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miércoles, 20 de abril de 2016

ESTABLECIMIENTO DE EMILIO GONZÁLEZ.

Cuando en la plaza de Canalejas de Madrid, situada a escasos metros de la Puerta del Sol, se acometían las obras para su configuración definitiva, vino a inaugurarse la espléndida tienda de Emilio González. 

Fuente: mcu.es (1913).

Dedicado a la venta de café, té, chocolates, caramelos, galletas y comestibles finos, este establecimiento abrió sus puertas a mediados del mes de diciembre de 1912, en la carrera de San Jerónimo, número 29 (actual nº 9).

Fuente: mcu.es (1913)

Los antecedentes de esta bonita tienda hay que buscarlos en otra, que estuvo situada en la calle del Príncipe, número 1, esquina con las Cuatro Calles (actual plaza de Canalejas) y que fue propiedad de Venancio Vázquez López. Este industrial, sobrino del propietario de los Chocolates y dulces Matías López, vio derribar ese edificio de la calle del Príncipe durante la remodelación de la plaza de Canalejas, perdiendo su local y traspasando el negocio a su encargado Emilio González. Por entonces, Vázquez López ya había comenzado su carrera política en el Ayuntamiento de Madrid.

Fuente: memoriademadrid.es (1913).
La fotografía de la izquierda muestra el edificio, a punto de ser derruido, de la calle del Príncipe, nº 1, que ya aparece derribado en la fotografía de la derecha.
Las flechas indican la fachada del establecimiento de Emilio González, situado en la carrera de San Jerónimo.

Emilio González, antiguo dependiente de Venancio Vázquez, marca de la tienda que así figuraba en su rótulo, vino a establecer dicho comercio con el lujo propio de las confiterías más selectas del Madrid de la época. 

Fuente: ABC (1913).
Anuncio de la apertura y fachada del nuevo establecimiento.

El establecimiento estaba especializado también en artículos de capricho, chocolates para convalecientes y señoras recién paridas, sin azúcar para diabéticos, además de un aceite riquísimo, todo ello envasado en frascos, cestas y estuches bellamente ornamentados.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1921)
Anuncio en prensa.

La publicidad sobre los artículos expendidos por este negocio fue constante en la prensa hasta el año 1931, año en que parece haber finalizado su actividad.




Fuentes:

Hemeroteca del ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Mcu.es
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es

viernes, 8 de abril de 2016

BAR SOL. PUERTA DEL SOL, NÚMERO 6.

Como ya es sabido, la grandiosa remodelación que se llevó a cabo en la antigua Puerta del Sol de Madrid (1857-1862) no sólo convirtió este espacio rectangular en un semicírculo, sino que también se llevó por delante a todos sus viejos edificios, con excepción de la Real Casa de Correos, hoy sede de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Recorte de fotografía: Charles Clifford (1857). B.N.E.
Construcción del edificio de la Puerta del Sol, nº 6.

Las primeras demoliciones dieron comienzo por la zona comprendida entre las calles de Espoz y Mina y Carretas, cuyas casas serían edificadas a la par que se continuaba con los derribos de la parte opuesta. Así fue como en el año 1857 comenzó la construcción de la ubicada en el número 6 de la Puerta del Sol y calle de Carretas, nº 1, en cuya redondeada esquina se instalarían, a lo largo de los años, la Joyería de Peñalver y el Bar Sol.

Fotografía: M.R.Giménez (2014).
Edificio de la Puerta del Sol, nº 6 y la calle de Carretas.

La Joyería de Peñalver fue fundada en el año 1862 por Raimundo Peñalver. Joyero, diamantista y platero especializado en cubiertos, trasladó su negocio al local de la Puerta del Sol en el mes de junio de 1864 desde la casa inmediata de la calle de Carretas, número 3. Con el tiempo también se especializaría en la venta de placas y medallas artísticas realizadas por el, aún joven escultor, Mariano Benlliure Gil.

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la Joyería de Peñalver, publicado en la prensa del año 1864.

La fachada del local, en un principio, no tenía más adorno que los grandes toldos con el rótulo “joyería” pintado sobre sus bambalinas. 

Recorte de la fotografía de Jean Laurent (entre 1862 y 1870). B.N.E.
La Joyería de Peñalver y su toldo situado en la calle de Carretas, nº 1.

Pronto sería forrada de madera oscura, abarcando el frontis completo de la tienda. En su esquina se dispuso un letrero en donde se especificaban los artículos a la venta y el nombre del negocio.

Recorte de fotografía anónima (1906) en la que se aprecia la fachada de la Joyería de Peñalver. Fuente: Ibytes.es

Tras el cierre de la joyería, que allí estuvo hasta el año 1911, vino a instalarse en el local de la Puerta del Sol, nº 6, un bar propiedad de Antonio López, que ya en el mes de noviembre de 1912 aparece en la prensa con el nombre de Bar-Sol

El bar aprovecharía la decoración exterior en madera de la antigua Joyería de Peñalver, rotulando su marca y la oferta de productos sobre ella.

En el entresuelo del local, con acceso por el portal del edificio, se instaló el comedor del restaurante. Lugar largo y estrecho, de techo bajo, ventanas cortas y apaisadas con vista al bullicio de la Puerta del Sol y a la calle de Carretas. En él se podía degustar el menú que, en febrero de 1918, estaba compuesto por: paella, langosta con salsa mayonesa, vaca a la parisien, pan vino y postre por dos pesetas y diez céntimos.

