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miércoles, 9 de abril de 2014

EL CAFÉ NEGRESCO DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Situado junto a la Granja El Henar el mítico Café Negresco, con su terraza, fue también escaparate y observatorio a la vez de todo aquello que acontecía en el Madrid de los años veinte y hasta mediados de la década de los cuarenta. Sus numerosas tertulias de periodistas (Luis Araquistáin Quevedo), escritores (Jacinto Benavente, Enrique Jardiel Poncela), poetas (León Felipe), pintores (Julio Romero de Torres) y hasta una de las primeras compuesta por mujeres (Eloísa Muro, Carmen Ponce de León y Manolita Rosales) que jamás fue tomada en serio, hicieron de este café uno de los más concurridos de Madrid.

Fuente: Bremaneur.wordpress.com y B.N.E. (1926)
Fachada de los cafés Granja El Henar y Negresco (a la derecha).

Inaugurado en el mes de noviembre de 1926, el antiguo Negresco era un café con fachada de oscura madera y a la clásica vieja usanza, pero con una espléndida terraza en su puerta situada en el número 38 de la calle de Alcalá. 

Fuente: Europeana.eu (s/ 1927)
Señalado el antiguo café Negresco.

El viejo café Negresco sería reformado en el año 1934 por el arquitecto Jacinto Ortiz Suárez y, tras varios meses cerrado, se convirtió en la expresión de un nuevo estilo decorativo y arquitectónico. La flamante y moderna transformación gustó y fue motivo de elogiosas críticas en los periódicos de la época.

Fuente: Urbanity.es (s/ 1934)
Fachada del café Negresco con su tipografía novedosa y luz de neón.

La fachada del nuevo Negresco estaba revestida de mármol negro de Bélgica y de granito de Camprodón; sobre ella se instaló la novedosa tipografía de la marca confeccionada en latón pavonado y luces de neón, con una longitud de casi 15 metros. En su planta baja se situó el café y la cervecería, dejando la principal para salón de té y baile con acceso a través del café y por el portal de la finca, con ascensor privado. 

Fuente: Urbanity.es (1934)
Aspecto de las dos plantas del Negresco con la escalera de acceso y sus espejos.

Nada más entrar al café se encontraba la tienda con mostrador refrigerado y exhibidor de productos para su venta y enfrente el mostrador de soda, decorado en aluminio y mármol negro. El suelo de este recinto era de color gris claro con franjas en marrón y rojo.

Fuente: Urbanity.es (1934)
A la entrada del Negresco, la tienda con exhibidor refrigerado y el mostrador de soda.

El café y cervecería de la planta de calle tenía columnas revestidas en mármol de color verde, la carpintería era en negro y sus paredes estaban pintadas en verde claro, haciendo juego con el color de la piel de los divanes.

La iluminación del local jugaba con la luz indirecta, difusa en el cielo raso para aumentar la claridad, pero también utilizando apliques de aluminio mate en color blanco sobre columnas y paredes. 

Fuente: Urbanity.es (1934)
Dos aspectos del café.

El salón de té, situado en la parte superior o principal, tenía pintadas sus paredes con estuco que logra una perfecta imitación del pergamino. Sus mesas y sillas eran de madera de nogal en color claro y tapizadas en piel de cabra color natural. A él se accedía por una escalera, con peldaños forrados en goma negra, decorada con espejos parabólicos.

Fuente: Urbanity.es (1934)
Salón de té y escalera de comunicación con el café.

Como café dotado de todas las comodidades, el Negresco renovaba el aire de su interior creando una atmósfera exenta de humos, humedad y bacterias consiguiendo un ambiente fresco en verano y cálido en invierno.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Aquí estuvo el café Negresco, junto al edificio del Círculo de Bellas Artes.

La música de las orquestas que actuaban en el café Negresco era retransmitida por la radio durante la década de los años treinta del pasado siglo, anunciando en la prensa diaria el programa correspondiente. Pero esto no le valió para terminar convertido en una entidad bancaria, al igual que su vecino Granja El Henar situado en el mismo edificio que hoy parecen dos distintos. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Otro aspecto de la calle de Alcalá donde estuvo el café Negresco, cercano al Ministerio de Educación.

