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miércoles, 15 de abril de 2015

CASA PASCUAL, CALLE DE LA LUNA 16.

Los cuatrocientos cincuenta metros de longitud que tiene la calle de la Luna de Madrid, aunque hoy pasen desapercibidos, albergan una abundante historia. Aquí se alzan aún, y de milagro, dos palacios del siglo XVIII: el de los condes de Talara y Torralba (en el número 27) y el de la Infanta Carlota, antes del marqués del Llano (en el número 32). Hasta el año 1969, con menor fortuna porque fue demolido, ahí estuvo también el Palacio de Monistrol o del conde de Sástago (en el número 11, donde hoy se encuentra la denominada, de forma extraoficial, plaza de la Luna). 

Esta calle aún conserva una de las boticas más antiguas de Madrid, allí establecida desde el año 1833, la Farmacia Cardona, y tuvo una de las tiendas más populares y lujosas del barrio, el Molino de chocolates “El Indio”, cuyo mobiliario forma parte de la decoración del Museo del Traje de Madrid.

En medio de todo lo antedicho estuvo la Taberna de Pascual o Casa Pascual, cuna de artistas y cantera de bohemios.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Con fachada gris y cierres metálicos, lo que fue Casa Pascual es hoy un local abandonado en la calle de la Luna

Pascual Álvarez vino a instalar su taberna en el actual número 16 de la calle de la Luna, (antes nº 14), allá por el primer año del siglo XX. Anunciada en prensa como “Pascual Álvarez, vinos y comidas” durante las primeras décadas, pasó a llamarse “Casa Álvarez” y finalmente “Restaurant Casa Pascual” a partir de los años treinta. 

Un alto escalón daba acceso a la taberna desde la acera de la calle de la Luna. Su interior tenía forma de rectángulo, con dos columnas cuadradas en medio, mesas fijas de mármol y un mostrador con superficie de zinc situado a la izquierda de la entrada, sobre el que se había instalado una gran anaquelería cargada de botellas.

Fuente: B.N.E. (1936)
Mostrador y anaquelería de Casa Pascual.

El local también tenía comedor en el entresuelo, cuya entrada se hacía por el portal del edificio mediante una puerta independiente. Allí se celebraron numerosos banquetes de distintas asociaciones profesionales, homenajes a dramaturgos, como el ofrecido a José Marco Davó y José Alfayate por el éxito obtenido con la obra “Con las manos en la masa o No hay mal que por bien no venga” en 1935, y fundamentalmente los festejados por y para los periodistas de “El País-diario republicano” o “La Libertad”, diarios que a lo largo del tiempo tuvieron su sede e imprenta en la cercana calle de la Madera baja, nº 8. 

Casa Pascual, que en teoría cerraba a las tres de la madrugada aunque mantenía abierto su entresuelo para los asiduos, tenía una parroquia variopinta. Allí se entremezclaban hombres y mujeres de los más diversos oficios para comer sus famosas judías a la bretona, el cocido o un bistec en bocadillo. 

Fuente: B.N.E. (1936)
Parroquianos variopintos comparten mesa en Casa Pascual.

Gente de la gallofa madrileña alternaba en el mostrador con periodistas, serenos, artistas bohemios, trabajadores nocturnos o madrugadores de artes gráficas, estudiantes de la vecina Universidad y con aquellos que recogían las comidas para llevar destinadas a las redacciones de prensa, las oficinas o a los templos donde se rinde culto a Cupido.

Fuente: B.N.E. (1933)
Lista de precios de una taberna económica, que bien pudiera ser Casa Pascual.

Será durante la década de los años treinta del siglo pasado cuando Casa Pascual entre en la historia de los figones del centro de Madrid. 

Como restaurante popular, cuyo fogón podía verse desde fuera de la cocina, comenzó a ser frecuentado además por artistas, autoridades, políticos de todas las ideologías, escritores, diplomáticos y poetas. Por allí pasó el pleno de los miembros de la Generación del 27 y en el mes de marzo de 1935 los periodistas de izquierdas destinados en el Congreso, ofrecieron un banquete al entonces expresidente del Consejo de Ministros Manuel Azaña Díaz y a Santiago Casares Quiroga, que en esos momentos era exministro de la Gobernación.

Fuente: B.N.E. (1935)
Manuel Azaña situado en el centro de la fotografía. 

Por entonces Rogelia, viuda de Pascual, llevaba el negocio junto a su hijo Paco. Habían reformado el local, eliminando el viejo mostrador de zinc y madera para sustituirlo por otro de piedra gris con líneas curvas en su frente. El salón del entresuelo fue convertido en modernos comedores independientes servidos por cuatro camareros. 

La clientela del barrio continuó mezclándose en esta taberna con periodistas como Emilio Carrere (que escribiría: La Casa Pascual es un restaurant nocturno y demócrata) o Pedro de Répide, con poetas como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Raúl González Tuñón o con pintores como Maruja Mallo y José Caballero. Precisamente para este último Pablo Neruda escribió, en marzo de 1970 su poema “A José Caballero, desde entonces” en el que recuerda con pesadumbre aquellos amigos y aquel Madrid que se disolvieron en el tiempo, mencionando la famosa taberna de Pascual de la calle de la Luna.


