Páginas

lunes, 27 de octubre de 2014

UN COLEGIO, UN TEATRO Y UN CINE EN LA CORREDERA BAJA DE SAN PABLO.

En el barrio de Malasaña, distrito Centro de Madrid, se sitúa la Corredera Baja de San Pablo a la que continúa la Corredera Alta, que alguna vez y por poco tiempo vino a llamarse calle de San Ildefonso. Ambas Correderas fueron una sola vía hasta principios del siglo XVIII –Corredera de San Pablo- y nunca antepusieron a su nombre el de “calle” para no caer en la redundancia. (Corredera significa calle larga o prolongada).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)

El número 39 (que fue nº 41 hasta el año 1936) de la Corredera Baja es hoy un supermercado de alimentación, pero no siempre fue así. Si nos remontamos hasta mediados del siglo XIX podremos descubrir que en el terreno que hoy ocupa este edificio estuvieron instalados un colegio, un teatro y un cine de sesión continua con programa doble que vendría a convertirse en sala X durante la década de los años ochenta del siglo pasado.

El político y tercer Presidente de la I República Española, entre otros cargos de relevancia, además de profesor y pedagogo Nicolás Salmerón Alonso (1838-1908) fundó el Colegio Internacional en la antigua casa nº 41 de la Corredera Baja de San Pablo, en el año 1866. 

Fuente: B.N.E. (1866).
Anuncio del Colegio Internacional convocando plazas gratuitas para alumnos, mediante oposición.

El Internacional era un colegio que no hacía odioso al maestro ni cargante el estudio. No se usaban palmetas, ni otras disciplinas, ni se injuriaba a los niños llamándoles brutos cuando no se sabían la lección. Admitía alumnos internos, medio-pupilos y externos, todos ellos con al menos seis años de edad.

Nicolás Salmerón siempre defendió la libertad de cátedra, negándose a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral; por esta razón fue expulsado de su puesto como catedrático en la Universidad Central de Madrid. Fundó el Colegio Internacional, de enseñanza laica, siguiendo la filosofía krausista que llevaría diez años después a constituir un magnífico proyecto pedagógico: La Institución Libre de Enseñanza (ILE).

El Colegio Internacional se mantuvo en la Corredera Baja durante los años 1866 y 1869, para después trasladarse al viejo caserón de la calle de San Bernardo, número 19 (hoy sustituido por un insulso edificio de oficinas con el nº 17). Después de otro traslado, a la calle de Regueros, el Internacional, ya sin su director Nicolás Salmerón, pasó a formar parte de la ILE.

Fuente fotografía de la izquierda: Pares.mcu.es (Durante la Guerra Civil).
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014)
El Teatro de Cervantes, antes Salón Nacional, destruido por los bombardeos, desde la esquina de la Corredera con la calle de la Ballesta.
Hoy, el mismo lugar con el edificio de Luis Gutiérrez Soto y el supermercado.

La vetusta casa del Colegio Internacional, en la Corredera Baja de San Pablo, fue sustituida por un nuevo edificio proyectado para albergar un teatro. Fue así como el sábado 10 de octubre de 1908 se inauguró el Salón Nacional con todos los adelantos modernos y con todos los requisitos reglamentarios. 

Propiedad de la empresa Pla y Compañía, el nuevo teatro era amplio, espacioso, cómodo y elegante siendo diseñado por el arquitecto Pablo Aranda Sánchez con decoraciones, embocadura y telón pintados por el escenógrafo Luis Muriel. Para su inauguración se escogieron tres obras en verso y durante sus intermedios fueron exhibidas proyecciones cinematográficas.

En el mes de noviembre de 1911 el Salón Nacional fue arrendado por el entonces famoso actor y director Ricardo Simó-Raso, que se instalaría en él formando compañía propia. Simó modificó completamente el local, que pasaría a denominarse Teatro de Cervantes.

Fuente: Urbanity.cc (Abril de 1936).
Fachada del Teatro de Cervantes.

A decir de la prensa fue tal la obra acometida en el recién inaugurado Teatro de Cervantes que casi había sido construido sobre los cimientos del antiguo Salón Nacional, del que apenas han quedado en pie las paredes. Proyectado por el arquitecto Francisco Reynals Toledo, estaba dotado de calefacción y de un magnífico alumbrado con cincuenta y cinco aparatos, tenía veinte filas de butacas en la sala y dos pisos con treinta y dos palcos ricamente decorados con cortinajes de terciopelo verde. Las localidades eran cómodas y, destacaba un hecho importante: Desde ellas se ve no sólo la escena, sino también las demás localidades del teatro.

Una tercera reforma tuvo lugar en el Teatro de Cervantes durante el año 1916. El arquitecto Joaquín Rojí López-Calvo aumentaría la capacidad del local añadiendo dos plantas superiores, lo que llevaría a perder el ambiente acogedor inicial de la sala al resultar ésta demasiado alta y excesivamente larga. 

El Cervantes ya se anunciaba en la prensa indistintamente como cine o teatro durante los últimos años de la década de los veinte del siglo pasado. En la Guerra Civil Española el edificio fue bombardeado y destruido por completo y en su lugar se levantaría un nuevo inmueble de viviendas, con un cine en su parte baja: El Cine Cervantes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
El Cine Cervantes se convirtió en Sala X en el año 1984.

El nuevo edificio de la Corredera Baja de San Pablo, ya número 39, fue un proyecto del arquitecto Luis Gutiérrez Soto e incluyó cinco pisos para viviendas y un local para cine. El nuevo Cine Cervantes fue inaugurado el día 28 de marzo de 1942, programando las películas “La fortuna escondida” (1935) y “Posada en Jamaica” (1939). 

Concebido como sala de sesión continua, con doble programación de películas que habían sido estrenadas con anterioridad en locales de superior categoría, el Cervantes se convirtió en el cine de barrio más moderno y lujoso de los que entonces se ubicaban por detrás de la Gran Vía. 

