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viernes, 19 de diciembre de 2014

CAFÉ LION D’OR Y EL EDIFICIO DE LA GRESHAM DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Eran los años finales del siglo XIX cuando en la calle de Alcalá, entonces número 38 y hoy 18, abrió al público como cervecería el Lion d’Or, la más elegante de Madrid.

Fuente: Archivo Ruiz Vernacci. Mcu.es (años 40 del siglo XX). Fragmento de la fotografía.
Café Lion d'Or entre el Teatro Al"c"azar y el Banco de Vizcaya.


Propiedad de la familia Gallardo (al igual que el Café Lion de la calle de Alcalá, número 59, que abriría en el año 1931), el Lion d’Or acometió una gran obra de remodelación para convertirse en café y fue de nuevo inaugurado durante los primeros días del año 1906. Decorado al estilo Luis XV era tan suntuoso como severo en sus frisos, cenefas y lámparas para el alumbrado eléctrico. Sus muros estaban adornados por tapices de exquisita factura, con escenas de caza destacadas sobre un fondo de terciopelo rojo. Mesas de mármol de Mañaria (Vizcaya), jaspeado en blanco y negro sobre las que se colocaban las consumiciones en servicios de plata.

Fuente: B.N.E. (1933)
Aspecto de la terraza del Café Lion d'Or.

Poco a poco, lo que comenzó despachando cerveza se fue convirtiendo en uno de los cafés más importantes Madrid por el que pasarían las tertulias de los miembros de la Generación del 98, primero, y de la Generación del 27, después. Tal vez la tertulia que más renombre obtuvo en el café Lion d’Or fue la de los Humoristas, compuesta por escritores, dibujantes y pintores como José Francés “Silvio Lago”, Juan Alcalá del Olmo, Leal de la Cámara, Ramón Manchón Herrera, Tomás y Aurora Gutiérrez Larraya, Manuel Bujados, Pedro Antequera Azpiri, Ricardo García López “K-Hito”, Enrique Estévez-Ortega, “Tito”, Ricardo Marín, Pepito (José) Zamora, Enrique Ochoa, Germán Gómez de la Mata y Daniel Vázquez Díaz, entre otros. Todos ellos pasarían después al café Gijón, luego, en el año 1923, al café Jorge Juan y posteriormente a los bajos del Hotel Nacional en una reunión semanal e inalterable que tenía lugar todos los jueves.

Fuente: B.N.E. (1928)
Caricatura de Enrique Estévez-Ortega, uno de los integrantes de la tertulia de los Humoristas.

En el año 1903 la compañía de seguros Gresham Life Assurance Society Limited, se instaló en el edificio de la calle de Alcalá en el que se hallaba ubicado el Café Lion d’Or. Colocaría un gran cartel sobre su tejado y el inmueble pasaría a ser conocido como la casa o El Edificio de La Gresham.

Fuente: B.N.E. (1921)
Edificio de La Gresham durante la construcción del teatro (izquierda) y del banco (derecha). 

Corría el año 1921 mientras la casa de La Gresham se encontraba en medio de dos grandes edificios en construcción: El banco de Vizcaya y el teatro Alkazar (que cambiaría la “k” por la “c” en el año 1940). En la edificación del teatro la cimentación entró por debajo de la casa Gresham, en la parte de la medianería, y a media tarde del sábado 26 de marzo de 1921, cuando el Café Lion d’Or contaba con más afluencia de público, provocó el hundimiento de su suelo.

Durante las semanas anteriores a este suceso, los vecinos del edificio de La Gresham habían percibido ciertos temblores en las paredes, habiéndolo comunicado al propietario que, acompañado de un técnico y tras inspeccionar el inmueble, afirmó que no existía peligro. Las obras siguieron adelante.

Fuente: B.N.E. (1921)
La fotografía recoge el hundimiento del edificio de La Gresham por el lado del café Lion d'Or, cuyo muro era de arcadas e incapaz de ejercer contención.

El hundimiento se produjo por la filtración de una vía de agua que pasaba por debajo del café, motivando el reblandecimiento de la tierra arenisca que no estaba contenida por el muro de arcadas del edificio. Los parroquianos del Lion d’Or fueron engullidos por el enorme socavón junto a escombros, mesas, sillas y demás servicios del local.

Rápidamente se organizaron trabajos de rescate, mientras se avisaba a los bomberos. Tres de los clientes presentaban un estado de enorme gravedad y uno de ellos fallecería un mes más tarde. El edificio de La Gresham fue desalojado de inmediato y se acordonó ese tramo de la calle de Alcalá, interrumpiendo la circulación a vehículos y peatones.

Fuente: B.N.E. (1921)
Viñeta aparecida en prensa cuando se apuntaló el edificio de La Gresham, prohibiendo el paso por la zona.

El arquitecto del edificio de La Gresham, Celestino Aranguren Alonso, ya se había opuesto tenazmente a la realización de las obras del futuro teatro Alkazar fundándose en que constituían un peligro para la citada casa, construida por él. Tras producirse el hundimiento se trasladó al lugar para reconocer las causas del accidente y, una vez evaluado el siniestro, falleció de un ataque de asistolía en el interior del coche que lo llevaba a su domicilio. Fue sustituido por el arquitecto Antonio Ferreras Posadillo.

Al desalojar la casa se vio que el hundimiento había provocado un boquete de tres metros de extensión por el que los heridos se habían precipitado a diez metros de profundidad, cayendo al sótano del café. 

