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jueves, 16 de mayo de 2013

LOS TRES NOMBRES DE UN CAFÉ EN EL BARRIO DE POZAS.


Hubo en la calle de la Princesa un barrio llamado de Pozas, construido por el promotor Ángel de las Pozas Cabarga en el año 1860 y derribado en su totalidad por la especulación más abyecta en 1972 para construir sobre su terreno los grandes almacenes hoy existentes y un lujoso hotel. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Esquina de la calle de la Princesa con Serrano Jover, en la actualidad. En este mismo local hubo, cuando existía el barrio de Pozas, un café.
 
El barrio de Pozas tenía forma de triángulo y estaba rematado por la calle de la Princesa, el paseo de los Areneros (actual calle de Alberto Aguilera) y la Ronda del Conde Duque (actual calle de Serrano Jover); los edificios del interior se repartían entre el pasaje de Valdecilla y las calles de Hermosa y de Solares. 

Fuente: Bibliotecavirtualmadrid.org
Plano de Juan Merlo, Fernando Gutiérrez y Juan de Ribera del año 1866. Con su característica forma triangular aparece el barrio de Pozas y sus calles. A la izquierda el hospital y la iglesia del Buen Suceso.

El de Pozas era un barrio construido para vivir. Exponente de una ordenación de estilo isabelino, con un gran carácter decimonónico, está pensado para una vida en comunidad, donde el hombre pueda relacionarse en su propia ágora. Sus veintiún edificios de viviendas se completaban con un dispensario médico, un mercado, tiendas, la fábrica de chocolates y cafés “La Española”, el “Teatro Quevedo” inaugurado en diciembre de 1866, bares y un café. 

El Plan Castro, cuyo proyecto data del año 1857, contemplaba la configuración del ensanche de la ciudad. La construcción del barrio de Pozas se realizaría según este Plan, cuando aún quedaba por derruirse alguna parte de la cerca de Felipe IV que desde 1625 circundaba Madrid. Así, en el mes de septiembre de 1864, con una gran fiesta en la que hubo bailes y cohetes, los vecinos celebraron el derribo del antiguo Portillo de San Bernardino (o de San Joaquín) por cuenta de Ángel de las Pozas como un obstáculo menos que les separaba del centro de Madrid y que estaba situado en lo que ya era la calle de la Princesa, junto al propio barrio. 

Nada más comenzar el año 1866 se inauguró un nuevo servicio de ómnibus que conectaba la Puerta del Sol con el barrio de Pozas. Con una frecuencia de media hora, el trasporte comenzaría a funcionar a las 7 horas de la mañana y terminaría a las 12 horas de la noche, con un coste de 1 real por viaje. Más tarde, en el año 1907, el alcalde ordenaría la instalación de faroles de alumbrado de incandescencia en la calle de la Princesa, la más importante del barrio. 

Fuente: ABC (1969)

En la década de los años sesenta del siglo XX el barrio de Pozas comenzó a ser objeto de otra de las ignominiosas especulaciones del centro de Madrid. La “Inmobiliaria Pozas” fue comprando pisos privadamente, para luego incluir el barrio en el Registro Municipal de Solares, a la vez que la Gerencia Municipal de Urbanismo secundaba la operación diciendo que aquello estaba en estado de ruina con el beneplácito del entonces alcalde, el lacrimoso Carlos Arias Navarro. 

En el año 1967 comenzarían los desahucios que los vecinos trataban de impedir en los juzgados, oponiendo resistencia e incluso llegando hasta el encierro en el interior de sus propias viviendas, a las que se les fueron cortados los suministros de agua y luz. Muchos madrileños se acercaban a los balcones y ventanas de los pisos para hacer llegar comida y bebida a los que allí se mantenían a la espera de una solución. El día 12 de febrero de 1972 los escritores Lauro Olmo Gallego y su esposa Pilar Enciso Pellico, en compañía de sus hijos, fueron los últimos inquilinos en abandonar el barrio de Pozas y de inmediato sería rematada su demolición. Menos de dos años después se inauguraría, con gran alharaca, el nuevo gran almacén que aún continúa. 

Fuente: Flickr.com Nicolás1056. (1875)
Barrio de Pozas e Iglesia del Buen Suceso. En el centro de ambos, la calle de la Princesa y a la izquierda el Paseo de los Areneros (actual calle de Alberto Aguilera)

En la esquina comprendida entre la calle de la Princesa y la Ronda del Conde Duque (ahora Serrano Jover) hubo un café que con el tiempo cambiaría de nombre y de dueño hasta en tres ocasiones. 

Cuatro años después de edificarse el barrio de Pozas vino a instalarse en esta esquina un primer negocio con el nombre de café del Buen Suceso, en el número 12 (entonces) de la calle de la Princesa y en el número 1 de la Ronda. Anunciaba como atracción una pareja de baile que dará principio a sus trabajos en los días no festivos a las 6 horas de la tarde y los termina a las 11 horas de la noche y los días feriados desde las cuatro y media de la tarde hasta igual hora de la noche. 

Fuente: Memoriademadrid.es (alrededor del año 1908).
La calle de la Princesa ya tenía alumbrado de incandescencia. A la izquierda la iglesia y a la derecha la fachada del café del Buen Suceso.
 
En el mes de octubre de 1913 el negocio había cambiado de dueño y también varió el número de la calle de la Princesa, que entonces ya sería el 24, donde éste se ubicaba. Abrió sus puertas el titulado café Europa. 

Fuente: B.N.E. (1913)
Fachada del café Europa, recién inaugurado.
 
Este elegante café es propiedad del conocido industrial Manuel Orejas. Adornado a la inglesa se presentaba como un elegante establecimiento, serio, con servicio regio, excelente cocina instalada con arreglo a los últimos adelantos e inmejorable calidad en sus productos. Tenía sala de billar cuyas mesas han sido fabricadas “exprofeso” para esta casa. 

Fuente: B.N.E. (1913)

El bonito café Europa sería reemplazado en el año 1928 por el llamado café España que se mantendría abierto hasta la demolición del barrio de Pozas. 

Fuente: Revistamadridhistorico.es (Probablemente en los años 60 del siglo XX).
Fachada del café España.
 
En el España, antes de la Guerra Civil Española, se celebraban tertulias políticas de trabajadores, a las que se accedía por un portal estrecho y oscuro que daba a la calle de la Princesa. También mantenía las mesas para jugar al billar, pero había perdido su decoración a la inglesa convirtiéndose en un sencillo café de barrio. 