Fuente: B.N.E. (13 de Noviembre de 19129)
Aspecto de la Puerta del Sol, nº 6, tras el asesinato de Canalejas. El Bar-Sol, en la esquina con la calle de Carretas, nº 1.


















 
Allí, años más tarde, se instalaría una peña de toreros, aficionados y periodistas, cuyas crónicas se escribieron en la especializada revista “La Lidia”. 

Fuente: B.N.E. (1925)
El entresuelo, donde se ubicaba el comedor del Bar Sol, con la peña de toreros, periodistas y aficionados.

El día 12 de noviembre de 1912 José Canalejas Méndez, presidente del Consejo de Ministros, fue asesinado mientras miraba el escaparate de la Librería de San Martín, local ubicado en la Puerta del Sol, número 6, junto al Bar Sol.

Un año y pocos meses después, en el mes de enero de 1914, se colocó una placa conmemorativa, obra del escultor Mariano Benlliure, por encima de la muestra de la librería, en el punto que forman dos de los antepechos del entresuelo del Bar Sol. Obra que, aún hoy, continúa en el mismo lugar.

Fuente: B.N.E. (1914). Fotografía actual de M.R.Giménez (2007).
Descubrimiento de la placa conmemorativa del asesinato de Canalejas el día 29 de enero de 1914, que continúa en su lugar original.

A finales del mes de noviembre de 1928, un nuevo propietario adquirió el Bar Sol, dotándolo de los más modernos sistemas. 

El industrial Juan Planás Camps reformó el local por completo, renovando la instalación de las cocinas para proporcionar así menús diarios atractivos de calidad y variedad. Sus cubiertos, siempre módicos, serán cuantiosos y escogidos.

Situado en un lugar estratégico de Madrid, el Bar Sol cambió totalmente su fisonomía, modernizando también toda la decoración interior y su mostrador, que pasó a tener una curiosa forma curvada. 

Nuevos productos fueron incorporándose a la venta, como los buñuelos especiales, fabricados en el mismo local con una máquina exclusiva adquirida por Juan Planás tras visitar la Feria de Bruselas. Este aparato, instalado junto a la puerta de acceso al bar por la calle de Carretas y a la vista del público, utilizaba la mezcla de azúcar, mantequilla, vainilla en polvo, huevos, leche, harina y cremont tártaro (bicarbonato de potasio) para, de un modo rápido e higiénico, sin que lo toquen las manos humanas, con sólo pulsar un botón, cortar la masa en porciones, freírla y expulsar el producto a una cesta, dispuesto para su consumición. Todo el proceso se realizaba sin humos ni olores molestos.

Aquellos nuevos dulces, que aquí se llamaron buñuelos especiales, eran los “Donuts americanos” y la nueva máquina que los confeccionaba empezó a comercializarse en España bien entrado el año 1929 por la Compañía Comercial del Norte SA.

Fotografía propiedad de Rosa María Rodríguez Planás.
Fachada del Bar Sol, en la calle Carretas, nº 1 donde Juan Planás, con chaqueta blanca, aparece junto a la máquina de buñuelos especiales. 

Comenzada la década de los años 30 del siglo pasado, el Bar Sol acomete una nueva reforma. Su fachada de madera oscura sería reemplazada por paneles de color claro y redondeó la parte superior de sus dos puertas añadiendo pequeñas vidrieras. En la esquina, entre la Puerta del Sol y la calle de Carretas, se abrieron tres huecos a modo de escaparates, forrando de espejos su interior. También su rotulación cambio a una modernista tipografía geométrica de letra hueca.

Fotografía de Cas Oorthuys (1955). Fuente: apeuropeos.org.
Cerillero del Bar Sol.

El edificio de la Puerta del Sol, número 6 fue declarado en ruinas en el año 1992. Todos sus vecinos y los legendarios comercios en él instalados durante más de cien años, fueron obligados a desalojarlo para acometer unas obras que no dejarían en pie más que la fachada. La tienda de caramelos y chocolates, el despacho de lotería nº 22, ambos con la marca de “La Pajarita”, la “Librería de San Martín” y el “Bar Sol”, que había cerrado al finalizar la década de los años 80, desaparecieron y fueron sustituidos por tiendas de ropa.






Fuentes:

Apeuropeos.org
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.
Ibytes.es
Prensahistorica.mcu.es

Agradecimiento muy especial a Rosa María Rodríguez Planás y a su familia, por la documentación y las fotografías aportadas para la realización de este artículo en el blog http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es

viernes, 18 de marzo de 2016

VIAJES CARCO Y LUCKY’S BAR.

El edificio donde se ubicaron los Grandes Almacenes Madrid-París, situado en la Gran Vía, número 32 (antigua avenida de Pi y Margall, 10) de Madrid, sería por primera vez remodelado de forma parcial en el año 1935 por Teodoro de Anasagasti Algán, el mismo arquitecto que lo había diseñado pocos años antes. Los soportales que habían recorrido su fachada, albergando los escaparates de aquellos espléndidos almacenes, fueron convertidos en locales comerciales; así se instalaron en esta aún nueva vía, la agencia de Viajes Carco y el Lucky’s Bar.

