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viernes, 5 de enero de 2018

EL EDIFICIO CAPITOL DE LA GRAN VÍA.

Quien camine por la Gran Vía desde la calle de Alcalá, con dirección a la plaza del Callao y antes de llegar a la Red de San Luis, se encontrará con el edificio quizá más representativo de Madrid. Su chaflán redondeado de cincuenta y cuatro metros de altura, rematado por un torreón al que se unió el anuncio de neón más famoso del país, fue así diseñado para mejorar las vistas desde el eje del segundo tramo de la Gran Vía.


Fuente: mcu.es (1933).
Edificio Carrión o Capitol, recién inaugurado.


El Edificio Capitol fue inaugurado el día 15 de octubre de 1933, tras dos años y medio de obras, con un coste total de catorce millones de pesetas. Instalado sobre un solar irregular, sobre el que antes de la construcción de la Gran Vía se ubicaba la parte ya desaparecida de la calle de Tudescos, posee una privilegiada situación en el núcleo urbano más moderno del Madrid de los años treinta, que continúa vigente.

Fuente: Urbanity.es (entre 1927 y 1928).
Construcción del tercer tramo de la Gran Vía (avenida de Eduardo Dato).
A la izquierda de la fotografía se aprecia el solar donde sería edificado el Edificio Capitol.

Propiedad, por entonces, de Enrique Carrión Vecín, dueño también de la parcela sobre la que se asienta, el moderno inmueble tubo en inicio el nombre de Edificio Carrión, como figura en el rótulo sobre su puerta principal del número 41 de la Gran Vía. Durante su construcción pasó también a denominarse Capitol, al igual que sala de cine, el café o el restaurante que en él se abrieron. Su torreón fue rematado con un rótulo luminoso, en letras tipo helvética, con dicha denominación.

El proyecto del Capitol fue encargado a los jóvenes arquitectos Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced Eced, quienes tan sólo cuatro años antes habían finalizado la carrera de Arquitectura. Su propuesta innovadora haría descartar de inmediato los diseños presentados al concurso convocado por Enrique Carrión para la construcción del edificio, en el año 1930.

Las obras darían comienzo el día 11 de abril de 1931 en el solar situado entre la entonces avenida de Eduardo Dato, número 1 (hoy Gran Vía, 41) y la calle de Jacometrezo, número 2, con chaflán a la plaza del Callao. El vaciado de esta parcela se realizó a mano con carretillas, poleas y sencillas grúas. 

De estilo racionalista, Capitol fue planificado como edificio multifuncional al integrar espacios destinados a café, salón de té, sala de fiestas, bar americano, restaurante, departamentos para una o dos personas, oficinas y una gran sala de espectáculos. A todas estas dependencias se podía acceder por el interior, sin necesidad de salir a la calle. 

El edificio, de catorce plantas y dos sótanos, fue construido en hormigón armado recubriendo la parte correspondiente a los sótanos y el cinematógrafo, utilizando en el resto una estructura metálica con vigas Vierendeel en forma de celosía octogonal, con una longitud de treinta y un metros, que por entonces fueron las más largas empleadas en Europa. El revestimiento de la fachada, a base de diferentes tipos de piedra bien coordinados, hizo que su contraste evitase la monotonía de sus líneas horizontales.

Fuente: mcu.es (1935). Fotografía actual (2017) de M.R.Giménez.

Bajo la gran marquesina volada de hormigón, que aún rodea el chaflán, se ubicó la entrada al Café Capitol. Una puerta giratoria, con cerco en piedra arenisca veteada (hoy desaparecida), daba acceso a este café que fue proyectado para una gran masa de público. 

Fuente: mcu.es (1935). Fotografía actual (2017) de M.R.Giménez.
Entrada al Café Capitol, con puerta giratoria, situado en el chaflán de la plaza del Callao.
Hoy la antigua fachada del café ha desaparecido.

Dotado de luz indirecta insertada en las molduras de un techo que combinaba los amarillos y los grises, sus paredes estaban pintadas en dos colores: marrón en la parte inferior y amarillo claro en la superior. Las columnas del local se habían revestido de mármol travertino en color ocre claro.

Mesas en madera de roble cubiertas de mármol en color beige, divanes y confortables sillas de haya tapizadas en piel azul formaban el mobiliario, diseñado también por el arquitecto Martínez Feduchi.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es y memoriademadrid.es (1935).
Dos aspectos del interior del Café Capitol.

La magnífica ubicación del Café Capitol y su emplazamiento bajo las oficinas de Paramount Films, instaladas en el edificio recién inaugurado, hicieron de este local un lugar en donde poder ver a los artistas de cine que visitaban Madrid.

Sobre el café se instaló el Salón de Té, con entrada provisional por la calle de Jacometrezo tras su inauguración en los días finales del mes de octubre de 1933. Con decoración suave y románticamente arcaica, sus paredes y columnas habían sido tapizadas en tela de color rojo oscuro, contrastando con la pintura gris del techo. Sus sillas de caoba y asientos de tapicería también fueron diseñados por Feduchi, especialmente para este salón.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es y memoriademadrid.es (1935).
Imágenes del Salón de Té Capitol.

