Páginas

lunes, 27 de febrero de 2012

LOS PINGÜINOS DE LA CALLE FERNANDO VI DE MADRID.



El edificio de traza neoclásica y estructura de hormigón que se levanta en el número 3 de la calle Fernando VI, no siempre tuvo pingüinos. 

Foto: M.R.Giménez (2008).

Francisco Reynals Toledo, arquitecto poco escrupuloso con la seguridad de los obreros en los trabajos que ejecutaba, según la prensa del momento, realiza los planos de este edificio para Joaquín Ripoll entre los años 1924-1925. Bajo el epígrafe “Antiguo almacén para D. Joaquín Ripoll”, aparece en la guía del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. 

Foto: C.O.A.M
Fotografía anterior al año 1983.

El edificio de dos plantas fue inicialmente para la sociedad anónima “El Menaje Moderno” o “Casa Ripoll”, dedicada a la venta de artículos de cocina y similares así como cuantos objetos de hoja de lata, cinc y palastro (hierro o acero laminado) puedan ser útiles para la industria y el comercio, que ya era propietaria del inmueble antiguamente allí situado. 

No debieron ir demasiado bien las cosas para Joaquín Ripoll porque en el año 1925 se anuncia en los periódicos una solicitud para alquilar este edificio, que pasa a tener varios y diversos negocios de muebles: “Nemesio”, “El palacio del mueble”, “Alkázar del mueble”, entre los años 1927 y 1931. 

Foto: M.R.Giménez (2008)

En los años 40 del siglo pasado, llegan los pingüinos al antiguo almacén que fue de Joaquín Ripoll. Se instala aquí la fábrica de “Cervezas de Santander” con la marca “Cruz Blanca” cuyo logotipo (la bandera suiza) será grabado en el barril que aún hoy podemos ver bajo el brazo de cada uno de los ocho pingüinos que coronan el edificio. 

Tras la desaparición de la fábrica de Santander el edificio no abandona el negocio de la cerveza, convirtiéndose en el “Pub Santa Bárbara” en el año 1969. Allí se reunían abogados laboralistas, directores y actores de cine y de teatro, sindicalistas y estudiantes, feministas y agentes de paisano de la Brigada político social con la oreja puesta en las tertulias, según la progresía de la época, siendo en verdad un lugar poco representativo de la realidad social de entonces.

Malevo” fue el nombre elegido para la reconversión del Pub Santa Bárbara en un lugar más moderno y, por lo visto, acorde con el nuevo milenio. Pero tampoco duró mucho aquel café, durante la mañana, y “chill out”, por la noche. 

A día de hoy, el antiguo almacén de Joaquín Ripoll, permanece cerrado y a la espera, a pesar de que su degradación avanza. Mientras, los pingüinos continúan con su jarra de cerveza en la mano mirando para otro lado, del mismo modo que quienes están interesados en perder otro recuerdo de lo que “es” la historia de Madrid. 




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Guía de Madrid” Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Cerveceriasantabarbara.com

lunes, 20 de febrero de 2012

"MADAME PIMENTÓN", UN PERSONAJE QUE SÍ ENCONTRÓ AUTOR.

En Madrid siempre hubo mendigos, los hay y los habrá. Esta ciudad dura y acogedora, donde todo puede pasar, atrajo y atrae los sueños de aquellos a los que no se les permite anhelar la fantasía de un mundo mejor en sus lugares de origen. Unos triunfaron, pero otros quedaron expuestos al rigor con que se miden las quimeras.

FACUNDA CONDE MARTÍN.

Tras obtener el primer premio de piano en el Conservatorio de Madrid Yucunda, nombre artístico que le había escogido un novio de juventud, viajó por Europa cantando ópera hasta que su voz se perdió por una enfermedad que “no sé cómo se llama”. 

Había nacido en Villalón de Campos (Valladolid) en el año 1864 y relataba su historia a todo aquel que la quisiera escuchar. “El aguardiente hay que beberlo en la intimidad de la amistad. Yo lo bebo para aclarar la voz”, aunque la realidad era bien distinta. 

