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martes, 19 de mayo de 2015

NIÁGARA, LA PRIMERA PISCINA DE MADRID.

No fue hasta el siglo XVII el momento en que comenzarían a popularizarse en Madrid las casas de baños siendo, en un principio, exclusivamente utilizadas por prescripción facultativa. Tuvieron que pasar casi dos siglos más para que la inmersión del cuerpo en una tina de agua se convirtiera en diversión o en deporte. Así, en el año 1879, vino a inaugurarse la primera piscina madrileña con el nombre de El Niágara, nuevo establecimiento de baño con pilas de natación.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Cuesta de San Vicente, 14, en la actualidad. Aquí estuvieron los Baños de El Niágara.

En los primeros días del mes de junio de 1879 abrieron al público los denominados Baños de El Niágara, junto al entonces lavadero de Rivadeneira, en el por aquellas fechas número 12 del Paseo de San Vicente (hoy Cuesta de San Vicente, 14). Por esta vía, llamada hasta el siglo XVII camino del Río, transcurrió el arroyo de Leganitos que, una vez urbanizada la zona, dotaba de agua a los baños y al lavadero.

Fuente: Idehistoricamadrid.org - plano de Facundo Cañada (1900).
Sombreados en color azul se pueden ver los "Baños Niágara" y junto a ellos el lavadero de Rivadeneira. 

El Niágara se publicitaba al principio como un balneario, cuyos baños medicinales se encontraban en un espacio ajardinado de 35.000 pies de superficie que llegaba hasta el entonces paseo Alto del Rey (hoy calle de Irún) o única vía que lo separaba de la Montaña del Príncipe Pío y de sus zonas verdes.

Fuente: B.N.E.
Primer anuncio en prensa de El Niágara, aparecido el día 6 de julio de 1879.

A partir del año 1880 El Niágara ya era un acreditado establecimiento. Propiedad de Vito Montaner contaba, entre otros, con servicios médicos y farmacéuticos en el mismo recinto. En él se había instalado una pila de natación de 23 metros de largo por 8 de ancho y 1,5 metros de profundidad, con agua corriente del Lozoya a 23ºC. de temperatura (por estar soleada). El coste del servicio era de dos a tres reales. Para el baño de las mujeres había otra pila algo más pequeña, a dos reales persona. Las instalaciones se completaban con dieciséis baños particulares de 3 metros y 1 de profundidad, once pilas de baños calientes en ventiladas habitaciones y 12 pilas de mármol de grandes dimensiones y forma no conocida en Madrid, decoradas con gran lujo. El Niágara también contaba con espléndidos jardín y restaurant.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1881).
Anuncio en prensa de dos gabinetes con baños particulares para utilizar en familia o de forma individual.

El dueño del establecimiento había negociado con la empresa de los Tranvías de Madrid (Barrio de Salamanca) un servicio para el transporte desde la Puerta del Sol hasta el paseo de San Vicente, a medio real el viaje, con descuento para los clientes del balneario.

Durante los primeros meses del año 1882 Vito Montaner, dueño del establecimiento, instalaría un sistema de calefacción tubular, para poder utilizar las instalaciones también durante el invierno; de esta forma el balneario ofertaba baños de vapor e hidroterapia durante todo el año. Así mismo, los días no feriados, se obsequiaba a los clientes con baños musicales, entre las siete y las diez de la mañana, cuya entrada era gratuita. Por entonces, el número 12 del paseo de San Vicente había pasado a convertirse ya en el nº 14.

Fuente: Palomatorrijos.blogspot.com
Fotografía aérea de la zona de la plaza de España. Finales de la década de los años 10 del siglo XX.

Llegarían los años diez del siglo pasado y el nuevo arrendatario del negocio, Santiago Domínguez, quiso convertir El Niágara en un parque de recreos. Para ello había planeado la construcción de una montaña rusa y de una pista de hielo sobre las piscinas, durante el invierno, mediante una costosa instalación de máquinas frigoríficas que conservaran helada una capa de agua de 30 centímetros de espesor. Pero el proyecto final, que seguía manteniendo las piscinas, solo contaría con la novedad de un espacioso y elegante cinematógrafo llamado Petit-Cine que fue inaugurado en junio de 1914, cobrando 20 céntimos por la entrada.

El Petit-Cine de los Baños de El Niágara era un edificio modernista, de dos pisos utilizables como sala, con planta rectangular de veinticinco metros de anchura por veintinueve de fondo y amplias escaleras. El arquitecto Antonio Álvarez Redondo realizó su proyecto, cuya construcción se había ejecutado mediante muros de ladrillo y grandes armaduras de hierro de la fábrica J. Jareño. El interior estaba decorado con escayola y cartón piedra, pintura al temple y al óleo. La fachada exterior era de treinta y dos metros, estaba construida en ladrillo y tenía columnas de fundición en la planta baja.