Una gran Sala de Espectáculos (Cine Capitol), un restaurante con hermosas vistas situado en la décima planta y un Bar Americano, cuyo mostrador original se ha conseguido recuperar, completaban la oferta de ocio del inmueble.

Fuente: memoriademadrid.es (1935) y fotografía actual de M.R.Giménez (2017).
La barra del Bar Americano se ha recuperado y forma parte de la cafetería instalada hoy en el edificio.

Los tres primeros pisos del edificio, por encima de la marquesina volada de hormigón, se destinaron a oficinas, siendo los cuatro siguientes diseñados para convertirse en departamentos para solteros.

En el mes de enero de 1934 comenzaron a ofertarse los apartamentos, en régimen de alquiler, del Edificio Capitol

Aunque de pequeño tamaño, estos alojamientos amueblados estaban dotados de todas las comodidades. Cada uno de ellos contaba con su propio cuarto de baño y un armario ropero empotrado, teléfono, caja de caudales, altavoces para poder disfrutar de las emisiones de radio o audiciones de discos transmitidas desde la cabina central del edificio. El inquilino, con una llamada telefónica, podía solicitar la conexión o desconexión de su altavoz o pedir cualquier menú al restaurante. 

Los muebles, también diseñados por el arquitecto Feduchi, eran cómodos, sencillos, elegantes y versátiles. Algunos de ellos, como los sofás, estaban fijos en el suelo y solían tener dos pequeñas estanterías a los lados. Las camas podían empotrarse en la pared mediante un sencillo mecanismo; de esta forma, las habitaciones se convertían en salón durante el día y en dormitorio por la noche.

Fuente: memoriademadrid.es y hemerotecadigital.bne.es (1935).
Departamento de alquiler y su mobiliario. Las camas, empotradas en la pared, podían ocultarse durante el día.

El formidable chaflán del Edificio Capitol comenzaría a ser utilizado para la instalación de publicidad corporativa desde el principio. Empresas como Paramount, y más tarde la productora y distribuidora cinematográfica CIFESA, situaron allí sus oficinas, dando visibilidad en la fachada a sus marcas y logotipos. Mientras, sobre el espléndido torreón rematado por las letras que daban nombre al edificio, se instaló el rótulo que indicaba la apertura del hotel que ya se había inaugurado.

Fuente: memoriademadrid.es y mcu.es (1934, 1936, 1953 y 1960).
Diferentes aspectos del torreón del edificio Capitol, a lo largo de los años.

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado el torreón del Capitol fue soporte para un gran anuncio de neón con la marca de unos cigarrillos. Por entonces, las habitaciones del edificio sobre las que se instaló dicha publicidad, y que antes habían sido pequeños estudios de alquiler, parecían no tener demasiada relevancia. 

En el año 1972 aquel potente anuncio de neón, situado a treinta y siete metros de altura, fue reemplazado por el de una conocida marca de tónica. 

Algo más de treinta años después este reclamo publicitario modificó su pesado armazón, modernizando sus neones y cambiando el tamaño de sus letras, que hasta entonces tenían la misma medida (hoy la primera de ellas está en mayúscula).

Realizado por Manuel Chamorro (2018).
Neón actual del Edificio Capitol.

Nadie ha podido con este neón colorido, que apaga y enciende sus luces con insistencia. En el año 2006 el “proyecto de Ordenanza reguladora de la Publicidad Exterior” del Ayuntamiento de Madrid intentó su desmantelamiento, como hizo con la mayoría de los neones, pero este cartel consiguió ser declarado elemento singular y continúa en su sitio. 

Su ubicación en la fachada correspondiente a las plantas novena, décima y undécima del hotel ha propiciado que las habitaciones en que se encuentra, y eran los antiguos estudios de alquiler del viejo edificio, sean hoy muy solicitadas por los clientes del negocio.





Fuentes:

bocm.es
caminandopormadrid.blogspot.com
elpais.com
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es
icog.es
mcu.es
memoriademadrid.es
urbanity.es

jueves, 28 de diciembre de 2017

martes, 12 de diciembre de 2017

RECUERDOS DE LOS CAFÉS MUSICALES, UNIVERSAL Y VARELA.

La historia de Madrid también puede contarse por medio de aquellos antiguos cafés, que ya no existen. Los más importantes contaban con afamados músicos y acreditadas orquestas, que ofrecían sus conciertos diarios en varias sesiones. Tal era el caso del Café Universal, de la Puerta del Sol, y del Café Varela, de la calle de Preciados, en los que la violinista Olga Ramos actuó durante varias décadas junto a su marido, Enrique Ramírez de Gamboa.