Una semana después del siniestro los peritos encargados de evaluar el estado del edificio concluyeron en la necesidad de su demolición. Por entonces seguía cortado el paso de la calle de Alcalá y también el de la calle de Sevilla, lo que provocaba grandes trastornos a viandantes y conductores. 

El nuevo arquitecto Ferreras quería salvar el inmueble a toda costa, a pesar de que varios nuevos temblores de la casa llegaron a dejar la esquina, donde se había producido el derrumbe, colgada sobre el vaciado que tenía una profundidad de siete metros. Se apuntaló el edificio por medio de tornapuntas y cruces de San Andrés de madera, quedando restablecido el tráfico de la zona diez días después de la catástrofe. 

Al fin el edificio de La Gresham fue salvado de la piqueta, el teatro Alkazar y el banco de Vizcaya terminaron de construirse y el Café Lion d’Or abrió sus puertas de nuevo, hasta que en el año 1963 fue sustituido por la moderna cafetería Nebraska, negocio abierto en la actualidad.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Mcu.es – Archivo Ruiz Vernacci.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

lunes, 8 de diciembre de 2014

DOS PASTELERÍAS DE MADRID: LA FLOR Y NATA y LA FAVORITA.

Algo sí ha cambiado la plaza de Celenque desde que en ella se inauguró la pastelería y confitería Flor y Nata de Madrid, aquel 5 de diciembre de 1877, ubicada frente a la casa donde vivía Práxeles Mateo Sagasta (Presidente del Consejo de Ministros entre los años 1871 y 1902).

Fuente: Fotografía de la izquierda, lahistoriadelapublicidad.com
Fotografía de la derecha de M.R.Giménez (2014)
Anuncio de la pastelería "Flor y Nata de Madrid" citando como referencia de su situación, frente a la casa del Sr. Sagasta. A la derecha, el mismo lugar en la actualidad. 

La plazuela de Celenque ya aparecía bien definida, junto a la calle del Arenal, en el plano de Madrid de Pedro Texeira del año 1656. Durante la primera mitad del siglo XIX fueron construidos dos de los tres edificios ubicados en ella y que aún perduran: los correspondientes a los números 1 y 3. El actual número 2 de esta plaza fue antes ocupado por la parte trasera del magnífico inmueble de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, en su ampliación del año 1922, que fue demolido por completo a finales de los años sesenta del siglo XX. Junto a su puerta se encontraba la pastelería Flor y Nata de Madrid.

Fuente: Urbanity.es (1934)
Edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, hoy desaparecido. En la izquierda de la fotografía se aprecia la fachada de la pastelería "Flor y Nata de Madrid", con su farola de globo.
 
La Flor y Nata de Madrid era propiedad de la sociedad compuesta por Camps y Canals, que en la siguiente década (años ochenta del siglo XIX) pasaría a denominarse Camps, Pujol y Compañía. 

El negocio abrió en el año 1877 como establecimiento de lechería y pastelería y su especialidad era confeccionar todos los dulces posibles realizados a base de nata. Pasteles helados, ramilletes de flor de nata, leche merengada a real y medio el vaso. Todos los artículos se fabricaban con leche pura de Las Navas, que también se despachaba a granel en este establecimiento.

La procedencia catalana de los dueños de la pastelería propiciaba también la venta de embutidos como el salchichón de Vich y la butifarra, además de dulces típicos como los tofells y los panellets, los deliciosos tortells (torteles), las almendras legítimas de Arenys y los azucarillos de cerveza. 

Fuente: Viejo-Madrid.es (primer cuarto del siglo XX).
Interior de la pastelería "Flor y Nata de Madrid".

La pastelería y confitería Flor y Nata de Madrid se mantuvo abierta en el mismo local hasta el principio del año 2000, siendo objeto de varias remodelaciones que hicieron desaparecer toda su decoración original. Fue reemplazada por un bar-restaurante.

Fuente: Fotografía de la izquierda de Memoriademadrid.net (1912). Fotografía de la derecha de M.R.Giménez (2014)
La plaza de Celenque antes y ahora. De ella arrancaba la calle de Mariana Pineda, hoy llamada del Maestro Victoria. 

Otra de las preciosas pastelerías del centro de Madrid se ubicaba en la calle de la Montera, esquina con la del Caballero de Gracia y llevaba el título de La Favorita.

Fuente: Fotografía de la izquierda ABC.es (1908). Fotografía de la derecha de M.R.Giménez (2014).
Calle de la Montera esquina con la calle del Caballero de Gracia, antes y ahora. 

Ya hay noticias de la existencia de la repostería y pastelería La Favorita en la prensa del año 1905, cuando allí se vendía el café tostado de “Las tres coronas” a 6 pesetas el kilo y llevaba en todos los paquetes instrucciones para hacerlo.

Su dueño, el industrial Honorato del Río Bengoechea, tenía abierto otro establecimiento café-bar llamado Viña H en la cercana calle de Fuencarral.

Fue el día 10 de octubre de 1908 cuando vino a inaugurarse el espléndido nuevo local de La Favorita, que había agrandado el negocio con un precioso salón para buffet y repostería en sus entresuelos.


Fuente: ABC.es (1908).
Interior del salón para buffet inaugurado en los entresuelos de la pastelería "La Favorita".

La espléndida decoración del local fue llevada a cabo por los pintores Daniel Perea Rojas (conocido dibujante y pintor de temas taurinos) y Demetrio López Vargas (que se haría muy popular por sus dibujos de mujeres con largas y torneadas piernas así como por la creación de los personajes infantiles “Lolín y Bobito”).