Fuente: memoriademadrid.es (1935).
El edificio de los Grandes Almacenes Madrid-París, comenzaba su rehabilitación.

Con marcado diseño racionalista el arquitecto Luis Blanco-Soler Pérez realizó el proyecto para la agencia española de turismo Viajes Carco, situada en el número 10 de la avenida de Pi y Margall. La empresa, con despacho en la calle del Barquillo, se trasladaría a la nueva dependencia en el mes de mayo de 1935.

Fotografía de la izquierda: memoriademadrid.es (1935). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Fachada de Viajes Carco, tras su inauguración. Estado actual del mismo lugar, hoy local dividido y dedicado a tiendas de ropa.

La fachada de Viajes Carco estaba encuadrada en piedra de Colmenar y dividida en dos partes: la superior, donde se ubicaba la marca en letras mayúsculas de tipo Party At Gatsby’s, con un entramado de finos perfiles metálicos que sujetaban claros cristales termoaislantes, permitiendo así la iluminación natural. En la parte inferior se encontraban los escaparates y en su mitad la puerta de acceso al local. El diseño de esta fachada respondía al propósito de dar un sentido industrial al conjunto.

El espacio interior era bastante largo y desproporcionado, tenía forma irregular y dos niveles diferentes, debido a que la zona de su entrada se correspondía con la parte del soportal que había recorrido la fachada de los Almacenes Madrid-París, utilizada para los antiguos escaparates. 

Fuente: memoriademadrid.es (1935).
Hall de entrada y desnivel en el suelo del local.

Los numerosos pilares de hormigón de su estructura fueron aprovechados como elementos decorativos. Mapas impresos y carteles publicitarios de lugares turísticos y de viajes completaban la sencilla ornamentación del establecimiento, además de los muebles de acero, las sillas de tubo para los empleados y los sofás tapizados para el público. En toda la planta se utilizó un pavimento de goma.

Fuente: memoriademadrid.es (1935).
Mostradores, sofás y decoración de carteles publicitarios. Al fondo la puerta de acceso al local.

El negocio de la agencia de Viajes Carco sería ocupado durante la Guerra Civil Española (1936-1939) por la Oficina de Propaganda del Frente Popular de Izquierdas de Madrid. Los sucesivos bombardeos originaron múltiples desperfectos en su fachada y el antiguo rótulo fue reemplazado por las siglas U.H.P. (Unión de Hermanos Proletarios), la estrella antifascista de tres puntas y la información sobre la sala de exposiciones en la que había sido convertido el local. 

Fuente: memoriademadrid.es (1937)
Fachada de Viajes Carco durante la exposición homenaje a la Columna Internacional, en el mes de abril.

En el mes de febrero de 1937, la prensa informa sobre el concurso de carteles que se llevó a cabo en Madrid para rendir homenaje a los soldados de la Columna Internacional que participaban en la lucha contra el fascismo. Con el lema “El Frente Popular de Madrid al Frente Popular de Europa”, la estrella de tres puntas y el emblema madrileño del oso y el madroño, utilizando únicamente tres colores, las obras fueron expuestas en las antiguas dependencias de Viajes Carco. 

Este negocio no volvió a abrir. Su gran local fue dividido y ocupado, a lo largo del tiempo, por diferentes comercios y cafeterías.

Fuente: pinterest.es (aprox. finales de la década de los años 70).

La Sociedad Española de Productos Alimenticios, con una visión original de las cosas modernas, inauguró el domingo 5 de abril de 1936 el Lucky’s Bar, cuya entrada se ubicaba en la avenida de Pi y Margall, esquina con la calle de Mesonero Romanos.

Fotografía de la izquierda: Pares.mcu.es (1937). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Fachada de lo que fue la entrada del Lucky's Bar, destrozado durante la Guerra Civil Española. Señalado el rótulo de la fachada.

El nuevo y atrayente local estaba distribuido entre la planta baja y el entresuelo, había sido diseñado por los arquitectos Pedro Muguruza Otaño y Enrique Huidobro, con decoración del pintor Antonio Chaves Martín.

Su gran puerta de acceso, situada en el chaflán, era de opalinas negras montadas sobre frentes metálicos. Varios rótulos, distribuidos por la fachada del local, informaban de los diferentes servicios que el Lucky’s ofrecía: restaurant, café, bar y club. Un gran cartel luminoso y sobresaliente, con la marca del negocio, fue instalado en el frente de la avenida de Pi y Margall ocupando el primer y el segundo piso del edificio.

Fuente: B.N.E. (1936).

Todo era moderno y atrayente en el Lucky’s. Su planta baja se dividía entre un bar popular americano con mostrador de caoba y banquetas de tubo cromado, un restaurante automático dotado de aparatos de gran solidez e innovadores al no precisar chapas ni monedas especiales para su funcionamiento, ya que se podía conseguir la consumición introduciendo las de curso legal de cinco o diez céntimos. Había también otras secciones dedicadas al café, a los vinos, pastelería, fiambres, frutas y un asador de aves y carnes en una originalísima máquina que funcionaba con un movimiento de rotación del “fuego ígneo” a la que se habían unido dos chuleteras con seis parrillas verticales que no producían humos.

Fuente: ABC (1936).
Aspecto de uno de los salones interiores.

