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domingo, 22 de mayo de 2016

CASA PRAST, DONDE VIVÍA EL RATONCITO PÉREZ.

La madrileña calle del Arenal, situada junto a la Puerta del Sol, se convirtió en una vía moderna y comercial a mediados del siglo XIX. Establecimientos de todo tipo, hoteles, cafés y un teatro se abrieron paso entre las viejas casas que en ella habían edificado durante el siglo XVI familias de próceres linajes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle del Arenal.

Una vez iniciada la remodelación de la Puerta del Sol (1857-1862) esta calle del Arenal era aún tan irregular y estrecha en algunos de sus tramos, que por ella no podían pasar dos carruajes a la vez. Aún así ya se había convertido en una vía muy transitada, donde los nuevos negocios irían dotando a sus locales de modernos adelantos y flamantes decoraciones. 

El comerciante Carlos Prast Julián había llegado a Madrid en el año 1842, procedente de Vivel del Río Martín (Teruel). Estableció once años después (1853) una pequeña tienda de comestibles en la céntrica calle de San Cristóbal y en 1858 trasladó su negocio al entonces número 12 (hoy nº 8) de la calle del Arenal, titulándolo “Las Colonias”. Así comenzó la historia de uno de los comercios más afamados e históricos de la ciudad.

Fotografía de la izquierda: Viejo-Madrid.es (1929). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Edificio de la Casa Prast.

Al finalizar las obras de la nueva Puerta del Sol, la calle del Arenal quedó también rehabilitada. Su anchura se equilibró permitiendo ya el paso normalizado de los carruajes y el deambular tranquilo de los peatones, que podían pararse para mirar los escaparates, sin sobresaltos. 

Los comercios abiertos en la zona fueron transformando poco a poco su decoración. Lujosas fachadas, grandes carteles de sus muestras, espaciosos y bien adornados escaparates, buena iluminación y anaquelerías talladas en el interior rivalizaban entre sí para atraer a la clientela.

Carlos Prast, que cada año acometía reformas en su nueva tienda para competir con los nuevos negocios del ramo que iban abriendo a su alrededor, parecía pasar algo desapercibido. Su pequeña lonja de ultramarinos “Las Colonias” quizá había quedado un poco desfasada. Fue por ello que el día 3 de noviembre de 1866 inauguraría la confitería más moderna de Madrid, anexionada a su tienda de comestibles.

Fuente: B.N.E. (1904).
El primer negocio de Carlos Prast, en la calle del Arenal, fue esta tienda de comestibles titulada "Las Colonias".

A decir de la prensa del momento, la instalación de la nueva tienda se había convertido en una obra de arte y todo Madrid pasó por ella. 

La tienda de Prast ocupaba en su totalidad el espacio inferior del edificio situado en la calle del Arenal, que a mediados del año 1866 varió su numeración dejando el negocio de “Las Colonias” en el número 8, donde hoy continúa el mismo edificio. 

Lujosa y elegante, en cuando a la decoración, se especializó también en el rico diseño de los envoltorios con que empaquetaba sus productos. Cajas, finas cestas, pequeñas bolsas, estuches pintados al óleo y forrados de refinadas telas, con incrustaciones de plata y diminutos espejos biselados guardaban en su interior dieciocho clases de galletas inglesas, nunca conocidas en Madrid, bruños (ciruelas), pasas de Málaga, higos de Esmirna, mantecadas de Astorga, quesos, salchichones de Lyon y de Vich, pasteles y muchos otros selectos y poco asequibles artículos.

Fuente: confiteríaprast.es (1905).
Fachada de la tienda de ultramarinos, unida a la pastelería, situada en la calle del Arenal, 8, que aún hoy podemos contemplar.

Aquel negocio de Prast prosperó con rapidez, convirtiéndose en proveedor de la realeza y de los acomodados que podían permitirse comprar sus exclusivos productos. 

Su fortuna iba en aumento y fue así como tras ser derribada la iglesia de Santa María de La Almudena de la calle Mayor, esquina con la de Bailén, Carlos Prast adquirió el solar y edificó un magnífico inmueble de viviendas en el año 1876, dotándolo del primer ascensor hidráulico que tuvo Madrid.

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Casa de la calle Mayor, esquina con la de Bailén, propiedad de Carlos Prast. En ella se instaló el primer ascensor hidráulico de Madrid.

El triunfante empresario también adquirió el edificio de la calle Arenal, nº 8, donde se ubicaban sus dos lujosas tiendas, de ultramarinos y confitería, para volver a reformarlas. Fue así como el día 15 de noviembre de 1880 quedó ultimada la nueva Confitería de Carlos Prast, inaugurada al día siguiente con la presentación para la prensa.

Fuente: Grabado de la izquierda (1881) Bibliotecavirtualdemadrid.org.
Fotografía de la derecha (1904) B.N.E.
Dos aspectos del interior de Casa Prast.