Fuente: ABC (1942).

Cientos de programas dobles pasaron por el Cine Cervantes desde las cinco de la tarde hasta las doce y media de la noche, cada día. Películas de vaqueros, romanos, terror, policíacas y aquellas de asesinatos que curiosamente nunca tenían lugar en este país a pesar de tratarse de producciones españolas. Allí se podía ver al 007 James Bond, años después de su estreno, sin preocupación por enseñar el carné de identidad en la taquilla. Por su pantalla pasaron las licantrópicas transformaciones de Paul Naschy (Jacinto Molina Álvarez), los clásicos en celuloide como “Fuenteovejuna” y tantas otras anunciadas con el reclamo de grandioso programa en color, cuando por entonces casi todo era en blanco y negro.

El Cervantes se mantuvo como cine de barrio hasta el año 1984 y tras una nueva reforma pasaría a formar parte de las salas con programas de los llamados X, para adultos, en sesión continua desde las 10,30h. de la mañana.






Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Nicolás Salmerón, fundador y director del Colegio El Internacional, modelo y ensayo para la Institución Libre de Enseñanza. 1866-1874” Juan Manuel Díaz Sánchez.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Es.Wikipedia.es
Pares.mcu.es
Catálogo de la exposición “Luis Gutiérrez Soto” 1997.

Agradecimiento muy especial para David Miguel Sánchez Fernández, del blog http://cinesdemadrid.blogspot.com.es/ por la documentación aportada para este artículo.

viernes, 10 de octubre de 2014

PASAPOGA, SALA DE FIESTAS.

Con exuberante decoración a base de pinturas murales, grandes columnas, cortinajes, mármoles, espejos y hasta 12 kilos de auténtico oro para recubrimiento de sus artesonados, abrió en la avenida de Pi y Margall, número 15 (hoy Gran Vía, 37) de Madrid el ostentoso Pasapoga, en los sótanos del cine Avenida.


Fotografía: M.R.Giménez (2007)

En un principio, la planta baja del cine Avenida (1928) había sido destinada a ser el salón de billar más grande de Madrid, siendo inaugurado en el mes de octubre de 1930 con el mismo nombre del cine. El recinto presumía de sus techos de siete metros de altura, medida inusual en cualquier negocio semejante, y refinadas mesas de absoluta precisión de marca Guarner. Este negocio no duraría más de un lustro, tal vez por la competencia de la cercana Sala de billares del cine Callao y sus treinta y dos mesas de juego.

El local quedó en desuso hasta que los socios Vicente Patuel, Julio Sánchez, Rafael Porres y Rafael García decidieron inaugurar una opulenta sala de fiestas en lo que fueron aquellos billares; su nombre, Pasapoga, sería el acrónimo formado por las dos primeras letras de los apellidos de sus cuatro propietarios.

Fuente: Fotografía de la izquierda, Newscom.com (1962). Foto de la derecha: M.R.Giménez (2007)
Dos aspectos del Cine Avenida y de la puerta del Pasapoga con casi medio siglo de diferencia.

Proyectado por el arquitecto Enrique Simonet Castro y decorado por Mariano García, el Pasapoga abrió sus puertas el día 20 de mayo de 1942, a las 10,30 horas de la noche, exigiendo rigurosa etiqueta. El local, con planta de herradura, estaba revestido de mármol blanco, negro y verde en el vestíbulo, la concha del bar, columnas, palcos, escalinatas y en las cuatro pistas de baile con las que contaba. 

Dos puertas de hierro con aplicaciones en metal daban acceso desde la calle al vestíbulo recubierto con mármol de colores. Otra puerta interior, también en hierro, marcaba el inicio de la alfombrada escalera que remataba sus pasamanos dorados con sendos candelabros monumentales.

Fuente: Fotografía de la izquierda, diariomadrid.net (1965). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014). Puerta de acceso a Pasapoga.

En el piso inferior se encontraba el mostrador del bar, tenía forma de medio óvalo con banquetas giratorias a su alrededor y contaba con la más moderna maquinaria para dispensar agua de seltz y café, funcionando indistintamente con gasolina o electricidad.

Fuente: memoriademadrid.es (1953)
Escalera de acceso y mostrador del bar en forma de medio óvalo rodeado por banquetas giratorias.

Mobiliario de estilo isabelino, enormes alfombras, arañas y aparatos eléctricos en bronce y cristal, pinturas murales y hasta un gran lienzo del pintor Ramón Stolz Viciano cuyo coste fue de 1.500.000 pesetas de la época, conformaban una fastuosa decoración en los dos pisos del Pasapoga que, junto a estucados y su recubrimiento en pan de oro, había tenido un presupuesto de 3.600.000 pesetas del año 1942.

Fuente: tesorosdelayer.com (1942).
Guardarropa decorado con muebles isabelinos y zona de la orquesta.

Para acceder a Pasapoga era necesario abonar una entrada que, en el año 1942, costaba entre 15 y 18 pesetas, respectivamente en horario de tarde y noche.

Es necesario señalar que tanto en Madrid como en el resto del país tras la Guerra Civil Española, el año en que fue inaugurado el lujoso Pasapoga (1942) fue denominado como “el año del hambre”. El exilio, las ejecuciones permanentes de los republicanos que habían perdido en el conflicto, las penas de cárcel, las muertes por inanición y enfermedad, la desnutrición, la falta de medicinas y de todo lo necesario para una vida digna chocaba frontalmente con el lujo exhibido en esta sala de fiestas, hasta el punto de ser prohibido por la dominante censura fascista del momento el siguiente párrafo del anuncio referido a la inauguración del local: "Como complemento de tanta fastuosidad y riqueza, los más elegantísimos trajes de noche y las más valiosas joyas, lucidas por bellísimas damas, que con su presencia dieron realce a esta memorable inauguración que perdurará en los anales del Madrid aristocrático como fiesta de gran tono” (Arriba- 21/5/1942).

