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miércoles, 20 de agosto de 2014

EL PALACIO DE OÑATE Y EL PALACIO COMERCIAL PALAZUELO DE LA CALLE MAYOR.

Junto a la Puerta del Sol, en el principio de la calle Mayor de Madrid y frente al que fue convento de San Felipe el Real, que tras su demolición y desde el año 1845 alberga las Casas de Cordero, estuvo la Casa-palacio de los condes de Oñate. Dicho edificio fue construido en torno al año 1670 y comenzaría a ser demolido en 1913 para edificar en su terreno el Palacio Comercial Palazuelo, que hoy podemos contemplar.

Fuente: Bdh-rd-bne.es (1859)
Puerta del Sol, durante las obras de remodelación. La fachada del Palacio de Oñate aparece señalada con la flecha.


El conocido por todos como Palacio de Oñate habría sido erigido sobre los terrenos que hasta el siglo XVII ocuparon las muy afamadas mancebías de Madrid. La gran casona tenía su acceso principal por la calle Mayor, su fachada posterior ocupaba un buen espacio de la calle del Arenal y remataba su gran superficie en el callejón de la Duda (desaparecido con la remodelación de la Puerta del Sol de 1857-1862). No fue un edificio especialmente artístico, pero sí lo sería su magnífica puerta barroca que el arquitecto Pedro de Ribera realizó durante una de sus remodelaciones durante el siglo XVIII. El dintel y las jambas, de piedra berroqueña, tienen adornos de bella sobriedad, que se prolongan en torno a los balcones superpuestos, entre los cuales campea el escudo heráldico.


La puerta en cuestión fue salvada y ofrecida a otras sociedades por el Ayuntamiento de Madrid, durante la demolición del palacio. Tras varias gestiones infructuosas con las entidades españolas fue aceptada por la institución francesa Casa de Velázquez, situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se instaló en el año 1935. Durante la Guerra Civil Española la casa de Velázquez fue prácticamente destruida, al estar en primera línea de fuego, y la magnífica puerta del Palacio de Oñate se perdió para siempre.

Fuente: Memoriademadrid.es
Fachada principal, en la calle Mayor, del Palacio de Oñate. A la derecha la puerta de Pedro de Ribera.

Antes de existir la Real Casa de Correos (1768) de la Puerta del Sol, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, la correspondencia era depositada en el Palacio de Oñate por ostentar el cargo de Correo Mayor de Castilla este conde propietario. Así, el primer buzón de la capital para depósito de las misivas estuvo en este palacio. 

La casona de Oñate fue también conocida por el asesinato en su puerta, el día 21 de agosto de 1622, del poeta y conde Juan de Tassis y Peralta, amigo de Lope de Vega y de Luis de Góngora. Sus amores con Isabel de Borbón, esposa de Felipe V, le costaron la vida.

Mentidero de Madrid, / decidnos: ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid. / Unos dicen que fue el Cid, / por ser el conde Lozano / ¡Disparate chabacano! / Pero lo cierto de ello ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulsor soberano.

(Atribuido a Félix Lope de Vega y Carpio).

Fuente: B.N.E.
Cuadro de Manuel Rodríguez de la Parra Castellano. La muerte del conde de Villamediana en el portal del Palacio de Oñate (1868).

Frente al Palacio de Oñate era costumbre que durante la procesión del Corpus los pintores expusieran sus cuadros. De esta forma Bartolomé Esteban Murillo se habría hecho con la atención que Carlos II al exhibir una de sus obras dedicada a la Inmaculada Concepción.

El viejo caserón de Oñate fue ocupado, desde el último cuarto del siglo XIX, por negocios de todo tipo; almacenes, pañerías y el diario “El Globo” tuvieron su sede en él. Dos incendios consecutivos en el mes de febrero de 1910 destrozaron su techumbre y sótanos, por lo que tres años después comenzaría a ser demolido. Fueron muchos los planes para la edificación en el nuevo solar situado entre las calles Mayor y del Arenal: un lujoso hotel, grandes almacenes al estilo parisién o sede para el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial, pero al fin el promotor Demetrio Palazuelo Maroto, como acaudalado industrial, encargó un nuevo inmueble al arquitecto Antonio Palacios Ramilo que sería conocido con el nombre de Palacio Comercial Palazuelo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Fachadas de la calle Mayor y de la calle del Arenal, en la actualidad, del Palacio Comercial Palazuelo, lugar donde estuvo el Palacio de Oñate.

El moderno edificio, contemporáneo y muy parecido en su fachada a la Casa Matesanz de la Gran Vía, proyectado también por Antonio Palacios, fue concebido para uso comercial y de oficinas. Sus grandes ventanales abalconados proporcionan fácil acceso a la luz natural por sus fachadas de las calles Mayor y Arenal. Pero lo más sorprendente viene después de atravesar el pequeño portal revestido de mármol y espejos que se abre tras dos puertas de hierro forjado.


Vídeo: M.R.Giménez / Música: Ken Verheecke (Sees Of Change)
Interior del Palacio Comercial Palazuelo (2014)


Desde 1922, año en que terminaron las obras, el Palazuelo fue sede de oficinas comerciales de todo tipo; una de las primeras sería la del efímero Banco de Madrid.

Su magnífico patio acristalado, de donde parten dos grupos de escaleras que bordean de forma ascendente los huecos de los ascensores, recibe luz cenital a través de un vitral ribeteado en amarillo. El suelo está construido en mármol y gruesas baldosas de vidrio, formando con ellas un hexágono irregular.

De los cinco pisos de su altura, los tres centrales están circunvalados por barandillas de hierro con pasamanos dorado formando líneas onduladas, dejando en medio el hueco para que la luz del techo llegue a todos los rincones. Las oficinas comerciales se sitúan alrededor del patio tras grandes puertas de madera que, como todo el interior, están pintadas de blanco.