Con el paso del tiempo la calle de la Princesa iría conformando su fisonomía y los nuevos edificios construidos variaron también el número de esta vía donde se ubicaba el café España. De esta manera, en el año 1959 este establecimiento ya se encontraba, como ahora el que le reemplaza, en el número 40. 

A finales de la década de los cincuenta, cuando la televisión era aún inaccesible para la mayoría de los madrileños, el café España anunciaba en la prensa la instalación de un aparato “Marconi” para ver los partidos de fútbol. 

Fuente: Madrid.org (Años 60 del siglo XX)
Vista aérea de la zona.
 
La brutal especulación de la zona no sólo se llevaría por delante al barrio de Pozas, a su café y a todos los negocios del entorno. También hizo lo propio con la antigua iglesia del Buen Suceso, de gallarda y elegante traza, y su hospital, construidos en el año 1868 y situados en la acera de los números impares de la calle. Sobre este solar se erigieron enormes e insustanciales edificios que carecen del más mínimo interés arquitectónico. 









Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Prensahistorica.mcu.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Revistamadridhistorico.es
Madrid.org
Flickr.com Nicolás1056
Memoriademadrid.es

viernes, 3 de mayo de 2013

CAFÉS, FONDAS Y PERSONAJES DE LA CALLE DEL CARMEN.


La calle del Carmen es hoy una de las más comerciales y transitadas del centro de Madrid. Tiendas, cafés y terrazas, además de otros muchos negocios, han estado en ella desde que a mediados del siglo XVI comenzara la edificación de las primeras casas que la conformarían. Aquí descubriremos algunos de los establecimientos más pintorescos y ya desaparecidos de esta vía. 

Fuente: Flickr.com Nicolás 1056
Fotografía: M.R.Giménez (2013)
La fotografía de la izquierda (1906) está tomada en la puerta de la iglesia del Carmen. La segunda vista es el mismo lugar, en la actualidad. A la derecha se aprecia la calle de la Salud.
 
Alrededor del año 1540, lo que con el tiempo se convertiría en la calle del Carmen era una zona situada extramuros de la población. Poco tiempo después sus diversos propietarios empezarían a edificar pequeñas casas entre las que se instaló una mancebía o prostíbulo, que al parecer tuvo bastante fama en Madrid. Como reclamo de sus servicios se dispuso en una de las ventanas de este negocio la figura de una mujer ricamente engalanada y cuyos brazos eran movidos o sustituidos por los de un mozo que allí trabajaba, llamando así la atención de los posibles clientes. Cierto día pasó por la puerta del lupanar un religioso que creyó ver en la efigie una personificación de la virgen y horrorizado puso el hecho en conocimiento de la autoridad, quien con rapidez rescató la estatua del lugar y dio en llamarla Nuestra Señora de Madrid. La imagen posteriormente sería conducida, con gran fiesta el día 10 de octubre de 1651, al altar de la iglesia del Hospital General (situado en la calle de Atocha), pero antes, todos los que en la mancebía trabajaban terminaron en la hoguera. 

Sobre el solar que dejó aquel negocio tan “impío”, y una vez configurada la calle, se levantó el convento del Carmen Calzado, del que hoy sólo queda la iglesia (1611) que podemos ver en el número 10 de esta vía, haciendo esquina con la calle de la Salud. 

La casa que hoy ocupa el número 12 está construida sobre el terreno de otra ya demolida no hace demasiados años. A finales del siglo XVIII tenía el número 25 y en ella vivió el torero Josef Delgado Guerra (1754-1801), más conocido como “Hillo” o “Pepe Hillo”. Los suyos fueron momentos en los que un espectáculo taurino constaba de dos tiempos; la sesión de mañana daba inicio a las 10 horas y la de por la tarde a las 16 horas, con tres matadores y doce toros en el mismo cartel. 
Fuente: Flickr.com Alejandro Blanco.
Placa sobre la fachada de la casa de la calle del Carmen, 12.
 
Hillo sufrió una grave cogida en la plaza de toros de Madrid, entonces situada junto a la Puerta de Alcalá, el día 11 de mayo de 1801. El toro “Barbudo” empitonó al diestro, lanzándolo por los aires y produciéndole graves heridas cuyo resultado sería su muerte. El pintor Francisco de Goya y Lucientes, aquel día presente en el coso taurino, reflejaría en varios cartones de la serie “La Tauromaquia” la cogida del torero. 

Fuente: Es.wikipedia.org
Grabado de Francisco de Goya, de la serie "La Tauromaquia" que representa la cogida del torero.
 
A finales del siglo XVIII la Posada de los Flamencos vino a instalarse en la casa número 4 de la calle del Carmen. Por entonces aún no se numeraban las edificaciones de manera correlativa y ordenada, como en la actualidad, pero sabemos que esta posada estuvo situada frente a la calle del Olivo (actual calle de Mesonero Romanos). 

Foto: M.R.Giménez (2011)
Lugar aproximado de ubicación de la Posada de los Flamencos. A la izquierda, la calle de Mesonero Romanos. La fotografía recoge en primer plano la calle de Rompelanzas, que es la más corta de Madrid.
 
Además de hospedaje y comidas esta fonda era conocida por sus espectáculos. Así, en el año 1786 mostraba la célebre máquina de nueva invención nombrada “El Globo Mundo” compuesta por un globo celeste de más de 6 varas de circunferencia, que está siempre con el sol y la luna en continuo giro. Una década más tarde se instaló una preciosa máquina de figuras corpóreas, de tamaño de una vara escasa que mueven brazos, cabeza, rodillas y pies y están vestidas con mucho gusto. Con estas estatuas se representaban funciones como “El conde Fernán González en la corte de Almanzor” o el sainete “El licenciado Cañamón”. 

Parece que el edificio donde se ubicaba la Posada de los Flamencos tenía varios pisos ya que en el año 1799 un competidor se instaló en la misma casa. La fonda de la Corona abrió aquí anunciando que en ella es donde se servirá con mucho aseo y al precio que pidan

Una calle tan céntrica y comercial como la del Carmen, por supuesto, también tuvo sus cafés. 

El café de La Estrella abrió sus puertas alrededor de la década de los años cincuenta del siglo XIX en la calle de Preciados (entonces número 43) y también tenía entrada por la calle del Carmen. Sabemos que en el año 1886 se daba como dirección el número 20 de la calle de Preciados y calle del Carmen, número 27. Su dueño era Eugenio Noras y el de La Estrella sería un café de cante flamenco a partir del último cuarto del siglo XIX. 

