Páginas

lunes, 26 de marzo de 2012

¿QUIÉN HA PASADO ALGUNA VEZ POR LA CALLE DEL RECODO?.

La del Recodo es una curiosa vía de Madrid, superviviente de mil remodelaciones colaterales, que se encuentra aún entre las calles de la Flor Baja y la de Isabel la Católica, (calle esta última que primero fue llamada del Espíritu Santo, luego de la Inquisición y posteriormente de María Cristina).

Foto: M.R. Giménez
Fachada correspondiente a la calle del Recodo esquina a Isabel la Católica. 

El nombre de esta calle proviene de su forma, en ángulo o recodo. El terreno donde se asienta esta pequeña manzana que la forma, está ocupado por una sola casa que tiene su entrada por la calle de Isabel la Católica. Queda separada de las fincas contiguas, desde el siglo XVIII, para formar en su trasera esta calle del Recodo.

Plano de Nicolas Chalmandrier (1761)
La calle de Isabel la Católica era entonces llamada de la Inquisición. El recuadro corresponde a la calle del  Recodo, que aparece sin nombrar.

Plano de Pascual Madoz (1848).
 La calle de Isabel la Católica aparece con el nombre de María Cristina. En el recuadro aparece, con su nombre, la calle del Recodo.
Se trata de una calle sin numeración que en el año 1853 disponía para alquilar de una “cochera con capacidad para dos carruajes y de dos cuadras para animales, con cuartos para mozos y pajera”. En aquellos momentos, según la Ordenanza de la Villa de Madrid, esta calle pertenecía al barrio de Leganitos, “que contaba con 3.748 almas”.

Esta callejuela del Recodo nunca estuvo especialmente transitada, por lo que en el año 1866 los vecinos colindantes reclamaban más “vigilancia pública” debido a que en ella “los muchachos encienden hogueras y molestan a los transeúntes” que pasan por sus inmediaciones. Pero se ve que aún en el año 1879 no estaba resuelto el problema sino, por el contrario, se agravó al convertirse en un “depósito de inmundicias y ser escenario de obras pornográficas”.

Foto: M.R. Giménez (2012)
Calle del Recodo y al fondo la calle Isabel la Católica.

Foto: M.R. Giménez (2012)
Calle del Recodo. Al fondo la Gran Vía.

Hoy en día, la calle del Recodo sigue siendo un callejón por el que nadie transita.




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Cartotecadigital.icc.cat

miércoles, 21 de marzo de 2012

DE ALOJERÍAS, BOTILLERÍAS Y CAFÉS EN LA CALLE DEL PRADO.

A menudo se conoce a la calle del Prado como la del Ateneo porque desde el año 1884, esta sociedad privada declarada de utilidad pública tiene su sede en el número 21. Pero mucho antes de la llegada del Ateneo de Madrid ésta era ya una zona de esparcimiento, de sitios donde “tomar algo”, que contaba con una alojería que luego tornó en botillería y posteriormente con numerosos cafés. 

Foto: ateneodemadrid.com
Fachada del Ateneo de Madrid, tras su inauguración.
Las alojerías provienen de la época en que los árabes dieron en llamar Magerit a este territorio conquistado. Eran tiendas en donde se fabricaba y vendía la aloja, bebida refrescante compuesta por agua con nieve, miel, aromatizada con especias finas, como la canela y muy anterior a la horchata. Quevedo, Lope de Vega e incluso Moratín, hacen mención de las alojerías en sus obras. Pero a finales del siglo XVII estos establecimientos se fueron transformando gradualmente en botillerías. 

Cuando Madrid aún se remataba con los árboles del prado de San Jerónimo y con las huertas del de Atocha (lo que hoy es en su conjunto el Paseo del Prado) en la última década del siglo XVIII, estos establecimientos estaban de moda. 