Fuente: B.N.E. (1912)
Anuncio publicado en la prensa.

El nuevo salón tenía acceso independiente por el portal de la casa número 2 de la calle del Caballero de Gracia, esquina a la de Montera y contaba con mesas rectangulares de mármol de Italia con cantoneras biseladas y enormes espejos en sus paredes. En él se servían los mismos géneros que en la tienda, al mismo precio, siendo su especialidad los pollos asados, a cuatro pesetas.

Los últimos anuncios en prensa de la pastelería La Favorita se corresponden con los primeros años treinta del siglo pasado. Después, el local se convirtió en una tienda de hules y gomas. En la actualidad es una sala de fiestas y copas.




Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca del ABC
ABC.es
Memoriademadrid.es
Lahistoriadelapublicidad.com
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
Viejo-Madrid.es
Urbanity.es
Es.wikipedia.org

lunes, 24 de noviembre de 2014

EL BAR CHUMBICA Y LA FUENTE DE LOS CUATRO CAMINOS.

Cuando en los años ochenta del siglo XIX Julián Sanz estableció su tienda de ultramarinos en la glorieta de los Cuatro Caminos, número 2 (que hoy se corresponde con el nº 8) esquina con la calle de los Artistas, esta zona de Madrid aún no sospechaba la importante expansión que se disponía a alcanzar tan solo tres décadas después. La actual avenida de la Reina Victoria era por entonces un pequeño camino llamado ronda de Aceiteros, la calle de Raimundo Fernández Villaverde era la ronda del Ensanche y la calle de Bravo Murillo se denominaba calle de la Mala de Francia, hasta la glorieta, y carretera de Irún en su parte norte.

Se puede decir que en esa época Madrid terminaba en la glorieta de los Cuatro Caminos, zona de enormes descampados, con míseras viviendas construidas por sus propios dueños y surcada por acequias de riego, pero pronto sería el lugar elegido para instalar el final de la primera línea del Metropolitano de Madrid - Sol/Cuatro Caminos - con sus cocheras (1919) y para levantar el conjunto de edificios más alto construido hasta entonces, denominados Titánic (1920-1923) por la forma de sus chimeneas y propiedad de la Compañía Urbanizadora Metropolitana. 

A mediados de la década de los años diez del siglo pasado Julián Sanz, aquel propietario de los ultramarinos del que hablamos al principio, vino a inaugurar el bar más afamado de la glorieta de los Cuatro Caminos titulado Bar Chumbica.

Fotografía: Amigos de Tetuán de las Victorias.
El bar Chumbica de la glorieta de los Cuatro Caminos en la segunda década del siglo XX.

El Chumbica era el bar con mejor situación de la glorieta de los Cuatro Caminos y servía también como centro de conexión para las ventas y compras más relevantes de las gentes del barrio y alrededores. Coches, casas, muebles, traspasos de locales, alquiler de habitaciones, etc. Cualquiera que tuviese algo que mercar se dirigía a este establecimiento para conseguir contactos.

Fuente: B.N.E. (1930)
Anuncio en prensa del Bar Chumbica.

Situado en una casa baja de la glorieta, que hacía esquina con el número 101 de la calle de Bravo Murillo, el bar Chumbica estaba dotado de una gran terraza-merendero y era famoso por sus bajos precios. Lo más barato de su menú era el vaso de recuelo con puntas (café cocido por segunda vez y restos de pan) al precio de 10 céntimos de peseta, en los años veinte del siglo pasado. 

Fuente: B.N.E. (1915)
Terraza del Bar Chumbica.

Un pavoroso incendio tuvo lugar en el inmueble del Chumbica el día 7 de enero de 1920, época en que el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien cambiar la denominación de la glorieta, que pasó a llamarse de Ruiz Giménez durante más de una década. El bar compartía el edificio, de una sola altura, con el restaurante “La Perla” y con una droguería. Mientras los dependientes de ésta última se hallaban realizando un preparado especial para suelos de madera, una chispa provocó la inflamación del producto y todo salió ardiendo. Los vecinos del barrio formaron una fila desde la droguería hasta la mitad de la calle de Bravo Murillo y fueron sacando los géneros de las tres tiendas. Uno de los testigos del siniestro fue Alfonso XIII, que detuvo su automóvil de dos asientos, descendió y se puso a curiosear.

Las pérdidas materiales fueron cuantiosas pero, por fortuna, no hubo daños personales. 

A finales del año 1926 el teléfono automático llegó también a Cuatro Caminos. La Compañía Telefónica Nacional de España, fundada dos años antes, invitaba por entonces a sus abonados a aprender el manejo de los aparatos e instaló mesas en varios locales de Madrid, con el fin de realizar sus demostraciones. Uno de los elegidos fue el Bar Chumbica, donde entre las 9,30 a 13,30 y 15,30 a 10 horas todos los días, incluso festivos, empleados de la compañía enseñaban el funcionamiento de los nuevos artilugios.

Fuente: Amigos de Tetuán de las Victorias (años 20 del siglo XX).
Vista aérea de la glorieta de los Cuatro Caminos. En la parte superior se aprecia parte de los edificios Titánic y junto al primero la terraza y el edificio del Bar Chumbica.