 
Foto: M.R.Giménez (2013)
Ubicación aproximada de lo que fue el café de La Estrella, en la calle del Carmen.

El café del Carmen ya aparece en la prensa del año 1862, que lo sitúa en el número 8 de la calle. Parece que cuatro años después cambia de dueño que se ha propuesto acreditar este establecimiento, algo descuidado por los anteriores propietarios y oferta licores extranjeros, un buen café y superiores vinos además de chocolates “esquisitos”. Se establece en el local un nuevo teatro (ya que casi todos los cafés de la época ofrecían espectáculos) en el que una compañía de actores dará representaciones todos los días, mediante un abono que cuesta 10 reales a la semana. También el consumidor puede suscribirse mensualmente a tomar café por 40 reales. 

En el año 1872 el dueño del café del Carmen era Ramón Lino, de cuya desaparición dan cuenta los periódicos por encontrarse en paradero desconocido debido a tener pendiente una causa criminal por juegos prohibidos. En el mes de marzo de ese mismo año el negocio, dadas las circunstancias, volvería a cambiar de dueño quien modificaría el local y reabriría anunciando los conciertos de un cuarteto musical que llama la atención por las escogidas piezas de ópera que interpreta, en conciertos a las 8 y 12 horas de la noche. 

Fuente: ibytes.es (1936)
Calle del Carmen, 6. Este edificio fue construido en el año 1887 por lo que el café del Carmen estuvo en el que allí hubo con anterioridad.

El café del Carmen pasaría a ser muy conocido como lugar de cante flamenco a mediados de la década de los años setenta del siglo XIX. Allí cantaba Silverio Franconetti Aguilar (1823-1889) alias “Silverio” aquello de “Una cordera, una cordera / de tanto acariciarla / se volvió fiera” y Dolores Parrales Moreno (1845-1915) conocida como “La Parrala”. 

Ya en los años veinte del siglo pasado abriría el bar Hollywood, frente a la entrada del desaparecido hotel Florida, haciendo esquina con la plaza del Callao. 

Fuente: Urbanity.es
Foto: M.R.Giménez (2012)
La fotografía de la izquierda es anterior a la Guerra Civil Española. En ella se aprecia la remodelación de la calle, a la izquierda la puerta del hotel Florida y a la derecha el bar Hollywood.
La imagen de la derecha es actual pudiéndose ver que ya no existe nada de la imagen anterior.

La moda americana trajo a esta esquina de la calle del Carmen este bar modesto que contaba con una terraza durante los meses de verano. La casa donde se instalaba el Hollywood fue demolida y sobre su solar se construyó, en los años cuarenta del siglo XX, el moderno edificio que albergaría los almacenes Galerías Preciados. Dos décadas después también desaparecería el hotel Florida y sobre sus cimientos se construiría el anodino edificio de grandes almacenes que hoy podemos ver. 










Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)” José Blas Vega.
Es.wikipedia.org
"Guía de Arquitectura y Urbanismo de Madrid" C.O.A.M.
“El cine, la Gran Vía y yo” Rosario González Truchado.

viernes, 19 de abril de 2013

CAFÉ DE LOS ARTISTAS Y LA FARMACIA PUERTO DE LA PLAZA DE SAN ILDEFONSO.


La plaza de San Ildefonso, que sin nombre aparece en el plano de Pedro Texeira (1656), continúa relatando historias interesantes http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es/2012/04/cultura-jamming-en-la-plaza-de-san.html y no sólo por lo que esconde el viejo edificio del siglo XVIII, donde dicen que tuvo lugar el primer sorteo de la lotería, por su derruido mercado o por la iglesia, también por el antiguo y desaparecido café-teatro que por allá estuvo y sobre todo por la farmacia Puerto, que allí continúa. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Lugar donde estuvo situado el café-teatro de Los Artistas. A la derecha se aprecia la calle de Santa Bárbara y a la izquierda la calle de San Joaquín.

No es mucho lo que sabemos del café-teatro de los Artistas, que estuvo situado en la calle de Santa Bárbara, números 8 y 10, con salida por la calle de San Joaquín, a dos pasos de la plaza. Las primeras noticias en prensa sobre este local datan del inicio de los años cincuenta del siglo XIX. 

Este café, además de billar, tenía instalado en su interior un pequeño teatro en el que se representaban obras, sainetes y números musicales en los que solían intervenir actores que comenzaban sus carreras, como el que fue luego muy popular José Mesejo (1842-1911). Por cincuenta (dos reales) o sesenta céntimos el dueño del local servía café y los actores una obra, a veces en cinco o seis actos. 

Gran tumulto causaría la representación de un sainete el domingo 6 de octubre del año 1867 cuando hubo necesidad de conducir a la casa de socorro a una mujer, no desvanecida por lo que había visto en el escenario, sino descalabrada durante la representación por el golpe de una taza, que de entusiasmo la arrojó un parroquiano. 

Este de los Artistas también vendía entradas para otros espectáculos, como el baile de máscaras de Bellas Artes, al precio de 12 reales para los caballeros y 8 reales para las señoras. 

En el año 1873 el café de los Artistas cambió de dueño quien, tras realizar una reforma completa del local durante dos años, reabre el sábado 25 de septiembre de 1875 con un muy anunciado concierto del cuarteto de profesores: Espinosa, Power, Vidal y el violinista Antonio Fortuny. Este nuevo propietario sería el Sr. Masa, que deseaba dar un nuevo ambiente al local y no ha perdonado medio ni sacrificio alguno para dotar a aquella parte de la población de un verdadero centro de recreo, estableciendo todos los jueves y domingos conciertos de cuarteto y piano. El café de los Artistas pasaría entonces a llamarse café de Masa y tendría una efímera vida, ya que el día 30 de septiembre de 1876 un anuncio en prensa informa del alquiler de un espacioso local con seis puertas, que fue el café de los Artistas de la calle de Santa Bárbara. 

Mucho más interesante y antigua es la farmacia que casi milagrosamente subsiste hoy en este lugar de Madrid. 

Situada en la plaza de San Ildefonso, número 4, la farmacia Puerto es una de las más bonitas y antiguas de Madrid, pero ya hay noticias de una botica instalada en el mismo lugar de esta plaza y de su boticario, Lucas López Moya, en el año 1654. En ese momento es cuando Felipe IV concede el privilegio de “Arte científico en todo por igual a la medicina” a las farmacias, que pasarían de ser un oficio artesanal a una profesión científica. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
La farmacia Puerto en la actualidad.