El ambiente de esos cafés, sus tertulias, aquellos personajes famosos que por ellos pasaron, las divertidas anécdotas y sus protagonistas… 

La cupletista Olga María Ramos nos relata un mundo de recuerdos, contados con gracia y desenvoltura, sobre estos antiguos cafés musicales que también pasaron a formar parte de la crónica de Madrid.




https://www.youtube.com/watch?v=TwTNaXgS6TY
"Recuerdos de los cafés Universal y Varela"


 Podéis registraros en el canal de YouTube de los "Antiguos Cafés de Madrid" https://www.youtube.com/channel/UCCmQb2UTq-TNbf8Y8n7n6_w






jueves, 16 de noviembre de 2017

EL MUSEO DE OLGA RAMOS Y EL CUPLÉ.


El Museo de Olga Ramos recopila una enorme cantidad de objetos que reviven la historia de los antiguos cafés musicales de Madrid, que ya no existen, y de aquellos míticos tiempos del cuplé

La cantante, compositora y conferenciante Olga María Ramos, hija de “La reina del cuplé”, nos enseña aquí una espléndida colección de antiguos mantones de Manila, elegantes trajes de chifón o de seda y sus complementos, partituras históricas, instrumentos musicales centenarios, sugerentes abanicos de marabú o pintados a mano, fotografías dedicadas, decorados de escenarios, los espejos del antiguo Café Universal de la Puerta del Sol y muchas sorpresas más.





https://www.youtube.com/watch?v=yjUdFvpN7Es
"El Museo de Olga Ramos"


En el año 1918, cuando Olga Ramos (Trinidad Olga Ramos Sanguino) vino al mundo, el cuplé estaba en la plenitud de su apogeo. Varias décadas más tarde este género musical únicamente pervivía en la memoria popular, pero Olga lo rescató del olvido para devolverle su tono, su originalidad y su gracejo.

Olga Ramos, violinista titulada en el Real Conservatorio, comenzó su carrera musical en los antiguos cafés de Madrid (Universal, Varela) con su orquesta de señoritas. En ellos actuó durante los años cuarenta, cincuenta y gran parte de los sesenta junto a la pianista Magdalena Martín, y conoció a su marido, el también músico y compositor Enrique Martínez de Gamboa “El Cipri”. 

Desde el final de la década de los años sesenta del siglo pasado Olga Ramos retomó el cuplé y lo convirtió en algo muy peculiar. A partir de entonces, figura en la historia de Madrid con derecho propio.


Fuente: madridiario.com (2004)
Olga Ramos tomando café.


El cuplé formaba parte de los espectáculos llamados de variedades o varietés, que llegarían importados de Francia en los años finales del siglo XIX. La sátira y la picaresca eran ingredientes fundamentales de sus letras, acompañadas por melodías fáciles de recordar. Tal fue el caso de “La pulga”, que en el año 1899 estrenó, con gran éxito en Madrid, Nelle Martini. 

Las insinuantes letras con doble sentido y sicalípticas de estas canciones iban acompañadas por movimientos sugerentes de sus intérpretes femeninas, que ofendían la moralidad imperante en el momento. Así estos espectáculos, encuadrados en lo que se llamó el género ínfimo, sufrieron el acoso de la virtuosa censura y quedaron reducidos a un público masculino, conceptuado como de dudosa respetabilidad

Todo cambió alrededor del año 1912, cuando cuplés y cupletistas adquirieron un reconocido prestigio. Aurora Jauffret, conocida como “La Goya”, dignificó el cuplé y lo innovó, concediéndole importancia estética. Fue la primera en incluir en su repertorio canciones para ser vistas y cantadas por toda la familia.

El género ínfimo y las variedades decayeron allá por el año 1924, para remontar diez años después con nuevas representaciones mejor programadas, que provocaron el resurgimiento del género y la recuperación de estrellas del cuplé como Raquel Meller, Pastora Imperio o Amalia de Isaura. 

Posteriormente el género de la revista incorporó a sus espectáculos los antiguos cuplés, modernizándolos y manteniendo aquella picaresca en sus representaciones, que los censores de la dictadura franquista se encargarían de mitigar. 

El cuplé y la revista fueron muy populares hasta el final de los años sesenta del siglo anterior, a partir de entonces comenzó su decadencia. En la memoria de todos quedaron aquellas letras cupleteras con pegadizos estribillos: “La chica del 17”, “¡Ven y ven!”, “La machicha”, “Los nardos”, “Si te casas en Madrid” y tantas otras, a ritmo de pasacalles o pasodobles, chotis o habaneras.





Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemerotecadigital.bne.es
Madridiario.com
Triunfodigital.com
Vídeo: 
“El Museo de Olga Ramos” de “Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa”.
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jueves, 2 de noviembre de 2017

EL PALACIO DE MONISTROL O DE SÁSTAGO.