Las cartillas de racionamiento de productos básicos, vigentes en la posguerra española entre los años 1939 y 1952, servían para distribuir entre la población los alimentos de primera necesidad, pero a todas luces insuficientes y de mala calidad. El hambre, la miseria y la enfermedad se cebó con los ciudadanos que debían, para más inri, ensalzar casi en cada esquina la figura del dictador Francisco Franco y máximo responsable de la catastrófica Guerra Civil Española y de la tremenda posguerra. 

Mientras el salario medio diario de un electricista era de 20’15 pesetas, el de un panadero 12,58 pesetas y el de una costurera 7’55 pesetas, un té con pastas acompañado de mermelada y mantequilla (productos inexistentes para la población) costaba 16 pesetas a la concurrencia aristocrática del Pasapoga. De esta manera los madrileños comenzaron a denominar a esta sala de fiestas el Pasa y paga, naturalmente de puertas afuera.

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
Entrada principal del Cine Avenida (que en su última etapa tuvo varias salas) y puerta de acceso de Pasapoga. Ambos locales ya estaban cerrados en el momento de tomar la fotografía.  

En el mes de septiembre de cada año Pasapoga inauguraba su temporada. Las orquestas más famosas hacían bailar a sus encopetados clientes que bebían coñac con sifón o gin-fizz, y eran capaces de abonar las 10 pesetas que costaba el paquete de tabaco americano obtenido en el mercado negro (estraperlo). Artistas como Josephine Baker, Juliette Grèco, Ava Gadner o Jorge Negrete eran asiduos, durante sus visitas en Madrid, a esta sala de fiestas en la que se presentaría una jovencísima Sarita Montiel cantando “Yo te diré” como única melodía de su repertorio.

Con el tiempo la opulenta sala Pasapoga fue superada por nuevas modas que propiciaron su decadencia paulatina. Tras los momentos de esplendor durante aquella larga posguerra, se acabaron las presentaciones de moda que las casas de alta costura realizaban en sus pistas de baile, al no contar con pasarelas apropiadas; terminaron las fastuosas fiestas privadas de empresas que alquilaban aquel marco incomparable de lujo, único en Madrid, así como los dispendiosos bailes de disfraces que la alta burguesía y la aristocracia triunfadoras de la Guerra Civil solían celebrar. El Pasapoga pasó a ser una más entre la multitud de las salas de fiestas que iban abriéndose en Madrid, más modernas y con precios asequibles. 

Lo que comenzó con aires de glamour desmesurado, tras haber pasado por distintas fases de deterioro, sucumbió ante la oferta de una cadena de grandes almacenes del ramo textil que también se llevó por delante al Cine Avenida. 

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Lo que hoy queda de Pasapoga: Puerta de acceso y decoración interior de los almacenes.

De Pasapoga no queda más que su nombre en una pequeña vitrina situada tras lo que fue la puerta de acceso y una decoración bastante kitsch, que quizá pretenda rendir un chocarrero homenaje a lo que hasta el año 2003 hubo en este local de la Gran Vía. También quedó para la memoria histórica la anécdota que tuvo como protagonistas al director de cine Luis García Berlanga y, una vez más, a la censura franquista del año 1962 y que fue contada por el propio director: En el episodio que hice para la película Las cuatro verdades (llamado: La Muerte y el leñador) se me impuso un corte de guión. Estaba escrito: “Vista general de la Gran Vía”. Cuando subimos a lo alto del edificio Carrión, la productora lo eliminó como un plano engorroso de hacer, en realidad porque alguien de la censura había comentado: “Una vista general de la avenida… ¿quién nos garantiza que Luis no mete a dos obispos saliendo del Pasapoga?. Debía habérseme ocurrido a mí, es una espléndida idea.






Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca de ABC
“Posguerra, publicidad y propaganda -1939-1959” Círculodebellasartes.com
Hemeroteca de la B.N.E.
Newscom.com
Memoriademadrid.es
Tesorosdelayer.com
Diariomadrid.net

Encarnación Chamorro (in memoriam)

lunes, 29 de septiembre de 2014

EL CAFÉ DE QUEVEDO.

En la década de los años ochenta del siglo XIX, cuando la glorieta de Quevedo de Madrid estaba rodeada por las calles de La Habana (hoy Eloy Gonzalo), Navas de Tolosa (hoy prolongación de San Bernardo), Real (hoy prolongación de Fuencarral), en lo que aún no se llamaba distrito de Chamberí, vino a establecerse el Café de Quevedo en el número 2 de esta plaza (hoy nº 9).

Fuente: Ricardo Márquez - Historias-matritenses.blogspot.com
Glorieta de Quevedo en las primeras décadas del siglo XX. A la derecha, con fachada blanca, el Café de Quevedo. 

Sin ninguna duda puede afirmarse que este de Quevedo era un café de barrio, de uno peculiar como lo era entonces Chamberí porque aún se estaba conformando. Eran tiempos en los que el hoy distrito de Tetuán (de las Victorias) ni siquiera pertenecía a Madrid, ya que fue un municipio independiente de la capital hasta el año 1948.

Fuente: Bibliotecavirtualdemadrid.org. Plano de Madrid de José Pilar Morales (1880).
La glorieta de Quevedo aparece rodeada por las calles de La Habana, Real y Navas de Tolosa.

El originario Café de Quevedo era propiedad de Manuel Fernández Cipriano, tenía salón de billar y en él se reunían con asiduidad los miembros del Partido Republicano Progresista de Manuel Ruiz Zorrilla, pertenecientes al distrito del Hospicio. Se ubicaba en la esquina de la glorieta de Quevedo con la entonces calle de La Habana, cuya denominación cambiaría por la de Eloy Gonzalo en el año 1899, tras la pérdida de las últimas colonias de ultramar.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1914)
Interior del Café de Quevedo.