Estos eran los tiempos en que los límites de Madrid, por esta zona, se encontraban en la Puerta de Santa Bárbara (hoy plaza de Alonso Martínez), la Puerta de los Pozos de la Nieve (hoy glorieta de Bilbao), la Puerta de las Maravillas (hoy la calle de San Andrés) y la Puerta de San Bernardo (hoy glorieta de Ruíz Jiménez). 

Fue el arquitecto/maestro de obras Manuel Bradi (magnífico urbanista y proyectista que realiza la mayor parte de su trabajo en Madrid entre los años 1777 y 1824) quien diseñó la nueva plazuela de San Ildefonso en el año 1798, dándole la forma y la amplitud que actualmente tiene. A partir de entonces otras casas irán sustituyendo a las antiguas, será demolida de nuevo la vieja iglesia de San Ildefonso (1810) para construir la actual (1827) y se instalará el primer mercado cubierto de Madrid (1835-1970). Sabemos que el edificio original donde siempre estuvo emplazada la botica de la plaza de San Ildefonso, antes de su remodelación, se situaba frente a la iglesia, tenía dos alturas y en su distribución contaba con caballerizas, patio, pozo y cueva. Se encontraba en la manzana número 450 que fue adquirida, en su totalidad, por el boticario Plácido Briega Regidor. La casa de la farmacia sería demolida en el año 1798 por ser de las más deterioradas debido a su antigüedad y para construir el actual edificio, dotado de más alturas, que iría acorde con la nueva plaza, volviendo a instalar la farmacia en él. 

Fuente: bvpb.mcu.es
Plano de Madrid de Tomás López (1785), pocos años antes de realizar la ampliación de la plaza de San Ildefonso. La flecha indica el lugar donde estuvo la farmacia, en la manzana 450.

El doctor Diego García-Herreros (que llegaría a ser director del Colegio de Farmacéuticos de Madrid en sucesivos años desde 1830) se haría cargo de la farmacia de la plaza de San Ildefonso, que por aquellos años sería la que estaba situada más al norte de Madrid, mereciendo una reseña en la prensa del mes de agosto de 1846 por su magnífica y rica decoración. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Bustos de Galeno e Hipócrates que decoran la farmacia Puerto desde la primera mitad del siglo XIX.
 
Esta botica, que por la magnificencia del local ha sido la primera en Madrid, es una de las más elegantes. Dotada de una notable y extensa anaquelería de maderas finas y enriquecida por molduras doradas, que rodean a los bustos de Galeno e Hipócrates, la botica sustenta su techo sobre cuatro columnas jónicas de nogal delante de las que hubo una grandiosa fuente de mármol blanco, en cuya pila se lavan las medidas, embudos, espátulas y demás útiles, todo de plata. El mostrador del local es, aún hoy, una magnífica mesa rectangular de caoba, ancha de dos varas y tres de largo (2,70 m. de largo, 1,50 m. de ancho y 0,91 m. de alto). El botamen, la cristalería y todos los adornos son magníficos. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Ana Fernández Díez bajo las columnas de nogal y junto a la magnífica mesa mostrador.


Foto: M.R.Giménez (2013)
Mesa mostrador de caoba y detalle de una de sus patas.
 
El local aún conserva muchos de los antiguos frascos de cristal (botamen) con sus correspondientes etiquetas identificativas e ingredientes en su interior. Ha perdido el antiguo y hermoso pavimento de azulejos de Valencia, pero contiene un magnífico bajorrelieve alegoría de la Farmacia química, sobre la puerta del despacho, un aterciopelado sillón de espera, dos porcelanas del primer tercio del siglo XX, que probablemente siempre se utilizaron como adorno y varios curiosos recipientes de cristal con tapadera que contienen numerosos ejemplares de peces y caballitos de mar. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Alegoría de la Farmacia química y botamen.

Durante los años cincuenta del siglo XIX la farmacia de la plazuela de San Ildefonso (entonces número 7) tuvo como propietario a Carlos Ferrari Scardini (1820-1890), eminente doctor de amplia formación intelectual que tradujo al español numerosos tratados de química orgánica, fue catedrático de Química y llevaría a la farmacia a ser un codiciado lugar para la realización de prácticas de los estudiantes de Farmacia. Ferrari instalaría también en el local su propio laboratorio, anunciando la venta de las pastillas pectorales de la Ermita y de las aguas minero-medicinales Salinas Frías, tituladas de la Margarita, Loeches o la pomada para las grietas de los pechos del doctor Roncal, entre otros productos. 

En los primeros años del siglo XX se hace cargo del negocio el burgalés Antígono Puerto García, llamando por su apellido a la farmacia y laboratorio, además de modificar la fachada del negocio, tal y como hoy la podemos ver. En el año 1914 registra un producto químico de su invención para el cabello, un purgante y el callicida Ungüento Mágico que ¡Es Definitivo! y otros productos farmacéuticos como el Anticatarral Puerto, Antihemorroidal Puerto, Callidol líquido y la Crema Venus (producto cosmético que evita granos y arrugas). 

Antígono Puerto llevó a cabo la constitución del Sindicato Agrícola de Zazuar (Burgos), su pueblo natal, en el año 1905, con el fin de fomentar los cultivos y abonos más adecuados a los terrenos de los sindicados. Posteriormente buscó instalarse en una población importante, por lo que anunciaba en los periódicos del año 1912 su intención de comprar una farmacia o droguería, lo que conseguiría abonando 9.000 pesetas, anunciando al año siguiente la farmacia Puerto en la plaza de San Ildefonso de Madrid. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Tarro en el que se conservan peces y caballitos de mar de Antígono Puerto.

Gran aficionado a la pesca (de él son, sin duda, los peces y caballitos de mar que se encuentran en los tarros de cristal de la farmacia) fue elegido presidente de la Sociedad Sport de Pesca y Caza, en los años treinta del siglo XX, fundando la revista “Caza y Pesca” en el año 1934. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Separación de cristal con la rebotica en la que aparecen las siglas de Antígono Puerto. 

Antígono Puerto fue miembro de la Confederación Española de Derechas Autónomas (C.E.D.A de Gil Robles) y tras el comienzo de la Guerra Civil Española (1936) su farmacia fue incautada por el sindicato Unión General de Trabajadores (U.G.T.). El 25 de abril de 1936 un grupo no identificado lo detiene en su domicilio y posteriormente aparece asesinado. Al finalizar la Guerra Civil el negocio es devuelto a la familia Puerto, haciéndose cargo del mismo José A. Puerto, hijo del anterior propietario, en el año 1941. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Siglas misteriosas de la puerta de la farmacia.

