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martes, 18 de agosto de 2015

BUFFET ITALIANO, CARRERA DE SAN JERÓNIMO, 37.

Desde finales del siglo XVI y hasta el año 1884 la parte de la carrera de San Jerónimo, donde hoy se encuentra el Congreso de los Diputados, estuvo ocupada por el Hospital de San Pedro de los Italianos y por su iglesia. Parece que ello constituiría un magnífico pretexto para albergar en sus cercanías, desde el año 1870, a uno de los restaurantes más prestigiosos de Madrid, conocido por todos como “Los Italianos” (a pesar de que su nombre real era el de Buffet Italiano), que se ubicaba en el por entonces número 32 de esta vía. Su comedor tenía el aspecto de una fonda de estación, en opinión de Ramón Gómez de la Serna que organizó en él algún banquete homenaje al comenzar el siglo XX. Allí adquieren la ilusión latina envuelta en queso y macarrones.

Como sucursal de este famoso y antiguo restaurant se inauguró en los primeros días de marzo del año 1923, en el número 37 de la carrera de San Jerónimo (que hoy se corresponde con el nº 17), el Buffet Italiano, local suntuosa y elegantemente decorado dirigido por Ricardo Piccio y nominado de igual forma que el restaurante del que era filial, situado en la acera de enfrente.

Fuente: B.N.E. (1923)
Fachada del bar Buffet Italiano en su inauguración.

El Buffet Italiano era un magnifico Bar, cuya especialidad son los cocktails-vermouth, café y chocolate, que también tenía tienda de selectos comestibles y de inmediato abriría además un gran salón comedor. Ofertaba todos sus productos como importados de Italia y de otros países, con servicio a la carta, desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del bar Buffet Italiano.

El local del Buffet Italiano ocupaba toda la planta del edificio de la carrera de San Jerónimo y tenía también un acceso por la calle de Arlabán, número 8. Fue un lugar elegido para la celebración de numerosos homenajes.

Fuente: Fundaciontelefonica.com (principio años 30 del siglo XX).
Una de las cenas homenaje celebradas en el Buffet Italiano. 

Multitud de personajes del mundo cinematográfico, de la literatura, de las artes en general y de la política fueron asiduos del bar Buffet Italiano y de su comedor. 

Una de las tertulias más animadas de este local era la conducida por el escritor y político socialista Luis Araquistáin Quevedo que junto a Juan Negrín López (quien llegaría a ser Presidente del Consejo de Ministros entre 1931 y 1939), el pintor Luis Quintanilla Isasi, el periodista y político Juan Álvarez del Vayo Ollogui, el historiador Ricardo Gutiérrez Abascal (conocido por el seudónimo de Juan de la Encina), el médico Gonzalo Rodríguez Lafora y el también escritor, además de traductor, Luis Ciges Aparicio, entre otros, tenía lugar cada sábado por la tarde.

La clientela del Buffet Italiano estaba compuesta por personas heterogéneas de la vida nacional e internacional. Y como muestra de su diversidad habrá que citar a: Federico García Lorca, Rafael Sánchez Mazas, Samuel Ros Pardo, Felipe Camino Galicia de la Rosa (León Felipe), José Moreno Villa y Felipe Sassone Suárez, entre un largo etcétera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada de lo que fue el bar Buffet Italiano, en la actualidad.

En el edificio del Buffet Italiano, construido en el año 1890, se instalaría también el Hotel Peninsular en 1929.


Fuente: Todocoleccion.net (principio años 30 del siglo XX)
El edificio del Hotel Peninsular y el Buffet Italiano.

Los dueños del Buffet Italiano y del Hotel Peninsular traspasaron estos negocios, de manera urgente, entre los años 1935 y 1936. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
El edificio donde estuvieron el Hotel Peninsular y el Buffet Italiano, en la actualidad.

El bar Buffet Italiano, con dueños diferentes, se mantuvo abierto hasta bien entrada la década de los años sesenta del siglo pasado.




Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
“Obras completas” Ramón Gómez de la Serna.
“Al final de la cabriola. Conversaciones con el pintor Luis Quintanilla” Joaquín F. Quintanilla y Consuelo Soldevilla.
Fundaciontelefonica.com
Todocoleccion.net
Es.wikipedia.org

viernes, 31 de julio de 2015

LOS ESPEJOS DE LA CALLE DEL GATO.

Entre las diversiones gratuitas en la ciudad de Madrid con las que contaban autóctonos y foráneos desde mediados del siglo XIX, tres eran las más destacadas y de imprescindible visita: ver el descenso de la bola del reloj en la Puerta del Sol, mirar los movimientos de los chinos con trenza del reloj de Canseco en la plaza del Ángel y desternillarse ante los espejos deformantes de la calle del Gato.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La calle del Gato (Álvarez Gato), en la actualidad.

Ha de comenzarse diciendo que la famosa calle del Gato tuvo este nombre hasta el año 1918, cuando se propuso en el Ayuntamiento de Madrid el cambio de su denominación por el de calle de Álvarez Gato, en alusión al poeta Juan Álvarez Gato que durante el s. XV tuvo su casa en ella. Este Gato fue descendiente de aquel soldado que durante la Reconquista, en el siglo XI, trepó con gran habilidad por las murallas de Madrid, solo auxiliado por una daga. La destreza en su escalada originó que sus compañeros le impusieran el apodo de “Gato”, que él añadiría como apellido al suyo propio. Esta anécdota daría origen al apelativo de “gatos” para todos los oriundos de Madrid capital.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).














