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viernes, 23 de enero de 2015

CAFÉ DE SAN MIGUEL, DE LA CALLE MAYOR.

El Café de San Miguel vino a inaugurarse durante los primeros años ochenta del siglo XIX en la plaza de San Miguel, número 2, esquina con la calle Mayor, de Madrid. Esta plaza aún acogía al confuso y antiestético amontonamiento de puestos de diferentes clases y dimensiones en que se había convertido el viejo mercado sin techar, que proyectó en el año 1835 Ricardo Joaquín Henrí; el mal olor de los alimentos perecederos, sobre todo en época de verano, generó desde el principio de su existencia un gran número de protestas entre los vecinos, que exigían reemplazarlo por un edificio cerrado. Así vino a edificarse el actual mercado de San Miguel, obra del arquitecto Alfonso Dubé Díez, que fue inaugurado en su totalidad el día 3 de mayo de 1916.

Fuente: Diariodesing.com (aprox. años 40)
Fachada del Mercado de San Miguel.

El de San Miguel no era un café económico como los que se habían establecido dentro del mercado, pero tampoco lo era de tertulias conocidas debido a su situación “alejada del centro”, tomando como referencia la Puerta del Sol. 

Fuente: Mcu.es - archivo Conde de Polentinos. (Recorte de fotografía) (aprox. años 10)
Desfile de tropas por la calle Mayor. El edificio central de la foto fue derruido y a su izquierda aparece uno de los arcos de la Plaza Mayor, correspondiente a la calle de Ciudad Rodrigo. 

Hilarión Escudero habría sido el primer propietario del Café de San Miguel. Siempre empeñado en hacer de su negocio un lugar tranquilo, no lo tuvo fácil al ser éste un sitio de paso hacia el contiguo mercado; numerosas reyertas se produjeron en el interior o en la misma puerta del café, detenciones por no abonar las consumiciones y hasta un crimen evitado. Todo ello hizo que el San Miguel fuera protagonista de varias noticias en la página de sucesos de la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Fuente: Nicolas1056. Colección Salvador Alcázar (1908)
Puestos callejeros del antiguo Mercado de San Miguel. A la izquierda se aprecia la fachada del Café de San Miguel por el lado de la plaza.

Era el día 2 de julio de 1907 cuando un hombre de raza gitana, llamado Eduardo, se presentó en el Gobierno Civil manifestando: Estoy encargado de degollar a una mujer. 

Tras la estupefacción inicial del policía, el hombre pasó a relatar esta historia: Allá por el mes de Mayo último, un caballero amigo mío llamado Francisco, hombre ordinario, aunque de posición, con más años que el Peñón de la Gomera, pero enamorado como Cupido, me quiso jonjabar para un negocio en que me jugaba el pescuezo con el buchí.

El joven tenía por negocio la venta de caballerías, pero las cosas no le iban demasiado bien y el viejo don Francisco lo sabía. Así, le propuso ganar 1.200 pesetas por lisa y llanamente quitarme de en medio un estafermo. Mi mujer. 

Pero siguiéndole la corriente y haciéndole creer que estaba propicio a realizar el negocio intenté cerrar el trato, contaba el joven Eduardo. Le dije que estaba dispuesto a todo en cuanto viera los «archenes» (dinero), pero el gachón no soltaba prenda. Yo, la verdad, quería sacarle los «conquibus», pá luego darle esquinazo.

El anciano había propuesto a Eduardo que sorprendiera a la mujer de noche y en su casa, para degollarla. 

El gachó, que es un «caña» más largo que un día sin pan, intentaba casarse después, a pesar de sus setenta años, con un cariño que tiene más bonito que la Custodia.

El policía puso los hechos en conocimiento de su superior y ambos acordaron que el joven Eduardo concertara un encuentro con don Francisco en el Café de San Miguel, mientras un inspector y un agente de Investigación observaban de incógnito la escena. 

El crimen quedó concertado, pero Eduardo discrepaba con el inductor del asesinato respecto al arma que debía utilizarse.

Rechazo las armas blancas, me aterra la sangre. Mejor será que emplee el veneno, alegó Eduardo.

Eso puede no ser activo. Es preferible una navaja barbera; de un tajo bien dirigido se acaba todo, contestó don Francisco.

¡Calle usted, arma mía! Tengo yo aquí un veneno… mire usted… (y le mostró un frasco de agua y vinagre) que en cuanto lo pruebe no dice ni pío.