El aspecto deslumbrador y elegantísimo del nuevo establecimiento volvió a causar sensación en Madrid. Las obras, dirigidas por el arquitecto Federico Inzenga Castellanos (quien también había realizado el proyecto de la otra casa propiedad de Prast y situada en la calle Mayor, número 122 -hoy nº 88-), fueron ejecutadas con profusa decoración en la que parecía no haberse escatimado nada.

Entre las molduras doradas y blancas de los techos, aparecían dos frescos pintados por el pintor Maroto (posiblemente Julián Maroto López) y el escenógrafo Edo. Por toda la tienda se instalaron réplicas de las medallas, talladas por Francisco Gallástegui, obtenidas por los productos que Prast había presentado a las exposiciones de París, Viena, Burdeos y Oporto, además de los escudos de armas de España, Francia y Portugal. 

Magníficas estatuas de bronce del escultor Juan Fernández Febrer sostenían, a modo de candelabros, las luces de gas que alumbraban el mostrador del establecimiento. La luminotecnia se completaba con aparatos adquiridos en París e instalados en los escaparates.

Carlos Prast había comprado el edificio de la calle del Arenal, para realizar la costosa obra de su tienda, por el precio de dos millones y medio de reales –cantidad nada despreciable para el último cuarto del siglo XIX -. Esto le dio derecho a modificar la estructura de las plantas baja y principal del inmueble, derribando tabiques, lo que le permitió configurar un salón anchuroso y bello, adornado con suntuosidad. 

El piso principal del edificio, sobre aquel elegante establecimiento, se destinó para la exposición de preciosas cajas, bomboneras, juguetes, envases de fino metal, porcelana japonesa y cristal de todas clases, formas y precios.

La tienda contaba además con su propio obrador, posiblemente con acceso por la trasera calle de Tetuán, número 4. En él se instaló maquinaria inglesa para mezclar y triturar las materias primas, fabricar caramelos y encorchar botellas, completándola con modernos serpentines de agua que enfriaban los productos allí elaborados, a su salida del horno. 

Fuente: B.N.E. (1904).
Obrador de la tienda.

Sin duda Carlos Prast fue uno de los empresarios que pensaron en la importancia de la publicidad para el crecimiento de su negocio, siendo el primero en Madrid que se lanzó, con atrevimiento incomparable, a anunciar su casa en plena vía pública, por medio de un carrito.

Casi todas las publicaciones, de mediados del siglo XIX y principios del XX, insertaron anuncios de la Casa Prast y pormenorizada relación de los artículos que en ella se vendían. Esto unido a la relevancia que tuvo en Madrid, originó que la tienda de Prast se incluyera en muchos textos y novelas escritas por destacados autores de la época, como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán.

Sin duda la publicación más famosa, con importante referencia a la Confitería de Carlos Prast, es el cuento escrito por Luis Coloma Roldán y titulado “Ratón Pérez”.

Fotografía de la izquierda: B.N.E. (1911). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Anuncio de la portada del cuento "Ratón Pérez" aparecido en la prensa.
Figura del personaje instalada en el interior del edificio de la calle del Arenal, nº 8.

“Vivía Ratón Pérez en la calle del Arenal, núm. 8, en los sótanos de Carlos Prats (1), frente por frente de una gran pila de quesos Gruyere, que ofrecían a la familia de Pérez próxima y abastada despensa”. 

(1)(En el cuento original Luis Coloma confunde el apellido de Carlos Prast, cambiando el orden de las dos consonantes finales).

“Ratón Pérez”, que en algún momento dulcificó su nombre y narración para adaptarla a un verdadero cuento infantil, fue escrito por Luis Coloma entre los años 1891 y 1894. La historia, inspirada en la tradición popular de hacer un pequeño regalo a quienes van perdiendo sus primeros dientes de leche, fue escrita para Alfonso XIII al encontrarse en dicho trance.

En el año 1902 apareció una primera edición de este cuento, dentro del libro “Nuevas Lecturas” del jesuita Coloma, también fue publicado en el periódico “La Época”, el día 23 de marzo del mismo año. Como edición independiente apareció por vez primera en el año 1911, con ilustraciones del dibujante Mariano Pedrero López. 

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
En los balcones situados en el piso principal del edificio de la calle del Arenal, nº8, aún se conservan las siglas entrelazadas de Carlos Prast. 

Carlos Prast Julián falleció en el año 1904. La confitería continuó con sus hijos, pasando a denominarse “Carlos Prast y Hermanos” en el mismo emplazamiento de la calle del Arenal, a pesar de que desde los primeros años treinta, del siglo pasado, hubo varios intentos de expropiar el edificio con el fin de alinear la acera de los números pares de esta vía. 

