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sábado, 31 de diciembre de 2011

PARA QUIENES HOY COMAN UVAS Y PARA LOS QUE NO.

LOS ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID DESEAN QUE TODO EL MUNDO, LOS QUE ESTA NOCHE COMERÁN UVAS Y LOS QUE HARÁN OTRAS COSAS BONITAS, TENGAIS UN FELIZ AÑO 2012.

El niño de la calle del Pez - M.R.Giménez
 

lunes, 26 de diciembre de 2011

EL CAFÉ DEL CALLAO, QUE ANTES SE LLAMÓ CAFÉ DE POMPEYA.

El del Callao fue uno de los cafés que la Gran Vía se llevó por delante durante su construcción. Ubicado en el número 62 de la entonces importante calle de Jacometrezo, haciendo esquina con el número 2 de la de Hita (que estuvo situada aproximadamente donde hoy se encuentra la calle de Miguel Moya), este café se abrió al público el 19 de septiembre de 1879 en la casa que se levantó sobre lo que antiguamente fue “La Fonda Española”, afamado establecimiento para dormir y comer a precio razonable así como lugar de encuentro entre negociantes.

El café del Callao era un local espacioso, de planta alargada, dotado de varios ambientes y con profusa iluminación de gas; muy elegante aunque decorado en su planta baja con cierta sencillez a base de columnas corintias, mesas redondas con mármol y sillas de madera torneada o con líneas curvas. Entre sus servicios contaba con salas de billar, una zona para músicos y otra para ropero de abrigos y paraguas. Tenía dos alturas y desde los balcones de su salón principal podía verse parte de la plaza del Callao, que en aquella época era más pequeña y recoleta que en la actualidad.

Foto: Nicolás 1056
Aspecto de la plaza del Callao anterior a la construcción de la Gran Vía (1910). Al fondo, a la izquierda, se puede ver la casa del Café del Callao, esquina con la calle de Hita. 

En noticias de los periódicos de la época puede leerse que en septiembre de 1885 dos individuos cenaron opíparamente en el café del Callao, tras lo cual salieron huyendo sin pagar la cuenta. Uno de ellos tropezó con un postigo, quedando postrado en el suelo con una herida en el ojo, pero el otro llegó hasta la acera en donde fue alcanzado por un camarero del local que le propinó sendos puñetazos. Los viandantes de la plaza del Callao, sin conocer los hechos, y viendo como el camarero agredía al hombre, la emprendieron a golpes contra él hasta que se aclaró lo sucedido.

Otro incidente destacado fue el intento de suicidio de Delfín Casas, de 23 años de edad, en el local del café. Se disparó un tiro “en la tetilla izquierda”, siendo trasladado en estado gravísimo a la Casa de Socorro del Centro. El joven manifestó, posteriormente, que sus motivos para tomar esta decisión habían sido “estar cansado de la vida”.

En octubre de 1899 este café distribuyó leche en malas condiciones provocando una masiva intoxicación entre los consumidores, lo que no supuso demasiada merma en la asistencia de los parroquianos.

Foto: M.R.Giménez
Aspecto actual de la plaza del Callao. El café estaba situado, aproximadamente, en donde se encuentra la mediana de la calzada.

Se trataba de un local céntrico y bien comunicado, lugar de encuentro para la celebración de banquetes de asociaciones como “El Elba” (Sociedad de socorros mutuos del gremio de la hostelería) o de reuniones de los opositores a Correos o a Telégrafos así como de “La Unión de Conductores de Automóviles de Madrid”, entre otros. Conciertos y tertulias también eran importantes en este café, siendo la más famosa de ellas la dirigida por el periodista Emilio Carrere, allá por el año 1907.

Foto: ABC

                                 Banquete de la asociación "El Alba" en el café del Callao, 17 de octubre de 1908.
 
El 17 de septiembre de 1911 se anuncia en prensa que “El Gran café del Callao” ha reformado su decoración y la Banda Madrileña comenzará sus conciertos, siendo secundada por un sexteto que contaba con la prestigiosa pianista Gloria Pérez que tocaría en el piano de marca Pleyel del establecimiento. Estos conciertos se ofrecían todas las noches, así como los jueves y domingos por la tarde, interviniendo en algunos de ellos hasta 22 profesores.