Actualmente no queda nada que recuerde a los dos cafés más famosos de esta parte de la calle de Alcalá, que estuvieron situados junto al edificio del Círculo de Bellas Artes (1926).






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Bremaneur.wordpress.com
Europeana.eu
Urbanity.es
Textos de Laura Fernández Quinteiro.

lunes, 31 de marzo de 2014

LA GRANJA EL HENAR, LABORATORIO DE TERTULIAS.

Lo que en el año 1910 comenzó siendo un establecimiento de venta de leche, manteca y quesos, terminaría por convertirse en uno de los cafés con tertulias más representativos del siglo XX en Madrid.


La Granja El Henar, con su famosa terraza de verano, estuvo situada en la calle de Alcalá, número 40 y por ella pasaron todos los políticos, periodistas, escritores, artistas, profesores y aspirantes a cada una de esas categorías, durante la primera mitad del siglo pasado.

Fuente: B.N.E. (1912)

Era el año 1907 cuando Fermín Lomba de la Pedraja, propietario de fincas ganaderas en Aranjuez (Madrid) y Santander, decide emprender negocios en la capital. Para ello abrirá en la calle de Alcalá un establecimiento al que denominaría Granja El Henar (no del Henar), marca que inscribió en el registro de nombres comerciales en el año 1910, dedicado a la venta de leche de vaca y productos derivados. 

El próspero negocio y su privilegiado emplazamiento favorecieron la reconversión de la tienda en un café con el mayor gusto y confort a mediados del año 1912, ofertándose también la venta de cremas, yogurt, kéfir, cervezas, horchata y, por supuesto, leche con servicio a domicilio. Posteriormente se comercializaría la Crema Henar, riquísimo postre, especial para fresa.

El café Granja El Henar era, al principio, un lugar tranquilo e higiénico que olía a leche esterilizada, a chocolate con bizcochos, a cerveza fresca y a aceitunas rellenas de anchoa. En el fondo, por las tardes, se sentaba el filósofo José Ortega y Gasset a tomar un frasco de agua de Mondariz con sus tertulianos y a tratar todo lo relativo a la futura Revista de Occidente.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada actual del lugar donde estuvo la Granja El Henar, junto al café del Círculo de Bellas Artes.

A principios del año 1924 se insertaron anuncios en la prensa para la convocatoria de un concurso de decoración e instalación del nuevo café Granja El Henar, reclamando a los artistas y decoradores del momento. El proyecto elegido fue el de los arquitectos Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó, que seis años después realizarían también el café Zahara de la Gran Vía. 

Fuente: Bremaneur.wordpress.com
Fachada de Granja El Henar durante la Guerra Civil Española.

La nueva Granja El Henar se convirtió en el año 1925 en un café de su tiempo, moderno, sin concesiones banales. Un café en al que todos se sentían llamados y donde se arraiga y consolida todo, que comenzó a llenarse de literatos, artistas, políticos y cualquiera que deseara ver y dejarse ver, sobre todo en su magnífica terraza de la acera de la calle de Alcalá.

Fuente: Urbanity.es (1935)
Terraza de Granja El Henar unida a la del café Negresco.

Domínguez y Arniches, los arquitectos y decoradores, explicaban su obra aduciendo que al ser “La Granja” un café muy de Madrid, era perfectamente lógico el hacer un local de ambiente marcadamente madrileño, simplificando y estilizando en un sentido moderno el ambiente de los viejos salones, iglesias, paradores y calles de Madrid, que tanto se diferencian de sus contemporáneos españoles.

Fuente: Urbanity.es (1925)
Patio central de Granja El Henar.

Era “La Granja” un café grande y con rincones propicios para la tertulia. Amplio, fresco y cómodo, dotado de un espléndido patio español y un precioso salón de té con ascensor independiente por el portal, al que solían asistir las mujeres.

Fragmento de fotografía de Antonio Passaporte -Loty- de la segunda mitad de los años 30 del siglo XX. Señalado el café Granja El Henar y a su lado el café Negresco.

