construcciones que desde la calle figuraban tener sólo una altura y ocultaban otras dependencias superiores, de manera ingeniosa). 

Ambos negocios de marca “Botín”, el de la plaza de Herradores y el de la calle de Cuchilleros, coexistieron durante un tiempo. El hecho de tener el mismo nombre y dedicarse casi a la misma actividad, sin ser sucursales, originó algún que otro pleito entre ellos, hasta que en el año 1886 la “Pastelería de Cándido, sobrino de Botín” de la calle de Cuchilleros, número 17, fue legalmente autorizada para poner en su muestra, en el membrete de sus facturas y sellos, la marca de la casa. 

Foto enviada por Carlos González "Restaurante sobrino de Botín".
La fotografía es del año 1887 y en ella aparece todo el personal del negocio. Puede apreciarse la marca "Pastelería de Cándido, sobrino de Botín". Calle de Cuchilleros, 17.
El antiguo local se reforma entonces, se instalan escaparates y un gran mostrador de pastelería para vender pestiños, bartolillos, suizos y glorias. (Nota.- Las pastelerías de Madrid, hasta bien entrado el siglo XX, también asaban cochinillos y corderos, por encargo). Los alojamientos de las alturas superiores desaparecen y el horno del siglo XVIII, que aún podemos contemplar, no ha parado todavía de asar exquisiteces. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
El horno del siglo XVIII y su producción de cochinillos.
La fama de “Botín” de la calle de Cuchilleros fue en auge, mientras que el de la plaza de Herradores desaparecía en el primer tercio del siglo pasado. 

Hacia los años 30 del siglo XX Emilio González y Amparo Martín, adquieren el viejo horno de asar y lo convierten en el “Restaurante Sobrino de Botín”. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Portada del restaurante. A la derecha de la foto, sobre la puerta, se ve la inscripción del año 1725, cuando se inauguró la fonda. 

Modificaciones posteriores han ido haciendo de la casa de Cuchilleros, 17 uno de los más afamados e históricos lugares de Madrid, ostentando el título de restaurante más antiguo del mundo y siendo uno de los más mencionados en la literatura contemporánea. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Rincón de Hemingway. “Comimos en Botín en el comedor de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Cochinillo asado y rioja alta...” Ernest Hemingway – “Fiesta”. 
Benito Pérez Galdós: “España trágica”, “Realidad: novela en cinco jornadas”, “Fortunata y Jacinta”, “Torquemada y San Pedro”, “Misericordia”. 

Indalecio PrietoTuero: “De mi vida”. 

Arturo Barea Ogazón: “La forja de un rebelde”. 
“...se va sola, o con uno de nosotros, a casa de Botín, que es un restaurante muy antiguo de Madrid, y manda asar un cochinillo. Se lo come –si no vamos nosotros- ella sola, con una fuente grande de lechuga y un litro de vino”. 

Carlos Arniches Barreda: “La fiesta de San Antón”. 

Francisco de Sert Welsch (conde de Sert): “El goloso. Una historia europea de la buena mesa”. 

María Dueñas Vinuesa: “El tiempo entre costuras”. 

John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Graham Greene, Frederick Forsyth, James A. Michener y, por supuesto, Ernest Hemingway

Todos estos autores han incluido al restaurante Botín en sus obras. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Historias y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna.
Agradecimiento muy especial a Carlos González por la excelente aportación documental y a todo el personal del “Restaurante Sobrino de Botín” por su amabilidad.
Dar las gracias a Carlos Osorio http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/ por su magnífico blog y por su cortesía.