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domingo, 25 de septiembre de 2016

ANTONIO SÁNCHEZ “EL TATO” Y SU PIERNA.

En la antigua plaza de toros de Madrid (1754-1801), aquella que estuvo situada extramuros y junto a la Puerta de Alcalá, el torero Antonio Sánchez “El Tato” fue corneado por el morlaco “Peregrino” la tarde del 7 de junio de 1869. Esa grave cogida ocasionó que el diestro perdiese su pierna derecha, tras serle amputada a consecuencia de la gangrena, una semana después del percance. 

Fuente: bdh-rd.bne.es (1855)
Antigua plaza de toros de Madrid situada junto a la Puerta de Alcalá.

“El Tato” pasaría a la historia tanto por su sobrenombre como por las peripecias de su pierna. 

En todos los cosos taurinos, cuando el diestro no era hábil con el estoque a la hora de matar, el público exclamaba ¡A ese no le mata ni “El Tato”! o ¡Anda y que te mate “El Tato”! (imprecación también usada para despedir a quien molesta). Más modernamente comenzó a utilizarse la expresión ¡No ha venido ni “El Tato”! alusiva a la falta de concurrencia, debido a que Antonio Sánchez figuró en gran parte de los espectáculos taurinos celebrados entre 1852 y 1869, además de no perderse muchos de los actos sociales de su tiempo.

Fuente: bne.es (publicada en el año 1897, tras su fallecimiento).
Fotografía del torero Antonio Sánchez, 

De rumboso, postinero y valiente tachaba la prensa de mediados del siglo XIX a Antonio Sánchez García “El Tato”, destacando sus estocadas a volapié (suerte de matar en la que el torero avanza hacia el toro echando la muleta a la derecha a la vez que clava el estoque). Afamado y muy querido por la afición de Madrid, la tremenda cornada que sufrió aquel 7 de junio de 1869 supuso una auténtica conmoción para sus seguidores que, cada día, esperaban impacientes el parte médico a la puerta de su casa, en la calle de Espoz y Mina.

Dos operaciones sin anestesia fueron necesarias para salvar la vida de “El Tato”. La primera, a cuatro dedos por debajo de la rodilla, amputó su pierna derecha que de inmediato fue llevada por los aficionados a la Farmacia de San José -también droguería, perfumería y laboratorio químico- de la calle de Fuencarral, número 11, esquina con la del Desengaño, número 2. (Esta casa, desaparecida cuando se construyó la Gran Vía, se situaba en la parte posterior de lo que hoy es el edificio de la Telefónica).

Fuente: bne.es (1869).
Noticia publicada en la prensa, al día siguiente de la amputación.

Con el propósito de ser embalsamada, la pierna de “El Tato” fue introducida en un frasco de cristal lleno de formol a la espera de los preparativos necesarios. Pero un grave incendio, debido a la explosión de un mechero de gas, se llevó por delante la farmacia, gran parte del edificio donde aquella se ubicaba y afectó a las casas colindantes de la calle de Fuencarral, el día 13 de julio, un mes después de la amputación. Innumerables seguidores de “El Tato” corrieron hacia el siniestro para salvar su reliquia, que sucumbió en el incendio como la gran mayoría de los objetos contenidos en el establecimiento.

Tras algo más de un año de convalecencia, Antonio Sánchez se movía con un ingenioso artilugio que le posibilitaba andar con agilidad y sin muletas. La prótesis originó contradictorias noticias en la prensa del momento.

Juan Antonio Palomo Sánchez, residente en Puertollano (Ciudad Real) y pastor de profesión, había construido una elaborada pierna artificial para “El Tato”. Su invento, supervisado por varios médicos, parece que obtuvo la concesión del Ministerio de Fomento para su fabricación y el posterior implante a otros discapacitados. 

Paralelamente a la noticia de la nueva pierna de “El Tato”, los periódicos informaban sobre la estancia en Londres del torero con el objeto de que le construyan un aparato-pierna para torear. Por este motivo desde el pueblo de Puertollano se dirigió una carta al periódico “El Imparcial” ante el temor de que charlatanes extranjeros plagiaran el invento de Juan Antonio Palomo, desprestigiando así la industria española.

Fuente: bne.es (1871).
Carta remitida al periódico "El Imparcial".

Antonio Sánchez “El Tato” falleció en el año 1895. Su prótesis pasó a ser posesión de Juan Bol Baryolo, coleccionista de todo cuanto al toreo hacía referencia y residente en Valencia. La recopilación de piezas, que Bol databa de forma minuciosa y guardaba en su casa, iba desde las cabezas de toros hasta las prendas ensangrentadas de los desafortunados matadores que resultaron corneados en diferentes corridas; trajes de luces, moñas, banderillas, capotes, estoques y un sinfín de utensilios constituían un museo taurino que, a decir de quienes lo visitaban, producía un hedor repugnante en la vivienda.

Fuente: larazonincorporea.blogspot.com (1900)
La pierna ortopédica de "El Tato" exhibida en la Exposición Universal de París.

Con motivo de la Exposición Universal de París, celebrada en el año 1900, pareció buena la idea de enviar allá muchos de los objetos reunidos en la colección del taurófilo Juan Bol. España vería así representada su fiesta nacional y enseñaría al mundo el arte de la tauromaquia. 

Entre los estoques enmarcados de los matadores “Guerrita” (Rafael Guerra Bejarano) y “Montes” (Antonio Montes Vico), se instaló la pierna ortopédica de Antonio Sánchez García “El Tato”, cuyo paradero se desconoce.


Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Es.wikipedia.org
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Larazonincorporea.blogspot.com.es
Prensahistorica.mcu.es

lunes, 4 de julio de 2016

LOS GABRIELES DE LA CALLE DE ECHEGARAY.