Tal vez el Palacio Comercial Palazuelo sea uno de los edificios más desconocidos del arquitecto Antonio Palacios. La prensa contemporánea a su inauguración no refleja, como en otras ocasiones, la belleza de un inmueble que pasa desapercibido para la mayoría de los que caminan por delante del portal de la calle Mayor, 4, de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org
Bdh-rd-rne.es
Memoriademadrid.es
Agradecimiento muy especial para Manuel Chamorro, por sus indicaciones para confeccionar el contenido multimedia de este artículo.


martes, 5 de agosto de 2014

EL CAFÉ DE LA MONTAÑA DE LA PUERTA DEL SOL Y SU ANTECESOR.

Tras la remodelación de la Puerta del Sol de Madrid (1857-1862) comenzaron a levantarse sus nuevos edificios, finalizando sus obras en el año 1864. Sobre el solar que dejó la antigua iglesia del Buen Suceso, y situada en el número 1 de la plaza desde entonces, vino a construirse la Casa de Fontanella del arquitecto Jerónimo de la Gándara. En los bajos de esta casa se instalaría desde el día 4 de septiembre de 1864 el Café Imperial, el más amplio de Madrid, que tres décadas más tarde cambiaría su título por el de Café de la Montaña.


Fuente: bdh-rd.bne.es (Jean Laurent)
Izquierda: Antigua Puerta del Sol con la iglesia del Buen Suceso (1854). Derecha: Puerta del Sol con la nueva Casa de Fontanella (1870) con el café Imperial y el Grand Hotel de París.

El Imperial era un café enorme y espacioso que ocupaba gran parte del local del cuarto bajo, el entresuelo y la planta sótano del edificio; su alquiler ascendía a 280.000 reales por año, estaba dotado de luz por gas que hacía brillar las arañas colgantes de su techo y contenía ochenta mesas de mármol italiano con sus seiscientas sillas tapizadas. Sus cien cafeteras, cincuenta garrapiñeras (máquinas para hacer helados), teteras y demás equipamiento de restauración daban trabajo a cincuenta dependientes. Tenía acceso por la Puerta del Sol, nº 1, por la calle de Alcalá, nº 2 y por la Carrera de San Jerónimo, nº 1 y era conocido también como el café de las Pulmonías, debido a las corrientes de aire que se producían en su interior.

La decoración del Imperial corrió a cargo de Enrique D’Almonte, que ideó una proliferación algo exhaustiva de molduras y adornos de cartón piedra para las grandes paredes y altos techos del café, imitando el estilo Luis XV. En el centro del salón estaba el patio interior del edificio, que fue cubierto con cristales a la altura, bastante considerable, del piso principal.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1892)
Fragmento de fotografía en el que se aprecia la fachada del café Imperial.

El éxito de su inauguración fue tan grande que no permitió cerrar el local hasta las 8 horas del día siguiente. La recaudación de la jornada de su apertura fue de 86.000 reales, pero los camareros echarían en falta casi un 10% de las doradas cucharillas de café (valoradas en 20 reales por unidad), que habían sido sustraídas ese mismo día.

Desde sus anchurosas ventanas se veía la fuente circular de la Puerta del Sol edificada en mampostería, con juegos y saltos de agua de gran mérito, aunque su puesta en marcha inundara prácticamente la calzada.

Fotografía: Jean Laurent (1865)
Los juegos de agua de la fuente estaban funcionando y la Puerta del Sol aparece encharcada.

El Imperial, cuya hora de cierre se proponía para las 2,30 de la madrugada, tenía una parroquia variopinta y diferente a lo largo de su jornada: durante el día a él asistían militares, cómicos y toreros en busca de trabajo, comerciantes e industriales acomodados y personas procedentes de las provincias que habían venido a solucionar sus temas a Madrid. A última hora de la tarde allí acudían multitud de familias para ver y dejarse ver. Durante la noche se llenaba de gentes que venían del teatro y tertulianos que debatían sobre política, literatura, teatro, toros y tantos otros temas. El torero Salvador Sánchez “Frascuelo” era un incondicional de este café y tenía allí su entonces famosa peña.

En el Imperial tenía asiento además, en el rincón situado entre la Puerta del Sol y la Carrera de San Jerónimo, una conocida tertulia: La Antesala del Saladero. Asistían a ella poetas, periodistas y escritores bohemios que a veces por recurso publicaban artículos subversivos para procurarse alojamiento en la cárcel. (El Saladero de la plaza de Santa Bárbara, fue la cárcel de Madrid durante el siglo XIX).

Alrededor del año 1888 el café Imperial comenzó su declive. No valieron sus afamados conciertos de música española para mantener el esplendor de antaño. Poco a poco fue disgregando su espacio alquilado, en pos de otros negocios particulares, hasta que en el año 1893 desapareció por completo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Casa de Fontanella e interior de lo que fue el entresuelo del café Imperial, con su patio de luces, en la actualidad.

Tres años después del cierre del café Imperial vendría a emplazarse en parte de su local un nuevo establecimiento, cuyo título fue el de Café de la Montaña

Inaugurado el día 15 de abril de 1896 por su dueño Martín Lavín Cecín, procedente de Santander y de ahí el nombre elegido para el nuevo negocio, el café de la Montaña ocupaba una parte más pequeña del lugar donde estuvo su antecesor. Era ancho, largo y concurrido, con entrada por la Puerta del Sol, nº 1 y por la calle de Alcalá, nº 2, junto al portal de acceso al Grand Hotel de París.

Fuente: B.N.E. (1896)
Interior del café de la Montaña.

