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domingo, 8 de marzo de 2015

LAS MUJERES EN LOS ANTIGUOS CAFÉS.

Se puede decir que la relación de las mujeres con los antiguos cafés y con sus tertulias nunca fue semejante a la de los hombres. El ocio y la cultura que prosperaban en los más importantes establecimientos de este ramo fueron inaccesibles para una gran parte de la población por diversos motivos económicos y culturales, pero en el caso de las mujeres existió además una prohibición social que, sin estar escrita, les impedía el libre acceso como clientes. 

Fuente: B.N.E. (1919)
Dos tertulias, exclusivamente masculinas, en el café Suizo.

Habría que hacer distinción entre los cafés del centro de Madrid, aquellos situados en la zona de la Puerta del Sol o de la calle de Alcalá, y los “cafés de barrio”. Las mujeres de familias acomodadas podían frecuentar los primeros, siempre acompañadas por sus padres o maridos, nunca solas o con amigas, pero jamás lograrían intervenir en las tertulias organizadas en ellos porque su opinión “no era bien recibida”. 

Fuente: ABC (1915).
Una familia al completo en el café de Puerto Rico. En la mesa de enfrente, una tertulia masculina.

En los barrios, especialmente aquellos que se encontraban cerca de un mercado donde las mujeres trabajaban en la venta de frutas o verduras, los cafés sí contaban con clientela mixta. La independencia económica de las mujeres trabajadoras de los denominados “barrios bajos” hacía posible su acceso a estos cafés, en los que hubo tertulias donde se promovieron muchas reivindicaciones sociales que, en ocasiones, llegarían a ser oídas en las más altas instancias gubernamentales.

Por lo general el papel de la mujer (sin acompañante masculino) en los cafés quedaba relegado a trabajar como camarera, con jornales aún más reducidos que los de sus compañeros, siendo obligadas a tomar parte en los espectáculos de cante, baile o teatro que allí tuviesen lugar o prostituyéndose para conseguir la retribución que les permitía sobrevivir.

Fuente: Mcu.es. Archivo Ruiz Vernacci. (1890).
Fotografía del cuadro de José María Alarcón Cáceres en el que se representa un café cantante de camareras.

A principios del siglo XX algunos cafés “de postín” procedieron a la apertura de una entrada especial para mujeres, que conducía a exclusivos salones destinados a meriendas y pequeñas reuniones, fuera de miradas indiscretas.

Fuente: ABC (1916)
Mujeres merendando en la sala especial de un café.

Por entonces mujeres intelectuales como Emilia Pardo Bazán o Carmen de Burgos “Colombine”, que deseaban formar parte de las tertulias de café con sus colegas masculinos, debían abrir su propia casa a escritores, pintores o políticos para poder intervenir en ellas. 

Fuente: Cervantesvirtual.com (Entre 1890 y 1915).
Tertulia literaria de Emilia Pardo Bazán en su casa de la calle de San Bernardo.

Con la proclamación de la II República Española del año 1931 la mujer alcanzó importantes derechos. Las normas sociales (como el famoso “qué dirán”) se relajaron y los cafés comenzarían a llenarse de grupos de mujeres independientes que creaban sus propias tertulias o participaban de las existentes con naturalidad, fumaban en público y abonaban sus propias consumiciones. 

Tras la Guerra Civil Española los incipientes avances sociales conseguidos sufrieron un retroceso considerable para todos y en especial para las mujeres. Muerte, cárcel y exilio se llevaron por delante a una buena parte de aquellos intelectuales que se reunían en los cafés. Ello unido a las condiciones enormemente restrictivas que la Ley de Orden Público imperante dispuso sobre el derecho de reunión, modificó sustancialmente todo el mapa tertuliano.

Las mujeres serían adoctrinadas, a partir de entonces, con principios como estos:

“No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa…; no hay que ser intelectual” (“El libro de las Margaritas” – 1940 - ). 

“Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador, reservado por Dios para los talentos varoniles” (Pilar Primo de Rivera -1942).

“Creyendo que nuestro papel está en la oficina, olvidamos aquel otro, perfectamente femenino: el de amas de casa” (“Formación familiar y social” asignatura obligatoria para alumnas de Bachillerato, años 50 y posteriores). 

Pero por fortuna, a pesar de todos los inconvenientes, siempre hubo quien se saltó la norma y quienes la apoyaron.

Fuente: Elcultural.es (años 50 del siglo XX).
Tertulia de escritores y escritoras en el café Gijón. Ana María Matute y Gonzalo Torrente Ballester, entre otros.


¡¡¡FELIZ DÍA 8 DE MARZO!!! 
desde los Antiguos cafés de Madrid.




Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci.
Cervantesvirtual.com
“Tazas calientes manchadas de carmín. Mujeres de cafés en la bipolaridad moral des espacio público (1890-1936)”. Jordi Luengo López.
“La Sección Femenina”. Luis Otero.

lunes, 2 de marzo de 2015

LA TABERNA DE FÉLIX PÉREZ, JUGADOR DEL REAL MADRID F.C.