En la parrandera y madrileña calle de Echegaray (que hasta el año 1888 se llamó del Lobo) y haciendo esquina con la de Manuel Fernández y González (antes titulada calle de la Visitación) estuvo el muy conocido colmao Los Gabrieles.


Fotografías: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004) y M.R.Giménez (2016).
Antigua muestra del colmao Los Gabrieles y fachada actual.

El nombre de gabrieles hace referencia en cheli o jerga madrileña, a los garbanzos del cocido. Precisamente ese fue el origen del título elegido, por su primer propietario, para este negocio que comenzó en el año 1907 en la calle de la Visitación (hoy de Manuel Fernández y González), número 7.


Fuente: B.N.E. (1907).
Anuncio de Los Gabrieles, en su primer emplazamiento de la calle de la Visitación, 7 (hoy c/ de Manuel Fernández y González).

Fue el día 14 de enero de 1907 cuando abrió al público el primer local que llevó por nombre Los Gabrieles, cuya inauguración tuvo lugar dos días antes contando con la asistencia del escultor Mariano Benlliure, entre otras personalidades. El antiguo periodista Rafael José Jimeno Vizarra tuvo a bien abrir este negocio en la calle de la Visitación, que comenzó siendo un restaurant económico para clases populares. Dotado de cocinas de gas, era un lugar amplio, lujoso, lleno de luz y alegría en el que se vendía comida para llevar en recipientes traídos de casa o adquiridos en el propio lugar, incrementando a 0,25 céntimos el precio de la ración. 

Los abundantes platos de callos, vaca estofada, pote gallego y por supuesto de cocido madrileño, con precios que oscilaban entre los 0’30 y 0’70 céntimos de peseta, originaron que centenares de personas, llegadas desde todos los puntos de Madrid, agotasen cada día las existencias del establecimiento en poco menos de una hora.

Un año después de su apertura Los Gabrieles ya contaba con sus propios y elegantes comedores que, al salir del teatro servirán el bocadillo de la noche.

El éxito del restaurant de la calle de la Visitación (oficialmente c/ Manuel Fernández y González desde el año 1898) propició que su dueño abriera un nuevo negocio con el mismo nombre, situado a poca distancia, en el entonces número 19 -hoy 17- de la calle de Echegaray. Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909. 

Fue así como sobre el año 1910 apareció el nuevo restaurante Los Gabrieles de la calle de Echegaray, sucursal del anterior, y que con el tiempo se convertiría en el famoso colmao flamenco.

Fuente: B.N.E. (1915).
Fachada del colmao Los Gabrieles en la calle de Echegaray.

A partir del año 1911 Los Gabrieles fue convertido en un restaurant sevillano, con una zona de entrada en la que se había instalado un mostrador cuyo frontispicio está hecho con cerámica de la propia Cartuja y un gran número de “cuartos especiales” decorados con vistosidad. 

Sobre sus muros aparecían pintados los paisajes de Granada, con la Alhambra y los cármenes, de Sevilla, con su Giralda y la Torre del Oro junto al Guadalquivir. Otro de los cuartos, instalado en el sótano, había sido decorado a semejanza de una tartana valenciana con sus asientos, además del ruedo de una plaza de toros, con su barrera. El resto de las habitaciones tenían una decoración más severa, a excepción de la titulada “La Lidia” que contenía multitud de láminas con tema taurino, firmadas por el pintor Daniel Perea Rojas.

Fuente: B.N.E. (1915) y lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Zona del sótano de Los Gabrieles, en la calle de Echegay, en la que se aprecia el ruedo de la plaza de toros, con su barrera.

En el año 1915 Los Gabrieles, de la calle de Echegaray, ya contaba con un conocido ambiente compuesto por toreros, guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco. Sus veinticuatro trabajadores, sevillanos en su mayoría, provenían del mundo taurino y sirven al público con esmero extraordinario. 

A partir del año 1917 las pinturas murales de las paredes del local empezaron a ser reemplazadas por azulejos de cerámica con diseño de prestigiosos pintores como Enrique Orce Mármol, Enrique Guijo Navarro o Alfonso Romero Mesa.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Dos de los murales de cerámica de Los Gabrieles.

Esta decoración, en su mayoría, consistía en paneles con anuncios publicitarios de diferentes bodegas como “Anís del Cisne”, “La Gitana” (manzanilla), “Marqués del Mérito” coñac y vinos, “Clásica” manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. También otras empresas como “La Balandrista” (conservas) o “Gallegas Olibet” abonaron el coste de los murales cerámicos con el fin de publicitar sus productos en un local cuya fama iba cada vez más en aumento.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Murales cerámicos de Los Gabrieles.

Alrededor del año 1924 Adrián Quijano, veterano encargado de Los Gabrieles, hombre a la antigua y de pintoresca facundia (de abundante y fácil palabra), se hace con la propiedad del local de la calle de Echegaray, ese rincón simpático donde se refugia la juerga que se quiere ribetear de arte, en opinión de alguna prensa del momento. 

La realidad fue que el colmao Los Gabrieles ya se había convertido en uno de los más famosos centros de flamenco que tenía Madrid, contando con su propio cuadro de bailaores, guitarristas y cantaores, a pesar de no ofrecer espectáculos sujetos a horario ni programación específica. Allí se consolidó el dúo formado por el cantaor Antonio Chacón García y el guitarrista Ramón Montoya Salazar, también compositor, siempre acompañado de su famosa guitarra apodada “La Leona”. Montoya fue el primero en impulsar el sonido de este instrumento en el cante ya que, hasta entonces, sólo había servido como acompañamiento de las voces.