El de la Montaña tenía fama de ser el café que mejor enfriaba los refrescos en verano, sin estar en contacto con el hielo, por un procedimiento especial y al parecer guardado en secreto. Era el centro de reunión en Madrid de los santanderinos que aquí vivían.

Fotografía de Antonio Passaporte (entre 1927 y 1936).
La puerta del café de la Montaña, en su fachada de la Puerta del Sol, aparece señalada.

Mientras los estudiantes iban a jugar al billar, situado en el sótano, tertulias de escritores, poetas, músicos, pintores y toreros se hicieron un hueco en este café. 

Sin duda el hecho por el que más se recuerda al café de la Montaña fue el enfrentamiento entre Ramón María del Valle-Inclán y Manuel Bueno, que tuvo como consecuencia la pérdida del antebrazo izquierdo del autor de “Luces de Bohemia”.

Fuente: ucm.es
El escritor sin su antebrazo.

Una tarde del mes de julio de 1899 se hallaban reunidos en la tertulia con Val-Inclán, en el café de la Montaña, el dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, el periodista y masón Pedro González Blanco, el dibujante Francisco Sancha Lengo y el editor José Ruiz-Castillo Franco, entre otros. De pronto surgió en otra mesa una tremenda disputa entre el pintor Tomás Leal da Cámara y José López del Castillo, que impondría la necesidad de un duelo entre ambos. Así las cosas, vino a entrar en el café Manuel Bueno Bengoechea, escritor y periodista, que, informado del alboroto, sólo comentó: Ese duelo es ilegal porque ambos son menores de edad. Valle-Inclán, de carácter vehemente, tomó el comentario a pecho y agarrando una botella fue a agredir a Bueno. Este puso su bastón por medio, a pesar de lo que resultó herido en la cabeza, pero Valle tuvo la mala suerte de clavarse uno de los gemelos de su camisa en el brazo, al recibir el bastonazo. Manuel Bueno huyó del café mientras continuaba recibiendo todo tipo de proyectiles arrojados por Valle: vasos, platos, botellas… Los guindillas (guardias) penetraron en el local para calmar el desorden mientras el escritor Tomás Orts Ramos acompañaba a Valle-Inclán al dispensario médico de la calle de Concepción Jerónima, con el fin de curarle sus heridas. Allí prestaron atención a un golpe que también el escritor había sufrido en la cabeza, pero no dieron importancia a la herida de la muñeca que unos días después se infectó y le produjo gangrena. De esta forma Valle tuvo que ser operado con posterioridad para amputarle su antebrazo izquierdo.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Placa conmemorativa de la contienda, sobre la fachada de la calle de Alcalá, nº 2.

El café de la Montaña fue centro de reunión de los escritores modernistas, seguidores de Rubén Darío, aunque también había tertulias del movimiento contrario. Todos los miembros de la Generación del 98, pasarían por este café con mayor o menor asiduidad.

Fuente: Urbanity.es (durante la Guerra Civil Española)
El café de la Montaña se convirtió también en cervecería. A la izquierda de la fotografía se ve el portal de entrada al Grand Hotel de París.

El café de la Montaña se mantendría abierto hasta después de la Guerra Civil Española. Hoy su local y el edificio Fontanella se encuentran ocupados por la tienda de una conocida marca multinacional, que ha desalojado de su ubicación también al famoso Grand Hotel de París (1864-2006) y al anuncio del Tío Pepe.






Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Bdh-rd.bne.es
Prensahistorica.mcu.es
“Madrid por dentro y por fuera” Eusebio Blasco Soler.
Es.wikipedia.org
Ucm.es
Urbanity.es


jueves, 24 de julio de 2014

LA PLAZUELA DE SAN JAVIER Y SU MESÓN.


En el Barrio de los Austrias de Madrid, entre la plaza del Cordón y la calle de Segovia, hay una pequeña calle llamada del Conde (antes calle de los Azotados) en honor al conde de Revillagigedo poseedor que fue de las casas allí construidas. En mitad de los cuarenta y cinco metros de longitud de esta vía se encuentra la plaza o plazuela de San Javier, la más pequeña de Madrid, que estuvo formada por los muros del palacio de Revillagigedo y por la casa que le dio nombre, propiedad de la Compañía de Jesús y que tenía en su fachada la imagen pintada al fresco de San Francisco Javier bautizando a los indios. (En la actualidad el palacio de Revillagigedo ha sido reemplazado por un edificio de oficinas municipales y la casa de los jesuitas (s.XVII) se ha convertido en un inmueble para viviendas).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Plazuela de San Javier, en la actualidad, junto a la calle del Conde.

La plazuela de San Javier fue el escenario que inspiró el primer acto de la zarzuela “Luisa Fernanda” de Federico Moreno Torroba, Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw, estrenada en el año 1868.

Fuente: idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Superposición de plano topográfico y vista aérea. El recuadro señala la plazuela de San Javier.

La prensa consultada pone por primera vez nombre oficial a esta plazuela de San Javier en el año 1781, anónima hasta entonces por tratarse de un lugar recóndito y con reducidas dimensiones que no tenía salida fácil hacia la calle de Segovia. 

Fuente fotografía izquierda: todocoleccion.net (años cincuenta del siglo XX)/ fotografía derecha: M.R.Giménez (2014)
Calle del Conde. A la derecha, plazuela de San Javier. A la izquierda, Mesón de San Javier.

La cuarta pared de la plazuela de San Javier está ocupada por el número 3 de la calle del Conde, una casona del siglo XVI con modificaciones posteriores, restaurada hoy y también convertida en un edificio de viviendas. En ella estuvo el famoso Mesón de San Javier

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada de lo que fue el Mesón de San Javier.