Frente a la Puerta de Hernani del Parque de El Retiro, en la calle de Alcalá de Madrid (que hasta los años finales del siglo XIX se conocía como ronda de Alcalá o carretera de Aragón), estuvo la Taberna de Félix Pérez.

Fuente: Diariomadrid.net (finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo XX). 

Ya hay noticias de una tienda de vinos en este mismo lugar durante los años ochenta del siglo XIX. Joaquín Chillida, el propietario del establecimiento y también jefe de areneros de la entonces cercana plaza de toros de Felipe II (donde hoy se encuentra el Palacio de los Deportes), fue quien recogió e intentó salvar de la muerte al famoso Perro Paco tras ser corneado por un toro aquel 21 de junio de 1882.

En aquella tienda de vinos de la calle de Alcalá nació en el año 1901 quien sería su más famoso propietario, Félix Pérez Marcos, que entre 1921 y 1928 se convertiría en un popular, correcto y disciplinado jugador del Real Madrid F.C.

Fuente: Sefutbol.com (1927)
Félix Pérez, jugador del Real Madrid F.C.

Sabemos por la prensa que en el año 1931 esta famosa taberna se encontraba en el número 89 (que hoy corresponde con el nº 81) de la calle de Alcalá. Sobre su puerta había un toldo de color canela y en su fachada se podía leer el nombre de su propietario “Félix Pérez” en caracteres de perfil dorado. El interior estaba limpio y cuidado, tenía un magnífico mostrador de madera labrada con escurridero de estaño y losetas en las paredes sobre las que se anunciaban los partidos de fútbol que iban a disputarse.

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1931)
Félix Pérez y un camarero en su taberna.

Félix Pérez residía con su madre en un espacio habilitado como vivienda en la parte posterior de la taberna, como era frecuente en las tiendas de la época. Gran aficionado al fútbol desde la infancia, comenzó a jugar en la Chopera de El Retiro hasta que logró formar parte del “Club Recreativo de Madrid”. En el año 1921 consiguió ingresar en su admirado Real Madrid Football Club, equipo que tan sólo un año antes había antepuesto a su nombre el título de “Real”. 

En los años de aquel casi incipiente Real Madrid Football Club era necesario abonar la cuota de afiliación al equipo para poder jugar en sus filas. Aún no existía la profesionalización de los futbolistas, que debían compaginar su afición con otras profesiones para poder ganarse la vida. Félix Pérez obtuvo su carné del club a la edad de diez años (1910), siéndole asignado el número 4 y no sería profesional hasta 1925.

Aquellos eran tiempos en los que la prensa aún utilizaba términos como “balompié” o “goal” (gol) en sus crónicas deportivas y los campos de “football” eran bastante distintos a los actuales. Cuando el jugador “Félix Pérez” (su apodo en el equipo) ingresó en el Real Madrid los partidos de fútbol de este club se jugaban en el Campo de O’Donnell (situado entre las calles de Narváez y O’Donnell), que fue el primero en tener un vallado para separar a los jugadores del público asistente.

Fuente: ABC (1923).
Félix Pérez, de blanco, jugando contra la Gimnástica en el campo de fútbol de O'Donnell.

En el año 1923 el Real Madrid se trasladó a un nuevo campo de fútbol que también era velódromo, tenía pistas de tenis y piscina, situado en la Ciudad Lineal, en la calle de Arturo Soria, en dirección Norte-Sur (entre las calles del Duque de Tamames y de Ramírez de Arellano). 

Fuente: Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci (1923)
Campo de fútbol de Ciudad Lineal.

Un año después, en 1924, dada la importancia que había adquirido este club y la masiva asistencia de aficionados a sus partidos de fútbol, el Real Madrid construyó un estadio en Chamartín de la Rosa (municipio independiente de Madrid hasta el año 1947). 

Ubicado en la carretera de Chamartín de la Rosa, a 900 m. del Paseo de la Castellana (que por entonces terminaba en el Hipódromo –hoy Nuevos Ministerios-) este nuevo campo del Real Madrid contaba con hierba, graderías y una enorme tribuna cubierta. 

Fuente: Madridistassc.blogspot.com (finales de los años 20 del siglo pasado).
Campo de fútbol de Chamartín.

Este sería el último estadio del Real Madrid en el que Félix Pérez, a quien por entonces apodaban “Finito”, jugó con su equipo predilecto. En el año 1928, tras una disputa con la directiva del club por la revisión de su sueldo, canceló su contrato y pasó a formar parte del “Racing Club de Madrid” (equipo del barrio de Chamberí), en la temporada de 1929-1930. Después pasaría a jugar con el Club Atlético de Madrid, donde finalizaría su vida deportiva a finales del año 1931.