El cine del Niágara pasaría a llamarse Cinema España en el mes de febrero de 1916, tras haberse acometido una gran reforma en su interior.

Fotografía cedida por David Miguel Sánchez Fernández del blog cinesdemadrid.blogspot.com
Los Baños de El Niágara. A la izquierda el edificio del Petit-Cine y a la derecha la cúpula de las Pescaderías Coruñesas (inmueble hoy también desaparecido).

Los Baños El Niágara fueron adquiridos por el Club de natación Atlético, que inauguró en ellos su sede social el día 11 de septiembre de 1921, con distintas pruebas natatorias. 

Fuente: B.N.E. (1921)
Fotografía tomada el día de la inauguración del Club natación Atlético.

Diez años después, en 1931, el Atlético se fusionaría con el Canoe Club (fundado en 1930) y conformarían el Canoe Natación Club, para impulsar la natación y los deportes acuáticos en Madrid. Esta nueva asociación se propuso contar con una piscina cubierta para los entrenamientos durante el invierno, para lo que decidió comenzar el cerramiento de una de las dos grandes piscinas del Niágara, que mantendrían el agua entre los 22 y los 25º C. de forma constante. Esta sería la primera piscina cubierta de Madrid que fue inaugurada el día 20 de diciembre de 1931.

Fuente: ABC (1945)
Primera piscina cubierta de Madrid.

Pero el complejo de ocio y deporte en el que se habían convertido los Baños del Niágara quedaría reducido a escombros para levantar en su lugar el hotel actual y un nuevo cine, llamado Príncipe Pío y hoy desaparecido, durante los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“El modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléptica” Oscar da Rocha Aranda.
Palomatorrijos.blogspot.com.es
Idehistoricamadrid.org
Museodeljuego.org
Agradecimiento muy especial a David Miguel Sánchez Fernández del blog cinesdemadrid.blogspot.com.es, por la documentación aportada.

martes, 5 de mayo de 2015

EL DESCONOCIDO RELOJ DE SOL DE LA CALLE DEL DESENGAÑO.

Donde se unen las calles de la Luna y del Desengaño de Madrid vino a construirse la actual iglesia de San Martín, allá por la mitad del siglo XVII, según el trazado del arquitecto Juan de Corpa. Años después, en 1719, el edificio sería reedificado bajo los planos de Eugenio Valenciano que agrandaría el templo manteniendo la planta de cruz latina inicial. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada principal de la iglesia de San Martín.

La iglesia se encuadra en el estilo barroco madrileño, con dos torres cuadrangulares de ladrillo de tres cuerpos y cuatro vanos en cada una de ellas. Sobre su churrigueresca puerta principal, que mantiene los herrajes del siglo XVIII realizados por la escuela de forja madrileña, se sitúa un grupo escultórico atribuido a la escuela de los Ron (Juan Alonso Villabrille y Ron) en donde se representa a Juan Agustín Adorno, fundador de la institución de los “clérigos menores” que por entonces ocupaban la iglesia, orando ante la Virgen de Portacoeli.

El templo pasaría a denominarse de Portacoeli (Porta-coeli o Portaceli) y a partir del año 1836, con la llegada de los monjes de San Benito, de San Martín.

Nota.- Al no ser mucha la información existente sobre esta iglesia, los textos consultados refieren datos diversos sobre todo lo relativo a su construcción. En este caso se ha optado por recurrir a lo aportado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La flecha señala la ubicación del reloj de sol, en la esquina de la calle del Desengaño.

Dejando al margen otros importantes aspectos arquitectónicos, artísticos e históricos de la iglesia de San Martín, centraremos la atención en su pequeño y desconocido Reloj de sol.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)

Si pocos son los datos referentes a la historia de la construcción de la iglesia de San Martín, aún menos son los encontrados para identificar a este reloj solar. Orientado a mediodía (sur) y de instalación vertical, tiene forma circular y está realizado en bronce. Se encuentra empotrado en la esquina derecha de la torre más cercana a la tapia correspondiente al jardín de la iglesia, con fachada a la calle del Desengaño. Su gnomon (pieza que sirve para indicar las horas) tiene forma triangular con un decorativo recorte en su parte inferior. Muestra numeración romana entre las VI de la mañana y las VI de la tarde, representando la hora cuarta con tres unos (IIII). Entre las estrías que marcan las horas se aprecian otras más cortas que señalan las medias y los cuartos, aunque el disco se encuentra muy deteriorado.