Parece que el primer propietario del edificio fue un aposentador de Felipe II, pero las primeras noticias que aparecen en la prensa con respecto a la instalación de un negocio relacionado con la gastronomía en esta casa corresponden al año 1832 y hacen referencia a un almacén de vinos que allí estuvo situado, con venta al público al precio de 10 a 12 cuartos cuartillo y, por mayor, a 34 y 36 reales arroba de vino.

Las crónicas apuntan a que el bandolero madrileño Luis Candelas Cajigal (1804-1837) frecuentaba este local, al igual que otras muchas tabernas de la época, por su situación apartada y recoleta.

Esta antigua casona, que pertenecía en el año 1838 a la manzana número 179 y tenía una superficie de 2440 pies, salió a la venta a voluntad de su dueño por un importe de 109.858 reales ese mismo año. En el edificio, y compartiendo espacio con el almacén de vinos, hubo desde el último cuarto del siglo XVIII un maestro cochero. Parece que dicho local fue anexionado a su vecino negocio cuando éste prosperó convirtiéndose en una botillería y poco después, alrededor del año 1857, en la Posada de San Javier, con habitaciones para huéspedes estables y cuadra para guardar potros y jacas. Era el lugar elegido por los fresqueros (personas que transportaban o vendían pescado fresco en Madrid) para instalarse durante sus viajes a la capital.

Los vecinos de la plazuela de San Javier se quejaban, en el año 1882, por el abuso que se comete por los carreteros que paran en la posada de la plazuela de San Javier, dejando los carros en la calle, arrimados a las casas, quitando la luz a los pisos bajos. 

La vieja posada se mantuvo en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado, muy probablemente. Tras la Guerra Civil Española, como todo el centro de Madrid, la zona estaba muy deteriorada y los edificios de plaza de San Javier se encontraban casi en ruinas. Pero en el año 1949 el viejo edificio fue rehabilitado, convirtiendo su piso bajo y el sótano en el Mesón de San Javier.

Fuente: memoriademadrid.es (1946)
Entrada al Mesón de San Javier, con su mostrador y anaquelería.

Bajo la dirección del arquitecto restaurador Enrique Lucchetti el nuevo Mesón de San Javier abriría al público en el año 1946.

Fuente: memoriademadrid.es (1946)
Dos aspectos de los comedores del mesón.

El lugar pasó a convertirse en un selecto y moderno restaurante que evocaba cada uno de los tópicos del Madrid antiguo. Los pisos superiores del inmueble continuaron siendo ocupados por vecinos.

Durante el mes de agosto de 1988 el local anunció su cierre y la venta de sus cuatrocientos metros. Tras una nueva rehabilitación el inmueble actualmente se ha destinado a viviendas. 






Fuentes:

“Manual Histórico-Topográfico, Administrativo y Artístico de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide
Memoriademadrid.es
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Es.Wikipedia.org

jueves, 10 de julio de 2014

EL CAFÉ NACIONAL DE LA CALLE DE TOLEDO Y SUS BANQUETES.

Quizá el Café Nacional de la calle de Toledo, número 19 no fuese el más popular de Madrid por sus tertulias, literarias o de otra índole, aunque tampoco se le conocería por alborotos o procelosas reyertas. La fama de este café llegó por haber sabido especializar su enorme amplitud en la organización de banquetes y celebraciones de todo tipo, durante las más de nueve décadas en las que se mantuvo abierto y manteniendo siempre el mismo nombre.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada actual de lo que fue el café Nacional de la calle de Toledo, esquina a la calle Imperial.

El Nacional fue inaugurado el día 15 de octubre de 1885 como uno de los cafés más elegantes que hay en Madrid. Su famoso techo, que pareció deslumbrar a los reporteros de la prensa del momento, representaba en medallones figuras de mujeres simbolizando a España, Madrid, Cuba, Cataluña, Aragón, Toledo, Galicia, Andalucía y Valencia; intercalados entre ellos también aparecían los escudos de Castilla, León y Navarra. Esta obra fue realizada por los pintores Jorge Herencia Sánchez y Antonio García Mencía, bajo la dirección del arquitecto Tomás Oñate Ruiz.

Este gran café tenía su acceso principal por la calle de Toledo, a través de una puerta giratoria. Además del bajo, sus grandes salones ocupaban por completo todo el primer piso del edificio cuya fachada más extensa se situaba en la calle Imperial. Sus primeros propietarios, Martín y Palomino, reservaron el local nada más inaugurarse el inmueble, en el año 1885. 

Fuente: B.N.E. (1923)/ Fotografía derecha: M.R.Giménez (2014)
Uno de los salones del entresuelo del café Nacional, con los balcones a la calle de Toledo.

Es abundante la historia de las reuniones que tuvieron lugar en el café Nacional. Asociaciones como “El Arte de Guiar” (cocheros), “La Lealtad” (expendedores de pan), “La Precursora” (peluqueros y barberos) convocaban aquí sus juntas anuales. También fueron muchas las instituciones que se constituyeron en sus salones, como “La Liga de la Defensa y Previsión de Inquilinos” o “El Ateneo Sindicalista” fundado por trabajadores anarquistas de todos los gremios. 

Fue muy célebre una gran disputa, en los salones del Nacional, entre los acaparadores de hortalizas de Madrid y las verduleras, sobre todo del cercano Mercado de la Cebada, en el mes de julio de 1894. Los primeros se negaron al abastecimiento por el aumento de aforo de mercancía y las mujeres de los puestos se dejaron decir que iban a hacer una que fuera “soná”. Finalmente, con intervención del Gobernador Civil y del Alcalde, horticultores y vendedoras consiguieron llegar a un acuerdo tras varios días de reunión dentro del café.