Las tertulias de toreros y las jaranas flamencas en los reservados de Los Gabrieles, en su mayor parte organizadas tanto por señoritingos como por individuos de relevancia social, hicieron de Los Gabrieles un lugar cuya fama traspasó la ciudad de Madrid. Los numerosos banquetes que se organizaron para homenajear a escritores, dibujantes y artistas hicieron del restaurante andaluz un lugar al que volver. Fue el caso del famosísimo guitarrista Andrés Segovia Torres quien, acompañado del periodista peruano Felipe Sassone Suárez y del pianista Tomás Terán París, protagonizó una curiosa anécdota. 

En el transcurso de una comida en Los Gabrieles dos hombres gitanos con guitarra se acercaron a Andrés Segovia y sus acompañantes, preguntando al grupo: ¿Quieen oztez una mijita de juerga? Segovia propuso a sus amigos mantener oculta su muy conocida identidad, para que los músicos se manifestaran libremente. La figura del maestro, con melena y gafas por entonces, llamó la atención de los flamencos que preguntaron a Sassone sobre su identidad, obteniendo por respuesta que se trataba de un pintor francés. ¿Eze tío tan raro es franchute? Poz ahora va a ver eze tío la chipén. Tras los primeros jipíos y manoteos de guitarra, Andrés Segovia cogió el instrumento e intentó tocarlo aparentando desconocimiento, a lo que el guitarrista flamenco contestó: Ya zabía yo que ezte tío franchute no diquelaba de guitarra, a lo que el maestro respondió: ¡Qué franchute ni que cuerno, si soy más español que usted! y comenzó a tocar entre las risas de sus acompañantes y la estupefacción de los gitanos que fascinados se preguntaban ¿De dónde ha zalío ezte hombre?

La fama de Los Gabrieles, que alternaba la golfería pudiente con una clientela de artistas y escritores de reconocido prestigio, fue decayendo al finalizar la década de los años 50 del pasado siglo. Tres décadas después el local volvió a sus orígenes flamencos, recibiendo una clientela heterogénea compuesta por jóvenes y extranjeros.

En el año 2004 el colmao Los Gabrieles echó el cierre, debido a que el edificio de la calle de Echegaray, número 17, fue vendido a una empresa constructora. El local, con sus paredes de cerámica, fue protegido en el Plan General de 1997 por el Ayuntamiento de Madrid. En la actualidad, y tras numerosas vicisitudes que incluyen la reforma integran del edificio, una posterior okupación por un colectivo de lucha por una vivienda digna y un discutible proceso de restauración de los famosos azulejos, se encuentra cerrado y en su fachada no queda rastro alguno de su memoria.






Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca de “El País”
Lorenzoalonsoarquitectos.com
Munimadrid.es
“Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez” Eusebio Rioja Vázquez y Norberto Torres Cortés.
Prensahistorica.mcu.es

Retabloceramico.net

jueves, 9 de junio de 2016

CAFÉ EL NIDO BAR DE LA PLAZA DE ANTÓN MARTÍN.

Lo que primero fue plazuela y luego plaza de Antón Martín es uno de los lugares con más historia de Madrid. Albergó el hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios en el siglo XVII, fundado por quien le da nombre a ese espacio. Allí se instaló la hermosa Fuente de la Fama, proyectada por Pedro de Ribera, desde el siglo XVIII y, también en esta plaza, tuvieron origen multitud de conflictos revolucionarios, como el Motín de Esquilache en 1766. Hoy en su centro, y desde el año 2003, se alza el monumento homenaje a los Abogados de Atocha. 

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Plaza de Antón Martín, en la actualidad. En el centro, edificio de la farmacia del Globo y a su derecha la casa (hoy calle de Atocha, nº 44) construida sobre lo que fue ubicación del Café El Nido Bar.

También en la plaza de Antón Martín vinieron a instalarse lugares de esparcimiento como el Monumental Cinema (hoy Teatro Monumental), el famoso Café de Zaragoza (pulsar para leer su historia) y el Café “El Nido” Bar.

Fuente: B.N.E. (1915)
Fachada del Café El Nido Bar. Bajo el balcón del entresuelo se aprecia la figura de un nido con pájaros, logotipo del local.

Situado en la plaza de Antón Martín, números 40 y 42 (hoy equivalente al nº 44 de la calle de Atocha), el Café El Nido era propiedad de Rafael Noguera y fue inaugurado el día 2 de abril de 1915 como sucursal de los establecimientos, que con el mismo nombre, su dueño poseía en las calles de Carretas, San Ricardo y Mesón de Paredes.

Este estrecho y largo café era un conjunto de elegancia, riqueza, higiene y novedad, a decir de la prensa del momento. 

Su fachada de madera enmarcaba la puerta de acceso y el entresuelo, cuyo balcón había sido revestido de una estructura que anunciaba los productos a la venta y, a modo de logotipo, contenía la gran figura de un nido con pájaros en su interior. La ornamentación se completaba con una muestra en cristal en donde aparecía escrito el nombre de la casa.

Este lindo establecimiento se encontraba junto a la célebre farmacia del Globo, propiedad por entonces de Juan Trasserra Conill.

Fuente: B.N.E. (1915)
Interior del Café El Nido Bar, con su mostrador revestido de azulejos.

El interior del Café El Nido estaba profusamente decorado con espejos biselados en forma de óvalo, azulejos y pinturas del artista Antonio Chaves Martín. 

Sin duda lo más llamativo del local era su magnífico mostrador, revestido por entero de azulejos y representando, en su parte central, la figura de Sancho Panza. Sobre su base se había instalado un aparato lumínico, compuesto de tres columnas, que por diferentes grifos servía la medida exacta de jarabes, cervezas y agua de seltz. 

Una novedosa máquina limpiaba los vasos y las copas de cristal, por medio de surtidores a presión, evitando hacerlo con las manos. Los recipientes se apretaban sobre el chorro de agua, quedando así limpios para el próximo servicio.

El Nido, más que un café de barrio, se convirtió con rapidez en un bar de bebidas, bocadillos, desayunos con café y media tostada al precio de 30 céntimos de peseta. 