Fuente: B.N.E. (1932)

Este reloj de sol tiene una inscripción en su parte superior: F. de P. Sarriá 1840.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Inscripción del reloj. F. de P. Sarriá -1840.

La prensa informa sobre el boticario Francisco de Paula Sarriá que ya en el año 1821 vivía en la calle de Tudescos, situada en el entonces denominado barrio de Moriana. (La travesía de Moriana, que daba nombre al barrio, fue absorbida por las obras para la construcción de la Gran Vía. Existió también la plazuela de Moriana, en la que remataba dicha travesía, que hoy sería correspondiente con la parte superior de la plaza del Callao).

Una terrible epidemia de cólera-morbo había llegado a Madrid en el verano de 1834 haciendo grandes estragos en la población, principalmente en el período comprendido entre los meses de junio a septiembre. El boticario Francisco de Paula, que también era profesor de Farmacia de la Diputación, suministra gratis todos los medicamentos necesarios para los enfermos coléricos, y cloruros para desinfección. Rebaja un 35% de todas las medicinas que se necesiten para los pobres que padezcan enfermedades comunes, por el tiempo que la epidemia aflija a esta capital.

Bien pudo ser este boticario Sarriá, hombre adinerado y propietario también de varias casas en el barrio, quien regalara a los vecinos el reloj solar de la iglesia de San Martín situado en la calle del Desengaño, en el año 1840.



Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
“Las iglesias del antiguo Madrid” Elías Tormo.
Relojesdesol.info
Gallica.bne.fr

miércoles, 15 de abril de 2015

CASA PASCUAL, CALLE DE LA LUNA 16.

Los cuatrocientos cincuenta metros de longitud que tiene la calle de la Luna de Madrid, aunque hoy pasen desapercibidos, albergan una abundante historia. Aquí se alzan aún, y de milagro, dos palacios del siglo XVIII: el de los condes de Talara y Torralba (en el número 27) y el de la Infanta Carlota, antes del marqués del Llano (en el número 32). Hasta el año 1969, con menor fortuna porque fue demolido, ahí estuvo también el Palacio de Monistrol o del conde de Sástago (en el número 11, donde hoy se encuentra la denominada, de forma extraoficial, plaza de la Luna). 

Esta calle aún conserva una de las boticas más antiguas de Madrid, allí establecida desde el año 1833, la Farmacia Cardona, y tuvo una de las tiendas más populares y lujosas del barrio, el Molino de chocolates “El Indio”, cuyo mobiliario forma parte de la decoración del Museo del Traje de Madrid.

En medio de todo lo antedicho estuvo la Taberna de Pascual o Casa Pascual, cuna de artistas y cantera de bohemios.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Con fachada gris y cierres metálicos, lo que fue Casa Pascual es hoy un local abandonado en la calle de la Luna

Pascual Álvarez vino a instalar su taberna en el actual número 16 de la calle de la Luna, (antes nº 14), allá por el primer año del siglo XX. Anunciada en prensa como “Pascual Álvarez, vinos y comidas” durante las primeras décadas, pasó a llamarse “Casa Álvarez” y finalmente “Restaurant Casa Pascual” a partir de los años treinta. 

Un alto escalón daba acceso a la taberna desde la acera de la calle de la Luna. Su interior tenía forma de rectángulo, con dos columnas cuadradas en medio, mesas fijas de mármol y un mostrador con superficie de zinc situado a la izquierda de la entrada, sobre el que se había instalado una gran anaquelería cargada de botellas.

Fuente: B.N.E. (1936)
Mostrador y anaquelería de Casa Pascual.

El local también tenía comedor en el entresuelo, cuya entrada se hacía por el portal del edificio mediante una puerta independiente. Allí se celebraron numerosos banquetes de distintas asociaciones profesionales, homenajes a dramaturgos, como el ofrecido a José Marco Davó y José Alfayate por el éxito obtenido con la obra “Con las manos en la masa o No hay mal que por bien no venga” en 1935, y fundamentalmente los festejados por y para los periodistas de “El País-diario republicano” o “La Libertad”, diarios que a lo largo del tiempo tuvieron su sede e imprenta en la cercana calle de la Madera baja, nº 8. 

Casa Pascual, que en teoría cerraba a las tres de la madrugada aunque mantenía abierto su entresuelo para los asiduos, tenía una parroquia variopinta. Allí se entremezclaban hombres y mujeres de los más diversos oficios para comer sus famosas judías a la bretona, el cocido o un bistec en bocadillo. 

Fuente: B.N.E. (1936)
Parroquianos variopintos comparten mesa en Casa Pascual.

Gente de la gallofa madrileña alternaba en el mostrador con periodistas, serenos, artistas bohemios, trabajadores nocturnos o madrugadores de artes gráficas, estudiantes de la vecina Universidad y con aquellos que recogían las comidas para llevar destinadas a las redacciones de prensa, las oficinas o a los templos donde se rinde culto a Cupido.