La farmacia Puerto aún guarda un misterio que nadie ha sabido resolver: En su puerta de acceso están grabadas unas letras (FCC, FLL o tal vez el primer carácter sea una H) que no se ha descifrado hasta el momento. 

En la actualidad la farmacia Puerto mantiene su nombre y legado, pero es propiedad del licenciado Felipe Gómez, totalmente desvinculado de los anteriores dueños. 








Fuentes:
“La farmacia de la plaza de San Ildefonso (Madrid)” Francisco Javier Puerto.
“El medicamento en el escaparate. La publicidad farmacéutica en España” Francisco Javier Puerto.
“La parodia teatral en España: 1868-1914” Francisca Íñiguez Barrena.
Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma de Madrid.
Hemoroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
“Antíguos cafés de Madrid” desea agradecer muy especialmente a la farmacéutica Ana Fernández Díez de la farmacia Puerto su amabilidad y simpatía, su inestimable colaboración para la realización de esta entrada, su valioso aporte de información y las facilidades para la realización de las fotografías que ilustran esta historia.


lunes, 8 de abril de 2013

EL CAFÉ DE FRANCIA Y EL CAFÉ DE PARÍS DEL PASAJE MATHEU.


A escasa distancia de la Puerta del Sol, entre las calles de la Victoria y de Espoz y Mina, se encuentra el Pasaje de Matheu. 


Foto: M.R.Giménez (2011)

En el año 1836 la desamortización de Mendizábal se llevó por delante, entre otros, al convento de mínimos de San Francisco de Paula (convento de la Victoria -1561-), que se extendía desde la entrada de la calle de Carretas hasta la de La Victoria y desde la calle de la Cruz a la Carrera de San Jerónimo, aproximadamente. El enorme solar se planificó entonces para levantar viviendas y abrir nuevas vías de acceso siendo adquirido por el comerciante Manuel Matheu Rodríguez con esa finalidad, al precio de tres reales el pie cuadrado. El terreno pronto se revalorizaría debido a la ampliación de la Puerta del Sol del año 1857. 

Fuente: Arquimatica.com
Plano de Pedro Texeira (1656) en el que se destaca el convento de La Victoria.

Es así como la calle de Espoz y Mina alargó su extensión y se abrió el pasaje comercial de la Equidad y Bazar de la Villa de Madrid, nombres por los que también era conocido el pasaje de Matheu, que fue construido entre los años 1843 y 1847 por el arquitecto Antonio Herrera de la Calle, entre la citada de Espoz y Mina y la calle de la Victoria. 

Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de Madoz y Coello (1848). En ese momento ya estaba construido el pasaje de Matheu.

El pasaje fue diseñado con lujo para instalar en él tiendas de ropa para señora y caballero ya que Matheu era entonces director de la empresa “La Villa de Madrid”, que expedía sus productos textiles tanto a España como al extranjero. Estaba cubierto por un techo de cristal sobre una armadura en curva elíptica de hierro de tres metros de altura. Su entrada por la calle de Espoz y Mina se hacía a través de un arco de medio punto sobre el que había esculturas alegóricas al comercio de Francisco Pérez. El vestíbulo estaba decorado por pilastras corintias con pedestal y su pavimento era de mármol. Toda la anaquelería de las tiendas era de caoba con adornos dorados, al igual que los mostradores y escaparates. La superficie total del recinto era de 3.166 pies cuadrados. (Un pie = 27,86 cm.). 

Fuente: B.N.E. (1847)
Aspecto del novedoso pasaje de Matheu tras ser inaugurado.

Parece que el pasaje y su bonito techo entraron en decadencia hacia el final de los años cincuenta del siglo XIX, poco tiempo después de la liquidación de la sociedad “La Villa de Madrid” que tuvo lugar en 1854. Según los periódicos del momento, muchos de los cristales que cubrían el pasaje estaban rotos y permitían el paso de las aguas de lluvia, sin que nadie se tomara la molestia de arreglarlo. Ya en el año 1874, la bóveda de cristal había sido eliminada y el pasaje estaba a cielo abierto, convertido en una calle peatonal. 

Manuel Matheu, que falleció intestado, también fue apoderado de la “Compañía general de pozos artesianos” que contó con el exclusivo privilegio real, por cinco años y en toda España, para acometer perforaciones con un nuevo sistema a vapor que permitía taladrar en 12 horas, 25 pies. Es así como, según Ramón Gómez de la Serna, en los terrenos del pasaje de Matheu se llegó a perforar el agujero más profundo de Madrid, un pozo artesiano tan hondo que terminó por cerrarse. 

En la segunda mitad del siglo XIX, dos cafés fueron a instalarse también en este pasaje y eran los preferidos de los ciudadanos franceses que venían a Madrid: El café de Francia y el café de París. 

El café de Francia o Francés, se inauguró en el año 1867 y estaba situado en la calle de la Victoria, números 6 y 8, haciendo esquina con el pasaje de Matheu. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aquí estuvo el café de Francia.

Fue, junto a su vecino el café de París, el primero en sacar terraza a la calle ante la mofa de quienes aún no estaban acostumbrados a ver semejante servicio en Madrid y repetían con insistencia que aquel debía ser un local tan pequeño, que las mesas debían estar fuera. 

Era un café tranquilo y dotado de mesas de billar. Silencioso hasta el punto de jugar a los dados con cubilete de cuero y tapete sobre la mesa, para mitigar el ruido. Un lugar donde nadie miraba a nadie y aburrido, en contraste con el bullicio del resto de los cafés de Madrid. 

Fue el propietario más conocido del café de Francia Camilo Double, un fracés muy simpático que huyó de Francia en 1871, cuando Thiers (Louis Adolphe), el llamado enano sangriento, venció a la Commune y fusiló a centenares de comuneros. Era éste un hombre alto, grueso y elegante que saludaba a los parroquianos y daba el brazo a su esposa para llegar hasta la mesa. 

Una noche del mes de febrero de 1882, a la hora de más concurrencia en el local, sucedió un hecho insólito para el sosiego acostumbrado. Un jinete abrió de improviso la puerta y penetró con su caballo, recorriendo el café, ante el pasmo y el terror general. Todo el mundo corrió a refugiarse en los rincones que encontraba mientras el paseante decía: Señores, no hay que asustarse porque ni a ustedes ni a mí, ni a mi caballo nos va a suceder nada. Naturalmente fue detenido por una pareja del orden público, comprometiéndose a pagar cuanto hubiesen roto él y su caballo, y como no se había roto nada, nada tuvo que pagar. 