En el entresuelo del local se ubicaba el Lucky’s Club, un lugar más selecto y abierto unos meses antes que el bar. Dotado de una nutrida biblioteca, ofrecía servicios de mecanografía, escritorio, peluquería y teléfono. Suntuosamente decorado tenía espacios separados por biombos tapizados, de madera de roble, y cómodas butacas. También en esta planta se hallaba una gran sala de fiestas lujosamente ornamentada con escayolas del decorador y escultor Julio Lencero Sánchez. Varios pianos de la marca J. Hazen esperaban a que la orquesta amenizara los concursos, las fiestas y las exposiciones que allí deberían haberse celebrado. Pero la Guerra Civil Española (1936-1939) comenzaría menos de tres meses después de la inauguración del Lucky’s y la Gran Vía pasaría a ser conocida como la avenida del Quince y medio por los miles de obuses de ese calibre que en sus edificios, su calzada y sobre todo sobre las personas que por ella transitaban cayeron durante tres años, sin descanso.



Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Memoriademadrid.es
Pares.mcu.es
Es.fonts2u.com
Es.wikipedia.org

lunes, 7 de marzo de 2016

MARUXA Y CORALIA.

Me topé con ellas en la rúa do Vilar de Santiago de Compostela (La Coruña). Estaba nublado. Era el año 1972.


Fotografía: Manuel Chamorro (2014).
Escultura de César Lombera en Santiago de Compostela.


Un alboroto surgió de repente: voces chillonas, risas de jóvenes arremolinados junto a quienes intentaban avanzar con dificultad para continuar su camino. 

Entonces las vi.

Eran dos mujeres frágiles, con la mirada perdida en un punto lejano, casi acostumbradas al espectáculo que se congregaba en torno a ellas. Una, la menor en estatura, accionaba a penas su antebrazo izquierdo como defensa para abrirse camino entre el gentío. La otra, más alta y con una larga melena teñida de oscuro, en silencio, esperando la oportunidad para reanudar el paseo.

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Alguien me dijo que eran las locas de Santiago. Dos mujeres fuertemente agarradas del brazo, vestidas con vivos colores, maquilladas hasta la exageración. Bocas desdentadas, extrema delgadez, facciones angulosas al límite. Solas, aisladas en su mundo irisado del que parecían no desear que nadie más participase. 

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Maruxa y Coralia Fandiño Ricart eran hermanas y modistas. Habían nacido en el seno de una numerosa familia obrera compostelana. 

Desde que en el año 1925 la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) abrió su sede en la ciudad, tres de los hermanos Fandiño Ricart: Alfonso, Antonio y Manuel, llevados por sus ideas anarquistas, ocuparon puestos de relevancia en esta organización. Pero comenzó la Guerra Civil Española (1936-1939) y Galicia se convertiría desde el principio en una zona controlada por el bando franquista. La persecución y el exterminio metódico de todos aquellos que se mantenían fieles a la República dio comienzo y, como tantos miles, los hermanos Fandiño tuvieron que huir y ocultarse para no sufrir las represalias.

Entonces empezaron los interrogatorios, los sistemáticos registros a cualquier hora del día y de la noche en las casas de los fugitivos, el destrozo de sus bienes, las detenciones y las vejaciones a las mujeres de las familias de los que huyeron, por parte de las brigadas falangistas, con el fin de averiguar su paradero. Maruxa y Coralia sufrieron todo tipo de maltratos y humillaciones durante el período de la Guerra Civil y en los años posteriores.

Los encargos para la confección de prendas, único medio de vida de las hermanas, desaparecieron. Nadie se atrevía a tener relación con ellas por miedo a ser considerado “rojo” y “comunista”, nombres con los que despectivamente se calificaba a quienes no acataban las normas impuestas por el fascismo.

Fuente: Revista "Viajar" (1978)

Las hermanas, siempre unidas, fueron deteriorándose poco a poco y su razón vino a instalarse en un lugar alejado del mundo real. Pero cada día, a las dos en punto de la tarde, salían a pasear por la zona vieja de Santiago de Compostela engalanadas con sus vestidos de colores y estridentes maquillajes. Silenciosas, andando con lentitud, miraban al frente intentando eludir al enjambre de individuos que se apiñaba a su alrededor profiriendo contra ellas mofas y escarnios mientras, con indolencia acostumbrada, sólo trataban de proseguir su camino.

Fuente: santiagoturismo.es (Aprox. década de los años 60).

En el año 1993 se les erigió como homenaje una escultura realizada por César Lombera, en el Parque de la Alameda de Santiago de Compostela (La Coruña).

Fotografía: Manuel Chamorro (2014)



DÍA 8 DE MARZO, TAMBIÉN CON EL RECUERDO PARA TODOS LOS SUFRIMIENTOS OLVIDADOS.



Fuentes:

Elpais.com
Santiagoturismo.es
Revista “Viajar”.

Agradecimiento especial para Manuel Chamorro, por las fotografías aportadas. 

viernes, 12 de febrero de 2016

LA BOBIA Y SU MOVIDA.

En la pequeña calle de San Millán, número 3, situada entre la plaza de Cascorro, donde comienza El Rastro, y la calle de Toledo, estuvo una de las cervecerías con más fama de Madrid: La Bobia. 


Fuente: conchamayordomo.com
"La Bobia" de Amalia Avia Peña (1963).