Las botillerías eran lugares de paso en los que tomar vino, licores o refrescos al salir de los toros o de cualquier otro espectáculo. En su inmensa mayoría eran locales oscuros y bastante sucios, alumbrados por candiles y llenos de humo, con ventanas pequeñas, pocas mesas y una larga barra en la que solía haber un ejemplar del periódico “El Mercurio de España”, a disposición del público. No eran centros de reunión para las tertulias ni para pasar la mañana o la tarde, como luego se haría en los cafés. 

En la calle del Prado se encontraba la botillería de los Valbases, muy conocida en todo Madrid y que en el año 1796 estaba en su máximo esplendor, siempre llena. Pero todos estos establecimientos fueron desapareciendo en el segundo tercio del siglo XIX con la llegada de los cafés; más limpios y amplios, con mesas donde degustar las consumiciones y, sobre todo, donde desarrollar las tertulias. 

El café de Venecia estuvo situado en la calle del Prado esquina con la del Príncipe, junto a la plaza de Santa Ana. Este café fue abierto al principio de la Década Ominosa (últimos años del reinado de Fernando VII) y se mantuvo hasta finales del siglo XIX. 

Felipe Juliani era el dueño del café de Venecia y él mismo fabricaba los licores finos que vendía en su establecimiento, además de los refrescos de limón o naranja, el “agraz” frío (zumo de uva sin madurar) y los “quesitos helados” los días festivos. El local contaba con un concurrido billar y era muy popular entre los comediantes, que lo frecuentaban con el fin de contratar sus trabajos. 

El café de Levante se encontraba en la calle del Prado, número 10 (antiguo). A finales de la década de los años 50, del siglo XIX, la Puerta del Sol fue completamente remodelada para levantar los edificios que podemos ver hoy y así, el primer café de Levante (situado en una de las casas que fueron derruidas), se traslada a su nueva ubicación de la calle del Prado. 

Fuente: Hemeroteca B.N.E.
Esta es la "muestra" de Alenza que había sobre la puerta del café de Levante.
Este café era muy famoso por la “muestra” del pintor Leonardo Alenza Nieto (1807-1845) que había sobre su puerta de acceso. Dicho cuadro representaba una partida de ajedrez con el gesto satisfecho del ganador, la expresión de enfado del perdedor y los rostros variopintos de aquellos que presenciaban el lance. Alenza pintó varios cuadros con escenas del café de Levante, en uno de los cuales aparece un parroquiano ilustre: Francisco de Goya y Lucientes. La obra que el pintor Alenza realizó sobre el café de Levante fue vendida al volver a trasladar este negocio a la calle del Arenal, número 15 y, tras pasar por varios compradores, fue adquirida por el mecenas José Lázaro Galdiano

Fuente: cervantesvirtual.es
"Café de Levante", Leonardo Alenza.
También en la calle del Prado estuvo el café Eldorado al que solía asistir el músico Tomás Bretón Hernández (1850-1923), compositor de “La verbena de la Paloma”. En los años veinte, del siglo pasado, este café ya era sólo una excelente sala de billar. 

El café del Prado fue el más famoso y duradero de todos los cafés de esta vía que abrió sus puertas haciendo esquina con la calle del León. En los años sesenta del siglo XX cierra para convertirse en un anticuario, pero actualmente un nuevo café se asienta en este mismo recinto. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Aquí estuvo el antiguo café del Prado.
Los orígenes de este café del Prado (porque antes hubo otros con el mismo nombre) se remontan a la sexta década del siglo XIX. Alrededor de 1870 un joven Tomás Bretón tocaba allí el violín los domingos, acompañado al piano por Teobaldo Power Lugo-Viña (compositor de “Cantos Canarios” obra de la que luego saldría el “Himno de la Comunidad Autónoma de Canarias”). Cierto domingo los músicos recibieron la visita de un audaz joven de diez años, con una gran melena y dotado de una prosopopeya asombrosa. El niño se acercó a los músicos y comenzó a hablar de sus conciertos, de sus triunfos y anunció su próximo viaje a América. Este muchacho se llamaba Isaac Albéniz Pascual (1860-1909). 