Es a partir de entonces cuando Félix compaginará su trabajo de funcionario de Correos con la taberna de la calle de Alcalá, donde sus compañeros de postas habían tomado la iniciativa de constituir la madridista Peña Félix Pérez que seguiría al equipo en todos sus desplazamientos hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo.

Fuente: M.R.Giménez (2015)
Aquí estuvo la Taberna de Félix Pérez. El edificio ha sido totalmente remodelado. 

La taberna de Félix Pérez desapareció en los años ochenta al igual que su dueño, fallecido en 1983. El día 18 de septiembre de ese año se disputó un partido homenaje entre el Real Madrid y el Valencia. Todos los jugadores madridistas llevaron un crespón negro en el brazo por la muerte del viejo futbolista, acaecida unos días antes. El resultado del encuentro fue 0-1.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Diariomadrid.net
Sefutbol.com
Mcu.es – Archivo Ruiz Vernacci.
Madridistassc.blogspot.com.
Historias-matritenses.blogspot.com

miércoles, 11 de febrero de 2015

CAFÉ ESPAÑOL, CALLE DE CARLOS III.

Esta es la historia de un café con mala fama; bonito, aunque triste y algo mugriento, con demasiadas reclamaciones en cuanto a su servicio, pero que fue visitado por todo Madrid durante los ochenta y cuatro años que mantuvo abiertas sus puertas en la calle de Carlos III, número 1, frente al Teatro Real.


Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Lugar donde estuvo el Café Español de la calle de Carlos III (a la derecha).

El Café Español había comenzado su negocio en la antigua Puerta del Sol durante los años cuarenta del siglo XIX. Por entonces aún no se había iniciado la gran remodelación de este enclave, que tendría lugar entre los años1857 y 1862, y los números de las casas no guardaban orden correlativo. El Español señalaba su emplazamiento aleatoriamente en los números 4 y 6 de la Puerta del Sol o al principio de la calle de Alcalá, ya que se encontraba en un edificio frontero entre ambas localizaciones.

Fuente: Viejo-Madrid.es (1857)
Antigua Puerta del Sol en el inicio de la calle de Alcalá. Allí estuvo el Café Español en sus orígenes.

La apertura del nuevo Café Español, en su ubicación de la calle de Carlos III, tuvo lugar el día 5 de agosto de 1851, una vez recibida por su dueño Juan Fernández la correspondiente indemnización debida al desalojo de la casa que ocupaba en la antigua Puerta del Sol. 

Era el Español un bonito café decorado con multitud de angelitos volanderos, ya en óvalos, ya en techos esparciendo flores. Sus paredes estaban revestidas de grandes espejos, contaba con divanes tapizados en peluche rojo, siguiendo el interiorismo propio de los cafés de la época, y se hallaba jalonado de macizas columnas de hierro con un estilo confuso.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la reapertura del Café Español en la calle de Carlos III, publicado en la prensa el día 3 de agosto de 1851. (Dos días más tarde abriría este establecimiento).

La parroquia del Café Español estaba compuesta mayoritariamente por músicos. Su emplazamiento frente al Teatro Real, que se había inaugurado un año antes de la apertura de este establecimiento (1850), hizo de este café el lugar propicio para que los cantantes tomaran ponches y aclarasen su voz antes de los ensayos. Sus billares eran muy conocidos porque en ellos se congregaban los miembros de la claque o grupo de personas que asistían al espectáculo del Real para aplaudir en momentos señalados, sin abonar la entrada. Una vez que el concierto comenzaba el café quedaba desierto, salvo los domingos cuando se llenaba de parejas. 

Curiosamente, durante la mitad del siglo XIX y principios del XX, los habitantes de Madrid consideraban que el Café Español se encontraba apartado del centro (tomando como referencia la Puerta del Sol). Por esta razón era éste un café tranquilo y para que dejase de serlo su dueño, en el año 1868, solicitó permiso para dar funciones dramáticas en su interior y conciertos, durante las noches que no hubiera función en el Real. 

Fuente: ABC (1904)
Interior del Café Español.

Se puede decir del Español que fue un café romántico, tal vez el último de Madrid. Concentraba tertulias de escritores que cada 13 de febrero rendían un sentido homenaje a Mariano José de Larra (1809-1837), vecino de la cercana calle de Santa Clara donde se había quitado la vida con un disparo en la sien. También los hermanos Machado (Antonio, Manuel y Pepe, pintor y el más pequeños de los tres) tuvieron allí su tertulia, antes de trasladarla al Café Varela de la calle de Preciados.

En el año 1909 fue contratado como pianista el maestro Zacarías López Debesa “El músico ciego”. (Sobre sus conciertos diarios en este café había opiniones diversas). Dotado de una habilidad innata para la música y de una prodigiosa memoria para retener todas las partituras de su extenso repertorio, Zacarías llegó a ser premio extraordinario fin de carrera del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en el año 1908. Invidente casi desde su nacimiento, era también compositor y profesor de la Escuela Municipal de Ciegos.

