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lunes, 25 de enero de 2016

EL CAFÉ DE LA CASA DE LAS FLORES.

El barrio de Argüelles comenzó su planificación a mediados del siglo XIX, dentro del proyecto de Ensanche de Madrid planteado por el arquitecto Carlos María de Castro González. En una de sus parcelas, la situada entre las calles de Hilarión Eslava, Meléndez Valdés, Gaztambide y Rodríguez San Pedro vendría a construirse la Casa de Las Flores, entre los años 1930 y 1932, obra del arquitecto Secundino Zuazo Ugalde en colaboración con Miguel Fleischer. Este conjunto de edificios fue declarado monumento nacional en el año 1981 y marca un hito en la concepción de la arquitectura madrileña.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Casa de las Flores, en la actualidad, desde la calle de la Princesa.

La primera construcción que ocupó la manzana donde posteriormente se ubicaría la Casa de Las Flores fue el campo deportivo de la Sociedad Gimnástica Española, club al que se concedió el título de Real en el año 1916. Se trataba de un pequeño estadio que servía para la celebración de diversas competiciones deportivas como béisbol, atletismo, gimnasia, boxeo y, sobre todo, fútbol. Fue inaugurado en el mes de abril 1913 y tenía su entrada por la calle de Rodríguez San Pedro, esquina con la de la Princesa.

Fuente: idehistoricamadrid.org (1927).
Fotografía aérea del barrio de Argüelles en la que se aprecia el campo deportivo.

Este recinto se encontraba frente a la casa donde vivió y falleció el escritor Benito Pérez Galdós (c/ Hilarión Eslava, número 7).

En el mes de mayo de 1922 la Real Sociedad Gimnástica Española inauguró su nuevo campo deportivo en la calle Diego de León.

Fuente: Diario ABC.(1913 y 1920)
En la fotografía de la izquierda se ve la casa de lo que fue la Hospedería de Jóvenes Obreras, en la calle de Gaztambide, nº 12, actual.
La fotografía de la derecha, señalada, la casa donde vivió Benito Pérez Galdós.

A lo largo del mes de octubre de 1930 dio comienzo la edificación de la Casa de las Flores, distribuida en dos cuerpos paralelos de cinco casas cada uno en dirección Norte-Sur, separados por un jardín. FOCSA, la empresa propietaria, lo era también de la fábrica de cerámica San Antonio que, para su propaganda, puso a disposición del arquitecto Zuazo cuanto quiso utilizar de ese material. Así el conjunto de los edificios mantiene sus sencillas fachadas en ladrillo visto, las cubiertas en baldosín y los interiores en terrazo, baldosa hidráulica y diversos tipos de cerámica.

A diferencia de las construcciones madrileñas, que utilizaban sillares de granito para los zócalos, la Casa de Las Flores lleva el ladrillo visto de sus fachadas hasta el borde de la acera.

Ocho de sus diez casas cuentan con seis alturas (vistas desde el exterior), distribuidas en planta baja (con sótano) y cinco pisos con cuatro viviendas, cada uno. Todas están dotadas de ascensor, desde su construcción. En el edificio también se instalaron lavaderos y tendederos de ropa, para uso de la comunidad. 

Fuente: B.N.E. (1933)
La Casa de las Flores, con su Café cervecería, al poco tiempo de ser inaugurada.

El total de las viviendas construidas en la manzana fue de doscientas ochenta y ocho, que tenían cuatro o cinco habitaciones en origen, además de cocina, baño, aseo, despensa, fresquera y calefacción. En el año 1932 cada cuarto (vivienda) correspondiente a las calles Rodríguez San Pedro, Hilarión Eslava y Meléndez Valdés tenía un precio de alquiler a partir de 180 pesetas mensuales, según tamaño. Eran pisos funcionales, admirablemente ventilados y muy bien iluminados en su conjunto, arquitectónicamente enclavados en el racionalismo madrileño.

La construcción del total de los diez edificios ubicados en esta manzana tuvo un importe de seis millones noventa y cinco mil ciento cuarenta pesetas con ochenta y cuatro céntimos.

Fuente: B.N.E. (1933) y fotografía: M.R.Giménez (2015).
Jardín interior de la Casa de las Flores y su pérgola, visto desde la calle de Rodríguez San Pedro.

La Casa de las Flores contaba con diecisiete locales destinados al comercio y en uno de ellos, ubicado en la esquina de las calles Rodríguez San Pedro con Hilarión Eslava, vino a instalarse el Café cervecería Las Flores en el año 1932.

Fuente: mmn-arquitectos.com (1935).
Fachada del Café cervecería Las Flores, con acceso por el soportal situado entre las calles de Rodríguez San Pedro e Hilarión Eslava.

La calle de Rodríguez San Pedro, en sus esquinas con las de Hilarión Eslava y de Gaztambide, formaba unas arcadas que servían de fachada a los soportales, que antes se encontraban al aire libre, y por los que se accedía a los locales allí instalados.

Fuente: B.N.E. (1935) y fotografía de M.R.Giménez (2015)
La terraza, en los soportales, del Café cervecería Las Flores. El mismo lugar hoy ocupado por una entidad bancaria.

El acceso al café Las Flores estaba situado dentro de la arcada, que hacía las veces de terraza cubierta por el soportal, en la calle de Hilarión Eslava. Una puerta giratoria daba entrada a varios ambientes bien diferenciados: un primer salón con divanes tapizados; a continuación la zona del mostrador, rodeado de pequeñas mesas con mármol en la superficie y sillas de madera; por último la parte más interior con un patio cubierto por cristales.