El antiguo café del Prado tenía dos puertas, una por la calle del León y otra por la del Prado. Decoraba sus techos con pinturas de pequeños ángeles que realizaban las tareas propias del café y por sus mesas pasaron: Gustavo Adolfo Bécquer (que escribió aquí parte de sus “Rimas y Leyendas”), Marcelino Menéndez Pelayo y Santiago Ramón y Cajal, quien gustaba de ir cada tarde a hora temprana y ocupar en soledad una mesa del fondo, para escribir la obra “Charlas de café”. 

Foto: Hemeroteca del ABC.
El café del Prado antes de su cierre.
Años más tarde, en la década de los veinte del pasado siglo, otros jóvenes como Luis Buñuel, Federico García Lorca, Benjamín Jarnés, Humberto Pérez de la Osa y Rafael Barradas, también hicieron del café del Prado su lugar de encuentro. 

Foto de Guillermo de Torre
Miembros de la Generación del 27, ante el café del Prado.
Cuando ya en la última época de este café el actor Manolo Gómez Bur y el académico Melchor Fernández Almagro asistían a sus tertulias, el camarero Dionisio, que era toda una institución, siempre contestaba al saludo: “¿Qué hay, Dionisio?” con un “Mucho mal y mal repartido”. 



Fuentes:
“Guía de Madrid” A. Fernández de los Ríos.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna.
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Ateneodemadrid.com

martes, 13 de marzo de 2012

HISTORIA DE LA CALLE DE PIZARRO (Antes de la MAGDALENA ALTA).

Situada entre las calles del Pez y de la Luna, en el mismo centro de Madrid, esta calle tuvo primitivamente el nombre de Magdalena Alta.

Fuente: cartotecadigital.icc.cat
Plano de Nicolás Chalmandrier. 1761, cuando se llamaba calle de la Magdalena (Alta).

Una institución benéfica estuvo asentada en la calle de la Magdalena Alta, allá por el siglo XVII y tan sólo durante año y medio. Se trataba de “Las Recogidas” o Casa de Santa María Magdalena (de donde toma su primer nombre esta vía) dedicada a la reclusión de “mujeres públicas o embarazadas solteras”.

Siendo corregidor de Madrid (durante 1834-1835) Joaquín Vizcaíno Martínez, más conocido como Marqués Viudo de Pontejos, se tuvo a bien reorganizar el callejero de la Villa y ordenar las casas con su número correspondiente. Hasta entonces Madrid había sido un conglomerado de calles con muchos de sus nombres repetidos, tan sólo diferenciados por “alta” o “baja” (Magdalena Alta y Magdalena Baja, por ejemplo) situadas en distintos barrios y organizadas en manzanas con numeración, localizando cada casa o negocio mediante confusas explicaciones como “frente de”, “junto a”, “entremedio de”  o “entrando por”. Así la calle de la Magdalena Alta vino a llamarse oficialmente de Pizarro a mediados de la década de los años 30 del siglo XIX.

El nuevo nombre de esta calle se debe a Francisco Fernández Pizarro, marqués de la Conquista desde 1631 y descendiente del descubridor de Perú.  Felipe IV le había concedido terrenos en esta zona de Madrid y él construyó en ellos unas casas. Ya en el siglo XIX el ayuntamiento, a la hora de buscar nuevo nombre a la calle, pensó en el segundo apellido del primitivo dueño del lugar.

Fuente: cartotecadigital.icc.cat
Plano de Coello-Madoz. 1848, ya se llama calle de Pizarro.

Hubo en esta calle una afamada fábrica de alfombras propiedad de Gabriel José Estrada, hacia 1760, quien entró como aprendiz en el taller de Juan Antonio Lencaster, propietario de la primera fábrica privada de alfombras con exención de impuestos de Madrid. Lencaster abrió franquicias de su negocio y una de ellas fue para su primer oficial Gabriel José Estrada que, andando el tiempo, casaría con la viuda de su maestro y abriría el negocio en la calle Magdalena Alta, trabajando para la realeza y la nobleza con afamado éxito.