A principios de 1914 el local cambia de dueño y una nueva empresa lo inaugura de nuevo el día 24 de febrero con grandes bailes en los que intervenía también “el bastonero”, para guardar las formas y poner orden; era un hombre que, dotado de un palo, vigilaba a las parejas designando el lugar que debían ocupar y el orden en que tenían que bailar.



Desde su primera inauguración hasta su cierre definitivo, anterior a 1919 año en que comienza a derribarse la casa de su ubicación para construir ese tramo de la Gran Vía, este café pasó por las manos de varios dueños que añadieron los nombres de “gran”, “nuevo” o “antiguo” a su designación inicial, que incluso modificaron pasando a llamarse “Café Reformista” alrededor de 1906.



Uno de los parroquianos más asiduo al café del Callao fue Joaquín Hevia, dueño del café de la Luna, que apareció muerto en su casa del número 30 de la calle de la Justa (hoy Libreros), lo que la prensa de la época recoge como “El crimen de la calle de la Justa”.



Hevia de 81 años, viudo por dos veces y rentista de profesión, era muy conocido por sus devaneos continuos con las prostitutas del barrio. Con el vivía su criada Claudia que, tras salir temprano para hacer la compra el día 16 de mayo de 1890, se encontró a su regreso con que su patrón yacía en la cama asfixiado y con signos de violencia. Las fuerzas del orden detuvieron a Claudia que, según los vecinos, discutía frecuentemente con el finado, a un hermano de ésta y a un amigo de ambos como cómplices del hecho.



Varios meses pasó Claudia en prisión como principal implicada en el delito, pero nunca se pudo probar que fuese cometido por ella llegando, incluso, a plantearse la posibilidad de que ni siquiera Joaquín Hevia hubiera sido asesinado sino que su fallecimiento fuese producido por su avanzada edad.



La parcela en que se ubicaba el Café del Callao corresponde hoy al mismo centro de la Gran Vía, frente a la plaza del Callao, por donde ahora transitan los coches y frente al edificio de viviendas para el conde de Godó, en el número 44, donde luego estuvo el café Fuyma y que hoy es un banco.




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemerteca ABC.
El cine, la Gran Vía y yo” de Rosario González Truchado.

lunes, 19 de diciembre de 2011

CUATRO CAFÉS DE LA CALLE DE FUENCARRAL Y DOS CANCIONES.

Cuando Madrid terminaba en la Puerta de los Pozos de la Nieve (hoy glorieta de Bilbao) y allá por el año 1786, había un café en la misma calle de Fuencarral Alta, en la casa 3, que se “titulaba” Café de las Quatro Estaciones. La prensa del momento nos anuncia en 1788 que dicho café se deseaba traspasar, para lo que había que ponerse en contacto con Ana Turrienzo, probablemente la dueña del local.


Es en el año 1837 cuando la Puerta de los Pozos pasó a denominarse Puerta de San Fernando y más tarde Puerta de Bilbao, nombre que mantuvo hasta su demolición en el año 1865. Por entonces el solar que más tarde ocuparía el número 109 (actual 95) de la calle de Fuencarral y que hacía esquina con la calle del Divino Pastor, estaba ocupado por la “Posada del Huevo”, lugar de hospedaje de los carreteros que de la sierra traían nieve para llenar los pozos que darían el nombre primitivo a esta salida de Madrid. En dicha posada un mozo de cuerda asesinó en 1882 a su hija y a su esposa, propinándose 37 puñaladas posteriormente.


A finales del siglo XIX la urbanización del tramo de la calle de Fuencarral comprendido entre el Hospicio y la glorieta de Bilbao, era un hecho. Las viejas casas habían desaparecido y sobre sus solares se construyeron modernos y elegantes edificios, acogiendo en sus locales nuevas tiendas y cafés. Este es el caso del Café del Reino, situado en la calle de Fuencarral, nº 109 (hoy 95) y que hacía esquina con la calle del Divino Pastor, número 1.