Fuente: dadum.unav.edu y B.N.E.
Interior del Café cervecería Las Flores, con sus tres ambientes diferenciados y luminosos.

Techos altos y luz directa proveniente de distintos ventanales y del techo acristalado, dotaban a este café de una gran luminosidad natural.

Es muy posible que un cliente habitual del Café Las Flores fuera Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda, el poeta chileno y premio Nobel que vivió en el quinto piso de la Casa de las Flores (posiblemente en la casa correspondiente al hoy número 72 -antes 66- de la calle Rodríguez San Pedro). 


Fuente: pinterest.com (Guerra Civil Española)
La Casa de las Flores, con la fachada correspondiente al Café cervecería, bombardeada durante la Guerra Civil.

La Casa de las Flores, la vivienda de Pablo Neruda y gran parte del barrio de Argüelles, al igual que casi todo Madrid, fueron bombardeados minuciosa y violentamente durante la Guerra Civil Española (1936-1939), por las tropas fascistas y sublevadas de Franco.

Los edificios de la manzana de Las Flores fueron reconstruidos a principios de la década de los años cuarenta, una vez terminado el conflicto. 

El café cervecería cerró definitivamente al quedar destrozado por los bombardeos y en su lugar se instaló, durante pocos años, una delegación del Instituto Nacional de Previsión. En la década de los cincuenta el local fue convertido en una sucursal bancaria, y así continúa en la actualidad. 







Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Prensahistorica.mcu.es
Idehistoricamadrid.org
Pares.mcu.es
Hemeroteca ABC
Pinterest.com
Dadun.unav.edu
“Neruda. El príncipe de los poetas” Mario Amorós.
“Confieso que he vivido” Pablo Neruda.
Es.wikipedia.org

viernes, 8 de enero de 2016

DEL CAFÉ DE LORENZINI AL DE PUERTO RICO, EN LA PUERTA DEL SOL.

Quizá la historia de los antiguos cafés de la Puerta del Sol comenzó en el Café de la Victoria, más conocido por el nombre de su propietario como Café de Lorenzini, situado en el número 2 de aquella plaza que entre los años 1857 y 1862 iba a ser objeto de la primera gran remodelación urbanística que tuvo el centro de Madrid.

Fuente: Madrid.org
Maqueta de León Gil de Palacio (1830). La casa donde se ubicaba el Café de Lorenzini aparece señalada por la flecha. En primer término la iglesia del Buen Suceso de la Puerta del Sol y al fondo el convento de la Victoria.

El Lorenzini (o Lorencini), pasaría a la historia como el café donde por vez primera se hizo tribuna de las primeras ideas liberales. En él tuvieron su origen las Sociedades Patrióticas o foros de opinión, que llegarían a editar sus propios periódicos e influyeron de manera considerable en la política española durante el llamado Trienio Liberal (1820-1823).

Fuente: Museodelestudiante.com
El Café de Lorenzini con el político Salustiano de Olózaga Almadoz, sobre la mesa, dando un discurso.

El Café de Lorenzini fue inaugurado alrededor del año 1810 por su dueño Carlos José Lorenzini y estuvo situado en la casa inmediata a la capilla de la Soledad del Convento de la Victoria (cuyo derribo dio salida a la calle Angosta de Majaderitos y hoy de Espoz y Mina). De pequeño tamaño, para acoger al numeroso público que en él se congregaba, tenía las paredes formadas en lienzo, en el que se habían pintado diversos paisajes -posiblemente por el pintor José Riv(b)elles-. A él se accedía por el portal del edificio donde estaba ubicado y constaba de un saloncito y galería, en cuyo extremo había un patinillo cubierto de cristales. Toscas sillas y consistentes mesas de madera, sobre las que los vehementes oradores lanzaban sus opiniones, configuraban el mobiliario de este que, casi más que un café, fue uno de los principales centros de divulgación de noticias en Madrid, además del primer lugar en donde el político Evaristo Fernández de San Miguel entonó el Himno de Riego, el día 7 de marzo de 1820.

El fallecimiento de su dueño dio al traste con el café, al iniciarse la década de los años cincuenta del siglo XIX. Su local sería entonces ocupado por una de las más famosas librerías de Madrid: la Librería Europea. Poco después el edificio de la Puerta del Sol, número 2, sería demolido en pos del ensanche y de las nuevas edificaciones que allí se erigieron y hoy podemos contemplar.

Los herederos de Lorenzini parecían decididos a instalar un nuevo café, del mismo nombre, en la casa que en el año 1856 se edificaba sobre el terreno que dejó la antigua construcción. Por alguna razón esto no fue posible y en su lugar se inauguró el Café de las Columnas.

Fuente: Bdh-rd.bne.es (1860).
Recorte de una fotografía de Jean Laurent. En la nueva Puerta del Sol, muy cerca del principio de la Carrera de San Jerónimo y señalado con una flecha, el Café de las Columnas.

Ocupando el piso bajo y el entresuelo del moderno edificio recién construido, situado en la Puerta del Sol, ya con el número 3, el Café de las Columnas fue abierto al público el jueves día 20 de marzo de 1856. Su dueño, Baltasar Menéndez, dotó a su establecimiento de modernas lucernas de gas y de una gran sala de billar mientras, a su alrededor, se iniciaban los derribos de las viejas casas que conformaban la antigua y rectangular plaza, que estaba a punto de desaparecer para convertirse en la que hoy existe. 