Seis años después de su apertura, el café Nacional cambió de dueños y se reformó el local. Los nuevos propietarios, Lucio y López, dieron un nuevo aire a su establecimiento, encargando la restauración de los famosos lienzos de su techo al pintor Plácido de la Calle. Además instalaron mesas de billar.

Todos los días 11 de febrero los Republicanos del distrito madrileño de la Audiencia (hoy Centro), al que correspondía el número 19 de la calle de Toledo, se reunían en el café Nacional para conmemorar el aniversario de la proclamación de la Primera República Española (1873-1874). El local también sería elegido como centro electoral republicano del distrito, donde consultar el censo o resolver algún extremo, en las elecciones municipales que tendrían lugar en el mes de noviembre de 1893.

Muy afamado era el bistec con patatas del café Nacional durante los primeros años del siglo XX. La elaboración de esta receta fue recogida por el gran cocinero, repostero y escritor culinario Teodoro Bardají Mas (quien reivindicó el nombre de la salsa “mahonesa” en lugar de “mayonesa”).

A menudo el café Nacional fue el lugar elegido para los banquetes de homenaje a todo aquel que tuviese amigos y seguidores. La gran capacidad de sus salones permitía dar servicio a más de cuatrocientos comensales e incluso en número mayor, si la situación lo requería. Tal fue el caso del acto ofrecido el día 12 de diciembre de 1890 al político Alberto Aguilera Velasco, tras el triunfo del partido liberal en las últimas elecciones. La asistencia fue tan multitudinaria que al no caber en el salón destinado al banquete todos los comensales, que pasaban de 500, se acordó derribar el tabique sencillo que lo separa del cuarto inmediato, colocándose allí mesas, donde pudieran acomodarse cien personas más. El homenaje, que debía comenzar a las 12 del medio día, tuvo que posponer dos horas su comienzo.

Pintores, escultores, poetas y literatos, asociaciones como la musical “Peña Fleta” (Miguel Fleta) o “La agrupación de la Capa” (fundada para propagar el uso de esa prenda) distribuían por locales de todo Madrid las tarjetas para asistir a sus homenajes organizados en el café Nacional, que en los primeros años del siglo XX tenían un precio de 3 pesetas por cubierto.

En el año 1906 el dueño del café Nacional era Antonio López Rabón, quien sería elegido Presidente de la comisión para el decorado e iluminación de la calle de Toledo con motivo de los festejos para la boda del rey Alfonso XIII.

Fuente: Colección Salvador Alcázar-Nicolas1056 (1906).
Arcos y adornos de la calle de Toledo instalados para la boda de Alfonso XIII.

Los banquetes en honor a profesores, artistas de todos los géneros, políticos y asociaciones continuaron asiduamente durante las primeras décadas del siglo XX. Uno de los más históricos fue el ofrecido a María Teresa León y Rafael Alberti tras su retorno a España después de un largo viaje por Europa y América. El día 9 de febrero de 1936, a las 3 de la tarde, después de los mítines del Frente Popular (agrupación que ganaría las elecciones generales de febrero del año 1936) y con un coste de seis pesetas por cubierto, amigos y compañeros de la Generación del 27 como Antonio Machado, Luis Araquistáin, Rosa Chacel, León Felipe, José Bergamín, Ramón J. Sender, Federico García Lorca, Dolores Ibarruri, Luis Cernuda, Concha Méndez y Luis Buñuel, entre otros muchos, se reunieron en el café Nacional. 

Fuente: Diario "El País". Fotografía actual: M.R.Giménez (2014)
Federico García Lorca, en pie, y junto a él María Teresa León. En segundo término, por la derecha, Rafael Alberti.
La fotografía actual de la derecha corresponde al mismo lugar en el que se celebró el banquete.

Durante la Guerra Civil Española el café Nacional continuó abierto, formando parte del servicio de suministros de víveres para las milicias populares movilizadas en Madrid. 

Fuente: Madridantiguo.org (Guerra Civil Española)/Fotografía actual:M.R.Giménez (2014).
A la derecha de ambas fotografías aparece un pequeño trozo de la fachada de lo que fue el café Nacional.

Al terminar la contienda pocos fueron los homenajes que tuvieron lugar en sus salones, por lo que hubo de reconvertirse en un lugar de celebraciones familiares (bodas y bautizos). El café Nacional mantuvo su nombre hasta finales de la década de los años setenta del siglo pasado. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Salones del entresuelo de lo que fue el café Nacional, en la actualidad.

Hoy el Nacional ha cambiado su nombre por el de Riazor y se ha convertido en un restaurante especializado en cocina gallega, paellas y arroces. Mantiene el mismo gran espacio que ocupó el antiguo café, en sus dos pisos, pero todo ha sido adaptado a la época actual. Es muy probable que los famosos techos pintados por Herencia y Mencía, desapareciesen durante alguna antigua remodelación del local, pero curiosamente sigue conservando ese amistoso ambiente de barrio, su número 19 de la calle de Toledo y esas magníficas vistas al antiguo Madrid desde los balcones de su entresuelo.




Fuentes:

Hemeroteca del ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Diario El País.
Madridantiguo.org
Colección Salvador Alcazar/Nicolas1056.

Agradecimiento muy especial para el Restaurante Riazor por su gran amabilidad al facilitar la realización de fotografías.

martes, 24 de junio de 2014

DE LAS REALES CABALLERIZAS A LOS JARDINES DE SABATINI.

Donde hoy se encuentra el Palacio Real de Madrid (también llamado Nacional o de Oriente, dependiendo de las vicisitudes históricas) se alzó hasta el año 1734 el después abrasado Real Alcázar. 