La prensa informa de la tormenta de piedra única en su clase que cayó sobre Madrid la tarde/noche del día 9 de junio de 1899 y que fue seguida de un fuerte aguacero. Las inundaciones afectaron desde el Hipódromo (hoy Nuevos Ministerios) hasta la Estación del Mediodía (Atocha), arrastrando a su paso todo lo que se encontraba en el camino. Piedras, árboles, quioscos, carruajes y sus animales, fueron arrasados por el agua que reventaba cañerías incrementando el caudal. El granizo, con piedras del tamaño de un huevo gordo de gallina, ocasionó numerosas lesiones a quienes se encontraban en la calle y rompió todos los cristales de los patios cubiertos en hoteles, pasajes, palacios y palacetes. 

Todo ello no impidió al nuevo dueño José Álvarez, propietario también del Café de San Luis, inaugurar con éxito en esa misma noche tormentosa su nuevo Café de Quevedo e invitar a toda la prensa.

En el Quevedo recién estrenado, café bien situado en el barrio de Chamberí en cuyos límites está enclavado, continuaron celebrándose banquetes de los republicanos cada 11 de febrero (aniversario de la proclamación de la I República Española). Tres años después de esta apertura Álvarez decidió dar un nuevo ambiente a su negocio y encargó al pintor Antonio Candela la restauración del local con gusto y sencillez, en cuya decoración predominarían los elegantes colores blanco y oro. También la música tendría protagonismo en este nuevo café con los conciertos de piano y bandurria a cargo de los maestros Mariano Vázquez y Vicente Belloch. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1914)
Interior del Café de Quevedo con su piano de cola.

Un luctuoso suceso tendría lugar en el café de Quevedo el día 13 de diciembre de 1913. Bajo el epígrafe “Crimen por ochenta céntimos”, los periódicos informaron sobre la disputa entre dos camareros que, tras cobrar el importe de las partidas de billar a un grupo de parroquianos, comenzaron a discutir sobre el reparto de la propina de 0,80 pesetas que aquellos habían dejado. Lo que empezó como discusión terminó con una puñalada gravísima en el vientre. A los ayes del herido acudió presuroso un guardia que junto a un cochero trasladaron al herido al Hospital de la Princesa. El juez se personó en la clínica para tomar declaración al herido y éste no pudo hacerlo porque su estado era de una gravedad extrema. Sólo pudo puntualizar quién era su agresor, por medio de señas. El atacante fue conducido al Juzgado de Guardia.

Fuente: B.N.E. (1914)

Una vieja reivindicación laboral de todos los camareros de café fue la supresión de las propinas y el Café de Quevedo fue el primero de Madrid en implantar esta norma. Los camareros, que hasta el año 1921 debían correr con los gastos de las roturas del utillaje, además de cobrar el mismo jornal al trabajar durante el día o la noche y pagar a sus ayudantes, si los tuvieran, reclamaban un salario digno y fijo desestimando la aleatoria propina, cantidad que los dueños de los negocios contaban como salario. Con la amenaza de una huelga que dejaría sin servicio a los cafés, la consecución de este derecho tardaría mucho en conseguirse.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Glorieta de Quevedo en la actualidad. A la derecha la esquina con la calle de Eloy Gonzalo, donde estuvo el Café de Quevedo. El nuevo edificio también alberga un negocio de restauración.

Los últimos anuncios en prensa del Café de Quevedo datan del año 1936, cuando ya se había convertido en un café-bar. La casa donde se ubicó fue demolida y en su lugar se construyó un enorme edificio que cuenta con un negocio de restauración en la misma esquina donde estuvo el Quevedo.

En la actualidad es poco lo que coexistió con este café y aún perdura en esta glorieta de Quevedo. Su número 1 alberga la casa de Francisco González Castellanos, en el 5 se halla el edificio donde estuvo el estudio del escultor Mateo Inurria y junto a éste, en el número 6, una casa de viviendas del arquitecto Antonio Palacios Ramilo. También sigue en pie, en la calle Eloy Gonzalo, el Instituto Homeopático y Hospital de San José. La estatua de Francisco de Quevedo (1902) que hoy se sitúa en medio de la plaza es obra del escultor Agustín Querol Subirats y no fue instalada en esta ubicación hasta el año 1963.





Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Bibliotecavirtualdemadrid.org
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Historias-matritenses.blogspot.com y agradecimiento muy especial a Ricardo Márquez, creador de dicho blog.


lunes, 1 de septiembre de 2014

CUEVAS DE SÉSAMO – Música de piano.

Esa pequeña fachada del local situado en el número 7 de la calle del Príncipe, en Madrid, alberga las Cuevas de Sésamo. Un lugar en el que desde su apertura se dio cita lo más bohemio de la ciudad atraído por su música de piano y sus tertulias literarias.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La cabeza de caballo de las Cuevas de Sésamo.

Lo que se inició como la pequeña cafetería Sésamo en 1950, propiedad de María del Carmen Ponte, iba a convertirse un año después y por azar en algo bien distinto. Tomás Cruz Díaz, republicano represaliado y esposo de la dueña, descubrió un buen día que bajo el suelo del recinto existía una cueva olvidada que pareció sugerirle la inmediata transformación del negocio. Así fue como la cafetería pasó a ser bar, descendiendo de piso y ocupando los abovedados techos del sótano; se le dotó de un piano, los pintores comenzaron a cubrir sus paredes de cuadros y sobre los gruesos muros se escribieron frases concisas y solemnes de poetas, escritores, filósofos y artistas, ofreciendo a la clientela sangría, entre otros licores, y únicamente raciones frías. 

Fuente: Bibliotecavirtualmadrid.org (años 50) / Fotografía:M.R.Giménez (2014)
A la izquierda, una noche de premios. A la derecha el mismo rincón de Sésamo, en la actualidad.

Desde el principio las Cuevas de Sésamo se comprometen con la expresión artística en todas sus manifestaciones y comenzarán las tertulias, abarrotando el local aquellos jóvenes a los que la prensa más conservadora del momento (prácticamente toda) denominaría peyorativamente como ye-yés, melenudos o barbudos y que poco a poco irían cambiando chaqueta y corbata por un jersey negro de cuello vuelto.

