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lunes, 30 de abril de 2012

1º DE MAYO DE 2012.

“ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID” ESPERA QUE EL 1º DE MAYO CONTINÚE SIENDO EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES  Y NO VUELVA A CONVERTIRSE EN LA FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ ARTESANO.

Foto: M.R.Giménez
Foto: memoriagrafica.cartadeespaña.es
Demostración sindical en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, durante la dictadura fascista, cuando las manifestaciones reivindicativas de los trabajadores estaban prohibidas. Durante ese largo periodo de tiempo el día 1 de mayo se conocía como festividad de San José "artesano".



¡¡¡NO A LOS RECORTES, NO A ESQUILMAR NUESTROS DERECHOS!!!



lunes, 23 de abril de 2012

LA TABERNA DEL PÚLPITO, FORTUNATA Y DOS CAFÉS DE LA PLAZA MAYOR.

Cuando la Plaza Mayor que hoy conocemos quedaba fuera del recinto de la Muralla Cristiana de Madrid (construcción, siglo XII / siglo XV), tuvo por nombre Plaza del Arrabal de Santa Cruz. Fue Felipe III, representado en la estatua que se sitúa en medio del recinto, quien dispuso edificar una plaza bien urbanizada “en forma de cuadrilongo de 434 pies de longitud por 334 de latitud, 75 pies de alto y salida a seis calles descubiertas y tres con arco”.

Autos de fe inquisitoriales, terroríficos cadalsos y multitud de contiendas se mezclaron siempre en esta plaza con festejos de toros y cañas, celebraciones regias, corridas taurinas y ferias de la Navidad en las que se vendías los pavos, el cascajo (revuelto frutos secos), las naranjas, los turrones y guirlaches, los panderos y las zambombas. Sus tres incendios (1631, 1672, 1790) la dejaron maltrecha, pero no fueron obstáculo para volver a levantar y poder contemplar en la actualidad una de las más bellas plazas de Madrid.

En uno de los accesos a esta plaza, el más conocido, estuvo instalada una “tasca” popular. La taberna de El Púlpito del Arco de Cuchilleros.

Foto: M.R.Giménez (2012)
Farol con el nombre de la taberna.

Dibujo: Sacha (1929)

El Púlpito no es la taberna que hay abajo, pasada esa especie de plataforma de Piedra en el rincón de la Plaza Mayor, no. El Púlpito es el local casi desconocido que hay subiendo por una escalerilla que hay en el portal de El Púlpito vulgar”. Ramón Gómez de la Serna (1888-1963).

Dice la tradición que esta taberna fue el origen del último gran incendio que en 1790 destruyó parcialmente la Plaza Mayor. Lugar de trajinantes, bandidos y conspiradores se anunciaba sin embargo, en la prensa de 1838, como un local donde “hay un escelente jefe de cocina que ha trabajado en varios reinos estranjeros y en fondas y casas de grandes de España”. Su menú era cuantioso y variado, ofreciendo “pepitoria de gallina a 2 y medio reales, rica sopa de rabiolés a 2 reales, albondiguillas de ternera y lomo a dos reales” entre otros condumios. Muchos eran los artistas callejeros que cantaban en esta taberna a cambio de alguna calderilla, como “El terceto de la cuerda” compuesto por dos guitarras y una bandurria.

Foto: M.R.Giménez (2012)
La antigua taberna de El Púlpito, en la actualidad.

Junto a la puerta de la taberna estaba, y aún se localiza, el púlpito; una pequeña plataforma semicircular en piedra bordeada por una barandilla de hierro, que en el año 1978 fue robada dos veces. Desde allí, el día 2 de mayo de 1808 un monje gilito, del Convento de San Gil, arengó apasionadamente a los madrileños contra los franceses.

Foto: M.R.Giménez (2012)
El púlpito desde el que se arengó a las masas en 1808.

En el portal número 9, que junto al púlpito da acceso a una casa de vecinos, Benito Pérez Galdós ubicó la casa de “Fortunata” en su novela “Fortunata y Jacinta. Dos historias de mujeres”.

Foto: M.R.Giménez (2012)
Portal número 9 de la Plaza Mayor, donde Pérez Galdós sitúa la vivienda de "Fortunata".

«Pues por el orden siguiente, he ido descubriendo estos hechos: Que Fortunata no se ha muerto, que está en Madrid, que vive cerca de la Plaza Mayor , que vive en la Cava de San Miguel, en la casa de los escalones de piedra, que está fuera de cuenta desde hace un mes, y que D. Francisco de Quevedo la asiste». Cap. V - La razón de la sinrazón. Parte IV. “Fortunata y Jacinta”.