La historia de los espejos deformantes de la calle del Gato (a la que los madrileños continuaron llamando así, a pesar del cambio en su rotulación), es muy posible que provenga de los años cuarenta del siglo XIX, cuando la Carpintería de Juan Rodríguez y su almacén de espejos vinieron a instalarse en dicha vía. 

Fuente: B.N.E. (1841)
Anuncio de la carpintería de Juan Rodríguez informando sobre la venta de espejos.

En el año 1850 otro vidriero, José Canosa, vino a reemplazar el taller de Juan Rodríguez de la calle del Gato, especializándose en lámparas fúnebres, para nichos y panteones. Con toda probabilidad fue él quien inició la saga de comerciantes que con ese apellido se mantuvo en el número 3 de esta calle hasta bien entrados los años treinta.

No es de extrañar que cualquiera de los dos vidrieros mencionados (Rodríguez o Canosa) utilizaran como reclamo para sus respectivos negocios los primeros espejos deformantes de los que tenemos noticia en esta calle. En la prensa del año 1903 se cita que las risas que provocaban sus imágenes han hecho las delicias de cuatro generaciones.

Estos espejos grotescos, mágicos o deformantes que tanto divertían a todos estaban situados en la fachada de la tienda. Eran dos de cuerpo entero, uno cóncavo y otro convexo; las carcajadas que arrancaban las grotescas reproducciones de su figura, se sucedían sin interrupción.

Fuente: B.N.E. (1905).
En este dibujo se aprecian los espejos primitivos de cuerpo entero.

Su fama en Madrid llegó hasta el punto de anunciar en la prensa su visita, sin otro objetivo que la diversión de mirarse en ellos.

Fuente: B.N.E. (1896).

Mientras tanto la familia Canosa, propietaria del local, veía prosperar su negocio dedicado a la venta de lámparas para todos los usos y utensilios del hogar. Este comercio cambiaría su denominación a lo largo del tiempo, a medida que las sucesivas generaciones familiares lo fueron heredando. Así, entre mediados del siglo XIX y principios de la década de los años treinta del siglo pasado, este comercio se llamó: José Canosa, Canosa e Hijo, Ángel Canosa, La lámpara de oro e Hijos de Ángel Canosa, entre otras variantes. 

Fuente: B.N.E. (1910)
Anuncio del comercio de Ángel Canosa donde figura el reclamo de "La casa de los espejos".

Sin lugar a dudas los espejos de la calle del Gato llegarían a la inmortalidad gracias a Ramón Valle Peña (1866-1936) más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, en su obra teatral “Luces de Bohemia”, inicialmente publicada por entregas en la revista “España” a lo largo del año 1920, editada en 1924 y no estrenada en el teatro hasta el año 1971. 


MAX
Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO
¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX
España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO
¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX
Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO
Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

(Fragmento de la escena duodécima de “Luces de Bohemia”).


En algún momento de su historia los primitivos espejos de cuerpo entero de la calle del Gato fueron sustituidos por otros de menor tamaño. Pero, unos u otros, continuaron siendo visitados y provocando hilaridad de igual manera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Réplica de los espejos convexo y cóncavo (de plástico), en la actualidad.

Durante los años treinta del siglo pasado el local del número 3 de la calle del Gato se convirtió en un almacén de aguardientes propiedad de Carlos Barranco, que posteriormente pasaría a denominarse Vinícola Aurora y desde el año 1960 se convertiría en un bar, famoso por sus raciones de patatas bravas. El negocio mantuvo también los célebres espejos en su fachada hasta que una irracional e ignorante celebración por el triunfo de un partido de fútbol, en el año 1998, vino a destrozarlos.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Los viejos espejos restaurados tras el acto vandálico del año 1998.

Hoy una réplica de plástico nos recuerda la historia de estos espejos que desde hace más de siglo y medio hacen reír a todo el que pase por la siempre peatonal calle del Gato de Madrid.






Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Elpais.com
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Luces de bohemia” Ramón María del Valle-Inclán.
Cervantesvirtual.com
Es.wikipedia.org

jueves, 16 de julio de 2015

UNA PASTELERÍA Y UNA FUENTE EN LA CALLE DEL MESÓN DE PAREDES.

Curioso es el nombre de esta calle de Madrid que informa sobre la posada o mesón, propiedad de Simón Miguel Paredes o Miguel Simón Paredes, según los autores, que allá se instaló por los tiempos finales de la Edad Media. Parece que se trataba de un negocio bien asistido que aposentó a los viajeros procedentes de Toledo, de Aragón y de otros puntos; sus grandes dimensiones le convirtieron en el mayor que por aquel tiempo había en las inmediaciones de Madrid. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Inicio de la calle del Mesón de Paredes.

De entre los muchos establecimientos de todo tipo que a lo largo del tiempo se asentaron en esta calle del Mesón de Paredes hay que destacar el que sería conocido como la Pastelería de Canales, nombre que tuvo desde las dos últimas décadas del siglo XIX hasta el año 1921.

La historia de esta pastelería se remonta al año 1561, fecha en la que se instaló su famoso horno que se mantendría en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado. Se trataba de la pastelería más antigua de Madrid y una de las más longevas de Europa. La excelencia de sus hojaldres, sobre todo, era bien conocida y parece que entre la clientela habitual se encontraban, durante los siglos XVI y XVII, Miguel de Cervantes Saavedra, Félix Lope de Vega y Carpio, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Pedro Calderón de la Barca.