Fuente: B.N.E. (1933)
Lista de precios de una taberna económica, que bien pudiera ser Casa Pascual.

Será durante la década de los años treinta del siglo pasado cuando Casa Pascual entre en la historia de los figones del centro de Madrid. 

Como restaurante popular, cuyo fogón podía verse desde fuera de la cocina, comenzó a ser frecuentado además por artistas, autoridades, políticos de todas las ideologías, escritores, diplomáticos y poetas. Por allí pasó el pleno de los miembros de la Generación del 27 y en el mes de marzo de 1935 los periodistas de izquierdas destinados en el Congreso, ofrecieron un banquete al entonces expresidente del Consejo de Ministros Manuel Azaña Díaz y a Santiago Casares Quiroga, que en esos momentos era exministro de la Gobernación.

Fuente: B.N.E. (1935)
Manuel Azaña situado en el centro de la fotografía. 

Por entonces Rogelia, viuda de Pascual, llevaba el negocio junto a su hijo Paco. Habían reformado el local, eliminando el viejo mostrador de zinc y madera para sustituirlo por otro de piedra gris con líneas curvas en su frente. El salón del entresuelo fue convertido en modernos comedores independientes servidos por cuatro camareros. 

La clientela del barrio continuó mezclándose en esta taberna con periodistas como Emilio Carrere (que escribiría: La Casa Pascual es un restaurant nocturno y demócrata) o Pedro de Répide, con poetas como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Raúl González Tuñón o con pintores como Maruja Mallo y José Caballero. Precisamente para este último Pablo Neruda escribió, en marzo de 1970 su poema “A José Caballero, desde entonces” en el que recuerda con pesadumbre aquellos amigos y aquel Madrid que se disolvieron en el tiempo, mencionando la famosa taberna de Pascual de la calle de la Luna.


Dejé de ver a tantas gentes,
¿Por qué?
Se disolvieron en el tiempo.
Se fueron haciendo invisibles.
Tantas cosas que ya no veo,
que no me ven. Y ¿por qué?
Aquellos barrios con barricas
y cuerdas y quesos flotantes
en los suburbios del aceite.
Dejé la calle de la Luna
y la taberna de Pascual.
Dejé de ver a Federico.
¿Por qué?
Y Miguel Hernández cayó
como piedra dura en el agua,
en el agua dura.
También Miguel es invisible.
De cuanto amé, qué pocas cosas
me van quedando para ver,
para tocar,
para vivir.
¿Por qué dejé de ver el frío
del mes de enero, como un lobo
que venía de Guadarrama
a lamerme con una lengua,
a cortarme con su cuchillo?
¿Por qué?
¿Por qué no veo a Caballero,
pintor terrestre y celestial,
con una mano en la tristeza
y la otra mano en la luz?
A ese lo veo.
Tal vez más entrado en la tierra,
en el color, en el silencio,
enamorado, anaranjado,
viviendo un sol sobreviviente.
Así es.
A través de él veo la vida
que dejé de ver para nunca.
La dicha que yo no perdí
(porque aprendí después las cosas
luchando).
A través de su tinta ardiente
y de su arcilla delirante,
a través del puro fulgor
que lo delata,
veo lo que amé y no perdí,
y sigo amando:
calles, tierras, dulzura, frío,
la sepulcral Plaza Mayor,
el tiempo con su larga copa.
Y en el suelo una rosa blanca,
ensangrentada.

Pablo Neruda. Isla Negra, marzo de 1970.


En el año 1972 la taberna Casa Pascual cerró sus puertas siendo sustituida por “La Boroña”, un nuevo restaurante asturiano y tan económico como su antecesor. 

Varios y diferentes negocios se instalaron a lo largo del tiempo en este hoy vacío local. En la actualidad su abandonada y sucia fachada no muestra el menor recuerdo del histórico pasado que tuvo años atrás.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Tabernasantiguasdemadrid.blogspot.com
Es.wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

miércoles, 1 de abril de 2015

COLEGIO JOAQUÍN COSTA, LA CIUDAD INFANTIL DE MADRID.

El lugar donde hoy se encuentra el Colegio Joaquín Costa, en el paseo de los Pontones, número 8, fue el sitio escogido para fundar un ambicioso proyecto pedagógico que llevaría el nombre de Ciudad Infantil y fue promovido por el Colegio de Doctores de Madrid y en especial por el Dr. Francisco Carrillo Guerrero, en el año 1923.