En septiembre del año 1897 llega a Madrid M. León Gandeaux, ciudadano francés y oficial de artillería quien dice haber dado la vuelta al mundo a pie. El dueño del café Francés puso a su disposición una habitación con asistencia completa, por todo el tiempo que le plazca permanecer en Madrid. Pero, al parecer, se trataba de un distinguido timador que procedía de Argelia y fue descubierto durante su visita a Barcelona, ciudad a la que llegó un mes después. No era militar ni tampoco había recorrido la distancia de sesenta mil kilómetros en cinco años, como aseguraba. 

No es difícil imaginar la animación, proporcionada por aquellos cafés, en el pasaje de Matheu cada 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla. Los adornos con banderas galas, los faroles, la música de chotises revolucionarios, los bailes y La Marsellesa acompañada a coro por toda la concurrencia de ciudadanos franceses, en su gran mayoría. 

Cuando estalló la guerra europea, como España era neutral, hubo que impedir que los franceses que aquí residían demostrasen de una manera candorosa su noble patriotismo. Se prohibió la celebración de la fiesta del 14 de julio en el Pasaje Matheu. Esta fue la herida de muerte para sus cafés. 


Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual del pasaje de Matheu. Al fondo se aprecia la calle de la Victoria. A la derecha estuvo el café de Francia y a la izquierda el café de París, con sus respectivas terrazas.

El café de París, frontero al de Francia, estaba en la calle de la Victoria, número 4, haciendo esquina con el pasaje de Matheu. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aquí estuvo el café de París y su terraza.

Debió abrir sus puertas hacia el principio de la década de los años setenta del siglo XIX y también, como su vecino el de Francia, tenía habitaciones a modo de pequeño hotel. 

El sosiego y la amabilidad de sus parroquianos proporcionaron escasas noticias en la prensa sobre algún acontecimiento singular en este café. Tal vez alguna riña entre los ocupantes de su entonces “original” terraza y algún transeúnte contrariado por ella, que los hubo; el hurto de un gabán o la negativa a pagar lo consumido. 

El de París era el café que anunciaba vender ostras frescas de Arcachón a 1,50 y se sirven a domicilio, en el año 1892. También fue el centro de información escogido por los redactores y corresponsales de los periódicos de Madrid, para seguir telefónicamente el resultado de la lotería del mes de diciembre de 1918 para lo que, la Cía. de Teléfonos puso hilo directo con la Casa de la Moneda. 

La única trifulca más sonada y que hizo cerrar las puertas del café de París por el orden público, tuvo lugar el 14 de julio de 1915. El sexteto que tocaba habitualmente en el café interpretó La Marsellesa como colofón a la fiesta francesa, que fue cantada por todos los asistentes. Se pidió una nueva interpretación del himno que fue rematada con tantos vítores y aplausos que no gustaron a los guardias desplegados por la zona, quienes obligaron a desalojar tanto el local como el pasaje de Matheu. 

El café de París cerró a finales de la segunda década del siglo pasado, un poco antes de que lo hiciera su vecino Francés. 

El pasaje de Matheu se convertiría, a partir de entonces, en una calle plagada de negocios dedicados a la restauración y a la venta de entradas para las corridas de toros. 





La presente entrada se publicó en la revista digital “La Gatera de la Villa” nº 12 correspondiente al mes de diciembre de 2012. 








Fuentes consultadas:

Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
 “Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos. 1876.
 “Pombo. Biografía del célebre café y otros cafés famosos” Ramón Gómez de la Serna. 1941.
“Vivir de las rentas. El negocio del inquilinato en el Madrid de la Restauración” Isabel R. Chumillas. 2002
“Guía de arquitectura y urbanismo de Madrid” C.O.A.M.
Madripedia.es
Es.Wikipedia.org
Arquimática.com
Cartotecadigital.icc.cat. 

lunes, 1 de abril de 2013

LOS CAFÉS Y LA FONDA DE SAN LUIS DE LA CALLE DE LA MONTERA.


Los trescientos treinta y tres metros de longitud de la calle de la Montera de Madrid parecen haber estado siempre plagados de comercios, fondas y, por supuesto, de cafés. Esta vía, cuya empinada cuesta comienza en la Puerta del Sol, continúa hoy con el mismo bullicio. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Maqueta de Dionísio León Manuel Gil de Palacios (1830) en la que se representan todas las casas y la iglesia de San Luis Obispo de la calle de la Montera, acera de los números impares.

Desde mediados del siglo XVI se sabe que existió la iglesia de San Luis Obispo en la calle de la Montera, que al ser originalmente de una sola nave fue demolida y vuelta a levantar en el año 1679 haciendo esquina con la calle de San Alberto y con fachada trasera a la plaza del Carmen. Este antiguo templo fue quemado en los primeros meses del año 1936, pero ya habría dado nombre a una famosa fonda y a varios cafés que se instalaron en esta vía. 

Fuentes: Foto izquierda, Rayosycentellas.net
Foto derecha, Palomatorrijos.blogspot.com (1935)
Iglesia de San Luis Obispo en fachada de la calle de la Montera, esquina con la calle de San Alberto.
La misma iglesia en su fachada de la plaza del Carmen, con el antiguo mercado del mismo nombre. 

Los orígenes encontrados en prensa sobre la fonda de San Luis de la calle de la Montera datan del año 1800, cuando aún el número de cada casa se ponía aleatoriamente, si es que llegaban a tenerlo. Hay noticias acerca de que esta fonda estuvo situada frente al número 32 (antiguo) en el año 1813, cuando ahí se inauguró un café llamado del Comercio que se haya bien surtido de vinos extranjeros a precios equitativos. Lo que se pone en noticia del público para su inteligencia. 

Lo que sí sabemos es que la fonda estuvo en la acera de los impares de la calle de la Montera, junto a la iglesia de San Luis Obispo - de ahí su nombre – y que en el año 1824 era ya acreditada y antigua, ofertando comidas cuyo precio oscilaba entre los 6 y los 30 reales, en adelante

El local debía ser algo siniestro, a decir de los viajeros que sobre él escribían; oscuro y miserable, de techos bajos y con pequeñas habitaciones sucias. Las comidas eran excesivamente grasientas y fuertemente especiadas, servidas en mesas con manteles que nunca se cambiaban. A pesar de todo estaba considerada como una de las mejores de Madrid y hasta el escritor Washington Irving (1783-1859) comió varias veces en esta fonda en el año 1826, durante una visita a Madrid. Por aquellos años sabemos que estaba situada en el número 17 (antiguo) de la calle de la Montera, antes de la reforma de la Puerta del Sol de mediados del siglo XIX. 