Los dos hombres llegaron por fin a un acuerdo, tras el que Eduardo se despidió del viejo diciendo: Hecho está. ¡Permita María Santísima que si deshace usté el trato se le meta un alacrán por la pantorrilla izquierda!

Fue entonces cuando los policías cayeron como dos bombas sobre don Francisco, mientras el gitano lanzaba una carcajada estridente. Ambos fueron conducidos al Gobierno Civil y, tras el atestado correspondiente, ingresaron en el Juzgado de Guardia. Eduardo repitió ce por be todo cuanto ya había manifestado y quedó libre de culpa. Don Francisco adujo que en un principio su esposa también le había querido asesinar. Acto seguido ingresó en la cárcel.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada actual de lo que fue el Café de San Miguel, en la calle Mayor.

En el año 1911 el Café de San Miguel era propiedad de Siardo Rodríguez Solano, quien decidió convertirlo en restaurant a la carta y dotarlo de billares. Con el fin de transformar su negocio en un lugar más selecto intentó organizar tertulias y lo dotó de un piano para sus conciertos nocturnos. 

Con el tiempo este Café introdujo, además de orquestas que diariamente tocaban desde las 2,30 horas a 5 de la tarde y de 9,30 horas a 12 de la noche, sesiones de cinematógrafo durante los domingos y un juego del tiro al blanco.

Fuente: B.N.E. (25.12.1914).

Después del año 1915 desaparecen los anuncios y las noticias en prensa del Café de San Miguel. El local fue dividido y hoy lo ocupan varios establecimientos.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Diariodesing.com
Mcu.es (Archivo conde de Polentinos)
Nicolás1056 (Colección Salvador Alcázar)
“Balcones, caminos y glorietas de Madrid. Escenas y escenarios de ayer y hoy” Carmen Santamaría.
Urbancidades.wordpress.com

viernes, 9 de enero de 2015

PROYECTO DEL PASAJE COMERCIAL DE GRASES, ENTRE LAS CALLES DE ALCALÁ Y MONTERA.

Esta es la historia de un pasaje comercial de aspecto suntuoso y carácter semi-monumental, que nunca fue construido. Habría llevado el nombre de Pasaje Comercial desde la calle de Alcalá, frente a la de Sevilla, hasta la Red de San Luis (calle de la Montera) atravesando las de Jardines y de la Aduana y fue un proyecto del arquitecto José Grases Riera presentado en el año 1901.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901)
Dibujo 1*. Proyecto de los accesos principales al Pasaje de Grases.  

El arquitecto José Grases Riera (1850-1919) fue también el artífice de edificios como el hoy destrozado Palacio de la Equitativa y la Casa del New Club, ambos situados en la calle de Alcalá de Madrid.

La ley de Reforma Interior y Mejora de las Grandes Poblaciones del año 1895 preveía la necesidad de eliminar viejas casas y estrechas calles, en pos de la salubridad de sus habitantes. El hacinamiento de una población que aumentaba rápidamente en el Madrid de principios del siglo XX (hasta los 500.000 habitantes) y desprendía demasiados gases mefíticos con sus aglomeraciones, fue la justificación para proponer el proyecto de este Pasaje Comercial que, de haberse construido, hubiera supuesto el derribo de 51 edificios que en su mayor parte alojaban a inquilinos de clases trabajadoras en las calles de la Montera, Jardines y Aduana, en pos de una vía corta que reduciría la distancia entre la Red de San Luis y la calle de Alcalá. El nuevo Pasaje habría estado conformado por 14 suntuosas casas provistas de los más modernos adelantos vistos hasta entonces: calefacción, ascensores, sistema telefónico, tuberías-vertedero para la recogida de basuras y seguridad con vigilancia diurna/nocturna, además de contar con timbres de alarma para emergencias.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto para el emplazamiento del Pasaje de Grases y las casas que deberían ser derribadas.

Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900). Plano de Facundo Cañada.
El Pasaje de Grases estaba incluido en las nuevas obras a realizar para el Madrid del incipiente siglo XX.

El Pasaje Comercial de Grases habría tenido una extensión superficial de 13.987’95 m2. y hubiera estado formado por tres tramos con dos entradas principales, una en la calle de Alcalá (donde hoy se encuentra el Casino de Madrid) y otra casi al final de la calle de la Montera (actual número 48) sirviendo como comunicación directa entre la Red de San Luis y la calle de Sevilla, sin pasar por la Puerta del Sol para evitar aglomeraciones.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
A la izquierda, fachada del Casino de Madrid y a la derecha el final de la calle de la Montera. Principio y final de lo que hubiera sido el Pasaje de Grases.