Esta zona, correspondiente al barrio de La Latina y cercana al depauperado Barrio de las Injurias, presentaba entonces un alarmante índice de analfabetismo por la escasez de plazas escolares en su entorno. El proyecto de la Ciudad Infantil no sólo pretendía llegar a atender a los más de ocho mil niños del barrio sino también a sus familias, posibilitando asistencia médica, apoyo jurídico, instrucción higiénica y todo cuanto fuera necesario con el fin de paliar las míseras condiciones de vida de los habitantes de aquella parte de Madrid y su enorme mortalidad infantil.

La parcela destinada a ser la Ciudad Infantil era desde el año 1869 el Mercado de Caballerías o de Ganados, un terreno cercado con valla y algunas casetas para los servicios del mercado y donde, desde el amanecer hasta las diez horas de la mañana, todos los días se compraban y vendían animales de abasto y labor.

Fuente: idehistoricamadrid.org -Facundo Cañada- (1900)
Plano de la zona: Paseo de los Pontones y Puerta de Toledo. Resaltado en azul se aprecia el Mercado de ganados.

Enclavado entre el paseo de los Pontones, la ronda de Segovia y el paseo Imperial fue un terrero extramuros hasta el año 1868 cuando se decidió derribar la cerca de Felipe IV, de la que se conserva un pequeño lienzo, que tenía un acceso a Madrid por la Puerta de Toledo.

Fuente: Fotografía de Jean Laurent (1865). Fotografía actual de M.R.Giménez (2014)
La Puerta de Toledo en 1865 aún era lugar de acceso a Madrid y tenía tapiados sus laterales. Hoy sólo queda un pequeño lienzo de la cerca de Felipe IV.

El comienzo de las obras para la Ciudad Infantil tuvo lugar en el año 1923, cuando el contratista Fernando Force Lafuente solicitó la licencia al Ministerio de Instrucción Pública por un valor de 1.041.355’99 pesetas, dinero que sería recaudado mediante suscripción pública y aportaciones de los integrantes del Colegio de Doctores de Madrid, además de los correspondientes organismos oficiales (Ministerio de Instrucción Pública y Ayuntamiento).

Cuatro fueron los primeros pabellones de madera que conformarían los inicios del Grupo Escolar Joaquín Costa, construidos en esta Ciudad Infantil y donde comenzaron las clases diurnas y nocturnas para 200 alumnos, elegidos entre los 600 niños que presentaron su matrícula y que hubieron de quedar en lista de espera por falta de sitio. 

Fuente:idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1956-1957)
Fotografía aérea de la zona que muestra el terreno destinado a la Ciudad Infantil y al colegio.

Aparte de la necesaria alfabetización, habría talleres de diversos oficios trabajando con la puerta abierta para que puedan ser vistos por los niños y estos puedan elegir el que más les guste. El recinto estaría dotado de un gran jardín, huerta, campo de deportes, piscina, capilla, teatro y diversiones al aire libre que instruyen deleitando.

Pero la realidad no iría paralela con los planes para el desarrollo de esta Ciudad Infantil ya que a finales del año 1925 las obras del nuevo edificio y de los restantes servicios se iban retrasando, los alumnos continuaban en los barracones de madera y el cerramiento del recinto aún no se había realizado. 

Fuente: memoriademadrid.es (1929 aprox.)

Hasta el año 1929 no se terminó de construir el nuevo edificio que albergaría el Grupo Escolar Joaquín Costa, quedando cerrado y sin utilizar debido a la lentitud en la tramitación de su expediente para obtener el permiso oficial de apertura. Numerosos actos vandálicos estaban destruyendo los cristales de sus ventanas, el robo de materiales y las goteras arruinaban los suelos de madera, las puertas y el mobiliario. Así se había mantenido durante seis años, desde el comienzo de las obras, ante la pasividad de la Administración y las denuncias de la prensa, rodeado por las peligrosas y profundas zanjas resultantes de las excavaciones practicadas con el fin de buscar la rasante con el paseo de los Pontones. 

Hasta el día 7 de octubre de 1930 no daría comienzo la matriculación de los nuevos alumnos de este grupo escolar, que iniciaría el curso con el nuevo centro dotado de cantina, ropero, duchas, calefacción, biblioteca, escuela maternal con médico, jardín con árboles y todo lo necesario. El colegio sería inaugurado, finalmente, de manera oficial el día 13 de agosto de 1931 contando con una sección maternal, tres de especialización en primaria y una de secundaria. También se impartirían clases de idiomas, artísticas, corte y confección –con el fin de que los alumnos elaborasen prendas para otros niños- y de preparación comercial. Contaría con inspección médica y odontológica, además de una cantina que daría de comer a 350 niños y niñas subvencionada por el Ayuntamiento.