Fuente: jotdown.es (1908).
Imagen estereoscópica de la plaza de Isabel II en la que se aprecia la parte trasera del Teatro Real.

La fiesta y manifestación del 1º de mayo de 1911 tuvo como punto de partida la plaza de Isabel II, que se llenó de trabajadores con sus banderas y estandartes, siendo el grupo más numeroso el formado por la Sociedad “El Trabajo”, de albañiles, que fueron a colocar su enseña sobre la puerta del Café Español. A las 10 horas comenzó la manifestación de las cuarenta y seis sociedades allí reunidas, siendo mucho más numerosa que en años anteriores. 

Los dirigentes socialistas Pablo Iglesias Possé (1850-1925) y Francisco Largo Caballero (1869-1946) acudieron a la nutrida manifestación en la que un orfeón y un coro de niños interpretaron, entre otros, “La Internacional” y “La Marsellesa de la Paz” el himno socialista compuesto por Julián Laiseca en el año 1900 y hoy olvidado.

Fuente: ABC (1935). Fotografía: M.R.Giménez (2015).
A la izquierda aparece la fachada del Café Español cuando cerró sus puertas. A la derecha, el mismo lugar en la actualidad.

Andando el tiempo, a comienzos de los años treinta del siglo pasado, un nuevo dueño vino a acometer reformas en el Café Español con el fin de modernizar sus instalaciones que, al parecer, no habían sufrido alteración desde que se abrió el negocio. Calixto Velarde, que así se llamaba este propietario, decidió que el Español debía estar ajustado a los adelantos y exigencias de la vida moderna, pero sin perder su peculiaridad y clasicismo. Así dotó a su negocio de nuevos lavabos, calefacción, cambió los terciopelos rojos de sus divanes por pana labrada, ocultó las pinturas de sus techos y paredes bajo una capa blanca y despidió al pianista ciego Zacarías, de quien tanto se quejaban los tertulianos. 

La nueva y casi aséptica apariencia del Español, que seguía manteniendo tertulias como la del director y fundador de la Banda Municipal de Madrid, Ricardo Villa González, atrajo también a una aparición mariana.

El día 22 de diciembre de 1934 Antonio, echador de café hasta entonces, cuando se dirigió a la bodega del establecimiento para sacar el género encontró un cuadro de la Virgen lactando al Niño enterrado entre la arena del suelo. Rápidamente un cura, varios caballeros y otras tantas damas organizaron un altar con flores y velas en el interior de la cueva, junto a la pintura, prohibiendo la entrada de aquellos curiosos que no aportasen algún donativo aduciendo que el respeto a la aparición sagrada debe primar sobre todo lo demás.

La autoridad eclesiástica mantuvo en reserva su opinión respecto a la milagrosa aparición obrada en la cueva del Español, mientras los parroquianos de toda la vida iban abandonando el café alegando que huele a cera, a caballeros ensotanados y a sacristía. 

Este fue el triste final del Café Español que, tras más de ochenta años de vida, cerró definitivamente en el mes de abril de 1935. Su local sería ocupado, dos meses después, por unas oficinas de cobranza de células personales que pagaban un alquiler de 800 pesetas mensuales. 

Años después el número 1 de la calle de Carlos III sería sede de una prestigiosa tienda de artículos musicales. Hoy es un bazar de recuerdos turísticos.



Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
“Del Guernikako Arbola a La Marsellesa de la Paz. Música, política e ideología en Vizcaya (1874-1914)” María Nagore Ferrer.  
prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es
Jotdown.es
Es.wikipedia.org

viernes, 23 de enero de 2015

CAFÉ DE SAN MIGUEL, DE LA CALLE MAYOR.

El Café de San Miguel vino a inaugurarse durante los primeros años ochenta del siglo XIX en la plaza de San Miguel, número 2, esquina con la calle Mayor, de Madrid. Esta plaza aún acogía al confuso y antiestético amontonamiento de puestos de diferentes clases y dimensiones en que se había convertido el viejo mercado sin techar, que proyectó en el año 1835 Ricardo Joaquín Henrí; el mal olor de los alimentos perecederos, sobre todo en época de verano, generó desde el principio de su existencia un gran número de protestas entre los vecinos, que exigían reemplazarlo por un edificio cerrado. Así vino a edificarse el actual mercado de San Miguel, obra del arquitecto Alfonso Dubé Díez, que fue inaugurado en su totalidad el día 3 de mayo de 1916.

Fuente: Diariodesing.com (aprox. años 40)
Fachada del Mercado de San Miguel.

El de San Miguel no era un café económico como los que se habían establecido dentro del mercado, pero tampoco lo era de tertulias conocidas debido a su situación “alejada del centro”, tomando como referencia la Puerta del Sol. 