Será en el año 1952 cuando se crea el primer Premio Sésamo para obras de teatro en un acto, dotado con 1000 pesetas, que recaería en Evaristo Acevedo Guerra con “Cerebro con derecho a cocina”. Como finalista quedó la obra “Historia de Juana” de Jesús Fernández Santos. 

Mientras tanto el pintor argentino Bruno Venier comenzó a pintar los primeros murales sobre las paredes de Sésamo.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Mural del pintor Alberto Moreno, en el que figuran los nombres de los ganadores de los premios Sésamo hasta el año 1957.

Tres años más tarde, en 1955 y hasta el año 1967, también se instauraron en Sésamo los premios de pintura y cuentos, resultando ganadores en la primera edición el pintor Lucas Castell y el escritor Jesús López Pacheco. A ellos les seguirían, en sucesivas convocatorias, los pintores Alberto Moreno, Xavier Pousa, Máximo de Pablo o los escritores Medardo Fraile, Fernando Quiñones, Luis Goytisolo, Miguel Buñuel, José María Riera de Leyva, Víctor Mora (creador del “Capitán Trueno”) entre otros muchos.

Fuente: ABC (años 70) / Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Concesión de los premios Sésamo y el mismo lugar en la actualidad.

Se puede decir que la llamada Generación del 50 pasó en pleno por las tertulias y por las diversas convocatorias del Premio Sésamo, siempre escuchando la música de piano del maestro Manuel Vázquez Amor, compositor de la zarzuela “María Pepa, la huertana” y de varios conocidos boleros. 

Fuente: ABC (1977)

En 1956 se creó el Premio Sésamo de novela corta, cuyo primer premio recayó en la obra “El mar está solo” de Vicente Carredano. A partir de entonces, muchos serían los escritores que obtuvieron este galardón, que habría de ser considerado como prestigioso, aunque no estuviera dotado de una cantidad económica relevante. Así autores como: Juan García Hortelano (1957), Eduardo Mendicutti (1973), Juan José Millás (1974), Soledad Puértolas (1979), entre otros muchos, se cuentan entre sus ganadores. La última edición de los premios fue en el año 1991, siendo obtenido por el escritor José Antonio Biosca.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada de las Cuevas de Sésamo.

Hoy el estrecho acceso de las Cuevas de Sésamo recibe con un vestíbulo desierto y una solitaria columna de hierro, a quien desee entrar. Un cartel luminoso señala el camino y, bajo él, parte de un poema de Paul Valéry: “Depende de quien pasa que yo sea tumba o tesoro…”. 

Dos tramos de escalera conducen a las Cuevas que muestran sobre la barra del bar, como para darnos la bienvenida, el autógrafo original de Ernest Hemingway y frente a él la fotografía que Juliette Greco, musa de los existencialistas, se hizo allí hace ya muchos años. Pequeñas mesas con mantel, sillas y taburetes se distribuyen en el local dividido por el gran muro abierto en su centro, que retiene en su interior una escultura de la cabeza de un caballo semejante a la que Fidias realizó para el Partenón, pero ésta ensartada en dos travesaños. Rincones más o menos cercanos al piano, que también ha cambiado con el tiempo, y desde donde se escuchan las canciones de siempre. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Entrada de las Cuevas de Sésamo con su solitaria columna.

Así continúa siendo Sésamo, el lugar donde únicamente varían las frases pintadas en sus paredes por la necesidad de enlucir el local y que de inmediato serán reemplazadas por otras tan contundentes como las anteriores.





Fuentes:

Cuevassesamo.com
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Diariomadrid.net
Bibliotecavirtualmadrid.org
“Génios, locos y picaros” Manuel Martínez Pastor.

Agradecimiento a Jose, camarero de las Cuevas de Sésamo, por la información aportada y las facilidades para la realización de fotografías.

miércoles, 20 de agosto de 2014

EL PALACIO DE OÑATE Y EL PALACIO COMERCIAL PALAZUELO DE LA CALLE MAYOR.

Junto a la Puerta del Sol, en el principio de la calle Mayor de Madrid y frente al que fue convento de San Felipe el Real, que tras su demolición y desde el año 1845 alberga las Casas de Cordero, estuvo la Casa-palacio de los condes de Oñate. Dicho edificio fue construido en torno al año 1670 y comenzaría a ser demolido en 1913 para edificar en su terreno el Palacio Comercial Palazuelo, que hoy podemos contemplar.

Fuente: Bdh-rd-bne.es (1859)
Puerta del Sol, durante las obras de remodelación. La fachada del Palacio de Oñate aparece señalada con la flecha.




El conocido por todos como Palacio de Oñate habría sido erigido sobre los terrenos que hasta el siglo XVII ocuparon las muy afamadas mancebías de Madrid. La gran casona tenía su acceso principal por la calle Mayor, su fachada posterior ocupaba un buen espacio de la calle del Arenal y remataba su gran superficie en el callejón de la Duda (desaparecido con la remodelación de la Puerta del Sol de 1857-1862). No fue un edificio especialmente artístico, pero sí lo sería su magnífica puerta barroca que el arquitecto Pedro de Ribera realizó durante una de sus remodelaciones durante el siglo XVIII. El dintel y las jambas, de piedra berroqueña, tienen adornos de bella sobriedad, que se prolongan en torno a los balcones superpuestos, entre los cuales campea el escudo heráldico.


La puerta en cuestión fue salvada y ofrecida a otras sociedades por el Ayuntamiento de Madrid, durante la demolición del palacio. Tras varias gestiones infructuosas con las entidades españolas fue aceptada por la institución francesa Casa de Velázquez, situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se instaló en el año 1935. Durante la Guerra Civil Española la casa de Velázquez fue prácticamente destruida, al estar en primera línea de fuego, y la magnífica puerta del Palacio de Oñate se perdió para siempre.