La hoy conocida como plaza de la Luna, y oficialmente llamada de Santa María Soledad Torres Acosta, albergó uno de los edificios con más historia del centro de Madrid: El Palacio de Monistrol, también conocido como de Sástago

La voraz fiebre especulativa de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado había dejado en el más absoluto abandono, durante demasiado tiempo, tanto al viejo caserón como a los inmuebles de su entorno. El estado ruinoso del conjunto llegó a suponer un peligro para los peatones, por el continuo desplome de cornisas y partes de la fachada de los edificios. 

Fue así como en el año 1969 comenzó el derribo de trece fincas comprendidas entre las calles de Concepción Arenal, Tudescos, y su desaparecido callejón, Luna y Silva, llevándose también al antiguo Palacio de Monistrol, con sus tres siglos de intensa historia. 

El terreno fue excavado para albergar las cuatro plantas de uno de los aparcamientos más importantes de Madrid, con capacidad para 600 coches sobre el que se planeaba construir una gran plaza con un bello jardín “tipo italiano” y un edificio comercial de cuatro o cinco pisos. Finalmente fueron construidos dos edificios de seis alturas y una escalonada plazoleta con algunos pequeños árboles, además del estacionamiento.

Fotografía: M.R.Giménez (2017)
La plaza de la Luna (Santa María Soledad Torres Acosta), donde se situaba el Palacio de Monistrol.

Los antecedentes de la vieja casona, que luego sería el Palacio de Monistrol, se remontaban a principios del siglo XVII. El plano de Pedro Texeira (1656) muestra, en la esquina de la calle de la Luna con la de Tudescos, lo que fue el imponente edificio del oidor (juez) Francisco de Tejada y Mendoza. La casa tenía una característica torre rematada por un chapitel austriaco. En el patio principal había una fuente artística entre arriates. 

Fuente: bvpb.mcu.es (1656).
Plano de Pedro Texeira. El antiguo edificio de Francisco de Tejada y Mendoza, situado en la calle de la Luna, aparece señalado por la flecha.

Tras sucesivas herencias, el edificio llegaría a ser propiedad de los condes de Sástago en el año 1731 y con posterioridad, tras el matrimonio entre la condesa Sástago y el marqués de Monistrol en el año 1857, sería conocido como Palacio de Monistrol.

Fueron varias las modificaciones que se ejecutaron en el viejo caserón de la calle de la Luna, a lo largo del tiempo. 

En el año 1782 el Banco de San Carlos (antecedente del Banco de España, por abreviar) arrendó parte de la casa para instalar en ella sus dependencias. La obra de remodelación fue encargada al arquitecto Pedro Arnal, quien no parece modificara en el inmueble su severo aspecto, carente de toda ornamentación y trato neoclásico, dando incluso a sus comisas “la misma forma que tienen las antiguas”.

Fuente: archivesportaleurope.net (1885).
Fachada correspondiente a la calle de la Luna del Palacio de Monistrol, según proyecto del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco.

Los propietarios del Palacio de Monistrol o de Sástago sólo utilizaron como vivienda la parte noble del edificio, arrendando la planta a nivel de calle a diferentes negocios. 

El día 8 de octubre de 1826, en la esquina comprendida entre las calles de la Luna y de Silva, fue inaugurado el Teatro Pintoresco, que representaba espectáculos donde bailaban figuras mecánicas acompañadas por una brillante sinfonía. Siete años después la sala pasó a llamarse Teatro de Buena-Vista, en cuyas funciones intervenían compañías públicas, particulares o de actores y actrices aficionados. Tras su cierre, en el año 1876, el local se destinó a negocios relacionados con guarda y venta de muebles.

En la esquina opuesta del palacio, correspondiente con la calle de Tudescos, estuvo, ya en el año 1848, el famoso Café de la Luna: café amplísimo, dividido en grandes estancias de altos techos sostenidos por robustas columnas, así descrito tras la reforma efectuada en el año 1864. Frecuentado por artistas, escritores, periodistas y poetas, que allí tenían sus tertulias, era también un café musical con orquestas. Su dueño y creador, Joaquín Hevia, fue asesinado en el año 1890 protagonizando “El crimen de la calle de la Justa” (hoy calle de los Libreros), que tanto daría que hablar a la prensa del momento.

El Café de la Luna cerró en el mes de junio de 1908 y en su local se instalaron los Almacenes Eleuterio, en un principio especializados en pasamanería, tapicería y tejidos, que fueron inaugurados el día 11 de enero de 1909. El negocio llegó a ser muy popular, en especial durante la década de los años veinte y treinta del siglo pasado, abriendo varias tiendas en Madrid. El establecimiento de la calle de la Luna fue publicitariamente denominado como Almacenes CECA, para distinguirlo de la sucursal abierta en la calle de Fuencarral, que fue renombrada como MECA.

Fuente: prensahistorica.mcu.es
La fotografía de la izquierda, interior de los Almacenes Eleuterio, corresponde al año de su inauguración (1909).
A la derecha la fachada del Palacio de Monistrol en su esquina con la calle de Tudescos, en 1969. Se aprecia el rótulo en el que los almacenes aparecen renombrados como CECA.