Fotografía: M.R.Giménez (2007)
Calle de Fuencarral esquina con calle del Divino Pastor. Aquí estuvo el café del Reino.
                         

El café del Reino estaba instalado con lujo, según la prensa del momento. El edificio en el que se asentaba se construyó hacia el año 1885 y fue también el escenario de uno de los crímenes más célebres de Madrid, que Benito Pérez Galdós noveló: “El Crimen de la calle de Fuencarral”.


Con dirección a la Gran Vía, la calle de Fuencarral se encuentra atravesada por dos vías que ya aparecen en el plano de Texeira (1656) con el mismo nombre que tienen en la actualidad, la de San Joaquín y la de San Mateo; en ambas estuvieron dos cafés que llevaban sus respectivas denominaciones.


Café de San Joaquín. Abierto en el número 2 de la calle que le puso el nombre (cuya numeración comenzaba a contar a la inversa de hoy) haciendo esquina con la de Fuencarral. Era un café-teatro, dotado de una orquesta cuyo clarinetista tenía fama en todo Madrid y que actuaba bajo la dirección del maestro Sembi y Roselló. Este café tuvo bastante renombre desde su apertura durante la segunda mitad del siglo XIX, pero en 1899 las deudas de su dueño, por valor de 6.263 pesetas, hicieron sacar a subasta pública sus muebles y enseres, por lo que tuvo que cerrar.


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Calle de Fuencarral esquina con calle de San Joaquín. En este local estuvo el café de San Joaquín.
 
           
Café de San Mateo. Situado en el número 2 de la calle de San Mateo, hacía esquina con el número 78 de la calle de Fuencarral. Tenía, como todos los cafés de un cierto lustre, conciertos de piano y violín. Abierto desde los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX, cerró sus puertas en 1919 cuando ya se había convertido en un café triste y vacío. 


Foto: M.R.Giménez (2011)
Calle de Fuencarral esquina con calle de San Mateo. Local del café de San Mateo.

                      
Los tiempos cambian y los cafés desaparecen. Un nuevo negocio toma el relevo en la calle de Fuencarral, 78. Los Almacenes San Mateo aparecen en 1925 dedicados a la venta de retales y confección. Su publicidad radiofónica, con una canción muy pegadiza que alababa las excelencias del negocio tanto como las aglomeraciones del público dispuesto a comprar, decía así (dirección URL del vídeo):

https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=-lOhOhCu7DM

Ramón Perelló Ródenas (1903-1978) fue el compositor de la música y la letra de la sintonía publicitaria de los Almacenes San Mateo. Murciano, republicano y represaliado por la dictadura fue el creador, entre muchas otras, de canciones tan conocidas como “Mi jaca”, “La bien pagá” o “Soy minero”.


Foto: M.R.Giménez
Calle de Fuencarral. Aquí estuvieron los Almacenes San Mateo.


                           
A pocos pasos y en la misma manzana de los Almacenes San Mateo, pero en la calle de Santa Brígida, número 3 estuvo el Teatro Martín.


Construido en 1870 por el arquitecto Manuel Felipe Quintana para el empresario Casimiro Martín, fue un teatro muy conocido en Madrid y dedicado fundamentalmente a los espectáculos del género de la revista.


Larevistamusical.blogspot.com

Al igual que los Almacenes San Mateo, el Teatro Martín también tuvo su popular y radiofónico anuncio.  

De la opereta “Cinco minutos nada menos” compuesta por José Muñoz Román y por Jacinto Guerrero, como cita la propia composición, se extrajo la letra y la música para el anuncio. Esta obra fue estrenada el día 21 de enero de 1944 en el teatro Martín, con gran éxito.


Conchita Santamaría, actriz y vicetiple que actuó en la obra "Cinco minutos nada menos" en el Teatro Martín.

La Revista es en sí misma un gran espectáculo, pero durante los años de la posguerra española acogió a un gran número de actores y actrices que sabiendo actuar, bailar y cantar vieron en este género una gran oportunidad de trabajo. Tal es el caso de Conchita Santamaría, cuya preciosa foto se muestra aquí, por gentileza de Vicente Valdés.