La casa de los Prast sigue en pie. La Confitería y tienda de ultramarinos cerró algunos años después de finalizar la Guerra Civil Española (1936-1939), pero se conservó su fachada de madera, hoy visible. 

Fotografías: M.R.Giménez (2016).
Medallas conseguidas por Casa Prast en los diferentes concursos internacionales, que aún adornan la fachada de lo que fue el local.

A mediados de la década de los años ochenta el edificio fue remodelado y convertido en un centro comercial. En su interior se colocó una placa recordando la historia del Ratón Pérez y en el año 2008 se inauguró una exposición, a modo de casa museo, sobre este personaje. 

De la histórica Casa Prast no existe ninguna reseña en el edificio.



Este artículo, sobre la Casa Prast, está dedicado a la memoria del actor José Miguel Ariza.



Fuentes:

“1891-Madrid-1892: artículos, cuentos, críticas, semblanzas” Enrique Sepúlveda.
Bibliotecavirtualdemadrid.org
Cervantesvirtual.com
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es

Agradecimiento muy especial para todos los que han hecho posible la página http://www.confiteriaprast.es por los datos aportados para la confección de este artículo.

lunes, 9 de mayo de 2016

CAFÉ LABRAÑA, BAR MONOPOL Y CERVECERÍA LA TROPICAL DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Durante el primer cuarto del siglo XX el edificio correspondiente al número 23 de la calle de Alcalá (hoy desaparecido y reemplazado por el del nº 21), albergó de manera sucesiva tres magníficos establecimientos: El Café Labraña Restaurant, el Café-Bar Monopol y la Cervecería La Tropical.

En el mismo local se había ubicado con anterioridad el restaurante del afamado Café de Fornos, aquel que estuvo situado en la esquina formada por las calles de Alcalá y Peligros.

Fuente: @Ls_Madriles (1892).
Calle de Alcalá. En la mitad de la fotografía se aprecia el comienzo de la calle de Peligros, donde entonces se ubicaba el Café de Fornos.

El Café Labraña fue inaugurado el día 4 de enero de 1910 por su dueño, Antonio Labraña, con un banquete de presentación para la prensa de Madrid. El negocio ocupaba el bajo y el entresuelo, donde se situaban los comedores, aprovechando partes de la antigua instalación que dejó el restaurante del Fornos.

Fuente: B.N.E. (1910)
Fachada del Café Labraña, en el número 23 de la calle de Alcalá.

Con decoración sobria y elegante, tenía parte de sus paredes forradas por enormes lunas de espejo que se entremezclaban con grandes murales pintados al fresco, en los que el artista José Arija Saiz había representado las cuatro estaciones, el día y la noche, simbolizados por figuras de mujer.

Fuente: B.N.E. (1910).
Interior del Café Labraña.

El Labraña completaba su oferta con un magnífico horno de pastelería, buena bodega y varios comedores para la organización de banquetes, presumiendo de poseer un enorme mantel de treinta y siete metros de longitud.

Algo menos de dos años después de su apertura el Café Labraña fue denunciado ante el Juzgado de Guardia por la propietaria del edificio, aduciendo que en él entraba gente alegre, aunque pacífica, que no era de su gusto. El negocio se fue al traste, pero de inmediato sería reemplazado por el Café-Bar Monopol.

Fuente: B.N.E. (1912).
Fachada del modernista Café-Bar Monopol, con las alegorías del café y el vino.

Inaugurado el día 30 de noviembre de 1912, el Café Monopol era propiedad de Julio Arenas y Compañía. Su decoración modernista había sido realizada íntegramente por la empresa de Adrián Vázquez del Saz, casa especializada en maquinaria industrial para cafés, bares, cervecerías y demás locales de restauración.

La fachada del local, realizada en madera de caoba, anunciaba que aquel establecimiento era también, además de café y bar, cervecería y pastelería. Entre sus puertas de acceso con escaparates se habían instalado las imágenes de dos mujeres cinceladas en bronce, simbolizando el café y el vino.

Fuente: B.N.E. (1912).
Elegantes vitrinas de cristal y níquel junto a los aparatos automáticos de autoservicio con ficha.

A la entrada del establecimiento se encontraba el bar que contaba con elegantes vitrinas de cristal y níquel, en cuyo interior se mostraban los productos a la venta. Entre ellas se habían instalado aparatos automáticos ingeniosísimos de bocadillos (25 céntimos de peseta), pasteles variados (10 céntimos) y bebidas espirituosas (15 céntimos el vaso). El cliente podía servirse por sí mismo, tras depositar en las ranuras de las máquinas las fichas adquiridas en el mismo establecimiento, por canje

El Monopol contaba con el moderno aparato “Ideal Perfeccionado”, patentado por la casa Vázquez del Saz, que preparaba instantáneamente y servía todo tipo de bebidas calientes. Esta máquina se había situado en el interior de un precioso mostrador de madera, mármol y adornado con apliques de metal, atendido por camareros, en el que se expedían los mismos productos que podían adquirirse en las máquinas automáticas. 