Esta pastelería horneaba también empanadas rellenas con toda clase de carnes, buñuelos y dulces de huevo hilado o de frutos secos, que se vendían en las fiestas populares de Madrid, todo acompañado por licores y vinos. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Calle de Juanelo. A la derecha aparece el lugar donde estuvo la casa, hoy reemplazada por otra, en la que se ubicó la Pastelería de Canales.

La primera noticia encontrada en la prensa sobre esta pastelería de la calle del Mesón de Paredes, procede del año 1790. Sin nombre distintivo por entonces, estaba situada en la casa número 7 de esta calle (que luego pasaría a ser el nº 11 y hoy se correspondería con el nº 9), esquina a la de Juanelo. El negocio era tan conocido que servía de referencia para indicar la ubicación de casas u otros comercios por allí apostados. 

Fuente: B.N.E. (1879).
Anuncio de la famosa pastelería, donde se informa de la fecha de su fundación.

Muchos fueron los propietarios de este obrador a lo largo del tiempo. El más conocido fue Tomás Canales Hernández (de él proviene la titularidad del negocio denominado “Pastelería de Canales”), que mantuvo el establecimiento de la pastelería desde la década de los años noventa del siglo XIX hasta el año 1921. Además del antiguo horno, situado en la tienda, el local tenía una escalerilla como las de barco, que a los comedores del piso entresuelo conducía. 

En el local donde estuvo la pastelería vino a instalarse en el año 1922 el Bar Trianón, que parece dio un vuelco significativo al negocio convirtiéndolo en un lugar más moderno. Raciones, bocadillos, refrescos y bebidas de todas clases se ofertaban en este nuevo establecimiento, junto a los pasteles de toda la vida. En la vivienda que los dueños del Trianón tenían sobre el bar se cometió El crimen de la calle del Mesón de Paredes, en el mes de noviembre de 1932 y del que la prensa dio numerosos datos. 

Fuente: B.N.E. (1929)
Interior del Bar Trianón.

Bajando por la empinada cuesta, en dirección a la Ronda de Valencia, se encuentra la plazuela de Cabestreros, donde se inicia la calle del mismo nombre. Se trata de un rincón nombrado así de manera oficiosa por los vecinos, porque nunca tuvo denominación propia al estar integrado en la vía del Mesón de Paredes. La importancia de este lugar se debe a la Fuente de Cabestreros, que ya aparece en el plano de Madrid realizado por Pedro Texeira (1656). 

Fuente: bvpb.mcu.es
Recorte del plano de Madrid, de Pedro Texeira (1656), donde se muestra la primera Fuente de Cabestreros.

Dicha fuente original fue sustituida en el siglo XIX por otra más pequeña, de alto pilón y faroles en la parte superior.

Fuente: B.N.E. (años treinta del siglo XX).
La Fuente de Cabestreros de alto pilón y faroles, antes de su demolición.

El agua de la de Cabestreros procedía del viaje del Bajo Abroñigal y dotaba de servicio tanto al vecindario como al Convento de las Dominicas de Santa Catalina de Sena, enclavado frente a ella, y demolido a mediados del siglo XX. 

Conocida también como Fuente de los Machos, por sus presuntas propiedades vigorizantes, el antiguo surtidor con faroles del siglo XIX desapareció de la noche a la mañana, y sin avisar, un día del año 1934. Ese mismo año sería inaugurada por el Ayuntamiento la fuente que hoy se encuentra en dicho emplazamiento y que es conocida como la Fuente de la República de la calle de Cabestreros.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La fuente de la República de la calle Cabestreros, en la actualidad.

De planta rectangular y construida en granito, esta fuente consta de un cuerpo central al que remata el ornamento de una piña del mismo material. En él se encuentran las inscripciones que informan sobre el año de su construcción (1934) por la República Española - Ayuntamiento de Madrid – y el nombre de Fuente de Cabestreros. Sus dos caños, hoy en desuso, vertían el agua sobre sendos pilones orientados al norte y al sur.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Uno de los surtidores "secos" de la Fuente de la República de la calle Cabestreros.

Durante el final de los años setenta del siglo pasado esta fuente tenía sus inscripciones en letras doradas superpuestas sobre el cuerpo central. Muchas de ellas habían desaparecido, pero se leía perfectamente “República Española”. Hay quien asegura que este rótulo fue ocultado por los vecinos durante la dictadura franquista, para salvaguardar la procedencia de la famosa fuente que volvería a ser rehabilitada a mediados de la década del año dos mil, con su grafía original sobre la piedra.







Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahisotica.mcu.es
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Cervantesvirtual.com
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” Antonio Campmani
Es.wikipedia.org
Bvpb.mcu.es
Munimadrid.es

jueves, 2 de julio de 2015

EL BAR FLOR DE LA PUERTA DEL SOL.

La nueva Puerta del Sol de Madrid, cuya transformación se produjo entre los años 1857 y 1862, dio paso de inmediato a la instalación de numerosos establecimientos que ocuparon sus nada baratos locales. Como se sabe un gran número de cafés, hoteles y todo tipo de negocios abrirían aquí sus puertas compitiendo en lujo, confor e higiene. Pero también hubo bares, menos distinguidos que los cafés aunque tan importantes como ellos. Tal es el caso del Bar Flor, situado en lo que fue el número 14 (local que hoy corresponde con el nº 13) y que abrió al público en el año 1920.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Puerta del Sol vista desde el mirador de lo que fue el Bar Flor. 