En Madrid, todo el mundo sabe donde se encuentra el Arco de Cuchilleros, pero no se puede decir lo mismo de la calle de La escalerilla de piedra, que une la salida de la Plaza Mayor con la Cava de San Miguel. De ella parte el famoso Arco de Cuchilleros, que forma una bóveda que la cubre y que ha quedado como nombre de esta pequeña y curiosa calle con escaleras.

Foto: M.R.Giménez (2008)

Dos cafés estuvieron en esta esquina de la Plaza Mayor, junto al Arco de Cuchilleros. El café de la Plaza y el café del Gallo.
El café de la Plaza ya era en el año 1820 “teatro de aquel periodo de agitados excesos” (Trienio liberal -1820/1823- durante el reinado de Fernando VII). Este café llevó siempre la denominación de la plaza que, según el periodo político, fue cambiando de nombre: Plaza Real, Plaza Mayor, Plaza de la Constitución y Plaza de la República o de la República Federal.

Foto: M.R.Giménez
Junto al Arco de Cuchilleros y la calle de La escalerilla de piedra, estaba el café de La Plaza. (2012)

Situado junto a La escalerilla de Piedra vendía leche de almendras, bebida típica de la Nochebuena, a 2 reales y medio el cuartillo, allá por el año 1830. También era lugar frecuentado por los tratantes de animales, para cerrar sus ajustes y así se anuncia en la prensa de 1831: “Se vende un perro perdiguero de dos narices, casta navarra y de seis meses de edad. El mozo del café de la Plaza Mayor, dará razón”.

Este café era también despacho para los billetes de la Diligencia para El Escorial, que en el año 1844 salía los miércoles y los sábados.

El café del Gallo, al que los parroquianos llamaban el “café del Esposo de la gallina” estaba junto al número 10 de la Plaza Mayor. Comenzó siendo botillería y permutó en café, como tantos otros. Durante las verbenas de San Juan y San Pedro, era el lugar típico para tomar leche helada.

Foto: M.R.Giménez (2012)
Las puertas rojas corresponden a lo que fue el café del Gallo. Al fondo, el Arco de Cuchilleros y el púlpito.

Era el del Gallo un ruidoso café frecuentado por abastecedores del mercado de aves y por Benito Pérez Galdós, mientras escribía su novela “Fortunata y Jacinta”. Allí encontraría personajes, diálogos y expresiones castizas que luego plasmaría en su prosa.

En el café del Gallo se despachaban los billetes para la Diligencia de los Carabancheles, en el año 1842. Más tarde los tranvías harían ese mismo recorrido, encajando sus raíles en el suelo de la Plaza Mayor.


Tanto el café del Gallo como la taberna del Púlpito han sido convertidos en tiendas para la venta de artesanía y regalos, en la actualidad.



Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca “El País”.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Pombo, biografía del célebre café y de otros cafés famosos” Ramón Gómez de la Serna.
“Fortunata y Jacinta. Dos historias de mujeres” Benito Pérez Galdós.
Agradecimiento por su amabilidad, para la tienda de artesanía “El Arco” de la Plaza Mayor, 9.

lunes, 16 de abril de 2012

CULTURA JAMMING EN LA PLAZA DE SAN ILDEFONSO.

La rehabilitación de un viejo edificio del siglo XVIII descubre sorpresas extraordinarias en muchas ocasiones. Sus viejos muros pueden contener inscripciones de hace dos siglos junto a la obra más innovadora del arte urbano. Ambas tienen en común que son efímeras; tan sólo la memoria del paseante las podrá recordar, si tuvo la suerte de encontrarlas en su camino.

Foto: M.R. Giménez (2012)
Nueva casa levantada en la plaza de San Ildefonso, Corredera Alta y calle San Joaquín.

Del viejo caserón ubicado en la plaza de San Ildefonso, calle de San Joaquín, número 16 y Corredera Alta, número 2, ya no queda nada. Una excavadora terminó de derruir lo que en el año 1761 se construyó como un gran edificio que vio levantar ante sí el viejo mercado y la iglesia que aún podemos ver. 

Tabernas, bares y tiendas relacionadas con el desaparecido mercado de San Ildefonso (1835/1970) que ocupó la plaza, se instalaron en los bajos de esta gran casa que nunca tuvo demasiada relevancia, a pesar de su antigüedad. Pero al derruirse comenzó a contar parte de su historia.

Foto: Urbancidades.wordpress.com
Mercado de la plaza de San Ildefonso (desaparecido en 1970). Tras él la fachada de la casa y la Corredera Alta de San Pablo.