La cercanía de esta calle de San Millán con el mercado de La Cebada siempre propició que gran parte de sus escasos locales fueran destinados a negocios de restauración. Así distintas tabernas, casas de comida y cafés fueron ubicados en ella, a lo largo del tiempo, para dar servicio a tratantes, compradores y comerciantes. 

En la casa señalada con el número 3 de esta calle, se inauguró el Café Mercantil la noche del 3 de abril de 1884, propiedad de Pedro García Villasante y de Zacarías Gutiérrez Solana. Un espléndido banquete que hizo honor a la galantería de los anfitriones y a la habilidad del cocinero reunió, a puerta cerrada, gran número de periodistas, autoridades del distrito de La Latina y concejales del Ayuntamiento. La apertura para el público se verificó dos días después de este evento.

El Mercantil estaba elegantemente decorado, a imitación de los cafés más céntricos de Madrid. En él resaltaban las pinturas del techo y un distinguido servicio. Pronto comenzaría a ser el café escogido por los republicanos del distrito para realizar los banquetes del 11 de febrero, aniversario de la proclamación de la I República Española. 

Las deudas acumuladas y la mala gestión del negocio propiciaron que el Café Mercantil debiera subastar todos sus enseres y mobiliario, tasados en veintitrés mil quinientas cuarenta y cinco pesetas y cincuenta céntimos, en el mes de septiembre de 1893.

El local del Mercantil, tras el cierre del café, pasó a ser ocupado por distintos negocios. Sus grandes dimensiones favorecieron la instalación de almacenes de frutas y verduras, pollería, tienda para la venta de alcohol, bazar, etc. Hasta que en el año 1921, la vieja casa del número 3 de la calle de San Millán fue derruida y su solar, propiedad municipal, salió a subasta. El adjudicatario del terreno sería Timoteo Rojas, quien encargó al arquitecto Gonzalo Domínguez Espuñes la construcción del nuevo edificio estilo decó donde, con el tiempo, vendría a instalarse La Bobia.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Calle de San Millán, nº 3, en la actualidad.

Fue el sábado, 4 de febrero de 1933, cuando La Bobia fue inaugurada como cervecería con precios corrientes

Fuente: B.N.E. (1933)

Su fachada de madera, semejante a la hoy desaparecida sastrería Claudio Alonso, el otro local del edificio, se adornaba con motivos art decó (que aún pueden apreciarse). 

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Elemento art decó de la fachada. Cierre decorado por Soen.

La Bobia anunciaba su marca en la fachada con un enorme rótulo de fondo rojo con letras tipo Park Lane, entre las que se había insertado luz de neón. Era un local de grandes dimensiones, con la barra situada a la izquierda de la entrada y numerosas mesas cubiertas de mármol blanco, en la zona de la derecha.

Su cercanía a El Rastro de la Ribera de Curtidores y al mercado de La Cebada, hacía del negocio un lugar frecuentado tanto por la clientela del barrio como por multitud de visitantes.

Fuente: pte.jgre.com (1977).
Pegada de carteles electorales en el rincón de la calle de San Millán, junto a La Bobia.

Durante los años treinta, del siglo pasado, La Bobia se anunciaba en la prensa como la cervecería más conocida de Madrid. Nunca fue un café propiamente dicho ni un lugar de sesudas tertulias. Era más bien un bar para el encuentro de los parroquianos del barrio y visitantes de paso. Su gran salón se llenaba de ancianos que veían a la gente pasar ante un sol y sombra (coñac y anís) y de personas que iban a desayunar un vaso de café con churros, acodadas en la barra. Todo cambiaba con la afluencia de los visitantes a El Rastro, los domingos por la mañana. 

Una verdadera revolución se llevó a cabo en La Bobia a partir del final de la década de los años setenta del siglo pasado. La Movida madrileña, contracultura surgida tras décadas de ignominiosa dictadura franquista, eligió a este bar como eminente núcleo de reunión dominguera.

Fuente: diomedia.com / Aurora Photos RM-José Azel.
La puerta de La Bobia durante La Movida madrileña.

Nuevos grupos de música, escritores, cineastas, fotógrafos, pintores y todo aquel que tenía algo que decir comenzó a manifestarlo. La Movida saltó en la calle y en las nuevas editoriales, también en los dos únicos canales de televisión existentes por entonces, en la radio y en los nuevos locales que apostaban por otra forma de entender la música cantada en el idioma que todos conocían. Ante la ausencia de revistas especializadas en contar todo lo que estaba pasando en Madrid aparecieron los fanzines, publicaciones confeccionadas con pocos medios por autores noveles, donde se hablaba de todo y se publicaban cómics con historias que, hasta ese momento, no habían visto la luz. Su medio de difusión fue El Rastro, instalado los domingos por la mañana en la Ribera de Curtidores y, tras la venta de los ejemplares, era necesario visitar La Bobia. 

Punks, rockers, mods con sus indumentarias respectivas, eran las nuevas tribus urbanas madrileñas que, junto con actores, artistas de todo tipo, ácratas, progres y músicos con mayor o menor fortuna, desplazaban a los parroquianos habituales de La Bobia para tomar los aperitivos domingueros, en la mayoría de las ocasiones uniendo a una noche algo nebulosa su presencia en el bar. Todo el mundo estaba en la puerta de la cervecería para ver y dejarse ver, para hablar con los demás, para tocar su música, porque había que estar allí, lloviera o no.