El terreno de 27.000 m2. situado en la parte norte del Palacio, donde hoy se encuentran los Jardines de Sabatini, fue ocupado entre los años 1789 y 1932 por las Caballerizas Reales, un vasto edificio encargado por Carlos III al arquitecto italiano Francesco Sabatini (1722-1797) y que éste construiría sobre un singular terreno con formidables desniveles.

Fuente: Skyscrapercity.com / Memoriademadrid.es (1932 y 1957).
Vistas aéreas de las Caballerizas -izquierda- y de los Jardines de Sabatini -derecha-.

Aquel magnífico conjunto de edificaciones, aunque desde el exterior parecía tratarse de una sola, tenía dos puertas de acceso principales: una en la calle de Bailén y otra en la cuesta o paseo de San Vicente, además de diversas entradas secundarias. En el año 1847 el interior de las Caballerizas contaba con una población de 486 personas (136 empleados que vivían con sus familias y 153 jornaleros) y daba cobijo a 500 cabezas de ganado (caballos de silla y de tiro, yeguas, mulas) siendo su presupuesto para ese año de 2.850.000 reales.

Fuente: Memoria de Madrid (años 30 del siglo XX).
A la izquierda la fachada de las Caballerizas correspondiente a la plaza de España y calle de Bailén.
A la derecha la entrada principal por la calle de Bailén.

Las Caballerizas Reales estaban dotadas de todo lo necesario para el cuidado y mantenimiento de animales. Contaban con picadero, fraguas, herraderos, enfermerías, botiquín, cuadras de forrajes y de contagio, baños para animales, así como también con la zona del Guadarnés General o extensa nave con sesenta y cinco armarios en los que estaban dispuestos y ordenados los atalajes, las sillas de montar, las ropas de los cocheros y lacayos, además de exponer bonitos objetos antiguos de utillaje ya en desuso. En el recinto de las cocheras se guardaban carrozas y coches de sala, sillas de posta, furgones, coches de camino, birlochos, briskas y demás tipos de carruajes al uso.

Fuente: Memoriademadrid.es (principios de los años 30 del siglo XX).
A la izquierda sillas de montar y utillaje en la zona del Guardés General.
A la derecha el recinto destinado a los caballos, entonces en desuso.












Además de viviendas para las familias de sus trabajadores, las Caballerizas Reales contaban con escuelas para niños y niñas.

Fuente: Memoriademadrid.es (1931)
Escuela para niñas en el recinto de las Caballerizas.

En el año 1932 el ayuntamiento comenzó los trabajos de la demolición del gran complejo de edificios, convocando un concurso público de ideas para construir en su terreno un gran jardín abierto a toda la población. De los once proyectos presentados sería elegido el realizado por los arquitectos Ramón Aníbal Álvarez, Miguel Durán Salgado, Fernando García Mercadal y el ingeniero Ricardo Pérez Calvet. Posteriormente el consistorio adquirió la propiedad de todos los proyectos y al ser nombrado García Mercadal arquitecto municipal fue también el designado para la realización del jardín. La Junta del Madrid Artístico y Monumental propondría, en el año 1934, como nombre del recinto el de Jardines de Sabatini en recuerdo del arquitecto que proyectó las Caballerizas Reales.

Fuente: B.N.E.
Proyecto publicado en prensa el 1 de febrero de 1935.

Parece que la dificultad del terreno, debido a sus enormes desniveles, fue motivo de una larga controversia que dilataría excesivamente el inicio de la obra. A principios del año 1935 aún se continuaba discutiendo sobre la necesidad de construir un muro de contención en la pendiente de la cuesta de San Vicente, que para algunos restaría perspectiva al Palacio; también hubo propuestas acerca de realizar todo el jardín de modo escalonado y en descenso desde la calle de Bailén, para buscar la rasante de la parte más baja del terreno. Pero al fin, en el mes de febrero de ese año, dan comienzo las obras que tendrían un presupuesto de 1.682.581 pesetas, cantidad que saldría de los fondos de recargo de la décima para la lucha contra el paro obrero. Con la finalidad de emplear al mayor número posible de trabajadores, se acordó que el tallado de las piedras se ha de hacer sobre el propio solar de Caballerizas.

Fuente fotografía de la izquierda: Urbanity.es (1935)
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014)
Construcción de la escalera que da entrada a los jardines por la calle de Bailén.

Se trataba de realizar un jardín público (con paseos amplios, espacios para niños, aseos para señora y caballero, fuentes para beber, lugares de sombra y descanso) cuyas características eran diferentes a las de un jardín histórico y crear un espacio de separación entre el Palacio y el nuevo recinto, a modo de lonja, enlosado de granito e inaccesible desde el parque. 

Fotografía de la izquierda: Juan Miguel Pando (a mediados de los años 50 del siglo XX).
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (20149
Recinto de la lonja que separa el palacio de los jardines.

El jardín tendría tres accesos principales, dotados de grandes puertas en hierro para cerrar durante la noche: uno por el chaflán de la plaza de España, otro por una monumental escalera que se situaría en la calle de Bailén, desde donde se dominara la totalidad de su espacio, y un tercero por medio de rampas a la italiana con un nicho fuente de piedra de Colmenar (hoy desbaratado) por la cuesta o paseo de San Vicente. 

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Aspecto actual de la entrada a los jardines por la cuesta de San Vicente. A la derecha se puede ver el pilón de la fuente, hoy desbaratado.

El enorme declive del terreno se salvaría creando distintos niveles: uno, en la parte inferior, de forma regular en el que se desarrolla un trazado de amplias líneas con macizos de bojes recortados y pequeños estanques (cuatro unidades) de granito en torno a un gran estanque central bordeado de jardinería y estatuaria igual a la de la plaza de Oriente. Otra nivelación estaría algo más elevada sobre el plano anterior, instalando en su parte central la Fuente de la República y grupos de esculturas conmemorativas (ornato que no llegaría a realizarse).