La nueva vía estaba destinada sólo al tránsito del público, en forma de salón prolongado y con techo cubierto, dedicada exclusivamente a un uso comercial y hubiera tenido una anchura de 9 metros. Los edificios de sus laterales, con una altura de 18 metros de fachada, contarían con piso bajo, entresuelo, principal, segunda y tercera planta, por debajo de la que se hubiesen colocado los soportes de la cubierta del Pasaje, armada de hierro y cristal. 

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto del interior del Pasaje de Grases, con el techo cubierto por hierro y cristal.

Para el ingreso al Pasaje por la calle de Alcalá se pensó en el terreno que por entonces ocupaban los inmuebles números 13 y 15 de dicha vía, luego adquiridos para levantar el Casino de Madrid (1910). 

Fuente: Memoriademadrid.es (1907 aprox.).
Las casas número 13 y 15 de la calle de Alcalá, donde luego se levantaría el Casino de Madrid, aparecen remarcadas.

En el centro de esta monumental entrada se abriría un pórtico de tres arcos y dos filas de columnas (dibujo 1*), semejante al acceso por la calle de la Montera. Las uniones del Pasaje a la altura de las calles de los Jardines y de la Aduana serían tan monumentales como las anteriores, pero sustituyendo los arcos por platabandas o dinteles.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto de las fachadas que hubieran servido de unión entre las calles de Jardines y Aduana, en el interior del Pasaje de Grases.

Para las tres galerías o calles peatonales se proyectó una cubierta con claraboyas armadas de hierro y cristal, dispuestas de manera que guarden el pasaje de los agentes atmosféricos y no impidan su ventilación. Por la parte superior irían cañerías que dejarían correr el agua por toda la superficie exterior, con el fin de refrescar tanto el cristal como el ambiente durante los veranos. En el proyecto se exponía la posibilidad de suprimir el techo de cristal si los comerciantes que se establezcan en el Pasaje así lo decidieran.

Al ser un espacio diseñado para uso comercial los pisos bajos y los entresuelos se proyectaron diáfanos, con columnas de hierro, para que cada establecimiento pudiese acomodar sus necesidades al espacio existente. Todas las tiendas tendrían un sótano, situado en el subsuelo del Pasaje.

Los pisos tercero y cuarto de los edificios estarían destinados a viviendas de lujo, revistiendo sus fachadas con estucos y elementos decorativos hechos con piedra artificial. Para el solado de las habitaciones se planteó el uso del baldosín hidráulico y del mármol. Además, cada una de las estancias principales de las viviendas vendrían dotadas de relojes electrónicos, cuya hora será la misma que la del reloj de origen colocado en uno de los puntos principales del Pasaje.

El proyecto del Pasaje Comercial de Grases comenzó su tramitación oficial en el año 1897 y fue firmado por la reina regente María Cristina, concediendo su autorización, en el mes de noviembre de ese mismo año. Seis meses después se publicó el edicto llamando a los propietarios de las casas a derruir para ser indemnizados, si a ello tenían derecho. El 19 de marzo de 1901 el Ayuntamiento de Madrid aprobó el proyecto.

Varios fueron los motivos por los que el Pasaje Comercial de Grases no se llegó a realizar. En el año 1903 la sociedad de “El Casino de Madrid” ya había adquirido las casas correspondientes a los números 13 y 15 de la calle de Alcalá y tenía confeccionado el proyecto para levantar su nuevo edificio. Esto hizo modificar el trazado previsto para el Pasaje y emplazar su nueva entrada de la calle de Alcalá en el chaflán de la esquina de la calle de los Peligros, donde se hallaba situado el famoso Café de Fornos, a lo que su dueño se negó de forma rotunda. Entonces se planteó la posibilidad de situar el acceso más abajo de la iglesia de las Calatravas, en la siguiente manzana, lo que hubiese afectado a un mayor número de edificios incrementando significativamente el coste de las expropiaciones. 

Por aquellas fechas se estaba realizando otro proyecto de gran envergadura, que modificaría verdaderamente la fisonomía del centro de Madrid. La Gran Vía, dividida inicialmente en tres tramos (avenida del Conde de Peñalver, Bulevar de Pi y Margall y Avenida de Eduardo Dato) iba a conseguir hacerse con los recursos destinados a la realización del pequeño, en comparación, Pasaje Comercial de Grases, cuyo proyecto fue definitivamente rechazado por el Ayuntamiento en el año 1905 por veintiocho votos en contra y veinticinco favorables.