El de las Columnas era un café moderno y elegante, espacioso y de techos altos que reposaban sobre numerosas columnas, de ahí su nombre. 

Fuente: Todocoleccion.net
Dibujo de Ortega en el que se aprecia el interior del Café de las Columnas.

Café con numerosas tertulias literarias, de actores y de toreros, aparece mencionado en varias ocasiones dentro de los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós (1843-1929), quien fue parroquiano asiduo.

En el mes de mayo de 1870 el Café de las Columnas fue reformado y convertido en café musical. Se instaló un magnífico piano, donde profesores como Ignacio Carrillo o Vicente Maña conseguirían grandes éxitos. 

Fuente: B.N.E. publicada en 1884.
A la izquierda, en la parte inferior del dibujo, aparece la fachada del Café de las Columnas, de la Puerta del Sol.

Su más que reconocido chocolate y aquellas veladas musicales no impidieron las continuas redadas policiales en busca de salas de juego clandestino que, como en la mayoría de los cafés del momento, se habían instalado en él. 

A mediados del año 1890 el café de la Puerta del Sol, número 3, volvió a cambiar de dueño, de nuevo fue reformado y pasó a llamarse Café de Londres.

Fuente: ABC (1895)
Interior del Café de Londres.

Propiedad de Francisco Álvarez, el de Londres era un café de tertulias que mantenía la antigua sala de billar situada en el entresuelo. Bajo sus estilizadas columnas se reunían a diario el escritor Jacinto Octavio Picón Bouchet, el dramaturgo satírico Eduardo Lustonó, el poeta Francisco de Asís Icaza y el pintor José Gärtner de la Peña. La tertulia más destacada de este Café de Londres era teatral y estaba integrada por Vital Aza Álvarez-Buylla, Miguel Ramos Carrión y Ricardo de la Vega, entre otros dramaturgos.

El último y más duradero de los antiguos cafés instalados en este número 3 de la Puerta del Sol fue el Café de Puerto Rico.

Propiedad de Juan Nido, también dueño del negocio de restauración que funcionaba por entonces en el Parque de El Retiro de Madrid, el Café de Puerto Rico abrió en el año 1902. 

Fuente: B.N.E. (1915)
El Gran Café de Puerto Rico, tras la reforma del año 1915.

Manteniendo en su entresuelo la legendaria gran sala de billar, este café incorporó también un servicio de restaurant, cuyos platos del día se anunciaban en la prensa de forma habitual. Por un precio de 2 pesetas se podía consumir dos platos, vino, pan y postre, para las comidas. El de Puerto Rico era parada frecuente, por la noche, de los cómicos que trabajaban en los teatros Apolo y de la Comedia, como la actriz Loreto Prado y el actor Enrique Chicote, entre otros muchos.

En el año 1913 este café pasó a titularse Gran Café de Puerto Rico y dos años después, con un nuevo propietario, acometió una enorme reforma en su local, del que no quedó más que el título.

Fuente: ABC (1915).
Salón del Café de Puerto Rico, tras la reforma. En las columnas se ven las novedosas perchas para depositar sombreros y abrigos.

El nuevo dueño del Gran Café de Puerto Rico era Clemente Fernández, quien el sábado 9 de octubre de 1915 anunciaba la reapertura del suntuoso local. Bellamente decorado en elegante tono blanco con tonalidades doradas en paredes y techos, modificó por completo el mobiliario. Soberbios divanes de terciopelo gris, pequeñas mesas y elegantes sillones, espléndidos espejos y lunas biseladas, modernísimos aparatos de luz eléctrica, calefacción por agua caliente con la última palabra en este servicio. Como innovador diseño el café disponía de originales perchas, en forma de cestillos metálicos, insertadas en las columnas.

Fuente: ABC (1915).
La sala de billar y la moderna cocina.

El menú, confeccionado en la novísima cocina, había incrementado su precio a 3,50 pesetas e incluía vinos, postres variados y helados.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Edificio actual de la Puerta del Sol, nº 3, donde estuvieron todos estos cafés.

El Café Puerto Rico, que ya en los años treinta había desalojado de su nombre el adjetivo “gran” y la preposición “de”, sería sustituido en el año 1959 por un negocio de sastrería para caballero y niño. 




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
Madrid.org
Museodelestudiante.com
Todocoleccion.net
Bdh.bne.es
Cervantesvirtual.com
“Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
Es.wikipedia.org

jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ AÑO NUEVO.

Para los que estáis lejos
(podáis o no tomar las uvas).

Para los que estáis cerca.

Para los que ya no estáis, 
pero siempre tendréis nuestro cariño.

Los Antiguos Cafés de Madrid os desean...

Fotografía: M.R.Giménez/Manuel Chamorro.

Maqueta de la antigua plaza de toros de Madrid que se hallaba a las afueras de la Puerta de Alcalá. (Juan de la Mata Aguilera - 1846)


martes, 8 de diciembre de 2015

MAGIC-PARK, PASEO DE ROSALES.

Allá por la última década del siglo XIX el paseo de Rosales (hoy del Pintor Rosales) casi no rebasaba los límites de la cuesta de Areneros -que desde el día 8 de marzo de 1889 se denomina calle del Marqués de Urquijo- en el hoy barrio de Argüelles de Madrid. Fue por aquel entonces cuando vino a instalarse el Lavadero de Argüelles, en el número 26 de Rosales (aproximadamente el nº 38 actual) y cuya trasera se correspondía con la calle de Ferraz.

Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900).
Plano de Facundo Cañada López en el que aparece, señalado en azul, el Lavadero de Argüelles.

Dos décadas más tarde, los terrenos de aquel lavadero de barrio iban a convertirse en el parque de recreos más grandioso y elegantísimo de Madrid. Magic-Park sería inaugurado el sábado 14 de junio de 1913, a las nueve de la noche, en los terrenos a lo largo del paseo de Rosales, por la parte que mira a la Estación del Norte.

Fuente: B.N.E. (1913)

Nota.- Al ser esta una zona que a principios del siglo XX comenzaba su urbanización, los números de la calle de Ferraz y del paseo de Rosales que aquí aparecen son los que se anunciaban en la prensa del momento. La manzana a la que se hace referencia es la situada entre el paseo del Pintor Rosales y las calles del Buen Suceso, Ferraz y Marqués de Urquijo. 

Con acceso por la calle de Ferraz, nº 35 y también por el paseo de Rosales, este parque de recreos tenía su fachada lateral por la calle del Buen Suceso. Al tratarse de un lugar alejado del centro, la empresa Tranvías del Este de Madrid puso a disposición de los clientes un servicio especial de transporte con salida desde el centro de la ciudad. Hasta el Magic-Park llegaban los tranvías números 6, 11, 22, 27 y también el cangrejo de Argüelles (tranvía de marca Schuckert, eléctrico y pintado de rojo).

La entrada al Magic-Park, de cultas y morales distracciones, costaba 15 céntimos de peseta, daba derecho a disfrutar de una atracción y del teatro-cine al aire libre allí instalado (del que voló la tela de su pantalla por el viento, el día de la inauguración del parque).

Fuente: ABC (1914).
Escena de la obra "El alma de Garay" representada en el teatro-cine del Magic-Park. 

Todo Madrid supo de la apertura del Magic-Park por la gran cantidad de carteles y anuncios que, tanto en la prensa como por las calles, fueron difundidos y distribuidos de manera profusa varios meses antes de la esperada inauguración. 

Entre las múltiples atracciones con las que contaba este parque parece que las de mayor éxito eran: La plataforma de la risa o pieza de forma circular y giratoria en la que el público, situado en su centro, trataba de mantener el equilibrio. La debacle, un pim, pam, pum de botijos, cacharros de loza y barro al que se tiraban pelotas con obtención de premios para quienes tuviesen mejor puntería. El laberinto chino, un colosal enredo de pasillos que debían recorrerse hasta encontrar la salida. La caza del pato, la montaña rusa, una pista de patinaje, conciertos diarios con funciones de 6 a 8 y de 9 a 12 interpretados por una banda de veinte profesores. Restaurante, cervecería y pastelería, completaban los servicios de este espacio para el ocio.

Fuente: ABC (1915).
Inauguración de la temporada correspondiente al año 1915.

Las atracciones del Magic-Park sólo funcionaban durante la época estival. Mantuvo sus diversiones y espectáculos, con gran éxito, hasta finalizar la temporada correspondiente al año 1918. Luego quedó en la memoria de todos como uno de los mejores lugares de esparcimiento de Madrid.

Un año después sería inaugurado, en aquel mismo emplazamiento del paseo de Rosales, un nuevo centro de diversión titulado Saturno Park.

Fuente: B.N.E. (1919).
Aspecto del restaurante para cenas del Saturno Park.

Abierto al público el día 25 de julio de 1919, por el empresario Antonio Bargués, el nuevo parque de atracciones Saturno Park pretendía ser algo más refinado que el anterior. Tenía su entrada principal por el paseo de Rosales, número 26 (que hoy correspondería aproximadamente con el nº 38) y también por la calle de Ferraz, números 29, 31 y 33 (sobre el nº 33 de esta calle, en la actualidad).

Fuente: B.N.E. (1919).
Anuncio del Saturno Park, una semana después de su inauguración. 

Todo el diseño de la decoración del Saturno se debía al pintor y escenógrafo Salvador Alarma Tasta, quien había hecho instalar una gran puerta dorada en el paseo de Rosales y sobre ella una preciosa combinación de bombillas eléctricas. Altos y airosos mástiles, en los que ondeaban banderas con fondo azul y blanco, que por escudo llevan el planeta, rodeado de un anillo, completaban la ornamentación del principal acceso al parque.

A pocos metros de la entrada estaba el quiosco de la música. Su plataforma estaba rodeada por grupos de luz y tenía un gran farol de madera en el centro. Desde allí la banda de Saboya interpretaba sus melodías. 

Para salvar el desnivel del terreno se había construido una amplia escalera sobre la que se había instalado el comedor del restaurante.

En el lugar que ocupó el patio de butacas del teatro-cine en el antiguo Magic-Park se había levantado una réplica del barco Titanic, en cuyo interior se podía sentir la impresión del movimiento marítimo.

Fuente: B.N.E. (1919).
Atracción del Titanic, con movimiento marítimo.

Rodeando al Titanic, un pequeño ferrocarril arrastrado por una diminuta máquina de vapor realizaba su trayecto por el parque.

Fuente: ABC (1919).
Atracción del tren en miniatura.

El Saturno Park tuvo una vida corta. La competencia de nuevos negocios similares y cercanos como el Ideal Rosales, en el número 24 del paseo, lo hicieron desaparecer. En su lugar se instaló, desde el sábado 11 de junio de 1924, un nuevo negocio llamado Cine Park, propiedad de la empresa Segarra.