Fuente: ABC y B.N.E. (1931).
Inauguración del Colegio y busto de Joaquín Costa del escultor José M. Palma (hoy desaparecido).

En el año 1934 el Grupo Escolar Joaquín Costa ya tenía 1 sección maternal, 2 de párvulos, 9 de niñas y 20 de niños. También contaba con unidades destinadas a los alumnos con alguna deficiencia. En total albergaba a 1.500 estudiantes, con horario desde las 8 horas de la mañana hasta las 6 horas de la tarde. Para el acceso a una plaza escolar de los más pequeños tendrían prioridad los niños huérfanos y quienes justificaran el trabajo de ambos padres.

La enseñanza impartida es completamente moderna en todos los grados. Los niños y niñas eran atendidos para su evolución física y mental por los procedimientos recomendados en la moderna Paidología, complementada con excursiones al centro de Madrid, pueblos y ciudades cercanas. El Grupo Escolar Joaquín Costa de la Ciudad Infantil fue único de su clase en Madrid. 

Fuente: B.N.E. (1931)

La dirección del centro organizaba a menudo celebraciones para los niños y conferencias para sus padres a cargo de eminentes médicos y pedagogos. Verbenas, La fiesta de los juguetes o la de Fin de curso, que cada año tenía lugar en el Teatro Español. 

Fuente: B.N.E. (1931)
Parvulario del colegio.

A principios del mes de junio de 1934 se constituye en el Joaquín Costa la Asociación de Amigos del Niño (lo que hoy es la Asociación de Madres y Padres de Alumnos). Fue creada por los padres de los discípulos con la finalidad de instaurar becas para el acceso a estudios superiores de los alumnos, establecer colonias escolares, organizar festivales infantiles y conferencias, concursos de trabajos realizados por los niños y sus premios, adquirir materiales de varios oficios para que los alumnos ingresaran en un puesto de trabajo con categorías superiores a las de aprendiz. Esta asociación recaudaba fondos realizando festivales para el barrio en el recinto del colegio.

En el año 1936 comienza la Guerra Civil Española. En el mes de agosto de ese mismo año se habilita una residencia infantil para acoger a los niños de los distritos cercanos al Grupo Escolar Joaquín Costa. Un mes más tarde, el director del colegio, Manuel Alonso Zapata, es asesinado junto a su familia por las tropas fascistas. En octubre el colegio es bombardeado durante el horario de clase. 

Tras el fin de la guerra el colegio se reconstruye y vuelve a impartir clases, pero perdiendo el espíritu relacionado con la Institución Libre de Enseñanza que inspiró a la Ciudad Infantil de Joaquín Costa. 

En el año 1970 el edificio del colegio se encontraba en tan mal estado que se acordó su demolición y la edificación del que ahora existe. En esa época contaba con 850 alumnos y 22 unidades. En la actualidad sus 18.000 m2 de superficie albergan a 36 aulas de primaria y 6 de educación infantil, a las que asisten 1.130 alumnos.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Idehistoricamadrid.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Memoriademadrid.es
Colegiojoaquincosta.com
“La educación en la España revolucionaria (1936-1939)” Ramón Safón.
Mcu.es
Es.Wikipedia.org


Dedicado a todos los niños y niñas que un día fueron alumnos de la Ciudad Infantil y del Colegio Público Joaquín Costa del Paseo de los Pontones de Madrid.

domingo, 8 de marzo de 2015

LAS MUJERES EN LOS ANTIGUOS CAFÉS.

Se puede decir que la relación de las mujeres con los antiguos cafés y con sus tertulias nunca fue semejante a la de los hombres. El ocio y la cultura que prosperaban en los más importantes establecimientos de este ramo fueron inaccesibles para una gran parte de la población por diversos motivos económicos y culturales, pero en el caso de las mujeres existió además una prohibición social que, sin estar escrita, les impedía el libre acceso como clientes. 

Fuente: B.N.E. (1919)
Dos tertulias, exclusivamente masculinas, en el café Suizo.

Habría que hacer distinción entre los cafés del centro de Madrid, aquellos situados en la zona de la Puerta del Sol o de la calle de Alcalá, y los “cafés de barrio”. Las mujeres de familias acomodadas podían frecuentar los primeros, siempre acompañadas por sus padres o maridos, nunca solas o con amigas, pero jamás lograrían intervenir en las tertulias organizadas en ellos porque su opinión “no era bien recibida”. 

Fuente: ABC (1915).
Una familia al completo en el café de Puerto Rico. En la mesa de enfrente, una tertulia masculina.