Fuente: Memoriademadrid.es
Fachada principal, en la calle Mayor, del Palacio de Oñate. A la derecha la puerta de Pedro de Ribera.

Antes de existir la Real Casa de Correos (1768) de la Puerta del Sol, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, la correspondencia era depositada en el Palacio de Oñate por ostentar el cargo de Correo Mayor de Castilla este conde propietario. Así, el primer buzón de la capital para depósito de las misivas estuvo en este palacio. 

La casona de Oñate fue también conocida por el asesinato en su puerta, el día 21 de agosto de 1622, del poeta y conde Juan de Tassis y Peralta, amigo de Lope de Vega y de Luis de Góngora. Sus amores con Isabel de Borbón, esposa de Felipe V, le costaron la vida.

Mentidero de Madrid, / decidnos: ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid. / Unos dicen que fue el Cid, / por ser el conde Lozano / ¡Disparate chabacano! / Pero lo cierto de ello ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulsor soberano.

(Atribuido a Félix Lope de Vega y Carpio).

Fuente: B.N.E.
Cuadro de Manuel Rodríguez de la Parra Castellano. La muerte del conde de Villamediana en el portal del Palacio de Oñate (1868).

Frente al Palacio de Oñate era costumbre que durante la procesión del Corpus los pintores expusieran sus cuadros. De esta forma Bartolomé Esteban Murillo se habría hecho con la atención que Carlos II al exhibir una de sus obras dedicada a la Inmaculada Concepción.

El viejo caserón de Oñate fue ocupado, desde el último cuarto del siglo XIX, por negocios de todo tipo; almacenes, pañerías y el diario “El Globo” tuvieron su sede en él. Dos incendios consecutivos en el mes de febrero de 1910 destrozaron su techumbre y sótanos, por lo que tres años después comenzaría a ser demolido. Fueron muchos los planes para la edificación en el nuevo solar situado entre las calles Mayor y del Arenal: un lujoso hotel, grandes almacenes al estilo parisién o sede para el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial, pero al fin el promotor Demetrio Palazuelo Maroto, como acaudalado industrial, encargó un nuevo inmueble al arquitecto Antonio Palacios Ramilo que sería conocido con el nombre de Palacio Comercial Palazuelo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Fachadas de la calle Mayor y de la calle del Arenal, en la actualidad, del Palacio Comercial Palazuelo, lugar donde estuvo el Palacio de Oñate.

El moderno edificio, contemporáneo y muy parecido en su fachada a la Casa Matesanz de la Gran Vía, proyectado también por Antonio Palacios, fue concebido para uso comercial y de oficinas. Sus grandes ventanales abalconados proporcionan fácil acceso a la luz natural por sus fachadas de las calles Mayor y Arenal. Pero lo más sorprendente viene después de atravesar el pequeño portal revestido de mármol y espejos que se abre tras dos puertas de hierro forjado.


Vídeo: M.R.Giménez / Música: Ken Verheecke (Sees Of Change)
Interior del Palacio Comercial Palazuelo (2014)


Desde 1922, año en que terminaron las obras, el Palazuelo fue sede de oficinas comerciales de todo tipo; una de las primeras sería la del efímero Banco de Madrid.

Su magnífico patio acristalado, de donde parten dos grupos de escaleras que bordean de forma ascendente los huecos de los ascensores, recibe luz cenital a través de un vitral ribeteado en amarillo. El suelo está construido en mármol y gruesas baldosas de vidrio, formando con ellas un hexágono irregular.

De los cinco pisos de su altura, los tres centrales están circunvalados por barandillas de hierro con pasamanos dorado formando líneas onduladas, dejando en medio el hueco para que la luz del techo llegue a todos los rincones. Las oficinas comerciales se sitúan alrededor del patio tras grandes puertas de madera que, como todo el interior, están pintadas de blanco.

Tal vez el Palacio Comercial Palazuelo sea uno de los edificios más desconocidos del arquitecto Antonio Palacios. La prensa contemporánea a su inauguración no refleja, como en otras ocasiones, la belleza de un inmueble que pasa desapercibido para la mayoría de los que caminan por delante del portal de la calle Mayor, 4, de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org
Bdh-rd-rne.es
Memoriademadrid.es
Agradecimiento muy especial para Manuel Chamorro, por sus indicaciones para confeccionar el contenido multimedia de este artículo.


martes, 5 de agosto de 2014

EL CAFÉ DE LA MONTAÑA DE LA PUERTA DEL SOL Y SU ANTECESOR.

Tras la remodelación de la Puerta del Sol de Madrid (1857-1862) comenzaron a levantarse sus nuevos edificios, finalizando sus obras en el año 1864. Sobre el solar que dejó la antigua iglesia del Buen Suceso, y situada en el número 1 de la plaza desde entonces, vino a construirse la Casa de Fontanella del arquitecto Jerónimo de la Gándara. En los bajos de esta casa se instalaría desde el día 4 de septiembre de 1864 el Café Imperial, el más amplio de Madrid, que tres décadas más tarde cambiaría su título por el de Café de la Montaña.


Fuente: bdh-rd.bne.es (Jean Laurent)
Izquierda: Antigua Puerta del Sol con la iglesia del Buen Suceso (1854). Derecha: Puerta del Sol con la nueva Casa de Fontanella (1870) con el café Imperial y el Grand Hotel de París.

El Imperial era un café enorme y espacioso que ocupaba gran parte del local del cuarto bajo, el entresuelo y la planta sótano del edificio; su alquiler ascendía a 280.000 reales por año, estaba dotado de luz por gas que hacía brillar las arañas colgantes de su techo y contenía ochenta mesas de mármol italiano con sus seiscientas sillas tapizadas. Sus cien cafeteras, cincuenta garrapiñeras (máquinas para hacer helados), teteras y demás equipamiento de restauración daban trabajo a cincuenta dependientes. Tenía acceso por la Puerta del Sol, nº 1, por la calle de Alcalá, nº 2 y por la Carrera de San Jerónimo, nº 1 y era conocido también como el café de las Pulmonías, debido a las corrientes de aire que se producían en su interior.