Fuentes: 
 
Hemeroteca de la B.N.E.
Larevistamusical.blogspot.com
Antonioburgos.com

Agradecimientos muy especiales:

Olga María Ramos, Rafael Castillejo, Juan José Montijano y Vicente Valdés Santamaría, por su colaboración.
                       



lunes, 12 de diciembre de 2011

CAFÉ DE SAN ANTONIO Y CAFÉ DE LA CONCEPCIÓN.

Sería inapropiado llamar encrucijada al pequeño ensanche de la Corredera Baja de San Pablo, que incluye el final de la calle de la Puebla y el principio de la del Pez;  pero ahí, en esos pocos metros de vía cuyo vértice central podría ser la discreta puerta de la preciosa iglesia de San Antonio de los Alemanes, hubo dos cafés muy populares desde mediados del siglo XIX.
El café de San Antonio, apellidado a veces de los Portugueses, se situaba en la calle del Pez, números 1 y 3, haciendo esquina con la Corredera Baja de San Pablo. Ya en 1843 algunos de sus parroquianos lo utilizaban para negociar la venta de géneros tan pintorescos como prendas para oficiales de caballería e infantería o pesas de hierro, siendo dicha actividad avisada en la prensa del momento; pero también era conocido por ofertar la típica leche de almendras, que por entonces solía tomarse de postre tras la cena de Nochebuena en todo Madrid, al precio de 2 reales el cuartillo.
En Octubre de 1844 el dueño del café de San Antonio anuncia la adquisición de una mesa de billar de Roque Peironcely, afamadísimo constructor de todo lo necesario para ese juego en su taller madrileño situado en la calle de Hortaleza, número 71. La fama internacional de este negocio propició que primero su viuda y luego sus hijos continuaran con la empresa Peironcely, ya en la calle de Lavapiés, 17 y 22, llegando ésta a ser premiada con la medalla de oro en la Exposición de Industrias Madrileñas (1907).
Este café fue además elegido por los republicanos hasta bien entrados los años 90 del siglo XIX. En él se celebran banquetes para, según se anunciaba, los republicanos de todos los matices del distrito de Universidad, como el del día 11 de febrero de 1890. Los asistentes concluían cada noche cantando el Himno de Riego, entre aplausos y acompañados por la orquesta de músicos, atracción ésta que no podía faltar en todos los cafés del momento.

                                                Foto: M.R.Giménez
                                     Café de San Antonio, hoy. Calle del Pez esquina con la Corredera Baja de San Pablo.
 
Precisamente la interpretación de temas musicales en un local público, sin la autorización de sus autores, propició una demanda en el Juzgado municipal del distrito de Universidad por parte de la Sociedad de Autores, Compositores y Editores de música (predecesora de la actual S.G.A.E.) contra el dueño del café de San Antonio, que tuvo que pagar una importante cantidad de dinero a los demandantes conforme a los preceptos de la Ley de Propiedad Intelectual, en el año 1893.

                                                                                Foto: M.R.Giménez
                                 Una de las columnas que aún pueden verse en lo que fue el café de San Antonio.

Hasta 1897 el café de San Antonio rivalizó con su vecino, el café de La Concepción y eran frecuentes los enfrentamientos entre sus respectivos dueños; pero en febrero de ese año ambos negocios fueron adquiridos por un nuevo propietario que les daría un moderno y certero impulso. El local del San Antonio se convierte entonces en una espléndida sala de mesas de billar Peironcely, con luz natural durante el día y lámparas de gas por la noche. Su nueva decoración, diseñada en tonos verdes a juego con los tapetes de las mesas tanto en paredes como en los divanes tapizados, se encargaron a Pechuán e hijo, con taller de la calle de Velarde.


El café de La Concepción estuvo en la Corredera Baja de San Pablo, número 14, haciendo esquina con la calle de la Puebla. Fue inaugurado el 1 de octubre de 1886 como un local lujoso y de gusto en los detalles, amplio y con recodos que permitían intimidad. Era conocido como “el café que estaba frente al teatro Lara, donde los espectadores esperaban a que un timbre eléctrico les avisara cinco minutos antes del comienzo de la representación y al que asistían para tomar algún tentempié a su finalización.