El local donde luego se instalaría el Bar Flor estuvo siempre ocupado por algún negocio desde que en el año 1861 se levantase el edificio donde se encuentra, propiedad del marqués de Manzanedo. Una academia de francés, las exposiciones de una fábrica de tejas (Sierra y Guisasola) o de un estudio fotografía (Manuel Alviach), la cervecería de Candela, que allí estuvo entre los años 1902 a 1917, fueron algunos de los comercios que en este lugar se ubicaron hasta que allí vino a instalarse el Bar Flor. 

Fuente: Charles Clifford (1862), Jean Laurent (1870), bdh.re.bne.es (1905) y Francesc Catalá Roca (1954).
El mismo local a lo largo del tiempo: Una academia de francés, una exposición de tejas, la Cervecería de Candela y el Bar Flor.

Jaime Rigo, Eduardo Carmona y Cía. inauguraron este bar de estilo modernista, que también era restaurant por cubierto y a la carta, el día 13 de septiembre de 1920, en la Puerta del Sol. Su magnífica decoración, con profuso empleo de mármol y bronce, corrió a cargo del escenógrafo e interiorista Salvador Alarma Tastás. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Fachada del Bar Flor, en su inauguración.

Todo el recinto estaba iluminado por lámparas de cristal tallado de originalísimo estilo, contaba con varios salones dotados de calefacción central y un mobiliario cómodo y rico.

Tras la puerta de acceso, sobre la que se encontraba una marquesina de mármol, había dos mostradores enfrentados: uno para el servicio del bar y el otro para la venta de pastelería, helados y fiambres.

El Flor disponía de las más modernas cámaras frigoríficas, hornos para pastelería mallorquina y maquinaria para la congelación de helados. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Mostrador del Bar Flor, en su inauguración.

Fue noticia en varios periódicos la donación del diez por ciento de lo vendido durante la semana ( correspondiente al día 28 de septiembre de 1921), que los propietarios del Bar Flor realizaron a la Cruz Roja con destino a los soldados de la Guerra de África (Desastre de Annual).

En el lateral derecho de su fachada estuvo instalado durante varios años un tablero en donde se escribían las noticias más relevantes del momento. Así, el público se apiñaba frente a la pizarra que en el establecimiento tiene “La Voz” y “El Sol” (periódicos) para conocer, por ejemplo, los detalles del recorrido del hidroavión “Plus Ultra” durante el mes de febrero de 1926.

La prensa también recogió el grave suceso acaecido el día 8 de febrero de 1928 cuando, a las 7,30 horas de la tarde, un gran trozo de mármol correspondiente a la cubierta de la entrada del Bar Flor cayó sobre numerosas personas que transitaban en ese momento por el número 14 del Puerta del Sol. Cinco heridos de diversa consideración y numerosos contusionados fue el balance del accidente. 

Fuente: Onis-online.blogspot.com (1931)
Fachada, modificada tras el accidente, del Bar Flor. A la derecha se aprecia la pizarra donde se escribían las noticias más destacadas de la prensa.

En el año 1929 llegó a Madrid el primer “Photomaton” que producía fotografías por máquina automática en ocho minutos, a un coste de 1,50 pesetas. El Bar Flor instalaría en su puerta, unos años más tarde, el primero de estos aparatos situado en la Puerta del Sol, cuando el mecanismo de este invento se redujo sustancialmente, ocupando solo el espacio de una pequeña cabina.

Durante la Guerra Civil Española el servicio del Flor continuó, animando a la clientela con llamativos anuncios de publicidad.

Fuente: ABC. (1938)
Anuncio para animar al consumo en el Bar Flor, durante la Guerra Civil Española.

Era el año 1941 cuando comenzó a editarse “La Codorniz” o La revista más audaz, para el lector más inteligente. Tuvo, entre otras sedes, una de sus primeras redacciones en la Puerta del Sol, justo encima del Bar Flor donde su director Miguel Mihura Álvarez y el dibujante Tono (Antonio Lara de Gavilán) discurrían las historias a contar en esta publicación.

El Bar Flor, como todos los cafés de la Puerta del Sol, fue entrando en decadencia. Durante los años sesenta del siglo pasado toda su ornamentación modernista había desaparecido, al igual que su servicio de pastelería, pasando a convertirse en un local para desayunos rápidos en la barra, tertulias subrepticias que comentaban los libros prohibidos por la dictadura imperante y lugar de encuentro disimulado para el furtivo mundo homosexual; todo ello amenizado por la música de una diminuta orquesta de señoritas pudorosamente ataviadas con falda larga y camisa rematada por un pequeño lazo negro en el cuello. 

En el año 1978 cerró el piso superior del Flor, desapareciendo su famoso mirador que mostraba todo lo que sucedía en la Puerta del Sol. Poco después el Bar Flor pasaría a la historia.





Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
Bdh-re.bne.es
Onis-online.blogspot.com.es
Madridciudadaniaypatrimonio.org
Es.wikipedia.org

lunes, 15 de junio de 2015

GRAN VÍA, GRANDES ALMACENES MADRID-PARÍS.

Como es sabido, la Gran Vía de Madrid comenzó sus obras de construcción en el año 1910 y quedaría terminada (sin contar con las modificaciones ulteriores) durante 1953 con la edificación del inmueble donde se instalaría el hotel Washington, en el número 72 de la misma. 