Mientras todos estos negocios, y algunos otros de menor trascendencia, iban arraigando en el Palacio de Monistrol, sus dueños acometieron importantes remodelaciones en la antigua casona. Así, en el año 1885 se encargó una gran reforma del edificio al prestigioso arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. 

Era un edificio espléndido, con todas las características del arquitecto, cerámica, logias (galerías cubiertas), columnas, soberbio portal con magnífica escalera, estancias decoradas con delicadas molduras clásicas, etc. En su decoración exterior intervino Daniel Zuloaga Boneta, quien aportó una ornamentación cerámica muy parecida a la del Palacio de Velázquez (también obra del arquitecto Velázquez Bosco), situado en El Retiro de Madrid. 

Fuente: urbanity.es (1969) - archivesportaleurope.net (1885).
En el torreón del Palacio de Monistrol, de la calle de la Luna esquina a la de Tudescos, se edificó el mismo balcón con arquería que figuraba en el proyecto de Ricardo Velázquez Bosco.
 
El Palacio de Monistrol contenía una valiosa colección de objetos que el marqués José María Escrivá de Romaní, coleccionista y académico de Bellas Artes, había ido recopilando a lo largo del tiempo. Tablas de Jean van Eyck, óleos de Juan de Juanes, retratos de Federico Madrazo y Francisco Masriera, admirables tapices flamencos y gobelinos, porcelanas del Buen Retiro y de Sèvres, antiguas cerámicas de Talavera, ornaban las estancias de la gran mansión de la calle de la Luna.

Fuente: memoriademadrid.es (1928) y B.N.E. (1914).
Dos aspectos de la amplia escalera del palacio. En la segunda fotografía se aprecia la silla de manos estilo Luis XV.

Traspasando el enorme zaguán de entrada, una amplia escalera daba acceso a la vivienda. En ella resaltaba el escudo de los Sástago, también las columnas que sostenían la bóveda y una dorada barandilla. En sus blancas formas se habían instalado dos piezas destacadas: el arcón tallado del siglo XV que fue joyero de Isabel la Católica y la silla de manos, estilo Luis XV, con que eran transportadas las visitas reales. 

Fuente: B.N.E. (1909 y 1914).
A la izquierda, el salón de baile. A la derecha, el salón de antigüedades.

Un gran número de salones, cada uno dedicado a un uso particular (de baile, antigüedades, de billar, de lectura) o designados por el color de la seda que recubría sus paredes (amarillo, verde, azul) se embellecían con muebles de ébano, algunos de ellos con incrustaciones de marfil, vargueños, estatuas de mármol, enormes espejos, antiguas armaduras y lámparas de cristal veneciano.

La fantástica colección de tapices del palacio cubría gran parte de las paredes, en aquellos salones con techos artesonados o cubiertos de pinturas al fresco. De ellos, los más valiosos, fueron destinados a la capilla que recibía luz cenital por medio de una pequeña cúpula.

Fuente: B.N.E. (1914).
A la izquierda, el comedor. A la derecha, la capilla.

La última propietaria que habitó en el Palacio de Monistrol de la calle de la Luna fue la condesa de Alcubierre. En el año 1907 encargaría una última remodelación, de algunas partes del edificio, al arquitecto Joaquín Saldaña López: modernizando varias habitaciones para uso personal y el garaje ubicado en la calle de Silva. Tras su fallecimiento, en el año 1927, los herederos del palacio disgregaron las joyas de arte que guardaba, destinando a diversos usos la mayoría de tan señoriales dependencias.

En el viejo caserón de la calle de la Luna, número 11 se fueron instalando tiendas, oficinas del Canal del Lozoya, talleres y pequeñas fábricas, además de los negocios ya citados. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) parte del edificio sería ocupado por sectores del sindicato C.N.T. Las habitaciones con más luz fueron divididas y transformadas en estudios para escultores y pintores como Juan Genovés Candel, quien allí trabajó desde el año 1954, convirtiendo su estudio en un lugar de encuentro de artistas y escritores. Academias de baile, como la de Emilia Ardanuy, y un taller en el que se pintaban las grandes carteleras con que los cines de Madrid, y en especial de la Gran Vía, anunciaban las películas en sus fachadas. 

A mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado el Ayuntamiento de Madrid adquirió el Palacio de Monistrol, abonando a los propietarios la cantidad de diez millones de pesetas. Poco después comenzaría a tramitarse su expediente de demolición, no sin antes vender la magnífica escalera, el enorme portal adornado por gruesas columnas de granito y los mosaicos de Zuloaga que decoraban las tres fachadas del edificio, que fueron adquiridos por una señora extrajera, a buen precio, ofreciendo al capataz del derribo cien pesetas por cada azulejo intacto. 