Un hecho luctuoso tuvo lugar en los salones del café de La Concepción el 16 de febrero de 1892. A las 15,30 horas entró un joven decentemente vestido y tomó asiento tras una mesa. Un camarero se le acercó para preguntarle qué consumición le debía traer, pero el joven contestó que no deseaba tomar nada; al dar la vuelta el camarero, aquel sacó una pistola del bolsillo y se disparó un tiro en la cabeza, quedando herido sobre la mesa con la cabeza prácticamente destrozada. El revuelo en el café fue sólo calmado por la llegada de la policía que trasladó al joven a la Casa de socorro en donde falleció en el mismo momento en que el juez entraba por la puerta. De su bolsillo sacaron una carta que decía: Sr. Juez. No se culpe a nadie de mi muerte.

También este café ofrecía música en directo y en noviembre de 1906 anuncia la novedosa actuación de un sexteto conjuntamente con un fonógrafo.


                                          Foto: ABC
                                                                             Imagen antigua del Café de La Concepción.
 
El café de La Concepción cerró sus puertas en la primera mitad del año 1919, pero en su última noche tuvo lugar una de las más bulliciosas barahúndas que la Corredera y la calle de Tudescos recordarían por mucho tiempo.

Aciano era un cliente asiduo del café; algo encorvado, de grandes y fuertes manos, poseía un violín que guardaba discretamente debajo del mostrador hasta que, como despedida del local, aquella noche pidió tímidamente permiso a los demás parroquianos para tocar algunas cositas. El instrumento comenzó a sonar en sus manos como un orangután de malos sentimientos y así continuó hasta las 3 horas de la madrugada, momento en que Aciano y su violín decidieron salir a la calle y a paso de carga interpretar “Zaratustra” de Strauss junto con un nutrido grupo de borrachos, prostitutas y chulos gritando ¡Muera Puccini! Y ¡Viva ab intestato! (sin testamento), ésto último en honor del padre del violinista, que era notario y opuesto a la carrera musical de su hijo. Al llegar a la plaza del Callao los guardias del orden público cortaron el paso a la numerosa comitiva y cada integrante tiró por donde pudo; sólo Aciano seguía tocando su violín y junto a él una joven desgreñada y alegre que seguía gritando ¡Viva “el” ab intestato!. Nadie supo nunca qué pasó con el músico y su acompañante a partir de esa noche, la última del café de La Concepción.

Ambos locales existen en la actualidad y han dado cabida a negocios diversos. A lo largo del tiempo el café de San Antonio fue dividido en varios establecimientos dedicados, entre otras actividades, a tienda de muebles, de electrodomésticos, de molduras de escayola y papeles pintados, relojería y en la actualidad está ocupado por la cafetería de una residencia de ancianos, manteniendo visibles los relieves de sus columnas de hierro que se aprecian desde la calle.

El café de La Concepción fue convertido en una tienda de artículos de marroquinería y fábrica de paraguas conservando, durante mucho tiempo, los suelos de tarima, sus espejos y las columnas pintadas de color amarillo oro que tenía el antiguo café. Desde hace varios años el local está ocupado por un supermercado y una tienda de verduras y frutas, que dividen el local en dos.

Coplilla en “Madrid Cómico” 28/10/1915, para el anuncio del café de La Concepción:

Esta noche es inaugurado

con una orquesta compuesta

de seis músicos de altura,

y en cualquier partitura

se hace aplaudir la orquesta.

El local es un edén,

y además sirven tan bien,

que café como el que dan,

no lo toma ni el sultán

de Marruecos en su harén.

Corredera Baja (frente a Lara)”




Fuentes:
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E. 

martes, 6 de diciembre de 2011

CALLE DE NICASIO MÉNDEZ Y DOS CAFÉS DEL PUENTE DE VALLECAS.