Fuentes:

“Pasaje Comercial desde la calle de Alcalá, frente a la de Sevilla, hasta la Red de San Luis (calle de la Montera) atravesando las de Jardines y de la Aduana” de José Grases Riera.
Bdh-rd.bne.es
Hemeroteca B.N.E.
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es. Plano Facundo Cañada
Memoriademadrid.es
Es.wikipedia.org

Prensahistorica.mcu.es

miércoles, 31 de diciembre de 2014

FELIZ AÑO NUEVO.

A TODOS LOS QUE VAIS O VENÍS, ESTÁIS O ESTARÉIS EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO...

ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID DESEA PARA VOSOTROS UN MARAVILLOSO AÑO 2015.



Fotografía: M.R.Giménez (2014)

Sirena de Antonio Coll Pi -1922- situada en el estanque de El Retiro de Madrid.



viernes, 19 de diciembre de 2014

CAFÉ LION D’OR Y EL EDIFICIO DE LA GRESHAM DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Eran los años finales del siglo XIX cuando en la calle de Alcalá, entonces número 38 y hoy 18, abrió al público como cervecería el Lion d’Or, la más elegante de Madrid.

Fuente: Archivo Ruiz Vernacci. Mcu.es (años 40 del siglo XX). Fragmento de la fotografía.
Café Lion d'Or entre el Teatro Al"c"azar y el Banco de Vizcaya.


Propiedad de la familia Gallardo (al igual que el Café Lion de la calle de Alcalá, número 59, que abriría en el año 1931), el Lion d’Or acometió una gran obra de remodelación para convertirse en café y fue de nuevo inaugurado durante los primeros días del año 1906. Decorado al estilo Luis XV era tan suntuoso como severo en sus frisos, cenefas y lámparas para el alumbrado eléctrico. Sus muros estaban adornados por tapices de exquisita factura, con escenas de caza destacadas sobre un fondo de terciopelo rojo. Mesas de mármol de Mañaria (Vizcaya), jaspeado en blanco y negro sobre las que se colocaban las consumiciones en servicios de plata.

Fuente: B.N.E. (1933)
Aspecto de la terraza del Café Lion d'Or.

Poco a poco, lo que comenzó despachando cerveza se fue convirtiendo en uno de los cafés más importantes Madrid por el que pasarían las tertulias de los miembros de la Generación del 98, primero, y de la Generación del 27, después. Tal vez la tertulia que más renombre obtuvo en el café Lion d’Or fue la de los Humoristas, compuesta por escritores, dibujantes y pintores como José Francés “Silvio Lago”, Juan Alcalá del Olmo, Leal de la Cámara, Ramón Manchón Herrera, Tomás y Aurora Gutiérrez Larraya, Manuel Bujados, Pedro Antequera Azpiri, Ricardo García López “K-Hito”, Enrique Estévez-Ortega, “Tito”, Ricardo Marín, Pepito (José) Zamora, Enrique Ochoa, Germán Gómez de la Mata y Daniel Vázquez Díaz, entre otros. Todos ellos pasarían después al café Gijón, luego, en el año 1923, al café Jorge Juan y posteriormente a los bajos del Hotel Nacional en una reunión semanal e inalterable que tenía lugar todos los jueves.

Fuente: B.N.E. (1928)
Caricatura de Enrique Estévez-Ortega, uno de los integrantes de la tertulia de los Humoristas.

En el año 1903 la compañía de seguros Gresham Life Assurance Society Limited, se instaló en el edificio de la calle de Alcalá en el que se hallaba ubicado el Café Lion d’Or. Colocaría un gran cartel sobre su tejado y el inmueble pasaría a ser conocido como la casa o El Edificio de La Gresham.

Fuente: B.N.E. (1921)
Edificio de La Gresham durante la construcción del teatro (izquierda) y del banco (derecha). 

Corría el año 1921 mientras la casa de La Gresham se encontraba en medio de dos grandes edificios en construcción: El banco de Vizcaya y el teatro Alkazar (que cambiaría la “k” por la “c” en el año 1940). En la edificación del teatro la cimentación entró por debajo de la casa Gresham, en la parte de la medianería, y a media tarde del sábado 26 de marzo de 1921, cuando el Café Lion d’Or contaba con más afluencia de público, provocó el hundimiento de su suelo.

Durante las semanas anteriores a este suceso, los vecinos del edificio de La Gresham habían percibido ciertos temblores en las paredes, habiéndolo comunicado al propietario que, acompañado de un técnico y tras inspeccionar el inmueble, afirmó que no existía peligro. Las obras siguieron adelante.