Dejé de ver a tantas gentes,
¿Por qué?
Se disolvieron en el tiempo.
Se fueron haciendo invisibles.
Tantas cosas que ya no veo,
que no me ven. Y ¿por qué?
Aquellos barrios con barricas
y cuerdas y quesos flotantes
en los suburbios del aceite.
Dejé la calle de la Luna
y la taberna de Pascual.
Dejé de ver a Federico.
¿Por qué?
Y Miguel Hernández cayó
como piedra dura en el agua,
en el agua dura.
También Miguel es invisible.
De cuanto amé, qué pocas cosas
me van quedando para ver,
para tocar,
para vivir.
¿Por qué dejé de ver el frío
del mes de enero, como un lobo
que venía de Guadarrama
a lamerme con una lengua,
a cortarme con su cuchillo?
¿Por qué?
¿Por qué no veo a Caballero,
pintor terrestre y celestial,
con una mano en la tristeza
y la otra mano en la luz?
A ese lo veo.
Tal vez más entrado en la tierra,
en el color, en el silencio,
enamorado, anaranjado,
viviendo un sol sobreviviente.
Así es.
A través de él veo la vida
que dejé de ver para nunca.
La dicha que yo no perdí
(porque aprendí después las cosas
luchando).
A través de su tinta ardiente
y de su arcilla delirante,
a través del puro fulgor
que lo delata,
veo lo que amé y no perdí,
y sigo amando:
calles, tierras, dulzura, frío,
la sepulcral Plaza Mayor,
el tiempo con su larga copa.
Y en el suelo una rosa blanca,
ensangrentada.

Pablo Neruda. Isla Negra, marzo de 1970.


En el año 1972 la taberna Casa Pascual cerró sus puertas siendo sustituida por “La Boroña”, un nuevo restaurante asturiano y tan económico como su antecesor. 

Varios y diferentes negocios se instalaron a lo largo del tiempo en este hoy vacío local. En la actualidad su abandonada y sucia fachada no muestra el menor recuerdo del histórico pasado que tuvo años atrás.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Tabernasantiguasdemadrid.blogspot.com
Es.wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

miércoles, 1 de abril de 2015

COLEGIO JOAQUÍN COSTA, LA CIUDAD INFANTIL DE MADRID.

El lugar donde hoy se encuentra el Colegio Joaquín Costa, en el paseo de los Pontones, número 8, fue el sitio escogido para fundar un ambicioso proyecto pedagógico que llevaría el nombre de Ciudad Infantil y fue promovido por el Colegio de Doctores de Madrid y en especial por el Dr. Francisco Carrillo Guerrero, en el año 1923.

Esta zona, correspondiente al barrio de La Latina y cercana al depauperado Barrio de las Injurias, presentaba entonces un alarmante índice de analfabetismo por la escasez de plazas escolares en su entorno. El proyecto de la Ciudad Infantil no sólo pretendía llegar a atender a los más de ocho mil niños del barrio sino también a sus familias, posibilitando asistencia médica, apoyo jurídico, instrucción higiénica y todo cuanto fuera necesario con el fin de paliar las míseras condiciones de vida de los habitantes de aquella parte de Madrid y su enorme mortalidad infantil.

La parcela destinada a ser la Ciudad Infantil era desde el año 1869 el Mercado de Caballerías o de Ganados, un terreno cercado con valla y algunas casetas para los servicios del mercado y donde, desde el amanecer hasta las diez horas de la mañana, todos los días se compraban y vendían animales de abasto y labor.

Fuente: idehistoricamadrid.org -Facundo Cañada- (1900)
Plano de la zona: Paseo de los Pontones y Puerta de Toledo. Resaltado en azul se aprecia el Mercado de ganados.

Enclavado entre el paseo de los Pontones, la ronda de Segovia y el paseo Imperial fue un terrero extramuros hasta el año 1868 cuando se decidió derribar la cerca de Felipe IV, de la que se conserva un pequeño lienzo, que tenía un acceso a Madrid por la Puerta de Toledo.

Fuente: Fotografía de Jean Laurent (1865). Fotografía actual de M.R.Giménez (2014)
La Puerta de Toledo en 1865 aún era lugar de acceso a Madrid y tenía tapiados sus laterales. Hoy sólo queda un pequeño lienzo de la cerca de Felipe IV.

El comienzo de las obras para la Ciudad Infantil tuvo lugar en el año 1923, cuando el contratista Fernando Force Lafuente solicitó la licencia al Ministerio de Instrucción Pública por un valor de 1.041.355’99 pesetas, dinero que sería recaudado mediante suscripción pública y aportaciones de los integrantes del Colegio de Doctores de Madrid, además de los correspondientes organismos oficiales (Ministerio de Instrucción Pública y Ayuntamiento).