Tras un matrimonio fallido y desgraciado “Doña Gundi”, nombre por el que era conocida entre los vecinos, tuvo que buscarse la vida tocando el piano y cantando zarzuela en los cafés de Madrid. Su aspecto no tuvo más desaliño que el propio de una mujer que vivía de lo que le daban por sus pequeños recitales; peinaba con cuidado su moño de largo pelo, adornaba sus dedos con multitud de anillos de bisutería y vestía su pequeño y achaparrado cuerpo con un abrigo de astracán, tal vez residuo de lo que un día fue esplendor. 

La afición a la bebida hizo de su voz un amasijo de gorgoritos incomprensibles para los vanidosos que acudían a los cafés de entonces y Yucunda fue obligada, primero, a buscar auditorio entre el público de los cafés de barrio y poco tiempo después a cantar por sus terrazas y en las calles de Madrid. Se convirtió así en un personaje de sí misma que bajo el remoquete de “Madame Pimentón”, pasó a la historia.


Madrid era a principios del siglo XX una ciudad pequeña en la que todos sabían quién era el otro. Los mendigos tenían nombre, eran reconocidos y sus peripecias se relataban en los periódicos junto a los acontecimientos políticos y a los nombres de los gerifaltes del momento. Y “Madame Pimentón” se hizo famosa como personaje marginal, pero también por su dignidad y buena educación, por la generosidad al compartir lo poco que tenía y por el aguardiente. “Los escándalos que protagonizaba por las calles solían terminar en la comisaría, pero tenían su origen en la protesta por las burlas que se hacían sobre ella.”

En el mes de junio de 1910 un nutrido grupo de periodistas, escritores y dibujantes entre los que se encontraban: José López Silva, Luis Gabaldón, Juan Pérez Zúñiga, José Jackson Veyán y Luis de Tapia decidieron organizar un banquete homenaje, de los que estaban tan de moda entonces, a “Madame Pimentón”. 

                  

Con asistencia de “80 comensales, entre autores y compositores famosos, periodistas, intérpretes y otras muchas personas de la buena sociedad de Madrid” se celebró en el jardín del merendero de “Los Cipreses”, en la ribera del Manzanares, el insólito acto al que más de quinientas personas habían solicitado asistir sin conseguirlo. Allí recitó “Madame Pimentón” y cantó “La regadera” (canción de la revista “La alegre trompetería” de 1908).

                                                Youtube.com
                                            Olga Ramos canta "La regadera" en  Las Vistillas (1989).


Todos los organizadores del evento dedicaron a Yucunda creaciones compuestas para la ocasión. José López Silva (uno de los autores de la letra de “La Revoltosa” de 1898) entonó estos versos en su honor:



Los homenajes prosiguieron y así, poco después del banquete en “Los Cipreses”, el día 8 de junio de 1910 se organizó una función benéfica en honor a Madame Pimentón en el “Royal Kursaal” –antes Salón Regio- que estaba situado en la plaza de San Marcial, número 6 (ahora plaza de España).

Con el aforo completo del local “la popularísima cantante callejera” se sentó al piano y ejecutó varias piezas con mucho talento. Luego “cantó con singular maestría y rara atinación”, la romanza “El Trovador” “que tuvo que repetir en medio de una enorme ovación”. La comisión organizadora le regaló un mantón, 50 pesetas y un enorme ramo de flores, que ella agradeció con estas palabras: “Público amado y señor: Estas flores que me han regalado, como premio a mi modesto trabajo, os las ofrezco; repartíroslas, que yo tengo un sumo placer en obsequiar a mi público”. El público respondió con una gran ovación “y en serio”. 