Más dedicado a las proyecciones cinematográficas, el Cine Park también tenía restaurante para cenas, servido por la Casa Molinero. La banda del Regimiento de Ingenieros y la orquesta Fémina amenizaban los espectáculos de las películas, que hasta el año 1929 no tendrían voz propia.

Varios negocios más aprovecharían el arbolado solar que dejó el añorado Magic-Park en el paseo de Rosales. Pero el terrero desigual de su manzana, el más fresco de todo Madrid, iba siendo poco a poco edificado, sin dejar espacio para ningún otro parque de recreo.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Spanishrailway.com
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Es.wikipedia.org

domingo, 22 de noviembre de 2015

LA CORREDERA BAJA Y LA CARNE DE CABALLO.

Mucha relación tiene esta calle de la Corredera Baja de San Pablo con la carne de equino ya que, en su número 49, fue inaugurada la primera expendeduría de carne de caballo de Madrid.


Fuente: B.N.E. (1934)
Fachada de la primera expendeduría de carne de caballo en Madrid. Corredera Baja, 49.

La venta autorizada de carne de caballo para el consumo humano siempre tuvo detractores y defensores. Desde mediados del siglo XIX la prensa recoge todas las discusiones posibles sobre su despacho legal o la prohibición fulminante de su comercio en Madrid, todo ello salpicado de numerosas noticias relativas a intoxicaciones y muertes de gentes que hubieron consumido piezas de esta carne, adquiridas de manera poco fiable. 

A diferencia de otros países europeos como Francia o Alemania y de zonas del norte de España, en donde era más o menos habitual mezclar distintas carnes en la producción de embutidos, en Madrid no eran frecuentes la compra ni la ingesta del caballo, a menos que el comensal fuese estafado. Tal vez esa era la razón por la que dicha carne, clandestina o no, siempre tuvo un precio más reducido que las piezas procedentes del ganado bovino.

Bajo el epígrafe ¡Nos europeizamos! la prensa madrileña anunciaba el viernes, 16 de noviembre de 1934 que, a las tres en punto, fue sacrificado en el Matadero de Madrid el primer caballo destinado al consumo público. El animal, que había pasado los controles sanitarios pertinentes, tenía entre diez y doce años. Al acto concurrieron destacadas personalidades municipales, algunos veterinarios, un torero retirado y varios fotógrafos. 

Fuente: B.N.E. (1934)
Aglomeración de clientes para adquirir la carne de caballo, en la Corredera Baja.

La carne del equino fue trasladada de inmediato a la expendeduría de la Corredera Baja, donde se agotó en la misma jornada, y tenía un precio por kilo de dos pesetas la de primera, 6 reales la de segunda y una peseta la de tercera. El dueño de la nueva carnicería manifestó que en su establecimiento se daría a cada pieza una presentación tan atractiva que sería capaz de competir con la ternera más aristocrática, como en las tiendas de París. 

El coste asequible propició que muchos madrileños introdujeran la carne en su dieta, casi por vez primera. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Estado actual de la expendeduría de la Corredera Baja.

La expendeduría de la Corredera Baja de San Pablo, número 49, se mantuvo abierta hasta bien entrados los años setenta del siglo pasado. Durante la década de los cincuenta cambió su rótulo dibujado a mano por otro de cristal pintado con grandes letras sobre un fondo negro y la tradicional cabeza de caballo, símbolo de los establecimientos del ramo. Hoy de su local ha desaparecido todo vestigio de haber sido la primera carnicería de Madrid en vender, de manera exclusiva, carne de caballo.





Fuentes:


Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.

lunes, 26 de octubre de 2015

EL CAFÉ COMERCIAL.

El hoy desaparecido Café Comercial de la madrileña glorieta de Bilbao, número 7, que también tenía entrada por el 116 (hoy nº 110) de la calle de Fuencarral, cerró sus puertas el día 27 de julio del 2015, sin aviso previo.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
El Café Comercial cerrado y sus ventanas llenas de mensajes para despedirlo.

El Comercial era el más antiguo de los cafés que aún se mantenían abiertos en Madrid desde el siglo XIX, ya que fue inaugurado el día 23 de noviembre de 1887 en la que todavía era conocida por muchos como la glorieta de la Puerta de Bilbao. Dicha puerta primero fue llamada de los Pozos de la nieve (por el negocio allí ubicado, propiedad de Paulo Charquias, dedicado al almacén de las nieves traídas desde la sierra de Guadarrama) y más tarde sería renombrada como Puerta de San Fernando. Fue edificada, en primera instancia, en el siglo XVII, siendo sustituida por una nueva en el año 1767. A partir del día 19 de marzo de 1837 fue oficialmente la Puerta de Bilbao y siempre sirvió de paso a la ciudad por aquella zona del norte de Madrid, a través de la cerca de Felipe IV, hallándose ubicada en el tramo hoy comprendido entre la calle de Fuencarral y la glorieta. 

La cerca de Felipe IV y esta segunda Puerta de Bilbao desaparecieron con el ensanche de Madrid en el año 1864, configurándose la glorieta y las calles aledañas que ya habían comenzado su parcelación.

Fuente: Fotografía de la izquierda Bvpb.mcu.es. Fotografía de la derecha M.R.Giménez.
Dos aspectos de la puerta de los Pozos de la Nieve. En la izquierda la primera, del siglo XVII (Plano de Pedro Texeira). En la derecha la construida en 1767 (según maqueta de León Gil de Palacio).