Otros negocios importantes, de la calle de la Magdalena Alta, fueron la Fábrica de bizcochos mallorquines que en 1817 se traslada a esta calle desde la de Jacometrezo y cuyas señas para llegar hasta ella eran: “la primera puerta entrando por la calle de la Luna”. La Cerrajería de las Descalzas Reales que se encontraba, en 1831, estaba “entrando por la calle Luna, a la izquierda”. El maestro de coches Juan José de Torres que “vende y repara tartanas, berlinas inglesas y carros en la calle Pizarro, nº 14 (antes Magdalena Alta)”, ya tenía su negocio durante el verano de 1835.

Olvidado de todos pasa inadvertido el que fue palacio del Conde de Cheste, situado en el número 19 de la calle de Pizarro y haciendo esquina con la del Pez. En el año 1697 fue adquirida esta casa al entonces propietario el canónigo Hipólito Martínez, por Luis de Salazar y Castro (1658-1734), genealogista y cuya amplia colección de documentos se encuentra recogida en la Real Academia de la Historia.

Foto: M.R. Giménez (2009)
En la calle de Pizarro esquina a la calle del Pez. Este fue el palacio del conde de Cheste.

La casa tenía entonces fachada a la calle del Pez, de 93 pies y a la calle de la Magdalena, de 101 pies. Fue reedificada por el nuevo dueño y tres años después de su compra se anexionó a ella una nueva finca inmediata, de la calle Magdalena, y de 50 pies. Como resultado de esta incorporación la casa resultante tuvo las dimensiones de la actual con 6 huecos o balcones a la calle del Pez y 7 huecos a la de Magdalena, más un bello jardín.

Posteriormente los herederos del afamado cronista vendieron la casa a Antonia Erguera y más tarde, de nuevo reformada, fue adquirida por el Capitán General Juan Manuel de la Pezuela y Ceballos (1810-1906), militar, diputado, senador, ministro de Marina, escritor y primer Conde de Cheste.

El Marqués de Cerralbo, Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), vivió también en Pizarro, 19 durante los años 1871 y 1893, ocupando el primer piso del palacio, hasta que hubo sido terminado el de la calle Ventura Rodríguez, hoy museo Cerralbo.

El Correo Español” diario tradicionalista de la mañana, se publicó desde 1888 hasta 1921.

Foto: M.R. Giménez (2008)
Antigua sede del periódico "El Correo Español".

El 9 de marzo de 1912 se inaugura su nueva sede en la llamada Casa de los Tradicionalistas, sita en la calle de Pizarro, nº 14. El edificio de 592 m2. existente hasta la fecha en este emplazamiento, fue restaurado por el arquitecto Mauricio Jalvo dotando a su fachada de un singular modernismo mezclado con rasgos neogóticos. En él se albergaban la sede del periódico, sus oficinas y rotativas además del centro social para el Círculo Tradicionalista de Madrid. En las mismas rotativas también se imprimía el periódico liberal y de la noche “El Nuevo Heraldo” que después pasó a llamarse “Hoy”.

Fuente: Hemeroteca B.N.E.
Inauguración de la nueva sede de "El Correo Español", en la calle de Pizarro, 14. En la parte superior, a la izquierda,  la nueva fachada del edificio y, a la derecha, la antigua fachada de la casa. Debajo, el arquitecto con todo el equipo del periódico (1912). 



Fuentes:
“Luis de Salazar y su colección” 1973. Antonio De Vargas Zúñiga Y Montero De  Espinosa.
Hemeroteca B.N.E.
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid”, Antonio Campmani Montpalau (1867)

jueves, 8 de marzo de 2012

MUJERES OLVIDADAS.

En homenaje a quienes nos ayudaron a conseguir lo que tenemos y continúan trabajando por lo que nos falta.