La lechería Establos “El Descanso” con su decoración modernista, vino a instalarse en el número 16 de la calle de San Joaquín, ya en el siglo XX. Su hermosa fachada tenía vidrios pintados por la fábrica “Sucesores de G. Pereantón” (entonces con tienda en la Cuesta de Santo Domingo, número 1). La rehabilitación del viejo caserón también ha recuperado el diseño de la primitiva lechería, mediante copias de lo que fue su portada. El derribo de la casa permitió ver el cartel impreciso de otro negocio anterior a los Establos “El Descanso” y de historia desconocida.

Foto: M.R.Giménez
"ANTIGUA CASA DE ..." encontrado bajo la fachada modernista de Establos "El Descanso".

Cuando sólo la fachada del viejo caserón de San Ildefonso quedaba en pie llegó el artista cubano Jorge Rodríguez-Gerada, uno de los fundadores del movimiento Cultura Jamming, “movimiento que fue el comienzo de lo que más tarde se convirtió en la defensa del espacio público. Arte en la calle”.

Foto: Jorge Rodríguez-Gerada
El artista pintando "Identidad" Daniel.

Jorge Rodríguez-Gerada utiliza los rostros que más le llaman la atención de entre los vecinos del barrio donde ejecutará su obra. Son personas anónimas, cuyos rasgos faciales poseen dignidad, orgullo y una gran humanidad. Realiza su obra a carboncillo sobre los muros, siendo consciente de la fugacidad de su duración.

Foto: M.R.Giménez (2008)
"Identidad" Daniel, obra terminada.

Identidad” (11 metros) fue dibujada sobre la pared norte de la derruida casona de la plaza de San Ildefonso; representaba la cara de Daniel, un joven que en el año 2007 tenía 26 años de edad y era vecino del barrio de Malasaña.

Foto: Desconocida.
Jorge Rodríguez-Gerada y Dani junto a la obra.
 
Actualmente el nuevo edificio, de estructura parecida al antiguo, ocupa el solar que aquel dejó y ya no puede verse el letrero de la “Antigua casa de…” ni tampoco la obra efímera y urbana de Jorge Rodríguez-Gerada.




Fuentes:

Urbancidades.wordpress.com
www.jorgerodriguezgerada.com



lunes, 9 de abril de 2012

LAS CASAS DE CORDERO, BAÑOS, BAZAR, TELEFONOS Y EL CAFÉ DE LISBOA.

Mucha y pintoresca historia tiene el solar que desde los años 1842 a 1845 alberga las Casas de Cordero en Madrid, comprendiendo las calles: Mayor, nº1, Esparteros, nºs. 1-3, Correo, nºs. 2-4 y plaza de Pontejos, nº 2.

Foto: M.R. Giménez (2012)
Casas de Cordero en fachada a las calles Mayor y Correo.

Desde el año 1546 se levantaba en este terreno el Convento de San Felipe el Real, su lonja y su escalinata (que tenía acceso por lo que hoy es la calle de Esparteros) o Mentiderodonde se producían las noticias antes de suceder”. En la parte inferior del edificio se abrían las covachuelas, locales comerciales oscuros y de escasa limpieza.


Foto: Museo de Historia
Maqueta correspondiente al convento de San Felipe el Real, lonja y escaleras.


A partir de la desamortización de Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853) se decidió que este convento, ya en estado ruinoso, fuera derruido y su solar sacado a subasta por el Ayuntamiento de Madrid. Sobre esta parcela se edificarían las nuevas Casas de Cordero o del Maragato, propiedad de Santiago Alonso Cordero (1793-1865).

“El Maragato” Cordero, que llegó a ser diputado en Cortes por León, senador y alcalde constitucional de Madrid, comenzó a hacer fortuna con un negocio de transporte por caballerías que más tarde se convirtió en la empresa “Diligencias del Norte y Mediodía de España” (que hasta 1868 tuvo su sede en las calles Mayor, nº 1, Correo, nº 2 y plazuela de Pontejos, nº2). Amigo personal de Pascual Madoz y Baldomero Espartero, fue acusado de incitar a la sedición y condenado a muerte durante el gobierno de Ramón María Narváez, por lo que se exilió en Oporto (Portugal). Tras la aprobación de la Constitución de 1845, regresó a España.