Fuente: Mcu.es - archivo Conde de Polentinos. (Recorte de fotografía) (aprox. años 10)
Desfile de tropas por la calle Mayor. El edificio central de la foto fue derruido y a su izquierda aparece uno de los arcos de la Plaza Mayor, correspondiente a la calle de Ciudad Rodrigo. 

Hilarión Escudero habría sido el primer propietario del Café de San Miguel. Siempre empeñado en hacer de su negocio un lugar tranquilo, no lo tuvo fácil al ser éste un sitio de paso hacia el contiguo mercado; numerosas reyertas se produjeron en el interior o en la misma puerta del café, detenciones por no abonar las consumiciones y hasta un crimen evitado. Todo ello hizo que el San Miguel fuera protagonista de varias noticias en la página de sucesos de la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Fuente: Nicolas1056. Colección Salvador Alcázar (1908)
Puestos callejeros del antiguo Mercado de San Miguel. A la izquierda se aprecia la fachada del Café de San Miguel por el lado de la plaza.

Era el día 2 de julio de 1907 cuando un hombre de raza gitana, llamado Eduardo, se presentó en el Gobierno Civil manifestando: Estoy encargado de degollar a una mujer. 

Tras la estupefacción inicial del policía, el hombre pasó a relatar esta historia: Allá por el mes de Mayo último, un caballero amigo mío llamado Francisco, hombre ordinario, aunque de posición, con más años que el Peñón de la Gomera, pero enamorado como Cupido, me quiso jonjabar para un negocio en que me jugaba el pescuezo con el buchí.

El joven tenía por negocio la venta de caballerías, pero las cosas no le iban demasiado bien y el viejo don Francisco lo sabía. Así, le propuso ganar 1.200 pesetas por lisa y llanamente quitarme de en medio un estafermo. Mi mujer. 

Pero siguiéndole la corriente y haciéndole creer que estaba propicio a realizar el negocio intenté cerrar el trato, contaba el joven Eduardo. Le dije que estaba dispuesto a todo en cuanto viera los «archenes» (dinero), pero el gachón no soltaba prenda. Yo, la verdad, quería sacarle los «conquibus», pá luego darle esquinazo.

El anciano había propuesto a Eduardo que sorprendiera a la mujer de noche y en su casa, para degollarla. 

El gachó, que es un «caña» más largo que un día sin pan, intentaba casarse después, a pesar de sus setenta años, con un cariño que tiene más bonito que la Custodia.

El policía puso los hechos en conocimiento de su superior y ambos acordaron que el joven Eduardo concertara un encuentro con don Francisco en el Café de San Miguel, mientras un inspector y un agente de Investigación observaban de incógnito la escena. 

El crimen quedó concertado, pero Eduardo discrepaba con el inductor del asesinato respecto al arma que debía utilizarse.

Rechazo las armas blancas, me aterra la sangre. Mejor será que emplee el veneno, alegó Eduardo.

Eso puede no ser activo. Es preferible una navaja barbera; de un tajo bien dirigido se acaba todo, contestó don Francisco.

¡Calle usted, arma mía! Tengo yo aquí un veneno… mire usted… (y le mostró un frasco de agua y vinagre) que en cuanto lo pruebe no dice ni pío.

Los dos hombres llegaron por fin a un acuerdo, tras el que Eduardo se despidió del viejo diciendo: Hecho está. ¡Permita María Santísima que si deshace usté el trato se le meta un alacrán por la pantorrilla izquierda!

Fue entonces cuando los policías cayeron como dos bombas sobre don Francisco, mientras el gitano lanzaba una carcajada estridente. Ambos fueron conducidos al Gobierno Civil y, tras el atestado correspondiente, ingresaron en el Juzgado de Guardia. Eduardo repitió ce por be todo cuanto ya había manifestado y quedó libre de culpa. Don Francisco adujo que en un principio su esposa también le había querido asesinar. Acto seguido ingresó en la cárcel.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada actual de lo que fue el Café de San Miguel, en la calle Mayor.

En el año 1911 el Café de San Miguel era propiedad de Siardo Rodríguez Solano, quien decidió convertirlo en restaurant a la carta y dotarlo de billares. Con el fin de transformar su negocio en un lugar más selecto intentó organizar tertulias y lo dotó de un piano para sus conciertos nocturnos. 

Con el tiempo este Café introdujo, además de orquestas que diariamente tocaban desde las 2,30 horas a 5 de la tarde y de 9,30 horas a 12 de la noche, sesiones de cinematógrafo durante los domingos y un juego del tiro al blanco.

Fuente: B.N.E. (25.12.1914).

Después del año 1915 desaparecen los anuncios y las noticias en prensa del Café de San Miguel. El local fue dividido y hoy lo ocupan varios establecimientos.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Diariodesing.com
Mcu.es (Archivo conde de Polentinos)
Nicolás1056 (Colección Salvador Alcázar)
“Balcones, caminos y glorietas de Madrid. Escenas y escenarios de ayer y hoy” Carmen Santamaría.
Urbancidades.wordpress.com

viernes, 9 de enero de 2015

PROYECTO DEL PASAJE COMERCIAL DE GRASES, ENTRE LAS CALLES DE ALCALÁ Y MONTERA.