En el mes de agosto de 1969 se dio la orden para la derribo del palacio, mientras los inquilinos se hacían fuertes en el interior del viejo caserón para evitar el desahucio.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1969).

Cuando ya llevaban tiempo deshaciéndolo, echaron abajo una pared y se encontraron con una gran sala entelada en azul y flores de lis en blanco, y un gran salón del trono. Por conversaciones entre los vecinos, se habló entonces de un título nobiliario, propietario del palacio, que había sido virrey de las Indias.


Para ampliar información sobre el Café de la Luna y el Teatrillo de Buenavista, pulsad aquí




Fuentes:

Archivesportaleurope.net
“Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX”. Pedro Navascués Palacio.
Bvpb.mcu.es
“El Banco de España en Madrid. Génesis de un edificio”. Pedro Navascués Palacio.
“El cine, la Gran Vía y yo”. Rosario González Truchado.
Es.wikipedia.org
“Guía del plano de Texeira (1656). Manual para localizar sus casas, conventos, iglesias, huertas, jardines, puentes, puertas, fuentes y todo lo que en él aparece”. María Isabel Gea.
Hemerotecadigital.bne.es
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es


Este artículo está dedicado a la memoria de Luisa Sánchez.

miércoles, 4 de octubre de 2017

CAFÉ DE SÓLITO DE LA CALLE DEL PRÍNCIPE.

“¿Acabé de comer? A Sólito. Allí dos horas, dos cafés, y dos amigos.” Mariano José de Larra (1834).

Parece que el afamado repostero Antonio Sólito, especialista en quesitos helados y otras ambrosías, comenzó a ganar fama en el Madrid de 1816 trabajando en el café y botillería del Príncipe, situado en la calle del mismo nombre. Un año más tarde Sólito se trasladó al café del Buen Suceso, en la calle de Alcalá e inmediato a la desaparecida iglesia de la antigua Puerta del Sol. En el año 1820 inauguraría un primer local llamado café del Buen Gusto, también en la calle de Alcalá, y cuatro años más tarde (1824) instalaría otro café con ese mismo título, volviendo a la calle del Príncipe esquina con la de su travesía (absorbida ésta por la plaza de Santa Ana), frente al coliseo (hoy Teatro Español).


Fuente: Fotograría de Jean Laurent (1867-1872) mcu.es.
Fachada del Teatro Español, por entonces denominado Teatro del Príncipe. El Café de Sólito estuvo situado en el terreno correspondiente a la parte inferior de la fotografía.

El título de Café de Sólito aparece ya en el año 1828, siendo probable que fueran sus mismos parroquianos quienes renombraran al café del Buen Gusto con el apellido de su dueño y que éste decidiera, en un momento dado, cambiar de marca del establecimiento. 

Fuente: ign.es (1848). Plano de Francisco Coello y Pascual Madoz.
En el recuadro aparece la manzana de casas donde se ubicaba el Café de Sólito (señalado por la flecha), frente al teatro.

A principios de la década de los años treinta del siglo XIX, los cafés situados en los alrededores de la plaza de Santa Ana estaban de moda entre los escritores románticos, o los que pretendían llegar a serlo. Muchos de ellos frecuentaban El Parnasillo (café del Príncipe), pero al aumentar en su interior el elemento militar y político trasladaron sus tertulias a un lugar con menos alboroto. Fue así como el poeta José Zorrilla, los dramaturgos Antonio Gil Zárate y Antonio García Gutiérrez, el escritor y periodista Mariano José de Larra “Fígaro” y otros muchos comenzaron a frecuentar el Café de Sólito, omitiendo maliciosamente el esdrújulo al pronunciar el nombre del café.

Por lo regular la vida de un literato da principio en el Café de Sólito, se decía en alguna revista literaria de la época. En efecto, parece que éste era el lugar imprescindible para darse a conocer y hacerse amigo de los que llevaban el compás de la república literaria en Madrid; todo ello refrescado con licores, sorbetes, agraz frío (zumo de uva verde) y, por supuesto, de café. 

Fuente: Todocoleccion.net.(principios del siglo XX). M.R.Giménez (2017)
Ayer y hoy de la fachada del Teatro Español situado en la plaza de Santa Ana.

En otra de las tertulias instauradas en el Café de Sólito se fundó en el año 1836, a iniciativa de trece socios de tono señorial y aristocrático, lo que primero se denominaría Casino, después Casino del Príncipe y con el tiempo llegaría a ser el actual Casino de Madrid. Esta asociación, de la que en origen formaron parte militares, aristócratas y diplomáticos como Mariano Téllez de Girón, Fernando Fernández de la Peña, Carlos Latorre y diez socios más, iría incrementando su número y cambiando la ubicación de sus reuniones hasta llegar a construir su propio edificio en el año 1910, en la calle de Alcalá, número 15.