Fuente: B.N.E. (1921)
La fotografía recoge el hundimiento del edificio de La Gresham por el lado del café Lion d'Or, cuyo muro era de arcadas e incapaz de ejercer contención.

El hundimiento se produjo por la filtración de una vía de agua que pasaba por debajo del café, motivando el reblandecimiento de la tierra arenisca que no estaba contenida por el muro de arcadas del edificio. Los parroquianos del Lion d’Or fueron engullidos por el enorme socavón junto a escombros, mesas, sillas y demás servicios del local.

Rápidamente se organizaron trabajos de rescate, mientras se avisaba a los bomberos. Tres de los clientes presentaban un estado de enorme gravedad y uno de ellos fallecería un mes más tarde. El edificio de La Gresham fue desalojado de inmediato y se acordonó ese tramo de la calle de Alcalá, interrumpiendo la circulación a vehículos y peatones.

Fuente: B.N.E. (1921)
Viñeta aparecida en prensa cuando se apuntaló el edificio de La Gresham, prohibiendo el paso por la zona.

El arquitecto del edificio de La Gresham, Celestino Aranguren Alonso, ya se había opuesto tenazmente a la realización de las obras del futuro teatro Alkazar fundándose en que constituían un peligro para la citada casa, construida por él. Tras producirse el hundimiento se trasladó al lugar para reconocer las causas del accidente y, una vez evaluado el siniestro, falleció de un ataque de asistolía en el interior del coche que lo llevaba a su domicilio. Fue sustituido por el arquitecto Antonio Ferreras Posadillo.

Al desalojar la casa se vio que el hundimiento había provocado un boquete de tres metros de extensión por el que los heridos se habían precipitado a diez metros de profundidad, cayendo al sótano del café. 

Una semana después del siniestro los peritos encargados de evaluar el estado del edificio concluyeron en la necesidad de su demolición. Por entonces seguía cortado el paso de la calle de Alcalá y también el de la calle de Sevilla, lo que provocaba grandes trastornos a viandantes y conductores. 

El nuevo arquitecto Ferreras quería salvar el inmueble a toda costa, a pesar de que varios nuevos temblores de la casa llegaron a dejar la esquina, donde se había producido el derrumbe, colgada sobre el vaciado que tenía una profundidad de siete metros. Se apuntaló el edificio por medio de tornapuntas y cruces de San Andrés de madera, quedando restablecido el tráfico de la zona diez días después de la catástrofe. 

Al fin el edificio de La Gresham fue salvado de la piqueta, el teatro Alkazar y el banco de Vizcaya terminaron de construirse y el Café Lion d’Or abrió sus puertas de nuevo, hasta que en el año 1963 fue sustituido por la moderna cafetería Nebraska, negocio abierto en la actualidad.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Mcu.es – Archivo Ruiz Vernacci.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

lunes, 8 de diciembre de 2014

DOS PASTELERÍAS DE MADRID: LA FLOR Y NATA y LA FAVORITA.

Algo sí ha cambiado la plaza de Celenque desde que en ella se inauguró la pastelería y confitería Flor y Nata de Madrid, aquel 5 de diciembre de 1877, ubicada frente a la casa donde vivía Práxeles Mateo Sagasta (Presidente del Consejo de Ministros entre los años 1871 y 1902).

Fuente: Fotografía de la izquierda, lahistoriadelapublicidad.com
Fotografía de la derecha de M.R.Giménez (2014)
Anuncio de la pastelería "Flor y Nata de Madrid" citando como referencia de su situación, frente a la casa del Sr. Sagasta. A la derecha, el mismo lugar en la actualidad. 

La plazuela de Celenque ya aparecía bien definida, junto a la calle del Arenal, en el plano de Madrid de Pedro Texeira del año 1656. Durante la primera mitad del siglo XIX fueron construidos dos de los tres edificios ubicados en ella y que aún perduran: los correspondientes a los números 1 y 3. El actual número 2 de esta plaza fue antes ocupado por la parte trasera del magnífico inmueble de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, en su ampliación del año 1922, que fue demolido por completo a finales de los años sesenta del siglo XX. Junto a su puerta se encontraba la pastelería Flor y Nata de Madrid.

Fuente: Urbanity.es (1934)
Edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, hoy desaparecido. En la izquierda de la fotografía se aprecia la fachada de la pastelería "Flor y Nata de Madrid", con su farola de globo.
 
La Flor y Nata de Madrid era propiedad de la sociedad compuesta por Camps y Canals, que en la siguiente década (años ochenta del siglo XIX) pasaría a denominarse Camps, Pujol y Compañía. 