El café Granja El Henar comenzó de inmediato a congregar gran número de tertulias, entre las que destacó la dirigida por Ramón María del Valle-Inclán y en la que curiosamente se llegaría a debatir con vehemencia sobre el número exacto de palabras contenidas en “El Quijote de Cervantes”. Uno de los tertulianos, de fastidiosa elocuencia, llegó al punto de sacar de quicio al prócer con sus interminables explicaciones y Valle, que no se caracterizaba por su carácter complaciente, le contestó: “¡Basta! ¡Por Dios! Se abren ante usted mundos de ignorancia… Así terminó la discusión.

Fuente: B.N.E. (1927)
Tertulia de Valle-Inclán en Granja El Henar.

El laboratorio de tertulias en la Granja El Henar convocaba también la de Manuel Azaña, otra de Domínguez y Arniches, con arquitectos, en la mesa adjunta a la de Valle-Inclán; la de veterinarios dirigida por Félix Gordón Ordás, que tras la Guerra Civil sería Presidente de la República Española, en el exilio. El escritor Ramón J. Sender asistía a la “peña” junto al pintor Juli Ramís Palau y los hermanos escritores Eduardo y Rafael Dieste Gonsálvez. 

Los miembros de la Generación del 98 y de la Generación del 27, asistían al café Granja El Henar. Desde su terraza, frontera con la del también muy conocido Café Negresco, vieron pasar y se unieron a las concentraciones y manifestaciones a favor de la II República Española. 

La Guerra Civil no pudo con el café, pero sí la especulación. A finales de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el café Granja El Henar fue convertido en una sucursal del banco Popular y en la década siguiente la prensa anunció la demolición del edificio que lo albergaba para levantar un rascacielos de 17 pisos, que nunca llegaría a construirse. El inmueble fue dividido en dos, remodelando las fachadas que hoy parecen corresponder a edificios distintos y están ocupados por dependencias oficiales. 







Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Urbanity.es
Prensahistorica.mcu.es
“Una breve historia del escaparate madrileño moderno” de Humberto Huergo Cardoso.

Mcu.es

lunes, 17 de marzo de 2014

LA CERVECERÍA EL COCODRILO Y BAGARIA.

Nada más comenzar el siglo XX se inauguró en la entonces plaza del Príncipe Alfonso, número 11 y hoy de Santa Ana, número 10, la Cervecería El Cocodrilo.

Fuente: Memoriademadrid.es (1900)
Fachada de la Cervecería El Cocodrilo con los rótulos en francés y alemán.

Esta plaza de Santa Ana es uno de aquellos lugares madrileños en los que su nombre ha variado ocasionalmente, en función de las vicisitudes políticas, a lo largo de su historia. Ocupa lo que fue el Monasterio Real de Santa Ana de las Carmelitas Descalzas, de ahí su nombre que para los habitantes de Madrid jamás cambió. Tras el nacimiento de Alfonso XII pasó a ser llamada plaza del Príncipe Alfonso; en el año 1868, plaza de Topete y posteriormente volvió a ser de Santa Ana, a pesar de que algún periodista la bautizara como “plaza de la Cerveza”, por la gran cantidad de establecimientos del ramo que llegó a congregar en su perímetro.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Lo que fue la Cervecería El Cocodrilo, en la actualidad.

Las primeras noticias en prensa de la Cervecería El Cocodrilo parten del año 1905, aunque la apertura del negocio se presume anterior. En ella eran frecuentes las tertulias de cómicos, intelectuales, toreros y aristócratas, semejantes a las de los cafés, siendo su vianda más solicitada el arenque a la marinera.

Fuente: B.N.E. (1916)
Anuncio de prensa.

El Cocodrilo era un lugar pacífico para tomar bocks de cerveza y en el que las peñas organizaban sus banquetes de homenaje, tan de moda en esa época. Se había montado como un local alemán, avisando en su fachada que los ciudadanos germánicos y franceses no tendrían ningún problema para ser allí entendidos.

Quizá el personaje más conocido de la Cervecería El Cocodrilo fue el caricaturista Luis Bagaria Bou (1882-1940), quien en el año 1922 decoró las paredes del establecimiento con el famoso y ya desaparecido mural titulado “El violinista y el cocodrilo”.