Tras haber pasado 25 años cantando en las calles de Madrid, Facunda Torres Martín “Madame Pimentón” fallecía el 6 de febrero de 1928, a los 64 años, en su casa de la calle de las Virtudes, número 10 (Chamberí). Todos los periódicos se hicieron eco de la noticia y, como suele pasar, quienes de ella hicieron en otro tiempo mofa, befa y escarnio, reconocieron entonces virtudes de la artista que en vida nunca quisieron confesar. Incluso Conchita Supervia, conocida cantante de ópera en ese momento, sufragó los gastos del entierro y compró una sepultura perpetua para Yucunda, en el cementerio de la Almudena. 

Madame Pimentón no sólo tuvo notoriedad en los periódicos de principios del siglo XX, sino también en las obras de importantes escritores que la conocieron en vida. 

María Teresa León (1903-1988), escribió un cuento llamado “Madame Pimentón” en 1944, basándose en el personaje. Así mismo aparece en “Memoria de la melancolía”. 

Rubén Darío, Pío Baroja (“Desde la última vuelta en el camino”), Camilo José Cela (“La colmena”), Ángel Torres del Álamo y Antonio Asenjo (autores de “El gusano de luz”), José Manzano y Pedro Baños (autores de “Películas madrileñas” 1908) y muchos otros creadores en sus novelas, obras de teatro y biografías citan o parodian al personaje de Madame Pimentón, que sí encontró autor





Fuentes:

“Crónica de Madrid” Diario 16.

Hemeroteca B.N.E.

“Memoria de la melancolía” María Teresa León.

“La Colmena” Camilo José Cela.




lunes, 13 de febrero de 2012

LA ESQUINA DE CONDE DE PEÑALVER (GRAN VIA) CON HORTALEZA, UNA FONDA Y UN CAFÉ.



Esa esquina, entonces turbia y peligrosa, la veía yo desde la ventana del hotel donde me alojé a veces en los años 80. Apareció de pronto cuando me puse a imaginar mi novela El invierno en Lisboa. Y también cuando escribía Ardor Guerrero.” Antonio Muñoz Molina.



Cuando el primer tramo de la Gran Vía de Madrid aún se llamaba Conde de Peñalver, se inauguró el edificio del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial que ocupa desde entonces el solar donde estuvo el Palacio del conde de Santa Coloma, famoso en todo Madrid por el buen olor que salía de sus cocinas y más tarde por el abono de 601.140 pesetas, que se le hizo al conde por el derribo de su heredad (1592 m2.) en las expropiaciones para construir la Gran Vía.


                                                                              Fuente: Granvia.memoriademadrid.es
                                                Derribos de la Gran Vía (1910). Primer trozo.
Nota.- En el año 1910, época de la que data este plano, no debía estar decidido aún el derribo del Palacio del conde de Santa Coloma ya que el color gris con que esta finca se representa en el dibujo y las tenues líneas que marcan lo que habría de ser la nueva vía, parece que dejan a un lado este inmueble. 

Foto: M.R. Giménez
Esquina de la Gran Vía con la calle de Hortaleza. Círculo de la Unión Mercantil e Industrial.


Era el día 24 de abril de 1924 cuando se inauguró el Círculo de la Unión Mercantil, en el número 3 de la calle de Conde de Peñalver (hoy Gran Vía, 24 -Hortaleza, 2 y Reina, 2); un enorme edificio de los arquitectos Luis y Joaquín Sainz de los Terreros, con fachada de piedra a base de motivos neorrenacentistas que incluía espacios comerciales, salones para bailes y conferencias, local de cafetería y lujosas viviendas en alquiler. Aquí estuvo, hacia 1926, el concesionario de automóviles de lujo “Studebaker” y “Pañería- Sedería Red de San Luis”, con especialidad en paños de Bejar, establecimiento este último aún abierto cuando el autor de “El jinete polaco” miraba desde la ventana del hotel donde se alojaba en los años 80.

                                                            Fuente: ABC
                         Anuncios de los negocios que estuvieron situados en el edificio de la Unión Mercantil.