En el año 1841 la puerta del Café de Sólito fue escenario de lo que parecía un lance particular entre dos individuos, pero que dio mucho qué hablar en la prensa del momento. El día 23 de julio, a las nueve y media de la noche, el por entonces diputado y posterior Presidente del Consejo de Ministros Juan Prim Prats, descargó dos fuertes garrotazos contra el periodista e historiador Modesto Lafuente Zamalloa, que huyó despavorido mientras su bastón y su sombrero quedaron sobre el campo de batalla como trofeo del vencedor.

El altercado tuvo su origen en la publicación política y satírica “Fray Gerundio”, con la que Modesto Lafuente había comenzado su carrera literaria. En el número correspondiente al día 20 de julio de 1841, el autor hacía referencia al diputado Prim alterando su apellido: “Señor, se reconoce que el tal Prim o Pringue está a mal con todo lo que huela a sacris…” El aludido, sintiéndose insultado, remitió una carta al semanario exigiendo una rectificación. La respuesta inmediata resultó aún más sarcástica y como resultado se produjo la agresión.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1841).
Portada de "Fray Gerúndio". Publicación que contiene el artículo de la polémica.

Pocos años después, sobre 1845, el Café de Sólito desapareció debido al muy reclamado ensanche de la plaza de Santa Ana. La estrecha manzana de casas (por entonces señalada con el número 215) que ocupaba el espacio entre la plaza y la calle del Príncipe, frente al teatro y donde se ubicaba el café, fue demolida. Esta pequeña parcela sirvió para agrandar y ajardinar la plaza, cuyas obras de remodelación comenzarían alrededor del año 1868. 

Fuente: oldmapsonline.org (1879). Plano de Madrid de Carlos Ibañez Ibero.
La plaza de Santa Ana aparece con el nombre de plaza del Príncipe Alfonso. Las obras de su remodelación habían tenido lugar, desapareciendo la manzana de casas en la que se ubicaba el Café de Sólito (que estuvo en el sitio que marca la flecha)

Plaza, calle y teatro cambiaron varias veces sus nombres en función de los acontecimientos políticos e históricos. De esta manera la hoy plaza de Santa Ana fue así llamada hasta 1860, año en que fue renombrada como Príncipe Alfonso. Entre los años 1868 y 1887 pasó oficialmente a llamarse de Topete, para repetir después como Príncipe Alfonso y acabar, en el año 1931, llamándose de nuevo y hasta el momento plaza de Santa Ana.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1931).
Durante la II República Española, la plaza de Santa Ana recobra su nombre actual.

También la antigua calle del Príncipe cambió su nombre por el de calle de Izquierdo, tras la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II. Diecinueve años después volvería a recuperar su antigua denominación, que aún conserva.

Fotografía: M.R.Giménez (2011).
La plaza de Santa Ana desde las puertas del Teatro Español.

El viejo coliseo, que en el siglo XVI comenzó llamándose Corral del Príncipe, pasó, tras varios incendios y numerosas reformas, a denominarse Teatro del Príncipe. Desde el año 1849 mantiene el nombre de Teatro Español.




Fuentes:

Cervantesvirtual.com
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Es.wikipedia.org
Hemerotecadigital.bne.es
Ing.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“Manual de Madrid. Descripción de la Corte y de la Villa” Ramón de Mesonero Romanos.
Mcu.es
Olmapsonline.org
Todocoleccion.net

lunes, 4 de septiembre de 2017

MERCADO DE LA PLAZA DE LA CEBADA Y CAFÉ DE LOS NARANJEROS.

La plaza o plazuela de la Cebada era ya, a mediados del siglo XVI, un centro de venta de cereales, tocino y legumbres. La proliferación de los puestos y tenderetes allí ubicados haría necesaria una regulación de este espacio, para lo que fue encargado un primer proyecto de mercado abierto al maestro de obras José de Villarreal, en el año 1649. 

Fuente: memoriademadrid.es
Proyecto de mercado abierto para la plaza de la Cebada (1649).

El auge de las ventas en la plaza de la Cebada era cada vez mayor. A ella concurrían vendedores y compradores de productos alimentarios e incluso, durante el siglo XVIII, era el lugar donde se instalaban las ferias de Madrid. Así mismo, al comenzar el siglo XIX adquirió este paraje el lúgubre prestigio de ser designado para las ejecuciones capitales.

Fotografía: M.R.Giménez (2007).
Placa conmemorativa del ajusticiamiento en la horca del militar y político liberal Rafael del Riego, con un pequeño ramo de flores que allí se mantuvo durante varios años.

Casi dos siglos después del primer proyecto de mercado para la Cebada, se hizo muy necesaria su modernización. Tras la presentación de varios diseños, sería elegido el propuesto por el arquitecto Mariano Calvo Pereira: un edificio cubierto, de planta irregular, con seis puertas de acceso y una superficie de 6.323 m2. 