Cuatro fueron los primeros pabellones de madera que conformarían los inicios del Grupo Escolar Joaquín Costa, construidos en esta Ciudad Infantil y donde comenzaron las clases diurnas y nocturnas para 200 alumnos, elegidos entre los 600 niños que presentaron su matrícula y que hubieron de quedar en lista de espera por falta de sitio. 

Fuente:idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1956-1957)
Fotografía aérea de la zona que muestra el terreno destinado a la Ciudad Infantil y al colegio.

Aparte de la necesaria alfabetización, habría talleres de diversos oficios trabajando con la puerta abierta para que puedan ser vistos por los niños y estos puedan elegir el que más les guste. El recinto estaría dotado de un gran jardín, huerta, campo de deportes, piscina, capilla, teatro y diversiones al aire libre que instruyen deleitando.

Pero la realidad no iría paralela con los planes para el desarrollo de esta Ciudad Infantil ya que a finales del año 1925 las obras del nuevo edificio y de los restantes servicios se iban retrasando, los alumnos continuaban en los barracones de madera y el cerramiento del recinto aún no se había realizado. 

Fuente: memoriademadrid.es (1929 aprox.)

Hasta el año 1929 no se terminó de construir el nuevo edificio que albergaría el Grupo Escolar Joaquín Costa, quedando cerrado y sin utilizar debido a la lentitud en la tramitación de su expediente para obtener el permiso oficial de apertura. Numerosos actos vandálicos estaban destruyendo los cristales de sus ventanas, el robo de materiales y las goteras arruinaban los suelos de madera, las puertas y el mobiliario. Así se había mantenido durante seis años, desde el comienzo de las obras, ante la pasividad de la Administración y las denuncias de la prensa, rodeado por las peligrosas y profundas zanjas resultantes de las excavaciones practicadas con el fin de buscar la rasante con el paseo de los Pontones. 

Hasta el día 7 de octubre de 1930 no daría comienzo la matriculación de los nuevos alumnos de este grupo escolar, que iniciaría el curso con el nuevo centro dotado de cantina, ropero, duchas, calefacción, biblioteca, escuela maternal con médico, jardín con árboles y todo lo necesario. El colegio sería inaugurado, finalmente, de manera oficial el día 13 de agosto de 1931 contando con una sección maternal, tres de especialización en primaria y una de secundaria. También se impartirían clases de idiomas, artísticas, corte y confección –con el fin de que los alumnos elaborasen prendas para otros niños- y de preparación comercial. Contaría con inspección médica y odontológica, además de una cantina que daría de comer a 350 niños y niñas subvencionada por el Ayuntamiento.

Fuente: ABC y B.N.E. (1931).
Inauguración del Colegio y busto de Joaquín Costa del escultor José M. Palma (hoy desaparecido).

En el año 1934 el Grupo Escolar Joaquín Costa ya tenía 1 sección maternal, 2 de párvulos, 9 de niñas y 20 de niños. También contaba con unidades destinadas a los alumnos con alguna deficiencia. En total albergaba a 1.500 estudiantes, con horario desde las 8 horas de la mañana hasta las 6 horas de la tarde. Para el acceso a una plaza escolar de los más pequeños tendrían prioridad los niños huérfanos y quienes justificaran el trabajo de ambos padres.

La enseñanza impartida es completamente moderna en todos los grados. Los niños y niñas eran atendidos para su evolución física y mental por los procedimientos recomendados en la moderna Paidología, complementada con excursiones al centro de Madrid, pueblos y ciudades cercanas. El Grupo Escolar Joaquín Costa de la Ciudad Infantil fue único de su clase en Madrid. 

Fuente: B.N.E. (1931)

La dirección del centro organizaba a menudo celebraciones para los niños y conferencias para sus padres a cargo de eminentes médicos y pedagogos. Verbenas, La fiesta de los juguetes o la de Fin de curso, que cada año tenía lugar en el Teatro Español. 

Fuente: B.N.E. (1931)
Parvulario del colegio.

A principios del mes de junio de 1934 se constituye en el Joaquín Costa la Asociación de Amigos del Niño (lo que hoy es la Asociación de Madres y Padres de Alumnos). Fue creada por los padres de los discípulos con la finalidad de instaurar becas para el acceso a estudios superiores de los alumnos, establecer colonias escolares, organizar festivales infantiles y conferencias, concursos de trabajos realizados por los niños y sus premios, adquirir materiales de varios oficios para que los alumnos ingresaran en un puesto de trabajo con categorías superiores a las de aprendiz. Esta asociación recaudaba fondos realizando festivales para el barrio en el recinto del colegio.

En el año 1936 comienza la Guerra Civil Española. En el mes de agosto de ese mismo año se habilita una residencia infantil para acoger a los niños de los distritos cercanos al Grupo Escolar Joaquín Costa. Un mes más tarde, el director del colegio, Manuel Alonso Zapata, es asesinado junto a su familia por las tropas fascistas. En octubre el colegio es bombardeado durante el horario de clase. 

Tras el fin de la guerra el colegio se reconstruye y vuelve a impartir clases, pero perdiendo el espíritu relacionado con la Institución Libre de Enseñanza que inspiró a la Ciudad Infantil de Joaquín Costa. 