Durante los primeros años ochenta del siglo XIX comenzó la construcción de edificios alrededor de la nueva glorieta de Bilbao, que alojarían nuevos negocios y, por supuesto, nuevos cafés. Tal sería el caso del Café de Luchana, ubicado en el número 7 de ésta que sería conocida como la segunda Puerta del Sol por los chamberileros.

Pocos datos se han encontrado en la prensa sobre este de Luchana. El café fue el primer negocio de su clase instalado en la nueva casa, propiedad de la condesa de la Romera, en el año 1883 y se mantuvo con el mismo nombre hasta 1887, año en que fue vendido a Antonio Gómez Fernández quien lo renombró como Gran Café Comercial.

Fuente: Es.paperblog.com (1910).
Fachada del Gran Café Comercial y un "charlatán" vendiendo su mercancía.

Un luctuoso suceso haría que el Gran Café Comercial apareciese en toda la prensa, a los pocos meses de su apertura. 

El miércoles, 23 de noviembre de 1887 a las doce y treinta del mediodía, los guardias de orden público aprehendieron en el café a un individuo que, pocos minutos antes, había disparado dos tiros sobre una joven modista causándole heridas muy graves en la cabeza y en la espalda.

El asesino, Federico Calero, casado y policía, había escrito una carta a la mujer, llamada Epifanía, para citarla en el café. A la hora prevista ambos se saludaron y tomaron asiento junto a una de las mesas, conversando de forma tranquila sobre las pretensiones amorosas del joven, que ella había desdeñado siempre.

Según manifestaron los clientes que se encontraban cerca de la pareja la discusión comenzó cuando el hombre, ofendido por el desafecto de la joven, le solicitó la devolución de una papeleta de empeño sobre un reloj, a lo que la muchacha respondió resuelta: “En cuestiones de intereses, lo que quieras, pero nada más”. 

El hombre entendió en la respuesta de la mujer que nunca más volvería a verla e iracundo, sacó un revólver de su bolsillo y disparó certero a la cabeza de la modista, rematando luego con otro tiro sobre su espalda. 

Calero esperó a los guardias sin moverse del café, ante el espanto de la clientela, mientras la joven era trasladada al hospital de la Princesa, donde falleció a los pocos días por la gravedad de sus heridas. Federico Calero fue condenado a la pena de cadena perpetua, en el juicio celebrado un año después.

Fuente: ABC (1909).
Al menos desde el año 1894 hubo siempre un quiosco frente al Café Comercial.

Muchas fueron las reformas interiores que se acometieron en el Comercial desde su apertura que, como se ha indicado, tuvo lugar en el año 1887. Tan sólo tres años después de su inauguración el café se renovó completamente añadiendo pinturas en los techos, estatuas, jarrones y nuevos aparatos de alumbrado con buen gusto en la nueva ornamentación. 

En el año 1895 su propietario, Antonio Gómez, de nuevo modificó el café añadiendo un artístico artesonado en el techo, preciosas pinturas en las paredes obra del joven artista Serrano (muy probablemente Antonio Serrano Hidalgo), quien también restauraría las estatuas y los jarrones incorporados en la primera reforma. El resultado de la obra fue colosal, convirtiendo al Comercial en uno de los más elegantes cafés de la corte, donde a diario ya comenzaban a reunirse conocidos artistas y escritores.

Fuente: B.N.E. (1906).
Interior del Gran Café Comercial durante uno de sus banquetes. Se aprecia el artístico artesonado del techo.

Otro suceso fúnebre tendría lugar en el Comercial durante el mes de abril de 1896, cuando un joven decentemente vestido entró en el café, pidió un té y antes de que se lo sirvieran se sintió indispuesto, agravándose su situación de tal manera que falleció a los pocos minutos. Siendo registrado, con objeto de proceder a su identificación, se hallaron en sus bolsillos numerosas tarjetas de visita y papeles, pero no se pudo averiguar dato alguno sobre su identidad.

Casi desde el principio de su existencia, el Gran Café Comercial se convirtió en uno de los centros de reunión preferido por los buenos aficionados a la música. En conciertos de bandurria y piano, violín y chelo se interpretaban piezas clásicas, populares y callejeras desde las nueve de la noche hasta la una de la madrugada. Durante los intermedios un magnífico gramófono da a conocer las últimas novedades en discos.

Pablo Sorozábal Mariezkurrena, que más tarde se convertiría en un afamado compositor, formó parte del trío de cuerda del Café Comercial a finales de la década de los años diez del siglo pasado.

Fuente: B.N.E. (1906)
Anuncio de concierto en el Gran Café Comercial. 

Durante el verano de 1906 el Café Comercial cambió de dueño, siendo a partir de entonces Narciso Pérez de Muniain Elio su nuevo propietario. Con él continuarían los conciertos de música en directo y por gramófono; también alquilaba su gran salón para organizar banquetes de numerosos comensales.

Tres años después, en 1909, Arturo Contreras Sepúlveda compró el Gran Café Comercial y haría quitar de su título la palabra “gran”, dejándolo con el nombre que ha tenido hasta su cierre. El negocio ha pertenecido durante 116 años a la misma familia Contreras. 

Fuente: B.N.E. (1932)
El Café Comercial tuvo, durante varias décadas, la misma fachada realizada en madera.