Esta es la historia de un pasaje comercial de aspecto suntuoso y carácter semi-monumental, que nunca fue construido. Habría llevado el nombre de Pasaje Comercial desde la calle de Alcalá, frente a la de Sevilla, hasta la Red de San Luis (calle de la Montera) atravesando las de Jardines y de la Aduana y fue un proyecto del arquitecto José Grases Riera presentado en el año 1901.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901)
Dibujo 1*. Proyecto de los accesos principales al Pasaje de Grases.  

El arquitecto José Grases Riera (1850-1919) fue también el artífice de edificios como el hoy destrozado Palacio de la Equitativa y la Casa del New Club, ambos situados en la calle de Alcalá de Madrid.

La ley de Reforma Interior y Mejora de las Grandes Poblaciones del año 1895 preveía la necesidad de eliminar viejas casas y estrechas calles, en pos de la salubridad de sus habitantes. El hacinamiento de una población que aumentaba rápidamente en el Madrid de principios del siglo XX (hasta los 500.000 habitantes) y desprendía demasiados gases mefíticos con sus aglomeraciones, fue la justificación para proponer el proyecto de este Pasaje Comercial que, de haberse construido, hubiera supuesto el derribo de 51 edificios que en su mayor parte alojaban a inquilinos de clases trabajadoras en las calles de la Montera, Jardines y Aduana, en pos de una vía corta que reduciría la distancia entre la Red de San Luis y la calle de Alcalá. El nuevo Pasaje habría estado conformado por 14 suntuosas casas provistas de los más modernos adelantos vistos hasta entonces: calefacción, ascensores, sistema telefónico, tuberías-vertedero para la recogida de basuras y seguridad con vigilancia diurna/nocturna, además de contar con timbres de alarma para emergencias.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto para el emplazamiento del Pasaje de Grases y las casas que deberían ser derribadas.

Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900). Plano de Facundo Cañada.
El Pasaje de Grases estaba incluido en las nuevas obras a realizar para el Madrid del incipiente siglo XX.

El Pasaje Comercial de Grases habría tenido una extensión superficial de 13.987’95 m2. y hubiera estado formado por tres tramos con dos entradas principales, una en la calle de Alcalá (donde hoy se encuentra el Casino de Madrid) y otra casi al final de la calle de la Montera (actual número 48) sirviendo como comunicación directa entre la Red de San Luis y la calle de Sevilla, sin pasar por la Puerta del Sol para evitar aglomeraciones.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
A la izquierda, fachada del Casino de Madrid y a la derecha el final de la calle de la Montera. Principio y final de lo que hubiera sido el Pasaje de Grases.

La nueva vía estaba destinada sólo al tránsito del público, en forma de salón prolongado y con techo cubierto, dedicada exclusivamente a un uso comercial y hubiera tenido una anchura de 9 metros. Los edificios de sus laterales, con una altura de 18 metros de fachada, contarían con piso bajo, entresuelo, principal, segunda y tercera planta, por debajo de la que se hubiesen colocado los soportes de la cubierta del Pasaje, armada de hierro y cristal. 

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto del interior del Pasaje de Grases, con el techo cubierto por hierro y cristal.

Para el ingreso al Pasaje por la calle de Alcalá se pensó en el terreno que por entonces ocupaban los inmuebles números 13 y 15 de dicha vía, luego adquiridos para levantar el Casino de Madrid (1910). 

Fuente: Memoriademadrid.es (1907 aprox.).
Las casas número 13 y 15 de la calle de Alcalá, donde luego se levantaría el Casino de Madrid, aparecen remarcadas.

En el centro de esta monumental entrada se abriría un pórtico de tres arcos y dos filas de columnas (dibujo 1*), semejante al acceso por la calle de la Montera. Las uniones del Pasaje a la altura de las calles de los Jardines y de la Aduana serían tan monumentales como las anteriores, pero sustituyendo los arcos por platabandas o dinteles.

Fuente: Bhd-rd.bne.es (1901).
Proyecto de las fachadas que hubieran servido de unión entre las calles de Jardines y Aduana, en el interior del Pasaje de Grases.

Para las tres galerías o calles peatonales se proyectó una cubierta con claraboyas armadas de hierro y cristal, dispuestas de manera que guarden el pasaje de los agentes atmosféricos y no impidan su ventilación. Por la parte superior irían cañerías que dejarían correr el agua por toda la superficie exterior, con el fin de refrescar tanto el cristal como el ambiente durante los veranos. En el proyecto se exponía la posibilidad de suprimir el techo de cristal si los comerciantes que se establezcan en el Pasaje así lo decidieran.