El bar Chumbica pasó a manos de Régulo Finol a principios de la década de los años treinta del siglo XX, quien modernizó el local. Además de su café expréss uno de los mejores de Madrid, el nuevo Chumbica ofrecía cerveza fresca y con excelente presión, desayunos inmejorables y la más escrupulosa higiene. Recibió quejas de los vecinos, en un artículo publicado en la prensa con el título “Contra los pulmones y la higiene”, por los olores y la humareda que producía su nueva máquina americana especial para confeccionar postres diferentes, que en realidad debía tratarse de una gran freidora. 

Fuente: Andrés Molina González. Amigos de Tetuán de las Victorias (1934)
Frente a la puerta del Bar Chumbica el quiosco de prensa y tras él la entrada del Metro de Cuatro Caminos.

Hasta el año 1957 el Chumbica se mantuvo abierto en la glorieta de los Cuatro Caminos, siempre con el eterno quiosco de prensa frente a su puerta. Hoy su edificio ya no existe; fue reemplazado por enormes inmuebles para oficinas en la década de los años sesenta del siglo pasado, cuando también se construyó el “scalextric” que atravesaba la glorieta y que, por fortuna, pasó a mejor vida en el año 2004.

Canal Youtube de M.R.Giménez
Fuente de Isabel II - La fuente viajera.
Música: "Dance of the selves" (Sunrise) de Fabio Confalone.


En el centro de la glorieta de los Cuatro Caminos hubo una fuente con historia, que no estuvo exenta de ajetreo. Conocida con el nombre de Fuente de Isabel II, fue proyectada por Juan Aranguren para celebrar la inauguración de las Aguas del Lozoya o la llegada de un caudal suficiente para abastecer de agua a los habitantes de Madrid, por entonces cada vez más numerosos.

La fuente sería inaugurada el día 24 de junio de 1858, en su emplazamiento provisional situado en la calle Ancha de San Bernardo. De esa ubicación pasaría a ser instalada en el centro de la Puerta del Sol en el año 1862, también para festejar el final de las obras de remodelación. Posteriormente fue a parar a la glorieta de los Cuatro Caminos, donde se mantuvo desde el año 1912 hasta principios de los años treinta del siglo XX. 

La Fuente de Isabel II fue desmontada y sus elementos guardados u olvidados, a excepción del gran surtidor que podía lanzar el agua a diecisiete metros de altura y que ya formaba parte del estanque situado junto al Palacio de Cristal, en el parque del Retiro. Actualmente el pilón de esta fuente se encuentra situado en la Casa de Campo, junto a la entrada del Puente del Rey.

Fotografía: M.R.Giménez y Manuel Chamorro (2014)

La glorieta de los Cuatro Caminos es hoy un lugar por donde la gente va deprisa, entra o sale del Metro, cruza apremiada por los semáforos y se apresura para coger los múltiples autobuses que en ella tienen parada. Los bajos edificios de otros tiempos han sido prácticamente sustituidos por otros gigantescos e impersonales, cuyas fachadas envían de forma insistente mensajes que el transeúnte no suele percibir. Sólo de vez en cuando es posible sorprenderse con el anuncio de una proposición que nos sugiere optimismo, tal vez ingenuo, pero siempre bienvenido.







Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca del ABC.
Amigos de Tetuán de las Victorias-Facebook.
Bdh-rd.bne.es
Fuenterrebollo.com
Es.wikipedia.org

martes, 11 de noviembre de 2014

TASTING ROOM.

El lindísimo y elegante establecimiento denominado Tasting Room fue inaugurado como tienda de refrescos espumosos el día 24 de mayo de 1908, en el número 1 de la carrera de San Jerónimo de Madrid. Sus propietarios, Bruno Valle e Inocente Rodrigo, eran conocidos industriales madrileños.

Fuente: ABC.es (1908)
Interior del Tasting Room, a los pocos días de ser inaugurado. En su decoración predominaba el color blanco.

Este coquetón local tenía reducidas dimensiones, servía hasta veintitantas clases de exquisitos refrescos espumosos realizados con extractos de frutas y aguas filtradas, con arreglo a las más escrupulosas condiciones higiénicas y poseía los últimos adelantos de esta industria. Ofertaba zarzaparrillas, cafés, horchata, limonadas, chocolates además de cerveza, sidra y vermouth. Se hicieron famosas las especialidades de la casa: Jarabe Chartreux y Crema Victoria.

Era conocido por la baratura de sus precios y por ser uno de los negocios del ramo que no admitía propinas.

El bonito y refinado establecimiento abría únicamente en la temporada estival y se mantuvo en activo sólo durante dos temporadas. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Carrera de San Jerónimo, nº 1, en la actualidad.

Fue sustituido por la Cervecería del Rhin, que abrió sus puertas el día 23 de noviembre de 1910 y tan sólo subsistió durante poco más de un año.

Esta cervecería también ofertaba café especial, chocolates, fiambres, bocadillos y su especialidad era el bizcocho del Rhin. 

A principios del año 1911 anunciaba la degustación de tés de las más acreditadas marcas, con lecho o sin leche, desde las cinco hasta las ocho de la tarde y acompañados de galletas especiales, a un precio de 0,60 céntimos (de peseta). Otro de sus servicios era el envío de mensajes gratis a domicilio para sus clientes.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la Cervecería del Rhin correspondiente al día 7 de diciembre de 1910.

En enero del año 1912 una almoneda vendía todo el mobiliario, enseres, cristalería y metal blanco del establecimiento.





Fuentes:

ABC.es
Hemeroteca de la B.N.E.

lunes, 27 de octubre de 2014

UN COLEGIO, UN TEATRO Y UN CINE EN LA CORREDERA BAJA DE SAN PABLO.