Con el nuevo dueño el café dispuso de una sala de billar en su planta superior, correspondiente al primer piso del edificio. Pasando el tiempo este recinto se convertiría en “La planta de arriba”, un lugar destinado a diversas actividades como el club de ajedrez, presentación de libros, teatro para niños, etc.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Planta superior del Café Comercial, donde estuvieron los billares.

En el mes de marzo de 1911 una carta al director del periódico “Heraldo de Madrid” denunciaba la insalubridad del Café Comercial con respecto a sus inodoros, porque solo tiene un retrete en el primer piso. Cuatro meses después el café era denunciado debido a sus malas condiciones higiénicas y conminado con el cierre si no lo sanea. Parece que el problema fue subsanado con celeridad.

Durante el verano del año 1918 la hermosa y amplia terraza con toldo del Comercial fue uno de los lugares más celebrados de la zona norte de Madrid. Sus cómodas butacas de mimbre, situadas alrededor de los 49 veladores que la componían, se llenaban cada noche de grupos pintorescos, abigarrados y polícromos que charlan y ríen

Familias enteras ocupaban las mesas mientras los niños jugaban entre ellas, los padres formaban sus propias tertulias y las madres acompañaban a las hijas vestidas de blanco, en charlas distendidas alrededor de algún velador. 

Las “peñas” o tertulias de los habituales al café también solían reunirse en la terraza y entre ellas la formada por el compositor Jerónimo Giménez Bellido, el pintor Juan Martínez Abades y el libretista Julián Moyrón Sánchez. 

Médicos, periodistas y artistas ocupaban las mesas de la gran terraza del Comercial, que en el año 1922 fue denunciada por no pagar los impuestos correspondientes.

Fuente: B.N.E. (1930).
Terraza del Café Comercial con tertulia de médicos.

La música en directo continuaba en el Café Comercial cuando aún se podía degustar un cocido completo al precio de tres pesetas con cinco céntimos, factura que algún pícaro hambriento, como Antoine Yustin muy conocido especialista en darse buenos banquetes en diversos cafés, eludía pagar. 

La cuenta personal de Antoine, de la que jamás había abonado ni un sólo céntimo, ascendía a la cantidad de 102 comilonas, siempre pedidas a la carta. Muy conocido por la prensa, aunque parece que su fisonomía no era detectada por los camareros de los cafés y restaurantes que frecuentaba para darles el sablazo, era detenido invariablemente tras cada uno de sus festines, ingresando en la cárcel a continuación y volviendo a las andadas, tras cumplir varios días de escarmiento. Al ser juzgado siempre repetía la misma frase: “Ya los pagaré todos juntos”.

A finales de los años veinte del siglo pasado el Comercial se anunciaba en prensa como el café de moda o el café de las bodas, junto a una completa cartelera con los programas de las bandas de música que amenizaban cada día, las tardes y las noches de los melómanos con variados repertorios desde lo clásico al de fantasías de zarzuelas y operetas. Orquestas como “Los Orfeo”, “Magín” (en la sección vermut de los días festivos), “Jermann” o “Mirecki” gozaban de gran popularidad también en la década de los años treinta.

Fuente: B.N.E. (1932).
Interior del Café Comercial.

En la Guerra Civil Española (1936-1939) el Café Comercial fue uno de los establecimientos de alimentación e industria gastronómica socializado y gestionado por sus trabajadores.

Fuente: B.N.E. (octubre de 1937)

Durante la década de los años cincuenta del siglo XX el Café Comercial se renovó por completo. Entre los años 1951 y 1952 el negocio acometió una gran remodelación incorporando la más moderna maquinaria industrial del momento y también reestructuró su decoración, siendo ésta la que se ha mantenido hasta su cierre. Al final de la obra, en agosto de 1952, el café vendía sus viejos enseres mediante un anuncio publicado en la prensa.

Fotografías: M.R.Giménez (2013).
Dos aspectos del Café Comercial en su última etapa.

Los ciento veintiocho años de permanencia del Café Comercial han escrito la historia de muchas tertulias, como las ya mencionadas de médicos y músicos. Sería demasiado extenso citar la lista de escritores, periodistas, cineastas, actores y actrices, políticos, poetas, dibujantes y autores de toda condición que han asistido con asiduidad a este café entremezclándose con su clientela más habitual, en ocasiones. 

Muchas de las generaciones literarias, desde las denominadas del 98, del 14, del 27 y también la del 50, tuvieron en el Comercial su centro de reunión y entre sus miembros: Antonio y Manuel Machado Ruiz (poetas), Rafael Cansinos Asséns (escritor), Edgar Neville Romrée (cineasta), Ignacio Aldecoa Isasi (escritor), Enrique Jardiel Poncela (que en el café escribía), Gabriel Celaya Leceta y Blas de Otero Muñoz (poetas), Rafael Sánchez Ferlosio (ensayista y novelista), Enrique Tierno Galván (profesor y alcalde de Madrid), Rafael Azcona Fernández (guionista), Antonio Muñoz Molina (novelista y sillón “u” de la Real Academia Española) y muchísimos más.

Fotografía: M.R.Giménez.
El último café.

El Café Comercial ya no existe. Su local será ocupado por algún otro negocio que deberá respetar todos los elementos protegidos que componen su decoración.







Fuentes:

“El antiguo Madrid. Paseos históricos y anecdóticos por las calles y casas de esta villa” Ramón de Mesonero Romanos.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
Historias-matritenses.blogspot.com
Hemeroteca Biblioteca Nacional de España
Hemeroteca diario ABC
Prensahistorica.mcu.es
Bvpb.mcu.es
Boe.es
Elpais.com
Es.paperblog.com
Es.wikipedia.org

lunes, 5 de octubre de 2015

JAUJA, BAR-RESTAURANTE AMERICANO.