En el año 1970 el edificio del colegio se encontraba en tan mal estado que se acordó su demolición y la edificación del que ahora existe. En esa época contaba con 850 alumnos y 22 unidades. En la actualidad sus 18.000 m2 de superficie albergan a 36 aulas de primaria y 6 de educación infantil, a las que asisten 1.130 alumnos.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Idehistoricamadrid.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Memoriademadrid.es
Colegiojoaquincosta.com
“La educación en la España revolucionaria (1936-1939)” Ramón Safón.
Mcu.es
Es.Wikipedia.org


Dedicado a todos los niños y niñas que un día fueron alumnos de la Ciudad Infantil y del Colegio Público Joaquín Costa del Paseo de los Pontones de Madrid.

domingo, 8 de marzo de 2015

LAS MUJERES EN LOS ANTIGUOS CAFÉS.

Se puede decir que la relación de las mujeres con los antiguos cafés y con sus tertulias nunca fue semejante a la de los hombres. El ocio y la cultura que prosperaban en los más importantes establecimientos de este ramo fueron inaccesibles para una gran parte de la población por diversos motivos económicos y culturales, pero en el caso de las mujeres existió además una prohibición social que, sin estar escrita, les impedía el libre acceso como clientes. 

Fuente: B.N.E. (1919)
Dos tertulias, exclusivamente masculinas, en el café Suizo.

Habría que hacer distinción entre los cafés del centro de Madrid, aquellos situados en la zona de la Puerta del Sol o de la calle de Alcalá, y los “cafés de barrio”. Las mujeres de familias acomodadas podían frecuentar los primeros, siempre acompañadas por sus padres o maridos, nunca solas o con amigas, pero jamás lograrían intervenir en las tertulias organizadas en ellos porque su opinión “no era bien recibida”. 

Fuente: ABC (1915).
Una familia al completo en el café de Puerto Rico. En la mesa de enfrente, una tertulia masculina.

En los barrios, especialmente aquellos que se encontraban cerca de un mercado donde las mujeres trabajaban en la venta de frutas o verduras, los cafés sí contaban con clientela mixta. La independencia económica de las mujeres trabajadoras de los denominados “barrios bajos” hacía posible su acceso a estos cafés, en los que hubo tertulias donde se promovieron muchas reivindicaciones sociales que, en ocasiones, llegarían a ser oídas en las más altas instancias gubernamentales.

Por lo general el papel de la mujer (sin acompañante masculino) en los cafés quedaba relegado a trabajar como camarera, con jornales aún más reducidos que los de sus compañeros, siendo obligadas a tomar parte en los espectáculos de cante, baile o teatro que allí tuviesen lugar o prostituyéndose para conseguir la retribución que les permitía sobrevivir.

Fuente: Mcu.es. Archivo Ruiz Vernacci. (1890).
Fotografía del cuadro de José María Alarcón Cáceres en el que se representa un café cantante de camareras.

A principios del siglo XX algunos cafés “de postín” procedieron a la apertura de una entrada especial para mujeres, que conducía a exclusivos salones destinados a meriendas y pequeñas reuniones, fuera de miradas indiscretas.

Fuente: ABC (1916)
Mujeres merendando en la sala especial de un café.

Por entonces mujeres intelectuales como Emilia Pardo Bazán o Carmen de Burgos “Colombine”, que deseaban formar parte de las tertulias de café con sus colegas masculinos, debían abrir su propia casa a escritores, pintores o políticos para poder intervenir en ellas. 

Fuente: Cervantesvirtual.com (Entre 1890 y 1915).
Tertulia literaria de Emilia Pardo Bazán en su casa de la calle de San Bernardo.

Con la proclamación de la II República Española del año 1931 la mujer alcanzó importantes derechos. Las normas sociales (como el famoso “qué dirán”) se relajaron y los cafés comenzarían a llenarse de grupos de mujeres independientes que creaban sus propias tertulias o participaban de las existentes con naturalidad, fumaban en público y abonaban sus propias consumiciones. 

Tras la Guerra Civil Española los incipientes avances sociales conseguidos sufrieron un retroceso considerable para todos y en especial para las mujeres. Muerte, cárcel y exilio se llevaron por delante a una buena parte de aquellos intelectuales que se reunían en los cafés. Ello unido a las condiciones enormemente restrictivas que la Ley de Orden Público imperante dispuso sobre el derecho de reunión, modificó sustancialmente todo el mapa tertuliano.

Las mujeres serían adoctrinadas, a partir de entonces, con principios como estos:

“No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa…; no hay que ser intelectual” (“El libro de las Margaritas” – 1940 - ). 

“Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador, reservado por Dios para los talentos varoniles” (Pilar Primo de Rivera -1942).

“Creyendo que nuestro papel está en la oficina, olvidamos aquel otro, perfectamente femenino: el de amas de casa” (“Formación familiar y social” asignatura obligatoria para alumnas de Bachillerato, años 50 y posteriores). 

Pero por fortuna, a pesar de todos los inconvenientes, siempre hubo quien se saltó la norma y quienes la apoyaron.