Fuente: Prensahisotica.mcu.es (1923)

Había en Berlín un violinista llamado Fritz que decidió irse a vivir al África Central, pero al llegar allí pareció tan ridículo a sus habitantes que todos, desde el león hasta el mono, se rieron de él. Avergonzado, Fritz huyó hasta las orillas del río Nilo donde encontró como únicos habitantes a una pareja de enamoradas ranas, demasiado absortas en su idilio como para ocuparse de él, y así fue como el violinista al fin pudo descansar.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1923)

De las aguas del Nilo surgió de pronto un cocodrilo que, sin considerar que Fritz era alemán y violinista, se propuso devorarle.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es

Fritz, ante el eminente peligro, comenzó a tocar el violín y, como la música amansa a las fieras y aún más a los cocodrilos, que son propensos al llanto, hizo llorar al animal a lo que siguió un sensual afán de danzar al ritmo de un tango.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1923)

Así Fritz y el cocodrilo llegaron a una fraternal amistad; para afirmarla decidieron emborracharse, terminaron las disputas y se fueron a una cervecería de El Cairo donde cogieron la más kolossal y efusiva de las papalinas. 

El friso que narraba esta historia constaba de los ocho paneles que aparecen en las fotografías, única reproducción existente. Decoraba la parte alta de las paredes de la cervecería de la plaza y medía cuarenta metros de longitud por dos de altura.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Interior de lo que fue la Cervecería El Cocodrilo, en la actualidad. Ya no existe la decoración pintada por Luis Bagaria.

El famoso dibujante Luis Bagaria había sido descubierto por el pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol Prats, que impulsó su carrera al principio de la segunda década del siglo XX. 

Sus caricaturas, de trazo lineal y económico, pronto se hicieron muy populares en la prensa por manifestar criterios y reivindicaciones no siempre al gusto de la autoridad. Bagaria tuvo que exiliarse por la oposición persistente mostrada contra la dictadura de Primo de Rivera. 

Republicano, bohemio de bufanda, boina vasca y bastón de junco, poseía un entendimiento pesimista de la condición humana que reflejaba en su obra. 

Fuente: B.N.E. (1936)
Dibujos de trazo lineal y económico. A la derecha el dedicado a Ramón María del Valle-Inclán, tras su fallecimiento.

Luis Bagaria no fue sólo caricaturista, también redactaba artículos en prensa y realizó entrevistas en la sección “Los diálogos de un caricaturista salvaje” del periódico “El Sol”.

Fuente: B.N.E. (1936)
Caricatura de Federico García Lorca que ilustra la última de sus entrevistas. Luis Bagaria, aparece disfrazado en la fotografía.

El día 10 de junio de 1936 aparecía editada la última entrevista que pudo conceder Federico García Lorca y efectuada por Bagaria. Dos meses después el poeta sería asesinado por los fascistas y, aún hoy, su cuerpo permanece enterrado en paradero desconocido en algún lugar de la provincia de Granada.

Durante la Guerra Civil Española, Luis Bagaria también tomaría partido por La República, realizó numerosos carteles propagandísticos y continuó con su trabajo en la prensa. 

En el mes de junio de 1940, falleció exiliado en La Habana (Cuba).






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Memoriademadrid.es
Es.wikipedia.org  

   

sábado, 8 de marzo de 2014

FELIZ DÍA 8 DE MARZO.

PORQUE LA MUJER SIEMPRE ES CAPAZ DE TOMAR SUS PROPIAS DECISIONES EL ABORTO LIBRE, SEGURO Y GRATUITO ES UN DERECHO INDISCUTIBLE.


Fotografía: M.R.Giménez 
15-M del 2011, Movimiento de los Indignados en la Puerta del Sol de Madrid.



lunes, 3 de marzo de 2014

EL CAFÉ DE EL BRILLANTE DE LA CALLE DE ALCALÁ Y SU LOTERÍA.

Fue la segunda mitad del siglo XIX una época de grandes remodelaciones en Madrid, si nos circunscribimos a la Puerta del Sol y las calles de Alcalá y de Sevilla. Los grandes y lujosos edificios planificados darían paso al ensanche de estas vías, echando abajo casas particulares que dejaron a vecinos y negocios fuera de la zona. Tal fue el caso del Café de El Brillante, que estuvo situado en el número 20 de la antigua calle de Alcalá. 

Fuente: Idehistoricamadrid.org (1874)
Señalado el contorno de la finca donde estuvo el café de El Brillante, de la calle de Alcalá, nº 20.