Fuente: B.N.E. (1912)
Barra del Bar Monopol y el aparato "Ideal Perfeccionado".

El bar también contaba con un elegante salón dotado de veladores y sillas de caoba, cuyas paredes estaban forradas hasta media altura por un zócalo de diseño modernista realizado en madera.

Contiguo al bar se hallaba el café, dotado con magníficos divanes. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (1920).
Recorte de fotografía de la calle de Alcalá donde aparece señalado el Café-Bar Monopol.

Tras el cierre del hermoso y pulcro Monopol, vino a instalarse en el local de la calle de Alcalá, número 23, la Cervecería La Tropical (sucursal).

Fuente: B.N.E. (1927).
Fachada de la Cervecería La Tropical (sucursal). Se aprecian las alegorías del café y el vino, que se realizaron para el anterior negocio.

La Tropical era, como su rotulación indicaba, sucursal de la que se había inaugurado en el año 1904 en el local de una antigua taberna de la calle del Correo, número 2. 

Propiedad de Antonio Álvarez, abrió al público el jueves, día 9 de junio de 1927 ofertando café, fiambres, refrescos, vinos, licores y sobre todo la cerveza más fría, tirada a la crema y los más frescos mariscos, con los que confeccionaba su especialidad: la ensaladilla inglesa con marisco.

Fuente: B.N.E. (1927).
Barra y salón de la Cervecería La Tropical, que aprovechó gran parte de la decoración de su antecesor.

La Tropical había aprovechado el mobiliario y la decoración de su antecesor, el Bar Monopol. La fachada fue pintada de color oscuro, pero se respetaron las figuras cinceladas alegóricas al café y al vino, resaltadas por un fondo blanco. El mostrador y la ornamentación modernista de las paredes interiores también quedaron indemnes, aunque se añadieran muchos más divanes a los salones que antes habían tenido veladores y sillas de caoba.

Enseguida, las “peñas” comenzaron a hacer famoso el local de La Tropical. Toreros y aficionados, periodistas y entusiastas incondicionales del Real Madrid C.F. llenaban a menudo los salones de la cervecería, con sus tertulias. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (1931 - 1933).
A la izquierda la esquina de las calle de Alcalá y Peligros, con el Café de Fornos aún abierto. La Cervecería La Tropical aparece, a la izquierda, tapada por un toldo.
 A la derecha, el mismo lugar con sus edificios en demolición, para levantar después el banco Vitalicio.

En el año 1933 dos de las denominadas “casas de Fornos”, que habían sido construidas durante el último cuarto del siglo XIX por el arquitecto Jerónimo de la Gándara, fueron derribadas para construir el edificio del banco Vitalicio, situado en el hoy número 21 de la calle de Alcalá. Esta demolición se llevó por delante tanto el local del antiguo Café de Fornos (que por entonces se llamaba de Riesgo) como el correspondiente a la Cervecería La Tropical, que se trasladó a la casa inmediata perdiendo toda su ornamentación modernista.



Fuentes:

@Ls_Madriles   
Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Viejo-Madrid.es
Es.wikipedia.org

miércoles, 20 de abril de 2016

ESTABLECIMIENTO DE EMILIO GONZÁLEZ.

Cuando en la plaza de Canalejas de Madrid, situada a escasos metros de la Puerta del Sol, se acometían las obras para su configuración definitiva, vino a inaugurarse la espléndida tienda de Emilio González. 

Fuente: mcu.es (1913).

Dedicado a la venta de café, té, chocolates, caramelos, galletas y comestibles finos, este establecimiento abrió sus puertas a mediados del mes de diciembre de 1912, en la carrera de San Jerónimo, número 29 (actual nº 9).

Fuente: mcu.es (1913)

Los antecedentes de esta bonita tienda hay que buscarlos en otra, que estuvo situada en la calle del Príncipe, número 1, esquina con las Cuatro Calles (actual plaza de Canalejas) y que fue propiedad de Venancio Vázquez López. Este industrial, sobrino del propietario de los Chocolates y dulces Matías López, vio derribar ese edificio de la calle del Príncipe durante la remodelación de la plaza de Canalejas, perdiendo su local y traspasando el negocio a su encargado Emilio González. Por entonces, Vázquez López ya había comenzado su carrera política en el Ayuntamiento de Madrid.

Fuente: memoriademadrid.es (1913).
La fotografía de la izquierda muestra el edificio, a punto de ser derruido, de la calle del Príncipe, nº 1, que ya aparece derribado en la fotografía de la derecha.
Las flechas indican la fachada del establecimiento de Emilio González, situado en la carrera de San Jerónimo.