La decoración del Imperial corrió a cargo de Enrique D’Almonte, que ideó una proliferación algo exhaustiva de molduras y adornos de cartón piedra para las grandes paredes y altos techos del café, imitando el estilo Luis XV. En el centro del salón estaba el patio interior del edificio, que fue cubierto con cristales a la altura, bastante considerable, del piso principal.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1892)
Fragmento de fotografía en el que se aprecia la fachada del café Imperial.

El éxito de su inauguración fue tan grande que no permitió cerrar el local hasta las 8 horas del día siguiente. La recaudación de la jornada de su apertura fue de 86.000 reales, pero los camareros echarían en falta casi un 10% de las doradas cucharillas de café (valoradas en 20 reales por unidad), que habían sido sustraídas ese mismo día.

Desde sus anchurosas ventanas se veía la fuente circular de la Puerta del Sol edificada en mampostería, con juegos y saltos de agua de gran mérito, aunque su puesta en marcha inundara prácticamente la calzada.

Fotografía: Jean Laurent (1865)
Los juegos de agua de la fuente estaban funcionando y la Puerta del Sol aparece encharcada.

El Imperial, cuya hora de cierre se proponía para las 2,30 de la madrugada, tenía una parroquia variopinta y diferente a lo largo de su jornada: durante el día a él asistían militares, cómicos y toreros en busca de trabajo, comerciantes e industriales acomodados y personas procedentes de las provincias que habían venido a solucionar sus temas a Madrid. A última hora de la tarde allí acudían multitud de familias para ver y dejarse ver. Durante la noche se llenaba de gentes que venían del teatro y tertulianos que debatían sobre política, literatura, teatro, toros y tantos otros temas. El torero Salvador Sánchez “Frascuelo” era un incondicional de este café y tenía allí su entonces famosa peña.

En el Imperial tenía asiento además, en el rincón situado entre la Puerta del Sol y la Carrera de San Jerónimo, una conocida tertulia: La Antesala del Saladero. Asistían a ella poetas, periodistas y escritores bohemios que a veces por recurso publicaban artículos subversivos para procurarse alojamiento en la cárcel. (El Saladero de la plaza de Santa Bárbara, fue la cárcel de Madrid durante el siglo XIX).

Alrededor del año 1888 el café Imperial comenzó su declive. No valieron sus afamados conciertos de música española para mantener el esplendor de antaño. Poco a poco fue disgregando su espacio alquilado, en pos de otros negocios particulares, hasta que en el año 1893 desapareció por completo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Casa de Fontanella e interior de lo que fue el entresuelo del café Imperial, con su patio de luces, en la actualidad.

Tres años después del cierre del café Imperial vendría a emplazarse en parte de su local un nuevo establecimiento, cuyo título fue el de Café de la Montaña

Inaugurado el día 15 de abril de 1896 por su dueño Martín Lavín Cecín, procedente de Santander y de ahí el nombre elegido para el nuevo negocio, el café de la Montaña ocupaba una parte más pequeña del lugar donde estuvo su antecesor. Era ancho, largo y concurrido, con entrada por la Puerta del Sol, nº 1 y por la calle de Alcalá, nº 2, junto al portal de acceso al Grand Hotel de París.

Fuente: B.N.E. (1896)
Interior del café de la Montaña.

El de la Montaña tenía fama de ser el café que mejor enfriaba los refrescos en verano, sin estar en contacto con el hielo, por un procedimiento especial y al parecer guardado en secreto. Era el centro de reunión en Madrid de los santanderinos que aquí vivían.

Fotografía de Antonio Passaporte (entre 1927 y 1936).
La puerta del café de la Montaña, en su fachada de la Puerta del Sol, aparece señalada.

Mientras los estudiantes iban a jugar al billar, situado en el sótano, tertulias de escritores, poetas, músicos, pintores y toreros se hicieron un hueco en este café. 

Sin duda el hecho por el que más se recuerda al café de la Montaña fue el enfrentamiento entre Ramón María del Valle-Inclán y Manuel Bueno, que tuvo como consecuencia la pérdida del antebrazo izquierdo del autor de “Luces de Bohemia”.

Fuente: ucm.es
El escritor sin su antebrazo.

Una tarde del mes de julio de 1899 se hallaban reunidos en la tertulia con Val-Inclán, en el café de la Montaña, el dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, el periodista y masón Pedro González Blanco, el dibujante Francisco Sancha Lengo y el editor José Ruiz-Castillo Franco, entre otros. De pronto surgió en otra mesa una tremenda disputa entre el pintor Tomás Leal da Cámara y José López del Castillo, que impondría la necesidad de un duelo entre ambos. Así las cosas, vino a entrar en el café Manuel Bueno Bengoechea, escritor y periodista, que, informado del alboroto, sólo comentó: Ese duelo es ilegal porque ambos son menores de edad. Valle-Inclán, de carácter vehemente, tomó el comentario a pecho y agarrando una botella fue a agredir a Bueno. Este puso su bastón por medio, a pesar de lo que resultó herido en la cabeza, pero Valle tuvo la mala suerte de clavarse uno de los gemelos de su camisa en el brazo, al recibir el bastonazo. Manuel Bueno huyó del café mientras continuaba recibiendo todo tipo de proyectiles arrojados por Valle: vasos, platos, botellas… Los guindillas (guardias) penetraron en el local para calmar el desorden mientras el escritor Tomás Orts Ramos acompañaba a Valle-Inclán al dispensario médico de la calle de Concepción Jerónima, con el fin de curarle sus heridas. Allí prestaron atención a un golpe que también el escritor había sufrido en la cabeza, pero no dieron importancia a la herida de la muñeca que unos días después se infectó y le produjo gangrena. De esta forma Valle tuvo que ser operado con posterioridad para amputarle su antebrazo izquierdo.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Placa conmemorativa de la contienda, sobre la fachada de la calle de Alcalá, nº 2.