Fuente: Elcultural.es (años 50 del siglo XX).
Tertulia de escritores y escritoras en el café Gijón. Ana María Matute y Gonzalo Torrente Ballester, entre otros.


¡¡¡FELIZ DÍA 8 DE MARZO!!! 
desde los Antiguos cafés de Madrid.




Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci.
Cervantesvirtual.com
“Tazas calientes manchadas de carmín. Mujeres de cafés en la bipolaridad moral des espacio público (1890-1936)”. Jordi Luengo López.
“La Sección Femenina”. Luis Otero.

lunes, 2 de marzo de 2015

LA TABERNA DE FÉLIX PÉREZ, JUGADOR DEL REAL MADRID F.C.

Frente a la Puerta de Hernani del Parque de El Retiro, en la calle de Alcalá de Madrid (que hasta los años finales del siglo XIX se conocía como ronda de Alcalá o carretera de Aragón), estuvo la Taberna de Félix Pérez.

Fuente: Diariomadrid.net (finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo XX). 

Ya hay noticias de una tienda de vinos en este mismo lugar durante los años ochenta del siglo XIX. Joaquín Chillida, el propietario del establecimiento y también jefe de areneros de la entonces cercana plaza de toros de Felipe II (donde hoy se encuentra el Palacio de los Deportes), fue quien recogió e intentó salvar de la muerte al famoso Perro Paco tras ser corneado por un toro aquel 21 de junio de 1882.

En aquella tienda de vinos de la calle de Alcalá nació en el año 1901 quien sería su más famoso propietario, Félix Pérez Marcos, que entre 1921 y 1928 se convertiría en un popular, correcto y disciplinado jugador del Real Madrid F.C.

Fuente: Sefutbol.com (1927)
Félix Pérez, jugador del Real Madrid F.C.

Sabemos por la prensa que en el año 1931 esta famosa taberna se encontraba en el número 89 (que hoy corresponde con el nº 81) de la calle de Alcalá. Sobre su puerta había un toldo de color canela y en su fachada se podía leer el nombre de su propietario “Félix Pérez” en caracteres de perfil dorado. El interior estaba limpio y cuidado, tenía un magnífico mostrador de madera labrada con escurridero de estaño y losetas en las paredes sobre las que se anunciaban los partidos de fútbol que iban a disputarse.

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1931)
Félix Pérez y un camarero en su taberna.

Félix Pérez residía con su madre en un espacio habilitado como vivienda en la parte posterior de la taberna, como era frecuente en las tiendas de la época. Gran aficionado al fútbol desde la infancia, comenzó a jugar en la Chopera de El Retiro hasta que logró formar parte del “Club Recreativo de Madrid”. En el año 1921 consiguió ingresar en su admirado Real Madrid Football Club, equipo que tan sólo un año antes había antepuesto a su nombre el título de “Real”. 

En los años de aquel casi incipiente Real Madrid Football Club era necesario abonar la cuota de afiliación al equipo para poder jugar en sus filas. Aún no existía la profesionalización de los futbolistas, que debían compaginar su afición con otras profesiones para poder ganarse la vida. Félix Pérez obtuvo su carné del club a la edad de diez años (1910), siéndole asignado el número 4 y no sería profesional hasta 1925.

Aquellos eran tiempos en los que la prensa aún utilizaba términos como “balompié” o “goal” (gol) en sus crónicas deportivas y los campos de “football” eran bastante distintos a los actuales. Cuando el jugador “Félix Pérez” (su apodo en el equipo) ingresó en el Real Madrid los partidos de fútbol de este club se jugaban en el Campo de O’Donnell (situado entre las calles de Narváez y O’Donnell), que fue el primero en tener un vallado para separar a los jugadores del público asistente.

Fuente: ABC (1923).
Félix Pérez, de blanco, jugando contra la Gimnástica en el campo de fútbol de O'Donnell.

En el año 1923 el Real Madrid se trasladó a un nuevo campo de fútbol que también era velódromo, tenía pistas de tenis y piscina, situado en la Ciudad Lineal, en la calle de Arturo Soria, en dirección Norte-Sur (entre las calles del Duque de Tamames y de Ramírez de Arellano). 

Fuente: Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci (1923)
Campo de fútbol de Ciudad Lineal.

Un año después, en 1924, dada la importancia que había adquirido este club y la masiva asistencia de aficionados a sus partidos de fútbol, el Real Madrid construyó un estadio en Chamartín de la Rosa (municipio independiente de Madrid hasta el año 1947). 

Ubicado en la carretera de Chamartín de la Rosa, a 900 m. del Paseo de la Castellana (que por entonces terminaba en el Hipódromo –hoy Nuevos Ministerios-) este nuevo campo del Real Madrid contaba con hierba, graderías y una enorme tribuna cubierta. 

Fuente: Madridistassc.blogspot.com (finales de los años 20 del siglo pasado).
Campo de fútbol de Chamartín.