Lujosos comercios, cines, joyerías, cafés y casas de moda vinieron a instalarse en los nuevos edificios a medida que se remataban sus obras. También llegaron grandes almacenes como el de “D. Rafael Sánchez”, ubicado en el primer tramo de la Gran Vía (hoy nº 16) que por entonces llevaba el nombre de avenida del Conde de Peñalver; este fue el primero en instalarse y abrió las dos plantas que allí ocupaba en el año 1916. 

Pero no sería hasta el principio de los años veinte del pasado siglo cuando la Gran Vía de Madrid vería inaugurar los espléndidos Almacenes Madrid-París, S.A. que no tienen nada que envidiar a los más célebres del extranjero.

“Madrid-París eran unos grandes almacenes de cuatro plantas dedicados al hogar y a los obsequios (menaje, muebles suntuosos y más modestos, modas, objetos de regalo y salón de té elegante). Yo recuerdo que se oía, desde la calle, a una orquestina tocar piezas de moda entonces. En Madrid no he vuelto a ver otro igual". Así los describe Rosario González Truchado, testigo de la construcción del edificio y cliente que fue de este extraordinario comercio.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Reflejo del edificio de los Almacenes Madrid-París, en el cristal de un escaparate.

La primera piedra del magnífico inmueble, construido ex profeso para albergar los almacenes Madrid-París, fue colocada durante el mes de diciembre de 1920 en el solar ubicado en la entonces avenida de Pi y Margall, número 6 (hoy Gran Vía, 32). El edificio, cuyas fachadas aún hoy corren por las calles de Gonzalo Jiménez de Quesada (Hilario Peñasco hasta el año 1933), Desengaño y Mesonero Romanos, fue proyectado por el arquitecto Teodoro Anasagasti Algán y dirigido por el ingeniero Maximiliano Jacobson.

El jueves 3 de enero de 1924 los almacenes Madrid-París abrieron sus puertas al público, siendo inaugurados a las once de la mañana por Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Fuente: B.N.E. (1924)
Los Grandes Almacenes Madrid-París, en su inauguración.

El piso bajo del edificio contaba con anchos soportales que ocupaban la gran fachada situada en Gran Vía y los inicios de las calles laterales. En su interior se habían instalado los grandes escaparates y las principales puertas de acceso al comercio. Estas galerías desaparecieron en el año 1935 con la primera modificación del inmueble.

Fuente: Bne.es. Archivo Ruiz Vernacci (principio de los años 30 del siglo pasado).
Recortes de la fotografía original con dos aspectos de los soportales que rodeaban el edificio.

El edificio se remataba en la terraza con dos torrecillas dotadas de artísticas columnas que contienen sendos depósitos de agua con capacidad para 300 m3. que conectaban con setenta y dos bocas de riego instaladas en el interior, para la prevención de incendios.

Fuente: Mcu.es. Archivo Antonio Passaaporte (Loty). Principio de los años 30 del siglo pasado.
Recorte de la fotografía original en donde se aprecia una de las antenas instaladas por Unión Radio.

De las ocho plantas edificadas en total (siete en altura y una de sótano) cuatro serían destinadas a la instalación comercial distribuyendo juguetes, perfumería, bisutería y objetos de regalo en la planta baja; pañerías y tejidos en la segunda, confección y sombreros en la tercera, que además contaría con un lujoso salón de té con capacidad para seiscientas personas. La cuarta planta estaría dedicada exclusivamente a la exposición y venta de mobiliario. 

En este edificio también vendría a instalarse la estación emisora Unión Radio (hoy Cadena SER), cuya primera transmisión tendría lugar el día 17 de junio de 1925, para lo que fue necesario colocar dos antenas de treinta y seis metros de altura sobre la terraza.

Fuente: B.N.E. (1924)
Interior de los Almacenes Madrid-París y su magnífica escalera.

Sin duda lo que más llamaba la atención al entrar en los Almacenes Madrid-París era su hall central, sobre el que se había construido una admirable cúpula circular con treinta metros de diámetro, elevada a una distancia de treinta y siete metros del suelo. La prensa informaba que esta cúpula era la de mayor altura en Europa construida en hormigón armado, material utilizado también en los entramados horizontales y verticales del edificio.

Fuente: Bne.es. Archivo Vaamonde (Guerra Civil Española).
Base de la cúpula deteriorada por los bombardeos.

Al fondo del vestíbulo central con una extensión de 4.000 m2. se encontraba el principio de una preciosa escalera con diecinueve peldaños, que hacia la mitad de su altura se dividía en dos tramos de dieciséis escalones cada uno y conducía a la primer piso del local. De la planta baja también partían cuatro ascensores y tres montacargas.

Además de la luz natural que entraba por las ventanas del diáfano local, su iluminación artificial se llevaba a cabo mediante cuatrocientas lámparas que soportaban un total de doscientas mil bujías.

Los grandes almacenes Madrid-París empleaban como dependientes a trescientas personas, entre hombres y mujeres, además de contar con trabajadores de mantenimiento y conductores para los automóviles rápidos para el transporte de los pedidos. El precio de sus artículos a la venta oscilaba entre los 5 céntimos y las 100.000 pesetas, en el año 1924.

Fuente: B.N.E. (1934)
Vestíbulo central de los Almacenes Madrid-París.
El esplendor del Madrid-París no duró más de diez años. Desafortunadas gestiones llevarían a la quiebra del negocio, dejando sin empleo a más de trescientos trabajadores directos. El día 8 de enero de 1934 los almacenes cerraron sus puertas definitivamente.