La Movida se diluyó en los años finales de la década de los ochenta del pasado siglo. Supuso, entre otras muchas cosas, un relevante cambio cultural y en la manera de entender la vida, dando una visibilidad a la ciudad de Madrid que hasta entonces no tenía.

Fotografías: M.R.Giménez (2008-2016).
Dos negocios de restauración, en años diferentes, del mismo local.

Pocos años después, en el mes de abril de 1991, cerró La Bobia. En su local se instalaron, a lo largo del tiempo, algunos negocios de restauración, el último de los cuales vuelve a repetir su marca.




  

Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
conchamayordomo.com
pte.jgre.com
diomedia.com  Aurora Photos RM - Jose Azel
es.wikipedia.org

lunes, 25 de enero de 2016

EL CAFÉ DE LA CASA DE LAS FLORES.

El barrio de Argüelles comenzó su planificación a mediados del siglo XIX, dentro del proyecto de Ensanche de Madrid planteado por el arquitecto Carlos María de Castro González. En una de sus parcelas, la situada entre las calles de Hilarión Eslava, Meléndez Valdés, Gaztambide y Rodríguez San Pedro vendría a construirse la Casa de Las Flores, entre los años 1930 y 1932, obra del arquitecto Secundino Zuazo Ugalde en colaboración con Miguel Fleischer. Este conjunto de edificios fue declarado monumento nacional en el año 1981 y marca un hito en la concepción de la arquitectura madrileña.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Casa de las Flores, en la actualidad, desde la calle de la Princesa.

La primera construcción que ocupó la manzana donde posteriormente se ubicaría la Casa de Las Flores fue el campo deportivo de la Sociedad Gimnástica Española, club al que se concedió el título de Real en el año 1916. Se trataba de un pequeño estadio que servía para la celebración de diversas competiciones deportivas como béisbol, atletismo, gimnasia, boxeo y, sobre todo, fútbol. Fue inaugurado en el mes de abril 1913 y tenía su entrada por la calle de Rodríguez San Pedro, esquina con la de la Princesa.

Fuente: idehistoricamadrid.org (1927).
Fotografía aérea del barrio de Argüelles en la que se aprecia el campo deportivo.

Este recinto se encontraba frente a la casa donde vivió y falleció el escritor Benito Pérez Galdós (c/ Hilarión Eslava, número 7).

En el mes de mayo de 1922 la Real Sociedad Gimnástica Española inauguró su nuevo campo deportivo en la calle Diego de León.

Fuente: Diario ABC.(1913 y 1920)
En la fotografía de la izquierda se ve la casa de lo que fue la Hospedería de Jóvenes Obreras, en la calle de Gaztambide, nº 12, actual.
La fotografía de la derecha, señalada, la casa donde vivió Benito Pérez Galdós.

A lo largo del mes de octubre de 1930 dio comienzo la edificación de la Casa de las Flores, distribuida en dos cuerpos paralelos de cinco casas cada uno en dirección Norte-Sur, separados por un jardín. FOCSA, la empresa propietaria, lo era también de la fábrica de cerámica San Antonio que, para su propaganda, puso a disposición del arquitecto Zuazo cuanto quiso utilizar de ese material. Así el conjunto de los edificios mantiene sus sencillas fachadas en ladrillo visto, las cubiertas en baldosín y los interiores en terrazo, baldosa hidráulica y diversos tipos de cerámica.

A diferencia de las construcciones madrileñas, que utilizaban sillares de granito para los zócalos, la Casa de Las Flores lleva el ladrillo visto de sus fachadas hasta el borde de la acera.

Ocho de sus diez casas cuentan con seis alturas (vistas desde el exterior), distribuidas en planta baja (con sótano) y cinco pisos con cuatro viviendas, cada uno. Todas están dotadas de ascensor, desde su construcción. En el edificio también se instalaron lavaderos y tendederos de ropa, para uso de la comunidad. 

Fuente: B.N.E. (1933)
La Casa de las Flores, con su Café cervecería, al poco tiempo de ser inaugurada.

El total de las viviendas construidas en la manzana fue de doscientas ochenta y ocho, que tenían cuatro o cinco habitaciones en origen, además de cocina, baño, aseo, despensa, fresquera y calefacción. En el año 1932 cada cuarto (vivienda) correspondiente a las calles Rodríguez San Pedro, Hilarión Eslava y Meléndez Valdés tenía un precio de alquiler a partir de 180 pesetas mensuales, según tamaño. Eran pisos funcionales, admirablemente ventilados y muy bien iluminados en su conjunto, arquitectónicamente enclavados en el racionalismo madrileño.

La construcción del total de los diez edificios ubicados en esta manzana tuvo un importe de seis millones noventa y cinco mil ciento cuarenta pesetas con ochenta y cuatro céntimos.

Fuente: B.N.E. (1933) y fotografía: M.R.Giménez (2015).
Jardín interior de la Casa de las Flores y su pérgola, visto desde la calle de Rodríguez San Pedro.

La Casa de las Flores contaba con diecisiete locales destinados al comercio y en uno de ellos, ubicado en la esquina de las calles Rodríguez San Pedro con Hilarión Eslava, vino a instalarse el Café cervecería Las Flores en el año 1932.

Fuente: mmn-arquitectos.com (1935).
Fachada del Café cervecería Las Flores, con acceso por el soportal situado entre las calles de Rodríguez San Pedro e Hilarión Eslava.