En un año impreciso, a mediados del siglo XIX, Cordero es agraciado con un cuantioso premio de la lotería (cuya noticia no figura en ningún periódico del momento), al haber apostado bastante dinero a “combinaciones muy diversas de números”. La cantidad que el Ministerio de Hacienda debía abonar al Maragato fue tan cuantiosa que hubo de pagarse a plazos. Es en ese momento cuando sale a subasta pública el solar que fue del Convento de San Felipe el Real y Santiago Alonso Cordero accede a la puja, consiguiendo el terreno por la cantidad de 17 millones de reales de vellón (que haría descontar al Estado del premio de la lotería que se le adeudaba). 


Es en el año 1842 cuando Santiago Alonso Cordero comienza la construcción de sus seis casas, encargando el proyecto de la obra al arquitecto José Juan Sánchez-Pescador, de la Real Academia de Bellas Artes. Los edificios estarían destinados a viviendas y en sus bajos se abrirían huecos para locales comerciales. La obra, que comenzó sin licencia municipal, no estuvo exenta de problemas. En el año 1843 los vecinos se quejaron de la alineación que formaba el ángulo de la casa de la calle Mayor esquina con la de Esparteros, por haber rebasado “dos pies y tres cuartos” el tamaño de la parcela.


Foto: M.R.Giménez
Fachada de las Casas de Cordero, objeto de la polémica,  en que el Maragato hizo poner su escudo.

Dotada de su propio manantial y con una noria para extraer el agua necesaria, esta casa de baños tenía acceso a través de un patio adornado por una bonita fuente con surtidor. “Pilas de mármol blanco en espaciosas y ventiladas habitaciones con azulejos, cortinas y tocadores tras las que se accedía a un salón de descanso con banquetas tapizadas, paredes revestidas de papel pintado, espejos y una gran lámpara de araña” era la decoración de una de las mejores casas de baños del Madrid de entonces (sin agua en las viviendas), que se inauguró en el mes de mayo de 1847 y cerró sus puertas en 1858.



Otro de los primeros negocios establecido las Casas de Cordero fue, como no, el café nuevo de Pombo, que tuvo local reservado antes de finalizar el edificio. Pero con este nombre el negocio no duró mucho tiempo y en el mismo local se inauguró después el café del Comercio, que en 1875 se vende y pasa a abrirse con el título de café de Lisboa.


Foto: Prensahistorica.mcu.es
Foto deteriorada de las Casas de Cordero, calles Mayor y Esparteros. A la izquierda aparece el Café de Lisboa.
El café de Lisboa se inauguró el día 4 de noviembre de 1875 con lujosa decoración y pinturas de Aurelio de Lelli. En el año 1916 abre en sus entresuelos un “restaurant elegante y aristocrático” con cubiertos a 3 y 5 pesetas, que daría comidas, cenas y conciertos de música. De afamadas tertulias, asistían a él actores y actrices al salir de las funciones teatrales del teatro Apolo (calle de Alcalá), como Loreto Prado y Enrique Chicote. Años más tarde un joven Antonio Buero Vallejo también formará tertulia en este café.


Sin duda el establecimiento más famoso que tuvo la Casa de Cordero de la calle Mayor, nº 1, fue el Gran Bazar de la Unión (B.U.S.A.).

Foto: Todocoleccion.
Anagrama de una factura del Gran Bazar de la Unión. Los arcos del local pueden contemplarse hoy
.
Inaugurado en el año 1869 se mantuvo abierto hasta mediados del siglo XX, vendiendo desde muebles hasta regalos, objetos de escritorio y cochecitos para niños, menaje del hogar, tapicerías, baúles, maletas y desde los años 30  especializado en juguetes.

La Compañía Madrileña de Teléfonos, que inició su actividad en los últimos años del siglo XIX, instalaría una central en la Casa de Cordero. Sobre el torreón, visible aún, en el tejado del número 1 de la calle Mayor se construye el soporte de las líneas que darían servicio telefónico mediante cables aéreos.

Foto: Urbanity.es
Central telefónica sobre el torreón de la Casa de Cordero de la calle Mayor, 1.
Las tarifas vigentes de esta compañía en el año 1897 eran:
“Por una estación (línea) particular……. 300 pesetas anuales”.
“Por un aparato mural con micrófono granulado, magneto para las llamadas y caja en forma de pupitre para la pila, montado todo en una caja de madera fina…………………………………………. 20 pesetas anuales”.

Foto: Urbanity.es
Aspecto de la Puerta del Sol, a principios del siglo XX. Al fondo se ve la torre de la Casa de Cordero, de donde parten los cables de telefonía.
Foto; M.R.Giménez (2012)
Casa de Cordero de la calle Mayor, con la torre, en la actualidad.
Las Casas de Cordero fueron vendidas en el año 1858 a otro capitalista de Madrid: Juan Manuel Manzanedo González, duque de Santoña, que también adquirió muchos de los edificios existentes en la Puerta del Sol.