Fuente: Memoriademadrid.es (Entre 1921 y 1933).
Calle de la Montera e iglesia de San Luis Obispo. La fonda de San Luis habría sido, posiblemente, la casa más cercana a la iglesia.

La fonda de San Luis ocupaba tan solo la segunda planta del edificio que tenía entrada principal por la calle de Montera y otra secundaria por la entonces calle de Los Negros (hoy calle de Tetuán, en el tramo comprendido entre la calle del Carmen y la plaza del mismo nombre). El negocio también tenía un café en la planta baja al que, como no podía ser de otra manera, llamaron café de San Luis, que dejaría de existir definitivamente en el año 1862, al vender todos sus efectos sobrantes

En el mes de junio de 1846 el negocio acomete grandes reformas y se anunciaba ya como hotel-fonda ofertando también la venta de pastelillos de crema y bizcochos de Granada; por entonces las comidas se pagaban a 20 reales y tenía bastantes quejas de los clientes por las cortas raciones de sus platos. A pesar de todo el poeta Ramón de Campoamor Campoosorio, cuando era Jefe político de Alicante (Gobernador civil) en noviembre de 1849, recibiría allí un magnífico homenaje. También Mr. Alejandro, un famoso vendedor de sanguijuelas de goma, remedio utilizado por los facultativos de la época, vendía por lotes su producto en la fonda de San Luis. 

Fuente: B.N.E. (1850)
Mr. Alejandro vendía en la fonda de San Luis su remedio curativo.

El día 11 de agosto de 1858 el famosísimo prestidigitador, grueso, sesentón e italiano Giovanni Bartolomeo Bosco, realizó un ensayo de su destreza ante varios periodistas en la fonda de San Luis. 

Al grito de “Espíritus míos, obedecedme” los objetos que tenía en sus manos se hacían invisibles ante la mirada atónita de un público congregado alrededor del artista. Anillos, pañuelos, cajas y limones desaparecían o se escapaban de las manos de los espectadores. Le llenó a uno la mano de monedas, le mandó cerrarla fuertemente y sin acercarse a él, las monedas aumentaban o disminuían a capricho del que las apretaba. 

Fuente: B.N.E. (1880).
En ese año sabemos que la fonda de San Luis estaba en el número 17 de la calle de la Montera.

Durante los primeros años del pasado siglo XX, la fonda de San Luis se convirtió en Gran restaurant. En el año 1905 este nuevo negocio ocupaba el entresuelo del edificio, entonces número 29 de la calle de la Montera (junto a la iglesia). Con esmerado servicio y limpieza en la cocina ofertaba cubiertos de 1 a 3 pesetas, en adelante, poniendo a disposición de los clientes abonos por carnets desde 50 pesetas al mes, para las comidas. 

En el año 1912 lo que fue fonda, café y más tarde gran restaurante de San Luis, se trasladó a la calle de Fuencarral. 

Un nuevo café de San Luis aparece en la calle de la Montera, número 42 (hoy correspondería con el edificio del número 48), junto a la Red de San Luis, hacia la mitad del siglo XIX. 

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
El más reciente de los cafés de San Luis. En su fachada se recuerda que en el año 1853 José Mª Iparraguirre cantó el himno Guernikado Arbola, en el café que estuvo situado donde hoy se encuentra éste.
 
Este café era entonces el lugar de reunión de los ciudadanos vascos que vivían en Madrid y entre ellos José María Iparraguirre Balerdi (1820-1881), que haría más famoso a este local por interpretar aquí su Guernikako Arbola. 

Fuente: ABC
Cuadro del pintor Gregorio Hombrados Oñativia que representa a Iparraguirre durante el estreno de su Guernikako Arbola, en el café de San Luis.

Iparraguirre procedía de Guipúzcoa y había escapado de su casa a la edad de trece años, alistándose en el ejército para participar en la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Tras la contienda había viajado por Francia, donde conoció a una cantante que le enseñó música y a tocar la guitarra. Prosiguió viaje por Europa mientras componía un buen número de canciones. 

En el año 1853 regresó a España y se instaló por poco tiempo en Madrid actuando en el café de San Luis, donde estrenaría su célebre Guernikako Arbola (El árbol de Guernica) que se convertiría en casi un himno del País Vasco. Iparraguirre había compuesto la letra de la canción, que cantó acompañado de su guitarra y del pianista Juan José Altuna, quien sería el artífice de la música. El memorable éxito alcanzado aquella imprecisa noche, es recordado hoy por una placa sobre la fachada del reciente café de San Luis, situado en el número 48 de la calle de la Montera. 

Iparraguirre volvería a Euskadi en el año 1854, recorriendo pueblos y cantando el himno; tal entusiasmo producía entre la población que fue detenido temiendo que se alterara el orden público. Entonces marchó a América para regresar, posteriormente, a España y sufrir bastantes penalidades debido a su falta de recursos. Varios escritores e intelectuales vascos consiguieron una pensión para él, que poco tiempo pudo disfrutar porque fallecería a los pocos meses. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Historias y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Washington Irving en Madrid (1826-28): Cristóbal Colón” Eric Breeman.
Es.wikipedia.org
Palomatorrijos.blogspot.com
Rayosycentellas.net

sábado, 23 de marzo de 2013

EL CAFÉ LION Y SU BALLENA ALEGRE.


A menudo suele confundirse el nombre de este café, la forma en que se escribe y su ubicación. La prensa consultada y las memorias de muchos tertulianos que al café Lion asistieron transcriben “Lion” o “Lyon” indistintamente, añadiendo también a esta circunstancia el hecho de mezclar el emplazamiento, los hechos, personajes y acontecimientos que tuvieron lugar en el café Lion d’Or (que estuvo situado en la calle de Alcalá, número 18) con los que pasaron por el café Lion de la calle de Alcalá, número 59, sobre el que aquí vamos a hablar. 

Foto: M.R.Giménez (2008)
Fachada de lo que fue el café Lion y hoy es un pub restaurante de ambiente irlandés.

La fecha de apertura del café Lion (que siempre se escribió sin acento) se remonta al sábado día 10 de octubre de 1931. Fue propiedad de la familia Gallardo - que también había fundado el viejo café Lion d’Or - hasta su cierre en el año 1993 y posterior venta del local. Hoy el lugar está ocupado por un bar y restaurante de ambiente irlandés, que desearía recuperar las tertulias de tiempos pasados. 

Fuente: alternativaovni.blogspot.com
Puerta de acceso al antiguo café Lion con sus faroles, hoy inexistentes.
 