En los barrios, especialmente aquellos que se encontraban cerca de un mercado donde las mujeres trabajaban en la venta de frutas o verduras, los cafés sí contaban con clientela mixta. La independencia económica de las mujeres trabajadoras de los denominados “barrios bajos” hacía posible su acceso a estos cafés, en los que hubo tertulias donde se promovieron muchas reivindicaciones sociales que, en ocasiones, llegarían a ser oídas en las más altas instancias gubernamentales.

Por lo general el papel de la mujer (sin acompañante masculino) en los cafés quedaba relegado a trabajar como camarera, con jornales aún más reducidos que los de sus compañeros, siendo obligadas a tomar parte en los espectáculos de cante, baile o teatro que allí tuviesen lugar o prostituyéndose para conseguir la retribución que les permitía sobrevivir.

Fuente: Mcu.es. Archivo Ruiz Vernacci. (1890).
Fotografía del cuadro de José María Alarcón Cáceres en el que se representa un café cantante de camareras.

A principios del siglo XX algunos cafés “de postín” procedieron a la apertura de una entrada especial para mujeres, que conducía a exclusivos salones destinados a meriendas y pequeñas reuniones, fuera de miradas indiscretas.

Fuente: ABC (1916)
Mujeres merendando en la sala especial de un café.

Por entonces mujeres intelectuales como Emilia Pardo Bazán o Carmen de Burgos “Colombine”, que deseaban formar parte de las tertulias de café con sus colegas masculinos, debían abrir su propia casa a escritores, pintores o políticos para poder intervenir en ellas. 

Fuente: Cervantesvirtual.com (Entre 1890 y 1915).
Tertulia literaria de Emilia Pardo Bazán en su casa de la calle de San Bernardo.

Con la proclamación de la II República Española del año 1931 la mujer alcanzó importantes derechos. Las normas sociales (como el famoso “qué dirán”) se relajaron y los cafés comenzarían a llenarse de grupos de mujeres independientes que creaban sus propias tertulias o participaban de las existentes con naturalidad, fumaban en público y abonaban sus propias consumiciones. 

Tras la Guerra Civil Española los incipientes avances sociales conseguidos sufrieron un retroceso considerable para todos y en especial para las mujeres. Muerte, cárcel y exilio se llevaron por delante a una buena parte de aquellos intelectuales que se reunían en los cafés. Ello unido a las condiciones enormemente restrictivas que la Ley de Orden Público imperante dispuso sobre el derecho de reunión, modificó sustancialmente todo el mapa tertuliano.

Las mujeres serían adoctrinadas, a partir de entonces, con principios como estos:

“No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa…; no hay que ser intelectual” (“El libro de las Margaritas” – 1940 - ). 

“Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador, reservado por Dios para los talentos varoniles” (Pilar Primo de Rivera -1942).

“Creyendo que nuestro papel está en la oficina, olvidamos aquel otro, perfectamente femenino: el de amas de casa” (“Formación familiar y social” asignatura obligatoria para alumnas de Bachillerato, años 50 y posteriores). 

Pero por fortuna, a pesar de todos los inconvenientes, siempre hubo quien se saltó la norma y quienes la apoyaron.

Fuente: Elcultural.es (años 50 del siglo XX).
Tertulia de escritores y escritoras en el café Gijón. Ana María Matute y Gonzalo Torrente Ballester, entre otros.


¡¡¡FELIZ DÍA 8 DE MARZO!!! 
desde los Antiguos cafés de Madrid.




Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci.
Cervantesvirtual.com
“Tazas calientes manchadas de carmín. Mujeres de cafés en la bipolaridad moral des espacio público (1890-1936)”. Jordi Luengo López.
“La Sección Femenina”. Luis Otero.

lunes, 2 de marzo de 2015

LA TABERNA DE FÉLIX PÉREZ, JUGADOR DEL REAL MADRID F.C.

Frente a la Puerta de Hernani del Parque de El Retiro, en la calle de Alcalá de Madrid (que hasta los años finales del siglo XIX se conocía como ronda de Alcalá o carretera de Aragón), estuvo la Taberna de Félix Pérez.

Fuente: Diariomadrid.net (finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo XX). 

Ya hay noticias de una tienda de vinos en este mismo lugar durante los años ochenta del siglo XIX. Joaquín Chillida, el propietario del establecimiento y también jefe de areneros de la entonces cercana plaza de toros de Felipe II (donde hoy se encuentra el Palacio de los Deportes), fue quien recogió e intentó salvar de la muerte al famoso Perro Paco tras ser corneado por un toro aquel 21 de junio de 1882.

En aquella tienda de vinos de la calle de Alcalá nació en el año 1901 quien sería su más famoso propietario, Félix Pérez Marcos, que entre 1921 y 1928 se convertiría en un popular, correcto y disciplinado jugador del Real Madrid F.C.