El café de El Brillante era conocido por sus molletes con manteca, sus tortillas a las finas “yerbas”, sus chocolates y por los tés con aguardiente que preparaba a cualquier hora del día o de la noche, ya que en ocasiones estaba abierto las veinticuatro horas del día. Escritores, toreros, actores, militares, jugadores y sablistas componían una variopinta y numerosa parroquia que podía degustar, hasta fin de abril y a 6 reales la docena, (coincidiendo con los meses que tuvieran “r”) las ostras frescas.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle de Alcalá desde la Puerta del Sol, siempre en obras. El café de El Brillante ocupó el espacio donde luego se levantó el edificio de La Equitativa.

La prensa comenzó a hablar sobre este café en los años sesenta del siglo XIX, porque en él se podían recoger las entradas de los abonos para las corridas de toros y anunciaba sus almuerzos desde 10 reales el cubierto y comidas desde 12 reales en adelante, también permite en sus salones todo “juego lícito”, ajedrez, tresillo, dominó, etc. etc. El juego con apuestas, por aquella época, estaba prohibido bajo pena de cárcel.

Fotografía: Jean Laurent (1870)
Aspecto de la calle de Alcalá desde la Puerta del Sol. Aún existían los edificios sobre los que se construiría La Equitativa.

Lino Sayas era el dueño de El Brillante, hombre que no paraba de inventar pintorescos espectáculos para su negocio con el fin de atraer a más clientela. Al precio de 0,30 ó 0,50 céntimos, por sesión, se veía a El hombre salvaje, un individuo gruñidor que vestía con pieles toscas, cabellos largos y enmarañados, barba igual y mostraba una mirada perdida o a La cabeza parlante, una cabeza sin cuerpo con vida propia que, depositada sobre una mesa cubierta con un paño negro, contestaba las preguntas del público y contaba su histórica supervivencia de tres siglos tras ser amputada del tronco. Pero lo que daría pingües beneficios al café de El Brillante sería su famosa Lotería.

Fotografía: Jean Laurent (1870)
Aspecto de la calle de Alcalá. Frente a la Real Casa de la Aduana, edificio central, estaba el café de El Brillante en esa época.

En los primeros años setenta del siglo XIX el salón interior del café, donde hasta entonces se habían presentado los espectáculos citados, se convirtió en un casino encubierto. El juego clandestino de la lotería de cartones, que funcionaba de 15 a 22 horas y de 2 a 6 horas de la madrugada con entrada libre, se hizo famoso en todo Madrid. 

Se podían comprar todos los cartones que se quisieran, cuyos precios oscilaban entre los 2 y los 12 reales por unidad. Cada uno de ellos tenía seis filas de casillas en blanco, sobre las que el jugador apuntaba los números que el “apostero” gritaba sacando unas bolas de un saco que agitaba. 

Se jugaba al acierto del ambo, del terno, del cuarteto, del quinterno… Ejemplo: 15-30 (ambo), 15-30-45 (terno), 15-30-45-60 (cuarteto) y 15-30-45-60-75 (quinterno). Cada acierto equivalía a ganar el doble de lo apostado para quien primero cantara el acierto y siempre que estuviera en el mismo cartón. Quien consiguiera un pleno (llenar el primero su cartón con la alternancia de ambos, ternos, cuartetos y quintetos) ganaba la mitad del total de las apuestas del juego. La otra mitad quedaba para el café.

Cada tarde y noche acudían al café de El Brillante multitud de jugadores, que solían ver mermado su dinero con demasiada frecuencia, pero no cejaban un ápice en su tenaz empeño de tentar la suerte.

Frecuentes redadas policiales, con más de cien arrestados en cada batida, daban con los detenidos que no podían depositar la requerida fianza de 200 reales en la cárcel del Saladero; mientras, el dueño del café de El Brillante corría a los periódicos de Madrid para dar cumplidas explicaciones, y que éstas salieran publicadas, acerca de que el negocio de la lotería es completamente extraño al café y que aquel era un local independiente del mismo, que nada tenía que ver con él.

Fuente: Bdh.bne.es (1892)
Edificio de La Equitativa recién inaugurado, sin ninguna construcción a su alrededor. El café de El Brillante ya había desaparecido.