Sólo cinco años después de su apertura el establecimiento ya había sido subarrendado a un joven de veintitrés años que, en el mes de enero de 1920, se disparó un tiro en la cabeza en la cueva del bar, quedando muerto al instante. 

El Nido de Antón Martín y su magnífico mostrador desaparecieron para siempre al igual que lo haría dieciséis años después, durante la Guerra Civil Española (1936-1939), la estrecha casa donde se ubicaba y su vecina, sita en la esquina con la calle de Atocha. 

Fuente: museoreinasofia.es. Fotografía de Miguel Pando Barrero (invierno de 1936).
Señalado con la flecha, el lugar donde se ubicó el Café El Nido Bar de la plaza de Antón Martín. La casa y su colindante, fueron destruidas tras los bombardeos de la Guerra Civil Española. A la derecha, la calle de Atocha.

La contigua casa de la farmacia del Globo, también quedó muy deteriorada por los bombardeos, aunque pudo ser reconstruida.

Fuente fotografía de la izquierda: es.pinterest.com (Guerra Civil Española 1936). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2008).
Edificio de la farmacia del Globo.

Desde la década de los años cuarenta del siglo pasado se alza un único edificio en el solar que dejaron las casas de la plaza de Antón Martín, derribadas por los bombardeos, que correspondieron al Café El Nido Bar y su limítrofe, esquina a la calle de Atocha.






Fuentes:
Es.pinterest.com
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la B.N.E.
Museoreinasofia.es

domingo, 22 de mayo de 2016

CASA PRAST, DONDE VIVÍA EL RATONCITO PÉREZ.

La madrileña calle del Arenal, situada junto a la Puerta del Sol, se convirtió en una vía moderna y comercial a mediados del siglo XIX. Establecimientos de todo tipo, hoteles, cafés y un teatro se abrieron paso entre las viejas casas que en ella habían edificado durante el siglo XVI familias de próceres linajes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle del Arenal.

Una vez iniciada la remodelación de la Puerta del Sol (1857-1862) esta calle del Arenal era aún tan irregular y estrecha en algunos de sus tramos, que por ella no podían pasar dos carruajes a la vez. Aún así ya se había convertido en una vía muy transitada, donde los nuevos negocios irían dotando a sus locales de modernos adelantos y flamantes decoraciones. 

El comerciante Carlos Prast Julián había llegado a Madrid en el año 1842, procedente de Vivel del Río Martín (Teruel). Estableció once años después (1853) una pequeña tienda de comestibles en la céntrica calle de San Cristóbal y en 1858 trasladó su negocio al entonces número 12 (hoy nº 8) de la calle del Arenal, titulándolo “Las Colonias”. Así comenzó la historia de uno de los comercios más afamados e históricos de la ciudad.

Fotografía de la izquierda: Viejo-Madrid.es (1929). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Edificio de la Casa Prast.

Al finalizar las obras de la nueva Puerta del Sol, la calle del Arenal quedó también rehabilitada. Su anchura se equilibró permitiendo ya el paso normalizado de los carruajes y el deambular tranquilo de los peatones, que podían pararse para mirar los escaparates, sin sobresaltos. 

Los comercios abiertos en la zona fueron transformando poco a poco su decoración. Lujosas fachadas, grandes carteles de sus muestras, espaciosos y bien adornados escaparates, buena iluminación y anaquelerías talladas en el interior rivalizaban entre sí para atraer a la clientela.

Carlos Prast, que cada año acometía reformas en su nueva tienda para competir con los nuevos negocios del ramo que iban abriendo a su alrededor, parecía pasar algo desapercibido. Su pequeña lonja de ultramarinos “Las Colonias” quizá había quedado un poco desfasada. Fue por ello que el día 3 de noviembre de 1866 inauguraría la confitería más moderna de Madrid, anexionada a su tienda de comestibles.

Fuente: B.N.E. (1904).
El primer negocio de Carlos Prast, en la calle del Arenal, fue esta tienda de comestibles titulada "Las Colonias".

A decir de la prensa del momento, la instalación de la nueva tienda se había convertido en una obra de arte y todo Madrid pasó por ella. 

La tienda de Prast ocupaba en su totalidad el espacio inferior del edificio situado en la calle del Arenal, que a mediados del año 1866 varió su numeración dejando el negocio de “Las Colonias” en el número 8, donde hoy continúa el mismo edificio. 

Lujosa y elegante, en cuando a la decoración, se especializó también en el rico diseño de los envoltorios con que empaquetaba sus productos. Cajas, finas cestas, pequeñas bolsas, estuches pintados al óleo y forrados de refinadas telas, con incrustaciones de plata y diminutos espejos biselados guardaban en su interior dieciocho clases de galletas inglesas, nunca conocidas en Madrid, bruños (ciruelas), pasas de Málaga, higos de Esmirna, mantecadas de Astorga, quesos, salchichones de Lyon y de Vich, pasteles y muchos otros selectos y poco asequibles artículos.

Fuente: confiteríaprast.es (1905).
Fachada de la tienda de ultramarinos, unida a la pastelería, situada en la calle del Arenal, 8, que aún hoy podemos contemplar.

Aquel negocio de Prast prosperó con rapidez, convirtiéndose en proveedor de la realeza y de los acomodados que podían permitirse comprar sus exclusivos productos. 

Su fortuna iba en aumento y fue así como tras ser derribada la iglesia de Santa María de La Almudena de la calle Mayor, esquina con la de Bailén, Carlos Prast adquirió el solar y edificó un magnífico inmueble de viviendas en el año 1876, dotándolo del primer ascensor hidráulico que tuvo Madrid.

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Casa de la calle Mayor, esquina con la de Bailén, propiedad de Carlos Prast. En ella se instaló el primer ascensor hidráulico de Madrid.