Una parte del jardín, donde antes estuvo el Patio de la Regalada de las Caballerizas, se dispondría en un plano superior sirviendo de mirador sobre el resto del recinto. El motivo para la realización de esta zona elevada fue evitar las costosas obras de contención de la calle de Bailén. 

Fuente de la fotografía de la izquierda: Urbanity.es (1935)
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014).
Construcción de la escalera por la que se accede a la parte más alta de los jardines, donde estuvo el Patio de la Regalada de las Caballerizas. A la derecha, vista actual.

Para la disposición del arbolado se tuvo en cuenta la orientación de los vientos dominantes, del norte y del noroeste; de esta forma hileras de grandes chopos blancos protegían del aire y del calor durante los veranos, permitiendo la entrada del sol durante los inviernos. En el jardín también se instalaron coníferas, arbustos de hojas persistentes, plantas de jardín bajo, alguna zona de pradera y flores, únicamente alrededor del estanque central.

Otras dotaciones fueron las casetas para los guardias y los bancos de granito en una sola pieza.

El proyecto, que finalmente llevaría a cabo el arquitecto municipal Fernando García Mercadal, se expuso para su explicación en el Patio de Cristales del ayuntamiento de Madrid el día 31 de enero de 1935 y unos días después comenzarían las obras que se llevan con excesiva parsimonia, ya que no hay más que doce obreros trabajando a pesar de que se acordó realizar estas obras porque en ellas podían encontrar ocupación cientos de trabajadores.

Con el inicio de la Guerra Civil Española la construcción de los Jardines de Sabatini se detuvo y no volvería a retomarse hasta que el arquitecto Manuel Herrero Palacios recibió el encargo de llevar a cabo su conclusión. Será en el mes de octubre de 1950 cuando finalmente serían inaugurados los Jardines de Sabatini, con algunas modificaciones sobre el proyecto inicial.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
“Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar” Pascual Madoz. (1847).
Es.wikipedia.org

miércoles, 11 de junio de 2014

EL CAIMÁN DE LA CALLE DEL ARENAL.

Hubo una vez un caimán en la calle del Arenal, dentro de la iglesia de San Ginés de Arlés, en Madrid. Su novelesca historia, acrecentada por variopintas leyendas en las que se entremezclan valerosos caballeros y milagrosas intervenciones marianas, convertiría a este saurio en una feroz y perversa alimaña de la que muchos sacarían partido.

Fuente: Revista Ritmo (publicada en 1985).

La zona que hoy ocupa la calle del Arenal era, durante la dominación musulmana, un terrero arenoso en el que había un profundo barranco llamado de la Zarza y del que partía el nutrido arroyo del Arenal. Estos terrenos estaban ocupados por mozárabes (cristianos en territorio musulmán) quienes construyeron una pequeña ermita que con el tiempo y numerosas obras de ampliación se convertiría en la parroquia de San Ginés. 

Parece que fue en el siglo XIV cuando, al remover los cimientos del edificio para asentarlos sobre el terreno inestable del arenal, apareció un fosilizado y antediluviano caimán cuya descripción realizada por Gerónimo de Quintana tres siglos después (1629) quedaría para la historia: El caimán era de tres “baras” de largo, las manos y los pies cortos y más gruesos que un brazo, el cuerpo del grosor del de un hombre.

Por lo que parece el hallazgo fue incorporado y exhibido en la iglesia de San Ginés, comenzando a engrosar su leyenda amparada por los tenebrosos muros del templo. 

Fuente: B.N.E. (1931)

Muchos fueron los fieles que juraron haber visto brillar los ojos amarillos del “cocodrilo” apareciendo entre las tablas de los altares. Tampoco faltaron intrépidos caballeros que narraban enfrentamientos defensivos y a muerte con el saurio. También hubo quien dijo haber presenciado el nacimiento del animal, adoptándolo y adiestrándolo hasta que dejó de existir. Pero en el siglo XVI llegó Alonso de Montalbán, aposentador de los Reyes Católicos, adjudicándose el mérito de haber sido quien terminó con la vida de tan peligroso animal gracias a la intercesión de la Virgen, como así refleja en su historia de Madrid el Notario del Santo Oficio de la Inquisición, Gerónimo de Quintana.

El día 30 de julio de 1522 se inauguró en San Ginés la capilla costeada por Montalbán y dedicada, en agradecimiento por sus servicios, a Nuestra Señora de los Remedios a cuyos pies fue clavado sobre un dosel de madera el famoso caimán. De inmediato fueronle adjudicados beneficios curativos y la fama de virgen, capilla e iglesia se vio incrementada con los donativos de los numerosos fieles petitorios que asistían en tropel a la, desde entonces denominada, Capilla del lagarto.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Esta fue la Capilla del Lagarto, hoy dedicada al culto de la Virgen del Castillo.

La capilla, situada entrando por la calle de Bordadores, a mano derecha o entrando por la calle del Arenal al fondo y a la derecha, hace tiempo que dejó de exponer a la Virgen de los Remedios y al caimán fosilizado. Parece que uno de los numerosos incendios de la iglesia destruyó, además de otras muchas obras de arte, esta imagen de la virgen vestidera (era de medio cuerpo y estaba cubierta por ropa confeccionada), que desde hace tiempo ha sido reemplazada por la imagen de Nuestra Señora del Castillo.

Del lagarto nada se sabe. Invencible al tiempo parece que no resultó dañado en los incendios ya mencionados de la iglesia de San Ginés, pero en años posteriores a la década de los ochenta del siglo XX fue ocultado a las miradas de los parroquianos del templo al constituir un reclamo impropio para el imperativo recogimiento del lugar.