En sus inicios el café Lion ocupó dos locales que tenían comunicación entre sí, los situados en los números 57 y 59 (que en el año 1931 correspondían a los números 59 y 61) de la calle de Alcalá. Esto hizo del establecimiento un lugar espacioso, aunque algo oscuro, pero de gusto modernísimo y servicios impecables. También se instaló en sus sótanos un elegante salón de un depurado carácter alemán, cuya originalidad no tiene ningún precedente en la ciudad de Madrid. Efectivamente, bajo el café y correspondiendo a la finca número 59 actual, se inauguró Zum Lustigen Walfisch o La Ballena Alegre

Foto: M.R.Giménez (2012)
Mural de Hipólito Hidalgo de Caviedes situado en la escalera de acceso a los bajos del café. En alemán se lee La Ballena Alegre, nombre del sótano del café. 
 
Tanto el café como su sótano acogieron a multitud de tertulias, fundamentalmente literarias y compuestas por personajes de antagónicos pensamientos. Era 1931 el año en que se proclamó la II República Española, tiempo convulso que degeneraría en la Guerra Civil Española del año 1936 cuyo resultado sería la posterior dictadura fascista. 

Grupos de intelectuales u otros se reunían en el Lion “juntos, pero no revueltos” y en ocasiones, a decir de los asistentes, algunos de ellos con la pistola bajo la chaqueta. 

José Bergamín Gutiérrez creo en el Lion la revista “Cruz y Raya. Revista de afirmación y negación” cuyo primer número apareció el día 15 de abril de 1933 y dejó de editarse con la Guerra Civil. Entre los ciento ocho colaboradores de esta publicación mensual figuraban: Miguel Hernández Gilabert (poeta), José Caballero (pintor), Luis Cernuda Bidón (poeta), Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda), Federico García Lorca (poeta), Rafael Alberti Merello (poeta), José Ramón Marín Gutiérrez (Ramón Sijé) y se puede decir que toda la Generación del 27. Además del nombre de la revista, que contaba con editorial propia, “Cruz y Raya” era una de las tertulias del Lion a la que también acudía el torero Ignacio Sánchez Mejías. A la muerte de éste último, Federico García Lorca escribiría su “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, libro que sería publicado por dicha editorial. 

Otra de las tertulias del café Lion era la formada por el ensayista y poeta Guillermo de Torre, también Gustavo Pittaluga González del Castillo (compositor), Francisco Ayala García-Duarte (escritor) y Antonio de Obregón Chorot (guionista y periodista), entre otros. 

Ramón María del Valle-Inclán también pasó por el Lion. Sentado en una mesa de rincón, recibía a los contertulios: Anselmo Miguel Nieto (pintor), Rafael de Penagos Zalabardo (pintor) y al doctor Salvador Pascual Ríos. 

Fue muy célebre un concierto algo improvisado del guitarrista Regino Sainz de la Maza, en el café Lion. Con el pie apoyado sobre un grueso tomo de una obra de Eugenio D’Ors Rovira, acompañó los versos del poeta Antonio Machado que leía su hermano Manuel. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Interior del antiguo café Lion, en la actualidad. 

Tras la Guerra Civil Española se intentó retomar la tertulia a la vieja usanza en el café Lion, pero diblando las dificultades y obstáculos que la dictadura imponía para ejercer el derecho de reunión. 

En el año 1939, se funda “Ocio atento” bajo la presidencia de José María de Cossío Martínez Fortún y con Manuel Machado Ruiz, ejerciendo como secretario. Entre los integrantes de esta tertulia se encontraban: Leopoldo Panero Torbado, Luis Rosales Camacho, Dionisio Ridruejo Jiménez, Luis Felipe Vivanco (todos ellos de la Generación del 36), Gerardo Diego Cendoya (Generación del 27), Federico Sopeña Ibáñez, Ignacio Zuloaga Zabaleta (Generación del 98), entre un largo etcétera. 

Esta tertulia pasaría ocho meses después a tener su sede en la Biblioteca Nacional de España, cambiando su nombre por el de “Academia menor Musa Musae” (Lugar de las musas), prohibiendo taxativamente el acceso a las mujeres. 

Como decíamos, La Ballena Alegre era el local situado en los bajos del café Lion. 

Fuente: Revista "Cortijos y Rascacielos. (1931)
Así era La Ballena Alegre cuando se inauguró el café Lion. Aquí aparecen los murales pintados por de Hipólito Hidalgo de Caviedes.

Decorada por los murales del figurativo pintor Hipólito Hidalgo de Caviedes Gómez (1902-1994), que también realizaría trabajos para el Bar Chicote, La Residencia de Señoritas de la Junta de Ampliación de Estudios (Hoy Fundación Ortega y Gasset), el Bar Capitol y Telefónica, La Ballena Alegre fue un celebrado centro de tertulias, hoy utilizado como almacén debido a que la normativa de incendios del Ayuntamiento de Madrid impide en él las reuniones. 

Fuente: El País (2008).
Aspecto de La Ballena Alegre, en la actualidad. El local se utiliza como almacén ante la imposibilidad de abrirlo al público, pero teniendo sumo cuidado para no deteriorar los restaurados murales.
 
En los tiempos de la II República, mientras la Generación del 27 se reunía en el café Lion, la Falange con José Antonio Primo de Rivera a la cabeza, lo hacía en La Ballena Alegre. Aquí se escribió el himno falangista y, a decir de los parroquianos asistentes, se percibía una gran tensión cuando cualquiera de los integrantes a esta tertulia se cruzaba con poetas como Miguel Hernández o Federico García Lorca. 

La Ballena Alegre continuó siendo, tras la Guerra Civil, lugar de certámenes de poesía, exposiciones e incluso charlas sobre ovnis. En los años sesenta del siglo pasado allí celebraban su conventículo los miembros del “Aquelarre Poético”; en la década de los años ochenta el “Taller Prometeo de poesía nueva” realizaba conferencias y actos, presentaciones de libros y muchas cosas más. Pero hoy, La Ballena Alegre es un triste lugar a la espera de tiempos mejores, que por fortuna mantiene intactas las pinturas restauradas de Hipólito Hidalgo de Caviedes. 










Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Hemeroteca de El País.
“Madrid de la República” de José Esteban.
Es.wikipedia.org
Revista “Cortijos y Rascacielos”
Alternativaovni.blogspot.com
“La academia poética Musa Musae” de Federico Utrera.

Agradecimiento al Irish-Pub “The James Joyce” por permitir las fotografías de interior.