Emilio González, antiguo dependiente de Venancio Vázquez, marca de la tienda que así figuraba en su rótulo, vino a establecer dicho comercio con el lujo propio de las confiterías más selectas del Madrid de la época. 

Fuente: ABC (1913).
Anuncio de la apertura y fachada del nuevo establecimiento.

El establecimiento estaba especializado también en artículos de capricho, chocolates para convalecientes y señoras recién paridas, sin azúcar para diabéticos, además de un aceite riquísimo, todo ello envasado en frascos, cestas y estuches bellamente ornamentados.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1921)
Anuncio en prensa.

La publicidad sobre los artículos expendidos por este negocio fue constante en la prensa hasta el año 1931, año en que parece haber finalizado su actividad.




Fuentes:

Hemeroteca del ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Mcu.es
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es

viernes, 8 de abril de 2016

BAR SOL. PUERTA DEL SOL, NÚMERO 6.

Como ya es sabido, la grandiosa remodelación que se llevó a cabo en la antigua Puerta del Sol de Madrid (1857-1862) no sólo convirtió este espacio rectangular en un semicírculo, sino que también se llevó por delante a todos sus viejos edificios, con excepción de la Real Casa de Correos, hoy sede de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Recorte de fotografía: Charles Clifford (1857). B.N.E.
Construcción del edificio de la Puerta del Sol, nº 6.

Las primeras demoliciones dieron comienzo por la zona comprendida entre las calles de Espoz y Mina y Carretas, cuyas casas serían edificadas a la par que se continuaba con los derribos de la parte opuesta. Así fue como en el año 1857 comenzó la construcción de la ubicada en el número 6 de la Puerta del Sol y calle de Carretas, nº 1, en cuya redondeada esquina se instalarían, a lo largo de los años, la Joyería de Peñalver y el Bar Sol.

Fotografía: M.R.Giménez (2014).
Edificio de la Puerta del Sol, nº 6 y la calle de Carretas.

La Joyería de Peñalver fue fundada en el año 1862 por Raimundo Peñalver. Joyero, diamantista y platero especializado en cubiertos, trasladó su negocio al local de la Puerta del Sol en el mes de junio de 1864 desde la casa inmediata de la calle de Carretas, número 3. Con el tiempo también se especializaría en la venta de placas y medallas artísticas realizadas por el, aún joven escultor, Mariano Benlliure Gil.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la Joyería de Peñalver, publicado en la prensa del año 1864.

La fachada del local, en un principio, no tenía más adorno que los grandes toldos con el rótulo “joyería” pintado sobre sus bambalinas. 

Recorte de la fotografía de Jean Laurent (entre 1862 y 1870). B.N.E.
La Joyería de Peñalver y su toldo situado en la calle de Carretas, nº 1.

Pronto sería forrada de madera oscura, abarcando el frontis completo de la tienda. En su esquina se dispuso un letrero en donde se especificaban los artículos a la venta y el nombre del negocio.

Recorte de fotografía anónima (1906) en la que se aprecia la fachada de la Joyería de Peñalver. Fuente: Ibytes.es

Tras el cierre de la joyería, que allí estuvo hasta el año 1911, vino a instalarse en el local de la Puerta del Sol, nº 6, un bar propiedad de Antonio López, que ya en el mes de noviembre de 1912 aparece en la prensa con el nombre de Bar-Sol

El bar aprovecharía la decoración exterior en madera de la antigua Joyería de Peñalver, rotulando su marca y la oferta de productos sobre ella.

En el entresuelo del local, con acceso por el portal del edificio, se instaló el comedor del restaurante. Lugar largo y estrecho, de techo bajo, ventanas cortas y apaisadas con vista al bullicio de la Puerta del Sol y a la calle de Carretas. En él se podía degustar el menú que, en febrero de 1918, estaba compuesto por: paella, langosta con salsa mayonesa, vaca a la parisien, pan vino y postre por dos pesetas y diez céntimos.

Fuente: B.N.E. (13 de Noviembre de 19129)
Aspecto de la Puerta del Sol, nº 6, tras el asesinato de Canalejas. El Bar-Sol, en la esquina con la calle de Carretas, nº 1.


















 
Allí, años más tarde, se instalaría una peña de toreros, aficionados y periodistas, cuyas crónicas se escribieron en la especializada revista “La Lidia”. 

Fuente: B.N.E. (1925)
El entresuelo, donde se ubicaba el comedor del Bar Sol, con la peña de toreros, periodistas y aficionados.

El día 12 de noviembre de 1912 José Canalejas Méndez, presidente del Consejo de Ministros, fue asesinado mientras miraba el escaparate de la Librería de San Martín, local ubicado en la Puerta del Sol, número 6, junto al Bar Sol.