El triunfante empresario también adquirió el edificio de la calle Arenal, nº 8, donde se ubicaban sus dos lujosas tiendas, de ultramarinos y confitería, para volver a reformarlas. Fue así como el día 15 de noviembre de 1880 quedó ultimada la nueva Confitería de Carlos Prast, inaugurada al día siguiente con la presentación para la prensa.

Fuente: Grabado de la izquierda (1881) Bibliotecavirtualdemadrid.org.
Fotografía de la derecha (1904) B.N.E.
Dos aspectos del interior de Casa Prast.

El aspecto deslumbrador y elegantísimo del nuevo establecimiento volvió a causar sensación en Madrid. Las obras, dirigidas por el arquitecto Federico Inzenga Castellanos (quien también había realizado el proyecto de la otra casa propiedad de Prast y situada en la calle Mayor, número 122 -hoy nº 88-), fueron ejecutadas con profusa decoración en la que parecía no haberse escatimado nada.

Entre las molduras doradas y blancas de los techos, aparecían dos frescos pintados por el pintor Maroto (posiblemente Julián Maroto López) y el escenógrafo Edo. Por toda la tienda se instalaron réplicas de las medallas, talladas por Francisco Gallástegui, obtenidas por los productos que Prast había presentado a las exposiciones de París, Viena, Burdeos y Oporto, además de los escudos de armas de España, Francia y Portugal. 

Magníficas estatuas de bronce del escultor Juan Fernández Febrer sostenían, a modo de candelabros, las luces de gas que alumbraban el mostrador del establecimiento. La luminotecnia se completaba con aparatos adquiridos en París e instalados en los escaparates.

Carlos Prast había comprado el edificio de la calle del Arenal, para realizar la costosa obra de su tienda, por el precio de dos millones y medio de reales –cantidad nada despreciable para el último cuarto del siglo XIX -. Esto le dio derecho a modificar la estructura de las plantas baja y principal del inmueble, derribando tabiques, lo que le permitió configurar un salón anchuroso y bello, adornado con suntuosidad. 

El piso principal del edificio, sobre aquel elegante establecimiento, se destinó para la exposición de preciosas cajas, bomboneras, juguetes, envases de fino metal, porcelana japonesa y cristal de todas clases, formas y precios.

La tienda contaba además con su propio obrador, posiblemente con acceso por la trasera calle de Tetuán, número 4. En él se instaló maquinaria inglesa para mezclar y triturar las materias primas, fabricar caramelos y encorchar botellas, completándola con modernos serpentines de agua que enfriaban los productos allí elaborados, a su salida del horno. 

Fuente: B.N.E. (1904).
Obrador de la tienda.

Sin duda Carlos Prast fue uno de los empresarios que pensaron en la importancia de la publicidad para el crecimiento de su negocio, siendo el primero en Madrid que se lanzó, con atrevimiento incomparable, a anunciar su casa en plena vía pública, por medio de un carrito.

Casi todas las publicaciones, de mediados del siglo XIX y principios del XX, insertaron anuncios de la Casa Prast y pormenorizada relación de los artículos que en ella se vendían. Esto unido a la relevancia que tuvo en Madrid, originó que la tienda de Prast se incluyera en muchos textos y novelas escritas por destacados autores de la época, como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán.

Sin duda la publicación más famosa, con importante referencia a la Confitería de Carlos Prast, es el cuento escrito por Luis Coloma Roldán y titulado “Ratón Pérez”.

Fotografía de la izquierda: B.N.E. (1911). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Anuncio de la portada del cuento "Ratón Pérez" aparecido en la prensa.
Figura del personaje instalada en el interior del edificio de la calle del Arenal, nº 8.

“Vivía Ratón Pérez en la calle del Arenal, núm. 8, en los sótanos de Carlos Prats (1), frente por frente de una gran pila de quesos Gruyere, que ofrecían a la familia de Pérez próxima y abastada despensa”. 

(1)(En el cuento original Luis Coloma confunde el apellido de Carlos Prast, cambiando el orden de las dos consonantes finales).

“Ratón Pérez”, que en algún momento dulcificó su nombre y narración para adaptarla a un verdadero cuento infantil, fue escrito por Luis Coloma entre los años 1891 y 1894. La historia, inspirada en la tradición popular de hacer un pequeño regalo a quienes van perdiendo sus primeros dientes de leche, fue escrita para Alfonso XIII al encontrarse en dicho trance.

En el año 1902 apareció una primera edición de este cuento, dentro del libro “Nuevas Lecturas” del jesuita Coloma, también fue publicado en el periódico “La Época”, el día 23 de marzo del mismo año. Como edición independiente apareció por vez primera en el año 1911, con ilustraciones del dibujante Mariano Pedrero López. 

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
En los balcones situados en el piso principal del edificio de la calle del Arenal, nº8, aún se conservan las siglas entrelazadas de Carlos Prast. 

Carlos Prast Julián falleció en el año 1904. La confitería continuó con sus hijos, pasando a denominarse “Carlos Prast y Hermanos” en el mismo emplazamiento de la calle del Arenal, a pesar de que desde los primeros años treinta, del siglo pasado, hubo varios intentos de expropiar el edificio con el fin de alinear la acera de los números pares de esta vía. 

La casa de los Prast sigue en pie. La Confitería y tienda de ultramarinos cerró algunos años después de finalizar la Guerra Civil Española (1936-1939), pero se conservó su fachada de madera, hoy visible. 

Fotografías: M.R.Giménez (2016).
Medallas conseguidas por Casa Prast en los diferentes concursos internacionales, que aún adornan la fachada de lo que fue el local.

A mediados de la década de los años ochenta el edificio fue remodelado y convertido en un centro comercial. En su interior se colocó una placa recordando la historia del Ratón Pérez y en el año 2008 se inauguró una exposición, a modo de casa museo, sobre este personaje. 