CONSUELO ALVAREZ POOL “Violeta”.
1867-1957.

Foto: ABC
Consuelo Álvarez "Violeta". Discurso de la Asamblea Republicana en el Frontón Central de Madrid (1907).
“Mis arcaicos señores: la mujer tiene opinión propia y necesita tomar parte en la vida nacional”.


BELÉN SÁRRAGA SEDILES.
1874-1951.

Foto: laalcarriaobrera.blogspot.com
Belén Sárraga.
A UNA MONJA.
Dime, mujer, la de la blanca toca,
La del ropaje cual la noche, negro,
La que huyendo del mundo a los azares,
Se escudó tras la reja del convento.
¿Es tal tu religión que el egoísmo
Se proclama en su dogma cual precepto?
…..


CLARA CAMPOAMOR RODRÍGUEZ.
1888-1972.

Foto: e-mujeres.net
Clara Campoamor.
“La mujer no debe confiar todo a la generosidad masculina. Ha de luchar por sí sola para templarse, para no depender más que de sus fuerzas”.


Foto: M.R. Giménez
Aquí vivió Clara Campoamor. C/ Marqués de Santa Ana.




¡¡¡¡Libraos de los salvadores!!!!



8 de marzo

martes, 6 de marzo de 2012

¿QUIÉN ERA “FORTUNA”, EL TORERO DE LA GRAN VÍA?

Todo el mundo sabe que el día 23 de enero de 1928 era fiesta, los balcones y las ventanas de Madrid estaban adornados por colgaduras, banderas y mantones, hacía frío y a las 11 horas el matador “Fortuna” inauguró la temporada taurina en la Gran Vía de Madrid. 

Foto: Luque. Granvia.memoriademadrid.es
Diego Mazquiarán "Fortuna" (señalado por un aspa) junto al toro muerto, en la Gran Vía de Madrid.
La pareja compuesta por un toro y una vaca, propiedad del ganadero Luis Hernández, pertenecían a una punta de ganado que tras pasar por la Inspección Sanitaria de la carretera de Extremadura, se dirigía al matadero. A la altura del paseo de la Virgen del Puerto ambos escaparon de la manada y corrieron por la cuesta de San Vicente, plaza de España, calle de los Reyes, Corredera baja de San Pablo y calle de Valverde hasta llegar a la Gran Vía, hiriendo gravemente a dos ancianos, a un ordenanza de la comisaría del Hospicio y arrollando cuantos obstáculos encontraban en su camino. 

Foto: Granvia.memoriademadrid.es
El toro aparece por la esquina de la calle del Clavel
entrando en la Gran Vía.
Foto: M.R. Giménez (2012)
Foto actual de la esquina de la calle del Clavel con la Gran Vía.
 A la izquierda, la puerta y el edificio del Casino Militar.
La vaca fue pronto inmovilizada gracias a una soga que llevaba atada en el cuello, pero el toro prosiguió su camino por la acera derecha de Conde de Peñalver (Gran Vía), patinando entre los baldosines, hasta que se encontró de frente con el diestro Diego MazquiaránFortuna” que, utilizando su entallado abrigo como muleta, lidio a la vez con el toro y contra algunos jóvenes que consideraron la ocasión propicia para ensayar sus propios lances

Al grito de ¡Traedme un estoque! le fue entregada al torero una espada demasiado endeble para la faena, procedente del cercano Casino Militar. Pero un chofer se prestó para ir a casa del maestro, situada en el número 40 de la calle de Valverde, a por sus trastos de matar. Quince minutos duró la faena del diestro mientras los espectadores pasaban del sobresalto al entusiasmo por ver una corrida de toros en lugar tan atípico. “Fortuna”, maestro del volapié, igualó al toro y clavó tres cuartos de su estoque sobre la res que malherida, emprendió una precipitada carrera que fue perseguida por su oponente hasta realizar su descabello. 