Un año y pocos meses después, en el mes de enero de 1914, se colocó una placa conmemorativa, obra del escultor Mariano Benlliure, por encima de la muestra de la librería, en el punto que forman dos de los antepechos del entresuelo del Bar Sol. Obra que, aún hoy, continúa en el mismo lugar.

Fuente: B.N.E. (1914). Fotografía actual de M.R.Giménez (2007).
Descubrimiento de la placa conmemorativa del asesinato de Canalejas el día 29 de enero de 1914, que continúa en su lugar original.

A finales del mes de noviembre de 1928, un nuevo propietario adquirió el Bar Sol, dotándolo de los más modernos sistemas. 

El industrial Juan Planás Camps reformó el local por completo, renovando la instalación de las cocinas para proporcionar así menús diarios atractivos de calidad y variedad. Sus cubiertos, siempre módicos, serán cuantiosos y escogidos.

Situado en un lugar estratégico de Madrid, el Bar Sol cambió totalmente su fisonomía, modernizando también toda la decoración interior y su mostrador, que pasó a tener una curiosa forma curvada. 

Nuevos productos fueron incorporándose a la venta, como los buñuelos especiales, fabricados en el mismo local con una máquina exclusiva adquirida por Juan Planás tras visitar la Feria de Bruselas. Este aparato, instalado junto a la puerta de acceso al bar por la calle de Carretas y a la vista del público, utilizaba la mezcla de azúcar, mantequilla, vainilla en polvo, huevos, leche, harina y cremont tártaro (bicarbonato de potasio) para, de un modo rápido e higiénico, sin que lo toquen las manos humanas, con sólo pulsar un botón, cortar la masa en porciones, freírla y expulsar el producto a una cesta, dispuesto para su consumición. Todo el proceso se realizaba sin humos ni olores molestos.

Aquellos nuevos dulces, que aquí se llamaron buñuelos especiales, eran los “Donuts americanos” y la nueva máquina que los confeccionaba empezó a comercializarse en España bien entrado el año 1929 por la Compañía Comercial del Norte SA.

Fotografía propiedad de Rosa María Rodríguez Planás.
Fachada del Bar Sol, en la calle Carretas, nº 1 donde Juan Planás, con chaqueta blanca, aparece junto a la máquina de buñuelos especiales. 

Comenzada la década de los años 30 del siglo pasado, el Bar Sol acomete una nueva reforma. Su fachada de madera oscura sería reemplazada por paneles de color claro y redondeó la parte superior de sus dos puertas añadiendo pequeñas vidrieras. En la esquina, entre la Puerta del Sol y la calle de Carretas, se abrieron tres huecos a modo de escaparates, forrando de espejos su interior. También su rotulación cambio a una modernista tipografía geométrica de letra hueca.

Fotografía de Cas Oorthuys (1955). Fuente: apeuropeos.org.
Cerillero del Bar Sol.

El edificio de la Puerta del Sol, número 6 fue declarado en ruinas en el año 1992. Todos sus vecinos y los legendarios comercios en él instalados durante más de cien años, fueron obligados a desalojarlo para acometer unas obras que no dejarían en pie más que la fachada. La tienda de caramelos y chocolates, el despacho de lotería nº 22, ambos con la marca de “La Pajarita”, la “Librería de San Martín” y el “Bar Sol”, que había cerrado al finalizar la década de los años 80, desaparecieron y fueron sustituidos por tiendas de ropa.






Fuentes:

Apeuropeos.org
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Ibytes.es
Prensahistorica.mcu.es

Agradecimiento muy especial a Rosa María Rodríguez Planás y a su familia, por la documentación y las fotografías aportadas para la realización de este artículo en el blog http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es

viernes, 18 de marzo de 2016

VIAJES CARCO Y LUCKY’S BAR.

El edificio donde se ubicaron los Grandes Almacenes Madrid-París, situado en la Gran Vía, número 32 (antigua avenida de Pi y Margall, 10) de Madrid, sería por primera vez remodelado de forma parcial en el año 1935 por Teodoro de Anasagasti Algán, el mismo arquitecto que lo había diseñado pocos años antes. Los soportales que habían recorrido su fachada, albergando los escaparates de aquellos espléndidos almacenes, fueron convertidos en locales comerciales; así se instalaron en esta aún nueva vía, la agencia de Viajes Carco y el Lucky’s Bar.

Fuente: memoriademadrid.es (1935).
El edificio de los Grandes Almacenes Madrid-París, comenzaba su rehabilitación.

Con marcado diseño racionalista el arquitecto Luis Blanco-Soler Pérez realizó el proyecto para la agencia española de turismo Viajes Carco, situada en el número 10 de la avenida de Pi y Margall. La empresa, con despacho en la calle del Barquillo, se trasladaría a la nueva dependencia en el mes de mayo de 1935.

Fotografía de la izquierda: memoriademadrid.es (1935). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Fachada de Viajes Carco, tras su inauguración. Estado actual del mismo lugar, hoy local dividido y dedicado a tiendas de ropa.