De la histórica Casa Prast no existe ninguna reseña en el edificio.



Este artículo, sobre la Casa Prast, está dedicado a la memoria del actor José Miguel Ariza.



Fuentes:

“1891-Madrid-1892: artículos, cuentos, críticas, semblanzas” Enrique Sepúlveda.
Bibliotecavirtualdemadrid.org
Cervantesvirtual.com
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es

Agradecimiento muy especial para todos los que han hecho posible la página http://www.confiteriaprast.es por los datos aportados para la confección de este artículo.

lunes, 9 de mayo de 2016

CAFÉ LABRAÑA, BAR MONOPOL Y CERVECERÍA LA TROPICAL DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Durante el primer cuarto del siglo XX el edificio correspondiente al número 23 de la calle de Alcalá (hoy desaparecido y reemplazado por el del nº 21), albergó de manera sucesiva tres magníficos establecimientos: El Café Labraña Restaurant, el Café-Bar Monopol y la Cervecería La Tropical.

En el mismo local se había ubicado con anterioridad el restaurante del afamado Café de Fornos, aquel que estuvo situado en la esquina formada por las calles de Alcalá y Peligros.

Fuente: @Ls_Madriles (1892).
Calle de Alcalá. En la mitad de la fotografía se aprecia el comienzo de la calle de Peligros, donde entonces se ubicaba el Café de Fornos.

El Café Labraña fue inaugurado el día 4 de enero de 1910 por su dueño, Antonio Labraña, con un banquete de presentación para la prensa de Madrid. El negocio ocupaba el bajo y el entresuelo, donde se situaban los comedores, aprovechando partes de la antigua instalación que dejó el restaurante del Fornos.

Fuente: B.N.E. (1910)
Fachada del Café Labraña, en el número 23 de la calle de Alcalá.

Con decoración sobria y elegante, tenía parte de sus paredes forradas por enormes lunas de espejo que se entremezclaban con grandes murales pintados al fresco, en los que el artista José Arija Saiz había representado las cuatro estaciones, el día y la noche, simbolizados por figuras de mujer.

Fuente: B.N.E. (1910).
Interior del Café Labraña.

El Labraña completaba su oferta con un magnífico horno de pastelería, buena bodega y varios comedores para la organización de banquetes, presumiendo de poseer un enorme mantel de treinta y siete metros de longitud.

Algo menos de dos años después de su apertura el Café Labraña fue denunciado ante el Juzgado de Guardia por la propietaria del edificio, aduciendo que en él entraba gente alegre, aunque pacífica, que no era de su gusto. El negocio se fue al traste, pero de inmediato sería reemplazado por el Café-Bar Monopol.

Fuente: B.N.E. (1912).
Fachada del modernista Café-Bar Monopol, con las alegorías del café y el vino.

Inaugurado el día 30 de noviembre de 1912, el Café Monopol era propiedad de Julio Arenas y Compañía. Su decoración modernista había sido realizada íntegramente por la empresa de Adrián Vázquez del Saz, casa especializada en maquinaria industrial para cafés, bares, cervecerías y demás locales de restauración.

La fachada del local, realizada en madera de caoba, anunciaba que aquel establecimiento era también, además de café y bar, cervecería y pastelería. Entre sus puertas de acceso con escaparates se habían instalado las imágenes de dos mujeres cinceladas en bronce, simbolizando el café y el vino.

Fuente: B.N.E. (1912).
Elegantes vitrinas de cristal y níquel junto a los aparatos automáticos de autoservicio con ficha.

A la entrada del establecimiento se encontraba el bar que contaba con elegantes vitrinas de cristal y níquel, en cuyo interior se mostraban los productos a la venta. Entre ellas se habían instalado aparatos automáticos ingeniosísimos de bocadillos (25 céntimos de peseta), pasteles variados (10 céntimos) y bebidas espirituosas (15 céntimos el vaso). El cliente podía servirse por sí mismo, tras depositar en las ranuras de las máquinas las fichas adquiridas en el mismo establecimiento, por canje

El Monopol contaba con el moderno aparato “Ideal Perfeccionado”, patentado por la casa Vázquez del Saz, que preparaba instantáneamente y servía todo tipo de bebidas calientes. Esta máquina se había situado en el interior de un precioso mostrador de madera, mármol y adornado con apliques de metal, atendido por camareros, en el que se expedían los mismos productos que podían adquirirse en las máquinas automáticas. 

Fuente: B.N.E. (1912)
Barra del Bar Monopol y el aparato "Ideal Perfeccionado".

El bar también contaba con un elegante salón dotado de veladores y sillas de caoba, cuyas paredes estaban forradas hasta media altura por un zócalo de diseño modernista realizado en madera.

Contiguo al bar se hallaba el café, dotado con magníficos divanes. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (1920).
Recorte de fotografía de la calle de Alcalá donde aparece señalado el Café-Bar Monopol.

Tras el cierre del hermoso y pulcro Monopol, vino a instalarse en el local de la calle de Alcalá, número 23, la Cervecería La Tropical (sucursal).

Fuente: B.N.E. (1927).
Fachada de la Cervecería La Tropical (sucursal). Se aprecian las alegorías del café y el vino, que se realizaron para el anterior negocio.

La Tropical era, como su rotulación indicaba, sucursal de la que se había inaugurado en el año 1904 en el local de una antigua taberna de la calle del Correo, número 2. 

Propiedad de Antonio Álvarez, abrió al público el jueves, día 9 de junio de 1927 ofertando café, fiambres, refrescos, vinos, licores y sobre todo la cerveza más fría, tirada a la crema y los más frescos mariscos, con los que confeccionaba su especialidad: la ensaladilla inglesa con marisco.