En el año 1935 el arquitecto Teodoro Anasagasti vuelve a ser el encargado de llevar a cabo la obra para la remodelación del edificio, en el que se instalarían diversos negocios como Viajes Carco, el cine Madrid-París (más tarde llamado Imperial) o los almacenes S.E.P.U (Sociedad Española Precios Únicos) que fueron inaugurados el día 11 de agosto de 1934, con productos cuyos precios oscilaban entre los 25 céntimos y las 5 pesetas. 

Fuente: diario El País. (Mediados de la década de los años 30 del siglo XX).
Los Almacenes SEPU y el cine Madrid-París ya inaugurados.

Posteriormente, en el año 1956, el edificio de la Gran Vía, 32 vuelve a ser remodelado perdiendo importantes elementos decorativos y añadiendo varias alturas a las ya existentes. 

En la actualidad gran parte del inmueble vuelve a estar en obras de remodelación, esta vez para alojar otro nuevo gran almacén textil que se unirá a los tres ya existentes.







Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
“El cine, la Gran Vía y yo” Rosario González Truchado.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
Mcu.es
Coam.org
Urbanity.cc
Es.wikipedia.org
Elpais.com

lunes, 1 de junio de 2015

GRAN CAFÉ “SOCIAL” DE ORIENTE Y LA ESCUELA DE VALLECAS.

En la esquina de la calle de Atocha con la del Doctor Drumen de Madrid fue instalado uno de los cafés tan amplio y espacioso como olvidado en la historia. El Café de Oriente, que con el tiempo pasaría a ser conocido como el Gran Café Social de Oriente, acogería durante la década de los años veinte del siglo pasado a una de las más famosas tertulias de la Generación del 27, siendo también el punto de partida de la Escuela de Vallecas.


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Aquí estuvo el Café de Oriente, en la esquina entre las calles de Atocha y Doctor Drumen.

Con el nombre de Café de Oriente vino a inaugurarse este local el día 22 de junio de 1887 por la sociedad compuesta por el abogado, publicista y orador Manuel Zapatero García y el dueño del Hotel de Oriente de la calle del Arenal, José Rodríguez. 

El de Oriente era un café-restaurant tan espacioso que el día de su inauguración fue presentado a la prensa con una generosa cena para más de doscientos comensales. Elegante y lujoso, para ser de los instalados lejos del centro, poseía un hermoso mostrador de mármol, paredes cubiertas de espejos, adornos y pinturas en el techo semejantes a los de los cafés más céntricos y mejor decorados de Madrid. 

Este café fue escogido en numerosas ocasiones por los posibilistas de Emilio Castelar Ripoll y por los federales de Francisco Pi y Margall, durante las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XIX, para la celebración de banquetes con el fin de conmemorar la proclamación de la I República Española (1873-1874).

Fotografía: Jesús García Férriz (1929)
Glorieta de Atocha. La flecha indica la ubicación del Café Social de Oriente.

Se podría afirmar, sin ninguna duda, que la época de mayor importancia en este café tendría lugar en la década de los años veinte del siglo pasado, momento en el que será conocido como Gran Café “Social” de Oriente, gracias al pintor Rafael Pérez Barradas (1890-1929).

Fuente: Realacademiadebellasartesdesanfernando.com
Dibujo de Rafael Barradas sobre el Café Social de Oriente, realizado en los años veinte del siglo anterior.

Nada más llegar a Madrid, en el año 1919, Barradas comenzaría a frecuentar las famosas tertulias del Café de Pombo, donde entraría en contacto con los Novecentistas o Generación del 14 Rafael Cansinos-Assens y Ramón Gómez de la Serna, entre otros. También frecuentaría la Residencia de Estudiantes donde intimaría con Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca. Todos ellos serían asiduos al Café de Oriente, formando parte de la tertulia ultraísta denominada de “los alfareros”, dirigida por Barradas, y así llamada porque muchos de sus integrantes eran colaboradores de la entonces prestigiosa revista “Alfar”.

Fuente: En.wahooart.com.
Dibujo de un parroquiano del Café Social de Oriente, realizado por Rafael Barradas en la década de los años veinte del siglo pasado. 

Se puede decir que, en Madrid, el Ultraísmo (movimiento vanguardista en oposición al modernismo) tenía su sede en el Café Social de Oriente de la calle de Atocha. Allí aparece, en el año 1922, el pintor y sobre todo escultor Alberto Sánchez Pérez “Alberto” (1895-1962) incorporándose de inmediato a la tertulia.

Fuente: Museoreinasofia.es (1924)
Dibujo de Alberto Sánchez "Alberto" reflejando el ambiente del Café Social de Oriente.

La producción de dibujos y pinturas centradas en este café, en los personajes asistentes a su tertulia y en la frenética vida moderna de quienes pasaban por la glorieta de Atocha a toda prisa, fue colosal. 

Fuente: chobojos.zoomblog.com (1924).
Retrato de Federico García Lorca realizado por Salvador Dalí en el Café Social de Oriente.

Será en el año 1927 cuando aparece la denominada Escuela de Vallecas, grupo de pintores, escultores, poetas, escritores vanguardistas y cuyos iniciadores fueron Alberto Sánchez Pérez, Pancho Lasso (Francisco Lasso Morales) y Benjamín Palencia. 