El negocio abrió en el año 1877 como establecimiento de lechería y pastelería y su especialidad era confeccionar todos los dulces posibles realizados a base de nata. Pasteles helados, ramilletes de flor de nata, leche merengada a real y medio el vaso. Todos los artículos se fabricaban con leche pura de Las Navas, que también se despachaba a granel en este establecimiento.

La procedencia catalana de los dueños de la pastelería propiciaba también la venta de embutidos como el salchichón de Vich y la butifarra, además de dulces típicos como los tofells y los panellets, los deliciosos tortells (torteles), las almendras legítimas de Arenys y los azucarillos de cerveza. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (primer cuarto del siglo XX).
Interior de la pastelería "Flor y Nata de Madrid".

La pastelería y confitería Flor y Nata de Madrid se mantuvo abierta en el mismo local hasta el principio del año 2000, siendo objeto de varias remodelaciones que hicieron desaparecer toda su decoración original. Fue reemplazada por un bar-restaurante.

Fuente: Fotografía de la izquierda de Memoriademadrid.net (1912). Fotografía de la derecha de M.R.Giménez (2014)
La plaza de Celenque antes y ahora. De ella arrancaba la calle de Mariana Pineda, hoy llamada del Maestro Victoria. 

Otra de las preciosas pastelerías del centro de Madrid se ubicaba en la calle de la Montera, esquina con la del Caballero de Gracia y llevaba el título de La Favorita.

Fuente: Fotografía de la izquierda ABC.es (1908). Fotografía de la derecha de M.R.Giménez (2014).
Calle de la Montera esquina con la calle del Caballero de Gracia, antes y ahora. 

Ya hay noticias de la existencia de la repostería y pastelería La Favorita en la prensa del año 1905, cuando allí se vendía el café tostado de “Las tres coronas” a 6 pesetas el kilo y llevaba en todos los paquetes instrucciones para hacerlo.

Su dueño, el industrial Honorato del Río Bengoechea, tenía abierto otro establecimiento café-bar llamado Viña H en la cercana calle de Fuencarral.

Fue el día 10 de octubre de 1908 cuando vino a inaugurarse el espléndido nuevo local de La Favorita, que había agrandado el negocio con un precioso salón para buffet y repostería en sus entresuelos.


Fuente: ABC.es (1908).
Interior del salón para buffet inaugurado en los entresuelos de la pastelería "La Favorita".

La espléndida decoración del local fue llevada a cabo por los pintores Daniel Perea Rojas (conocido dibujante y pintor de temas taurinos) y Demetrio López Vargas (que se haría muy popular por sus dibujos de mujeres con largas y torneadas piernas así como por la creación de los personajes infantiles “Lolín y Bobito”).

Fuente: B.N.E. (1912)
Anuncio publicado en la prensa.

El nuevo salón tenía acceso independiente por el portal de la casa número 2 de la calle del Caballero de Gracia, esquina a la de Montera y contaba con mesas rectangulares de mármol de Italia con cantoneras biseladas y enormes espejos en sus paredes. En él se servían los mismos géneros que en la tienda, al mismo precio, siendo su especialidad los pollos asados, a cuatro pesetas.

Los últimos anuncios en prensa de la pastelería La Favorita se corresponden con los primeros años treinta del siglo pasado. Después, el local se convirtió en una tienda de hules y gomas. En la actualidad es una sala de fiestas y copas.




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca del ABC
ABC.es
Memoriademadrid.es
Lahistoriadelapublicidad.com
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
Viejo-Madrid.es
Urbanity.es
Es.wikipedia.org

lunes, 24 de noviembre de 2014

EL BAR CHUMBICA Y LA FUENTE DE LOS CUATRO CAMINOS.

Cuando en los años ochenta del siglo XIX Julián Sanz estableció su tienda de ultramarinos en la glorieta de los Cuatro Caminos, número 2 (que hoy se corresponde con el nº 8) esquina con la calle de los Artistas, esta zona de Madrid aún no sospechaba la importante expansión que se disponía a alcanzar tan solo tres décadas después. La actual avenida de la Reina Victoria era por entonces un pequeño camino llamado ronda de Aceiteros, la calle de Raimundo Fernández Villaverde era la ronda del Ensanche y la calle de Bravo Murillo se denominaba calle de la Mala de Francia, hasta la glorieta, y carretera de Irún en su parte norte.