Esta entrada del blog Antiguos cafés de Madrid y otras cosas de la Villa está dedicada a la memoria de Rosario González Truchado: “La chica más guapa de la plaza del Callao”.


La muy antigua calle de los Peligros, situada entre la de Alcalá y la Gran Vía de Madrid, siempre mantuvo su nombre original a pesar de los diversos añadidos que le han acompañado a lo largo del tiempo. Conocida hoy oficialmente como Virgen de los Peligros, ya en el plano de Pedro Texeira (1656) aparece como “de los Peligros” y años más tarde fue renombrada como “Angosta de Peligros” para diferenciarla de la “Ancha” (que desde 1849 vendría a conocerse como calle de Sevilla). 

Pasando el tiempo, dicha calle también perdió el apéndice de “angosta” para, desde el año 1865, llamarse únicamente “de Peligros” o nombre con el que ha quedado ya en la memoria de todos, aunque una última disposición municipal del año 1954 vino a anteponer a su nombre el de “Virgen de”, figurando así desde entonces.

Fuente: Todocoleccion.net (1928).
Calle de Peligros, como se la llamaba entonces.

La de Peligros era una calle muy estrecha que comenzaría su ensanche en el año 1804 y fue una de las elegidas para probar la instalación de un pavimento de madera, obra que daría comienzo en el mes de septiembre de 1843. Los grandes inconvenientes de este entarugado, propiciando resbalones y caídas de viandantes y caballerías al deformarse los troncos con la lluvia, forzaron a que se reemplazase por piedra tan sólo cinco años después de su instalación.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Calle de la Virgen de los Peligros, en la actualidad.

En el número 9 de esta muy comercial y transitada calle de los Peligros vino a abrir el bar-restaurante Jauja, en el que a cualquier hora el cubierto estaba a disposición del cliente y con económicos precios.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936)
Puerta de acceso al bar-restaurante americano Jauja, su portero y una de sus camareras.

Jauja fue inaugurado en los primeros días del mes de abril de 1936 como bar-restaurante americano. El cinematógrafo, por entonces, había puesto de moda la norteamericanización de las actividades y comer mirando al reloj. Es por ello que este moderno negocio se planteó para satisfacer las necesidades de empleados, negociantes y artistas que precisaban comer de forma rápida, aunque bien condimentada. Su lema, escrito sobre un frente del local, decía: Buen servicio, elegancia, economía y rapidez. El menú consistía en dos platos a elegir, pan, jarrita de vino de Rioja y postre, al precio de 4 pesetas. Jauja también contaba con un servicio a domicilio que, en quince minutos, transportaba los pedidos en una camioneta propiedad del negocio.

Además de los comedores y de un bar quick-lunch (para comida rápida), el local también disponía de instalaciones para servir y comprar café de la marca “La paz azucarera”, repostería, fiambres y helados americanos.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936).
Despacho de café "La paz azucarera" instalado en el mismo local.

El diseño del flamante bar-restaurante Jauja fue realizado por los arquitectos Saturnino Ulargui, Sáez de Vicuña e Izaguirre, que utilizaron con profusión en el mostrador, las columnas y los zócalos del local un material decorativo e inalterable que sustituye al mármol, al cristal y a la madera: “Formica” (plástico inventado en el año 1912). Los colores blanco, rojo, negro y verde antique de este material se combinaron de forma elegante, aunque un poco atrevida.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936).
La moderna barra del Jauja forrada de Formica.

En las paredes y los techos predominaban los tonos suaves. El pintor Mariano del Barrio combinó el óleo y el esmalte en diversos tonos verdes, blancos, rojos y grises que, compaginados con escayolas, dotaban al local de una perfecta armonía.

Para dar una mayor perspectiva se instaló un techo de figura difícil en su ejecución, además de luz indirecta en todo el recinto.

La aireación del Jauja se realizaba de forma natural basándose en la diferencia de temperatura de sus dos fachadas (en las calles de Peligros y Jardines) con diferente orientación. Este curioso sistema se ejecutaba por medio de la apertura de ranuras en los muros, a diferentes niveles, en armonía con las temperaturas extremas del clima, lográndose una traslación lenta de uno a otro lado por capas horizontales. De esta forma el aire se renovaba por completo de manera continuada sin gasto mecánico, pérdida de calor ni corriente.

El Jauja también contaba con música ambiental, procedente de las emisiones de la radio, sin demasiadas resonancias para facilitar la conversación de su clientela. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Edificio donde estuvo situado el bar-restaurante Jauja, en la actualidad.

Como remate del escenario cinematográfico que se quería representar en su ambiente, el Jauja había contratado los servicios de un portero de raza negra para su entrada. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Puerta de acceso de lo que fue el bar-restaurante Jauja, con sus fachadas a las calles de Peligros y Jardines.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el bar-restaurante Jauja fue administrado, como tantos otros negocios, por un Comité de Explotación formado por sus propios trabajadores. En el mes de abril de 1937 dicho Comité recaudó la cantidad de 5.000 pesetas, que haría entrega a la Junta Delegada para la Defensa de Madrid. 

En la actualidad, y tras pasar por varios negocios, el número 9 de la calle de la Virgen de los Peligros se ha convertido en un supermercado de alimentación.







Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemerotecadigital.bne.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Todocoleccion.net
Es.wikipedia.org