La calle de Rodríguez San Pedro, en sus esquinas con las de Hilarión Eslava y de Gaztambide, formaba unas arcadas que servían de fachada a los soportales, que antes se encontraban al aire libre, y por los que se accedía a los locales allí instalados.

Fuente: B.N.E. (1935) y fotografía de M.R.Giménez (2015)
La terraza, en los soportales, del Café cervecería Las Flores. El mismo lugar hoy ocupado por una entidad bancaria.

El acceso al café Las Flores estaba situado dentro de la arcada, que hacía las veces de terraza cubierta por el soportal, en la calle de Hilarión Eslava. Una puerta giratoria daba entrada a varios ambientes bien diferenciados: un primer salón con divanes tapizados; a continuación la zona del mostrador, rodeado de pequeñas mesas con mármol en la superficie y sillas de madera; por último la parte más interior con un patio cubierto por cristales.


Fuente: dadum.unav.edu y B.N.E.
Interior del Café cervecería Las Flores, con sus tres ambientes diferenciados y luminosos.

Techos altos y luz directa proveniente de distintos ventanales y del techo acristalado, dotaban a este café de una gran luminosidad natural.

Es muy posible que un cliente habitual del Café Las Flores fuera Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda, el poeta chileno y premio Nobel que vivió en el quinto piso de la Casa de las Flores (posiblemente en la casa correspondiente al hoy número 72 -antes 66- de la calle Rodríguez San Pedro). 


Fuente: pinterest.com (Guerra Civil Española)
La Casa de las Flores, con la fachada correspondiente al Café cervecería, bombardeada durante la Guerra Civil.

La Casa de las Flores, la vivienda de Pablo Neruda y gran parte del barrio de Argüelles, al igual que casi todo Madrid, fueron bombardeados minuciosa y violentamente durante la Guerra Civil Española (1936-1939), por las tropas fascistas y sublevadas de Franco.

Los edificios de la manzana de Las Flores fueron reconstruidos a principios de la década de los años cuarenta, una vez terminado el conflicto. 

El café cervecería cerró definitivamente al quedar destrozado por los bombardeos y en su lugar se instaló, durante pocos años, una delegación del Instituto Nacional de Previsión. En la década de los cincuenta el local fue convertido en una sucursal bancaria, y así continúa en la actualidad. 







Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Prensahistorica.mcu.es
Idehistoricamadrid.org
Pares.mcu.es
Hemeroteca ABC
Pinterest.com
Dadun.unav.edu
“Neruda. El príncipe de los poetas” Mario Amorós.
“Confieso que he vivido” Pablo Neruda.
Es.wikipedia.org

viernes, 8 de enero de 2016

DEL CAFÉ DE LORENZINI AL DE PUERTO RICO, EN LA PUERTA DEL SOL.

Quizá la historia de los antiguos cafés de la Puerta del Sol comenzó en el Café de la Victoria, más conocido por el nombre de su propietario como Café de Lorenzini, situado en el número 2 de aquella plaza que entre los años 1857 y 1862 iba a ser objeto de la primera gran remodelación urbanística que tuvo el centro de Madrid.

Fuente: Madrid.org
Maqueta de León Gil de Palacio (1830). La casa donde se ubicaba el Café de Lorenzini aparece señalada por la flecha. En primer término la iglesia del Buen Suceso de la Puerta del Sol y al fondo el convento de la Victoria.

El Lorenzini (o Lorencini), pasaría a la historia como el café donde por vez primera se hizo tribuna de las primeras ideas liberales. En él tuvieron su origen las Sociedades Patrióticas o foros de opinión, que llegarían a editar sus propios periódicos e influyeron de manera considerable en la política española durante el llamado Trienio Liberal (1820-1823).

Fuente: Museodelestudiante.com
El Café de Lorenzini con el político Salustiano de Olózaga Almadoz, sobre la mesa, dando un discurso.

El Café de Lorenzini fue inaugurado alrededor del año 1810 por su dueño Carlos José Lorenzini y estuvo situado en la casa inmediata a la capilla de la Soledad del Convento de la Victoria (cuyo derribo dio salida a la calle Angosta de Majaderitos y hoy de Espoz y Mina). De pequeño tamaño, para acoger al numeroso público que en él se congregaba, tenía las paredes formadas en lienzo, en el que se habían pintado diversos paisajes -posiblemente por el pintor José Riv(b)elles-. A él se accedía por el portal del edificio donde estaba ubicado y constaba de un saloncito y galería, en cuyo extremo había un patinillo cubierto de cristales. Toscas sillas y consistentes mesas de madera, sobre las que los vehementes oradores lanzaban sus opiniones, configuraban el mobiliario de este que, casi más que un café, fue uno de los principales centros de divulgación de noticias en Madrid, además del primer lugar en donde el político Evaristo Fernández de San Miguel entonó el Himno de Riego, el día 7 de marzo de 1820.

El fallecimiento de su dueño dio al traste con el café, al iniciarse la década de los años cincuenta del siglo XIX. Su local sería entonces ocupado por una de las más famosas librerías de Madrid: la Librería Europea. Poco después el edificio de la Puerta del Sol, número 2, sería demolido en pos del ensanche y de las nuevas edificaciones que allí se erigieron y hoy podemos contemplar.