Fuente: B.N.E. (1927).
Barra y salón de la Cervecería La Tropical, que aprovechó gran parte de la decoración de su antecesor.

La Tropical había aprovechado el mobiliario y la decoración de su antecesor, el Bar Monopol. La fachada fue pintada de color oscuro, pero se respetaron las figuras cinceladas alegóricas al café y al vino, resaltadas por un fondo blanco. El mostrador y la ornamentación modernista de las paredes interiores también quedaron indemnes, aunque se añadieran muchos más divanes a los salones que antes habían tenido veladores y sillas de caoba.

Enseguida, las “peñas” comenzaron a hacer famoso el local de La Tropical. Toreros y aficionados, periodistas y entusiastas incondicionales del Real Madrid C.F. llenaban a menudo los salones de la cervecería, con sus tertulias. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (1931 - 1933).
A la izquierda la esquina de las calle de Alcalá y Peligros, con el Café de Fornos aún abierto. La Cervecería La Tropical aparece, a la izquierda, tapada por un toldo.
 A la derecha, el mismo lugar con sus edificios en demolición, para levantar después el banco Vitalicio.

En el año 1933 dos de las denominadas “casas de Fornos”, que habían sido construidas durante el último cuarto del siglo XIX por el arquitecto Jerónimo de la Gándara, fueron derribadas para construir el edificio del banco Vitalicio, situado en el hoy número 21 de la calle de Alcalá. Esta demolición se llevó por delante tanto el local del antiguo Café de Fornos (que por entonces se llamaba de Riesgo) como el correspondiente a la Cervecería La Tropical, que se trasladó a la casa inmediata perdiendo toda su ornamentación modernista.



Fuentes:

@Ls_Madriles   
Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es
Es.wikipedia.org

miércoles, 20 de abril de 2016

ESTABLECIMIENTO DE EMILIO GONZÁLEZ.

Cuando en la plaza de Canalejas de Madrid, situada a escasos metros de la Puerta del Sol, se acometían las obras para su configuración definitiva, vino a inaugurarse la espléndida tienda de Emilio González. 

Fuente: mcu.es (1913).

Dedicado a la venta de café, té, chocolates, caramelos, galletas y comestibles finos, este establecimiento abrió sus puertas a mediados del mes de diciembre de 1912, en la carrera de San Jerónimo, número 29 (actual nº 9).

Fuente: mcu.es (1913)

Los antecedentes de esta bonita tienda hay que buscarlos en otra, que estuvo situada en la calle del Príncipe, número 1, esquina con las Cuatro Calles (actual plaza de Canalejas) y que fue propiedad de Venancio Vázquez López. Este industrial, sobrino del propietario de los Chocolates y dulces Matías López, vio derribar ese edificio de la calle del Príncipe durante la remodelación de la plaza de Canalejas, perdiendo su local y traspasando el negocio a su encargado Emilio González. Por entonces, Vázquez López ya había comenzado su carrera política en el Ayuntamiento de Madrid.

Fuente: memoriademadrid.es (1913).
La fotografía de la izquierda muestra el edificio, a punto de ser derruido, de la calle del Príncipe, nº 1, que ya aparece derribado en la fotografía de la derecha.
Las flechas indican la fachada del establecimiento de Emilio González, situado en la carrera de San Jerónimo.

Emilio González, antiguo dependiente de Venancio Vázquez, marca de la tienda que así figuraba en su rótulo, vino a establecer dicho comercio con el lujo propio de las confiterías más selectas del Madrid de la época. 

Fuente: ABC (1913).
Anuncio de la apertura y fachada del nuevo establecimiento.

El establecimiento estaba especializado también en artículos de capricho, chocolates para convalecientes y señoras recién paridas, sin azúcar para diabéticos, además de un aceite riquísimo, todo ello envasado en frascos, cestas y estuches bellamente ornamentados.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1921)
Anuncio en prensa.

La publicidad sobre los artículos expendidos por este negocio fue constante en la prensa hasta el año 1931, año en que parece haber finalizado su actividad.




Fuentes:

Hemeroteca del ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Mcu.es
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es

viernes, 8 de abril de 2016

BAR SOL. PUERTA DEL SOL, NÚMERO 6.

Como ya es sabido, la grandiosa remodelación que se llevó a cabo en la antigua Puerta del Sol de Madrid (1857-1862) no sólo convirtió este espacio rectangular en un semicírculo, sino que también se llevó por delante a todos sus viejos edificios, con excepción de la Real Casa de Correos, hoy sede de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Recorte de fotografía: Charles Clifford (1857). B.N.E.
Construcción del edificio de la Puerta del Sol, nº 6.

Las primeras demoliciones dieron comienzo por la zona comprendida entre las calles de Espoz y Mina y Carretas, cuyas casas serían edificadas a la par que se continuaba con los derribos de la parte opuesta. Así fue como en el año 1857 comenzó la construcción de la ubicada en el número 6 de la Puerta del Sol y calle de Carretas, nº 1, en cuya redondeada esquina se instalarían, a lo largo de los años, la Joyería de Peñalver y el Bar Sol.

Fotografía: M.R.Giménez (2014).
Edificio de la Puerta del Sol, nº 6 y la calle de Carretas.

La Joyería de Peñalver fue fundada en el año 1862 por Raimundo Peñalver. Joyero, diamantista y platero especializado en cubiertos, trasladó su negocio al local de la Puerta del Sol en el mes de junio de 1864 desde la casa inmediata de la calle de Carretas, número 3. Con el tiempo también se especializaría en la venta de placas y medallas artísticas realizadas por el, aún joven escultor, Mariano Benlliure Gil.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la Joyería de Peñalver, publicado en la prensa del año 1864.

La fachada del local, en un principio, no tenía más adorno que los grandes toldos con el rótulo “joyería” pintado sobre sus bambalinas. 