Fuentes:
Prensahistorica.mcu.es
Memoriademadrid.es
Hemeroteca B.N.E.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

lunes, 2 de abril de 2012

PONTEJOS, MERCERÍAS Y JACINTA.

Cuando en Madrid se escucha hablar de Pontejos surge de inmediato la idea de botón, cremallera y pasamanería. Pero Joaquín Vizcaíno Martínez - Marqués Viudo de Pontejos (1790-1840) del que toma su nombre la calle y la plaza, bien poco tuvo que ver con la mercería y mucho con la modernidad de esta capital.

Foto: M.R. Giménez (2012)
Plaza de Pontejos con la fuente que contiene el busto de Joaquín Vizcaíno Martínez. Al fondo, con toldo amarillo el Almacén de Antonio Ubillos.

Joaquín Vizcaíno fue el tercer marido de Mariana de Pontejos Sandoval (Marquesa de Pontejos y Condesa de la Ventosa) por lo que, al morir su esposa, el consorte pasó a ostentar el título de Marqués Viudo de Pontejos. Militar de carrera, fue nombrado Alcalde de Madrid entre los años 1834 y 1836 realizando sustanciales mejoras para la ciudad.


Foto: M.R. Giménez (2012)
Busto de Joaquín Vizcaíno, Marqués Viudo de Pontejos,  instalado en la plaza desde el año 1849.
A él se debe el empedramiento de las calles hasta entonces llenas de polvo o barro, el primer alumbrado público, el sistema de numeración de las casas tal y como hoy la conocemos; la adjudicación del nombre a todas las calles y la desaparición de duplicidad en sus denominaciones (los barrios de Madrid eran entonces muy pequeños y muchos repetían el título de sus vías, convirtiendo las señas del propietario en un verdadero laberinto). Fundó el Asilo de San Bernardino, que daba acogida a mujeres y hombres de cualquier edad; crea los baños públicos y encarga al arquitecto Custodio Teodoro Moreno el primer plano topográfico de la Villa. Tras abandonar la política se suma a la iniciativa de Ramón Mesonero Romanos (1803-1882) para crear la Caja de Ahorros de Madrid, que en el año 1869 se unificó con el Monte de Piedad, establecimiento ya existente desde el año 1718.


La actual plaza de Pontejos y la calle del Marqués Viudo de Pontejos, que de ella parte, se abrieron en el año 1839 tras la desaparición del Convento de San Felipe el Real y su famoso mentidero. En este solar se construyeron varios edificios destinados a viviendas; uno con entrada por el número 2 de la calle Marqués Viudo de Pontejos y otro conocido como las Casas de Cordero o del Maragato, un conjunto de siete edificios de factura similar cuyas fachadas se encuentran en las calles Mayor, Esparteros, Correo y en la plaza de Pontejos.

Foto: M.R.Giménez (2012)
Finca de la plaza de Pontejos, que no pertenece a las Casas Cordero. Esta es la casa que tiene entrada por la calle Esparteros, 2 y se edificó en el año 1845.
Tanto la calle como la plaza de Pontejos son famosas por aglutinar negocios especializados en el ramo de la mercería desde hace más de un siglo, siendo quizá el establecimiento más conocido el de Antonio Ubillos Baztarrica, que desde el año 1913 se encuentra en el número 2 de la plaza, haciendo esquina con la calle del Correo, número 4.


Foto: M.R. Giménez (2012)
Almacén de Antonio Ubillos.

Foto: M.R. Giménez (2012)
Simpáticos dependientes del Almacén de Antonio Ubillos.
Foto: M.R. Giménez (2012)
Detalle de columna y lámparas del Almacén de Antonio Ubillos.


















Es en la calle del Marqués Viudo de Pontejos donde Benito Pérez Galdós sitúa la vivienda de “Jacinta”, esposa de “Juanito Santa Cruz” en su magnífica novela “Fortunata y Jacinta.  Dos historias de casadas.

Foto: M.R. Giménez
Balcón de la casa donde Benito Pérez Galdós sitúa la vivienda de la familia Santa Cruz ("Fortunata y Jacinta").
“Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos , dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto Aparisi, uno de los socios de la Compañía de Filipinas. Ocupaban los dueños el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y mucha comodidad interior.” Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós.



Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
“Fortunata y Jacinta. Dos historias de mujeres” Benito Pérez Galdós.
Agradecimiento especial a los dependientes del Almacén de Pontejos de Antonio Ubillos, por su cortesía.