El nombre de Escuela de Vallecas aparece por vez primera en un escrito posterior de Alberto Sánchez. No se trataba de una academia de enseñanza ni de un movimiento artístico; la Escuela de Vallecas fue una vanguardista forma de mirar y reflejar lo observado en los campos de Castilla. El grupo realizaba los recorridos a pie partiendo desde el Café Social de Oriente, junto a la Puerta de Atocha.

Aquellos itinerarios se emprendían a diario, en invierno y verano, a partir de las tres y media de la tarde. Por la vía del tren o por caminos alternativos, al llegar a las cercanías de Villaverde Bajo (barrio situado al sur de Madrid), el colectivo solía dirigirse a Vallecas (barrio situado al sureste de Madrid) donde está ubicado el Cerro Almodóvar "al que bautizamos con el nombre de «Cerro Testigo», porque de ahí había de partir la nueva visión del arte español". 

Fotografía: Emilio Sánchez Martín (1999-2000).
Cerro Almodóvar, llamado "Cerro Testigo" por la Escuela de Vallecas.

Con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Francisco Lasso iban también escultores, poetas, escritores y estudiantes de arquitectura. Maruja Mallo (pintora), José Moreno Villa (escritor), Eduardo Yepes (escultor), Antonio Rodríguez Luna (pintor), Juan Manuel Díaz-Caneja (pintor), Federico García Lorca (poeta), Luis Castellanos (pintor), Rafael Alberti (poeta), Luis Felipe Vivanco (arquitecto y poeta), José Herrera Petere (escritor), Miguel Hernández (poeta) formarían parte, con mayor o menor intensidad, de los que deseaban llegar a descubrir la sobriedad y la sencillez que transmitían las tierras de Castilla, añadiendo a los áridos paisajes de Vallecas los de Vicálvaro, Valdemoro (cuando aún eran municipios independientes de Madrid capital) y las provincias de Guadalajara y Toledo.

Los años más productivos de la Escuela de Vallecas, entre 1930 y 1932, coincidieron con la llegada de la II República Española, momento de gran renovación cultural en todas sus formas de expresión. Es en estos años cuando aparecerán también las Misiones Pedagógicas (impulsadas por el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío), el Teatro del Pueblo (dirigido por Alejandro Casona) y La Barraca (coordinado y dirigido por Eduardo Ugarte y Federico García Lorca) con la finalidad de extender la cultura y las nuevas formas de expresión por todos los pueblos del país.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) este panorama intelectual cambió sustancialmente. A pesar de todo, el gobierno de la II República acudió a la Exposición Internacional de París, en el año 1937, instalando su propio pabellón para recabar el apoyo de los aliados contra la sublevación del ejército fascista. Pablo Ruiz Picasso presentaría allí su "Guernica" y Alberto Sánchez Pérez la escultura "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella". 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Escultura "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella" de Alberto Sánchez, situada en la puerta del Museo Reina Sofía de Madrid

Tras la Guerra Civil la Escuela de Vallecas intentó resurgir de sus cenizas, entre 1940 y 1942) mediante el impulso de Benjamín Palencia, ocultando todo vestigio de lo ocurrido en los años treinta y ocultando sobre todo a “Alberto” su máximo impulsor, que por entonces se encontraba exiliado en Moscú.

La historia del Café Social de Oriente se resumirá desde entonces. En el año 1938 formaría parte de las industrias socializadas (gestionadas por los trabajadores) y tras la Guerra Civil, perdería el sobrenombre de “Social” y pasaría a convertirse en un café de barrio. Cerró sus puertas a finales de los años sesenta del siglo pasado pasando a convertirse en sucesivos negocios de restauración, hasta la fecha.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Realacademiadebellasartesdesanfernando.com
“Aquellas tertulias de Madrid” Mariano Tudela.
“Rodríguez Luna, el pintor en el exilio republicano español” Miguel Cabañas Bravo.
“La influencia del Futurismo en España” Juan Agustín Mancebo Roca.
En.wahooart.com
Chobojos.zoomblog.com
Cervantesvirtual.com
“La Escuela de Vallecas mito y realidad” Ayuntamiento de Madrid.
Memoriademadrid.es
Museoreinasofia.es
Es.wikipedia.org
“Benjamín Palencia y el origen de la poética de Vallecas” Caja Castilla-La Mancha.

martes, 19 de mayo de 2015

NIÁGARA, LA PRIMERA PISCINA DE MADRID.

No fue hasta el siglo XVII el momento en que comenzarían a popularizarse en Madrid las casas de baños siendo, en un principio, exclusivamente utilizadas por prescripción facultativa. Tuvieron que pasar casi dos siglos más para que la inmersión del cuerpo en una tina de agua se convirtiera en diversión o en deporte. Así, en el año 1879, vino a inaugurarse la primera piscina madrileña con el nombre de El Niágara, nuevo establecimiento de baño con pilas de natación.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Cuesta de San Vicente, 14, en la actualidad. Aquí estuvieron los Baños de El Niágara.

En los primeros días del mes de junio de 1879 abrieron al público los denominados Baños de El Niágara, junto al entonces lavadero de Rivadeneira, en el por aquellas fechas número 12 del Paseo de San Vicente (hoy Cuesta de San Vicente, 14). Por esta vía, llamada hasta el siglo XVII camino del Río, transcurrió el arroyo de Leganitos que, una vez urbanizada la zona, dotaba de agua a los baños y al lavadero.

Fuente: Idehistoricamadrid.org - plano de Facundo Cañada (1900).
Sombreados en color azul se pueden ver los "Baños Niágara" y junto a ellos el lavadero de Rivadeneira. 