Fuente: Sefutbol.com (1927)
Félix Pérez, jugador del Real Madrid F.C.

Sabemos por la prensa que en el año 1931 esta famosa taberna se encontraba en el número 89 (que hoy corresponde con el nº 81) de la calle de Alcalá. Sobre su puerta había un toldo de color canela y en su fachada se podía leer el nombre de su propietario “Félix Pérez” en caracteres de perfil dorado. El interior estaba limpio y cuidado, tenía un magnífico mostrador de madera labrada con escurridero de estaño y losetas en las paredes sobre las que se anunciaban los partidos de fútbol que iban a disputarse.

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1931)
Félix Pérez y un camarero en su taberna.

Félix Pérez residía con su madre en un espacio habilitado como vivienda en la parte posterior de la taberna, como era frecuente en las tiendas de la época. Gran aficionado al fútbol desde la infancia, comenzó a jugar en la Chopera de El Retiro hasta que logró formar parte del “Club Recreativo de Madrid”. En el año 1921 consiguió ingresar en su admirado Real Madrid Football Club, equipo que tan sólo un año antes había antepuesto a su nombre el título de “Real”. 

En los años de aquel casi incipiente Real Madrid Football Club era necesario abonar la cuota de afiliación al equipo para poder jugar en sus filas. Aún no existía la profesionalización de los futbolistas, que debían compaginar su afición con otras profesiones para poder ganarse la vida. Félix Pérez obtuvo su carné del club a la edad de diez años (1910), siéndole asignado el número 4 y no sería profesional hasta 1925.

Aquellos eran tiempos en los que la prensa aún utilizaba términos como “balompié” o “goal” (gol) en sus crónicas deportivas y los campos de “football” eran bastante distintos a los actuales. Cuando el jugador “Félix Pérez” (su apodo en el equipo) ingresó en el Real Madrid los partidos de fútbol de este club se jugaban en el Campo de O’Donnell (situado entre las calles de Narváez y O’Donnell), que fue el primero en tener un vallado para separar a los jugadores del público asistente.

Fuente: ABC (1923).
Félix Pérez, de blanco, jugando contra la Gimnástica en el campo de fútbol de O'Donnell.

En el año 1923 el Real Madrid se trasladó a un nuevo campo de fútbol que también era velódromo, tenía pistas de tenis y piscina, situado en la Ciudad Lineal, en la calle de Arturo Soria, en dirección Norte-Sur (entre las calles del Duque de Tamames y de Ramírez de Arellano). 

Fuente: Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci (1923)
Campo de fútbol de Ciudad Lineal.

Un año después, en 1924, dada la importancia que había adquirido este club y la masiva asistencia de aficionados a sus partidos de fútbol, el Real Madrid construyó un estadio en Chamartín de la Rosa (municipio independiente de Madrid hasta el año 1947). 

Ubicado en la carretera de Chamartín de la Rosa, a 900 m. del Paseo de la Castellana (que por entonces terminaba en el Hipódromo –hoy Nuevos Ministerios-) este nuevo campo del Real Madrid contaba con hierba, graderías y una enorme tribuna cubierta. 

Fuente: Madridistassc.blogspot.com (finales de los años 20 del siglo pasado).
Campo de fútbol de Chamartín.

Este sería el último estadio del Real Madrid en el que Félix Pérez, a quien por entonces apodaban “Finito”, jugó con su equipo predilecto. En el año 1928, tras una disputa con la directiva del club por la revisión de su sueldo, canceló su contrato y pasó a formar parte del “Racing Club de Madrid” (equipo del barrio de Chamberí), en la temporada de 1929-1930. Después pasaría a jugar con el Club Atlético de Madrid, donde finalizaría su vida deportiva a finales del año 1931.

Es a partir de entonces cuando Félix compaginará su trabajo de funcionario de Correos con la taberna de la calle de Alcalá, donde sus compañeros de postas habían tomado la iniciativa de constituir la madridista Peña Félix Pérez que seguiría al equipo en todos sus desplazamientos hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo.

Fuente: M.R.Giménez (2015)
Aquí estuvo la Taberna de Félix Pérez. El edificio ha sido totalmente remodelado. 

La taberna de Félix Pérez desapareció en los años ochenta al igual que su dueño, fallecido en 1983. El día 18 de septiembre de ese año se disputó un partido homenaje entre el Real Madrid y el Valencia. Todos los jugadores madridistas llevaron un crespón negro en el brazo por la muerte del viejo futbolista, acaecida unos días antes. El resultado del encuentro fue 0-1.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Diariomadrid.net
Sefutbol.com
Mcu.es – Archivo Ruiz Vernacci.
Madridistassc.blogspot.com.
Historias-matritenses.blogspot.com