La fachada de Viajes Carco estaba encuadrada en piedra de Colmenar y dividida en dos partes: la superior, donde se ubicaba la marca en letras mayúsculas de tipo Party At Gatsby’s, con un entramado de finos perfiles metálicos que sujetaban claros cristales termoaislantes, permitiendo así la iluminación natural. En la parte inferior se encontraban los escaparates y en su mitad la puerta de acceso al local. El diseño de esta fachada respondía al propósito de dar un sentido industrial al conjunto.

El espacio interior era bastante largo y desproporcionado, tenía forma irregular y dos niveles diferentes, debido a que la zona de su entrada se correspondía con la parte del soportal que había recorrido la fachada de los Almacenes Madrid-París, utilizada para los antiguos escaparates. 

Fuente: memoriademadrid.es (1935).
Hall de entrada y desnivel en el suelo del local.

Los numerosos pilares de hormigón de su estructura fueron aprovechados como elementos decorativos. Mapas impresos y carteles publicitarios de lugares turísticos y de viajes completaban la sencilla ornamentación del establecimiento, además de los muebles de acero, las sillas de tubo para los empleados y los sofás tapizados para el público. En toda la planta se utilizó un pavimento de goma.

Fuente: memoriademadrid.es (1935).
Mostradores, sofás y decoración de carteles publicitarios. Al fondo la puerta de acceso al local.

El negocio de la agencia de Viajes Carco sería ocupado durante la Guerra Civil Española (1936-1939) por la Oficina de Propaganda del Frente Popular de Izquierdas de Madrid. Los sucesivos bombardeos originaron múltiples desperfectos en su fachada y el antiguo rótulo fue reemplazado por las siglas U.H.P. (Unión de Hermanos Proletarios), la estrella antifascista de tres puntas y la información sobre la sala de exposiciones en la que había sido convertido el local. 

Fuente: memoriademadrid.es (1937)
Fachada de Viajes Carco durante la exposición homenaje a la Columna Internacional, en el mes de abril.

En el mes de febrero de 1937, la prensa informa sobre el concurso de carteles que se llevó a cabo en Madrid para rendir homenaje a los soldados de la Columna Internacional que participaban en la lucha contra el fascismo. Con el lema “El Frente Popular de Madrid al Frente Popular de Europa”, la estrella de tres puntas y el emblema madrileño del oso y el madroño, utilizando únicamente tres colores, las obras fueron expuestas en las antiguas dependencias de Viajes Carco. 

Este negocio no volvió a abrir. Su gran local fue dividido y ocupado, a lo largo del tiempo, por diferentes comercios y cafeterías.

Fuente: pinterest.es (aprox. finales de la década de los años 70).

La Sociedad Española de Productos Alimenticios, con una visión original de las cosas modernas, inauguró el domingo 5 de abril de 1936 el Lucky’s Bar, cuya entrada se ubicaba en la avenida de Pi y Margall, esquina con la calle de Mesonero Romanos.

Fotografía de la izquierda: Pares.mcu.es (1937). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Fachada de lo que fue la entrada del Lucky's Bar, destrozado durante la Guerra Civil Española. Señalado el rótulo de la fachada.

El nuevo y atrayente local estaba distribuido entre la planta baja y el entresuelo, había sido diseñado por los arquitectos Pedro Muguruza Otaño y Enrique Huidobro, con decoración del pintor Antonio Chaves Martín.

Su gran puerta de acceso, situada en el chaflán, era de opalinas negras montadas sobre frentes metálicos. Varios rótulos, distribuidos por la fachada del local, informaban de los diferentes servicios que el Lucky’s ofrecía: restaurant, café, bar y club. Un gran cartel luminoso y sobresaliente, con la marca del negocio, fue instalado en el frente de la avenida de Pi y Margall ocupando el primer y el segundo piso del edificio.

Fuente: B.N.E. (1936).

Todo era moderno y atrayente en el Lucky’s. Su planta baja se dividía entre un bar popular americano con mostrador de caoba y banquetas de tubo cromado, un restaurante automático dotado de aparatos de gran solidez e innovadores al no precisar chapas ni monedas especiales para su funcionamiento, ya que se podía conseguir la consumición introduciendo las de curso legal de cinco o diez céntimos. Había también otras secciones dedicadas al café, a los vinos, pastelería, fiambres, frutas y un asador de aves y carnes en una originalísima máquina que funcionaba con un movimiento de rotación del “fuego ígneo” a la que se habían unido dos chuleteras con seis parrillas verticales que no producían humos.

Fuente: ABC (1936).
Aspecto de uno de los salones interiores.