El Niágara se publicitaba al principio como un balneario, cuyos baños medicinales se encontraban en un espacio ajardinado de 35.000 pies de superficie que llegaba hasta el entonces paseo Alto del Rey (hoy calle de Irún) o única vía que lo separaba de la Montaña del Príncipe Pío y de sus zonas verdes.

Fuente: B.N.E.
Primer anuncio en prensa de El Niágara, aparecido el día 6 de julio de 1879.

A partir del año 1880 El Niágara ya era un acreditado establecimiento. Propiedad de Vito Montaner contaba, entre otros, con servicios médicos y farmacéuticos en el mismo recinto. En él se había instalado una pila de natación de 23 metros de largo por 8 de ancho y 1,5 metros de profundidad, con agua corriente del Lozoya a 23ºC. de temperatura (por estar soleada). El coste del servicio era de dos a tres reales. Para el baño de las mujeres había otra pila algo más pequeña, a dos reales persona. Las instalaciones se completaban con dieciséis baños particulares de 3 metros y 1 de profundidad, once pilas de baños calientes en ventiladas habitaciones y 12 pilas de mármol de grandes dimensiones y forma no conocida en Madrid, decoradas con gran lujo. El Niágara también contaba con espléndidos jardín y restaurant.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1881).
Anuncio en prensa de dos gabinetes con baños particulares para utilizar en familia o de forma individual.

El dueño del establecimiento había negociado con la empresa de los Tranvías de Madrid (Barrio de Salamanca) un servicio para el transporte desde la Puerta del Sol hasta el paseo de San Vicente, a medio real el viaje, con descuento para los clientes del balneario.

Durante los primeros meses del año 1882 Vito Montaner, dueño del establecimiento, instalaría un sistema de calefacción tubular, para poder utilizar las instalaciones también durante el invierno; de esta forma el balneario ofertaba baños de vapor e hidroterapia durante todo el año. Así mismo, los días no feriados, se obsequiaba a los clientes con baños musicales, entre las siete y las diez de la mañana, cuya entrada era gratuita. Por entonces, el número 12 del paseo de San Vicente había pasado a convertirse ya en el nº 14.

Fuente: Palomatorrijos.blogspot.com
Fotografía aérea de la zona de la plaza de España. Finales de la década de los años 10 del siglo XX.

Llegarían los años diez del siglo pasado y el nuevo arrendatario del negocio, Santiago Domínguez, quiso convertir El Niágara en un parque de recreos. Para ello había planeado la construcción de una montaña rusa y de una pista de hielo sobre las piscinas, durante el invierno, mediante una costosa instalación de máquinas frigoríficas que conservaran helada una capa de agua de 30 centímetros de espesor. Pero el proyecto final, que seguía manteniendo las piscinas, solo contaría con la novedad de un espacioso y elegante cinematógrafo llamado Petit-Cine que fue inaugurado en junio de 1914, cobrando 20 céntimos por la entrada.

El Petit-Cine de los Baños de El Niágara era un edificio modernista, de dos pisos utilizables como sala, con planta rectangular de veinticinco metros de anchura por veintinueve de fondo y amplias escaleras. El arquitecto Antonio Álvarez Redondo realizó su proyecto, cuya construcción se había ejecutado mediante muros de ladrillo y grandes armaduras de hierro de la fábrica J. Jareño. El interior estaba decorado con escayola y cartón piedra, pintura al temple y al óleo. La fachada exterior era de treinta y dos metros, estaba construida en ladrillo y tenía columnas de fundición en la planta baja.

El cine del Niágara pasaría a llamarse Cinema España en el mes de febrero de 1916, tras haberse acometido una gran reforma en su interior.

Fotografía cedida por David Miguel Sánchez Fernández del blog cinesdemadrid.blogspot.com
Los Baños de El Niágara. A la izquierda el edificio del Petit-Cine y a la derecha la cúpula de las Pescaderías Coruñesas (inmueble hoy también desaparecido).

Los Baños El Niágara fueron adquiridos por el Club de natación Atlético, que inauguró en ellos su sede social el día 11 de septiembre de 1921, con distintas pruebas natatorias. 

Fuente: B.N.E. (1921)
Fotografía tomada el día de la inauguración del Club natación Atlético.

Diez años después, en 1931, el Atlético se fusionaría con el Canoe Club (fundado en 1930) y conformarían el Canoe Natación Club, para impulsar la natación y los deportes acuáticos en Madrid. Esta nueva asociación se propuso contar con una piscina cubierta para los entrenamientos durante el invierno, para lo que decidió comenzar el cerramiento de una de las dos grandes piscinas del Niágara, que mantendrían el agua entre los 22 y los 25º C. de forma constante. Esta sería la primera piscina cubierta de Madrid que fue inaugurada el día 20 de diciembre de 1931.

Fuente: ABC (1945)
Primera piscina cubierta de Madrid.

Pero el complejo de ocio y deporte en el que se habían convertido los Baños del Niágara quedaría reducido a escombros para levantar en su lugar el hotel actual y un nuevo cine, llamado Príncipe Pío y hoy desaparecido, durante los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“El modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléptica” Oscar da Rocha Aranda.
Palomatorrijos.blogspot.com.es
Idehistoricamadrid.org
Museodeljuego.org
Agradecimiento muy especial a David Miguel Sánchez Fernández del blog cinesdemadrid.blogspot.com.es, por la documentación aportada.