Foto: Campúa. Granvia.memoriademadrid.es
"Fortuna" entra a matar.
Foto: M.R.Giménez (2012)
Lugar donde se produjo "la corrida" de la Gran Vía.
“Fortuna” fue aplaudidísimo y vitoreado desde balcones, ventanas y aceras. Las dependientas de una cercana casa de modas le pidieron que cortase una oreja al toro; a continuación fue levantado en vilo por la gente y paseado triunfalmente por las calles, hasta el café Regina de la calle de Alcalá. 

Diego Mazquiarán Torrontegui “Fortuna”, había nacido en Sestao (Vizcaya) en 1895 y a los quince años empezó ensayándose, en calidad de espontaneo, en varias corridas de Bilbao, rematando estas faenas en la cárcel. 

Con su amigo y compañero Tomás Gutiérrez, viajaba en busca de su oportunidad en los topes o sobre los techos de los trenes, comiendo lo que encontraban y ¡pasándolas ducas!. Fue precisamente en la estación de Valladolid, al dirigirse a Sevilla, cuando al tirarse a la vía para cambiar de tren ninguno de los dos vio venir a otro que circulaba en dirección contraria; Tomás cayó bajo las ruedas del convoy mientras Diego era empujado fuera de la vía por la máquina, resultando ileso en el terrible accidente. Alguien, de entre los que presenciaron el suceso, apodó al muchacho “Fortuna” por su buena suerte y este fue su alias desde entonces. 

Usando mucho la mano izquierda en sus faenas, que siempre inaugura con naturales, entra con el estoque “sin paso atrás” dejándose caer según usanza clásica de buenos matadores. Así comienza su carrera como novillero en la ya desaparecida plaza de Tetuán (Madrid) en el año 1914, firmando seis corridas al precio de 50 pesetas, cada una. 

Su fama iba en ascenso y los contratos se multiplicaban haciendo elevar la cotización de sus corridas, a la vez que su carácter pendenciero; así en julio de 1915 es detenido por emprender a capotazos y mamporros con una mujer, en la calle Santa Isabel de Madrid. 

“Fortuna” toma la alternativa, tras una fulgurante carrera como novillero, el 17 de septiembre de 1916 de manos de Rafael Sánchez “El Gallo”. En los carteles aparece junto a “Joselito”, “Belmonte” e “Ignacio Sánchez Mejías”, entre otros afamados toreros. No fuma ni bebe ni juega ni es supersticioso, pero sí le gustan las mujeres demasiado y gasta todo lo que gana. Su carrera está jalonada de cogidas graves, corridas en América y más detenciones por agresión en la vía pública. 

En noviembre del año 1923 Diego Mazquiarán se casa con la distinguida señorita Anita Segovia, mientras el mismo periódico que informa de esta crónica solicita, en noticia adjunta, “madrinas de guerra” para los soldados que se encuentran prestando servicio en la Guerra de África, con objeto de mantener correspondencia

Ya en el año 1927 la carrera de “Fortuna” va decayendo, a la vez que sus disputas con diversas personas siguen en aumento; así en noviembre de ese mismo año, pocos meses antes de su heroica gesta en la Gran Vía, es detenido y acusado por escándalo en la vía pública y desobediencia a la autoridad. Pero llega el 23 de enero de 1928 y es convertido en el héroe de la Gran Vía, por lo que recibe la Cruz de Beneficencia de manos del diestro Nicanor Villalta en la corrida de la Asociación de la Prensa, donde además de torear cortó una oreja. 

Corría el mes de marzo de 1933 cuando Diego Mazquiarán tuvo un acceso nervioso cuando caminaba por la calle de Valverde de Madrid, ocasionando un formidable escándalo hasta que fue reducido por unos guardias y llevado a la Casa de socorro del distrito. A partir de esta fecha fue ingresado en diversas clínicas especializadas debido a un problema que, por lo que parece, acarreó durante toda su vida hasta que el día 2 de Junio de 1940, fallece en la ciudad de Lima (Perú) víctima de una grave enfermedad mental.

Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.