                                                                    Foto: L. Domínguez Fisa
Edificio Unión Mercantil e Industrial en los años 70 del siglo pasado. En primer plano la desaparecida fuente que sustituyó al templete de Antonio Palacios. En el fondo, los toldos azules de la pañería "Red de San Luis".


Antes de desaparecer bajo la piqueta el Palacio del conde de Santa Coloma, en su esquina de la calle de Hortaleza con la de la Reina, estuvo el café Nueva Iberia, llamado con anterioridad de La Marina.

El viejo local ya era café desde mediados del siglo XIX, cuando la Red de San Luis era una pequeña plaza en la que daba comienzo la calle de Hortaleza. En 1895, el café Nueva Iberia, fue el escenario de un crimen del que la prensa se hizo eco, como no podía ser de otra manera.

Bajo el epígrafe “El crimen de anoche” se relata como “A.S. emparentado con la nobleza madrileña” (razón por la que no sabemos su nombre completo) y muy conocido entre la gente llamada “del bronce (gente resuelta y pendenciera) se había encontrado dos días antes con otro llamado Félix, en la Pradera de San Isidro. Félix tenía “desconfianza de la conducta de una mujer amiga suya, conocida como la Rita, desconfianza a la que podía haber contribuido A.S.” por lo que ambos hombres se enfrentaron, resultando Félix agredido. La noche del crimen en el café Nueva Iberia, Félix llegó a él con una pistola; encontró a la muchacha sentada a la mesa con A.S. quien al verle, se puso de pie mientras Félix le disparaba en el pecho y salía huyendo del local. El agredido aún tuvo fuerzas para intentar una persecución, pero quedó tendido en la acera de la calle sin vida. “En sus bolsillos se encontraron 600 pesetas, un reloj y una pistola de dos cañones”.

Sobre el café Nueva Iberia no sólo se escribió por el fúnebre suceso relatado, sino también por haber sido el último lugar de reunión del “Bilis Club” o “sociedad literaria sin reglamento, sin junta directiva y sin domicilio” en la que participaban: Leopoldo Alas “Clarín”, Marcos Zapata, Armando Palacio Valdés, José Ortega Munilla (quien le puso el nombre), Eugenio Sellés, Adolfo Posada, Francisco Flores García, Luis Taboada y muchos más.

El Bilis Club comenzó siendo una reunión de amigos “de letras”, una tertulia en la que todos los temas eran posibles y donde la mordacidad de los comentarios allí expuestos trascendió a la prensa desde la década de los 70 del siglo XIX, época del inicio de este “club de bilis” en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo.

                                                            Foto: M.R. Giménez
                                         Calle de la Reina (2012). Lugar donde estuvo la fonda Genieys.

Bajando por la calle de la Reina (antiguo número 8) y poco antes de llegar a  la calle del Clavel estuvo, hasta la demolición del edificio, la fonda Genieys que aparece señalada en el plano de derribos de la Gran Vía con el nombre de Casa de Victor Hugo.

El ciudadano Genieys” tenía su casa fonda en lo que había sido antes el palacio Masserano, convirtiéndola en uno de los mejores sitios para comer de Madrid, en tiempos de Larra y de Espronceda. Gioacchino Rossini (1792-1869) estuvo allí hospedado así como el general Joseph Léopold Sigisbert Hugo (gobernador de la provincia de Guadalajara, cuando José I) con su mujer e hijos, uno de los cuales era Victor Hugo (1802-1885).

En el año 1839 “chez Mr. Genieys” se traslada a la calle de la Salud porque el viejo caserón de la calle de la Reina estaba muy deteriorado. Se abre entonces en sus dependencias el colegio Polimático de primera y segunda enseñanza “para pensionistas, medio pensionistas y externos”. Durante los últimos años del siglo XIX los periódicos “El Resumen” y “Heraldo de Madrid” tuvieron en esta casa su sede así como el “Teatro Zorrilla”, que era de aficionados.