Al ser un espacio diseñado para uso comercial los pisos bajos y los entresuelos se proyectaron diáfanos, con columnas de hierro, para que cada establecimiento pudiese acomodar sus necesidades al espacio existente. Todas las tiendas tendrían un sótano, situado en el subsuelo del Pasaje.

Los pisos tercero y cuarto de los edificios estarían destinados a viviendas de lujo, revistiendo sus fachadas con estucos y elementos decorativos hechos con piedra artificial. Para el solado de las habitaciones se planteó el uso del baldosín hidráulico y del mármol. Además, cada una de las estancias principales de las viviendas vendrían dotadas de relojes electrónicos, cuya hora será la misma que la del reloj de origen colocado en uno de los puntos principales del Pasaje.

El proyecto del Pasaje Comercial de Grases comenzó su tramitación oficial en el año 1897 y fue firmado por la reina regente María Cristina, concediendo su autorización, en el mes de noviembre de ese mismo año. Seis meses después se publicó el edicto llamando a los propietarios de las casas a derruir para ser indemnizados, si a ello tenían derecho. El 19 de marzo de 1901 el Ayuntamiento de Madrid aprobó el proyecto.

Varios fueron los motivos por los que el Pasaje Comercial de Grases no se llegó a realizar. En el año 1903 la sociedad de “El Casino de Madrid” ya había adquirido las casas correspondientes a los números 13 y 15 de la calle de Alcalá y tenía confeccionado el proyecto para levantar su nuevo edificio. Esto hizo modificar el trazado previsto para el Pasaje y emplazar su nueva entrada de la calle de Alcalá en el chaflán de la esquina de la calle de los Peligros, donde se hallaba situado el famoso Café de Fornos, a lo que su dueño se negó de forma rotunda. Entonces se planteó la posibilidad de situar el acceso más abajo de la iglesia de las Calatravas, en la siguiente manzana, lo que hubiese afectado a un mayor número de edificios incrementando significativamente el coste de las expropiaciones. 

Por aquellas fechas se estaba realizando otro proyecto de gran envergadura, que modificaría verdaderamente la fisonomía del centro de Madrid. La Gran Vía, dividida inicialmente en tres tramos (avenida del Conde de Peñalver, Bulevar de Pi y Margall y Avenida de Eduardo Dato) iba a conseguir hacerse con los recursos destinados a la realización del pequeño, en comparación, Pasaje Comercial de Grases, cuyo proyecto fue definitivamente rechazado por el Ayuntamiento en el año 1905 por veintiocho votos en contra y veinticinco favorables.



Fuentes:

“Pasaje Comercial desde la calle de Alcalá, frente a la de Sevilla, hasta la Red de San Luis (calle de la Montera) atravesando las de Jardines y de la Aduana” de José Grases Riera.
Bdh-rd.bne.es
Hemeroteca B.N.E.
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es. Plano Facundo Cañada
Memoriademadrid.es
Es.wikipedia.org

Prensahistorica.mcu.es

miércoles, 31 de diciembre de 2014

FELIZ AÑO NUEVO.

A TODOS LOS QUE VAIS O VENÍS, ESTÁIS O ESTARÉIS EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO...

ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID DESEA PARA VOSOTROS UN MARAVILLOSO AÑO 2015.



Fotografía: M.R.Giménez (2014)

Sirena de Antonio Coll Pi -1922- situada en el estanque de El Retiro de Madrid.



viernes, 19 de diciembre de 2014

CAFÉ LION D’OR Y EL EDIFICIO DE LA GRESHAM DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Eran los años finales del siglo XIX cuando en la calle de Alcalá, entonces número 38 y hoy 18, abrió al público como cervecería el Lion d’Or, la más elegante de Madrid.

Fuente: Archivo Ruiz Vernacci. Mcu.es (años 40 del siglo XX). Fragmento de la fotografía.
Café Lion d'Or entre el Teatro Al"c"azar y el Banco de Vizcaya.


Propiedad de la familia Gallardo (al igual que el Café Lion de la calle de Alcalá, número 59, que abriría en el año 1931), el Lion d’Or acometió una gran obra de remodelación para convertirse en café y fue de nuevo inaugurado durante los primeros días del año 1906. Decorado al estilo Luis XV era tan suntuoso como severo en sus frisos, cenefas y lámparas para el alumbrado eléctrico. Sus muros estaban adornados por tapices de exquisita factura, con escenas de caza destacadas sobre un fondo de terciopelo rojo. Mesas de mármol de Mañaria (Vizcaya), jaspeado en blanco y negro sobre las que se colocaban las consumiciones en servicios de plata.

Fuente: B.N.E. (1933)
Aspecto de la terraza del Café Lion d'Or.