El café de la Montaña fue centro de reunión de los escritores modernistas, seguidores de Rubén Darío, aunque también había tertulias del movimiento contrario. Todos los miembros de la Generación del 98, pasarían por este café con mayor o menor asiduidad.

Fuente: Urbanity.es (durante la Guerra Civil Española)
El café de la Montaña se convirtió también en cervecería. A la izquierda de la fotografía se ve el portal de entrada al Grand Hotel de París.

El café de la Montaña se mantendría abierto hasta después de la Guerra Civil Española. Hoy su local y el edificio Fontanella se encuentran ocupados por la tienda de una conocida marca multinacional, que ha desalojado de su ubicación también al famoso Grand Hotel de París (1864-2006) y al anuncio del Tío Pepe.






Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Bdh-rd.bne.es
Prensahistorica.mcu.es
“Madrid por dentro y por fuera” Eusebio Blasco Soler.
Es.wikipedia.org
Ucm.es
Urbanity.es


jueves, 24 de julio de 2014

LA PLAZUELA DE SAN JAVIER Y SU MESÓN.


En el Barrio de los Austrias de Madrid, entre la plaza del Cordón y la calle de Segovia, hay una pequeña calle llamada del Conde (antes calle de los Azotados) en honor al conde de Revillagigedo poseedor que fue de las casas allí construidas. En mitad de los cuarenta y cinco metros de longitud de esta vía se encuentra la plaza o plazuela de San Javier, la más pequeña de Madrid, que estuvo formada por los muros del palacio de Revillagigedo y por la casa que le dio nombre, propiedad de la Compañía de Jesús y que tenía en su fachada la imagen pintada al fresco de San Francisco Javier bautizando a los indios. (En la actualidad el palacio de Revillagigedo ha sido reemplazado por un edificio de oficinas municipales y la casa de los jesuitas (s.XVII) se ha convertido en un inmueble para viviendas).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Plazuela de San Javier, en la actualidad, junto a la calle del Conde.

La plazuela de San Javier fue el escenario que inspiró el primer acto de la zarzuela “Luisa Fernanda” de Federico Moreno Torroba, Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw, estrenada en el año 1868.

Fuente: idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Superposición de plano topográfico y vista aérea. El recuadro señala la plazuela de San Javier.

La prensa consultada pone por primera vez nombre oficial a esta plazuela de San Javier en el año 1781, anónima hasta entonces por tratarse de un lugar recóndito y con reducidas dimensiones que no tenía salida fácil hacia la calle de Segovia. 

Fuente fotografía izquierda: todocoleccion.net (años cincuenta del siglo XX)/ fotografía derecha: M.R.Giménez (2014)
Calle del Conde. A la derecha, plazuela de San Javier. A la izquierda, Mesón de San Javier.

La cuarta pared de la plazuela de San Javier está ocupada por el número 3 de la calle del Conde, una casona del siglo XVI con modificaciones posteriores, restaurada hoy y también convertida en un edificio de viviendas. En ella estuvo el famoso Mesón de San Javier

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada de lo que fue el Mesón de San Javier.

Parece que el primer propietario del edificio fue un aposentador de Felipe II, pero las primeras noticias que aparecen en la prensa con respecto a la instalación de un negocio relacionado con la gastronomía en esta casa corresponden al año 1832 y hacen referencia a un almacén de vinos que allí estuvo situado, con venta al público al precio de 10 a 12 cuartos cuartillo y, por mayor, a 34 y 36 reales arroba de vino.

Las crónicas apuntan a que el bandolero madrileño Luis Candelas Cajigal (1804-1837) frecuentaba este local, al igual que otras muchas tabernas de la época, por su situación apartada y recoleta.

Esta antigua casona, que pertenecía en el año 1838 a la manzana número 179 y tenía una superficie de 2440 pies, salió a la venta a voluntad de su dueño por un importe de 109.858 reales ese mismo año. En el edificio, y compartiendo espacio con el almacén de vinos, hubo desde el último cuarto del siglo XVIII un maestro cochero. Parece que dicho local fue anexionado a su vecino negocio cuando éste prosperó convirtiéndose en una botillería y poco después, alrededor del año 1857, en la Posada de San Javier, con habitaciones para huéspedes estables y cuadra para guardar potros y jacas. Era el lugar elegido por los fresqueros (personas que transportaban o vendían pescado fresco en Madrid) para instalarse durante sus viajes a la capital.

Los vecinos de la plazuela de San Javier se quejaban, en el año 1882, por el abuso que se comete por los carreteros que paran en la posada de la plazuela de San Javier, dejando los carros en la calle, arrimados a las casas, quitando la luz a los pisos bajos. 

La vieja posada se mantuvo en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado, muy probablemente. Tras la Guerra Civil Española, como todo el centro de Madrid, la zona estaba muy deteriorada y los edificios de plaza de San Javier se encontraban casi en ruinas. Pero en el año 1949 el viejo edificio fue rehabilitado, convirtiendo su piso bajo y el sótano en el Mesón de San Javier.

Fuente: memoriademadrid.es (1946)
Entrada al Mesón de San Javier, con su mostrador y anaquelería.

Bajo la dirección del arquitecto restaurador Enrique Lucchetti el nuevo Mesón de San Javier abriría al público en el año 1946.

Fuente: memoriademadrid.es (1946)
Dos aspectos de los comedores del mesón.

El lugar pasó a convertirse en un selecto y moderno restaurante que evocaba cada uno de los tópicos del Madrid antiguo. Los pisos superiores del inmueble continuaron siendo ocupados por vecinos.

Durante el mes de agosto de 1988 el local anunció su cierre y la venta de sus cuatrocientos metros. Tras una nueva rehabilitación el inmueble actualmente se ha destinado a viviendas. 






Fuentes:

“Manual Histórico-Topográfico, Administrativo y Artístico de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide
Memoriademadrid.es
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Es.Wikipedia.org