Los viejos del lugar aún la conocían con el nombre de “Nicasio” hace una década, y es que esta calle fue llamada de Nicasio Méndez hasta recién iniciados los años cincuenta, a pesar de haber tenido otras esporádicas denominaciones como “Libertad” (1930) o “José Antonio” (1940). Fue pues en 1952 cuando la calle de Nicasio Méndez fue elevada a la categoría de avenida y rebautizada con el nombre de Monte Igueldo, como se la conoce hasta hoy.

Nicasio Méndez García  fue un concejal de Unión Republicana elegido para el ayuntamiento de Vallecas en 1903, cuando este hoy distrito de Madrid era un municipio cercano e independiente de la capital. Domiciliado en el número 16 de la calle que llevaba su nombre, Nicasio Méndez era propietario de casas y negocios en el Puente de Vallecas como el “teatro Cervantes”, situado en el número 7 (Erillas Bajas). En él se pronunciaron diferentes mítines de marcado carácter republicano, feminista y anticlerical a los que solía asistir un gran número de mujeres, lo que era insólito en aquellos años del incipiente siglo XX, para escuchar, entre otros, a Consuelo Álvarez “Violeta” (1867-1957).

Los nuevos barrios propuestos en el Plan Castro necesitaban gran cantidad de materiales para su construcción y Vallecas, que desde la Edad Media  explotaba sus canteras de yeso, desarrolló un importante papel en la aportación de este material. Su transporte se hacía inicialmente a base de garruchas, así llamados allí los carros de tracción animal, hasta que apareció “La Maquinilla”.

Desde la Villa de Vallecas a Pacífico un tranvía a vapor propiedad de la “Cía. del Tranvía de Arganda a Madrid”, apodado por los vecinos como La Maquinilla, comenzó a funcionar en 1888 para el transporte del yeso, no sin pocas vicisitudes.

Inicialmente se construyeron seis kilómetros de la vía proyectada hasta Arganda,  pero nunca llegó a completarse su trazado que transitaba por lo que hoy es la avenida de Monte Igueldo, la calle de Martínez de la Riva (Camino de los Yeseros) y terminaba en la fábrica de yesos “La Invencible”, situada en el kilómetro 13-14 de la carretera de Valencia. Aunque este tranvía trasportaba preferentemente mercancías, también disponía de coches para viajeros hasta que la compañía decidió retirar éstos últimos, lo que dio pie a una extraordinaria movilización popular en junio de 1931. Cincuenta vecinos armados de picos y palas, jaleados por la multitud, comenzaron a desmontar los raíles, no sin antes colocar un cartel explicativo que venía a decir: “La justicia del pueblo pedía el levantamiento de esta vía. Con nuestra actitud no queremos perjudicar a nadie, por el contrario, queremos que con este proceder se beneficie el pueblo”. 
          
Hacia 1875 los suburbios de la Villa de Vallecas estaban compuestos casi en su mayoría por inmigrantes procedentes de la zona meridional de la península, su falta de recursos y de infraestructuras públicas favoreció la implantación, ya en 1911, del “Círculo Socialista y de Sociedades Obreras del Puente de Vallecas”, situado en el número 31 de Nicasio Méndez, que propició la erradicación del analfabetismo tanto de niños como de adultos; también la “Iglesia Evangélica Bautista de Madrid” estableció en una casa baja de la misma calle la primera escuela para niños y niñas en el año 1914.

Muy popular fue el recreo-teatro-cine “San Méndez”. Situado en la calle Nicasio Méndez -probablemente a la altura de la calle Felisa Méndez- ofreció representaciones benéficas circenses (1929) a cargo de los clowns “Pompoff, Thedy y Emigg”  de la vallecana saga de los Aragón (Gaby, Fofó, Miliki y Fofito). También el “Cuadro Artístico de la Casa del Pueblo”, grupo socialista de teatro que comenzó a funcionar en 1923 con voluntad pedagógica para todos los públicos, llevó a cabo numerosas representaciones en este local. Estaba dirigido por Manuel Dicenta (1905-1974), recibía aportaciones de las corridas de toros benéficas de Ignacio Sánchez Mejías (1891-1934) y contaba con la colaboración de “La Barraca” de Federico García Lorca.  En el mes de julio de 1936, convertido ya en cine de verano y en mitad de la proyección de una película se interrumpe la función para hacer una llamada al alistamiento inmediato de todos aquellos que quisieran defender la República. Comienza la Guerra Civil.