La reforma de la nueva Puerta del Sol ya estaba ultimada en el año 1862 y una década más tarde comenzaría a planificarse el ensanche de la calle de Sevilla, derribando también, entre otras, la manzana del café de El Brillante en la calle de Alcalá. El nuevo Palacio de la Equitativa (1891) se pensaba ya sobre las viejas casas de la zona, que debían desaparecer al igual que la travesía de los Peligros, convirtiendo este espacio de Madrid en lo que hoy podemos contemplar. Es así como el ayuntamiento empezó a negociar la expropiación con los propietarios de los edificios a demoler, con el fin de realizar las nuevas edificaciones. El café de El Brillante, objeto de continuos alborotos policiales, sería clausurado por orden de la autoridad judicial en el mes de septiembre de 1881 y su casa demolida, junto con las circundantes para realizar los nuevos edificios. Así, sobre el solar de la casa donde estuvo este café se levantaría la parte trasera del Palacio de la Equitativa.




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Bne.es
Idehistoricamadrid.org
Mcu.es
Agradecimiento a Pennypol por su colaboración para la realización de esta entrada.


viernes, 21 de febrero de 2014

ZAHARA, EL CAFÉ MODERNO.

A finales del año 1926 estaba próximo a inaugurarse el Palacio Comercial de la avenida de Pi y Margall, número 9 (hoy Gran Vía, 31), de Madrid. El edificio, proyectado por el arquitecto José Miguel de la Quadra-Salcedo Arrieta-Mascarua y pensado para uso exclusivamente comercial, albergaría en su esquina con la calle de Mesonero Romanos el Café Zahara.


Fotografía: M.R.Giménez (2010)
Marquesina de lo que fue el café Zahara de la Gran Vía, esquina a la calle de Mesonero Romanos.


El Gran Café Zahara fue inaugurado el día 10 de abril de 1930. Propiedad de la Sociedad de Cafés y Cervecerías, fue diseñado inicialmente por los arquitectos: Secundino de Zuazo Ugalde, Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó (hijo del dramaturgo), como café, salón de té y cervecería. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
Fachada del café Zahara cuando fue inaugurado.

El Zahara se autodefinía como un café moderno, su decoración era sencilla y suntuosa, a la vez, en una mezcla algo extraña entre el bar americano, tan de moda entonces, y una jaima del desierto. 

Su estilo racionalista, de moda en el periodo de entreguerras, organizaba el espacio simétrica y dinámicamente utilizando formas geométricas simples y colores para diferenciar los espacios, que servían a la vez como decoración.

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
Salón de té. Un falso cactus y la tela del techo recuerdan al desierto.

El local se había dividido en distintos ambientes que comenzaban en un porche amplio, acogedor, donde se hallan instaladas mesas y sillas de mimbre. Sus grandes ventanales lo iluminaban con la luz de la calle y sobre ellos había una repisa en la que se habían colocado infinidad de tiestos de forma cónica que contenían todo tipo de plantas crasas. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
El porche luminoso, con muebles de mimbre y las plantas sobre los ventanales.

Todo el local estaba pintado en tonos suaves y poseía una hábil disposición de luces indirectas, atenuadas por cuadros de planchas de cristal opaco. Tanto las lámparas de la fachada exterior como las de las paredes interiores estaban formadas por pequeños triedros de cristal blanco que hacían más acogedor el ambiente.

Lo novedoso, en cuanto a la disposición del local, era un gran pasillo que dividía sus tres salones principales y facilitaba tanto el acceso a las mesas como el tránsito de los camareros y las comandas. Este espacio se enmarcaba con unas robustas columnas pintadas en tonos oscuros, brillantes y pulidos, que sostenían un techo con forma de bóveda de cañón. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)

En cuanto a las innovaciones tecnológicas, el café Zahara anunciaba reiteradamente tener siempre una atmósfera limpia gracias a sus potentes máquinas de impulsión y extracción de aire. La renovación del ambiente se hacía ocho veces diarias gracias a unos aspiradores que absorbían el aire viciado, purificándolo mediante filtros de carbón. La moderna maquinaria utilizada permitía calentar el espacio en invierno y refrigerarlo durante el verano.