Se puede decir que en esa época Madrid terminaba en la glorieta de los Cuatro Caminos, zona de enormes descampados, con míseras viviendas construidas por sus propios dueños y surcada por acequias de riego, pero pronto sería el lugar elegido para instalar el final de la primera línea del Metropolitano de Madrid - Sol/Cuatro Caminos - con sus cocheras (1919) y para levantar el conjunto de edificios más alto construido hasta entonces, denominados Titánic (1920-1923) por la forma de sus chimeneas y propiedad de la Compañía Urbanizadora Metropolitana. 

A mediados de la década de los años diez del siglo pasado Julián Sanz, aquel propietario de los ultramarinos del que hablamos al principio, vino a inaugurar el bar más afamado de la glorieta de los Cuatro Caminos titulado Bar Chumbica.

Fotografía: Amigos de Tetuán de las Victorias.
El bar Chumbica de la glorieta de los Cuatro Caminos en la segunda década del siglo XX.

El Chumbica era el bar con mejor situación de la glorieta de los Cuatro Caminos y servía también como centro de conexión para las ventas y compras más relevantes de las gentes del barrio y alrededores. Coches, casas, muebles, traspasos de locales, alquiler de habitaciones, etc. Cualquiera que tuviese algo que mercar se dirigía a este establecimiento para conseguir contactos.

Fuente: B.N.E. (1930)
Anuncio en prensa del Bar Chumbica.

Situado en una casa baja de la glorieta, que hacía esquina con el número 101 de la calle de Bravo Murillo, el bar Chumbica estaba dotado de una gran terraza-merendero y era famoso por sus bajos precios. Lo más barato de su menú era el vaso de recuelo con puntas (café cocido por segunda vez y restos de pan) al precio de 10 céntimos de peseta, en los años veinte del siglo pasado. 

Fuente: B.N.E. (1915)
Terraza del Bar Chumbica.

Un pavoroso incendio tuvo lugar en el inmueble del Chumbica el día 7 de enero de 1920, época en que el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien cambiar la denominación de la glorieta, que pasó a llamarse de Ruiz Giménez durante más de una década. El bar compartía el edificio, de una sola altura, con el restaurante “La Perla” y con una droguería. Mientras los dependientes de ésta última se hallaban realizando un preparado especial para suelos de madera, una chispa provocó la inflamación del producto y todo salió ardiendo. Los vecinos del barrio formaron una fila desde la droguería hasta la mitad de la calle de Bravo Murillo y fueron sacando los géneros de las tres tiendas. Uno de los testigos del siniestro fue Alfonso XIII, que detuvo su automóvil de dos asientos, descendió y se puso a curiosear.

Las pérdidas materiales fueron cuantiosas pero, por fortuna, no hubo daños personales. 

A finales del año 1926 el teléfono automático llegó también a Cuatro Caminos. La Compañía Telefónica Nacional de España, fundada dos años antes, invitaba por entonces a sus abonados a aprender el manejo de los aparatos e instaló mesas en varios locales de Madrid, con el fin de realizar sus demostraciones. Uno de los elegidos fue el Bar Chumbica, donde entre las 9,30 a 13,30 y 15,30 a 10 horas todos los días, incluso festivos, empleados de la compañía enseñaban el funcionamiento de los nuevos artilugios.

Fuente: Amigos de Tetuán de las Victorias (años 20 del siglo XX).
Vista aérea de la glorieta de los Cuatro Caminos. En la parte superior se aprecia parte de los edificios Titánic y junto al primero la terraza y el edificio del Bar Chumbica.

El bar Chumbica pasó a manos de Régulo Finol a principios de la década de los años treinta del siglo XX, quien modernizó el local. Además de su café expréss uno de los mejores de Madrid, el nuevo Chumbica ofrecía cerveza fresca y con excelente presión, desayunos inmejorables y la más escrupulosa higiene. Recibió quejas de los vecinos, en un artículo publicado en la prensa con el título “Contra los pulmones y la higiene”, por los olores y la humareda que producía su nueva máquina americana especial para confeccionar postres diferentes, que en realidad debía tratarse de una gran freidora. 

Fuente: Andrés Molina González. Amigos de Tetuán de las Victorias (1934)
Frente a la puerta del Bar Chumbica el quiosco de prensa y tras él la entrada del Metro de Cuatro Caminos.

Hasta el año 1957 el Chumbica se mantuvo abierto en la glorieta de los Cuatro Caminos, siempre con el eterno quiosco de prensa frente a su puerta. Hoy su edificio ya no existe; fue reemplazado por enormes inmuebles para oficinas en la década de los años sesenta del siglo pasado, cuando también se construyó el “scalextric” que atravesaba la glorieta y que, por fortuna, pasó a mejor vida en el año 2004.