Este sería el último estadio del Real Madrid en el que Félix Pérez, a quien por entonces apodaban “Finito”, jugó con su equipo predilecto. En el año 1928, tras una disputa con la directiva del club por la revisión de su sueldo, canceló su contrato y pasó a formar parte del “Racing Club de Madrid” (equipo del barrio de Chamberí), en la temporada de 1929-1930. Después pasaría a jugar con el Club Atlético de Madrid, donde finalizaría su vida deportiva a finales del año 1931.

Es a partir de entonces cuando Félix compaginará su trabajo de funcionario de Correos con la taberna de la calle de Alcalá, donde sus compañeros de postas habían tomado la iniciativa de constituir la madridista Peña Félix Pérez que seguiría al equipo en todos sus desplazamientos hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo.

Fuente: M.R.Giménez (2015)
Aquí estuvo la Taberna de Félix Pérez. El edificio ha sido totalmente remodelado. 

La taberna de Félix Pérez desapareció en los años ochenta al igual que su dueño, fallecido en 1983. El día 18 de septiembre de ese año se disputó un partido homenaje entre el Real Madrid y el Valencia. Todos los jugadores madridistas llevaron un crespón negro en el brazo por la muerte del viejo futbolista, acaecida unos días antes. El resultado del encuentro fue 0-1.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Diariomadrid.net
Sefutbol.com
Mcu.es – Archivo Ruiz Vernacci.
Madridistassc.blogspot.com.
Historias-matritenses.blogspot.com

miércoles, 11 de febrero de 2015

CAFÉ ESPAÑOL, CALLE DE CARLOS III.

Esta es la historia de un café con mala fama; bonito, aunque triste y algo mugriento, con demasiadas reclamaciones en cuanto a su servicio, pero que fue visitado por todo Madrid durante los ochenta y cuatro años que mantuvo abiertas sus puertas en la calle de Carlos III, número 1, frente al Teatro Real.


Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Lugar donde estuvo el Café Español de la calle de Carlos III (a la derecha).

El Café Español había comenzado su negocio en la antigua Puerta del Sol durante los años cuarenta del siglo XIX. Por entonces aún no se había iniciado la gran remodelación de este enclave, que tendría lugar entre los años1857 y 1862, y los números de las casas no guardaban orden correlativo. El Español señalaba su emplazamiento aleatoriamente en los números 4 y 6 de la Puerta del Sol o al principio de la calle de Alcalá, ya que se encontraba en un edificio frontero entre ambas localizaciones.

Fuente: Viejo-Madrid.es (1857)
Antigua Puerta del Sol en el inicio de la calle de Alcalá. Allí estuvo el Café Español en sus orígenes.

La apertura del nuevo Café Español, en su ubicación de la calle de Carlos III, tuvo lugar el día 5 de agosto de 1851, una vez recibida por su dueño Juan Fernández la correspondiente indemnización debida al desalojo de la casa que ocupaba en la antigua Puerta del Sol. 

Era el Español un bonito café decorado con multitud de angelitos volanderos, ya en óvalos, ya en techos esparciendo flores. Sus paredes estaban revestidas de grandes espejos, contaba con divanes tapizados en peluche rojo, siguiendo el interiorismo propio de los cafés de la época, y se hallaba jalonado de macizas columnas de hierro con un estilo confuso.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la reapertura del Café Español en la calle de Carlos III, publicado en la prensa el día 3 de agosto de 1851. (Dos días más tarde abriría este establecimiento).

La parroquia del Café Español estaba compuesta mayoritariamente por músicos. Su emplazamiento frente al Teatro Real, que se había inaugurado un año antes de la apertura de este establecimiento (1850), hizo de este café el lugar propicio para que los cantantes tomaran ponches y aclarasen su voz antes de los ensayos. Sus billares eran muy conocidos porque en ellos se congregaban los miembros de la claque o grupo de personas que asistían al espectáculo del Real para aplaudir en momentos señalados, sin abonar la entrada. Una vez que el concierto comenzaba el café quedaba desierto, salvo los domingos cuando se llenaba de parejas. 

Curiosamente, durante la mitad del siglo XIX y principios del XX, los habitantes de Madrid consideraban que el Café Español se encontraba apartado del centro (tomando como referencia la Puerta del Sol). Por esta razón era éste un café tranquilo y para que dejase de serlo su dueño, en el año 1868, solicitó permiso para dar funciones dramáticas en su interior y conciertos, durante las noches que no hubiera función en el Real. 

Fuente: ABC (1904)
Interior del Café Español.

Se puede decir del Español que fue un café romántico, tal vez el último de Madrid. Concentraba tertulias de escritores que cada 13 de febrero rendían un sentido homenaje a Mariano José de Larra (1809-1837), vecino de la cercana calle de Santa Clara donde se había quitado la vida con un disparo en la sien. También los hermanos Machado (Antonio, Manuel y Pepe, pintor y el más pequeños de los tres) tuvieron allí su tertulia, antes de trasladarla al Café Varela de la calle de Preciados.