En el barrio de Malasaña, distrito Centro de Madrid, se sitúa la Corredera Baja de San Pablo a la que continúa la Corredera Alta, que alguna vez y por poco tiempo vino a llamarse calle de San Ildefonso. Ambas Correderas fueron una sola vía hasta principios del siglo XVIII –Corredera de San Pablo- y nunca antepusieron a su nombre el de “calle” para no caer en la redundancia. (Corredera significa calle larga o prolongada).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)

El número 39 (que fue nº 41 hasta el año 1936) de la Corredera Baja es hoy un supermercado de alimentación, pero no siempre fue así. Si nos remontamos hasta mediados del siglo XIX podremos descubrir que en el terreno que hoy ocupa este edificio estuvieron instalados un colegio, un teatro y un cine de sesión continua con programa doble que vendría a convertirse en sala X durante la década de los años ochenta del siglo pasado.

El político y tercer Presidente de la I República Española, entre otros cargos de relevancia, además de profesor y pedagogo Nicolás Salmerón Alonso (1838-1908) fundó el Colegio Internacional en la antigua casa nº 41 de la Corredera Baja de San Pablo, en el año 1866. 

Fuente: B.N.E. (1866).
Anuncio del Colegio Internacional convocando plazas gratuitas para alumnos, mediante oposición.

El Internacional era un colegio que no hacía odioso al maestro ni cargante el estudio. No se usaban palmetas, ni otras disciplinas, ni se injuriaba a los niños llamándoles brutos cuando no se sabían la lección. Admitía alumnos internos, medio-pupilos y externos, todos ellos con al menos seis años de edad.

Nicolás Salmerón siempre defendió la libertad de cátedra, negándose a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral; por esta razón fue expulsado de su puesto como catedrático en la Universidad Central de Madrid. Fundó el Colegio Internacional, de enseñanza laica, siguiendo la filosofía krausista que llevaría diez años después a constituir un magnífico proyecto pedagógico: La Institución Libre de Enseñanza (ILE).

El Colegio Internacional se mantuvo en la Corredera Baja durante los años 1866 y 1869, para después trasladarse al viejo caserón de la calle de San Bernardo, número 19 (hoy sustituido por un insulso edificio de oficinas con el nº 17). Después de otro traslado, a la calle de Regueros, el Internacional, ya sin su director Nicolás Salmerón, pasó a formar parte de la ILE.

Fuente fotografía de la izquierda: Pares.mcu.es (Durante la Guerra Civil).
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014)
El Teatro de Cervantes, antes Salón Nacional, destruido por los bombardeos, desde la esquina de la Corredera con la calle de la Ballesta.
Hoy, el mismo lugar con el edificio de Luis Gutiérrez Soto y el supermercado.

La vetusta casa del Colegio Internacional, en la Corredera Baja de San Pablo, fue sustituida por un nuevo edificio proyectado para albergar un teatro. Fue así como el sábado 10 de octubre de 1908 se inauguró el Salón Nacional con todos los adelantos modernos y con todos los requisitos reglamentarios. 

Propiedad de la empresa Pla y Compañía, el nuevo teatro era amplio, espacioso, cómodo y elegante siendo diseñado por el arquitecto Pablo Aranda Sánchez con decoraciones, embocadura y telón pintados por el escenógrafo Luis Muriel. Para su inauguración se escogieron tres obras en verso y durante sus intermedios fueron exhibidas proyecciones cinematográficas.

En el mes de noviembre de 1911 el Salón Nacional fue arrendado por el entonces famoso actor y director Ricardo Simó-Raso, que se instalaría en él formando compañía propia. Simó modificó completamente el local, que pasaría a denominarse Teatro de Cervantes.

Fuente: Urbanity.cc (Abril de 1936).
Fachada del Teatro de Cervantes.

A decir de la prensa fue tal la obra acometida en el recién inaugurado Teatro de Cervantes que casi había sido construido sobre los cimientos del antiguo Salón Nacional, del que apenas han quedado en pie las paredes. Proyectado por el arquitecto Francisco Reynals Toledo, estaba dotado de calefacción y de un magnífico alumbrado con cincuenta y cinco aparatos, tenía veinte filas de butacas en la sala y dos pisos con treinta y dos palcos ricamente decorados con cortinajes de terciopelo verde. Las localidades eran cómodas y, destacaba un hecho importante: Desde ellas se ve no sólo la escena, sino también las demás localidades del teatro.

Una tercera reforma tuvo lugar en el Teatro de Cervantes durante el año 1916. El arquitecto Joaquín Rojí López-Calvo aumentaría la capacidad del local añadiendo dos plantas superiores, lo que llevaría a perder el ambiente acogedor inicial de la sala al resultar ésta demasiado alta y excesivamente larga. 

El Cervantes ya se anunciaba en la prensa indistintamente como cine o teatro durante los últimos años de la década de los veinte del siglo pasado. En la Guerra Civil Española el edificio fue bombardeado y destruido por completo y en su lugar se levantaría un nuevo inmueble de viviendas, con un cine en su parte baja: El Cine Cervantes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
El Cine Cervantes se convirtió en Sala X en el año 1984.

El nuevo edificio de la Corredera Baja de San Pablo, ya número 39, fue un proyecto del arquitecto Luis Gutiérrez Soto e incluyó cinco pisos para viviendas y un local para cine. El nuevo Cine Cervantes fue inaugurado el día 28 de marzo de 1942, programando las películas “La fortuna escondida” (1935) y “Posada en Jamaica” (1939). 