Entre el tercer trimestre del año 1910 y el final de 1911 se procede a la demolición de la práctica totalidad de esta manzana de casas, comprendida entre las calles de Hortaleza, Reina, Clavel y San Miguel, siendo el terreno de esta última absorbido por la nueva Gran Vía, al completo.

                                                      Fuente: Granvia.memoriademadrid.es
Desaparecida calle de San Miguel que iba desde la calle de Hortaleza hasta la de Caballero de Gracia. Su trazado sirvió para construir la Gran Vía.

                        Dedicado a Antonio Muñoz Molina, por su amabilidad.


Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Granvia.memoriademadrid.es
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna



lunes, 6 de febrero de 2012

EL CAFÉ DE LA ELIPA, EL GRAN MUSEO HARTHOFF Y “EL DÍA QUE ALFONSO XIII HINCÓ EL PICO”.

En la calle de Alcalá, junto a lo que fue el teatro Apolo y hoy es un edificio destinado al Ayuntamiento de Madrid, se encuentra la iglesia de San José (s. XVIII) y en su sótano, con entrada por el número 43 de la calle, se hallaba el Café de la Elipa. 

Era éste un café estrecho y largo, con dos tramos de peldaños que habrá (porque hoy existe como cervecería, pero con otro nombre) que descender para ir a su interior. Bajo de techo y, según se nos describe en la prensa de 1925, adornado con alto relieve griego de yeso por debajo del que había pequeños espejos para reflejar la luz de la calle. En su interior, tras bajar el último tramo de la pequeña escalera había “una zona catacumbesca, abovedada con un alto zócalo de azulejos sevillanos”. 

Foto: Hemeroteca Biblioteca Nacional de España
Tertulia en el café de la Elipa en el año 1925.
El 13 de abril de 1913 fue detenido junto a las mesas del café de la Elipa, que estaban en la calle, Rafael Sáncho por haber atentado contra Alfonso XIII disparando dos tiros con una pistola, en el acto de jura de bandera que se celebró ese día cerca de la fuente de la Cibeles. 

Foto: flickr.com/photos/etecemedios
Rafael Sáncho es detenido tras el atentado.
El café de la Elipa estuvo abierto durante la Guerra Civil y así, en el año 1938 se anuncia en la prensa puntualizando que había “consomé y aperitivos todos los días”. 

En este sótano de la iglesia de San José, antes del café, vino a instalarse el Gran Museo Harthoff, en el año 1874. Se trataba de una “exposición artística y científica” de anatomía o colección de figuras en relieve vaciadas sobre un cadáver, donde se representaban los órganos humanos. 

Debido a los inconvenientes del estrecho espacio en el que este museo estaba enclavado, en los últimos días de esta exposición, en febrero de 1875, los periódicos anuncian que “para satisfacer el deseo del ilustre público madrileño, se ha arreglado el museo de tal manera que desde hoy puedan entrar al mismo tiempo señoras y caballeros”. 

Foto: M.R. Giménez
Puerta de acceso actual a lo que fue el Gran Museo Harthoff  y después el café de la Elipa.
Si miramos de frente a la iglesia de San José en el lado izquierdo estaba la Casa del Cura o vivienda del párroco, que tenía dos plantas. Fue el primer edificio derribado el 4 de abril de 1910, fecha en que dio comienzo la construcción de la Gran Vía. 

Acompañado por el Presidente del Gobierno, José Canalejas y por el Alcalde de Madrid, José Francos Rodríguez, Alfonso XIII toma una piqueta de plata y hace un simbólico desconchón sobre la jamba de una de las ventanas del pequeño edificio; antes de que las personalidades asistentes al acto se retirasen, ya había sido cargado el primer carro de escombros de la demolición. Al día siguiente el periodista republicano Francisco Serrano Anguita ofrece su crónica del acontecimiento bajo el titular: “Alfonso XIII hinca el pico”. 




Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
“La Gran Vía: historia de una calle” José del Corral.
flickr.com/photos/etecemedios