En el año 1909 fue contratado como pianista el maestro Zacarías López Debesa “El músico ciego”. (Sobre sus conciertos diarios en este café había opiniones diversas). Dotado de una habilidad innata para la música y de una prodigiosa memoria para retener todas las partituras de su extenso repertorio, Zacarías llegó a ser premio extraordinario fin de carrera del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en el año 1908. Invidente casi desde su nacimiento, era también compositor y profesor de la Escuela Municipal de Ciegos.

Fuente: jotdown.es (1908).
Imagen estereoscópica de la plaza de Isabel II en la que se aprecia la parte trasera del Teatro Real.

La fiesta y manifestación del 1º de mayo de 1911 tuvo como punto de partida la plaza de Isabel II, que se llenó de trabajadores con sus banderas y estandartes, siendo el grupo más numeroso el formado por la Sociedad “El Trabajo”, de albañiles, que fueron a colocar su enseña sobre la puerta del Café Español. A las 10 horas comenzó la manifestación de las cuarenta y seis sociedades allí reunidas, siendo mucho más numerosa que en años anteriores. 

Los dirigentes socialistas Pablo Iglesias Possé (1850-1925) y Francisco Largo Caballero (1869-1946) acudieron a la nutrida manifestación en la que un orfeón y un coro de niños interpretaron, entre otros, “La Internacional” y “La Marsellesa de la Paz” el himno socialista compuesto por Julián Laiseca en el año 1900 y hoy olvidado.

Fuente: ABC (1935). Fotografía: M.R.Giménez (2015).
A la izquierda aparece la fachada del Café Español cuando cerró sus puertas. A la derecha, el mismo lugar en la actualidad.

Andando el tiempo, a comienzos de los años treinta del siglo pasado, un nuevo dueño vino a acometer reformas en el Café Español con el fin de modernizar sus instalaciones que, al parecer, no habían sufrido alteración desde que se abrió el negocio. Calixto Velarde, que así se llamaba este propietario, decidió que el Español debía estar ajustado a los adelantos y exigencias de la vida moderna, pero sin perder su peculiaridad y clasicismo. Así dotó a su negocio de nuevos lavabos, calefacción, cambió los terciopelos rojos de sus divanes por pana labrada, ocultó las pinturas de sus techos y paredes bajo una capa blanca y despidió al pianista ciego Zacarías, de quien tanto se quejaban los tertulianos. 

La nueva y casi aséptica apariencia del Español, que seguía manteniendo tertulias como la del director y fundador de la Banda Municipal de Madrid, Ricardo Villa González, atrajo también a una aparición mariana.

El día 22 de diciembre de 1934 Antonio, echador de café hasta entonces, cuando se dirigió a la bodega del establecimiento para sacar el género encontró un cuadro de la Virgen lactando al Niño enterrado entre la arena del suelo. Rápidamente un cura, varios caballeros y otras tantas damas organizaron un altar con flores y velas en el interior de la cueva, junto a la pintura, prohibiendo la entrada de aquellos curiosos que no aportasen algún donativo aduciendo que el respeto a la aparición sagrada debe primar sobre todo lo demás.

La autoridad eclesiástica mantuvo en reserva su opinión respecto a la milagrosa aparición obrada en la cueva del Español, mientras los parroquianos de toda la vida iban abandonando el café alegando que huele a cera, a caballeros ensotanados y a sacristía. 

Este fue el triste final del Café Español que, tras más de ochenta años de vida, cerró definitivamente en el mes de abril de 1935. Su local sería ocupado, dos meses después, por unas oficinas de cobranza de células personales que pagaban un alquiler de 800 pesetas mensuales. 

Años después el número 1 de la calle de Carlos III sería sede de una prestigiosa tienda de artículos musicales. Hoy es un bazar de recuerdos turísticos.



Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
“Del Guernikako Arbola a La Marsellesa de la Paz. Música, política e ideología en Vizcaya (1874-1914)” María Nagore Ferrer.  
prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es
Jotdown.es
Es.wikipedia.org

viernes, 23 de enero de 2015

CAFÉ DE SAN MIGUEL, DE LA CALLE MAYOR.

El Café de San Miguel vino a inaugurarse durante los primeros años ochenta del siglo XIX en la plaza de San Miguel, número 2, esquina con la calle Mayor, de Madrid. Esta plaza aún acogía al confuso y antiestético amontonamiento de puestos de diferentes clases y dimensiones en que se había convertido el viejo mercado sin techar, que proyectó en el año 1835 Ricardo Joaquín Henrí; el mal olor de los alimentos perecederos, sobre todo en época de verano, generó desde el principio de su existencia un gran número de protestas entre los vecinos, que exigían reemplazarlo por un edificio cerrado. Así vino a edificarse el actual mercado de San Miguel, obra del arquitecto Alfonso Dubé Díez, que fue inaugurado en su totalidad el día 3 de mayo de 1916.

Fuente: Diariodesing.com (aprox. años 40)
Fachada del Mercado de San Miguel.

El de San Miguel no era un café económico como los que se habían establecido dentro del mercado, pero tampoco lo era de tertulias conocidas debido a su situación “alejada del centro”, tomando como referencia la Puerta del Sol. 