Amos Acero Pérez (1893-1941) merece aquí una especial mención. Maestro racionalista, primer alcalde democráticamente electo de Vallecas –Villa y Puente- que lo fue durante toda la Guerra Civil, diputado y socialista. Asesinado, tras dos juicios paralelos plagados de anomalías, el 16 de mayo de 1941 en una tapia del cementerio de la Almudena. A fecha de hoy existen un parque y un colegio en Vallecas con el nombre de este hombre  honesto que la historia, imperativamente olvidada,  lo ha querido convertir en un desconocido.

Los Ateneos Libertarios tuvieron un papel relevante en Vallecas durante la época de la Guerra Civil. El 1 de febrero de 1937 se inaugura el “Ateneo Sur de Vallecas” en el número 84 de la calle de La Libertad (hasta entonces de Nicasio Méndez) y fue tal la afluencia del público asistente que debió trasladarse al número 119, cinco meses más tarde.

Tras la anexión de Vallecas a la metrópoli de Madrid el 22 de diciembre de 1950, paseando por la calle Monte Igueldo aún podemos encontrar algunos retazos de lo que fue la antigua historia de sus comercios y edificios. Casas de una altura se conservan milagrosamente en un barrio ya céntrico de la capital que ha sufrido los ataques de la especulación, como cualquier otro. Eran esas mismas casas las que se anunciaban para alquilar en los periódicos de la primera década del siglo XX, como la del número 40 (hoy 38) de Nicasio Méndez con “patio, jardín, agua de Lozoya, luz eléctrica y de 3024 pies”, que aún sigue en pie y que fue la peluquería de caballeros de “Paco el peluquero” ruidoso y concienzudo jugador de dominó.


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Actual avda. de Monte Igueldo, 38, donde estuvo "La peluquería de Paco".
                                              
De la gran cantidad de vaquerías con que contaba la zona aún podemos encontrar algún recuerdo olvidado como el del número 103 de la avenida de Monte Igueldo. Leche pura que se sirve a domicilio de La Tierruca. La composición está firmada por Enrique Guijo Navarro (1871-1944). Otro ejemplo de supervivencia asombrosa es la fachada de la tienda de comestibles “José Luque”, ya cerrada, en el número 96 de la avenida de Monte Igueldo. Cervezas, vinos finos La Confianza, vermouth, cafés El Gato Negro. El diseño de estos azulejos está firmado por Ángel Caballero, sucesor de Enrique Guijo .


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Diseño de Ángel Caballero para la tienda de José Luque.
                                                                        

Al ser Vallecas un municipio independiente de Madrid en esos momentos, los periódicos antiguos no hacen mención de los cafés más que para anunciar riñas y disputas de magnitud diversa. 


El café de Nueva Numancia, situado en la llamada entonces Carretera de Valencia y hoy avenida de la Albufera, era un lugar de espera para tomar el tren que conducía al Pueblo de Vallecas. En 1919 y bajo el titular “Una bronca entre autoridades”, se relata un altercado en el café de Nueva Numancia entre el Inspector Jefe de la Guardia Municipal del Puente de Vallecas y el Juez que le había expedientado de empleo y sueldo, por irregularidades cometidas en el desempeño de su cargo. Los adversarios comenzaron a discutir llegando a hacer uso de sus armas y gracias a la intervención de los parroquianos del café la disputa no tuvo un trágico final. La prensa completa la noticia con el siguiente comentario: “El suceso está siendo comentadísimo, tanto por el asunto que lo motivó como por la calidad de las personas que en él han intervenido”.


El café de Angelito era un café de cante también situado en la Carretera de Valencia que, durante el primer cuarto del siglo XX, era la vía más importante de Vallecas.




Fuentes:



Hemeroteca de la B.N.E.
Quieneseran.blogspot.com
Recuerdos aportados por Francisco Giménez Marcos "Paco el electricista" (In Memoriam).