Concebido como sala de sesión continua, con doble programación de películas que habían sido estrenadas con anterioridad en locales de superior categoría, el Cervantes se convirtió en el cine de barrio más moderno y lujoso de los que entonces se ubicaban por detrás de la Gran Vía. 

Fuente: ABC (1942).

Cientos de programas dobles pasaron por el Cine Cervantes desde las cinco de la tarde hasta las doce y media de la noche, cada día. Películas de vaqueros, romanos, terror, policíacas y aquellas de asesinatos que curiosamente nunca tenían lugar en este país a pesar de tratarse de producciones españolas. Allí se podía ver al 007 James Bond, años después de su estreno, sin preocupación por enseñar el carné de identidad en la taquilla. Por su pantalla pasaron las licantrópicas transformaciones de Paul Naschy (Jacinto Molina Álvarez), los clásicos en celuloide como “Fuenteovejuna” y tantas otras anunciadas con el reclamo de grandioso programa en color, cuando por entonces casi todo era en blanco y negro.

El Cervantes se mantuvo como cine de barrio hasta el año 1984 y tras una nueva reforma pasaría a formar parte de las salas con programas de los llamados X, para adultos, en sesión continua desde las 10,30h. de la mañana.






Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Nicolás Salmerón, fundador y director del Colegio El Internacional, modelo y ensayo para la Institución Libre de Enseñanza. 1866-1874” Juan Manuel Díaz Sánchez.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Es.Wikipedia.es
Pares.mcu.es
Catálogo de la exposición “Luis Gutiérrez Soto” 1997.

Agradecimiento muy especial para David Miguel Sánchez Fernández, del blog http://cinesdemadrid.blogspot.com.es/ por la documentación aportada para este artículo.

viernes, 10 de octubre de 2014

PASAPOGA, SALA DE FIESTAS.

Con exuberante decoración a base de pinturas murales, grandes columnas, cortinajes, mármoles, espejos y hasta 12 kilos de auténtico oro para recubrimiento de sus artesonados, abrió en la avenida de Pi y Margall, número 15 (hoy Gran Vía, 37) de Madrid el ostentoso Pasapoga, en los sótanos del cine Avenida.


Fotografía: M.R.Giménez (2007)

En un principio, la planta baja del cine Avenida (1928) había sido destinada a ser el salón de billar más grande de Madrid, siendo inaugurado en el mes de octubre de 1930 con el mismo nombre del cine. El recinto presumía de sus techos de siete metros de altura, medida inusual en cualquier negocio semejante, y refinadas mesas de absoluta precisión de marca Guarner. Este negocio no duraría más de un lustro, tal vez por la competencia de la cercana Sala de billares del cine Callao y sus treinta y dos mesas de juego.

El local quedó en desuso hasta que los socios Vicente Patuel, Julio Sánchez, Rafael Porres y Rafael García decidieron inaugurar una opulenta sala de fiestas en lo que fueron aquellos billares; su nombre, Pasapoga, sería el acrónimo formado por las dos primeras letras de los apellidos de sus cuatro propietarios.

Fuente: Fotografía de la izquierda, Newscom.com (1962). Foto de la derecha: M.R.Giménez (2007)
Dos aspectos del Cine Avenida y de la puerta del Pasapoga con casi medio siglo de diferencia.

Proyectado por el arquitecto Enrique Simonet Castro y decorado por Mariano García, el Pasapoga abrió sus puertas el día 20 de mayo de 1942, a las 10,30 horas de la noche, exigiendo rigurosa etiqueta. El local, con planta de herradura, estaba revestido de mármol blanco, negro y verde en el vestíbulo, la concha del bar, columnas, palcos, escalinatas y en las cuatro pistas de baile con las que contaba. 

Dos puertas de hierro con aplicaciones en metal daban acceso desde la calle al vestíbulo recubierto con mármol de colores. Otra puerta interior, también en hierro, marcaba el inicio de la alfombrada escalera que remataba sus pasamanos dorados con sendos candelabros monumentales.

Fuente: Fotografía de la izquierda, diariomadrid.net (1965). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014). Puerta de acceso a Pasapoga.

En el piso inferior se encontraba el mostrador del bar, tenía forma de medio óvalo con banquetas giratorias a su alrededor y contaba con la más moderna maquinaria para dispensar agua de seltz y café, funcionando indistintamente con gasolina o electricidad.

Fuente: memoriademadrid.es (1953)
Escalera de acceso y mostrador del bar en forma de medio óvalo rodeado por banquetas giratorias.

Mobiliario de estilo isabelino, enormes alfombras, arañas y aparatos eléctricos en bronce y cristal, pinturas murales y hasta un gran lienzo del pintor Ramón Stolz Viciano cuyo coste fue de 1.500.000 pesetas de la época, conformaban una fastuosa decoración en los dos pisos del Pasapoga que, junto a estucados y su recubrimiento en pan de oro, había tenido un presupuesto de 3.600.000 pesetas del año 1942.

Fuente: tesorosdelayer.com (1942).
Guardarropa decorado con muebles isabelinos y zona de la orquesta.

Para acceder a Pasapoga era necesario abonar una entrada que, en el año 1942, costaba entre 15 y 18 pesetas, respectivamente en horario de tarde y noche.