Fuente: Mcu.es - archivo Conde de Polentinos. (Recorte de fotografía) (aprox. años 10)
Desfile de tropas por la calle Mayor. El edificio central de la foto fue derruido y a su izquierda aparece uno de los arcos de la Plaza Mayor, correspondiente a la calle de Ciudad Rodrigo. 

Hilarión Escudero habría sido el primer propietario del Café de San Miguel. Siempre empeñado en hacer de su negocio un lugar tranquilo, no lo tuvo fácil al ser éste un sitio de paso hacia el contiguo mercado; numerosas reyertas se produjeron en el interior o en la misma puerta del café, detenciones por no abonar las consumiciones y hasta un crimen evitado. Todo ello hizo que el San Miguel fuera protagonista de varias noticias en la página de sucesos de la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Fuente: Nicolas1056. Colección Salvador Alcázar (1908)
Puestos callejeros del antiguo Mercado de San Miguel. A la izquierda se aprecia la fachada del Café de San Miguel por el lado de la plaza.

Era el día 2 de julio de 1907 cuando un hombre de raza gitana, llamado Eduardo, se presentó en el Gobierno Civil manifestando: Estoy encargado de degollar a una mujer. 

Tras la estupefacción inicial del policía, el hombre pasó a relatar esta historia: Allá por el mes de Mayo último, un caballero amigo mío llamado Francisco, hombre ordinario, aunque de posición, con más años que el Peñón de la Gomera, pero enamorado como Cupido, me quiso jonjabar para un negocio en que me jugaba el pescuezo con el buchí.

El joven tenía por negocio la venta de caballerías, pero las cosas no le iban demasiado bien y el viejo don Francisco lo sabía. Así, le propuso ganar 1.200 pesetas por lisa y llanamente quitarme de en medio un estafermo. Mi mujer. 

Pero siguiéndole la corriente y haciéndole creer que estaba propicio a realizar el negocio intenté cerrar el trato, contaba el joven Eduardo. Le dije que estaba dispuesto a todo en cuanto viera los «archenes» (dinero), pero el gachón no soltaba prenda. Yo, la verdad, quería sacarle los «conquibus», pá luego darle esquinazo.

El anciano había propuesto a Eduardo que sorprendiera a la mujer de noche y en su casa, para degollarla. 

El gachó, que es un «caña» más largo que un día sin pan, intentaba casarse después, a pesar de sus setenta años, con un cariño que tiene más bonito que la Custodia.

El policía puso los hechos en conocimiento de su superior y ambos acordaron que el joven Eduardo concertara un encuentro con don Francisco en el Café de San Miguel, mientras un inspector y un agente de Investigación observaban de incógnito la escena. 

El crimen quedó concertado, pero Eduardo discrepaba con el inductor del asesinato respecto al arma que debía utilizarse.

Rechazo las armas blancas, me aterra la sangre. Mejor será que emplee el veneno, alegó Eduardo.

Eso puede no ser activo. Es preferible una navaja barbera; de un tajo bien dirigido se acaba todo, contestó don Francisco.

¡Calle usted, arma mía! Tengo yo aquí un veneno… mire usted… (y le mostró un frasco de agua y vinagre) que en cuanto lo pruebe no dice ni pío.

Los dos hombres llegaron por fin a un acuerdo, tras el que Eduardo se despidió del viejo diciendo: Hecho está. ¡Permita María Santísima que si deshace usté el trato se le meta un alacrán por la pantorrilla izquierda!

Fue entonces cuando los policías cayeron como dos bombas sobre don Francisco, mientras el gitano lanzaba una carcajada estridente. Ambos fueron conducidos al Gobierno Civil y, tras el atestado correspondiente, ingresaron en el Juzgado de Guardia. Eduardo repitió ce por be todo cuanto ya había manifestado y quedó libre de culpa. Don Francisco adujo que en un principio su esposa también le había querido asesinar. Acto seguido ingresó en la cárcel.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada actual de lo que fue el Café de San Miguel, en la calle Mayor.

En el año 1911 el Café de San Miguel era propiedad de Siardo Rodríguez Solano, quien decidió convertirlo en restaurant a la carta y dotarlo de billares. Con el fin de transformar su negocio en un lugar más selecto intentó organizar tertulias y lo dotó de un piano para sus conciertos nocturnos. 

Con el tiempo este Café introdujo, además de orquestas que diariamente tocaban desde las 2,30 horas a 5 de la tarde y de 9,30 horas a 12 de la noche, sesiones de cinematógrafo durante los domingos y un juego del tiro al blanco.

Fuente: B.N.E. (25.12.1914).

Después del año 1915 desaparecen los anuncios y las noticias en prensa del Café de San Miguel. El local fue dividido y hoy lo ocupan varios establecimientos.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Diariodesing.com
Mcu.es (Archivo conde de Polentinos)
Nicolás1056 (Colección Salvador Alcázar)
“Balcones, caminos y glorietas de Madrid. Escenas y escenarios de ayer y hoy” Carmen Santamaría.
Urbancidades.wordpress.com