El nuevo mercado tenía dos plantas: un sótano destinado a almacenaje y, sobre él, la zona destinada a los puestos de venta. Con estructura de hierro forjado, fabricada en Londres por la casa G. B. Granley y compañía, tenía 166 columnas interiores con una altura de 4’53 m. Todo el edificio estaba iluminado por lámparas de gas, cuando la luz del sol no entraba por sus enormes cristaleras. 

Fuentes: memoriademadrid.es (1867) y mcu.es -fotografía de Jean Laurent (1875).
Proyecto del mercado de hierro. Su interior el día de la inauguración.  

Aquel mercado de la Cebada fue inaugurado a las cuatro de la tarde, del viernes 11 de junio de 1875. Treinta años después su espacio sería ampliado con cuatro pabellones cubiertos para la venta de frutas y verduras, por lo que fue necesario reestructurar la plaza y derribar edificios como la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, de la calle del Humilladero. En el año 1925 se añadieron otros tres pabellones, a los ya existentes; todos ellos serían derruidos ocho años después.

Fuentes: fuenterrebollo.com (década de los años 20 del siglo pasado) y hemerotecadigital.bne.es (1925).
En ambas fotografías se aprecian los nuevos pabellones anejos al edificio del mercado de hierro.

El viejo mercado de hierro de la Cebada fue finalmente derribado en el año 1956 y sustituido por el edificio actual, del arquitecto Antonio García de Arangoa e inaugurado el jueves 26 de abril de 1962, que parece también tener sus días contados.

Fotografías: M.R.Giménez (2007).
Exterior e interior del actual mercado de la Cebada.

En el mes de octubre de 1854 el Ayuntamiento de Madrid resolvió cambiar el nombre a la plaza de la Cebada. Desde el día 7 de noviembre de ese mismo año –treinta y un años después del ajusticiamiento del militar y político liberal Rafael del Riego Flórez- pasó a denominarse plaza de Riego, designación que se mantuvo de manera oficial hasta mediados de la década de los años setenta del siglo XIX, momento en que recuperó el nombre de plaza de la Cebada, como todos la seguían llamando. 

Parece que el ramo de los naranjeros del mercado de la Cebada, allá por la mitad del siglo XIX, tenía una gran influencia. La ubicación de sus cajones, a la altura del número 6 de la plazuela, servía como referencia para localizar otros negocios o lugares cercanos; incluso contaban con una numerosa representación en la toma de decisiones municipales relativas al mercado. Ningún productor podía vender naranjas por su cuenta, sin el consentimiento de dicho gremio.

En el número 5 de la plaza de la Cebada aparece ya en el año 1875 el Café de la Latina, que pasaría a ser más conocido como Café de los Naranjeros o Café de Naranjeros a lo largo de su existencia.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1915).
La plaza de la Cebada, con el viejo mercado de hierro. A la derecha, señalado con una pequeña flecha, el lugar donde se ubicaba el Café de los Naranjeros.

El de los Naranjeros era un café de cante y baile flamenco en el que comenzaron sus carreras artísticas figuras tan relevantes como: Ramón Montoya y Rafael Marín (guitarristas), Enrique de Lara y Francisco Mendoza Ríos “Faíco” (bailaores), además de Pastora María Pavón “La Niña de los Peines”, entre otros muchos. 

Por aquellos años del último cuarto del siglo XIX el flamenco estaba de moda en Madrid. Su público se componía de todas las clases sociales, congregándose en los cafés de cante instalados en los barrios populares. Estos establecimientos también atraían a la gente del bronce (delincuentes y pendencieros), por lo que era más frecuente encontrar en la prensa noticias sobre las disputas, camorras e incluso intentos de asesinato acontecidos en ellos, que reseñas sobre sus espectáculos.

Multitud de autores mencionaron al Café de los Naranjeros en la trama de sus obras. Benito Pérez Galdós lo cita en las novelas “Fortunata y Jacinta (Dos historias de casadas)” y en “Misericordia”. Pío Baroja Nessi lo menciona también en “La Busca” y en “Mala Hierba” de su trilogía “La lucha por la vida”. 

La zarzuela “La Chulapona” (1934) de Federico Moreno Torroba, con libreto de Federico Romero Zarachaga y Guillermo Fernández-Shaw sitúa dos cuadros de su acto segundo en el Café de los Naranjeros, que llegaría a ser reconocido como uno de los más antiguos templos madrileños del cante jondo, en el año 1905.

El domingo 18 de octubre de 1896 Antonio Zazo Maroto, dueño por entonces de este café, decidió dar un nuevo lustre a su negocio convirtiéndolo en un café de camareras al que llamó Café de la Patria. En él continuaban los conciertos andaluces de cante y baile, reflejando ya en sus programas los nombres de los artistas que allí actuaban.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1897)

A pesar de su cambio de marca, una vez más este café continuó siendo conocido con el nombre de Naranjeros y así pasó a la historia, tras su cierre allá por el año 1910.





Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Cervantesvirtual.com
Elartedevivirelflamenco.com
Es.wikipedia.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Hemerotecadigital.bne.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es