Otra particularidad de la iglesia de la calle del Arenal, cuya bóveda subterránea con entrada por la siempre cerrada puerta de la calle de Bordadores fue famosa por los hombres y mujeres disciplinantes que allí decían ir para hacer penitencia dando lugar a no pocos escándalos, es la torre de su campanario. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Campanario de la iglesia de San Ginés de Arlés.

La cruz en que termina su capitel servía de pararrayos y de conductores sus aristas, que durante algunas fuertes tormentas solían iluminarse mágicamente para desconcierto del vecindario.






Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca B.N.E.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” Antonio Capmani y Montpalau.
“Historia de la antigüedad, nobleza y grandeza de la muy antigua y coronada Villa de Madrid” Gerónimo de Quintana.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Es.wikipedia.org

jueves, 29 de mayo de 2014

EL BAR ¡ALEGRÍA! Y SU MOSTRADOR.

El antecedente de lo que hoy conocemos como la plaza de Canalejas de Madrid fue llamado popularmente, que no de manera oficial, Las Cuatro Calles. El lugar era una encrucijada entre la Carrera de San Jerónimo y las calles de Sevilla, del Príncipe y de la Cruz. En el año 1912 comenzaron los derribos de las antiguas casas para configurar esa nueva plaza que por acuerdo del ayuntamiento, en el mes de noviembre de ese mismo año, vendría a llevar el apellido del que fuera Presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas Méndez (1854-1912).

En un año impreciso y anterior a 1910, abriría en Las Cuatro Calles el bar llamado ¡Alegría! famoso en todo Madrid por sus bajos precios, sus panaux (murales) decorativos con caricaturas de políticos y personajes célebres del momento y por su servicio muy decente. El bar ¡Alegría! pronto inauguró sucursales; una de ellas, la situada en la calle de Atocha, 113 (hoy glorieta del Emperador Carlos V – más conocida como glorieta de Atocha – número 8), tuvo en su recinto un modernista y tecnológico mostrador.

Fuente: Viejo-madrid.es (1911)
El bar ¡Alegría! de Atocha y su magnífico mostrador modernista.

La noche del domingo día 9 de julio de 1911 abriría al público este segundo ¡Alegría! instalado en Madrid. El bar, artísticamente alumbrado y con una amplitud extraordinaria, estaba dividido en dos secciones: el salón para degustaciones y la zona del mostrador. 

Fuente: B.N.E. (1911)
Aspecto del salón para degustaciones.

El bar ¡Alegría! estaba dotado de la más moderna maquinaria construida e instalada por la Casa A. Vázquez del Saz, de la calle Zurbano. Su cafetera marca “Ideal” con presión de 1,5 atmósferas pasa el agua dos veces por la masa del café arrastrando todos sus aceites esenciales, lo que se traduce en el mayor aprovechamiento del mismo. Lo sorprendente, por entonces, era que el café se preparase en el acto y a la vista del público, al precio de 20 céntimos de peseta la taza.

Los aparatos de luz eléctrica habían sido fabricados por la misma Casa de la cafetera “Ideal”, así como también su famoso mostrador

Fuente: B.N.E. (1911)
Sobre el mostrador se aprecia la saturadora para el agua de seltz y tras éste el mueble niquelado para toneles. 

La barra o mostrador del bar ¡Alegría! era, como todo el decorado, de estilo modernista. Tenía varios grifos para las distintas clases de bebidas y, al estar dotado de cámara frigorífica y depósitos para hielo, expendía directamente los refrescos fríos. Varios fregaderos con inyectores de agua propiciaban una limpieza automática de los vasos utilizados.

Sobre el mostrador se podía ver la saturadora de marca “Hispania”, para la producción de agua de seltz y tras él había un originalísimo mueble de metal niquelado, para la colocación de toneles.

Fuente: B.N.E. (25.12.1912)
¿Quién sería I.G.G.?

Un enigmático anuncio, encontrado en la prensa del mes de julio de 1912, proponía una subrepticia cita frente al bar ¡Alegría! de la calle de Atocha. Allí estaré yo.

Fuente: Memoriademadrid.org (años 20 del siglo XX).
Fragmento de fotografía de la calle de Sevilla, 3 en donde estuvo la sucursal del ¡Alegría!, junto a Casa Thomas, en el edificio de La Equitativa. 

Una tercera sucursal del bar ¡Alegría! se abriría al público el día 10 de junio de 1913, a las 8 de la mañana, en la elegante calle de Sevilla, número 3 –contiguo a Casa Thomas (importante bazar)- . Para la promoción del nuevo local los periódicos anunciaron el regalo de seis mil objetos para los seis mil primeros clientes que realizaran una o más consumiciones en esta casa.

Fotografía: Charles Chusseau-Flaviens (años 20 del siglo XX).
El café-bar ¡Alegría! y Casa Thomas de la calle de Sevilla, con ambiente de toreo.

Parece que la parroquia de este nuevo bar ¡Alegría! estaba formada por gentes del toreo y cómicos que, al igual que en las otras sucursales y por tradición, no debían dejar propina al abonar sus consumiciones.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Aquí estuvo el bar ¡Alegría! de Atocha, hasta el año 1960.

De los tres locales abiertos del bar ¡Alegría! en el centro de Madrid el que más perduró fue el de Atocha, que hoy corresponde con el número 8 de la glorieta. Las últimas noticias encontradas en la prensa sobre este negocio datan del año 1960. Un año después, en el mismo lugar, se inauguraría un nuevo bar llamado El Brillante.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
geh.org/fm/chusseau-flaviens
Memoriademadrid.es
Viejo-Madrid.es
Es.wikipedia.org