Canal Youtube de M.R.Giménez
Fuente de Isabel II - La fuente viajera.
Música: "Dance of the selves" (Sunrise) de Fabio Confalone.


En el centro de la glorieta de los Cuatro Caminos hubo una fuente con historia, que no estuvo exenta de ajetreo. Conocida con el nombre de Fuente de Isabel II, fue proyectada por Juan Aranguren para celebrar la inauguración de las Aguas del Lozoya o la llegada de un caudal suficiente para abastecer de agua a los habitantes de Madrid, por entonces cada vez más numerosos.

La fuente sería inaugurada el día 24 de junio de 1858, en su emplazamiento provisional situado en la calle Ancha de San Bernardo. De esa ubicación pasaría a ser instalada en el centro de la Puerta del Sol en el año 1862, también para festejar el final de las obras de remodelación. Posteriormente fue a parar a la glorieta de los Cuatro Caminos, donde se mantuvo desde el año 1912 hasta principios de los años treinta del siglo XX. 

La Fuente de Isabel II fue desmontada y sus elementos guardados u olvidados, a excepción del gran surtidor que podía lanzar el agua a diecisiete metros de altura y que ya formaba parte del estanque situado junto al Palacio de Cristal, en el parque del Retiro. Actualmente el pilón de esta fuente se encuentra situado en la Casa de Campo, junto a la entrada del Puente del Rey.

Fotografía: M.R.Giménez y Manuel Chamorro (2014)

La glorieta de los Cuatro Caminos es hoy un lugar por donde la gente va deprisa, entra o sale del Metro, cruza apremiada por los semáforos y se apresura para coger los múltiples autobuses que en ella tienen parada. Los bajos edificios de otros tiempos han sido prácticamente sustituidos por otros gigantescos e impersonales, cuyas fachadas envían de forma insistente mensajes que el transeúnte no suele percibir. Sólo de vez en cuando es posible sorprenderse con el anuncio de una proposición que nos sugiere optimismo, tal vez ingenuo, pero siempre bienvenido.







Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca del ABC.
Amigos de Tetuán de las Victorias-Facebook.
Bdh-rd.bne.es
Fuenterrebollo.com
Es.wikipedia.org

martes, 11 de noviembre de 2014

TASTING ROOM.

El lindísimo y elegante establecimiento denominado Tasting Room fue inaugurado como tienda de refrescos espumosos el día 24 de mayo de 1908, en el número 1 de la carrera de San Jerónimo de Madrid. Sus propietarios, Bruno Valle e Inocente Rodrigo, eran conocidos industriales madrileños.

Fuente: ABC.es (1908)
Interior del Tasting Room, a los pocos días de ser inaugurado. En su decoración predominaba el color blanco.

Este coquetón local tenía reducidas dimensiones, servía hasta veintitantas clases de exquisitos refrescos espumosos realizados con extractos de frutas y aguas filtradas, con arreglo a las más escrupulosas condiciones higiénicas y poseía los últimos adelantos de esta industria. Ofertaba zarzaparrillas, cafés, horchata, limonadas, chocolates además de cerveza, sidra y vermouth. Se hicieron famosas las especialidades de la casa: Jarabe Chartreux y Crema Victoria.

Era conocido por la baratura de sus precios y por ser uno de los negocios del ramo que no admitía propinas.

El bonito y refinado establecimiento abría únicamente en la temporada estival y se mantuvo en activo sólo durante dos temporadas. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Carrera de San Jerónimo, nº 1, en la actualidad.

Fue sustituido por la Cervecería del Rhin, que abrió sus puertas el día 23 de noviembre de 1910 y tan sólo subsistió durante poco más de un año.

Esta cervecería también ofertaba café especial, chocolates, fiambres, bocadillos y su especialidad era el bizcocho del Rhin. 

A principios del año 1911 anunciaba la degustación de tés de las más acreditadas marcas, con lecho o sin leche, desde las cinco hasta las ocho de la tarde y acompañados de galletas especiales, a un precio de 0,60 céntimos (de peseta). Otro de sus servicios era el envío de mensajes gratis a domicilio para sus clientes.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la Cervecería del Rhin correspondiente al día 7 de diciembre de 1910.

En enero del año 1912 una almoneda vendía todo el mobiliario, enseres, cristalería y metal blanco del establecimiento.





Fuentes:

ABC.es
Hemeroteca de la B.N.E.