Su cocina también aplicaba las innovaciones del momento. En ella todo se fabrica mecánicamente. Contaba con tostador de café, fábrica de hielo y un aparato para la esterilización de la vajilla y los demás utensilios. 

Fuente: ABC (1930)
La cocina del café Zahara.

Sin duda lo más espectacular del café Zahara era su equipo reproductor eléctrico de discos gramofónicos. El aparato de control estaba compuesto por amplificadores, filtros, motores para discos y una serie de llaves para el control de señales luminosas hallándose instalado en una cabina desde la que podían pronunciarse conferencias, tan solo aplicando al aparato un micrófono.

La instalación se completaba con treinta altavoces de bocina, estrategicamente situados y bien disimulados, perfectamente empotrados en la pared a una distancia determinada y recubiertos de una rejilla. De esta forma el sonido se propagaba por igual en todos los salones.

Dos meses después de su inauguración, el día 2 de junio de 1930, los clientes del Zahara pudieron escuchar un importante partido de futbol celebrado en Barcelona, que sería radiado en directo desde este café. Además, la noche del 24 de noviembre de 1932, se transmitió la función de despedida del por entonces famoso barítono Emilio Sagi Barba.

El Zahara también tuvo música en directo. En noviembre de 1933 la Orquesta Rusa de Balalaikas haría furor al repetir durante varios meses sus actuaciones y un año después triunfarían también los conciertos clásicos de la Orquesta Ibarra.

Quizá el espacio más singular del Zahara lo constituía el American bar Miami, anejo al café y según parece mayoritariamente visitado por extranjeros y turistas. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
El American bar Miami.

La moda de los bares americanos había llegado a Madrid al principio de los años 20 del siglo pasado y en el moderno café Zahara, no podía faltar. Así se habilitó el bar americano Miami, dotado de grandes y luminosos ventanales a la calle.

Su decoración sencilla y funcional había cambiado los divanes de los viejos cafés por tresillos y sillones con tapicería de dibujos geométricos simples, acompañados de mesas bajas con estructura metálica. Una barra semicircular, con taburetes altos, encajada en una bóveda de cuarto de esfera y una gran viga en forma de palmera, completaban la ornamentación del recinto en el que se podían degustar sus famosos cócteles.

Es muy posible que durante la Guerra Civil Española el café Zahara sufriera numerosos desperfectos, al igual que todos los establecimientos y viviendas de la Gran Vía de Madrid (que fue conocida por el nombre de avenida del Quince y Medio, por el calibre de los obuses con que el ejército fascista bombardeaba la zona). Así, el día 31 de octubre de 1940, se anuncia su reapertura y dos años después reanuda sus conciertos en directo con la Orquesta K.D.T.

Fueron numerosas las reformas que se acometieron en el café Zahara, a lo largo de su historia. 

Durante los años cincuenta, del siglo pasado, el café había perdido su decoración original y se había convertido en un anodino lugar iluminado por tubos de luz fluorescente de tonos rosados. Sus paredes habían sido pintadas en color crema y sus muebles de diseño racionalista habían dejado paso a sofás alargados que reposaban contra la pared. Aún así, seguía manteniendo una fiel clientela de tertulianos: Pintores, escultores, poetas y poetisas, dramaturgos y gentes de teatro.

En la década de los años setenta el Zahara volvió a renovarse y se convirtió en una cafetería acorde con los tiempos. El local se transformó por completo haciéndose más diáfano y agrandando su fachada de la calle de Chinchilla. Posteriormente, cuando internet comenzó a ser imprescindible, se habilitó también un moderno cibercafé en una de sus salas de la planta superior.

El día 31 de enero de 2010, el café Zahara cerró sus puertas. Parece que los altos alquileres del local imposibilitaron continuar con el negocio.

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Gran Vía, 31 esquina a la calle de Mesonero Romanos, en la actualidad. Ya no existe el café Zahara ni la lotería de Doña Manolita, que estaba junto a él.

Hoy es una tienda dedicada a la venta de ropa, como tantas otras de la Gran Vía de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Base de datos del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org

Los Antiguos Cafés de Madrid agradecen muy especialmente la colaboración del profesor Fernando Moreno Sanz para la realización de esta entrada.