Poco a poco, lo que comenzó despachando cerveza se fue convirtiendo en uno de los cafés más importantes Madrid por el que pasarían las tertulias de los miembros de la Generación del 98, primero, y de la Generación del 27, después. Tal vez la tertulia que más renombre obtuvo en el café Lion d’Or fue la de los Humoristas, compuesta por escritores, dibujantes y pintores como José Francés “Silvio Lago”, Juan Alcalá del Olmo, Leal de la Cámara, Ramón Manchón Herrera, Tomás y Aurora Gutiérrez Larraya, Manuel Bujados, Pedro Antequera Azpiri, Ricardo García López “K-Hito”, Enrique Estévez-Ortega, “Tito”, Ricardo Marín, Pepito (José) Zamora, Enrique Ochoa, Germán Gómez de la Mata y Daniel Vázquez Díaz, entre otros. Todos ellos pasarían después al café Gijón, luego, en el año 1923, al café Jorge Juan y posteriormente a los bajos del Hotel Nacional en una reunión semanal e inalterable que tenía lugar todos los jueves.

Fuente: B.N.E. (1928)
Caricatura de Enrique Estévez-Ortega, uno de los integrantes de la tertulia de los Humoristas.

En el año 1903 la compañía de seguros Gresham Life Assurance Society Limited, se instaló en el edificio de la calle de Alcalá en el que se hallaba ubicado el Café Lion d’Or. Colocaría un gran cartel sobre su tejado y el inmueble pasaría a ser conocido como la casa o El Edificio de La Gresham.

Fuente: B.N.E. (1921)
Edificio de La Gresham durante la construcción del teatro (izquierda) y del banco (derecha). 

Corría el año 1921 mientras la casa de La Gresham se encontraba en medio de dos grandes edificios en construcción: El banco de Vizcaya y el teatro Alkazar (que cambiaría la “k” por la “c” en el año 1940). En la edificación del teatro la cimentación entró por debajo de la casa Gresham, en la parte de la medianería, y a media tarde del sábado 26 de marzo de 1921, cuando el Café Lion d’Or contaba con más afluencia de público, provocó el hundimiento de su suelo.

Durante las semanas anteriores a este suceso, los vecinos del edificio de La Gresham habían percibido ciertos temblores en las paredes, habiéndolo comunicado al propietario que, acompañado de un técnico y tras inspeccionar el inmueble, afirmó que no existía peligro. Las obras siguieron adelante.

Fuente: B.N.E. (1921)
La fotografía recoge el hundimiento del edificio de La Gresham por el lado del café Lion d'Or, cuyo muro era de arcadas e incapaz de ejercer contención.

El hundimiento se produjo por la filtración de una vía de agua que pasaba por debajo del café, motivando el reblandecimiento de la tierra arenisca que no estaba contenida por el muro de arcadas del edificio. Los parroquianos del Lion d’Or fueron engullidos por el enorme socavón junto a escombros, mesas, sillas y demás servicios del local.

Rápidamente se organizaron trabajos de rescate, mientras se avisaba a los bomberos. Tres de los clientes presentaban un estado de enorme gravedad y uno de ellos fallecería un mes más tarde. El edificio de La Gresham fue desalojado de inmediato y se acordonó ese tramo de la calle de Alcalá, interrumpiendo la circulación a vehículos y peatones.

Fuente: B.N.E. (1921)
Viñeta aparecida en prensa cuando se apuntaló el edificio de La Gresham, prohibiendo el paso por la zona.

El arquitecto del edificio de La Gresham, Celestino Aranguren Alonso, ya se había opuesto tenazmente a la realización de las obras del futuro teatro Alkazar fundándose en que constituían un peligro para la citada casa, construida por él. Tras producirse el hundimiento se trasladó al lugar para reconocer las causas del accidente y, una vez evaluado el siniestro, falleció de un ataque de asistolía en el interior del coche que lo llevaba a su domicilio. Fue sustituido por el arquitecto Antonio Ferreras Posadillo.

Al desalojar la casa se vio que el hundimiento había provocado un boquete de tres metros de extensión por el que los heridos se habían precipitado a diez metros de profundidad, cayendo al sótano del café. 

Una semana después del siniestro los peritos encargados de evaluar el estado del edificio concluyeron en la necesidad de su demolición. Por entonces seguía cortado el paso de la calle de Alcalá y también el de la calle de Sevilla, lo que provocaba grandes trastornos a viandantes y conductores. 

El nuevo arquitecto Ferreras quería salvar el inmueble a toda costa, a pesar de que varios nuevos temblores de la casa llegaron a dejar la esquina, donde se había producido el derrumbe, colgada sobre el vaciado que tenía una profundidad de siete metros. Se apuntaló el edificio por medio de tornapuntas y cruces de San Andrés de madera, quedando restablecido el tráfico de la zona diez días después de la catástrofe. 

Al fin el edificio de La Gresham fue salvado de la piqueta, el teatro Alkazar y el banco de Vizcaya terminaron de construirse y el Café Lion d’Or abrió sus puertas de nuevo, hasta que en el año 1963 fue sustituido por la moderna cafetería Nebraska, negocio abierto en la actualidad.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Mcu.es – Archivo Ruiz Vernacci.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.