Recorte de la fotografía de Jean Laurent (entre 1862 y 1870). B.N.E.
La Joyería de Peñalver y su toldo situado en la calle de Carretas, nº 1.

Pronto sería forrada de madera oscura, abarcando el frontis completo de la tienda. En su esquina se dispuso un letrero en donde se especificaban los artículos a la venta y el nombre del negocio.

Recorte de fotografía anónima (1906) en la que se aprecia la fachada de la Joyería de Peñalver. Fuente: Ibytes.es

Tras el cierre de la joyería, que allí estuvo hasta el año 1911, vino a instalarse en el local de la Puerta del Sol, nº 6, un bar propiedad de Antonio López, que ya en el mes de noviembre de 1912 aparece en la prensa con el nombre de Bar-Sol

El bar aprovecharía la decoración exterior en madera de la antigua Joyería de Peñalver, rotulando su marca y la oferta de productos sobre ella.

En el entresuelo del local, con acceso por el portal del edificio, se instaló el comedor del restaurante. Lugar largo y estrecho, de techo bajo, ventanas cortas y apaisadas con vista al bullicio de la Puerta del Sol y a la calle de Carretas. En él se podía degustar el menú que, en febrero de 1918, estaba compuesto por: paella, langosta con salsa mayonesa, vaca a la parisien, pan vino y postre por dos pesetas y diez céntimos.

Fuente: B.N.E. (13 de Noviembre de 19129)
Aspecto de la Puerta del Sol, nº 6, tras el asesinato de Canalejas. El Bar-Sol, en la esquina con la calle de Carretas, nº 1.


















 
Allí, años más tarde, se instalaría una peña de toreros, aficionados y periodistas, cuyas crónicas se escribieron en la especializada revista “La Lidia”. 

Fuente: B.N.E. (1925)
El entresuelo, donde se ubicaba el comedor del Bar Sol, con la peña de toreros, periodistas y aficionados.

El día 12 de noviembre de 1912 José Canalejas Méndez, presidente del Consejo de Ministros, fue asesinado mientras miraba el escaparate de la Librería de San Martín, local ubicado en la Puerta del Sol, número 6, junto al Bar Sol.

Un año y pocos meses después, en el mes de enero de 1914, se colocó una placa conmemorativa, obra del escultor Mariano Benlliure, por encima de la muestra de la librería, en el punto que forman dos de los antepechos del entresuelo del Bar Sol. Obra que, aún hoy, continúa en el mismo lugar.

Fuente: B.N.E. (1914). Fotografía actual de M.R.Giménez (2007).
Descubrimiento de la placa conmemorativa del asesinato de Canalejas el día 29 de enero de 1914, que continúa en su lugar original.

A finales del mes de noviembre de 1928, un nuevo propietario adquirió el Bar Sol, dotándolo de los más modernos sistemas. 

El industrial Juan Planás Camps reformó el local por completo, renovando la instalación de las cocinas para proporcionar así menús diarios atractivos de calidad y variedad. Sus cubiertos, siempre módicos, serán cuantiosos y escogidos.

Situado en un lugar estratégico de Madrid, el Bar Sol cambió totalmente su fisonomía, modernizando también toda la decoración interior y su mostrador, que pasó a tener una curiosa forma curvada. 

Nuevos productos fueron incorporándose a la venta, como los buñuelos especiales, fabricados en el mismo local con una máquina exclusiva adquirida por Juan Planás tras visitar la Feria de Bruselas. Este aparato, instalado junto a la puerta de acceso al bar por la calle de Carretas y a la vista del público, utilizaba la mezcla de azúcar, mantequilla, vainilla en polvo, huevos, leche, harina y cremont tártaro (bicarbonato de potasio) para, de un modo rápido e higiénico, sin que lo toquen las manos humanas, con sólo pulsar un botón, cortar la masa en porciones, freírla y expulsar el producto a una cesta, dispuesto para su consumición. Todo el proceso se realizaba sin humos ni olores molestos.

Aquellos nuevos dulces, que aquí se llamaron buñuelos especiales, eran los “Donuts americanos” y la nueva máquina que los confeccionaba empezó a comercializarse en España bien entrado el año 1929 por la Compañía Comercial del Norte SA.

Fotografía propiedad de Rosa María Rodríguez Planás.
Fachada del Bar Sol, en la calle Carretas, nº 1 donde Juan Planás, con chaqueta blanca, aparece junto a la máquina de buñuelos especiales. 

Comenzada la década de los años 30 del siglo pasado, el Bar Sol acomete una nueva reforma. Su fachada de madera oscura sería reemplazada por paneles de color claro y redondeó la parte superior de sus dos puertas añadiendo pequeñas vidrieras. En la esquina, entre la Puerta del Sol y la calle de Carretas, se abrieron tres huecos a modo de escaparates, forrando de espejos su interior. También su rotulación cambio a una modernista tipografía geométrica de letra hueca.

Fotografía de Cas Oorthuys (1955). Fuente: apeuropeos.org.
Cerillero del Bar Sol.

El edificio de la Puerta del Sol, número 6 fue declarado en ruinas en el año 1992. Todos sus vecinos y los legendarios comercios en él instalados durante más de cien años, fueron obligados a desalojarlo para acometer unas obras que no dejarían en pie más que la fachada. La tienda de caramelos y chocolates, el despacho de lotería nº 22, ambos con la marca de “La Pajarita”, la “Librería de San Martín” y el “Bar Sol”, que había cerrado al finalizar la década de los años 80, desaparecieron y fueron sustituidos por tiendas de ropa.






Fuentes:

Apeuropeos.org
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Ibytes.es
Prensahistorica.mcu.es

Agradecimiento muy especial a Rosa María Rodríguez Planás y a su familia, por la documentación y las fotografías aportadas para la realización de este artículo en el blog http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es