Los herederos de Lorenzini parecían decididos a instalar un nuevo café, del mismo nombre, en la casa que en el año 1856 se edificaba sobre el terreno que dejó la antigua construcción. Por alguna razón esto no fue posible y en su lugar se inauguró el Café de las Columnas.

Fuente: Bdh-rd.bne.es (1860).
Recorte de una fotografía de Jean Laurent. En la nueva Puerta del Sol, muy cerca del principio de la Carrera de San Jerónimo y señalado con una flecha, el Café de las Columnas.

Ocupando el piso bajo y el entresuelo del moderno edificio recién construido, situado en la Puerta del Sol, ya con el número 3, el Café de las Columnas fue abierto al público el jueves día 20 de marzo de 1856. Su dueño, Baltasar Menéndez, dotó a su establecimiento de modernas lucernas de gas y de una gran sala de billar mientras, a su alrededor, se iniciaban los derribos de las viejas casas que conformaban la antigua y rectangular plaza, que estaba a punto de desaparecer para convertirse en la que hoy existe. 

El de las Columnas era un café moderno y elegante, espacioso y de techos altos que reposaban sobre numerosas columnas, de ahí su nombre. 

Fuente: Todocoleccion.net
Dibujo de Ortega en el que se aprecia el interior del Café de las Columnas.

Café con numerosas tertulias literarias, de actores y de toreros, aparece mencionado en varias ocasiones dentro de los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós (1843-1929), quien fue parroquiano asiduo.

En el mes de mayo de 1870 el Café de las Columnas fue reformado y convertido en café musical. Se instaló un magnífico piano, donde profesores como Ignacio Carrillo o Vicente Maña conseguirían grandes éxitos. 

Fuente: B.N.E. publicada en 1884.
A la izquierda, en la parte inferior del dibujo, aparece la fachada del Café de las Columnas, de la Puerta del Sol.

Su más que reconocido chocolate y aquellas veladas musicales no impidieron las continuas redadas policiales en busca de salas de juego clandestino que, como en la mayoría de los cafés del momento, se habían instalado en él. 

A mediados del año 1890 el café de la Puerta del Sol, número 3, volvió a cambiar de dueño, de nuevo fue reformado y pasó a llamarse Café de Londres.

Fuente: ABC (1895)
Interior del Café de Londres.

Propiedad de Francisco Álvarez, el de Londres era un café de tertulias que mantenía la antigua sala de billar situada en el entresuelo. Bajo sus estilizadas columnas se reunían a diario el escritor Jacinto Octavio Picón Bouchet, el dramaturgo satírico Eduardo Lustonó, el poeta Francisco de Asís Icaza y el pintor José Gärtner de la Peña. La tertulia más destacada de este Café de Londres era teatral y estaba integrada por Vital Aza Álvarez-Buylla, Miguel Ramos Carrión y Ricardo de la Vega, entre otros dramaturgos.

El último y más duradero de los antiguos cafés instalados en este número 3 de la Puerta del Sol fue el Café de Puerto Rico.

Propiedad de Juan Nido, también dueño del negocio de restauración que funcionaba por entonces en el Parque de El Retiro de Madrid, el Café de Puerto Rico abrió en el año 1902. 

Fuente: B.N.E. (1915)
El Gran Café de Puerto Rico, tras la reforma del año 1915.

Manteniendo en su entresuelo la legendaria gran sala de billar, este café incorporó también un servicio de restaurant, cuyos platos del día se anunciaban en la prensa de forma habitual. Por un precio de 2 pesetas se podía consumir dos platos, vino, pan y postre, para las comidas. El de Puerto Rico era parada frecuente, por la noche, de los cómicos que trabajaban en los teatros Apolo y de la Comedia, como la actriz Loreto Prado y el actor Enrique Chicote, entre otros muchos.

En el año 1913 este café pasó a titularse Gran Café de Puerto Rico y dos años después, con un nuevo propietario, acometió una enorme reforma en su local, del que no quedó más que el título.

Fuente: ABC (1915).
Salón del Café de Puerto Rico, tras la reforma. En las columnas se ven las novedosas perchas para depositar sombreros y abrigos.

El nuevo dueño del Gran Café de Puerto Rico era Clemente Fernández, quien el sábado 9 de octubre de 1915 anunciaba la reapertura del suntuoso local. Bellamente decorado en elegante tono blanco con tonalidades doradas en paredes y techos, modificó por completo el mobiliario. Soberbios divanes de terciopelo gris, pequeñas mesas y elegantes sillones, espléndidos espejos y lunas biseladas, modernísimos aparatos de luz eléctrica, calefacción por agua caliente con la última palabra en este servicio. Como innovador diseño el café disponía de originales perchas, en forma de cestillos metálicos, insertadas en las columnas.

Fuente: ABC (1915).
La sala de billar y la moderna cocina.

El menú, confeccionado en la novísima cocina, había incrementado su precio a 3,50 pesetas e incluía vinos, postres variados y helados.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Edificio actual de la Puerta del Sol, nº 3, donde estuvieron todos estos cafés.

El Café Puerto Rico, que ya en los años treinta había desalojado de su nombre el adjetivo “gran” y la preposición “de”, sería sustituido en el año 1959 por un negocio de sastrería para caballero y niño. 




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
Madrid.org
Museodelestudiante.com
Todocoleccion.net
Bdh.bne.es
Cervantesvirtual.com
“Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
Es.wikipedia.org