Es necesario señalar que tanto en Madrid como en el resto del país tras la Guerra Civil Española, el año en que fue inaugurado el lujoso Pasapoga (1942) fue denominado como “el año del hambre”. El exilio, las ejecuciones permanentes de los republicanos que habían perdido en el conflicto, las penas de cárcel, las muertes por inanición y enfermedad, la desnutrición, la falta de medicinas y de todo lo necesario para una vida digna chocaba frontalmente con el lujo exhibido en esta sala de fiestas, hasta el punto de ser prohibido por la dominante censura fascista del momento el siguiente párrafo del anuncio referido a la inauguración del local: "Como complemento de tanta fastuosidad y riqueza, los más elegantísimos trajes de noche y las más valiosas joyas, lucidas por bellísimas damas, que con su presencia dieron realce a esta memorable inauguración que perdurará en los anales del Madrid aristocrático como fiesta de gran tono” (Arriba- 21/5/1942).

Las cartillas de racionamiento de productos básicos, vigentes en la posguerra española entre los años 1939 y 1952, servían para distribuir entre la población los alimentos de primera necesidad, pero a todas luces insuficientes y de mala calidad. El hambre, la miseria y la enfermedad se cebó con los ciudadanos que debían, para más inri, ensalzar casi en cada esquina la figura del dictador Francisco Franco y máximo responsable de la catastrófica Guerra Civil Española y de la tremenda posguerra. 

Mientras el salario medio diario de un electricista era de 20’15 pesetas, el de un panadero 12,58 pesetas y el de una costurera 7’55 pesetas, un té con pastas acompañado de mermelada y mantequilla (productos inexistentes para la población) costaba 16 pesetas a la concurrencia aristocrática del Pasapoga. De esta manera los madrileños comenzaron a denominar a esta sala de fiestas el Pasa y paga, naturalmente de puertas afuera.

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
Entrada principal del Cine Avenida (que en su última etapa tuvo varias salas) y puerta de acceso de Pasapoga. Ambos locales ya estaban cerrados en el momento de tomar la fotografía.  

En el mes de septiembre de cada año Pasapoga inauguraba su temporada. Las orquestas más famosas hacían bailar a sus encopetados clientes que bebían coñac con sifón o gin-fizz, y eran capaces de abonar las 10 pesetas que costaba el paquete de tabaco americano obtenido en el mercado negro (estraperlo). Artistas como Josephine Baker, Juliette Grèco, Ava Gadner o Jorge Negrete eran asiduos, durante sus visitas en Madrid, a esta sala de fiestas en la que se presentaría una jovencísima Sarita Montiel cantando “Yo te diré” como única melodía de su repertorio.

Con el tiempo la opulenta sala Pasapoga fue superada por nuevas modas que propiciaron su decadencia paulatina. Tras los momentos de esplendor durante aquella larga posguerra, se acabaron las presentaciones de moda que las casas de alta costura realizaban en sus pistas de baile, al no contar con pasarelas apropiadas; terminaron las fastuosas fiestas privadas de empresas que alquilaban aquel marco incomparable de lujo, único en Madrid, así como los dispendiosos bailes de disfraces que la alta burguesía y la aristocracia triunfadoras de la Guerra Civil solían celebrar. El Pasapoga pasó a ser una más entre la multitud de las salas de fiestas que iban abriéndose en Madrid, más modernas y con precios asequibles. 

Lo que comenzó con aires de glamour desmesurado, tras haber pasado por distintas fases de deterioro, sucumbió ante la oferta de una cadena de grandes almacenes del ramo textil que también se llevó por delante al Cine Avenida. 

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Lo que hoy queda de Pasapoga: Puerta de acceso y decoración interior de los almacenes.

De Pasapoga no queda más que su nombre en una pequeña vitrina situada tras lo que fue la puerta de acceso y una decoración bastante kitsch, que quizá pretenda rendir un chocarrero homenaje a lo que hasta el año 2003 hubo en este local de la Gran Vía. También quedó para la memoria histórica la anécdota que tuvo como protagonistas al director de cine Luis García Berlanga y, una vez más, a la censura franquista del año 1962 y que fue contada por el propio director: En el episodio que hice para la película Las cuatro verdades (llamado: La Muerte y el leñador) se me impuso un corte de guión. Estaba escrito: “Vista general de la Gran Vía”. Cuando subimos a lo alto del edificio Carrión, la productora lo eliminó como un plano engorroso de hacer, en realidad porque alguien de la censura había comentado: “Una vista general de la avenida… ¿quién nos garantiza que Luis no mete a dos obispos saliendo del Pasapoga?. Debía habérseme ocurrido a mí, es una espléndida idea.






Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca de ABC
“Posguerra, publicidad y propaganda -1939-1959” Círculodebellasartes.com
Hemeroteca de la B.N.E.
Newscom.com
Memoriademadrid.es
Tesorosdelayer.com
Diariomadrid.net

Encarnación Chamorro (in memoriam)

lunes, 29 de septiembre de 2014

EL CAFÉ DE QUEVEDO.

En la década de los años ochenta del siglo XIX, cuando la glorieta de Quevedo de Madrid estaba rodeada por las calles de La Habana (hoy Eloy Gonzalo), Navas de Tolosa (hoy prolongación de San Bernardo), Real (hoy prolongación de Fuencarral), en lo que aún no se llamaba distrito de Chamberí, vino a establecerse el Café de Quevedo en el número 2 de esta plaza (hoy nº 9).

Fuente: Ricardo Márquez - Historias-matritenses.blogspot.com
Glorieta de Quevedo en las primeras décadas del siglo XX. A la derecha, con fachada blanca, el Café de Quevedo. 