En el entresuelo del local se ubicaba el Lucky’s Club, un lugar más selecto y abierto unos meses antes que el bar. Dotado de una nutrida biblioteca, ofrecía servicios de mecanografía, escritorio, peluquería y teléfono. Suntuosamente decorado tenía espacios separados por biombos tapizados, de madera de roble, y cómodas butacas. También en esta planta se hallaba una gran sala de fiestas lujosamente ornamentada con escayolas del decorador y escultor Julio Lencero Sánchez. Varios pianos de la marca J. Hazen esperaban a que la orquesta amenizara los concursos, las fiestas y las exposiciones que allí deberían haberse celebrado. Pero la Guerra Civil Española (1936-1939) comenzaría menos de tres meses después de la inauguración del Lucky’s y la Gran Vía pasaría a ser conocida como la avenida del Quince y medio por los miles de obuses de ese calibre que en sus edificios, su calzada y sobre todo sobre las personas que por ella transitaban cayeron durante tres años, sin descanso.



Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Memoriademadrid.es
Pares.mcu.es
Es.fonts2u.com
Es.wikipedia.org

lunes, 7 de marzo de 2016

MARUXA Y CORALIA.

Me topé con ellas en la rúa do Vilar de Santiago de Compostela (La Coruña). Estaba nublado. Era el año 1972.


Fotografía: Manuel Chamorro (2014).
Escultura de César Lombera en Santiago de Compostela.


Un alboroto surgió de repente: voces chillonas, risas de jóvenes arremolinados junto a quienes intentaban avanzar con dificultad para continuar su camino. 

Entonces las vi.

Eran dos mujeres frágiles, con la mirada perdida en un punto lejano, casi acostumbradas al espectáculo que se congregaba en torno a ellas. Una, la menor en estatura, accionaba a penas su antebrazo izquierdo como defensa para abrirse camino entre el gentío. La otra, más alta y con una larga melena teñida de oscuro, en silencio, esperando la oportunidad para reanudar el paseo.

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Alguien me dijo que eran las locas de Santiago. Dos mujeres fuertemente agarradas del brazo, vestidas con vivos colores, maquilladas hasta la exageración. Bocas desdentadas, extrema delgadez, facciones angulosas al límite. Solas, aisladas en su mundo irisado del que parecían no desear que nadie más participase. 

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Maruxa y Coralia Fandiño Ricart eran hermanas y modistas. Habían nacido en el seno de una numerosa familia obrera compostelana. 

Desde que en el año 1925 la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) abrió su sede en la ciudad, tres de los hermanos Fandiño Ricart: Alfonso, Antonio y Manuel, llevados por sus ideas anarquistas, ocuparon puestos de relevancia en esta organización. Pero comenzó la Guerra Civil Española (1936-1939) y Galicia se convertiría desde el principio en una zona controlada por el bando franquista. La persecución y el exterminio metódico de todos aquellos que se mantenían fieles a la República dio comienzo y, como tantos miles, los hermanos Fandiño tuvieron que huir y ocultarse para no sufrir las represalias.

Entonces empezaron los interrogatorios, los sistemáticos registros a cualquier hora del día y de la noche en las casas de los fugitivos, el destrozo de sus bienes, las detenciones y las vejaciones a las mujeres de las familias de los que huyeron, por parte de las brigadas falangistas, con el fin de averiguar su paradero. Maruxa y Coralia sufrieron todo tipo de maltratos y humillaciones durante el período de la Guerra Civil y en los años posteriores.

Los encargos para la confección de prendas, único medio de vida de las hermanas, desaparecieron. Nadie se atrevía a tener relación con ellas por miedo a ser considerado “rojo” y “comunista”, nombres con los que despectivamente se calificaba a quienes no acataban las normas impuestas por el fascismo.

Fuente: Revista "Viajar" (1978)

Las hermanas, siempre unidas, fueron deteriorándose poco a poco y su razón vino a instalarse en un lugar alejado del mundo real. Pero cada día, a las dos en punto de la tarde, salían a pasear por la zona vieja de Santiago de Compostela engalanadas con sus vestidos de colores y estridentes maquillajes. Silenciosas, andando con lentitud, miraban al frente intentando eludir al enjambre de individuos que se apiñaba a su alrededor profiriendo contra ellas mofas y escarnios mientras, con indolencia acostumbrada, sólo trataban de proseguir su camino.

Fuente: santiagoturismo.es (Aprox. década de los años 60).

En el año 1993 se les erigió como homenaje una escultura realizada por César Lombera, en el Parque de la Alameda de Santiago de Compostela (La Coruña).

Fotografía: Manuel Chamorro (2014)



DÍA 8 DE MARZO, TAMBIÉN CON EL RECUERDO PARA TODOS LOS SUFRIMIENTOS OLVIDADOS.



Fuentes:

Elpais.com
Santiagoturismo.es
Revista “Viajar”.

Agradecimiento especial para Manuel Chamorro, por las fotografías aportadas.