Sin ninguna duda puede afirmarse que este de Quevedo era un café de barrio, de uno peculiar como lo era entonces Chamberí porque aún se estaba conformando. Eran tiempos en los que el hoy distrito de Tetuán (de las Victorias) ni siquiera pertenecía a Madrid, ya que fue un municipio independiente de la capital hasta el año 1948.

Fuente: Bibliotecavirtualdemadrid.org. Plano de Madrid de José Pilar Morales (1880).
La glorieta de Quevedo aparece rodeada por las calles de La Habana, Real y Navas de Tolosa.

El originario Café de Quevedo era propiedad de Manuel Fernández Cipriano, tenía salón de billar y en él se reunían con asiduidad los miembros del Partido Republicano Progresista de Manuel Ruiz Zorrilla, pertenecientes al distrito del Hospicio. Se ubicaba en la esquina de la glorieta de Quevedo con la entonces calle de La Habana, cuya denominación cambiaría por la de Eloy Gonzalo en el año 1899, tras la pérdida de las últimas colonias de ultramar.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1914)
Interior del Café de Quevedo.

La prensa informa de la tormenta de piedra única en su clase que cayó sobre Madrid la tarde/noche del día 9 de junio de 1899 y que fue seguida de un fuerte aguacero. Las inundaciones afectaron desde el Hipódromo (hoy Nuevos Ministerios) hasta la Estación del Mediodía (Atocha), arrastrando a su paso todo lo que se encontraba en el camino. Piedras, árboles, quioscos, carruajes y sus animales, fueron arrasados por el agua que reventaba cañerías incrementando el caudal. El granizo, con piedras del tamaño de un huevo gordo de gallina, ocasionó numerosas lesiones a quienes se encontraban en la calle y rompió todos los cristales de los patios cubiertos en hoteles, pasajes, palacios y palacetes. 

Todo ello no impidió al nuevo dueño José Álvarez, propietario también del Café de San Luis, inaugurar con éxito en esa misma noche tormentosa su nuevo Café de Quevedo e invitar a toda la prensa.

En el Quevedo recién estrenado, café bien situado en el barrio de Chamberí en cuyos límites está enclavado, continuaron celebrándose banquetes de los republicanos cada 11 de febrero (aniversario de la proclamación de la I República Española). Tres años después de esta apertura Álvarez decidió dar un nuevo ambiente a su negocio y encargó al pintor Antonio Candela la restauración del local con gusto y sencillez, en cuya decoración predominarían los elegantes colores blanco y oro. También la música tendría protagonismo en este nuevo café con los conciertos de piano y bandurria a cargo de los maestros Mariano Vázquez y Vicente Belloch. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1914)
Interior del Café de Quevedo con su piano de cola.

Un luctuoso suceso tendría lugar en el café de Quevedo el día 13 de diciembre de 1913. Bajo el epígrafe “Crimen por ochenta céntimos”, los periódicos informaron sobre la disputa entre dos camareros que, tras cobrar el importe de las partidas de billar a un grupo de parroquianos, comenzaron a discutir sobre el reparto de la propina de 0,80 pesetas que aquellos habían dejado. Lo que empezó como discusión terminó con una puñalada gravísima en el vientre. A los ayes del herido acudió presuroso un guardia que junto a un cochero trasladaron al herido al Hospital de la Princesa. El juez se personó en la clínica para tomar declaración al herido y éste no pudo hacerlo porque su estado era de una gravedad extrema. Sólo pudo puntualizar quién era su agresor, por medio de señas. El atacante fue conducido al Juzgado de Guardia.

Fuente: B.N.E. (1914)

Una vieja reivindicación laboral de todos los camareros de café fue la supresión de las propinas y el Café de Quevedo fue el primero de Madrid en implantar esta norma. Los camareros, que hasta el año 1921 debían correr con los gastos de las roturas del utillaje, además de cobrar el mismo jornal al trabajar durante el día o la noche y pagar a sus ayudantes, si los tuvieran, reclamaban un salario digno y fijo desestimando la aleatoria propina, cantidad que los dueños de los negocios contaban como salario. Con la amenaza de una huelga que dejaría sin servicio a los cafés, la consecución de este derecho tardaría mucho en conseguirse.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Glorieta de Quevedo en la actualidad. A la derecha la esquina con la calle de Eloy Gonzalo, donde estuvo el Café de Quevedo. El nuevo edificio también alberga un negocio de restauración.

Los últimos anuncios en prensa del Café de Quevedo datan del año 1936, cuando ya se había convertido en un café-bar. La casa donde se ubicó fue demolida y en su lugar se construyó un enorme edificio que cuenta con un negocio de restauración en la misma esquina donde estuvo el Quevedo.

En la actualidad es poco lo que coexistió con este café y aún perdura en esta glorieta de Quevedo. Su número 1 alberga la casa de Francisco González Castellanos, en el 5 se halla el edificio donde estuvo el estudio del escultor Mateo Inurria y junto a éste, en el número 6, una casa de viviendas del arquitecto Antonio Palacios Ramilo. También sigue en pie, en la calle Eloy Gonzalo, el Instituto Homeopático y Hospital de San José. La estatua de Francisco de Quevedo (1902) que hoy se sitúa en medio de la plaza es obra del escultor Agustín Querol Subirats y no fue instalada en esta ubicación hasta el año 1963.





Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Bibliotecavirtualdemadrid.org
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Historias-matritenses.blogspot.com y agradecimiento muy especial a Ricardo Márquez, creador de dicho blog.